Capítulo 2: Incómodo reencuentro
EXT. / ANTIQUE AMOR, ENTRADA / DÍA

Luego de tres largos años, Lisandro y Antonio se han reencontrado. Los dos son incapaces de decirse una sola palabra.


Antonio: Lisandro… ¿Qué… qué haces aquí? ¿Cómo es posible que…?
Lisandro: Todavía te acuerdas de mí por lo que veo.
Antonio lo ignora y se adentra rápidamente en la pastelería. Lisandro va tras él y lo detiene.
Lisandro: ¡Antonio! Espera. No te puedes ir así. Tenemos mucho de qué hablar.
Antonio: Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Vete de aquí. Finge que no me viste.
Lisandro: ¿Cómo me puedes pedir eso? ¿No te das cuenta? Después de tanto tiempo de habernos separados, nos encontramos precisamente aquí, en esta ciudad. ¿No te parece increíble? (Sonriendo ilusionado).
Antonio: ¿Qué quieres entonces que haga? ¿Pretendes que te abrace y me ponga a cantar de la felicidad?
Lisandro esboza su sonrisa al escucharlo.
Antonio: Para mí no significa nada el haberte visto después de tanto tiempo. Por el contrario, me disgusta, así que lárgate. No te quiero ver.
Lisandro: ¿Después de tres años continúas con la misma personalidad? ¿Sigues siendo el mismo enojón, cascarrabias de siempre?
Antonio: (molesto) ¿Tú qué sabes? Por tu culpa, después de la última vez que hablamos, tuve que pasar por mucho y espero que te quede muy claro que mi vida es solamente mía y la manejo a mi antojo.
Lisandro: ¿Cómo es posible que me odies tanto? Yo nunca te hice nada. Yo sólo fui un tonto que te confesó sus sentimientos y tú lo que hiciste fue herirme. El único que hizo daño fuiste tú, pero a pesar de todo, siempre te he amado. ¡Yo nunca te olvidé!
Unas clientas entran a la pastelería y logran escuchar las palabras de Lisandro. Las dos se ríen discretamente entre sí por la discusión, cosa que molesta más a Antonio.
Antonio: (llamando a alguien) ¡Valentín!
Lisandro: Dame la oportunidad de que hablemos. Tenemos que aprovechar ahora más que nunca que el destino nos puso en el mismo camino otra vez para que… Para que nuestro amor se concilie.
En eso llega Valentín, el guardaespaldas de Antonio y de Antique Amor.


Luego de tres largos años, Lisandro y Antonio se han reencontrado. Los dos son incapaces de decirse una sola palabra.


Antonio: Lisandro… ¿Qué… qué haces aquí? ¿Cómo es posible que…?
Lisandro: Todavía te acuerdas de mí por lo que veo.
Antonio lo ignora y se adentra rápidamente en la pastelería. Lisandro va tras él y lo detiene.
Lisandro: ¡Antonio! Espera. No te puedes ir así. Tenemos mucho de qué hablar.
Antonio: Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Vete de aquí. Finge que no me viste.
Lisandro: ¿Cómo me puedes pedir eso? ¿No te das cuenta? Después de tanto tiempo de habernos separados, nos encontramos precisamente aquí, en esta ciudad. ¿No te parece increíble? (Sonriendo ilusionado).
Antonio: ¿Qué quieres entonces que haga? ¿Pretendes que te abrace y me ponga a cantar de la felicidad?
Lisandro esboza su sonrisa al escucharlo.
Antonio: Para mí no significa nada el haberte visto después de tanto tiempo. Por el contrario, me disgusta, así que lárgate. No te quiero ver.
Lisandro: ¿Después de tres años continúas con la misma personalidad? ¿Sigues siendo el mismo enojón, cascarrabias de siempre?
Antonio: (molesto) ¿Tú qué sabes? Por tu culpa, después de la última vez que hablamos, tuve que pasar por mucho y espero que te quede muy claro que mi vida es solamente mía y la manejo a mi antojo.
Lisandro: ¿Cómo es posible que me odies tanto? Yo nunca te hice nada. Yo sólo fui un tonto que te confesó sus sentimientos y tú lo que hiciste fue herirme. El único que hizo daño fuiste tú, pero a pesar de todo, siempre te he amado. ¡Yo nunca te olvidé!
Unas clientas entran a la pastelería y logran escuchar las palabras de Lisandro. Las dos se ríen discretamente entre sí por la discusión, cosa que molesta más a Antonio.
Antonio: (llamando a alguien) ¡Valentín!
Lisandro: Dame la oportunidad de que hablemos. Tenemos que aprovechar ahora más que nunca que el destino nos puso en el mismo camino otra vez para que… Para que nuestro amor se concilie.
En eso llega Valentín, el guardaespaldas de Antonio y de Antique Amor.

Valentín: ¿Me llamó, señor?
Antonio: (mirando a Lisandro con repugnancia) Saca a esta señorita de Antique Amor de inmediato y llévatela lo más lejos posible. No quiero que vuelva a aparecerse por aquí.
Valentín: ¡Claro que sí, a sus órdenes!
Valentín toma a Lisandro y lo carga en su hombro con una fuerza impresionante. Éste no se queda sin protestar:
Lisandro: ¡Oye tú! ¡Suéltame inmediatamente! ¡Esto te puede costar muy caro, bájame ya!
Antonio se queda mirando pensativo sin poder creer todavía el hecho de haberse reencontrado con quien fuera su mejor amigo. Minutos después, Valentín llega con Lisandro hasta un parque cercano. El hombre casi no gesticula expresiones en el rostro, mantiene una expresión de rudeza y seriedad.
Lisandro: ¡Ya te dije que me bajes, brabucón! ¡Suéltame! (Haciendo una pataleta)
Valentín: (bajándolo) Lamento mucho las molestias, señorita.
Lisandro: (indignado) ¡Oye, un momento! No te he dado la suficiente confianza para que me llames de ese modo. ¡Atrevido! ¿Quién te has creído?
Valentín: Bueno, de todas maneras, con tu permiso.
Lisandro: Espérate un momento. Primero quisiera que me respondieras una cosa antes de que te vayas. ¿Qué hace Antonio trabajando en esa pastelería con decoración de quinta categoría?
Valentín: ¿De qué pastelería con decoración de quinta categoría me estás hablando?
Lisandro: (impaciente) Pues de la pastelería esa. ¿Cómo es? ¡Antique! ¡Antique Amor! ¿Desde hace cuánto tiempo Antonio trabaja allá?
Valentín: (serio) Por lo que el maestro me ha contado, cuando llegó a México, compró el local y abrió la pastelería con un préstamo del banco. Él es el dueño de Antique Amor.
Lisandro: (sorprendido) ¿El dueño? Vaya, eso sí no me lo esperaba. ¿Y por qué le llamas maestro?
Valentín: Porque él es un muy buen pastelero. No entiendo cómo lo hace, pero con unos poquitos ingredientes es capaz de cocinar los pasteles más exquisitos y deliciosos de la ciudad. Para ser tan joven, tiene un talento que ninguna persona de su edad tiene.
Lisandro escucha con curiosidad.
Valentín: Tal vez eso fue lo que lo motivó a abrir la pastelería. Bueno, con tu permiso me voy. Por ponerme a hablar contigo me puedo ganarme un regaño.
Lisandro: Sí, vete. Creo que no necesito saber nada más.
Lisandro se cruza de brazos. Valentín se retira y cruza la calle, pero no se percata de un auto que viene y termina siendo atropellado. Lisandro abre la boca de la impresión al ver lo que ha ocurrido.
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / HORAS DESPUÉS
Antonio llega al hospital. Lisandro está sentado, cruzando las piernas y tomándose un café tibio.


Antonio: (preocupado) ¿Dónde está Valentín?
Lisandro: Él está bien, Antonio.
Antonio: ¿Quién te preguntó a ti?
Lisandro: ¿No acabaste de entrar preguntándome directamente a mí? Mira, Antonio, tengo que hablar contigo, pero no puedo si sigues tratándome así. Ven, siéntate.
Lisandro le sonríe levemente. Antonio suspira resignado y decide sentarse al lado de Lisandro con algo de incomodidad.
Antonio: ¿Qué quieres hablar conmigo? La última vez que lo hice me fue bien gacho. Tuve que dejar mis estudios, irme de Nueva York, quedarme en la calle en cuanto llegué aquí... Fueron los peores días de mi vida. Hasta pensé en suicidarme.
Lisandro: Tú siempre has sido tan exagerado. La última persona que podría pensar en suicidarse en el mundo eres tú.
Antonio: Mi vida se arruinó por completo después de ese día. Me volví incapaz de seguir estudiando en la universidad. Me empezó a ir mal en los exámenes, no dormía bien, empecé a pasármela de fiesta en fiesta y al final reprobé todas las materias.
Lisandro escucha cabizbajo.
Antonio: Debo reconocer que tú eras el que me motivaba y me animaba para echarle retehartas ganas al estudio, pero ya ves. Lo que me confesaste hizo que me quisiera alejar y eso a la larga me afectó.
Lisandro: Pero nada de eso es mi culpa. Yo lo único que hice fue decirte lo que sentía. Por eso no tenías que dejar Nueva York y abandonar la universidad. Ko único que quería era que esa tarde cuando estábamos a solas, tú y yo…
Antonio: ¡No seas pervertido!
Lisandro: ¡Tonto! Iba a decir que lo único que quería era un poco de comprensión de tu parte, pero lo que hiciste en vez de eso fue insultarme y ofenderme de la peor manera, así que no vengas a decirme que toda la culpa de lo que te pasó fue mía.
Lisandro le habla con reproche. Antonio sabe que en el fondo es verdad.
Lisandro: Tú mismo te buscaste todos esos problemas, pero no creas que solo tú sufriste. Yo también he sufrido porque al principio no podía soportar la idea de que no estuvieras a mi lado por lo menos como amigo, además, yo… (Hace una pausa)
Antonio: ¿Qué? ¿Qué ibas a decir?
Lisandro: Yo te había escrito una carta. Quería que la leyeras el día de nuestra graduación, pero terminé confesándote todo de boca y no me aguanté. Lo peor es que mis abuelos la descubrieron y ya te imaginarás lo que pasó.
Antonio se sorprende al escuchar eso.
Lisandro: Querían que negara mis inclinaciones, que consiguiera novia como otros chicos y al ver mi negativa, me obligaron a regresar aquí. Tú sabes que este es mi país de origen y acá viví con mis padres hasta los diez años cuando tuvieron aquel accidente y murieron.
Antonio hace una pausa durante unos segundos.
Antonio: Pues si quieres que te pida perdón, olvídalo. Yo ahí no tengo la culpa de que seas… como eres…
Lisandro: Lo sé perfectamente, pero no intentes evadir la verdad. Entiendo que lo que te dije fue algo como para quedarte en shock, incluso entiendo que te hubieras alejado de mí, pero lo que hiciste fue arruinarme por dentro y no pensaste ni un poquito en comprender mi situación por más incómoda que fuera. ¿Eso te parece poco como para no sentirse mal?
Antonio: (indiferente) Deja de armar un drama por cosas pasadas, hombre. ¿Qué más da ya?
En ese momento llega el doctor encargado de Valentín. Lisandro y Antonio se levantan.
Doctor: ¿Ustedes son los familiares del señor, Valentín Fuentes?
Antonio: Yo soy su jefe.
Lisandro: (preocupado) ¿Él está bien, doctor?
Doctor: Está fuera de peligro, pero desafortunadamente se fracturó el pie derecho con el impacto del accidente.
Antonio: (desconcertado) ¿Eso quiere decir que no podrá trabajar?
Doctor: Así es. Le daré incapacidad de un mes como máximo.
Antonio: ¿Un mes? Un mes sin guardaespaldas ni mesero en Antique Amor va a ser fatal.
Doctor: Lo recomendable es que repose mucho y que no haga ningún sobreesfuerzo. Podría fracturarse de nuevo y eso sí que no lo queremos.
Lisandro: ¿Podemos verlo, doctor?
Doctor: Sí, adelante.
Lisandro y Antonio ingresan al cuarto en el que Valentín está internado. Este último reposa sobre la cama. Tiene el pie derecho enyesado.

Antonio: No puedo creer que esto esté pasando.
Valentín: No se preocupe, señor. Estoy bien.
Antonio: No, no me refería a eso. Lo que no puedo creer que esté pasando es que Antique Amor se vaya a quedar sin mesero y guardaespaldas siendo tú el que ocupa esos cargos. ¿Qué carajos voy a hacer?
Lisandro: (sorprendido) ¡Antonio! No puedo creer que te importe más tu pastelería que la vida de un pobre hombre. Lo importante es que él está bien.
Antonio: (furioso) ¡Tú cállate! ¡Por tu culpa es que esto está pasando! Si no te hubieras aparecido en mi pastelería, yo no habría que tenido que ordenarle a Valentín que te sacara y así él nunca habría sufrido este accidente.
Lisandro: Cálmate. Tampoco es para tanto. Puedes conseguir un reemplazo.
Antonio: Tú no lo entiendes. Yo no soy de contratar a ningún desconocido para que trabaje en mi pastelería. Además, a Valentín le pago barato.
Valentín lo mira con los ojos entrecerrados por el cinismo.
Antonio: Lo único que haces es causarme problemas. No sirves para nada, empezando por el tipo de persona que eres.
Lisandro: (sollozo) Estás siendo muy injusto.
Antonio: ¡Mejor lárgate de aquí y no te aparezcas más en mi vida! A buena hora me vine a encontrar contigo otra vez. ¡Vete!
NUEVA YORK

EXT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, OFICINA / DÍA
Victoria se encuentras a las afueras de un amplio hospital psiquiátrico dentro de un auto, pero sentada en los asientos de atrás. En eso su chofer sube el auto con un sobre entre las manos.

Victoria: ¿Los tienes?
El chofer: Sí, doña Victoria, aquí están (Le entrega el sobre).
Victoria: (sonriendo con malicia) Perfecto. ¿Le diste el dinero al psiquiatra ese?
El chofer: Sí, señora. Prometió que guardaría silencio y quedó muy agradecido con la cantidad que usted le dio.
Victoria: Perfecto. Llévame a la estación de policía a la que fuimos ayer. Tengo que entregarle esto al detective.
El chofer obedece la orden, enciende el auto y se van de allí. Victoria habla en voz para sí misma.
Victoria: Con estos exámenes falsos probaré que Ernesto sufría de depresión. La policía va a terminar creyéndose que todo se trató de un suicidio, justo lo que necesito.
CIUDAD DE MÉXICO

INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / DÍA
Lisandro no puede evitar desencajar el rostro y sollozar frente a las severas palabras que Antonio le acaba de decir.



Lisandro: (enojado) Está bien, si eso es lo que quieres, me iré de tu vida de una buena vez. Espero te vaya muy bien con esa pastelería por la que tanto veo que te desvives. Mucha suerte.
Lisandro sale corriendo roto de dolor del hospital sin rumbo fijo, sin techo y sin su maleta. En su mente retumban las severas palabras de Antonio y rompe a llorar. Entretanto, en la sala de urgencias del hospital, Antonio se ve exasperado por lo sucedido con Lisandro.
Valentín: Don Antonio, con todo el respeto que usted se merece, me atrevo a decirle que lo que le dijo a ese chavo estuvo fuerte. Me parece que se le fue la mano.
Antonio: ¿De qué lado estás, Valentín? ¿De esa “señorita” o del mío?
Valentín: De ninguno de los dos, señor. Lo único que le digo es que está mal tratar a las personas de esa manera. Hay ocasiones en las que debemos comprender...
Antonio: (indiferente) Me da lo mismo lo que sienta ese idiota. Por ahora hay que conseguirte un reemplazo. El problema es de dónde voy a sacarlo y necesito uno que sea medianamente bueno como tú.
Valentín: Don Antonio, si me permite, tengo el nombre de alguien indicado.
Antonio: (extrañado) ¿Quién?
Valentín: El cuate que se acaba de ir, señor. Lisandro…
Antonio: (fastidiado) ¿Estás loco? ¿Cómo se te pasa por la cabeza recomendarme a ese? ¿Tú tienes idea de todo lo que me ha tocado vivir por culpa de él?
Valentín: Sólo era una sugerencia, no sé. Por lo que veo se conocen y puede ser una buena referencia laboral.
Antonio: (incrédulo) Olvídalo, Valentín. Él nunca, óyeme bien, nunca será mesero ni trabajará en Antique Amor y mejor me voy. Ya se está haciendo tarde y tengo trabajo que hacer buscándote un reemplazo.
Antonio se retira del cuarto. Valentín se queda viéndolo al tiempo que niega con la cabeza por su orgullo.
EXT. / ASILO, PATIO / DÍA
Natasha se encuentra sentada en una banca al frente de un hombre de mediana edad en silla de ruedas. Es la hora de visita en el asilo y muchas personas vienen a ver a sus familiares.

Natasha: Papá…
La muchacha toma las manos de aquel hombre que al parecer es su padre, quien precisamente tiene un mal semblante. Puede verse que tiene un problema con varias de sus extremidades y una deformación en los músculos de su cara.
Natasha: (triste) Cuánto quisiera que pudieras hablar, que pudieras abrazarme, así como lo hacías antes de que… Tuvieras ese accidente en la obra donde trabajabas.
Él la mira también con tristeza, pero no puede hablar.
Natasha: La pobreza nos dio tantos problemas. En parte siento que todo esto fue mi culpa. Te exigí tanto que cumplieras con mis caprichos, pero nunca consideré el sacrificio tan grande que hacías para darme todo lo que necesitaba.
El señor intenta balbucear unas cuantas palabras que no logran ser entendidas. Tiene dificultad para comunicarse.
Natasha: (solloza) Por eso he tratado por todos los medios de lograr mi sueño, mi papito chulo, el de ser modelo, pero el mundo es tan difícil. Me siento tan incapaz de afrontarlo sin ti.
La muchacha toma las manos de su padre para besarlas con cariño.
EXT. / CALLES / NOCHE
Finalmente, la noche cae en la ciudad. Lisandro vaga por las calles y llega a un desolado parque; siente frío y se abraza a sí mismo no viendo otra que la de sentarse en una banca.

Lisandro: (sollozo) Me quisiera morir. Estoy completamente en la calle. No tengo qué comer, ni qué ponerme. ¿Cómo es posible que mis abuelos fueran tan crueles como para hacerme esto?
Lisandro suspira resignado y decide acostarse en aquella banca llorando. Mira al cielo y no puede evitar recordar a Antonio.
Lisandro: Todavía no has cambiado nada, Antonio. Por un momento pensé que viéndonos de nuevo íbamos a poder aclarar tantas cosas que dejamos al pendiente hace tres años, pero no… Tú todavía sigues siendo el mismo patán de siempre.
Lisandro limpia sus lágrimas y cierra los ojos. Poco a poco comienza a quedarse dormido.
Es un nuevo día en la Ciudad de México y en vista panorámica se pueden apreciar sus sitios turísticos y más representativos. Las autopistas y avenidas se ven repletas de vehículos mientras que miles de personas transitan por las calles.
EXT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE

Entretanto, Antonio se encuentra a las afueras de Antique Amor, colocando un letrero en toda la entrada en el que se puede leer escrito “se busca mesero”.

Antonio: Espero que sirva de algo poner esto (Suspira).
El hombre ve a dos mujeres pasar por la pastelería y no puede evitar sonreír pícaro al verles el trasero.
Antonio: Pues ahora que lo pienso, no me caería nada mal una mesera en vez de un mesero. Hasta podría ofrecer mejor lana.
Antonio entra a la pastelería, pero justo en ese momento, escucha el timbre de la pastelería. Él abre algo extrañado. Es Marina, quien pasa sin permiso alguno al establecimiento. Ella es la inspectora del banco que financia económicamente a Antique Amor.

Marina: Hola, Antonio (Entra sin pedir permiso).
Antonio: (sorprendido) ¡Marina! ¡Qué sorpresa! La verdad no te esperaba por aquí.
Marina: (seria) ¿Lo olvidaste? Hoy es la visita que me veo obligada hacer a esta pocilga cada mes.
Antonio: ¡Ah, sí! ¡Cierto! ¡Claro que lo recordaba! Tú sabes. Con el ajetreo se me pasan esas fechas. Extrañaba que vinieras (Fingiéndole una sonrisa).
Marina: ¿Estás seguro? (Pregunta con sarcasmo) Porque cada mes que vengo a esta... “pastelería” pones cara de quererme matar. En el fondo hasta me deseas la muerte.
Antonio: (riendo nervioso) ¿Qué dices? Claro que no.
Marina se pasea por el establecimiento mirando con desprecio alrededor.
Marina: Total, ya vengo prevenida. Todavía recuerdo muy bien aquella vez que me humillaste e hiciste hasta lo imposible para deshacerte de mí en complicidad con ese imbécil de Valentín. Me pusiste una trampa y me cayó un pastel encima para que todos los clientes se burlaran de mí.
Antonio: (incómodo) Creí que habíamos quedado en olvidar ese hecho tan bochornoso.
Marina: Pues ya ves que no olvido tan fácil, Antonio. Recordar más que nunca es mi fuerte.
Antonio: Sí, lo tengo muy claro… ¿Y qué se te ofrece?
Marina: Vengo para ver cómo le ha ido a esta pastelería durante el mes que estuve ausente, pero me extraña que esté cerrada hoy. ¿Por qué no abriste?
Antonio: Bueno, es que… Valentín tuvo un accidente y no tengo mesero que tome las órdenes.
Marina: (sorprendida) Esto es el colmo. ¿Quieres decir que la pocilga esta está sin mesero? ¿Qué piensas hacer entonces?
Antonio: Antes que nada, esta "pocilga" como tú le llamas, vende los mejores pasteles de la ciudad.
Marina: (burlándose) ¡Por favor no me hagas reír! Los que frecuentan este lugar son los que tienen urgencias alimentarias de primera necesidad.
Marina se ríe burlándose de él en una actitud bastante pesada. Antonio guarda silencio sintiéndose molesto en el fondo.
Marina: ¿En verdad crees que esto ha tenido éxito desde que llegaste a la ciudad? No seas tan ingenuo. Sé realista. Este negocio es un fracaso. Pero bueno… (Toma asiento) ¿Qué piensas hacer al respecto con el asunto de tu falta de mesero?
Antonio: Lo primero ahora es conseguirle un reemplazo a Valentín mientras se recupera del accidente. El doctor le dio un mes de incapacidad y ya ves que no sólo se desempeña como mesero, sino también como guardaespaldas de Antique Amor.
Marina: Mira, Antonio, yo no quisiera advertirte esto, pero tú sabes que es mi trabajo como inspectora del banco que financia tu vulgar pastelería (Se pone de pie). Voy a darte un plazo de dos días para que consigas el reemplazo de Valentín.
Antonio: (sorprendido) ¡Pero Marina! Dos días es muy poco tiempo. ¿De dónde voy a sacar el dichoso reemplazo?
Marina: Ese es tu problema. Pienso regresar en dos días y si para ese entonces todavía no tienes mesero y peor aún, veo que tienes cerrada la pastelería como hoy, tendré que clausurarla y supongo que sabes el costo que tendrías que pagar en el banco para recuperar la licencia de apertura.
Antonio: (furioso) Es tu excusa para vengarte de mí por lo que pasó ese día y por otras cosas que han sucedido entre nosotros, ¿no es así? Desde ese día has querido buscar cualquier motivo, por más pequeño que sea, para acabar lo que con años he cultivado.
Marina: Yo sólo hago mi trabajo, “queridito”, pero ahora que lo dices, tienes toda la razón. Esta va a ser mi oportunidad para hacerte pagar el daño que me has hecho. Consigue el mesero o cierro el negocio.
Antonio: Tú no puedes hacer eso. ¡Es ilegal!
Marina: Te equivocas. Yo sí puedo obtener un permiso para clausurar Antique Amor por falta de mesero. Te invito a que leas este nuevo reglamento de la propiedad raíz comercial.
Marina saca de su cómoda cartera un libro y se lo entrega a Antonio de mala gana.
Marina: Busca en el índice, ahí vas a encontrar que la ausencia de mesero es una falta grave debido a que puede causar insatisfacción en los clientes y puede motivar al banco a cerrar aquellos establecimientos que no sirven ni producen.
Antonio: Marina, no seas por favor inconsciente (Rogándole). Te lo suplico. Dame al menos una semana. ¡Una semana!
Marina: Te dije que dos días y no pienso cambiar de decisión. Allá tú. Arréglatelas como puedas, además, sabes muy bien que lo mejor que me pasaría en esta etapa de mi vida es que cerraran este lugar y ya deja de hacerme perder el tiempo. Hasta luego.
Marina se va finalmente de Antique Amor, dejando a Antonio desesperado por la situación.
CONTINUARÁ…
Antonio: (mirando a Lisandro con repugnancia) Saca a esta señorita de Antique Amor de inmediato y llévatela lo más lejos posible. No quiero que vuelva a aparecerse por aquí.
Valentín: ¡Claro que sí, a sus órdenes!
Valentín toma a Lisandro y lo carga en su hombro con una fuerza impresionante. Éste no se queda sin protestar:
Lisandro: ¡Oye tú! ¡Suéltame inmediatamente! ¡Esto te puede costar muy caro, bájame ya!
Antonio se queda mirando pensativo sin poder creer todavía el hecho de haberse reencontrado con quien fuera su mejor amigo. Minutos después, Valentín llega con Lisandro hasta un parque cercano. El hombre casi no gesticula expresiones en el rostro, mantiene una expresión de rudeza y seriedad.
Lisandro: ¡Ya te dije que me bajes, brabucón! ¡Suéltame! (Haciendo una pataleta)
Valentín: (bajándolo) Lamento mucho las molestias, señorita.
Lisandro: (indignado) ¡Oye, un momento! No te he dado la suficiente confianza para que me llames de ese modo. ¡Atrevido! ¿Quién te has creído?
Valentín: Bueno, de todas maneras, con tu permiso.
Lisandro: Espérate un momento. Primero quisiera que me respondieras una cosa antes de que te vayas. ¿Qué hace Antonio trabajando en esa pastelería con decoración de quinta categoría?
Valentín: ¿De qué pastelería con decoración de quinta categoría me estás hablando?
Lisandro: (impaciente) Pues de la pastelería esa. ¿Cómo es? ¡Antique! ¡Antique Amor! ¿Desde hace cuánto tiempo Antonio trabaja allá?
Valentín: (serio) Por lo que el maestro me ha contado, cuando llegó a México, compró el local y abrió la pastelería con un préstamo del banco. Él es el dueño de Antique Amor.
Lisandro: (sorprendido) ¿El dueño? Vaya, eso sí no me lo esperaba. ¿Y por qué le llamas maestro?
Valentín: Porque él es un muy buen pastelero. No entiendo cómo lo hace, pero con unos poquitos ingredientes es capaz de cocinar los pasteles más exquisitos y deliciosos de la ciudad. Para ser tan joven, tiene un talento que ninguna persona de su edad tiene.
Lisandro escucha con curiosidad.
Valentín: Tal vez eso fue lo que lo motivó a abrir la pastelería. Bueno, con tu permiso me voy. Por ponerme a hablar contigo me puedo ganarme un regaño.
Lisandro: Sí, vete. Creo que no necesito saber nada más.
Lisandro se cruza de brazos. Valentín se retira y cruza la calle, pero no se percata de un auto que viene y termina siendo atropellado. Lisandro abre la boca de la impresión al ver lo que ha ocurrido.
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / HORAS DESPUÉS
Antonio llega al hospital. Lisandro está sentado, cruzando las piernas y tomándose un café tibio.


Antonio: (preocupado) ¿Dónde está Valentín?
Lisandro: Él está bien, Antonio.
Antonio: ¿Quién te preguntó a ti?
Lisandro: ¿No acabaste de entrar preguntándome directamente a mí? Mira, Antonio, tengo que hablar contigo, pero no puedo si sigues tratándome así. Ven, siéntate.
Lisandro le sonríe levemente. Antonio suspira resignado y decide sentarse al lado de Lisandro con algo de incomodidad.
Antonio: ¿Qué quieres hablar conmigo? La última vez que lo hice me fue bien gacho. Tuve que dejar mis estudios, irme de Nueva York, quedarme en la calle en cuanto llegué aquí... Fueron los peores días de mi vida. Hasta pensé en suicidarme.
Lisandro: Tú siempre has sido tan exagerado. La última persona que podría pensar en suicidarse en el mundo eres tú.
Antonio: Mi vida se arruinó por completo después de ese día. Me volví incapaz de seguir estudiando en la universidad. Me empezó a ir mal en los exámenes, no dormía bien, empecé a pasármela de fiesta en fiesta y al final reprobé todas las materias.
Lisandro escucha cabizbajo.
Antonio: Debo reconocer que tú eras el que me motivaba y me animaba para echarle retehartas ganas al estudio, pero ya ves. Lo que me confesaste hizo que me quisiera alejar y eso a la larga me afectó.
Lisandro: Pero nada de eso es mi culpa. Yo lo único que hice fue decirte lo que sentía. Por eso no tenías que dejar Nueva York y abandonar la universidad. Ko único que quería era que esa tarde cuando estábamos a solas, tú y yo…
Antonio: ¡No seas pervertido!
Lisandro: ¡Tonto! Iba a decir que lo único que quería era un poco de comprensión de tu parte, pero lo que hiciste en vez de eso fue insultarme y ofenderme de la peor manera, así que no vengas a decirme que toda la culpa de lo que te pasó fue mía.
Lisandro le habla con reproche. Antonio sabe que en el fondo es verdad.
Lisandro: Tú mismo te buscaste todos esos problemas, pero no creas que solo tú sufriste. Yo también he sufrido porque al principio no podía soportar la idea de que no estuvieras a mi lado por lo menos como amigo, además, yo… (Hace una pausa)
Antonio: ¿Qué? ¿Qué ibas a decir?
Lisandro: Yo te había escrito una carta. Quería que la leyeras el día de nuestra graduación, pero terminé confesándote todo de boca y no me aguanté. Lo peor es que mis abuelos la descubrieron y ya te imaginarás lo que pasó.
Antonio se sorprende al escuchar eso.
Lisandro: Querían que negara mis inclinaciones, que consiguiera novia como otros chicos y al ver mi negativa, me obligaron a regresar aquí. Tú sabes que este es mi país de origen y acá viví con mis padres hasta los diez años cuando tuvieron aquel accidente y murieron.
Antonio hace una pausa durante unos segundos.
Antonio: Pues si quieres que te pida perdón, olvídalo. Yo ahí no tengo la culpa de que seas… como eres…
Lisandro: Lo sé perfectamente, pero no intentes evadir la verdad. Entiendo que lo que te dije fue algo como para quedarte en shock, incluso entiendo que te hubieras alejado de mí, pero lo que hiciste fue arruinarme por dentro y no pensaste ni un poquito en comprender mi situación por más incómoda que fuera. ¿Eso te parece poco como para no sentirse mal?
Antonio: (indiferente) Deja de armar un drama por cosas pasadas, hombre. ¿Qué más da ya?
En ese momento llega el doctor encargado de Valentín. Lisandro y Antonio se levantan.
Doctor: ¿Ustedes son los familiares del señor, Valentín Fuentes?
Antonio: Yo soy su jefe.
Lisandro: (preocupado) ¿Él está bien, doctor?
Doctor: Está fuera de peligro, pero desafortunadamente se fracturó el pie derecho con el impacto del accidente.
Antonio: (desconcertado) ¿Eso quiere decir que no podrá trabajar?
Doctor: Así es. Le daré incapacidad de un mes como máximo.
Antonio: ¿Un mes? Un mes sin guardaespaldas ni mesero en Antique Amor va a ser fatal.
Doctor: Lo recomendable es que repose mucho y que no haga ningún sobreesfuerzo. Podría fracturarse de nuevo y eso sí que no lo queremos.
Lisandro: ¿Podemos verlo, doctor?
Doctor: Sí, adelante.
Lisandro y Antonio ingresan al cuarto en el que Valentín está internado. Este último reposa sobre la cama. Tiene el pie derecho enyesado.

Antonio: No puedo creer que esto esté pasando.
Valentín: No se preocupe, señor. Estoy bien.
Antonio: No, no me refería a eso. Lo que no puedo creer que esté pasando es que Antique Amor se vaya a quedar sin mesero y guardaespaldas siendo tú el que ocupa esos cargos. ¿Qué carajos voy a hacer?
Lisandro: (sorprendido) ¡Antonio! No puedo creer que te importe más tu pastelería que la vida de un pobre hombre. Lo importante es que él está bien.
Antonio: (furioso) ¡Tú cállate! ¡Por tu culpa es que esto está pasando! Si no te hubieras aparecido en mi pastelería, yo no habría que tenido que ordenarle a Valentín que te sacara y así él nunca habría sufrido este accidente.
Lisandro: Cálmate. Tampoco es para tanto. Puedes conseguir un reemplazo.
Antonio: Tú no lo entiendes. Yo no soy de contratar a ningún desconocido para que trabaje en mi pastelería. Además, a Valentín le pago barato.
Valentín lo mira con los ojos entrecerrados por el cinismo.
Antonio: Lo único que haces es causarme problemas. No sirves para nada, empezando por el tipo de persona que eres.
Lisandro: (sollozo) Estás siendo muy injusto.
Antonio: ¡Mejor lárgate de aquí y no te aparezcas más en mi vida! A buena hora me vine a encontrar contigo otra vez. ¡Vete!
NUEVA YORK

EXT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, OFICINA / DÍA
Victoria se encuentras a las afueras de un amplio hospital psiquiátrico dentro de un auto, pero sentada en los asientos de atrás. En eso su chofer sube el auto con un sobre entre las manos.

Victoria: ¿Los tienes?
El chofer: Sí, doña Victoria, aquí están (Le entrega el sobre).
Victoria: (sonriendo con malicia) Perfecto. ¿Le diste el dinero al psiquiatra ese?
El chofer: Sí, señora. Prometió que guardaría silencio y quedó muy agradecido con la cantidad que usted le dio.
Victoria: Perfecto. Llévame a la estación de policía a la que fuimos ayer. Tengo que entregarle esto al detective.
El chofer obedece la orden, enciende el auto y se van de allí. Victoria habla en voz para sí misma.
Victoria: Con estos exámenes falsos probaré que Ernesto sufría de depresión. La policía va a terminar creyéndose que todo se trató de un suicidio, justo lo que necesito.
CIUDAD DE MÉXICO

INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / DÍA
Lisandro no puede evitar desencajar el rostro y sollozar frente a las severas palabras que Antonio le acaba de decir.



Lisandro: (enojado) Está bien, si eso es lo que quieres, me iré de tu vida de una buena vez. Espero te vaya muy bien con esa pastelería por la que tanto veo que te desvives. Mucha suerte.
Lisandro sale corriendo roto de dolor del hospital sin rumbo fijo, sin techo y sin su maleta. En su mente retumban las severas palabras de Antonio y rompe a llorar. Entretanto, en la sala de urgencias del hospital, Antonio se ve exasperado por lo sucedido con Lisandro.
Valentín: Don Antonio, con todo el respeto que usted se merece, me atrevo a decirle que lo que le dijo a ese chavo estuvo fuerte. Me parece que se le fue la mano.
Antonio: ¿De qué lado estás, Valentín? ¿De esa “señorita” o del mío?
Valentín: De ninguno de los dos, señor. Lo único que le digo es que está mal tratar a las personas de esa manera. Hay ocasiones en las que debemos comprender...
Antonio: (indiferente) Me da lo mismo lo que sienta ese idiota. Por ahora hay que conseguirte un reemplazo. El problema es de dónde voy a sacarlo y necesito uno que sea medianamente bueno como tú.
Valentín: Don Antonio, si me permite, tengo el nombre de alguien indicado.
Antonio: (extrañado) ¿Quién?
Valentín: El cuate que se acaba de ir, señor. Lisandro…
Antonio: (fastidiado) ¿Estás loco? ¿Cómo se te pasa por la cabeza recomendarme a ese? ¿Tú tienes idea de todo lo que me ha tocado vivir por culpa de él?
Valentín: Sólo era una sugerencia, no sé. Por lo que veo se conocen y puede ser una buena referencia laboral.
Antonio: (incrédulo) Olvídalo, Valentín. Él nunca, óyeme bien, nunca será mesero ni trabajará en Antique Amor y mejor me voy. Ya se está haciendo tarde y tengo trabajo que hacer buscándote un reemplazo.
Antonio se retira del cuarto. Valentín se queda viéndolo al tiempo que niega con la cabeza por su orgullo.
EXT. / ASILO, PATIO / DÍA
Natasha se encuentra sentada en una banca al frente de un hombre de mediana edad en silla de ruedas. Es la hora de visita en el asilo y muchas personas vienen a ver a sus familiares.

Natasha: Papá…
La muchacha toma las manos de aquel hombre que al parecer es su padre, quien precisamente tiene un mal semblante. Puede verse que tiene un problema con varias de sus extremidades y una deformación en los músculos de su cara.
Natasha: (triste) Cuánto quisiera que pudieras hablar, que pudieras abrazarme, así como lo hacías antes de que… Tuvieras ese accidente en la obra donde trabajabas.
Él la mira también con tristeza, pero no puede hablar.
Natasha: La pobreza nos dio tantos problemas. En parte siento que todo esto fue mi culpa. Te exigí tanto que cumplieras con mis caprichos, pero nunca consideré el sacrificio tan grande que hacías para darme todo lo que necesitaba.
El señor intenta balbucear unas cuantas palabras que no logran ser entendidas. Tiene dificultad para comunicarse.
Natasha: (solloza) Por eso he tratado por todos los medios de lograr mi sueño, mi papito chulo, el de ser modelo, pero el mundo es tan difícil. Me siento tan incapaz de afrontarlo sin ti.
La muchacha toma las manos de su padre para besarlas con cariño.
EXT. / CALLES / NOCHE
Finalmente, la noche cae en la ciudad. Lisandro vaga por las calles y llega a un desolado parque; siente frío y se abraza a sí mismo no viendo otra que la de sentarse en una banca.

Lisandro: (sollozo) Me quisiera morir. Estoy completamente en la calle. No tengo qué comer, ni qué ponerme. ¿Cómo es posible que mis abuelos fueran tan crueles como para hacerme esto?
Lisandro suspira resignado y decide acostarse en aquella banca llorando. Mira al cielo y no puede evitar recordar a Antonio.
Lisandro: Todavía no has cambiado nada, Antonio. Por un momento pensé que viéndonos de nuevo íbamos a poder aclarar tantas cosas que dejamos al pendiente hace tres años, pero no… Tú todavía sigues siendo el mismo patán de siempre.
Lisandro limpia sus lágrimas y cierra los ojos. Poco a poco comienza a quedarse dormido.
Es un nuevo día en la Ciudad de México y en vista panorámica se pueden apreciar sus sitios turísticos y más representativos. Las autopistas y avenidas se ven repletas de vehículos mientras que miles de personas transitan por las calles.
EXT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE

Entretanto, Antonio se encuentra a las afueras de Antique Amor, colocando un letrero en toda la entrada en el que se puede leer escrito “se busca mesero”.

Antonio: Espero que sirva de algo poner esto (Suspira).
El hombre ve a dos mujeres pasar por la pastelería y no puede evitar sonreír pícaro al verles el trasero.
Antonio: Pues ahora que lo pienso, no me caería nada mal una mesera en vez de un mesero. Hasta podría ofrecer mejor lana.
Antonio entra a la pastelería, pero justo en ese momento, escucha el timbre de la pastelería. Él abre algo extrañado. Es Marina, quien pasa sin permiso alguno al establecimiento. Ella es la inspectora del banco que financia económicamente a Antique Amor.

Marina: Hola, Antonio (Entra sin pedir permiso).
Antonio: (sorprendido) ¡Marina! ¡Qué sorpresa! La verdad no te esperaba por aquí.
Marina: (seria) ¿Lo olvidaste? Hoy es la visita que me veo obligada hacer a esta pocilga cada mes.
Antonio: ¡Ah, sí! ¡Cierto! ¡Claro que lo recordaba! Tú sabes. Con el ajetreo se me pasan esas fechas. Extrañaba que vinieras (Fingiéndole una sonrisa).
Marina: ¿Estás seguro? (Pregunta con sarcasmo) Porque cada mes que vengo a esta... “pastelería” pones cara de quererme matar. En el fondo hasta me deseas la muerte.
Antonio: (riendo nervioso) ¿Qué dices? Claro que no.
Marina se pasea por el establecimiento mirando con desprecio alrededor.
Marina: Total, ya vengo prevenida. Todavía recuerdo muy bien aquella vez que me humillaste e hiciste hasta lo imposible para deshacerte de mí en complicidad con ese imbécil de Valentín. Me pusiste una trampa y me cayó un pastel encima para que todos los clientes se burlaran de mí.
Antonio: (incómodo) Creí que habíamos quedado en olvidar ese hecho tan bochornoso.
Marina: Pues ya ves que no olvido tan fácil, Antonio. Recordar más que nunca es mi fuerte.
Antonio: Sí, lo tengo muy claro… ¿Y qué se te ofrece?
Marina: Vengo para ver cómo le ha ido a esta pastelería durante el mes que estuve ausente, pero me extraña que esté cerrada hoy. ¿Por qué no abriste?
Antonio: Bueno, es que… Valentín tuvo un accidente y no tengo mesero que tome las órdenes.
Marina: (sorprendida) Esto es el colmo. ¿Quieres decir que la pocilga esta está sin mesero? ¿Qué piensas hacer entonces?
Antonio: Antes que nada, esta "pocilga" como tú le llamas, vende los mejores pasteles de la ciudad.
Marina: (burlándose) ¡Por favor no me hagas reír! Los que frecuentan este lugar son los que tienen urgencias alimentarias de primera necesidad.
Marina se ríe burlándose de él en una actitud bastante pesada. Antonio guarda silencio sintiéndose molesto en el fondo.
Marina: ¿En verdad crees que esto ha tenido éxito desde que llegaste a la ciudad? No seas tan ingenuo. Sé realista. Este negocio es un fracaso. Pero bueno… (Toma asiento) ¿Qué piensas hacer al respecto con el asunto de tu falta de mesero?
Antonio: Lo primero ahora es conseguirle un reemplazo a Valentín mientras se recupera del accidente. El doctor le dio un mes de incapacidad y ya ves que no sólo se desempeña como mesero, sino también como guardaespaldas de Antique Amor.
Marina: Mira, Antonio, yo no quisiera advertirte esto, pero tú sabes que es mi trabajo como inspectora del banco que financia tu vulgar pastelería (Se pone de pie). Voy a darte un plazo de dos días para que consigas el reemplazo de Valentín.
Antonio: (sorprendido) ¡Pero Marina! Dos días es muy poco tiempo. ¿De dónde voy a sacar el dichoso reemplazo?
Marina: Ese es tu problema. Pienso regresar en dos días y si para ese entonces todavía no tienes mesero y peor aún, veo que tienes cerrada la pastelería como hoy, tendré que clausurarla y supongo que sabes el costo que tendrías que pagar en el banco para recuperar la licencia de apertura.
Antonio: (furioso) Es tu excusa para vengarte de mí por lo que pasó ese día y por otras cosas que han sucedido entre nosotros, ¿no es así? Desde ese día has querido buscar cualquier motivo, por más pequeño que sea, para acabar lo que con años he cultivado.
Marina: Yo sólo hago mi trabajo, “queridito”, pero ahora que lo dices, tienes toda la razón. Esta va a ser mi oportunidad para hacerte pagar el daño que me has hecho. Consigue el mesero o cierro el negocio.
Antonio: Tú no puedes hacer eso. ¡Es ilegal!
Marina: Te equivocas. Yo sí puedo obtener un permiso para clausurar Antique Amor por falta de mesero. Te invito a que leas este nuevo reglamento de la propiedad raíz comercial.
Marina saca de su cómoda cartera un libro y se lo entrega a Antonio de mala gana.
Marina: Busca en el índice, ahí vas a encontrar que la ausencia de mesero es una falta grave debido a que puede causar insatisfacción en los clientes y puede motivar al banco a cerrar aquellos establecimientos que no sirven ni producen.
Antonio: Marina, no seas por favor inconsciente (Rogándole). Te lo suplico. Dame al menos una semana. ¡Una semana!
Marina: Te dije que dos días y no pienso cambiar de decisión. Allá tú. Arréglatelas como puedas, además, sabes muy bien que lo mejor que me pasaría en esta etapa de mi vida es que cerraran este lugar y ya deja de hacerme perder el tiempo. Hasta luego.
Marina se va finalmente de Antique Amor, dejando a Antonio desesperado por la situación.
CONTINUARÁ…
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