Capítulo 27: Gran final (2° parte)
SEMANAS DESPUÉS
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / DÍA
Lisandro ya ha logrado recuperarse satisfactoriamente, aunque aún camina despacio. Marina va con él y le ayuda a arrastrar su maleta. Los dos bajan del ascensor.

Marina: Ay, no sé tú, pero me parece que para haber recibido un disparo y una transfusión de sangre debieron dejarte un par de semanas más en el hospital.
Lisandro: ¿Qué dices? Yo, por el contrario, no veía la hora de salir. Si tres semanas internado allá se me hicieron eternas, ahora imagínate otras dos.
Marina: Bueno, sí. Hasta yo ya estaba harta de andar en el hospital visitando a Natasha, a Antonio y luego a ti. Espero no volver en mucho tiempo (Fastidiada).
Lisandro: Espérate nada más un año como mínimo.
Marina: ¿Por qué un año?
Lisandro: Porque ya en unos meses te casas y de seguro en tu primera noche de luna de miel vas a quedar de estado. Haciendo cálculos, en un año vas a estar dando a luz.
Marina: (avergonzada) ¡Ay, Lisandro! No te pases.
Lisandro: ¿Qué tiene? Es normal que una pareja de recién casados consuma el matrimonio en su luna de miel. Además, Valentín está como quiere y le pude echar un ojito cuando casi me viola el muy atrevido.
Marina: Óyeme, no me digas eso (Le da un leve codazo). Mira que me voy a poner celosa.
Lisandro: (riéndose) Te lo digo para que lo aproveches. Tú tranquila que a mí él ni me inspira un mal pensamiento.
Marina: Cambiando de tema, ¿cuánto tiempo te piensas quedar con Natasha?
Lisandro: No sé, pero no quiero abusar de su hospitalidad. Espero encontrar trabajo pronto para buscarme algo no muy caro. Me incomoda porque desde que llegué a México, nunca he podido vivir solo y ya hasta me da pena sentirme un arrimado.
Marina toca la puerta.
Marina: Claro que no. Sea donde Natasha o donde mí, tú siempre serás bienvenido, Lisandro. Todos te queremos muchísimo y somos amigos. Hay que darnos la mano.
Natasha entreabre un poco la puerta.
Natasha: Ay, qué bueno que llegaron justo a tiempo. Pasen.
Lisandro: (extrañado) ¿A tiempo para qué?
Marina y Natasha se sonríen con complicidad. Lisandro lo nota y se extraña aún más. Natasha termina de abrir la puerta por completo y el chico ve a varios conocidos: Antonio, Valentín, Fedora y Carlos. Fedora es quien carga a Dieguito.



Todos: (al unísono) ¡Sorpresa!
Lisandro se sorprende, pues ve la sala decorada con guirnaldas, globos, una mesa con bocadillos y un letrero colgado en la pared que dice “¡Feliz cumpleaños, Lisandro!”.
Lisandro: (desconcertado) ¿Qué es esto?
Natasha: Es tu fiesta de cumpleaños. Antonio nos dijo que era hoy.
Marina se acerca a Valentín y se toma de la mano con él.
Marina: Así es y justo coincidió con tu salida del hospital, así que no dudamos en prepararte algo.
Lisandro: No debieron molestarse. Jamás me lo hubiera esperado.
Antonio se le acerca sonriéndole.
Antonio: ¿Qué pensaste? ¿Que se me iba a olvidar?
Lisandro: Pensé que nadie lo sabía y que a ti hasta se te había olvidado.
Antonio: Qué poca fe me tienes. Fuimos muy buenos amigos y, además, tampoco se me iba a pasar la fecha de cumpleaños del chavo tan lindo que amo.
Lisandro: (avergonzado) Ay, Antonio. ¿Qué van a decir los demás?
Fedora: (sonriente) Que hacen una muy bonita pareja.
Fedora se acerca con el bebé en brazos y en una actitud más abierta.
Lisandro: (tímido) ¿Cómo está, doña Fedora?
Fedora: Hola, Lisandro.
Lisandro: No habíamos tenido chance de hablar para agradecerle lo que hizo por mí. Marina me contó que fue usted la que donó su sangre. Créame que le estoy muy agradecido. Me salvó la vida.
Fedora: No podía quedarme de brazos cruzados. Si bien es cierto que Antonio me lo pidió mucho, tampoco tenía el alma tan negra para negarme sabiendo que te podías morir. Me alegra mucho que estés mejor.
Lisandro: Muchas gracias.
Carlos se acerca y abraza de lado a su esposa.
Carlos: Así es, muchacho. Además, me parece que Fedora tiene algo más que decirte.
Antonio y Lisandro se miran extrañados.
Fedora: Bueno, yo… (Hace una pausa) No quiero que todos acá piensen que soy una arpía o algo por el estilo. No voy a negar que me cuesta aún aceptar que tú y mi hijo se amen, pero ante todo soy madre y solo quiero ver a mi hijo feliz, y si esa felicidad es contigo, para mí desde ya también eres un hijo.
Antonio: Te agradezco mucho por eso, mamá.
Lisandro: (conmovido) Yo también le agradezco mucho, doña Fedora y a usted también, don Carlos. Gracias de verdad.
Carlos: Bienvenido a la familia.
Carlos le da la mano a Lisandro, gesto que el corresponde y ambos se abrazan de forma fraternal.
Valentín: ¿Y a qué horas el pastel? (Todos se ríen).
Marina: Sí eres glotón. ¿Cómo interrumpes un momento así?
Valentín: No me lo tomen a mal. Es que al patrón le quedó el pastel como para chuparse los dedos.
Lisandro: (curioso) ¿Ah, sí? ¿De qué es?
Antonio va a la mesa por el pastel que se ve bien decorado con esmero.
Antonio: Fue el pastel que me ayudaste a hacer en tu primer día trabajando en Antique Amor. ¿Te acuerdas?
Antonio se unta uno de los dos dedo del pastel y le da a probar a Lisandro.
Lisandro: (saboreando) El de doble cubierta de crema con avellanas y fresas que le preparamos especialmente a Marina.
Marina: (extrañada) ¿Cómo que especialmente a mí?
Lisandro se da cuenta de la imprudencia que cometió.
Lisandro: Oops.
Marina: ¿Qué se traen? ¿Qué saben ustedes que yo no?
Valentín: Amor, es que no teníamos nada nuevo en el menú ese día que nos fuiste a inspeccionar.
Marina: ¿Ah, no? ¿Y entonces?
Antonio lo mira con ojos de como si lo quisiera matar por revelar tal cosa.
Valentín: Lisandro fue a preguntarte tus sabores preferidos, así que el pastel lo hicimos justo para que te gustara.
Antonio le pega una palmada en la cabeza.
Antonio: ¡Óyeme! Eso era un secreto (Todos se ríen). ¿Por qué siempre tienes que meter la pata, Valentín? En vez de Valentín Estrada deberías apellidarte Valentín Bocotas.
Valentín: ¿Qué más da, patrón? Marina ya es de las nuestras y tampoco tenemos pastelería que ella pueda inspeccionar.
Marina: Agradezcan que apenas me entero porque si no, la pastelería se hubiera cerrado mucho antes del incendio.
Lisandro esboza su sonrisa al escucharlo, pues sabe que la pastelería se quemó por obra de su abuela. Todos guardan silencio, sintiéndose algo incómodos.
Marina: Ay, lo siento. Creo que ahorita la imprudente fui yo.
Antonio: No te preocupes, Marina. Igual es verdad, pero no estamos acá para recordar momentos tristes.
Natasha: Es cierto, yo voy a ir a la cocina por los platos para que comamos porque me parece que a todos se nos está haciendo agua la boca por probar el dichoso pastel.
Más tarde, se enfoca a todos los presentes cantarle la canción de feliz cumpleaños a Lisandro, riendo muy felices y compartiendo para luego comer el pastel preparado por Antonio. Parece que la tranquilidad por fin reina para ellos después de todos los acontecimientos ocurridos en los últimos meses, aunque no para todos.
INT. / RECLUSORIO, PATIO DE VISITAS / DÍA
Dante ha ido a visitar a Marcus. Este llega, vestido con el uniforme de preso, desaliñado, con el rostro sucio y una expresión sin alma estampada en el rostro, como si la amargura se hubiera terminado de apoderar de él. El hombre toma asiento.

Marcus: ¿A qué viniste? ¿A burlarte de mí en mi cara?
Dante: Para nada. Quise venir a ver cómo estabas.
Marcus: ¿Cómo más he de estar rodeado de tipejos asesinos, ladrones y violadores que huelen a mierda? Duermo en el piso y hasta las cucarachas se me suben. Ni comida decente tengo.
Dante: Me puedo imaginar y te juro que me duele.
Marcus: (incrédulo) ¿Te duele?
Dante: Marcus, yo no quería que terminaras así. Victoria supo de lo que hubo entre nosotros y de que yo fui el que te sacó del closet hace años. Después de todo, eso fue un escándalo en la universidad, así que me contactó para que me vengara de ti.
Marcus: Y sí que lo lograste. Tú también contribuiste a que terminara en este maldito hueco.
Dante: Yo no te impulsé a que le dispararas a Lisandro. Nada más le mostré el video para que te dejara y sintieras lo que yo también sentí cuando jugabas conmigo y me desechabas, pero nunca quise esto para ti.
Marcus: ¿Y de qué me sirve tu palabrería ahora?
Dante: De nada. Solo quería verte y recordarte lo mucho que te amé. Nunca te lo dije porque no hubo oportunidad, pero te lloré muchísimo
Marcus lo escucha con atención. Dante, incluso, empezó a sollozar y se le forma un nudo en la garganta.
Dante: Quise buscarte muchas veces y la ansiedad me mataba. Me sentía volverme loco, tanto que hasta terminé medicándome y dejando la universidad. Pasé por psiquiatría y no fue el mejor momento de mi vida.
Marcus: ¿Tanto mal te hice?
Dante: Mucho hasta que comprendí que era puro apego e inseguridad. Tú me dabas esa estabilidad emocional que a mí me faltaba tener por mí mismo y el que jugaras conmigo me hizo empeorar. Para mí lo eras todo.
Marcus: ¿Y todavía me amas?
Dante: No. Quizá en un inicio sí, pero ese amor no era sano. Era tóxico y tú no fuiste el único que obró mal. Yo también hice mal por haber sido tan imbécil de no quererme lo suficiente para impedir que me maltrataras como lo hiciste.
Marcus se queda pensativo.
Dante: ¿Y sabes una cosa? Aprendí que, para amar a alguien, primero tengo que amarme a mí mismo. Fue una lección que aprendí a las malas, pero que me quedó para toda la vida.
Marcus: Todavía no es tarde (Lo toma de las manos). Puedes ayudarme a salir de aquí. Habla con mis padres y convéncelos de que me contraten un buen abogado. Te juro que puedo cambiar, Dante.
Dante suelta una leve risa de incredulidad.
Marcus: (desesperado) Todavía podemos darnos una oportunidad y te puedo amar como siempre quisiste. Puedo darte el lugar que te mereces.
Dante: ¿Me quieres utilizar otra vez?
Marcus: ¡Para nada! Desde que te apareciste en mi vida otra vez, me di cuenta que no te valoré lo suficiente. Yo sé que en el fondo todavía podemos llegar a ser algo. Sácame de aquí.
Dante: No, Marcus. Esta vez no me vas a convencer.
Marcus lo suelta de las manos.
Marcus: Entonces lárgate. Quédate solo. Dudo mucho que te llegues a encontrar un hombre como yo. Soy demasiado para alguien como tú.
Dante: ¿Ves? Ni aún encerrado aquí vas a cambiar. Tu problema es exactamente el mismo que el mío. Tú te odias y no te aceptas, y por eso no eres ni vas a ser capaz de amar a nadie.
Marcus: No voy a seguir escuchando tu mierda. Vete, idiota. Lárgate.
Dante solo sonríe tratando de que aquellas palabras no le afecten y se para de la silla.
Dante: Hasta nunca, Marcus.
El joven se retira. Marcus, furioso, lanza la mesa lejos y uno de los guardias se acerca.
Guardia: ¡Pon eso en su sitio de inmediato si no quieres que te castigamos! ¡Ándale!
Marcus respira agitado y se ve resignado a aceptar el futuro que le depara estar encerrado allí en prisión.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, HABITACIÓN DE LISANDRO / NOCHE
Cae la noche. Lisandro termina de poner su ropa en el armario. Antonio entra en ese momento.

Antonio: Ya mis padres se fueron. Los acompañé a tomar un taxi y Natasha ya se durmió junto con Dieguito. ¿Tú cómo vas por aquí?
Lisandro: Bien, aunque lleno. Creo que comí demasiado pastel. Nada más espero que no me caiga pesado. El doctor me mandó una dieta blanda por un mes mientras me termino de recuperar en casa.
Antonio: No creo que te vaya a hacer daño, además el pastel estaba bien blando.
Lisandro: Pues sí y estaba delicioso. Me trajo retehartos recuerdos de cuándo recién empezaba a trabajar en Antique Amor.
Antonio: Hasta a mí me dio nostalgia. Fue el lugar donde descubrí lo importante que eras para mí y donde me di cuenta de lo mucho que te amo.
Lisandro solo sonríe y termina de doblar la ropa. Antonio se acerca.
Antonio: ¿Qué has pensado sobre nosotros?
Lisandro: No mucho. Todavía me cuesta trabajo creer que todo esto sea verdad y hasta siento que no me merezco que me ames.
Antonio: ¿Vas a seguir con lo mismo?
Lisandro: Es que…
Antonio: Es que nada, Lisandro. Más bien soy yo el que no se merece que tú me ames.
Antonio lo toma del rostro con ambas manos.
Antonio: Te hice mucho daño tiempo atrás, pero aún así, tengo el coraje de pedirte que me des una oportunidad porque no quiero perderte.
Antonio saca de su bolsillo el collar que le había regalado antes de que fuera enviado a prisión.
Antonio: ¿Ves esto?
Lisandro se conmueve al reconocer el collar.
Antonio: Cuando te lo di, quería que lo tomaras como una promesa de amor y estaba dispuesto a todo por ti, solo que pasó lo que pasó con tu abuela y…
Lisandro: (lo interrumpe) Y yo rompí esa promesa cuando te lo devolví en la cárcel engañado por las mentiras de ella.
Antonio: Sí, me devolviste, pero yo lo conservé a costa de todo. Casi hasta me lo roban en la cárcel y no lo permití porque es el símbolo del amor que nos tenemos. Perderlo significaba perderte a ti también.
Antonio abre el collar y se lo coloca al chico alrededor del cuello.
Antonio: Todavía estamos a tiempo.
Lisandro comienza a sollozar y empuña el collar en una de sus manos.
Lisandro: Cómo me hubiera gustado habernos evitado pasar por tantas cosas desde el primer momento en que te confesé lo que sentía.
Antonio: Lo sé, pero por idiota te hice a un lado y huí, solo que aquí me tienes, un poquito tarde, pero no tanto como para negarnos la chance de querernos.
Lisandro: Te amo tanto, Antonio.
Antonio: Y yo a ti, Lisandro.
Los dos se miran fijamente y acercan sus labios para luego unirse en un beso delicado durante varios segundos.
Antonio: (sonriéndole) Dime si ahora si quieres ser mi novio.
Lisandro sonríe y asiente con la cabeza.
Lisandro: Quiero ahora y siempre.
Los dos, sonriéndose mutuamente, vuelven a besarse de forma larga y romántica. Pronto, aquel beso va poniéndose más apasionado sin perder aquel tono suave. Lisandro desabrocha el jean de su ahora pareja con lentitud. Antonio, por su parte, no tarda en quitarse la camisa. Lisandro solo mira con deseo su torso y lo acaricia pasando las yemas de sus dedos por el pecho firme de él, como si recorriera un mapa, por lo que Antonio toma con delicadeza la mano de él y la besa con cuidado, con dulzura, rozándola con su propia cara, cerrando los ojos en el acto y respirando hondo.
Luego, segundos después, se ve a ambos ya sobre la cama en medio de una luz tenue que emana la lámpara colocada en la mesita de noche. Antonio está sobre Lisandro. Ambos se besan despacio uniendo sus cuerpos y conectando con sus miradas.
Antonio: (susurrando) Nunca me imaginé que algo tan bonito me pudiera pasar así.
Lisandro: (conmovido) Y yo mucho menos me imaginé que pudiera pasarme contigo.
Los dos se besan de nuevo entrecortando sus respiración apenas audible.
Antonio: Ahora que te tengo no te quiero soltar nunca, Lisandro. Nunca…
Antonio agarra las manos de Lisandro y las sube hacia arriba entrelazándolas con la suyas. Lisandro siente cerrando los ojos. Poco a poco, la escena va desenfocándose, pero aún así, se ven las siluetas de los dos se de fondo compartiendo en ese momento de intimidad en la habitación que hacía tanto esperaban.
UN AÑO DESPUÉS
EXT. / ASILO / DÍA
Es un bonito día de verano. Lisandro visita a Victoria, quien se encuentra en una silla de ruedas especial para la condición de parálisis en la que quedó. Lisandro se sienta frente a ella en una banca. Es de notar que el espacio es campestre y hay más personas visitando a sus familiares.

Lisandro: Disculpa que no hubiera venido a verte antes, abuela. Yo sé que ya hacía unos meses que no venía por aquí. He estado muy ocupado, pero sí había llamado para preguntar por ti.
Victoria solo escucha, con la mirada ida. Poco queda de aquella mujer mayor refinada y bien vestida que era antes, pues ahora tiene el cabello lleno de canas, rostro sin maquillaje, usa bata y mantiene una expresión inmutable en el rostro debido a la parálisis.
Lisandro: Como te conté la última vez, ya no se podía hacer mucho por la empresa de la familia, así que mejor la vendí a un buen precio y ya logramos reconstruir la pastelería con el dinero de la venta. Incluso pagué para que validaran mis estudios en una universidad virtual y fue precisamente este mes que me gradué con honores.
Lisandro cuenta emocionado aquellas novedades.
Lisandro: Además, estoy siendo muy feliz al lado de las personas que siempre me apoyaron, en especial él…
CORTE A:
EXT. / ANTIQUE AMOR / DÍA
Una pequeña multitud se reúne frente a la pastelería remodelada, aunque conservando su característico estilo de antes. Hay cintas y flores. Lisandro, vestido con camisa clara y pantalón beige, sostiene unas tijeras doradas. A su lado, Antonio, vestido de traje, sonríe con orgullo. Hay varios presentes conocidos, entre ellos Natasha, quien carga a Dieguito, Valentín, Marina, Carlos y Fedora.
Todos: (al unísono) ¡Uno, dos, tres!
Lisandro corta la cinta al tiempo que el momento se envuelve de aplausos. Antonio lo toma de la mano, lo gira hacia él y lo besa frente a todos. Después, lo abraza con fuerza, emocionado.
CORTE A:
EXT. / ASILO / DÍA
Lisandro sonríe recordando aquel momento. Victoria parece como si no estuviera allí y apenas parpadea.
Lisandro: Y la verdad es que me siento muy pleno, abuela. Lástima que Marcus también terminara mal en la cárcel. Quise a ir verlo, pero se negó muchas veces y siéndote muy sincero, no le tengo ningún rencor.
CORTE A
INT. / RECLUSORIO, PASILLOS / DÍA
Marcus también ha cambiado mucho, pues se ve demacrado y delgado. Poco queda del hombre atractivo y galán que era tiempo atrás. Termina de trapear uno de los pasillos, pero uno de los presos toma un balde lleno de agua y lo derrama para provocarlo al tiempo que se burla de él. Marcus lo mira con odio, aunque prefiere contenerse y se resigna a ese estilo de vida.
CORTE A:
EXT. / ASILO / DÍA
Lisandro: Hasta pena me da porque sus padres lo abandonaron por completo. Intenté contactarme con ellos un par de veces, pero fue inútil. ¿Puedes creer que solo me dijeron que no querían saber nada de él y me colgaron?
Lisandro niega con la cabeza, sintiendo cierta indignación.
Lisandro: Definitivamente, la sangre no te hace familia (Hace una pausa). Pero en fin. Lo otro bueno que te puedo platicar es que con el dinero de la venta de nuestra empresa pudimos llevar al padre de Natasha a una mejor clínica.
CORTE A:
INT. / HOSPITAL, SALA DE TERAPIAS / DÍA
Natasha acompañada a su padre a una terapia, quien ha hecho un gran avance, pues ya logra dar algunos pasos sosteniéndose de unas barandas colocadas a cada lado. Una terapeuta está a su lado.
Terapeuta: ¡Sí, así tal cual! Continúe que ya le falta poco, señor.
Natasha: (muy emocionada) ¡Vamos, papá! ¡Tú puedes! ¡Unos pasos más!
El hombre llega a la meta jadeando. Puede verse que todavía tiene un lado de la cara deforme, pero luce de un mejor semblante. Natasha y la terapeuta lo sostienen de cada brazo para evitar que pierda el equilibrio. Luego lo ayudan a sentarse en la silla de ruedas.
Terapeuta: (sonriendo) ¡Muy bien, señor! Felicitaciones. Hizo un gran avance hoy.
Natasha: ¡Ay, papá! ¿Escuchaste? No sabes la alegría tan inmensa que me da ver lo mucho que has progresado en estos meses.
El hombre, sudando y aún exhausto, intenta sonreírle a su hija. Natasha se inclina para ponerse a su altura.
Natasha: (solloza) Estoy muy orgullosa de ti, mi papito chulo. Estoy segurísima de que en unos meses más vas a estar hasta corriendo. Vas a ver.
Este, con algo de dificultad, alza una mano y le frota el cabello. Natasha, muy conmovida, no puede evitar llorar de felicidad.
Natasha: Te amo.
La exmodelo lo abraza y le da un beso en la frente.
CORTE A:
EXT. / ASILO / DÍA
Lisandro: Y bueno, creo que ya no se me escapa nada. Hoy también traje un libro para leerte de esos que literatura inglesa que tanto te gustaba leer antes. ¿Te acuerdas?
Lisandro saca un libro de su bolso.
Lisandro: Como sé que te tenía medio abandonada, te voy a leer cinco capítulos hoy. ¿Qué te parece?
Lisandro le sonríe. Victoria alcanza a voltear a ver con sus ojos al chico sin mover la cabeza.
Lisandro: ¿Sabes? Una de las cosas que más me lamento es no haber podido hablar contigo antes de que te pasara esto. La última conversación que tuvimos fue cuando descubrí todo y no hablamos bien.
Victoria lo mira fijamente. Parece como si aquellos ojos se reflejara un cierto arrepentimiento.
Lisandro: De todas maneras, quiero que sepas que te perdoné por todo.
Lisandro pone su mano sobre la de su abuela.
Lisandro: Creo que estar así ya ha sido suficiente cárcel para ti y aquí me vas a tener visitándote cada semana. Te lo prometo.
Una lágrima desliza suavemente por la mejilla de Victoria. Lisandro solo le sonríe con calidez y sin ningún rencor, por lo que se dispone a abrir el libro y a leerle.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA
Más tarde, podemos ver a todos los personajes celebrando el primer aniversario de la pastelería luego de haber sido reconstruida. Es una fiesta privada. Hay un gran letrero que precisamente anuncia el aniversario del negocio, además suena música suave de fondo y en el centro del establecimiento hay una gran mesa con un pastel y varias copas de champagne. Todos conversan animadamente. Es de notar que Marina se ve con una pequeña barriga de embarazo. Lisandro llega en ese momento y saluda.






Lisandro: Hola a todos.
Marina: ¡Lisandro! ¡Por fin llegas! Te estábamos esperando. Casi rompo fuente y tú ni aparecías.
Lisandro: (riéndose) Discúlpenme por la tardanza. Me quedé un tiempo de más con mi abuela.
Antonio, quien terminaba de servir la comida, se acerca y lo saluda con un beso sencillo en los labios.
Antonio: ¿Cómo sigue, amor?
Lisandro: Bueno, pues ya ustedes saben que su parálisis no tiene cura y un tratamiento a su edad sería muy complicado, pero la están tratando bien en el asilo. Tú también fuiste a ver tu papá hoy, Natasha, ¿no?
Natasha, sentada, sostiene a Dieguito, quien viste un overol y ya se ha puesto más grande. Incluso logra tenerse de pie.
Natasha: (sonriendo) Sí y ya logra dar varios pasos sin caerse. La terapeuta me dijo que a este ritmo va a poder recuperar la movilidad muy pronto.
Fedora: Qué alegría oír eso.
Natasha: Sí, doña Fedora. A diferencia de la abuela de Lisandro, mi papá no sufrió un derrame, sino un accidente que le afectó la columna y le quitó la movilidad, así que tenía más chances de recuperarse con el tratamiento que no hubiera sido posible sin ti, Lisandro. No me va a alcanzar la vida para agradecerte.
Lisandro: (sonriendo) No fue por mí. Fue por todo el amor y la dedicación que le tienes a tu papá, Natasha. En todo caso, me da muchísimo gusto saber que va tan bien. Mándale un saludito de mi parte la próxima vez.
Antonio: Pero esa no es la única buena noticia. Esta fiesta precisamente la organicé para hacerles un anuncio bien importante.
Carlos: Pensaba que era para celebrar el aniversario de la pastelería.
Antonio: Digamos que sí, papá, pero hay otro motivo. ¿O no, Valentín?
Valentín: Sí, patrón. Es una sorpresa que les tenemos.
Lisandro: Déjame adivinar. ¿Tú y Marina van a tener gemelos?
Marina: (aterrada) ¡Ay, no Lisandro! Ni lo digas. Si ya este bebito me anda hinchando los pies, no me imagino dos (Todos se ríen).
Lisandro: ¿Entonces?
Marina: Yo tampoco sé qué se traen estos dos. ¿Tú sabes algo, Natasha?
Natasha: Yo menos, aunque sí los había notado muy misteriosos estos días, tanto que me han dejado sola atendiendo la pastelería.
Fedora: Bueno, muchachos, ya digan que se nos cuecen las habas por saber.
Antonio: Lo que pasa es que… Tenemos que contarles a todos que gracias a las ventas en estos meses, logramos expandirnos.
Lisandro: ¿Cómo que expandirnos?
Antonio: Sí, mi amor. Mi querido socio aquí, Valentín y yo les tenemos que anunciar que vamos a abrir otra sede de Antique Amor.
Todos se sorprenden y dibujan sonrisas de emoción al escuchar tal noticia.
Carlos: Esa sí que es una buenísima noticia, hijo. ¡Felicidades!
Carlos aplaude y todos los demás le siguen con los aplausos.
Antonio: No me den el crédito a mí. Denlo a Valentín que fue al que se le ocurrió la idea y puso parte de sus ahorros para el proyecto.
Marina: ¿En serio hiciste eso, amor?
Valentín: No me vayas a regañar. Mira que fue una inversión para nuestra familia a futuro.
Marina: Ay, no digas eso que van a pensar que hasta te pego. Solo preguntaba (Todos se ríen).
Antonio: Valentín tiene razón, Marina. Tanto es así que decidí nombrarlo coordinador de sede, así que él será algo así como el subjefe.
Lisandro: ¡Qué padre! Me alegra mucho por ti, Valentín. Te lo mereces. Después de todo, tú siempre has sido muy fiel y estuviste con Antonio desde el primer momento en el que abrió Antique Amor.
Valentín: Gracias, Lisandro.
Fedora es quien toma la palabra y alza una copa de champagne.
Fedora: Yo creo que es momento de que cada uno haga un brindis por algo especial, ¿no les parece? Hay motivos de sobra.
Antonio: No sería mala idea. Agarren cada uno su copa.
Cada presente agarra una copa de champagne reunidos alrededor de la mesa.
Antonio: ¿Por qué te gustaría brindar a ti, mamá?
Fedora: Por ti, hijo y también por ti, Carlos. Quiero brindar por mi matrimonio que llegué a pensar que estaba acabado, pero acá me tienen, plena y feliz al lado de mi esposo.
Carlos rodea el vientre de ella con su brazo y la pareja se da un pico sencillo en los labios.
Marina agarra una de las botellas de otra mesa.
Marina: Bueno, pues yo voy a brindar con refresco que ya saben que estoy de estado, pero quiero hacer un brindis por ti, Valentín.
Valentín le sonríe enamorado.
Marina: Creo que no pude encontrar un mejor esposo que me mostrara lo valiosa que puedo llegar a ser. Tú me hiciste sentir especial y me acompañaste cuando más sola me sentí, y ahora no quepo de la felicidad al saber que estamos formando una familia y que ascendiste a ser subjefe de la pastelería.
Lisandro: (emocionado) ¡Ay! ¡Qué lindos! Pero ya bésense.
Todos se ríen al unísono. Valentín besa a Marina y ella también le corresponde.
Antonio: Y yo también quiero hacer un brindis por todos los que estamos aquí reunidos. Por las buenas noticias, por las buenas oportunidades, por las bendiciones que hemos tenido este año…
Antonio clava su mirada en Lisandro. Los dos conectan de inmediato con los ojos desbordando el amor que se sienten.
Antonio: Y sobre todo, quiero brindar por ti, Lisandro. Por ti nada de esto hubiera sido posible. Tú no solo reconstruiste Antique Amor, sino que siempre has sido el alma de este sitio.
Antonio solloza un poco y se acerca a pasos lentos. Lisandro se ve sumamente emocionado y todos los presentes admiran el momento.
Antonio: Me siento muy afortunado de poderte tener en mi vida y que seas mi pareja, mi verdadero amor. Te amo.
Lisandro: Yo también te amo, Antonio, con toda el alma.
Los dos se besan. Fedora solo esboza su sonrisa, pues aunque aún le cuesta, le causa felicidad ver a su hijo feliz.
Carlos: (alzando su copa) ¡Salud!
Todos: (al unísono) ¡Salud!
Poco a poco, la cámara va capturando a cada presente dentro de la pastelería. Todos ríen, conversan y pasan un ameno momento. Hay calidez en el ambiente.
Lisandro: (voz en off) ¿Quién diría que entre vitrinas de pasteles, dulces y harina iba a ser el lugar donde renacería un antiguo amor que sentí?
Dieguito camina con torpeza hacia Antonio, quien lo recibe con una sonrisa y lo carga en sus brazos. Natasha justo estaba detrás pendiente de que el niño no se cayera. Antonio le unta un poco de pastel en la naricita y el niño ríe.
Lisandro: (voz en off) Un amor que yo pensaba que había quedado atrás, enterrado, por las heridas, por los malentendidos, pero ahorita sé que no…
Lisandro charla con Marina. Él incluso se agacha un poco para escuchar al bebé que ella lleva en el vientre e incluso ríe, pues al parecer sintió un movimiento.
Lisandro: (voz en off) Fue un antiguo amor que renació, que maduró y que me sostuvo…
Fedora y Carlos también conversan junto a Valentín, quien al parecer les cuenta alguna anécdota que los hace reír.
Lisandro: (voz en off) Un amor no solo de él, sino de tantas bellas personas que estuvieron ahí conmigo…
Antonio, con Dieguito en brazos, observa de lejos a Lisandro con orgullo, admiración y amor sincero.
Lisandro: (voz en off) Un amor que va a perdurar en esa pastelería y que se alimentó de tantos bonitos recuerdos que van a quedar allí guardados siempre que esa puerta siga abierta. Hoy por fin puedo entender que el amor se cocina, se construye, se dignifica y se honra, y que así como para un pastel siempre hay que romper un par de huevos, al final el resultado siempre nos deleita.
La cámara va alejándose desde la vitrina frontal enfocando a los presentes que aún están celebrando en el interior, Luego, la misma cámara sube, enfocando el letrero con el nombre de la pastelería y un pequeño eslogan debajo: “Antique Amor: Donde los nuevos comienzos tienen sabor a hogar”.

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