Capítulo 1: Gran estreno
NUEVA YORK

En una espectacular vista panorámica se puede observar el centro de Manhattan de noche, parte de la imponente ciudad de Nueva York, una de las más pobladas del mundo. Pueden observarse también sus altos rascacielos desplegando diversos colores reflejados en el agua y resaltando el popular puente colgante de Brooklyn, que también alumbra de colores de forma llamativa.
La historia se traslada al interior de un departamento ubicado en un alto edificio inmobiliario. Un hombre ebrio, cuyo rostro no puede ser visto, se dirige al balcón y observa la ciudad. Hay otra persona detrás de él en medio de la penumbra que se acerca de forma silenciosa. Cabe destacar que sostiene una pesada botella y por la silueta, parece ser una mujer. Una vez que aquella mujer misteriosa llega al balcón, no tarda en golpear fuertemente al hombre con la botella dos veces. Éste cae de rodillas aturdido hasta recibir un tercer golpe que lo deja inconsciente.
Un par de minutos después, aquella mujer está haciendo todo lo posible para lanzar al hombre que ha golpeado por el balcón. El rostro de ninguno de los dos todavía no puede ser visto.
La mujer: (cansada) Yo no permitiré que acabes con lo que tanto me costó lograr. Prefiero mancharme las manos de sangre antes de que arruines todo.
La mujer finalmente lanza el cuerpo de aquel hombre al vacío. Éste cae varios metros hacia abajo e irremediablemente muere en el acto.

En el departamento, la cámara va enfocando de abajo hacia arriba el rostro de la mujer; se trata de Victoria, quien mira desde arriba, con frialdad y temblando, al hombre que acaba de asesinar, que no es otro que Ernesto. Éste yace en el pavimento, inerte, con los ojos abiertos y emanando un charco de sangre de la cabeza.
AL DÍA SIGUIENTE
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

La tarde está lluviosa en la ciudad. Lisandro acaba de llegar justamente de Nueva York y vaga por las calles, arrastrando su maleta. Viste ropa de invierno y mientras camina por una acera sosteniendo un paraguas, un auto pasa velozmente y lo moja por completo.

Lisandro: (molesto) ¡Ten más cuidado la próxima vez, idiota!
Lisandro mira a punto de llorar su ropa mojada.
Lisandro: Dios mío, me empapó por completo. ¿Qué clase de gente conduce por ahí a esa velocidad? (Frustrado)
Luego de que la lluvia cesa, el joven se sienta en una banca de un parque.
Lisandro: (suspirando) Nada de esto me estaría pasando si tan solo…
FLASHBACK
TRES AÑOS ATRÁS
NUEVA YORK
INT. / DEPARTAMENTO / DÍA
Lisandro realiza un trabajo de la universidad con Antonio, su compañero y mejor amigo. Los dos están sentados frente a la laptop, sentados en el comedor y entre los dos hay un gran silencio. Lisandro lo mira como si estuviera indeciso de decirle algo, algo de lo que Antonio se percata. Lisandro le rehúye la mirada sintiéndose avergonzado.


Antonio: (extrañado) ¿Qué pasa, Lisandro?
Lisandro: Eh, nada… No me hagas caso.
Antonio: ¿Estás seguro? Llevas ahí rato mirándome. Ni estás concentrado leyendo.
Lisandro: (suspirando) Bueno, es que… Antonio, yo… no sé si deba contarte algo que he venido callando desde hace tiempo.
Antonio: (extrañado) Bueno, adelante. Tú sabes que somos amigos y puedes decirme lo que quieras.
Lisandro: Es que es algo, ¿cómo dijera? ¿Atrevido?
Antonio: No importa. Tú eres mi mejor amigo. Adelante.
Lisandro: (nervioso) Ok, pero, antes que nada, no quiero que te enojes conmigo, por favor.
Antonio: (exasperado) ¡Por todos los cielos, Lisandro! Dime de una vez. Te prometo que no voy a enojarme ¿de acuerdo? Ándale, dime…
Lisandro: Está bien. Es que… Antonio tú… (Toma aire) Tú me gustas.
Antonio permanece estupefacto por un largo momento después de haber escuchado las palabras de Lisandro. Él lo mira afligido y muy avergonzado.
Lisandro: Créeme que lo siento mucho. ¡Es más! Si quieres irte voy a entenderlo. Sólo quería que supieras lo que siento por ti.
Antonio se echa para atrás en la silla en la cual está sentado notablemente incómodo.
Lisandro: Desde que te conocí ese día en la alberca de la universidad y nos hicimos amigos he tenido que lidiar con esto y para mí no ha sido fácil. Es horrible tenerte siempre tan cerca y…
Antonio: (serio) ¿Qué pretendías diciéndomelo?
Lisandro: ¿Cómo que qué pretendía?
Antonio: ¡Sí, eso! ¿Qué esperabas con decírmelo? ¿Que te correspondiera? Tú sabes que te aprecio, Lisandro, pero con esto ya no sé ni qué pensar. Me siento tan incómodo. Nunca me imaginé que… Fueras de esos…
Lisandro: (apenado) Perdóname, no quería incomodarte. Por eso no te lo quería contar, pero entiéndeme. Para mí no es fácil tener que aguantar lo que siento cada vez que estás cerca de mí. Yo en verdad te quiero.
Antonio: (interrumpiéndolo) Ya, suficiente. No te quiero oír más. Lo mejor es que me vaya de una buena vez (Se pone de pie).
Lisandro: (sollozo) Antonio… Antonio, perdóname. Sólo pretendamos que no te conté nada, pero no te enojes conmigo.
Antonio: Te equivocas si crees que las cosas van a ser iguales entre tú y yo después de esto. Yo no le entro a esas cosas del mundo gay ni nada.
Lisandro: Pero…
Antonio: (molesto) ¡Ya, no digas más! ¿Piensas que vamos a seguir como si nada? Con razón me lo decían tanto en la facultad y yo de menso me negué a creerlo. Qué idiota.
Lisandro: ¿Tanto te importa lo que piensen?
Antonio: Sí, me importa y mucho. Yo no quiero seguir siendo la burla de toda la universidad por andar contigo. Por lo menos no quiero que me cuestionen. Yo soy un hombre, no un… (Se detiene) ¿Sabes qué? Mejor me largo.
Lisandro: Por favor, Antonio… (Él lo ignora y se va) ¡Antonio! ¡Antonio, vuelve!
Antonio se va totalmente furioso del departamento tirando un portazo. Lisandro rompe a llorar.
FIN DEL FLASHBACK
En la actualidad, Lisandro deja de recordar algo nostálgico.
Lisandro: Y aún… aún te sigo queriendo Antonio. Yo nunca te pude olvidar.
En ese momento, el chico vuelve a tener otro recuerdo del día anterior.
FLASHBACK
NUEVA YORK
INT. / DEPARTAMENTO, HABITACIÓN / DÍA
Lisandro entra a su habitación, sorprendiéndose al ver a su abuela, Victoria, sentada en la cama y llorando de indignación al tiempo que sostiene un papel entre las manos.


Lisandro: Abuela… ¿Tú qué haces aquí?
Lisandro al ver que su abuela ha leído aquel papel, corre e intenta arrebatárselo, pero ella lo arruga y lo tira al piso.
Lisandro: (desesperado) ¿Cómo te atreves a violar mi intimidad?
Victoria se levanta de la cama y lo abofetea fuertemente. Lisandro se vuelve el rostro adolorido y poniéndose la mano en el lado de la cara donde ella lo golpeó.
Victoria: Qué decepción. Cualquier cosa me pude haber esperado de ti, menos que resultaras ser un asqueroso homosexual.
Lisandro la mira con los ojos desorbitados.
Victoria: ¿Con que enamorado del idiota ese de Antonio con el que te la pasas a toda hora? ¿Qué pretendías escribiéndola una ridícula carta de amor?
Lisandro: Trata de comprender la situación. Estamos en otra época, abuela. Las cosas no son como antes y no es lo que piensas.
Victoria: (furiosa) ¡Cállate! Con ese cuento barato se excusan todos los que son como tú, pero no… Tú no eres como esos. Tú eres mi nieto y no voy a permitir que seas así.
Lisandro: ¿Qué quieres decir?
Victoria: Vas a tener que casarte en cuanto antes y no con un hombre si es a eso a lo que aspiras. Claro que no… Con una mujer como debe de ser.
Lisandro: Estás loca. Tú no puedes controlar mi vida de esa forma. Yo soy mayor de edad.
De repente, Ernesto, el abuelo de Lisandro, entra a la habitación.

Ernesto: Bien lo has dicho (Él voltea a ver). Tú eres mayor de edad, pero mientras dependas de mi dinero, no puedes hacer lo que se te venga en gana, muchachito.
Lisandro: ¿Tú también lo sabes?
Victoria: Lo más obvio era que se lo dijera, no podía callar semejante vergüenza.
Ernesto: Es hora de que empieces a buscarte otra forma de vestir, habla como un hombre y ponte en la tarea de buscarte una novia a ver si de esa manera se te quita lo marica.
Lisandro: (molesto) ¡Me estás ofendiendo con eso, abuelo!
Ernesto: Poco me importa y si no estás de acuerdo, ahora mismo te largas de este departamento y renuncias a todos los lujos que tienes con nosotros. No quiero a un raro como tú de nieto.
Lisandro: Lo siento por ustedes, pero no pueden obligarme a nada. Mi sexualidad es esta y no la pueden cambiar. Entiéndanlo ya.
Victoria: Entonces empieza a hacer tus maletas. Mañana te vas de aquí a primera hora en un vuelo a México.
Lisandro: (impactado) ¿Qué?
Victoria: Lo que oíste.
Lisandro Ustedes no pueden hacerme esto. Soy un universitario. Estoy ya en el quinto semestre de diseño gráfico. ¿En dónde se supone que me voy a quedar?
Victoria: Tú te lo buscaste al elegir inclinarte por esa porquería. Vas a volver al país de donde te trajimos cuando tus padres murieron y mejor ve empacando tus cosas para que te largues.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro: (dejando de recordar) Fueron tan injustos conmigo. No se detuvieron ni un solo momento a pensar en mí, en lo que podía sentir.
NUEVA YORK

INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA / DÍA
Victoria es interrogada por un detective policial. Los dos platican en inglés.

Victoria: (seria) Yeah, detective. As I told you, my husband was too drunk last night. He was very sorry after our grandson told us he’s gay and my poor husband couldn’t bear it (Sí, detective, como le dije, mi marido estaba demasiado ebrio anoche. Tenía una pena muy grande luego de nuestro nieto nos dijo que es homosexual y mi pobre esposo no pudo soportarlo).
Victoria rompe a llorar fingiendo ante la investigación por la caída de Ernesto.
Detective: I’m so sorry, ma’am (Lo siento mucho, señora).
El detective le pasa un pañuelo. Ella se limpia las lágrimas.
Victoria: Thanks (Gracias).
Detective: Do you think your husband committed suicide for that reason? (¿Cree usted que su esposo se suicidó por esa razón?).
Victoria: I don’t know. He suffered from depression and got worse after having known our only grandson is gay. It was shocking for both of us (No lo sé. Él sufría de depresión y empeoró después de saber que nuestro único nieto es gay. Fue una noticia impactante para ambos).
Detective: Would you mind bringing me your husband’s medical records in order to prove he suffered from depression? It could be useful for the research (¿Le importaría traerme los antecedentes médicos de su esposo para probar que él sufría de depresión? Podría ser útil para la investigación).
Victoria: Of course, I could (Claro que podría).
Victoria guarda silencio frunciendo el ceño.
Victoria: (pensando) Tendré que encargarme de pagar algún examen psiquiátrico falso para probar que el imbécil de Ernesto sufría de depresión. Es la única forma de quitarme a la policía de encima para que no sospechen que fui yo quien lo mató.
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / AGENCIA DE MODELAJE, OFICINA / DÍA
Natasha se encuentra en la oficina de Edgar, el director de una importante agencia de modelaje del país. La joven viste con una ropa casual que le sienta muy bien.

Natasha: Bueno, Edgar, aquí estoy. ¿Qué era lo que querías hablar conmigo?
Edgar: (sonriéndole) Siéntate, por favor.
Natasha toma asiento sintiéndose algo incómoda y le sonríe forzada.
Edgar: ¿Has visto las noticias? Eres la revelación del modelaje en estos momentos y en la última pasarela fuiste la estrella. Muchos están hablando sobre ti.
Natasha: Gracias por tus felicitaciones. Me esforcé mucho para que todo saliera bien y al público le gustara mi presentación.
Edgar: Es cierto. Te has esforzado mucho y por eso te quería felicitar personalmente. Eres la envidia de todas las demás modelos de la agencia en este momento.
Natasha: (riendo) Todas son una partida de resentidas, pero eso no me preocupa. Me centro en mí solamente y en lo que quiero alcanzar.
Edgar: Yo puedo ayudarte a que alcances muchísimo más si a cambio eres complaciente conmigo, Natasha.
Natasha: (desconcertada) ¿Complaciente? ¿Qué quieres decir? (Ríe nerviosa).
Edgar: Sí, mira…
Edgar se levanta y camina detrás de Natasha. Ella no puede evitar sentirse cada vez más incómoda.
Edgar: Tú me encantas desde hace mucho (Se inclina y le habla cerca al oído). Todo de ti me fascina... Tu rostro, tu porte, tu sonrisa. Me enloqueces…
El hombre se atreve a besar el cuello de la joven, quien siente cada vez más una profunda incomodidad y desagrado.
Natasha: Edgar, por favor, detente (Se pone de pie y se aleja de él).
Edgar: Deja de ser tan tímida (Se acerca a ella y la arrincona contra la pared). Los dos podemos pasarla muy bien si tú quieres. Piénsalo. Tú te portas bien conmigo y a cambio, te convierto en la modelo más cotizada del país.
Edgar acaricia el rostro de Natasha. Ella le voltea el rostro.
Edgar: Puedo lograr que salgas en la portada de todas las revistas de moda nacionales, que seas una reina de las pasarelas. Puedo lograr cualquier cosa por ti si a cambio te vuelves mi mujer.
Edgar la besa a la fuerza durante varios segundos, pero Natasha no le corresponde e intenta quitárselo de encima.
Natasha: (empujándolo muy molesta) ¿Quién te has creído para besarme? Yo no te he dado el consentimiento para que lo hagas.
Edgar: (sonriéndole coqueto) ¡Vamos, Natasha! Todas se venden por un poco de fama. No te hagas la difícil. Dime cuánto cuesta llevarte a la cama y ya está…
Natasha: (cacheteándolo) ¡Claro que no! ¡Yo no soy ninguna prostituta y no me vendo por fama como dices! ¿Por quién me tomas, ah?
Edgar: (molesto) No te conviene ponerte en esa actitud conmigo. Perfectamente te puedo correr de la agencia si no cedas a lo que te pido.
Edgar se vuelve a acercar a Natasha y la toma a la fuerza entre sus brazos para besarla de nuevo.
Natasha: (revolviéndose) ¡Déjame! ¡Para con esto!
Edgar no se detiene y, por el contrario, comienza a tocar las piernas de la joven de forma pervertida y oliéndola con un cierto fetichismo. Natasha no ve de otra que arañarlo con sus uñas en el rostro, golpearlo en la entrepierna y cachetearlo fuertemente.
Natasha: (furiosa) ¡No te permito que me faltes al respeto, infeliz!
Edgar: (adolorido) Desgraciada. ¿Quién te crees para rechazarme? ¡Fuera inmediatamente de aquí o llamo a seguridad para que te corran!
Natasha: Por supuesto que me voy. No pienso quedarme ni un minuto más aquí contigo en esta agencia. Métete tu propuesta por donde mejor te quepa.
Edgar: Te vas a arrepentir muy caro de esto. A mí nadie me rechaza, menos una pobre diabla como tú.
Natasha: Esta “pobre diabla” tiene un padre que le enseñó valores y no pienso perder mi dignidad por tan poco.
Edgar: Estúpida. Deberías agradecer que te saqué de lo más bajo y te di la oportunidad de que te formaras como modelo en mi agencia. Mira no más cómo me pagas, pero te vas a acordar de mí, Natasha.
Natasha lo mira muy indignada y con los ojos sollozos.
Edgar: Me voy a encargar de que no consigas trabajo nunca más como modelo en ninguna agencia. Lárgate y no por aquí no te aparezcas más.
Natasha toma su bolso y sale de la oficina. Edgar se queda sumamente disgustado por lo sucedido.
EXT. / CALLES / DÍA
Lisando camina desanimado por las calles de la ciudad. Toma su celular y ve que se ha quedado sin batería.

Lisandro: Dios mío. Estoy muerto. ¿En dónde voy a dormir esta noche si no conozco nada de esta ciudad? Estoy perdido y ya hasta mi teléfono está sin carga.
El joven suelta un suspiro sin poder asumir su situación. Es cuando, sin esperárselo, un delincuente llega y le arrebata su maleta, saliendo a correr en el acto.
Lisandro: (alertado) ¡Mi maleta! ¡Auxilio, me roban!
Lisandro sale corriendo detrás del delincuente que le ha quitado su maleta, pero este es más rápido y se escabulle con destreza por las calles. El delincuente dobla en una esquina y cuando Lisandro también cruza por allí, se choca con varias personas y cae justo en un charco llamando la atención, pero nadie se molesta en darle la mano.
Por esa misma acera, hay un joven que ha presenciado toda la situación desde la entrada de una pastelería en la que se exhiben varios deliciosos pasteles; se trata de nada más y nada menos que Antonio, usando un uniforme parecido al de un mesero.

Lisandro: (adolorido) Ay, no puede ser... (Poniéndose de pie) Tenía toda mi ropa guardada en esa maleta. Ahora sólo tengo lo que traigo puesto. ¿Qué voy a hacer? (Desesperado)
Lisandro está de espaldas, por lo que aún no ha sido reconocido por Antonio. Dos niñas se acercan a la entrada de la pastelería, deslumbradas por los pasteles que se exhiben en la vitrina.
Niña 1: Buenas tardes, señor.
Antonio: ¿Qué onda, chamaquitas? (Mirando a Lisandro de espaldas con curiosidad)
Niña 2: ¿Qué clase de pasteles está vendiendo el día de hoy?
Antonio comienza a hablar con un particular acento que se asemeja al de un comercial de televisión.
Antonio: Bueno, hoy en el menú tenemos los pasteles más exquisitos que nunca antes se habían vendido en Antique Amor (Señala en la vitrina un pastel). Este es el llamado pastel de vainilla, con doble cubierta de fresa en la parte superior y en los extremos cubierto con crema de chocolate. También tengo este otro con sabor a chicle de color azul (Se los muestra en la vitrina); un pastel hecho a base de las moras más maravillosas del bosque y, por último, el mejor de Antique Amor (Señala un tercer pastel en la misma vitrina). El pastel de chocolate puro rodeado de maní, con un delicioso relleno de leche en su interior, un sabor sin igual que no se consigue en cualquier pastelería de la ciudad.
Niña 1: ¡Ay! Ya se me hizo agua la boca con el tercero.
Niña 2: Pues a mí me gustó el primero. Me encantan las fresas. Llevemos ese, ándale.

Lisandro se da la vuelta desanimado luego del robo que acaba de sufrir y enlodado completamente. El joven no puede evitar que le llame la atención la fachada de la pastelería con tono antiguo y vintage; alza la mirada y ve un gran letrero en la parte superior que dice “Antique Amor”. Es cuando ve a Antonio dándole el pastel a las niñas, quienes le pagan y se retiran de allí muy contentas.
Lisandro: Ese muchacho… Me parece familiar. Me recuerda tanto a…
Lisandro frunce el ceño y se queda mirando ensimismado a Antonio. Parece que lo ha reconocido. Antonio, por su parte, se percata de que Lisandro está viendo y lo mira con suspicacia.
Antonio: ¿Necesitas algo?
Lisandro no responde y continúa mirándolo impactado.
Antonio: Vi que hace rato te caíste y nadie ni siquiera te ayudó. ¿Estás bien?
Lisandro: (reaccionando) ¿Eres tú?
Antonio se queda extrañado con la pregunta impulsiva de Lisandro.
Lisandro: Antonio… Antonio, ¿eres tú? ¿De verdad eres tú?
Antonio se queda mirando a Lisandro durante unos segundos tratando de hacer memoria y se sorprende igualmente al reconocerlo.
Antonio: ¿Lisandro?
Los dos jóvenes no dejan de mirarse estupefactos por ese reencuentro luego de tres años.
CONTINUARÁ…

En una espectacular vista panorámica se puede observar el centro de Manhattan de noche, parte de la imponente ciudad de Nueva York, una de las más pobladas del mundo. Pueden observarse también sus altos rascacielos desplegando diversos colores reflejados en el agua y resaltando el popular puente colgante de Brooklyn, que también alumbra de colores de forma llamativa.
La historia se traslada al interior de un departamento ubicado en un alto edificio inmobiliario. Un hombre ebrio, cuyo rostro no puede ser visto, se dirige al balcón y observa la ciudad. Hay otra persona detrás de él en medio de la penumbra que se acerca de forma silenciosa. Cabe destacar que sostiene una pesada botella y por la silueta, parece ser una mujer. Una vez que aquella mujer misteriosa llega al balcón, no tarda en golpear fuertemente al hombre con la botella dos veces. Éste cae de rodillas aturdido hasta recibir un tercer golpe que lo deja inconsciente.
Un par de minutos después, aquella mujer está haciendo todo lo posible para lanzar al hombre que ha golpeado por el balcón. El rostro de ninguno de los dos todavía no puede ser visto.
La mujer: (cansada) Yo no permitiré que acabes con lo que tanto me costó lograr. Prefiero mancharme las manos de sangre antes de que arruines todo.
La mujer finalmente lanza el cuerpo de aquel hombre al vacío. Éste cae varios metros hacia abajo e irremediablemente muere en el acto.

En el departamento, la cámara va enfocando de abajo hacia arriba el rostro de la mujer; se trata de Victoria, quien mira desde arriba, con frialdad y temblando, al hombre que acaba de asesinar, que no es otro que Ernesto. Éste yace en el pavimento, inerte, con los ojos abiertos y emanando un charco de sangre de la cabeza.
AL DÍA SIGUIENTE
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

La tarde está lluviosa en la ciudad. Lisandro acaba de llegar justamente de Nueva York y vaga por las calles, arrastrando su maleta. Viste ropa de invierno y mientras camina por una acera sosteniendo un paraguas, un auto pasa velozmente y lo moja por completo.

Lisandro: (molesto) ¡Ten más cuidado la próxima vez, idiota!
Lisandro mira a punto de llorar su ropa mojada.
Lisandro: Dios mío, me empapó por completo. ¿Qué clase de gente conduce por ahí a esa velocidad? (Frustrado)
Luego de que la lluvia cesa, el joven se sienta en una banca de un parque.
Lisandro: (suspirando) Nada de esto me estaría pasando si tan solo…
FLASHBACK
TRES AÑOS ATRÁS
NUEVA YORK
INT. / DEPARTAMENTO / DÍA
Lisandro realiza un trabajo de la universidad con Antonio, su compañero y mejor amigo. Los dos están sentados frente a la laptop, sentados en el comedor y entre los dos hay un gran silencio. Lisandro lo mira como si estuviera indeciso de decirle algo, algo de lo que Antonio se percata. Lisandro le rehúye la mirada sintiéndose avergonzado.


Antonio: (extrañado) ¿Qué pasa, Lisandro?
Lisandro: Eh, nada… No me hagas caso.
Antonio: ¿Estás seguro? Llevas ahí rato mirándome. Ni estás concentrado leyendo.
Lisandro: (suspirando) Bueno, es que… Antonio, yo… no sé si deba contarte algo que he venido callando desde hace tiempo.
Antonio: (extrañado) Bueno, adelante. Tú sabes que somos amigos y puedes decirme lo que quieras.
Lisandro: Es que es algo, ¿cómo dijera? ¿Atrevido?
Antonio: No importa. Tú eres mi mejor amigo. Adelante.
Lisandro: (nervioso) Ok, pero, antes que nada, no quiero que te enojes conmigo, por favor.
Antonio: (exasperado) ¡Por todos los cielos, Lisandro! Dime de una vez. Te prometo que no voy a enojarme ¿de acuerdo? Ándale, dime…
Lisandro: Está bien. Es que… Antonio tú… (Toma aire) Tú me gustas.
Antonio permanece estupefacto por un largo momento después de haber escuchado las palabras de Lisandro. Él lo mira afligido y muy avergonzado.
Lisandro: Créeme que lo siento mucho. ¡Es más! Si quieres irte voy a entenderlo. Sólo quería que supieras lo que siento por ti.
Antonio se echa para atrás en la silla en la cual está sentado notablemente incómodo.
Lisandro: Desde que te conocí ese día en la alberca de la universidad y nos hicimos amigos he tenido que lidiar con esto y para mí no ha sido fácil. Es horrible tenerte siempre tan cerca y…
Antonio: (serio) ¿Qué pretendías diciéndomelo?
Lisandro: ¿Cómo que qué pretendía?
Antonio: ¡Sí, eso! ¿Qué esperabas con decírmelo? ¿Que te correspondiera? Tú sabes que te aprecio, Lisandro, pero con esto ya no sé ni qué pensar. Me siento tan incómodo. Nunca me imaginé que… Fueras de esos…
Lisandro: (apenado) Perdóname, no quería incomodarte. Por eso no te lo quería contar, pero entiéndeme. Para mí no es fácil tener que aguantar lo que siento cada vez que estás cerca de mí. Yo en verdad te quiero.
Antonio: (interrumpiéndolo) Ya, suficiente. No te quiero oír más. Lo mejor es que me vaya de una buena vez (Se pone de pie).
Lisandro: (sollozo) Antonio… Antonio, perdóname. Sólo pretendamos que no te conté nada, pero no te enojes conmigo.
Antonio: Te equivocas si crees que las cosas van a ser iguales entre tú y yo después de esto. Yo no le entro a esas cosas del mundo gay ni nada.
Lisandro: Pero…
Antonio: (molesto) ¡Ya, no digas más! ¿Piensas que vamos a seguir como si nada? Con razón me lo decían tanto en la facultad y yo de menso me negué a creerlo. Qué idiota.
Lisandro: ¿Tanto te importa lo que piensen?
Antonio: Sí, me importa y mucho. Yo no quiero seguir siendo la burla de toda la universidad por andar contigo. Por lo menos no quiero que me cuestionen. Yo soy un hombre, no un… (Se detiene) ¿Sabes qué? Mejor me largo.
Lisandro: Por favor, Antonio… (Él lo ignora y se va) ¡Antonio! ¡Antonio, vuelve!
Antonio se va totalmente furioso del departamento tirando un portazo. Lisandro rompe a llorar.
FIN DEL FLASHBACK
En la actualidad, Lisandro deja de recordar algo nostálgico.
Lisandro: Y aún… aún te sigo queriendo Antonio. Yo nunca te pude olvidar.
En ese momento, el chico vuelve a tener otro recuerdo del día anterior.
FLASHBACK
NUEVA YORK
INT. / DEPARTAMENTO, HABITACIÓN / DÍA
Lisandro entra a su habitación, sorprendiéndose al ver a su abuela, Victoria, sentada en la cama y llorando de indignación al tiempo que sostiene un papel entre las manos.


Lisandro: Abuela… ¿Tú qué haces aquí?
Lisandro al ver que su abuela ha leído aquel papel, corre e intenta arrebatárselo, pero ella lo arruga y lo tira al piso.
Lisandro: (desesperado) ¿Cómo te atreves a violar mi intimidad?
Victoria se levanta de la cama y lo abofetea fuertemente. Lisandro se vuelve el rostro adolorido y poniéndose la mano en el lado de la cara donde ella lo golpeó.
Victoria: Qué decepción. Cualquier cosa me pude haber esperado de ti, menos que resultaras ser un asqueroso homosexual.
Lisandro la mira con los ojos desorbitados.
Victoria: ¿Con que enamorado del idiota ese de Antonio con el que te la pasas a toda hora? ¿Qué pretendías escribiéndola una ridícula carta de amor?
Lisandro: Trata de comprender la situación. Estamos en otra época, abuela. Las cosas no son como antes y no es lo que piensas.
Victoria: (furiosa) ¡Cállate! Con ese cuento barato se excusan todos los que son como tú, pero no… Tú no eres como esos. Tú eres mi nieto y no voy a permitir que seas así.
Lisandro: ¿Qué quieres decir?
Victoria: Vas a tener que casarte en cuanto antes y no con un hombre si es a eso a lo que aspiras. Claro que no… Con una mujer como debe de ser.
Lisandro: Estás loca. Tú no puedes controlar mi vida de esa forma. Yo soy mayor de edad.
De repente, Ernesto, el abuelo de Lisandro, entra a la habitación.

Ernesto: Bien lo has dicho (Él voltea a ver). Tú eres mayor de edad, pero mientras dependas de mi dinero, no puedes hacer lo que se te venga en gana, muchachito.
Lisandro: ¿Tú también lo sabes?
Victoria: Lo más obvio era que se lo dijera, no podía callar semejante vergüenza.
Ernesto: Es hora de que empieces a buscarte otra forma de vestir, habla como un hombre y ponte en la tarea de buscarte una novia a ver si de esa manera se te quita lo marica.
Lisandro: (molesto) ¡Me estás ofendiendo con eso, abuelo!
Ernesto: Poco me importa y si no estás de acuerdo, ahora mismo te largas de este departamento y renuncias a todos los lujos que tienes con nosotros. No quiero a un raro como tú de nieto.
Lisandro: Lo siento por ustedes, pero no pueden obligarme a nada. Mi sexualidad es esta y no la pueden cambiar. Entiéndanlo ya.
Victoria: Entonces empieza a hacer tus maletas. Mañana te vas de aquí a primera hora en un vuelo a México.
Lisandro: (impactado) ¿Qué?
Victoria: Lo que oíste.
Lisandro Ustedes no pueden hacerme esto. Soy un universitario. Estoy ya en el quinto semestre de diseño gráfico. ¿En dónde se supone que me voy a quedar?
Victoria: Tú te lo buscaste al elegir inclinarte por esa porquería. Vas a volver al país de donde te trajimos cuando tus padres murieron y mejor ve empacando tus cosas para que te largues.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro: (dejando de recordar) Fueron tan injustos conmigo. No se detuvieron ni un solo momento a pensar en mí, en lo que podía sentir.
NUEVA YORK

INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA / DÍA
Victoria es interrogada por un detective policial. Los dos platican en inglés.

Victoria: (seria) Yeah, detective. As I told you, my husband was too drunk last night. He was very sorry after our grandson told us he’s gay and my poor husband couldn’t bear it (Sí, detective, como le dije, mi marido estaba demasiado ebrio anoche. Tenía una pena muy grande luego de nuestro nieto nos dijo que es homosexual y mi pobre esposo no pudo soportarlo).
Victoria rompe a llorar fingiendo ante la investigación por la caída de Ernesto.
Detective: I’m so sorry, ma’am (Lo siento mucho, señora).
El detective le pasa un pañuelo. Ella se limpia las lágrimas.
Victoria: Thanks (Gracias).
Detective: Do you think your husband committed suicide for that reason? (¿Cree usted que su esposo se suicidó por esa razón?).
Victoria: I don’t know. He suffered from depression and got worse after having known our only grandson is gay. It was shocking for both of us (No lo sé. Él sufría de depresión y empeoró después de saber que nuestro único nieto es gay. Fue una noticia impactante para ambos).
Detective: Would you mind bringing me your husband’s medical records in order to prove he suffered from depression? It could be useful for the research (¿Le importaría traerme los antecedentes médicos de su esposo para probar que él sufría de depresión? Podría ser útil para la investigación).
Victoria: Of course, I could (Claro que podría).
Victoria guarda silencio frunciendo el ceño.
Victoria: (pensando) Tendré que encargarme de pagar algún examen psiquiátrico falso para probar que el imbécil de Ernesto sufría de depresión. Es la única forma de quitarme a la policía de encima para que no sospechen que fui yo quien lo mató.
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / AGENCIA DE MODELAJE, OFICINA / DÍA
Natasha se encuentra en la oficina de Edgar, el director de una importante agencia de modelaje del país. La joven viste con una ropa casual que le sienta muy bien.

Natasha: Bueno, Edgar, aquí estoy. ¿Qué era lo que querías hablar conmigo?
Edgar: (sonriéndole) Siéntate, por favor.
Natasha toma asiento sintiéndose algo incómoda y le sonríe forzada.
Edgar: ¿Has visto las noticias? Eres la revelación del modelaje en estos momentos y en la última pasarela fuiste la estrella. Muchos están hablando sobre ti.
Natasha: Gracias por tus felicitaciones. Me esforcé mucho para que todo saliera bien y al público le gustara mi presentación.
Edgar: Es cierto. Te has esforzado mucho y por eso te quería felicitar personalmente. Eres la envidia de todas las demás modelos de la agencia en este momento.
Natasha: (riendo) Todas son una partida de resentidas, pero eso no me preocupa. Me centro en mí solamente y en lo que quiero alcanzar.
Edgar: Yo puedo ayudarte a que alcances muchísimo más si a cambio eres complaciente conmigo, Natasha.
Natasha: (desconcertada) ¿Complaciente? ¿Qué quieres decir? (Ríe nerviosa).
Edgar: Sí, mira…
Edgar se levanta y camina detrás de Natasha. Ella no puede evitar sentirse cada vez más incómoda.
Edgar: Tú me encantas desde hace mucho (Se inclina y le habla cerca al oído). Todo de ti me fascina... Tu rostro, tu porte, tu sonrisa. Me enloqueces…
El hombre se atreve a besar el cuello de la joven, quien siente cada vez más una profunda incomodidad y desagrado.
Natasha: Edgar, por favor, detente (Se pone de pie y se aleja de él).
Edgar: Deja de ser tan tímida (Se acerca a ella y la arrincona contra la pared). Los dos podemos pasarla muy bien si tú quieres. Piénsalo. Tú te portas bien conmigo y a cambio, te convierto en la modelo más cotizada del país.
Edgar acaricia el rostro de Natasha. Ella le voltea el rostro.
Edgar: Puedo lograr que salgas en la portada de todas las revistas de moda nacionales, que seas una reina de las pasarelas. Puedo lograr cualquier cosa por ti si a cambio te vuelves mi mujer.
Edgar la besa a la fuerza durante varios segundos, pero Natasha no le corresponde e intenta quitárselo de encima.
Natasha: (empujándolo muy molesta) ¿Quién te has creído para besarme? Yo no te he dado el consentimiento para que lo hagas.
Edgar: (sonriéndole coqueto) ¡Vamos, Natasha! Todas se venden por un poco de fama. No te hagas la difícil. Dime cuánto cuesta llevarte a la cama y ya está…
Natasha: (cacheteándolo) ¡Claro que no! ¡Yo no soy ninguna prostituta y no me vendo por fama como dices! ¿Por quién me tomas, ah?
Edgar: (molesto) No te conviene ponerte en esa actitud conmigo. Perfectamente te puedo correr de la agencia si no cedas a lo que te pido.
Edgar se vuelve a acercar a Natasha y la toma a la fuerza entre sus brazos para besarla de nuevo.
Natasha: (revolviéndose) ¡Déjame! ¡Para con esto!
Edgar no se detiene y, por el contrario, comienza a tocar las piernas de la joven de forma pervertida y oliéndola con un cierto fetichismo. Natasha no ve de otra que arañarlo con sus uñas en el rostro, golpearlo en la entrepierna y cachetearlo fuertemente.
Natasha: (furiosa) ¡No te permito que me faltes al respeto, infeliz!
Edgar: (adolorido) Desgraciada. ¿Quién te crees para rechazarme? ¡Fuera inmediatamente de aquí o llamo a seguridad para que te corran!
Natasha: Por supuesto que me voy. No pienso quedarme ni un minuto más aquí contigo en esta agencia. Métete tu propuesta por donde mejor te quepa.
Edgar: Te vas a arrepentir muy caro de esto. A mí nadie me rechaza, menos una pobre diabla como tú.
Natasha: Esta “pobre diabla” tiene un padre que le enseñó valores y no pienso perder mi dignidad por tan poco.
Edgar: Estúpida. Deberías agradecer que te saqué de lo más bajo y te di la oportunidad de que te formaras como modelo en mi agencia. Mira no más cómo me pagas, pero te vas a acordar de mí, Natasha.
Natasha lo mira muy indignada y con los ojos sollozos.
Edgar: Me voy a encargar de que no consigas trabajo nunca más como modelo en ninguna agencia. Lárgate y no por aquí no te aparezcas más.
Natasha toma su bolso y sale de la oficina. Edgar se queda sumamente disgustado por lo sucedido.
EXT. / CALLES / DÍA
Lisando camina desanimado por las calles de la ciudad. Toma su celular y ve que se ha quedado sin batería.

Lisandro: Dios mío. Estoy muerto. ¿En dónde voy a dormir esta noche si no conozco nada de esta ciudad? Estoy perdido y ya hasta mi teléfono está sin carga.
El joven suelta un suspiro sin poder asumir su situación. Es cuando, sin esperárselo, un delincuente llega y le arrebata su maleta, saliendo a correr en el acto.
Lisandro: (alertado) ¡Mi maleta! ¡Auxilio, me roban!
Lisandro sale corriendo detrás del delincuente que le ha quitado su maleta, pero este es más rápido y se escabulle con destreza por las calles. El delincuente dobla en una esquina y cuando Lisandro también cruza por allí, se choca con varias personas y cae justo en un charco llamando la atención, pero nadie se molesta en darle la mano.
Por esa misma acera, hay un joven que ha presenciado toda la situación desde la entrada de una pastelería en la que se exhiben varios deliciosos pasteles; se trata de nada más y nada menos que Antonio, usando un uniforme parecido al de un mesero.

Lisandro: (adolorido) Ay, no puede ser... (Poniéndose de pie) Tenía toda mi ropa guardada en esa maleta. Ahora sólo tengo lo que traigo puesto. ¿Qué voy a hacer? (Desesperado)
Lisandro está de espaldas, por lo que aún no ha sido reconocido por Antonio. Dos niñas se acercan a la entrada de la pastelería, deslumbradas por los pasteles que se exhiben en la vitrina.
Niña 1: Buenas tardes, señor.
Antonio: ¿Qué onda, chamaquitas? (Mirando a Lisandro de espaldas con curiosidad)
Niña 2: ¿Qué clase de pasteles está vendiendo el día de hoy?
Antonio comienza a hablar con un particular acento que se asemeja al de un comercial de televisión.
Antonio: Bueno, hoy en el menú tenemos los pasteles más exquisitos que nunca antes se habían vendido en Antique Amor (Señala en la vitrina un pastel). Este es el llamado pastel de vainilla, con doble cubierta de fresa en la parte superior y en los extremos cubierto con crema de chocolate. También tengo este otro con sabor a chicle de color azul (Se los muestra en la vitrina); un pastel hecho a base de las moras más maravillosas del bosque y, por último, el mejor de Antique Amor (Señala un tercer pastel en la misma vitrina). El pastel de chocolate puro rodeado de maní, con un delicioso relleno de leche en su interior, un sabor sin igual que no se consigue en cualquier pastelería de la ciudad.
Niña 1: ¡Ay! Ya se me hizo agua la boca con el tercero.
Niña 2: Pues a mí me gustó el primero. Me encantan las fresas. Llevemos ese, ándale.

Lisandro se da la vuelta desanimado luego del robo que acaba de sufrir y enlodado completamente. El joven no puede evitar que le llame la atención la fachada de la pastelería con tono antiguo y vintage; alza la mirada y ve un gran letrero en la parte superior que dice “Antique Amor”. Es cuando ve a Antonio dándole el pastel a las niñas, quienes le pagan y se retiran de allí muy contentas.
Lisandro: Ese muchacho… Me parece familiar. Me recuerda tanto a…
Lisandro frunce el ceño y se queda mirando ensimismado a Antonio. Parece que lo ha reconocido. Antonio, por su parte, se percata de que Lisandro está viendo y lo mira con suspicacia.
Antonio: ¿Necesitas algo?
Lisandro no responde y continúa mirándolo impactado.
Antonio: Vi que hace rato te caíste y nadie ni siquiera te ayudó. ¿Estás bien?
Lisandro: (reaccionando) ¿Eres tú?
Antonio se queda extrañado con la pregunta impulsiva de Lisandro.
Lisandro: Antonio… Antonio, ¿eres tú? ¿De verdad eres tú?
Antonio se queda mirando a Lisandro durante unos segundos tratando de hacer memoria y se sorprende igualmente al reconocerlo.
Antonio: ¿Lisandro?
Los dos jóvenes no dejan de mirarse estupefactos por ese reencuentro luego de tres años.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario