Capítulo 27: Gran final (1° parte)

INT. / DEPARTAMENTO DE LOS GUZMÁN / NOCHE

Antonio ha llegado junto con su bebé al departamento de sus padres. Fedora se ve muy feliz al cargar a su nieto. Carlos también está presente y carga el bolso de su hijo, el cual coloca en el sofá.



Fedora: ¡Ay, qué preciosidad de niño! Está hermoso, Antonio. No sabes la alegría tan grande que me da conocer a mi nietecito.

Antonio solo sonríe.

Fedora: Hola, Dieguito. Qué gusto conocerte, mijito. Yo soy tu abue Fedora. Vas a ver lo mucho que te voy a consentir. Voy a ser la abuela más alcahuete que vas a tener.

Antonio: Órale, ni conmigo fuiste así.

Fedora: Ay, no me digas que te vas a poner celoso de tu propio hijo.

Antonio: Nada más digo. Tú ni me dejabas jugar videojuegos hasta tarde y me obligabas a comerme todo, hasta las verduras y ni se diga las veces que me perseguías con la chancla en la mano (Burlándose). Si hasta maestría en eso tienes.

Fedora: ¡Exagerado! Nunca te pegué. Lo de la chancla era nada más para que me obedecieras cuando te ponías de rebelde.

Carlos: Va a ser mejor que te acostumbres, Antonio. Los abuelos siempre somos más indulgentes con los nietos que con los hijos.

Antonio: Ni que lo digas. Justo ahorita eso estoy viendo.

Fedora: Bueno y ya que conocí a Dieguito, ¿cuándo nos vas a presentar a nuestra nuera?

Antonio esboza su sonrisa e intercambia miradas con su padre.

Antonio: Natasha y yo no tenemos nada, mamá.

Fedora: (desconcertada) ¿Cómo que no? ¿Y este bebito qué? ¿O a poco me vas a decir que lo trajo la cigüeña?

Antonio: Quizá tú no lo vayas a entender, pero ella y yo solo tuvimos una relación sin compromiso, y pues, resultado de eso, ahí tienes a Dieguito.

Fedora le tapa los oídos al bebé.

Fedora: (seria) ¡Ay! ¡Calla que no te oiga el niño! ¿Tú crees que tener hijos es nada más resultado de una aventura? Un hijo es muchísimo más. Es una decisión de vida.

Antonio: Yo sé, pero cosas así pasan todos los días. Muchas parejas tienen hijos, pero ni se aman; otros se casan por compromiso por los niños; incluso hasta de las infidelidades nacen hijos.

Fedora: Y todo lo que dices está supremamente mal. Tanto modernismo y progresismo solo ha acabado con el valor de la familia del que un matrimonio es la base.

Fedora dice aquello con cierto tono de reproche al tiempo que mira a Carlos. Este se incomoda.

Fedora: Dime qué va a ser de tu hijo cuando vaya creciendo y vea que sus padres están separados.

Antonio: Nada. Es preferible que nos vea a su mamá y a mí así a que nos vea juntos en un matrimonio sin amor. ¿No te parece?

Fedora: No, no me parece. Deberías reconsiderarlo. Además, estoy muy segura de que si tuviste algo con esa tal Natasha, algo le viste. Te gustó, ¿o no?

Antonio: Sí, me parece una buena chava y es preciosa, pero no la amo y mucho menos voy a casarme con ella.

Fedora: ¿Y qué prefieres? ¿Casarte con Lisandro y poner a tu hijo en la vergonzosa situación de crecer con dos hombres?

Antonio: Todavía es muy pronto para eso. Además, Dieguito podría vivir con Natasha.

Fedora: ¿O sea que sí consideras casarte con ese?

Antonio: (exasperado) ¿Sabes qué, mamá? Lo mejor es que ya dejemos la plática hasta aquí y de una vez te advierto que si vas a empezar a ponerte en esa actitud, prefiero largarme y llevarme a mi hijo.

Carlos: No es necesario, Antonio. Tú ahorita no tienes a dónde ir. No seas impulsivo. Piensa en el niño y simplemente ignora a tu mamá.

Fedora: ¡Claro! Como mi palabra no vale nada.

De repente, la plática que ya se había tornado en una leve discusión se ve interrumpida por una llamada al celular de Antonio. Este contesta alejándose un poco de sus padres.

Antonio: ¿Bueno? ¿Marina?

Antonio hace una pausa y desencaja el rostro.

Antonio: (impactado) ¿Qué? (Pausa) Está bien, está bien. Cálmate. Ya salgo para allá (Cuelga).

Carlos: ¿Qué pasa, Antonio? ¿Malas noticias?

Antonio: Tengo que salir. Cuiden a Dieguito mientras vuelvo.

Carlos: Dinos al menos qué pasó.

Antonio: (muy nervioso) No tengo tiempo de explicarles nada. Háganme el favor de cuidar a mi hijo y luego los llamo.

Antonio sale corriendo del departamento dejando a sus padres extrañados.

INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / NOCHE

Varios minutos después, se puede ver Marina, muy ansiosa, junto con Valentín, quien trata de tranquilizarla. Antonio llega en ese instante jadeando.



Antonio: ¡Marina, Valentín!

Marina: (sollozando) ¡Ay, Antonio!

Marina comienza a llorar presa de la preocupación.

Antonio: Vine tan pronto como pude. ¿Qué pasó? ¿Cómo fue eso de que a Lisandro le dispararon?

Valentín: Sí, patrón. A Marina la llamaron de acá del hospital para avisarle que habían traído a Lisandro malherido. Tal parece que él mismito pidió que la llamaran cuando ingresó consciente al hospital.

Antonio: (exaltado) ¿Y por qué?

Marina: (conteniéndose) No me dieron muchos detalles en la recepción, pero al parecer fue Marcus.

Antonio: ¿Estás segura?

Marina: Ya te dije que no sé bien. En el reporte de ingreso decía que su pareja le había disparado y los vecinos llamaron a la policía porque al parecer escucharon una discusión y luego el disparo.

Antonio, furioso, se da la vuelta y pega un puño a la pared.

Antonio: ¡Tenía que ser ese maldito hijo de…!

Antonio vuelve a encarar a sus amigos.

Antonio: ¿Dónde está? ¿Dónde está ese pendejo? O mejor ni me digan porque soy capaz de partirle su madre a ese desgraciado que harto me las debe.

Valentín: No sabemos, patrón. Cuando llegamos, solo nos encontramos a un policía que nos contó lo que le acabamos de decir. Probablemente lo hayan detenido.

Antonio: ¡Es que si lo veo lo mato! Lisandro de seguro le terminó y como un cobarde se ensañó con él.

Marina: Yo siento que esto es mi culpa. Yo le dije que le terminara a ese tipo para que se reconciliara contigo. No me imaginé que fuera a ser capaz de intentar matar a Lisandro.

Antonio: Tú no fuiste la única que se lo aconsejó, Marina. Yo también lo impulsé a que terminara con ese tipejo para que nos diéramos una oportunidad y justo le pasa esto. ¡Justo ahora!

Antonio, muy frustrado, vuelve a golpear la pared.

Valentín: Traten de estar tranquilos. Esperemos noticias.

CORTE A:

INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA / NOCHE


Marcus está siendo transportado por dos policías a una celda. Uno de ellos le quita las esposas y el otro lo empuja de mala gana al interior de la celda para luego cerrarla.



Valentín: (voz en off) Como sea, el tal Marcus King ya lo deben tener preso y necesitamos saber bien qué fue lo que pasó para que lo dejen su buen tiempo en el bote.

Marcus usa una camisa blanca media abierta y manchada de sangre. Tiene la mirada ida y se mira con las manos, también manchadas de sangre, con cierta culpabilidad. Una voz al frente le habla y le es familiar.



Victoria: ¡Caramba! De todo me imaginé, menos verte aquí.

Marcus alza la mirada y, en efecto, ve a Victoria en la celda de al frente. La anciana se ve algo desaliñada y ojerosa.

Victoria: Y esto me demuestra algo que la edad me ha enseñado y es que nunca se sabe qué vueltas te puede dar la vida…

Marcus la mira con profundo resentimiento.

Victoria: ¿Y quién lo diría? Hace tan solo una semana viniste pedante, con esos aires de grandeza y poder, a humillarme y dejarme botada en esta asquerosa ratonera, pero mírate. Estamos en la misma situación.

Marcus: Esto es su culpa. ¡Todo lo que me está pasando es su culpa, maldita vieja!

Marcus dice aquello agarrándose de los barrotes.

Victoria: (sonriéndole con burla) ¿Mi culpa? Desconozco lo que hiciste, muchacho, pero sea lo que sea, no me incrimines. ¿Olvidaste lo que me dijiste hace unos días de que yo había sido la que había trabajado para ti? Pues por eso estoy acá metida mientras tú andabas bien campante libre de toda culpa. Ahora supongo que estamos a mano.

Marcus: Bien lo ha dicho. Mi vida era tranquila, libre de culpas y podía hacer lo que se me viniera en gana hasta que la conocí a usted y al mariquita ese de su nieto. No sabe lo mucho qué me pesa haberme metido con ustedes.

Victoria: Déjame adivinar. Tenía razón y mi nieto te dejó por el repostero, ¿no? Y claro. Tú, por despecho, saliste a beber, terminaste quién sabe en qué burdel y te peleaste.

Marcus: Mucho peor que eso, señora. No sé ni qué va a pasar conmigo si su nieto querido se muere.

Victoria se extraña al oírlo.

Victoria: ¿De qué hablas?

Marcus: Que muy seguramente lo maté. Maté a Lisandro.

Marcus dibuja una sonrisa llena de amargura en sus labios y se le saltan las lágrimas.

Victoria: (muy seria) ¿Qué dijiste?

Marcus: ¿Está sorda?

Victoria: (incrédula) Debes estar jugando conmigo nada más para perturbarme. Tú no serías capaz. Eres demasiado cobarde para hacer algo así.

Marcus: Para nada. Lisandro llegó tarde hoy. Había estado raro todos estos días desde que descubrió la verdad y lo llamé no sé ni cuántas veces, pero me ignoró. De inmediato me supuse que andaba reconciliándose con Antonio y así fue…

Marcus comienza a llorar.

Marcus: Quiso terminar conmigo y no solo por el repostero. También porque descubrió que le había sido infiel con un ex mío, a Dante, al que seguramente usted conoce muy bien, ¿no?

Victoria respira agitada al escuchar al hombre.

Marcus: Y debo reconocerle algo, doña Victoria. Usted es una vieja zorra a la que subestimé. No sé ni cómo hizo para hurgar en mi pasado y mandarme a Dante para destruirme, y lo logró. Lo que no se imagina es que también terminó de destruir a su propio nieto.

Victoria siente que se marea y su respiración se hace pesada.

Marcus: Yo no iba a permitir que Lisandro me dejara después de todo el tiempo que le invertí para que fuera mío, así que le saqué una pistola que tenía y lo amenacé. No tenía pensado dispararle, pero él se puso pesado y… (Hace una pausa) La bala se fue.

Victoria: (gritando) ¡Cállate!

Marcus: Maté a su nieto, doña Victoria.

Victoria: ¡Que te calles! Nada de eso puede ser cierto. Me lo dices para ponerme mal, para vengarte de mí por ser un homosexual frustrado. Lisandro debe estar perfectamente bien.

Victoria se sostiene de los barrotes. La anciana se ha puesto pálida.

Marcus: Créalo o no, va a tener que aceptar que no solo vio morir a su hijo, sino también a su nieto, doña Victoria. Ahora sí que se quedó sola.

Victoria: ¡No!

Victoria pega un grito en seco casi temblando al contemplar tal posibilidad.

Marcus: Todo esto es su culpa porque usted lo ocasionó. Me destruyó la vida y se la destruyó al pobre imbécil de Lisandro.

Victoria: (negando con la cabeza) No puede ser… Tú no pudiste…

Marcus: Pude y hasta en parte fue mejor así. Ojalá que se muera y así quedamos a mano usted y yo de una buena vez. Mientras yo me pudro en la cárcel, usted perdió a la única persona que le quedaba. Los dos perdimos por igual y nos vamos a podrir acá.

Victoria: ¡Que te calles, infeliz! (Grita desgarrada).

Marcus comienza a burlarse de ella algo trastornado y entre lágrimas. Victoria cada vez se ve peor y le cuesta respirar.

Victoria: Lisandro no puede estar muerto. Esto no era lo que yo quería para él. Él no puede estar muerto.

Marcus comienza a reírse a carcajadas llorando al mismo tiempo.

Victoria: (llorando) ¡No! (Cubriéndose los oídos) Lisandro no…. Él no podía irse primero que yo. ¡Él no podía! Él tenía que seguir con mi legado…

Victoria incluso tiembla. Llega a un punto en que su visión se torna borrosa y los latidos de su corazón se aceleran. En forma de eco escucha a Marcus burlándose estrepitosamente y en cuestión de segundos, la mujer se desvanece en el piso.

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE LISANDRO / DÍA

Lisandro poco a poco abre los ojos y su visión se torna clara lentamente. Ve a su alrededor la habitación del hospital en la que se encuentra. Antonio está presente, dormido, con la cabeza puesta sobre la cama y sentado en una silla. Lisandro lo nota y ve que también el hombre lo tiene tomado de una de las manos.



Lisandro: (en un hilo de voz) ¿Qué…? ¿Qué me pasó?

El chico se encuentra conectado a un electrocardiograma y tiene el catéter inyectado en la otra mano para pasarle suero intravenoso. Mueve un poco la mano. Antonio se da cuenta en ese instante.

Antonio: (exaltado) ¡Lisandro! ¡Gracias a Dios que te despertaste! (Sonríe aliviado) Espérame aquí. Ya llamo a tu doctor. No te vayas a mover.

Antonio sale apurado a la puerta.

Antonio: ¡Doctor, enfermera! ¡El paciente se despertó!

Lisandro solo mira aturdida a su alrededor.

Antonio: (gritando) ¡Apúrenle, por favor!

Antonio vuelve a la cama y toma de la mano al muchacho, la cual besa.

Antonio: No sabes la alegría tan grande que me da verte bien. Tuve muchísimo miedo de que algo te pasara. Casi ni dormí estos dos días aquí al pendiente de ti.

Lisandro: No recuerdo bien cómo llegué. Marcus y yo estábamos en el depa, y luego…

Antonio: No te afanes. Lo importante es que no te alteres ni hagas esfuerzos de nada.

Lisandro: (muy débil) Pensé que me iba a morir.

Antonio: Pero no fue así. Estás bien vivito y coleando, y necesito que te pongas bien lo más pronto posible, ¿va? Mira que ya me hiciste pasar un buen susto y otro no lo aguanto.

Antonio le esboza una sonrisa y vuelve a besar su mano. Un doctor y una enfermera entran a la habitación.

Enfermera: Salga un momento, por favor. Vamos a examinar al paciente.

Antonio: Claro. Voy a estar aquí afuera por si algo.

Antonio se retira de la habitación, pero antes de salir, le guiña un ojo a Lisandro y le tira un beso en el aire. Lisandro cierra los ojos y esboza una muy leve sonrisa mientras el doctor comienza a examinarlo en los ojos con una lamparita en forma de pluma.

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA

Natasha ya ha sido dada de alta. Marina le ayuda a empacar un poco de ropa en una mochila.



Marina: (doblando una blusa) Me da mucho gusto ver que por fin vas a salir de aquí, Naty. No me quiero ni imaginar lo que es estar en coma o internada tanto tiempo.

Natasha: Dímelo a mí que apenas había pisado un hospital antes de tener el accidente (Comienza a doblar un jean).

Marina: ¿Qué accidente? Di más bien antes de que te intentaran matar. Es que hasta a mí me da escalofríos decirlo.

Natasha: (suspirando) Sí, yo sé, pero no quiero pensar más en ese momento tan feo de mi vida y prefiero recordarlo así, como un accidente. De igual forma, ya ni voy a necesitar testificar.

Marina deja de doblar la blusa y se queda pensativa.

Marina: Pues sí, ¿sabes? De la que se libró la vieja esa. ¿Quién se iba a imaginar que iba a quedar como quedó? No sé si llamarlo justicia divina o justicia poética.

Natasha: ¿Por qué lo dices?

Marina: Porque ella te contactó para que separaras a Lisandro de Antonio aprovechándose de tu situación de desempleo y de que tenías a tu papá enfermo en un asilo, y ella justo va a terminar así…

Mientras Marina dice aquello, se enfoca a Victoria, en otra habitación de hospital, completamente inconsciente, conectada a una mascarilla de oxígeno, a un electrocardiograma y a suero.



Marina: (voz en off) ¿Y quién sabe por cuántos días se vaya a quedar dormida, como si estuviera en coma, tal y como estuviste tú?

La escena vuelve a enfocar a ambas mujeres.

Natasha: No sé. Lo que sí te puedo asegurar es que no le hubiera deseado nada malo a la señora esa a pesar de cómo me manipuló, aunque no te creas. Yo también tuve mis errores por haberla encubierto. Todavía hasta me da vergüenza.

Marina: Lo que importa es que te diste cuenta a tiempo y ahorita tienes una nueva oportunidad.

Natasha: Sí, tienes razón. No veía la hora de salir para ya estar al cuidado de mi niño.

Marina: ¿Y qué piensas hacer? ¿Vas a volver al modelaje?

Natasha: (suspirando) No sé, Marina. Creo que mi exjefe sí me pudo haber vetado de todas las agencias de la ciudad. Como te conté, el muy cerdo quería que me acostara con él a cambio de darme más beneficios.

Marina: Si quieres te puedo ayudar consiguiéndote un puesto en el banco. Creo que una vez te lo propuse cuando trabajabas de mesera en Antique Amor.

Natasha: Déjame pensarlo, aunque ahorita que me lo propones, quizá sí lo tome. No me puedo dar el lujo de andar desempleada con un hijo y mi papá en el asilo. El dinero que me dio Victoria nada más me alcanzaba hasta este mes precisamente.

Marina: Bueno, no se diga más. Hoy mismo hablo con mi jefe y te cuento qué me dice, pero ¿qué hay de tu vida sentimental?

Natasha: El único amor de mi vida es Dieguito. No necesito hombres que me fastidien ahora.

Marina: Yo decía lo mismo antes, pero mírame ahora lo enamorada que ando del menso de Valentín. Es más, ahorita que lo menciono, tienes que ser mi madrina de bodas, Natasha.

Natasha: ¿Yo? ¿Estás segura?

Marina: ¡Claro! Tú eres la más indicada y mi única amiga, además ya somos comadres. No te puedes negar.

Natasha: Qué lindo de tu parte tenerme en cuenta, pero claro que sí. Cuenta con ello (Sonriéndole).

Marina: Ay, gracias. Yo sabía que podía contar contigo. Nada más espero que no te incomode que Antonio sea el padrino. Conste que fue Valentín quien lo escogió.

Natasha: ¿Por qué habría de incomodarme?

Marina: Por todo lo que pasó entre ustedes. Pensé que podía ser incómodo para ti por ser el padre de Dieguito.

Natasha: Para nada.

Marina: ¿De veras? ¿No se te remueve nada por dentro después de todo lo que han vivido?

Natasha: Ay, claro que no, Marina. ¿Cómo crees? No te voy a negar que sí le tengo reharto cariño a Antonio, pero si te refieres a que sienta algo por él, no.

Natasha mete algunas prendas que ya terminó de doblar en la mochila.

Natasha: Lo nuestro siempre fue algo sin compromiso y de ahí nació Dieguito, además Antonio siempre estuvo pendiente de mí durante el embarazo, pero ninguno de los dos pensó jamás en iniciar una relación.

Marina: Qué padre que los dos tengan ese nivel de madurez, hasta me sorprende de Antonio que siempre fue como un niñito atrapado en el cuerpo de un hombre.

De repente, tocan la puerta. Ambas mujeres voltean a ver y es Antonio, quien trae consigo a Dieguito.



Antonio: Buenas, buenas.

Marina: Hablando del rey de Roma…

Antonio: ¿Ya andaban rajando de mí?

Marina: Obvio, entre comadres siempre chismoseamos (Todos ríen). ¿Cómo sigue Lisandro?

Antonio: Bien, justo despertó esta mañana y se quedaron examinándolo. Va a ponerse bien.

Marina: Menos mal. La verdad sí me asusté bastante. Tengo también que ir a verlo.

Antonio: Si quieres nos vemos ahora al rato en la sala de espera y entras tú a saludarlo.

Marina: Va. Te veo allá entonces. Nos vemos, Natasha (Ambas se despiden de beso en la mejilla). Luego te voy a visitar. Hay que ir organizando todo lo de mi boda. Recuerda que ya aceptaste ser mi madrina, así que ahora me vas a tener que aguantar.

Natasha: (riendo) Tú ya me aguantaste a mí con los preparativos del bautizo de Dieguito, así que pierde cuidado, amiga. Te voy hasta a asesorar con el maquillaje y el vestido. Vas a ser la novia más preciosa.

Marina: (emocionada) ¿Ves por qué te dije que eres la indicada? ¿Y cómo no si hasta modelo fuiste?

Las dos se abrazan.

Marina: Te estoy llamando, ¿bueno? Cuídate mucho.

Natasha: Tú igual. Muchas gracias por todo.

Marina se retira y cierra la puerta tras sí. Antonio se acerca y le pasa el bebé a Natasha, quien lo recibe en sus brazos.

Natasha: ¡Hola, mi amor! ¿Cómo estás? Te estaba echando muchísimo de menos desde ese día que nos vimos. Mírate los cachetitos tan rosaditos que tienes. Cada día estás más lindo, eh.

Antonio: Y comelón. Ya hasta me pesa cargarlo.

Natasha: (riendo) Eso veo. Estás creciendo mucho, Dieguito. Cuando menos piense, ya vas a andar caminando por ahí y haciendo desastres con tus juguetitos.

Antonio y Natasha se quedan viendo durante algunos segundos sonriéndose mutuamente y en silencio.

Antonio: Cuánto tiempo. Fueron dos meses, pero los sentí eternos desde la última vez que hablamos antes de que cayeras en coma.

Natasha: Sí, es cierto. Primero mi accidente, el coma y luego tú en la cárcel. Supe que también estuviste hospitalizado.

Antonio: Sí y por eso no había podido venir antes a visitarte. Perdóname si te abandoné después de todo lo que pasaste, Natasha.

Natasha: No tengo nada que perdonarte, Antonio. Quien debe pedirte perdón de rodillas soy yo después de que te confesé esa noche del accidente todo lo que hice. Nada más espero que la vida no me lo cobre así como ya se lo cobró a Victoria.

Antonio: No creo. Me parece que antes ya sufriste mucho habiendo caído en coma y estar lejos de nuestro bebito, sin contar que tu papá lleva varios años enfermo en el asilo. Fue esa vieja bruja la que se aprovechó de tu situación para manipularte.

Natasha: Gracias. Tú siempre has sido tan noble. A lo mejor si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias hasta me hubiera enamorado de veras de ti. Lo que sí es cierto es que le di a mi hijo el mejor padre que pudo tener. Eres un gran hombre, Antonio.

Antonio: No te creas. Todavía me falta aprender un resto. El otro día Lisandro casi me pega cuando me escuchó diciéndole a Dieguito que le iba a comprar un helado y yo ni sabía que el chamaquito debe consumir leche hasta los seis meses. ¿Te imaginas si le hubiera dado una diarrea por mi culpa? ¡N’ombre! Ahí sí me hubieran devuelto al bote por maltrato infantil.

Natasha: (riendo) Menos mal Lisandro estaba ahí para echarte una mano. Hablando de él, ¿cómo van sus cosas ahora que todo se aclaró?

Antonio: No sé. Antes de que el imbécil ese de Marcus le disparara, andaba medio inseguro sobre si darnos una oportunidad o no. Me ha dado por pensar que a lo mejor lo de nosotros dos ha sido tan complicado que ya ni él quiera seguir intentando.

Natasha: No creo. Lisandro lleva mucho tiempo enamorado de ti y te ama, solo que por todos esos malentendidos se alejó, pero ya no hay nada que les impida estar juntos.

Antonio: ¿Qué tal se decide lo contrario y se va?

Natasha: Dale tiempo. Yo sé que va a darte una oportunidad y ambos se la merecen, solo que ahorita debe tener la cabeza hecha un ocho. El pobrecito ya pasó por muchas cosas también y mucho estrés.

Antonio: (pensativo) Sí y todavía le falta saber lo de su abuela. No me quiero imaginar cuando se entere.

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE LISANDRO / DÍA

Paralelamente, Marina está visitando a Lisandro poniéndolo al día. Tal parece que la mujer justo acaba de contarle la situación de Victoria. Él se encuentra recostado en la cama.



Lisandro: (sollozo) Entonces, ella…

Marina: Sí, Lisandro. Según averigüé, tuvo un derrame cerebral.

Lisandro: ¿Qué te han dicho? ¿Cuál es su diagnóstico?

Marina: Todavía no despierta como para saber las consecuencias, pero el médico a cargo no fue muy positivo y me dijo que lo más probable es que vaya a quedar con parálisis total del cuerpo.

Lisandro no puede evitar que se le salten las lágrimas e intenta contener el llanto. Marina lo ve con algo de lástima.

Marina: De verdad que lo siento mucho. Sé que a pesar de todo lo que te hizo, es tu abuela y me parecía justo que lo supieras.

Lisandro: No sé ni qué pensar. No te niego que me duele porque no quería que terminara así. Hizo muchas cosas horribles, pero jamás le hubiera deseado esto y tampoco me alegra.

Marina: Creo que a nadie le alegra. Ninguno de nostros tenemos el corazón tan negro como para desearle el mal a alguien.

Lisandro: Tengo que ir a verla, Marina. Tengo que saber cómo está.

Marina: Todavía ni ha abierto los ojos, además mira que recién te operaron y aún estás delicado. Incluso hasta te hicieron una donación de sangre.

Lisandro: ¿Una donación de sangre?

Marina: Claro, perdiste demasiada cuando te trajeron. Pensamos lo peor y el doctor nos dijo que tu tipo de sangre era poco común, tanto que no había nada disponible en el banco de sangre del hospital.

Lisandro: (extrañado) Sí, soy AB negativo. ¿Cómo le hicieron entonces?

INT. / DEPARTAMENTO DE LOS GUZMÁN, HABITACIÓN DE FEDORA / DÍA

Fedora se maquilla frente a su tocador usando bata. Carlos toca la puerta que está entreabierta.



Carlos: ¿Cómo amaneciste?

Fedora: (indiferente) Bien, no fue a mí a la que le dispararon.

Carlos: De igual manera, hacía mucho que no donabas sangre.

Fedora: Tan solo hice una donación como hubiera podido hacérsele a otra persona. No fue nada del otro mundo (Se pone un poco de polvo en los pómulos).

Carlos: No fue cualquier persona. Es el muchacho que ama tu hijo.

Fedora tiene un recuerdo de hace un par de días.

FLASHBACK

INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / NOCHE


Fedora y Carlos llegan apurados. Ella sostiene al bebé. Antonio, al verlos, se acerca llorando desconsolado.



Carlos: ¿Qué pasa, hijo? ¿Por qué nos pediste que viniéramos rápido?

Antonio: Lisandro está muy mal (Derrama varias lágrimas). Le dispararon y perdió muchísima sangre.

Los padres del hombre se sorprenden al escucharlo.

Antonio: Lo peor es que tienen que hacerle una transfusión y ahorita no hay del tipo de sangre que él necesita acá en el hospital.

Carlos: ¿Qué tipo de sangre es?

Antonio: AB negativo.

Fedora baja la cabeza al escuchar. Carlos la mira.

Carlos: Ese es tu mismo tipo, Fedora.

Antonio: Por eso justo los llamé y te pedí también que vinieras, mamá. Tú eres la única que puede ayudar a Lisandro en este momento.

Fedora: Hace muchos años que no dono sangre. Además, desde hace unos meses no me he alimentado bien y también he tomado mucho.

Antonio: Podemos intentarlo. Pueden hacerte un análisis para que vean si eres apta o no.

Fedora: (reacia) No sé. Me parece que sería inútil. Lo más probable es que me digan que no y sería perder el tiempo mientras encuentran otro donante.

Antonio: Por favor, mamá, te lo suplico. No lo hagas por Lisandro. Hazlo por mí que me muero de amor por él y no lo quiero perder. Te lo imploro.

Fedora se queda pensativa al ver a su hijo rogándole con los ojos llenos de lágrimas.

FIN DEL FLASHBACK

Fedora deja de recordar y sigue maquillándose con una fría actitud.

Fedora: Como sea, no creas que por haberle donado mi sangre a ese muchachito va a cambiar mi opinión al respecto. Antonio debería estar con una mujer guapa, de su edad, no con él.

Carlos: Fedora, yo sé que en el fondo todavía hay algo de esa mujer dulce y caritativa de la que yo me enamoré.

Fedora solo guarda silencio.

Carlos: Aunque me lo digas como si no te importara, para mí el haberle hecho esa donación a Lisandro para salvarlo fue un acto de amor no solo con Antonio que quiere tanto a ese muchacho, sino también con el mismo Lisandro.

Fedora: Lisandro no es nada mío. ¿De qué hablas?

Carlos: Como tampoco lo son todas esas personas a las que les donaste sangre cuando era más joven. Siempre dijiste que como tu tipo de sangre era poco común, te hacía sentir bien salvarles la vida a los demás. De no haber sido por ti, Lisandro se hubiera muerto.

Fedora no dice nada. Carlos se acerca a su esposa y le pone la mano en el hombro.

Carlos: Además, tú sabes que me cuesta a veces expresar lo que siento, pero por si lo has dudado, yo no te he dejado de amar y con esto que hiciste me doy cuenta.

Fedora se sorprende y deja de maquillarse.

Carlos: Hemos estado juntos por casi treinta años; me diste un hijo del que hoy en día me siento muy orgulloso a pesar de que cometimos el error de correrlo cuando nos dijo que no quería seguir su carrera y a mí me apoyaste cuando te dije que quería ser abogado.

Fedora baja la cabeza como si aquellas palabras le hicieran eco.

Carlos: Yo sé que eres terca y nunca entendiste bien lo que pretendía cuando te pedí que nos separáramos, pero solo quería que nos diéramos un tiempo para extrañarnos un poco, y por lo menos a mí me sirvió porque sí te extraño y mucho.

Fedora: ¿Me lo dices en serio? (Habla con un nudo en la garganta).

Carlos: Muy en serio. De todo esto he aprendido que tengo que ser más abierto contigo y que no vale la pena que pierda a mi esposa o que hubiera estado a punto de perder a mi hijo porque no quiso seguir estudiando la carrera que yo quería para él. Tengo que reconocer que mi trabajo me ha robado momentos valiosos con ustedes dos.

Fedora: No sé qué decir, Carlos. Me siento muy culpable escuchándote hablar así porque yo tampoco he sido perfecta.

Fedora comienza a sollozar.

Fedora: Incluso hasta estuve a punto de engañarte.

Carlos: Y no lo justifico. Me dolió, pero a la vez lo entendí. Nos distanciamos mucho y nunca te lo conté, pero a mí también en ocasiones se me pasó por la cabeza serte infiel. Nada más no lo hice porque me podía la culpa y el estrés del trabajo hasta me ha dejado con problemas de disfunción.

Fedora: (volteando a verlo) ¿Por qué no me lo contaste? Apenas me vengo a enterar.

Carlos: (apenado) Me daba vergüenza contigo no poderte responder como marido y eso también me llevó a sentirme muchas veces frustrado. A lo que voy es que mi error fue no habernos comunicado bien.

Fedora: Tú lo has dicho. Debiste confiar en mí y haber buscado una solución conmigo. Antes nos contábamos todo. Éramos una buena pareja, confidentes, amigos…

Carlos: Lo sé y me arrepiento. Nada más espero que no sea tarde y que todavía podamos intentar sacar a flote este matrimonio. Con permiso.

Carlos se dirige a la puerta para salir. Fedora guarda silencio y se pone de pie.

Fedora: Carlos… (Él voltea a verla) No es tarde porque yo tampoco te he dejado de amar. Para mí estos meses también han sido muy difíciles y no te imaginas lo mucho que te he extrañado.

Carlos le sonríe y la abraza. Fedora se suelta a llorar en sus brazos.

Fedora: Perdóname por haber sido tan tonta.

Carlos: Perdóname tú a mí por haberte hecho de lado. Te amo.

Carlos la besa en la cabeza y ambos se quedan abrazados fuertemente con miras a reconciliarse.

CONTINUARÁ…

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capítulo 27: Gran final (2° parte)

Capítulo 22: Entre mentiras