Capítulo 22: Entre mentiras

SEMANAS DESPUÉS

Es una tarde lluviosa en la capital del comúnmente conocido país azteca. Puede verse de forma panorámica la metrópolis. Lisandro va en el interior de un taxi, sentado en las sillas de atrás, mientras mira pensativo la lluvia a través de la ventana. De repente, sus pensamientos se ven interrumpidos por la voz del conductor del taxi.



Conductor: Joven (Lisandro no reacciona) Joven, ya llegamos. Es aquí la dirección.

Lisandro: (volviendo en sí) Qué pena. No me había dado cuenta. ¿Cuánto es?

Conductor: 65 pesos.

Lisandro busca en su billetera unos cuantos billetes y se los da al conductor para luego agradecerle y salir del vehículo en medio de la lluvia. El muchacho abre su paraguas y se adentra rápidamente en el edificio, pero justo en ese momento suena su celular, el cual se apresura a contestar.

Lisandro: ¿Sí, bueno?

INT. / CASA DE VICTORIA / DÍA

Marcus es quien está al otro lado de la línea e impulsa a Victoria en su silla de ruedas mientras sostiene con la otra mano el celular. Una empleada de servicio doméstico toma la maleta y la sube al segundo piso. Las escenas de Marcus y Lisandro respectivamente se intercalan al hablar.



Marcus: Soy yo, mi amor. ¿Cómo estás?

Victoria rueda fastidiada los ojos al escuchar como si aquello le generara repudio.

Lisandro: Hola, Marcus. Bien, acabo de llegar al depa de Marina. Me retrasé porque estaba intentando tomar un taxi y como está lloviendo, hay mucho tráfico por ahí. ¿Tú cómo estás?

Marcus: Justo estábamos llegando tu abuela y yo del hospital. La llevé a su terapia como me pediste.

Lisandro: Me alegro y mil gracias por hacerme el favor, pero como te conté, de verdad necesito hablar con Marina antes de nuestro viaje a Miami.

Marcus: No te preocupes. Entiendo perfectamente. Me cuentas luego cómo te va.

Lisandro: Va, yo te escribo. Cuídate y ahí le das saludos a mi abue.

Lisandro cuelga el teléfono. Marcus, por su parte, deja de impulsar la silla de ruedas de Victoria, quien se acerca al mini bar y se sirve un vodka.

Marcus: Yo siendo usted, no bebería, doña Victoria. Recuerde que hace nada le dieron de alta y por poco se muere después de esa caída por las escaleras.

Victoria: (fastidiada) No necesito que finjas preocupación por mí. No eres mi hijo o mi tutor.

Marcus: Tal vez no, pero sí soy el hombre que la va a sacar de la bancarrota y por el cual su empresa va a recuperarse.

Marcus se acerca a la anciana y justo cuando ésta va a beber del vaso, él se lo arrebata.

Victoria: ¿Qué crees que estás haciendo?

Marcus: Quiero que las cosas salgan bien esta vez y con su comportamiento, usted podría echarlas a perder. ¿Quiere que Lisandro se entere que su abuelita inválida salió directo del hospital a emborracharse con vodka? ¿Quiere que se le caiga su teatro?

Victoria: No sé de qué hablas. Mi condición no es ningún teatro.

Marcus: (riéndose) Ay, doña Victoria. Conmigo no necesita fingir. Yo sé muy bien que ese cuento de que Antonio la empujó por las escaleras y que resultado de eso quedó inválida no es más que una patraña de su parte para deshacerse de él.

Victoria guarda silencio sintiéndose encarada y descubierta.

Marcus: ¿Se le olvida que tengo dinero de sobra como para chantajear al médico que la atendió y obligarlo a decirme la verdad de su diagnóstico?

Victoria: No entiendo el por qué me lo reclamas en ese tono. Deberías agradecerme. Por esto se nos facilitaron las cosas cuando creíamos que lo teníamos todo perdido con Lisandro. Ahorita lo tienes en tus manos como querías y él piensa lo peor del repostero ese.

Marcus: Y se lo agradezco, créame y por lo mismo, no podemos cometer más errores. Si quiere que todos le crean que quedó confinada a esa silla, actúe como tal.

Victoria: ¿Cuándo me devolverás de nuevo mis propiedades y mi empresa? Ahora que por fin mi estúpido nieto aceptó ser dizque tu novio va siendo hora de que me devuelvas lo que es mío y que puse a tu nombre como garantía.

Marcus: No se afane. Lisandro podrá haber aceptado mi propuesta, pero todavía necesito que se case conmigo y para eso viajaremos pronto a Miami. Quiero que conozca a mis padres.

Victoria: (burlándose) Claro. De seguro Lisandro les va a parecer una chica encantadora a tus distinguidos padres. Me pregunto quién de los dos será la mujer cuando se casen.

Marcus: (serio) Ellos saben muy bien de mi condición. Ya les hablé de Lisandro y están ansiosos por conocerlo. Los tiempos han cambiado, señora.

Victoria: Claro sí. Lo que tú digas y ya que me trajiste de mi terapia imaginaria, puedes irte y dejarme sola. Me asquea oírte hablar de tanta cursilería.

Marcus: ¿Me está echando de mi propia casa? ¿Olvida también que quien le está pagando todo en este lugar soy yo?

Victoria: Por desgracia lo tengo muy presente y ya que ambos no nos caemos muy bien que digamos, apresúrate a proponerle matrimonio al homosexual Ese de mi nieto y devuélveme mis acciones y mi dinero repotenciado como acordamos.

Marcus mira serio a la mujer y se va dejándola sola. Victoria, por su parte, lo ve irse fastidiada y se bebe el vodka que Marcus le había quitado de un solo sorbo.

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / DÍA

Marina termina de servirle un café a Lisandro, quien justo estaba cargando y arrullando a Dieguito.



Lisandro: (sonriendo con ternura) Míralo nada más. Ya se quedó dormido.

Marina: Qué suerte tienes, porque a mí me cuesta harto que se duerma y no es para menos. El pobrecito ha de extrañar a su mamá.

Lisandro pone al bebé en su coche y toma el café. Marina se sienta en el sofá frente a él.

Lisandro: Y ahora que lo mencionas, ¿cómo sigue Natasha? ¿Qué has sabido de su estado? (Bebe un sorbo de café).

Marina: (suspirando) Pues no mucho. Ayer que fui de visita le hablé a su médico y sigue igual. Me da mucha tristeza pensar que a lo mejor se quede en coma y ya no pueda hacerse cargo nunca más de Dieguito.

Lisandro: Créeme que también he pensado en eso y me acongoja como no tienes idea, Marina. Dieguito es sólo un bebé y prácticamente se quedó huérfano con Natasha en el hospital y su padre en…

Marina: (completando la frase) En la cárcel, lo sé. Valentín precisamente iba a verlo hoy. Hace ya una semana que lo trasladaron a la prisión a espera de un juicio.

Lisandro: Un juicio en el que muy seguramente será acusado como culpable por el intento de asesinato a mi abuela.

Marina: ¿Tú de veras crees que Antonio haya sido capaz de hacer algo como eso? Mira que él podrá haber sido un tipo mujeriego, irresponsable, imprudente, egoísta. Te lo digo yo que tuve una relación con él como recordarás y tú mismo lo sabes. Eres su amigo y…

Lisandro: (la interrumpe) Él y yo ya no somos amigos, ni pareja, ni nada, Marina.

Marina: Como sea. En el fondo tú y yo sabemos que él sería incapaz de atentar contra la vida de alguien. Quizá todo se trate de un malentendido.

Lisandro: (serio) Decir una cosa así sería como afirmar que mi abuela está mintiendo. Quedó inválida. ¿Qué ganaba con inculparlo? Además, yo vi cuando los dos estaban forcejeando y mi abuela se cayó por las escaleras.

Marina: Exacto. Estaban forcejeando y a lo mejor ella resbaló. Eso no quiere decir que haya sido culpa de Antonio.

Lisandro: La verdad no sé qué pensar… (Bebe otro sorbo de café).

Marina: Tú bien sabes que tu abuela no es ninguna santa y de seguro le guarda rencor por aquella vez que la corrió a la fuerza de Antique Amor. ¿Te acuerdas? Cuando tú descubriste que ella había sido la que me llamó para decirme pestes de ti.

Lisandro: Puede ser que no sea la mejor de las mujeres, pero creerla capaz de acusar a Antonio para que se refunda en la cárcel, lo dudo. En todo caso, ni él ni Natasha pueden hacerse cargo de Dieguito en estos momentos. Tú estás en planes boda y por eso, vine a proponerte algo.

Marina: (extrañado) ¿Proponerme algo? ¿De qué se trata?

Lisandro: Voy a irme a vivir Miami para conocer a los padres de Marcus y quiero llevarme a Dieguito conmigo.

Marina se sorprende ante tal propuesta. Lisandro, por su parte, se ve seguro de su decisión.

INT. / RECLUSORIO PARA HOMBRES, CELDA / DÍA

Antonio se encuentra acostado en su cama con un aspecto un tanto desmejorado y de mal semblante. Mira pensativo y triste aquel collar que alguna vez le regaló a Lisandro y recuerda el momento exacto en que se le dio, justo la misma noche que se había peleado con Marcus por Lisandro.

FLASHBACK



Antonio: Pues yo no voy a permitir que nada nos separe. Te quiero y voy a luchar por ti. Hasta había pensado en regalarte algo cuando estábamos en la pastelería para demostrártelo.

Lisandro: (extrañado) ¿Qué me ibas a regalar?

Antonio se saca del bolsillo de su pantalón una pequeña caja negra y la abre frente a Lisandro dejando ver un bonito collar plateado, aunque delgado y con un dije en forma de corazón.

Antonio: ¿Te acuerdas que te di un collar parecido cuando estudiábamos en la universidad?

Lisandro: Sí y todavía lo traigo puesto.

Lisandro se toca ese collar que cuelga de su cuello.

Antonio: Bueno, pues ese puedes dejarlo de usar. Te lo di en ese tiempo porque te apreciaba y te veía como un buen amigo, pero ya es diferente. Me gustaría que ahora empieces a usar este para que recuerdes siempre lo que significas para mí.

Lisandro: (conmovido) Antonio, no es necesario, yo...

Antonio: ¿Qué? ¿Me lo vas a rechazar? Mira que te lo compré con mucho amor. Ven aquí y déjame colocártelo yo mismo.

Lisandro no puede evitar ponerse sollozo de la emoción y se sienta en la cama dándole la espalda a Antonio. Éste le quita el collar que ya usaba y le pone el nuevo.

Antonio: Listo, ahí quedó. Te luce, eh. Te ves bien guapo.

Lisandro: (riendo) ¿Qué dices? (Dándose la vuelta) Gracias. Te prometo que lo voy a cuidar como un tesoro.

Antonio: Yo también te prometo que voy a cuidar de ti como un tesoro, Lisandro., desde ahora… Te quiero…

Antonio le acaricia el rostro con suavidad a Lisandro mirándolo fijamente y sin más, se decide a darle otro beso. Lisandro le corresponde.

FIN DEL FLASHBACK

Antonio deja de recordar deslizando el collar entre sus dedos al tiempo que deja caer una lágrima que se deshace en sus labios y gimotea un poco dolido por tales recuerdos en medio de la penumbra de su celda.



Antonio: De verdad lamento tanto cómo terminaron las cosas entre nosotros. Justo cuando más feliz quería ser es cuando todo se fue para un carajo.

De repente, un guardia se acerca a la celda y le habla.

Guardia: Hey, tú. Te vinieron a visitar en el patio. Ve a ver.

Antonio se limpia las lágrimas y sale de la celda en dirección al patio en el que los reclusos pueden ver a sus familiares y conocidos.




Antonio: ¿Valentín?

En efecto, se trata de Valentín, quien estaba de espaldas y al escuchar la voz de quien fuera su jefe voltea.

Valentín: ¡Patrón!

Los dos se emocionan y se unen en un abrazo fraternal durante un par de segundos.

Antonio: ¿Cuándo me vas a dejar de llamar “patrón” o “señor” si ya no trabajas para mí?

Los dos se apartan del abrazo sonriéndose entre sí.

Valentín: Perdón. Es la costumbre. Para mí no habrá persona a la que admire más que usted, don Antonio.

Antonio: Te lo agradezco, pero ya no hace falta. Tú ya no eres mi empleado. Por eso a partir de ahora quiero que me veas no como tu jefe sino como un amigo.

Antonio pone su mano en el hombro de Valentín.

Valentín: Y así será. En mí siempre va a poder ver a un amigo con el cual contar.

Antonio: Eso espero, pero ya dejémonos de cursilerías y sentémonos. Tenemos mucho de qué hablar aprovechando que viniste a verme en este sitio tan deprimente.

Los dos proceden a sentarse frente a frente en una de las mesas disponibles.

Antonio: Cuéntame cómo está mi hijo. ¿Cómo está Natasha? Dímelo todo.

Valentín guarda un silencio incómodo ante tales preguntas, como si vaticinara respuestas precisamente no muy satisfactorias de escuchar para Antonio.

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / DÍA

Entretanto, Lisandro le ha contado a Marina de su decisión de mudarse a Miami y llevarse consigo a Dieguito, algo que le ha sorprendido.



Marina: Lisandro, pero… ¿Llevarte al niño? ¿No crees que estás tomando una decisión muy apresurada y que ni siquiera te concierne? Dieguito no es tu hijo.

Lisandro. Lo sé, pero fue casi su padrino.

Marina: Tú lo has dicho, casi. Valentín y yo somos sus padrinos ahora. Él está bien aquí y adoro tenerlo conmigo a pesar de mi falta de experiencia con bebés.

Lisandro: Y yo no estoy diciendo lo contrario (La toma de las manos). Yo sé que estás haciendo un excelente trabajo con él, pero te lo acabo de decir. Tú te vas a casar con Valentín y cuidar de Dieguito ahora sólo interferiría en sus planes.

Marina: No sé, Lisandro. Pienso que permitir que te lo lleves sería una irresponsabilidad de mi parte. Debes tener en cuenta que lo estarías apartando de sus padres.

Lisandro: ¿Qué padres, Marina? Natasha está en coma y el sinvergüenza de su padre está en la cárcel. Conmigo Dieguito tendrá todo. Yo haré lo posible en darle lo mejor, lo que ahorita sus padres no le pueden dar.

Marina: Sigo sin convencerme. Natasha podría despertar en cualquier momento. ¿Lo has pensado?

Lisandro: ¿Tú crees que lo haga?

Marina: Más bien la pregunta sería por qué tú dudas en que no lo vaya a hacer.

Lisandro: No es lo que dude, pero tú sabes cómo se manejan estos casos. El diagnóstico de Natasha es reservado. Puede despertarse ya mismo o hacerlo en cincuenta años.

Marina guarda silencio dudando de aquella propuesta.

Lisandro: Por favor, Marina. Piensa que es lo mejor para todos y hasta para ti. Valentín y tú son una pareja joven, y cuidar de un niño ajeno ahora podría afectar su relación a largo plazo. Yo hasta ya lo había hablado con Valentín.

Marina: (extrañada) ¿Cuándo?

Lisandro: Esta mañana antes de venir para acá. Yo lo llamé para que nos viéramos en persona y le entregué un poder para que se lo hiciera firmar a Antonio en cuando fuera a visitarlo al reclusorio.

Marina: No te entiendo. ¿Qué clase de poder?

Lisandro: Uno en el que Antonio me cede la patria potestad de Dieguito y renuncia a sus derechos de paternidad.

Marina se sorprende aún más al escucharlo.

EXT. / RECLUSORIO, PATIO DE VISITAS / DÍA

Antonio justo está rompiendo en pedazos el poder que Lisandro le había entregado previamente a Valentín. El primero arruga los pedazos restantes y los tira furioso al piso. Valentín sólo observa apenado.



Antonio: (molesto) Lisandro está muy equivocado si cree que podrá quitarme a mi hijo así nada más, así que ya puedes irte y decírselo de mi parte.

Valentín: Cálmese, señor. No llame la atención de los guardias.

Antonio: ¿Cómo me pides que me calme cuando estoy a punto de perder lo único valioso que me queda en la vida? ¡Es mi hijo, Valentín! No un local o un negocio que se pueda transferir de dueño como si nada.

Valentín: Yo lo entiendo, se lo juro. Yo tampoco estuve de acuerdo en cuanto Lisandro me entregó ese papel para que se lo trajera a usted y usted lo firmara. Yo ya me había imaginado su reacción.

Antonio: Entonces, debiste haberte negado a recibirle el mentado papel ese. Dieguito se queda aquí y tendrá que llevárselo por encima de mi cadáver. ¿Escuchaste?

Valentín: Me parece bien que se niegue rotundamente, pero me late que él está siendo apoyado por el riquillo ese, Marcus, el tal crítico de repostería. Él sí que podría irse hasta las últimas con tal de fastidiarlo a usted.

Antonio: ¿Crees que no lo sé? El tipejo ese sólo fue una piedra en mi zapato desde que se apareció en Antique Amor a hacer una crítica de mis pasteles y él está envenenando a Lisandro en mi contra, pero no permitiré que se metan con mi hijo. Eso sí que no.

Valentín: Usted dirá qué hacemos, señor. Como ya le dije, cuenta con mi apoyo.

Antonio: Desde aquí encerrado no puedo hacer mucho y tampoco quiero que tú te metas en problemas por mi culpa, así que déjamelo a mí.

Valentín: ¿Qué piensa hacer?

Antonio: Todavía no lo sé muy bien, pero algo se me ocurrirá. ¿Cuándo te dijo Lisandro que viaja a Miami con el imbécil ese?

Valentín: Este fin de semana. Me contó que irán a instalarse allá y de paso va a conocer a los padres del bato.

Antonio: Entonces, tengo un par de días para impedirles que se salgan con la suya y me quiten a Dieguito.

Valentín: Señor, el día de la caída por las escaleras de la abuela de Lisandro, ¿se acuerda que estábamos en el hospital esperando noticias de Natasha?

Antonio: Claro. ¿Cómo olvidarme de ese día? ¿Por qué?

Valentín: Usted me iba a contar algo sobre la ruca esa.

FLASHBACK

Antonio: Valentín, tú no sabes, pero anoche ocurrió otra tragedia. La abuela de Lisandro rodó por las escaleras y él justo ahorita debe estar pensando que yo lo hice.

Valentín: (sorprendido) ¿De veras?

Antonio: Sí, es que con todo esto no he podido contarte bien. Natasha me confesó que esa vieja…

De repente, ambos ven venir a Lisandro y a Marcus. Antonio inmediatamente se pone de pie y se acerca a él.

FIN DEL FLASHBACK

Antonio deja de recordar aquel momento.

Antonio: Sí, iba a explicarte cómo habían sucedido las cosas, pero ya no tiene caso.

Valentín: ¿Por qué? A lo mejor si me dice, podría ayudarle por esa parte, ¿no?

Antonio: De nada serviría, Valentín. La doñita logró hacerme quedar como el villano de la película cuando ella es la única bruja en este cuento. Que digo bruja. Es una zorra de lo astuta que es.

Valentín: Señor, usted no lo sabe. Es más, nadie lo sabe, pero yo me involucré con esa señora.

Antonio: (extrañado) ¿De qué estás hablando?

FLASHBACK

INT. / VECINDAD / NOCHE


Es de noche y Valentín llega a la vecindad donde vive. Justo cuando está abriendo la puerta de su pequeña casa, recibe una llamada en su celular, por lo que se apresura a contestar.

Valentín: ¿Bueno?

Victoria: Hablo con Valentín Estrada, ¿no?

Valentín: (extrañado) Sí, señora. ¿Con quién hablo yo? ¿Quién es usted?

Victoria: Yo soy la abuela paterna de Lisandro Villegas a quien tú debes conocer.

Valentín: Sí, él es el mesero en la pastelería donde trabajo, pero, ¿por qué me llama a mí? ¿Necesita comunicarse con su nieto?

Victoria: No, muchacho. Te llamo porque tengo una propuesta bastante interesante que hacerte. Te pido que me escuches. Te conviene.

Valentín escucha con atención la propuesta que Victoria está a punto de hacerle.

FIN DEL FLASHBACK

Valentín está relatándole a Antonio lo que acaba de recordar y añade más detalles.

Valentín: Ella quería que la noche de la fiesta de disfraces que organizamos en Antique Amor me llevara a Lisandro borracho para mi casa y que allá, me acostara con él para tomarnos unas fotos.

Antonio: (impactado) ¿Y lo hiciste? ¿Tú te…?

Valentín: (alertado) Claro que no, señor, se lo juro. No le toqué un pelo a Lisandro. Por poco lo hago, pero no fui capaz, porque ya usted sabe que no le voy a los chavos.

Antonio: Pues qué alivio. Lo que me pregunto es para qué necesitaba fotos de ese tipo la vieja esa. ¿Qué pretendía?

Valentín: Yo tampoco sé, pero el punto es que con eso y con lo que usted sabe de ella, podríamos acorralarla y hasta presionarla a que confiese la verdad.

Antonio: (dudoso) ¿Crees que lo puedas lograr?

Valentín: Con seguridad que sí, señor. Incluso tengo una idea.

Antonio: Está bien. Voy a explicarte con lujo de detalles cómo pasaron las cosas, pero no quiero que te metas en problemas ni que nada empeore. ¿Entendido?

Valentín asiente y se dispone a escucharlo con atención.

INT. / RESTAURANTE / NOCHE

Ha caído la noche. Lisandro llega con algo de prisa a un elegante y sofisticado restaurante en donde Marcus le esperaba. Música de violín se escucha de fondo para ambientar.



Lisandro: ¡Marcus!

Marcus: Lisandro. Hasta que por fin llegas.

El hombre al verlo se pone de pie y de forma muy caballerosa, le aparta la silla para que se siente. Lisandro le esboza una sonrisa por su amabilidad y toma asiento.

Lisandro: Gracias.

Marcus vuelve a su asiento.

Marcus: ¿Qué te tomó tanto tiempo?

Lisandro: El tráfico. Tú sabes, además, me quedé toda la tarde platicando con Marina sobre mis planes de llevarme a Dieguito con nosotros a Miami.

Marcus: ¿Y bien? (Le sirve a Lisandro un poco de vino) ¿Qué te dijo?

Lisandro: Bueno, pues no quedó muy convencida que digamos, pero al final me dio la razón. Ahorita sólo me preocupa Antonio. Dudo mucho que haya firmado el poder que le envié con Valentín.

Marcus: Enviarle el poder sólo fue un formalismo (Bebe un sorbo de vino). Tú y yo sabemos perfectamente que él no aceptará bajo ninguna condición que nos quedemos con su hijo.

Lisandro: Lo sé. Por eso pensé en la posibilidad de ir mejor yo a hablarlo personalmente con él a la cárcel mañana.

Marcus: Ni hablar. Eso sí que no. No voy a permitir que pises un sitio tan asqueroso y deplorable, Lisandro. La cárcel no es para ti.

Lisandro: No es para tanto. Tan sólo iré a hablar con Antonio para convencerlo de que me permita llevarme a Dieguito y firme el bendito poder.

Marcus: Déjamelo a mí. Yo me encargaré de ir mañana muy temprano para convencerlo y hacerle ver que el niño estará mejor con nosotros.

Lisandro: (dudoso) ¿Ir tú?

Marcus: Claro. Es lo mejor. Tú eres un chico muy sensible, Lisandro. Antonio te hará trizas en cuanto te vea. Imagina todo el odio que debe sentir por ti al saber que quieres quitarle a su hijo y lo enviaste a la cárcel por lo que le hizo a tu abuela. Ir para allá solo te indispondría.

Lisandro: (suspirando resignado) Supongo que tienes razón. Antonio no debe querer verme ni en pintura.

Marcus: ¿Lo ves? Es mejor que vaya yo y hable con él. Confía en mí.

Marcus pone su mano sobre la de Lisandro y lo mira enamorado.

Lisandro: Está bien. Espero que sólo no empeore las cosas.

Marcus: Tú tranquilo. No será así y ahora, ¿por qué no cambiamos de temas y pides de comer? Estoy seguro que la comida aquí te va a encantar.

Lisandro asiente con la cabeza algo desanimado y toma la carta para ordenar.

INT. / CASA DE VICTORIA, SALA DE ESTAR / NOCHE

Victoria se encuentra escuchando música clásica mientras bebe alcohol. Por su semblante, parece ya en estado de alcoholización. El timbre suena un par de veces a lo que ella se exaspera.



Victoria: ¿Qué acaso no hay nadie que abra la puerta? ¿O es que acaso debo levantarme de esta maldita silla para abrir yo misma?

La empleada de servicio doméstico sale de la cocina con prisa y apenada secándose las manos en el delantal.

Empleada: Discúlpeme, señora. Estaba algo ocupada terminando su cena.

Victoria: (molesta) ¡Pues apresúrate y abre a ver quién es! ¡No seas tan inepta!

La empleada se dirige a abrir la puerta con premura. Victoria, entretanto, habla para sí misma mirando al vacío como si planeara algo de forma muy meticulosa.

Victoria: Algo me dice que Marcus va a traicionarme en cualquier momento y se negará a devolverme mi empresa como acordamos, pero no le daré ese gusto. Él no se espera la bomba que le tengo.

Victoria sonríe con malicia mientras bebe un sorbo de su vodka.

Victoria: Voy a hacer que sea la víctima de su propia trampa y caiga como la rata miserable que es.

Empleada: (interrumpiendo) Disculpe, doña Victoria.

Victoria: (fastidiada) ¿Qué pasa ahora?

Empleada: Hay un joven en la puerta que desea verla y hablar con usted de algo importante.

Victoria: ¿Qué joven? No estoy esperando visitas ni tampoco quiero recibir a nadie.

Valentín hace aparición en ese instante en la sala de estar.



Valentín: Pero resulta que a mí sí tendrá que recibirme, señora.

Victoria voltea a ver y se extraña al ver a Valentín.

Victoria: ¿Quién eres tú?

Valentín: A lo mejor mi cara no se le haga familiar porque no nos hemos visto tanto, pero sí creo que se puede acordar de mí si le digo que soy Valentín Estrada.

Victoria: ¿Valentín Estrada? No conozco a ningún Valentín. Vaya nombre más ridículo (Se burla debido a la embriaguez). Mejor vete. No estoy para desconocidos.

Valentín: ¿Ya olvidó el favor que me pidió a cambio de pagar mis estudios en el extranjero, doña Victoria? ¿Ya se le olvidaron las fotos mías y de Lisandro que tanto quería que yo tomara esa noche de la fiesta de disfraces en Antique Amor?

Victoria hace memoria y logra saber de quién se trata.

Victoria: No me digas que tú eres el stripper ese que llamé, el mismo que trabajaba de mesero en esa pastelería de quinta.

Valentín guarda silencio como asintiendo ante tan despectiva forma de referirse a él. La anciana, entonces, le hace una seña con los ojos a la empleada para que se retire.

Empleada: Con permiso (Se va).

Victoria: Bien. ¿Qué es lo que quieres? Me pude esperar la visita de cualquier otra persona, pero jamás la tuya. ¿O acaso te arrepentiste de rechazar mi oferta? Porque si es así, muy tarde, mi niño. Ya no te necesito.

Valentín: Para nada. Vine a exigirle que retire todos los cargos en contra de don Antonio.

Victoria: (carcajeándose) ¿Don Antonio? ¡Ay por favor! El repostero miserable ese no llega ni a “don”, además, ¿quién te has creído para venir a invadir mi casa exigiendo semejante disparate? ¿Que no ves que por culpa del “don” ese estoy confinada a una silla de ruedas?

Valentín: Usted y yo sabemos que eso no es cierto. Don Antonio jamás la empujó por las escaleras. Usted se cayó solita para detenerlo e impedirle que le contara a Lisandro toda la verdad.

Victoria: Déjame adivinar. ¿Te lo dijo tu patrón? ¿El mismo al que vienes a defender? Porque estás perdiendo tu tiempo, gigoló barato. Antonio me empujó y Lisandro lo vio, así que no sé de qué hablas.

Valentín: No sólo me lo dijo, don Antonio. Natasha también me corroboró la verdad.

Victoria: (desconcertada) ¿Natasha?

Valentín: ¿Que no lo sabe? Natasha despertó del coma y lo primero que hizo fue llamarnos a Marina y a mí que estamos al cuidado del bebé en estos momentos.

Victoria desencaja el rostro no dando crédito a ello.

Valentín: ¿No me va a decir nada, señora?

Victoria guarda silencio ante tales cuestionamientos.

INT. / RESTAURANTE / NOCHE

Lisandro y Marcus han terminado de cenar. Este último lo mira sonriéndole muy enamorado, algo que el primero nota un poco avergonzado.



Lisandro: ¿Qué te traes, Marcus? (Ríe un tanto nervioso) ¿Por qué te me quedas viendo?

Marcus: Miro el chavo tan lindo que eres.

Lisandro: (bajando la cabeza) Me vas a hacer sonrojar.

Marcus: Es la verdad.

Marcus toma una servilleta de la mesa e incluso se atreve a limpiar con delicadeza los labios del chico.

Lisandro: (alertado) ¿Qué haces?

Marcus: Tan solo estoy cuidando que esa misma lindura que tanto me enamora se conserve.

Lisandro: (sonriéndole) Ay, Marcus… De verdad me haces sentir medio raro cuando me dices esas cosas tan bonitas.

Marcus: Conmigo vas a tener que acostumbrarte. Precisamente, por ese motivo quise organizar esta cena especial contigo.

Lisandro: (extrañado) No te entiendo. ¿Qué quieres decir?

Marcus saca de su saco una pequeña caja la cual abre ante el chico, dejando ver un precioso anillo de compromiso que incluso relumbra por el diamante que sobresale.

Marcus: ¿Quieres casarte conmigo, Lisandro?

Lisandro se queda impactado ante tal propuesta. Marcus espera atentamente su respuesta sin dejar de sonreír.

INT. / CASA DE VICTORIA, SALA DE ESTAR / NOCHE

Valentín acaba de decirle a Victoria que Natasha ha despertado y ha sido ella quien le ha contado sobre las reprochables acciones de la anciana.



Victoria: (sonriendo incrédula) No te creo absolutamente nada, gigoló. ¿Me crees estúpida? Natasha está en coma. Es poco posible que despierte.

Valentín: Pero despertó. ¿Y sabe que fue lo primero que hizo? Nos mandó a llamar a Marina y a mí para contarnos todo lo que usted ha hecho.

Victoria: A ver. Y según ella y tú, ¿qué se supone que he hecho?

Valentín: Usted sí que es cínica. ¿Todavía tiene el descaro de preguntar? ¿Que acaso le parece poquito haber mandado a quemar la pastelería, inculpar a don Antonio en esa cochinada de la intoxicación de los pasteles, culparlo de asesinato y haber provocado el accidente que dejó en coma a la pobre de Natasha?

Victoria se siente desenmascarada ante el enfrentamiento de Valentín.

Valentín: Pero eso no es todo. Usted ha hecho lo que ha hecho sólo por ambición, para impedir que el pobre de Lisandro ande con don Antonio. ¡Qué poca de su parte! (Niega con la cabeza).

Victoria: ¿Y qué? ¿Vas a denunciarme a la policía o ya los llamaste? Tú, ni Natasha, ni el repostero ese pueden hacer nada. ¿Y saben por qué?

Victoria hace una pausa mientras se impulsa en su silla de ruedas en dirección al hombre. La anciana sonríe cínicamente y lo mira de forma penetrante y retadora.

Victoria: Porque no tienen pruebas. No hay nada que me inculpe. Tengo a Lisandro comiendo en la palma de mi mano y el muy tonto terminará haciendo lo que yo quiera.

Valentín: ¿No le da ni un poco de lástima o remordimiento?

Victoria: Cuando se trata de proteger mis intereses, no hay lugar para remordimientos. No iba a permitir que lo que me propuse desde un principio se fuera a la basura por el tonto capricho de dos homosexuales dizque enamorados. ¡Vaya ridiculez!

Valentín: ¿Y en qué le afecta a usted eso? ¿Simplemente no los pudo dejar ser felices? (Indignado) ¿Tenía que llegar tan lejos?

Victoria: ¡Ay, ya! Con tus discursos moralistas no vas a lograr nada. Lisandro es lo único que tengo en el mundo. Es el único que puede continuar con mi legado una vez me muera. Lo voy a hacer la copia exacta a mí, pero tú jamás entenderías eso.

Victoria lo mira de arriba a abajo con desprecio.

Victoria: Tú no eres más que un pobre diablo igual que tu expatrón. El también vino a hacerme reclamos la noche que me caí por las escaleras por accidente y ya ves cómo terminó tras las rejas por atreverse a meterse en mi camino. No sigas tú su ejemplo.

Valentín: Lo mejor es que me vaya. Usted es mala y mala con ganas, señito. Ya veo que es inútil hacerla entrar en razón.

Victoria: No necesito entrar en razón. Con ese pensamiento no llegarás a ninguna parte. Si tú quieres, todavía podríamos hacer tratos y serme de mucha utilidad.

Valentín: ¿Qué quiere? ¿Volverme a proponer que lleve a la cama a su nieto para tomarnos fotos?

Victoria: No, eso ya no es necesario. Ahora me interesa más que acabes de una vez por todas con el repostero y la modelito esa de quinta.

Valentín: (impactado) ¿Me estás proponiendo que…?

Victoria: Exactamente. Tú ya lo sabes. Termina con las vidas de esos miserables y te doy un buen dinero para que te vayas del país (Sonríe con desmedida malicia).

Valentín: ¡Está loca usted! Yo jamás, escúcheme bien, jamás haría una cosa así. Ya cometí errores en el pasado trabajando de stripper por dinero, pero ahorita no. Hasta luego.

Valentín mira fulminante a la anciana y sale a paso rápido de la casa incluso dando un portazo.

Victoria: ¡Imbécil! De lo que se pierde, pero allá él. Me pregunto si será cierto que la estúpida esa de Natasha despertó del coma. Podrían denunciarme, pero como le dije al gigoló, no tienen pruebas. No pueden hacer nada.

Victoria vuelve a sonreír con malicia.

INT. / RESTAURANTE / NOCHE

Marcus le ha propuesto inesperadamente matrimonio a Lisandro. El chico ha quedado impresionado no sólo con el costoso anillo, sino también con tal proposición.



Marcus: ¿Qué me dices, Lisandro? ¿Te gustaría que nos casáramos?

Lisandro: (incómodo) Ay, Marcus. La verdad es que yo…

Marcus: Recuerda que te amo y que sólo quiero nuestro bienestar juntos. Quiero llevarte con mis padres para que vean que nuestro compromiso va en serio.

Lisandro: ¿Por qué? No comprendo.

Marcus: Hay cosas de mi familia que no te he contado. Mis padres, en un inicio, no aceptaron bien mi sexualidad, algo muy parecido a lo que te pasó a ti con tus abuelos.

Lisandro: Y es horrible la sensación. Me imagino cómo te sentiste.

Marcus: Sí. Mi padre fue quien más me apoyó después de un tiempo, ¿sabes? Mi mamá no tanto y quiero demostrarles que pude encontrar al chico ideal. Por eso mi intención de casarme contigo, Lisandro. Dime, por favor. ¿Aceptas?

Lisandro guarda silencio durante algunos segundos y lo ve fijamente. En un momento dado el chico cierra los ojos, esboza una sonrisa y asiente con la cabeza.

Lisandro: Está bien, Marcus.

Marcus no tarda en dibujar una gran sonrisa al escucharlo.

Lisandro: Acepto casarme contigo.

Marcus: (levantándose) ¡Yo sabía! ¡Yo sabía que no me ibas a defraudar, mi amor!

Marcus, con prontitud, le pone el anillo en el dedo anular y ambos se besan. Lisandro lo hace no muy convencido, pero le corresponde.

Marcus: Te amo como no tienes idea, Lisandro. ¡Te amo, te amo! (Repite besándolo).

Lisandro guarda silencio fingiendo una sonrisa. Marcus lo abraza y a sus espaldas, el primero borra aquella sonrisa falsa por una expresión de gran culpabilidad.

CONTINUARÁ…

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