Capítulo 3: Un nuevo mesero
EXT. / ESTACIÓN DE AUTOBUSES / DÍA
Lisandro camina algo mareado por la falta de comer e incluso, se ve sucio y desaliñado. Para descansar un momento, se sienta en la banca en la que las personas esperan el bus y casualmente, a su lado, está sentada Marina.


Marina: (impaciente) En definitiva el transporte de esta ciudad no sirve para nada. ¡Llevo aquí 15 eternos minutos esperando!
Lisandro: (tímido) Sí, tiene razón. Yo hacía diez años que no vivía por aquí y por lo que veo, las cosas no han cambiado nada.
Marina mira a Lisandro e inmediatamente no puede evitar sentirse impresionada y atraída por él.
Marina: Me imagino que, según lo que me cuentas, vienes de otro lugar.
Lisandro: (esboza una sonrisa) Sí, hace tan sólo un par de días vivía en Nueva York, pero por ciertos problemas no tuve de otra que venirme para acá.
Marina: Comprendo. Mucho gusto. Me llamo Marina Linares. Soy inspectora comercial.
Marina le extiende su mano a Lisandro para saludarlo formalmente. Lisandro le corresponde.
Lisandro: ¡Qué amable! Usted ha sido la única persona que me ha tratado bien desde que llegué a esta ciudad. Yo me llamo Lisandro Villegas, soy o bueno era estudiante universitario en Nueva York.
Marina: ¿Qué fue lo que te motivó a dejar tus estudios por allá tan lejos, Lisandro?
Lisandro: Pues llegué ayer por la tarde. La verdad es que es un poquito triste por todo lo que tuve que pasar para llegar aquí. Llegué obligado por mis abuelos, por encontrar una nueva vida y aunque no lo tenía en mis planes encontré a alguien de mi pasado, alguien a quién he querido con toda mi alma…
Marina: Es afortunada esa muchacha.
Lisandro: Bueno, es que ahí está la causa de que esté aquí y de que últimamente tenga tantos problemas.
Marina: (extrañada) ¿Por qué? Ay, no me digas. Déjame adivinar. ¿Te puso los cuernos o algo así cuando estabas en Nueva York?
Lisandro: No, para nada, no es eso.
Marina: Entonces, ¿te dijo que estaba esperando un hijo tuyo o acaso ella tiene antecedentes penales?
Lisandro: Para nada. De hecho, no es una chica la que quiero, a mí me gustan los…
En ese momento llega el autobús, evitando que Lisandro le contara la verdad a Marina.
Marina: (aliviada) ¡Al fin! ¿Tomas esta ruta o vas a esperar el próximo?
Lisandro: (incómodo) De hecho, no estoy esperando ningún autobús. No tengo casa ni lugar al cual llegar. Me senté aquí a descansar porque llevaba caminando un buen rato.
Marina: (sorprendido) Ay, qué mal.
Marina se queda pensativa durante unos segundos y le sonríe a Lisandro, quien está cabizbajo.
Marina: ¿Por qué no subes? Yo pago por ti y me vas platicando de tu situación.
Lisandro: (sonriendo) ¿De verdad?
Marina: Sí, ya te dije. Es bueno ayudar a personas como tú. Subamos y mientras pago, te sientas y me apartas un asiento.
Lisandro asiente con la cabeza sin dejar de sonreír y sube al autobús junto con Marina.
INT. / HOSPITAL, CUARTO DE VALENTÍN / DÍA
Antonio visita a Valentín, quien todavía no ha sido dado de alta del hospital. El primero está sentado en una silla al lado de la cama, algo cabizbajo y desanimado.


Valentín: (preocupado) ¿Le pasa algo, señor? Desde que llegó lo veo triste, decaído.
Antonio: Lo estoy, Valentín.
Valentín: (extrañado) ¿Por qué? ¿Pasa algo en Antique Amor? Ah, no me diga. De nuevo el muchacho ese.
Antonio: Ni me lo nombres. Es por Marina, la inspectora del banco. Vino hoy en la mañana como un demonio a supervisar la pastelería.
Valentín: Ya se demoraba en venir. ¿Y qué fue lo que le dijo?
Antonio: Me amenazó con cerrar Antique Amor si no consigo tu reemplazo en dos días como máximo.
Valentín: Pero señor, ella no puede hacer eso. Hasta donde sé, al banco no tiene por qué importarle si hay mesero o no.
Antonio: Pues inventaron un nuevo reglamento del que ni siquiera tenía idea. La falta de mesero podría llevar a que los clientes no vuelvan por insatisfechos con el servicio, el negocio quebraría y yo no tendría la lana para pagarle al banco.
Valentín: ¡Qué mal! Créame que, si no tuviera el pie así, ya mismo me levantaría de esta cama e iría a cumplir con mi trabajo, pero usted no tiene por qué preocuparse, señor. Yo le dije ayer quién podría ser mi reemplazo ideal.
Antonio: (fastidiado) ¡Por favor Valentín! Tú no tienes idea de cómo sería Antique Amor si... ese... ¡Argh! Es que hasta mis labios son incapaces de pronunciar ese nombre.
Valentín: (extrañado) ¿Por qué? Como todos, el muchacho también tiene un nombre.
Antonio: Sí Valentín, ya sé, pero es que él…
Valentín: ¿Qué, señor? ¿Qué pasa con él?
Antonio: Él está enamorado de mí (Valentín se sorprende) Tan solo imagínate lo que pasaría si trabajara en Antique Amor. No estaría concentrado en su trabajo pensando en mí y quién sabe en qué porquerías.
Valentín intenta evitar la risa. Antonio lo mira con los ojos entrecerrados.
Valentín: Perdone, señor. Yo sé que la situación (Evita la risa), usted sabe, es incómoda. Los dos son hombres, pero piénselo. Si le da trabajo a ese muchacho, usted estaría evitando que Marina cierre la pastelería.
Antonio: (indeciso) No lo sé, Valentín. ¿Dónde carajos lo voy a encontrar si ya oíste lo que me dijo anoche? No me quiere ver.
Valentín: Con toda razón. Usted se portó bien gacho con él, pero ahora que lo pienso, cuando él me trajo aquí, le dio su número de celular a la recepcionista. Podría ser buena idea que lo llame y hasta lo invite a una cena romántica para que lo convenza de trabajar en Antique Amor.
Antonio: ¡Ja, ja! ¡Qué gracioso! (Molesto e irónico) En fin, voy a pensarlo, pero no te aseguro que vaya a llamarlo esta noche. Todavía debe estar enojado conmigo por todo lo que le dije, pero bueno. Ya me voy entonces. Me alegra ver que estás mejor.
Valentín: Gracias, señor. Hasta luego.
Antonio sale de la habitación.
INT. / AUTOBÚS / DÍA
Entretanto, Marina y Lisandro aún van en el autobús. Los dos van sentados juntos y él le ha platicado de su situación.


Marina: Cuánto siento todo lo que has sufrido desde que llegaste a México, Lisandro. Sé que no nos conocemos, pero veo que eres un buen muchacho y nadie merece pasar por tantas penurias.
Lisandro: Mis abuelos no pensaron en nada de eso. Me quitaron su apoyo económico completamente, pero bueno, no quisiera seguir recordando lo que pasó, porque me pone muy mal si te soy sincero.
Marina: Me imagino. Entonces, ¿dónde piensas quedarte esta noche?
Lisandro: Honestamente no sé, pero supongo que de aquí a que llegue la noche encontraré donde. Quizás en alguna mugrosa banca de algún parque como hice anoche.
Marina: ¡Ay, no digas eso! Mira, si quieres, puedes quedarte en mi departamento. No es muy grande, pero te puede servir mientras.
Lisandro: ¿Cómo crees? Claro que no. No te quiero molestar y menos acabando de conocernos.
Marina: ¿Qué tiene eso? Yo no tengo ningún problema y, además, no le hablo a nadie sobre esto, pero siento que toda mi vida he estado sola y no sé… Me haría bien la compañía de un chico tan bien parecido como tú.
Marina le sonríe a Lisandro sintiéndose cada vez más atraída por él.
Lisandro: Insisto en que no deberías ofrecerme hospedaje en tu departamento. Te agradezco tus buenas intenciones, pero lo que necesito es encontrar un lugar fijo donde vivir.
Marina: Puedes quedarte unos días mientras consigues un empleo.
Lisandro: (indeciso) La verdad no sé… Yo soy un desconocido para ti. No te quiero causar molestias.
Marina: En absoluto me causarías molestias. Ándale, acepta. Es una oportunidad para que empieces a adaptarte a tu nuevo estilo de vida en este país.
Lisandro se queda pensativo durante vários segundos.
Lisandro: Está bien. Voy a aceptar tu ofrecimiento, Marina. Muchas gracias, pero es sólo mientras consigo un empleo…
Marina: Por supuesto. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. Me parece que vamos a ser muy buenos amigos.
Marina no deja de sonreírle al joven. Él también le corresponde la sonrisa con algo de timidez.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Ha llegado la noche. Lisandro y Marina llegan al departamento de esta última, un apartamento muy bien organizado, amplio y fresco en un edificio residencial.


Marina: Bienvenido a mi humilde morada, Lisandro.
Lisandro: ¡Vaya! Sí que tienes un depa bastante lindo y ya que estamos aquí, ¿qué condiciones tienes para mí?
Marina: (pensativa) Bueno, la única condición que te tengo es que seas muy, pero muy organizado con tus cosas. Tú sabes, nosotras las mujeres odiamos que todo ande por ahí tirado.
En ese momento el celular de Marina suena. Ella lo saca de su cartera y ve en la pantalla que se trata de Antonio.
Lisandro: (extrañada) ¿Pasa algo?
Marina: (riendo nerviosa) Es del banco (Miente). Mínimo es para asignarme alguna visita a un establecimiento comercial mañana. Como te conté ese es mi trabajo como inspectora y no te imaginas… Es agotador.
Lisandro: Entiendo. Bueno, iré al baño un momento y ya regreso.
Marina: Claro. Siéntete como en tu casa. Está al fondo, ahí al lado de la lavadora.
Lisandro: (sonriendo) Gracias.
Lisandro va al baño mientras que Marina contesta la llamada en voz baja.
Marina: ¿Qué demonios quieres, Antonio? Estoy ocupada y no tengo tiempo para hablar contigo.

Antonio: (con el tono de voz ebrio) Me importa poco si andas ocupada o desocupada. ¡Me vale, Marina! ¿Me escuchaste? ¡Me vale!
Marina se aterra de forma cómica.
Marina: ¡Ay, por Dios! ¿Estás borracho?
Antonio: Sí, ¿y qué hay con eso? En este momento voy camino a tu departamento porque no voy a permitir que cierres mi pastelería sólo porque no hay un estúpido mesero.
Marina: (alertada) ¡De ninguna manera! Tú no vas a venir a mi casa. Tengo una visita que va a quedarse unos días y no quiero que vengas a espantarla con la borrachera que te traes encima.
Antonio: Claro que puedo ir. Es más, en este momento estoy delante del edificio y voy a subir al piso donde vives.
Marina (muy nerviosa): ¡No puedes hacerme esto! ¡Eres un completo idiota, Antonio! ¡Si llegas a tocar la puerta te juro que te las cobro!
Ella le cuelga el celular. Lisandro sale del baño y la ve muy nerviosa.
Lisandro: Marina. ¿Pasa algo?
Marina: (dándose la vuelta) ¡Eh, no! ¡No pasa nada! No te preocupes. O bueno, sí...
Lisandro la mira extrañado. Marina empieza a hablar muy rápido ante los nervios que siente.
Marina: Es un loco que conozco del trabajo. Hizo un préstamo en el banco para abrir una asquerosa pastelería. Hoy fui a inspeccionarla y como vi que estaba cerrada porque no tenía mesero, le dije que, si en dos días no conseguía un reemplazo, me iba a encargar de que el banco cerrara el local. Lo peor es que me acaba de llamar borracho y viene para acá.
Lisandro: La verdad hablaste tan rápido y tan enredado que no te entendí muy bien, pero lo último que logré escuchar fue que él viene para acá, ¿verdad?
Marina: (asintiendo con la cabeza) Sí, Lisandro. Perdóname. Sé que apenas nos estamos conociendo y no quiero que te lleves una mala impresión de mí por culpa de ese hombre. Yo no me esperaba que hiciera semejante espectáculo.
Lisandro: Pero no entiendo el problema. ¿Qué tiene que venga para tu depa? Lo puedes recibir y hablar con él.
Marina: ¿Hablar con ese? Claro que no. Quiere vengarse por lo que dije de su pastelería esta mañana, pero por favor no te vayas. En cuanto toque la puerta te prometo que voy a echarlo con agua hirviendo si es necesario.
Justo en ese preciso instante, ambos escuchan que alguien toca la puerta fuertemente. Es Antonio
Antonio: (hablando ebrio) ¡Marina! Sé muy bien que estás ahí. ¡Ábreme la puerta!
Marina: ¡Por Dios! ¡Es él!
Antonio: ¡Marina! ¡Abre y dame la cara!
Lisando aún no se imagina que se trata de Antonio.
Lisandro: Es mejor que abramos la puerta. Parece que está muy mal.
Marina: ¡No! ¡No se te ocurra abrirle la puerta a ese idiota!
Lisandro: Pero escucha cómo está. ¿No lo oyes? Si lo conoces de tu trabajo más que a mí, lo correcto sería que le abrieras la puerta y se quede él durmiendo en vez de mí.
Marina: Tú no entiendes, Lisandro. Si le abres la puerta, aquí va a amanecer un muerto. Debe estar furioso conmigo.
Lisandro: ¿Tan mal le hablaste de su pastelería?
Marina asiente con la cabeza sintiéndose muy apenada.
Antonio: (tocando insistentemente) ¡Marina, te estoy esperando!
Lisandro: ¿Qué propones que hagamos? No podemos quedarnos aquí parados toda la noche.
Marina: Sólo ignóralo. Se va a cansar y luego se irá. Ya verás.
Lisandro: Esto no me parece bien. Lo más correcto que debemos hacer en este instante es abrirle a ese hombre, cosa que si tú no haces haré yo.
Marina: (alertada) ¡Lisandro, no!
Lisandro se dispone a abrir la puerta pese a la negativa de Marina. Una vez que el chico abre, ve en primer plano el rostro de Antonio.
Lisandro: (impactado) ¡Antonio!
Antonio también lo reconoce, sin embargo, debido a la embriaguez, termina por perder el equilibrio y cae suavemente en los brazos de Lisandro. Los dos se miran fijamente a los ojos al punto de que sus labios han quedado muy cerca.
Antonio: Li… Lisandro…
El hombre cierra los ojos y termina por quedarse dormido en los brazos de Lisandro. Es así como al día siguiente, despierta sobresaltado en medio de una cómoda cama con sábanas blancas. Antonio se recuesta e inmediatamente siente una fuerte resaca.

Antonio: (adolorido) ¡Argh! ¿Dónde… dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?
Antonio mira a su alrededor confundido y se percata del lugar en el que está.
Antonio: Argh, no puede ser. Ahora recuerdo. Este es el departamento de Marina. Vine aquí anoche.
En eso él alcanza a escuchar voces que provienen del comedor del departamento. Es una conversación entre Lisandro y Marina que están desayunando.


Marina: Por la expresión que tenías anoche, veo que conoces a ese imbécil de hace tiempo (Muerde una tostada).
Lisandro: (esbozando una sonrisa) Sí, así es. Conozco a Antonio desde hace tres años. Él también vivía en Nueva York y estudiaba conmigo en la universidad. Fuimos buenos amigos.
Marina: Entiendo. ¿Y qué fue lo que pasó entre ustedes dos para que terminaran la amistad que tenían?
Antonio sale de la habitación en la que se encontraba y se dirige al comedor en silencio escuchando la conversación.
Lisandro: Bueno, de eso exactamente quería hablarte ayer cuando nos conocimos, pero en ese momento llegó el autobús y no pude contarte
Marina: ¡Ah, claro! Lo de tu novia…
Lisandro: No, Marina. De hecho, ni siquiera se trata de una mujer.
Marina: (extrañada) Entonces, ¿de quién me hablas?
De repente, Antonio irrumpe en el comedor para evitar que Lisandro le cuente la verdad a Marina.
Antonio: (incómodo) Eh, buenos días.
Marina: (seria) Finalmente despertaste. El estado en el que llegaste anoche era lamentable. En definitiva, no tienes ni la menor idea de qué es respeto. Mira que aparecerte en mi departamento completamente borracho y con una visita que ahora resulta es tu mejor amigo…
Antonio: Te equivocas, Marina. Él no es mi mejor amigo. Recuerda eso.
Lisandro: (incómodo) ¡Ejem! ¿Por qué mejor no te sientas y comes algo, Antonio? (Se levanta de la silla) ¿Quieres que te prepare un café?
Antonio: No quiero nada tuyo. Gracias.
Marina: (sorprendida) Por Dios, Antonio. ¿Cómo puedes tratar así a Lisandro que sólo ha tratado de ayudarte? Deberías estar agradecido con él. Por él dejé que pasaras la noche en mi departamento. De lo contrario, te hubiera dejado en la calle.
Antonio: Tengo mis motivos y eso a ti no te importa. Es parte de mi vida personal.
Marina: (molesta) Tienes razón. Tu vida personal me importa un comino (Se levanta de la silla). Lisandro, yo tengo que ir a trabajar. Debo inspeccionar un par de lugares hoy, pero creo que no me tardo.
Lisandro: Perfecto. Déjame ir contigo. De todas maneras. Debo ir a buscar un trabajo no sé en dónde.
Marina: Hmmm, ahora que lo mencionas, se me ocurre que podría mirar la posibilidad de conseguirte un puesto en el banco donde trabajo. ¿Qué te parece?
Antonio: ¡No! ¡Eso no! Tengo que hablar primero de algo contigo, Li… (Intenta pronunciar el nombre con dificultad) Lisandro…
Lisandro: (sarcástico) Hasta que por fin me llamas por mi nombre.
Antonio: Sí, lo hice porque necesito hablar contigo de algo serio que tal vez te pueda interesar.
Lisandro se queda pensativo durante unos segundos y mira a Marina.
Lisandro: (indeciso) En ese caso, está bien. Marina, entonces puedes irte ya que voy a hablar no sé de qué cosas con Antonio.
Marina: Ok (Se acerca a Lisandro y le susurra). Recuerda que si este idiota te hace o dice algo malo, me dices, ¿bueno? En estos momentos debe estar sin mesero, así que puedo clausurar su pastelería cuando se me venga en gana.
Lisandro: (riendo) Lo tendré en cuenta. No te preocupes. Qué te vaya bien.
Marina: Gracias. Iré a cepillarme los dientes y me voy.
Marina mira con recelo a Antonio. Éste le rehúye la mirada y se queda a solas con Lisandro, quien se cruza de brazos y lo mira con cierta indiferencia.
Lisandro: Bien, ya que estamos solos, ¿de qué querías hablarme? ¿Quieres agregar acaso un insulto que te olvidó decirme la vez pasada?
Antonio: Preferiría hablar en un lugar más cómodo. ¿Por qué no vamos a un café? Te invito a una malteada como te gusta. ¿Qué tal? (Le sonríe forzado)
EXT. / CAFETERÍA / DÍA
Más tarde, se pueden ver a Lisandro y Antonio en una pequeña cafetería al aire libre. Los dos se sientan en una mesa con sombrilla, alejada de los demás clientes. Hay un silencio incómodo entre ambos mientras Lisandro se toma su malteada.


Antonio: Lisandro, yo… Bueno, antes que nada, te pido que me disculpes por lo que pasó hace días en el hospital. Yo sé que te traté muy mal y créeme que estoy arrepentido.
Lisandro: ¿Hablas en serio o me estás tomando del pelo?
Antonio: ¡Para nada! ¡Te lo juro! Por algo te propuse que viniéramos aquí a pesar de que la situación entre los dos es tan incómoda por lo que tú sabes.
Lisandro: Entiendo perfectamente, Antonio y respecto a lo de ese día, no te preocupes. Te sentiste desesperado porque, por lo visto, Antique Amor es algo que amas y has construido con muchísimo esfuerzo.
Antonio: ¿Eso quiere decir que aceptas mis disculpas?
Lisandro mira a los ojos a quien fuera su amigo tres años atrás y sonriéndole, asiente con la cabeza.
Lisandro: Sí. Tú sabes que yo jamás podría odiarte aun cuando me digas mil cosas feas.
Antonio le sonríe aliviado.
Antonio: Gracias, pero hay algo más de lo que debo hablarte y que es muy importante para mí.
Lisandro: Dime. ¿Qué es? (Toma un sorbo de la malteada con el sorbete)
Antonio: Se trata de Antique Amor. Marina seguro ya te contó que su banco financia mi pastelería y me dio un plazo de dos días para conseguir el reemplazo de Valentín, y hasta ahora no lo tengo y ya solo me queda un día.
Lisandro lo escucha con atención. Antonio incluso se atreve a tomarlo de una mano y lo mira con fijación.
Antonio: Tú sabes que Antique Amor es como si fuera mi vida y quería proponerte que… seas el nuevo mesero que necesito.
Lisandro deja de sorber su malteada y lo mira sorprendido. Antonio retira su mano de la de él.
Antonio: (desanimado) Disculpa. Sé que no es buena idea y después de cómo te he tratado, es lógico.
Lisandro: No, no es eso. Es sólo que… no me lo esperaba.
Antonio guarda silencio y baja la cabeza. Lisandro no deja de sonreírle con simpatía.
Lisandro: Está bien. Acepto.
Antonio: ¿Qué dijiste?
Lisandro: Que acepto.
Antonio: (sonriendo ilusionado) ¿Estás hablando en serio? ¿No es broma?
Lisandro: Por supuesto que no, Antonio. En definitiva, acepto. Voy a ser el nuevo mesero de Antique Amor.
Antonio se llena de una inmensa emoción y sin darse a la espera, se levanta de la silla y abraza tiernamente a Lisandro. Éste se sorprende y no puede evitar sonrojarse.
Antonio: Voy de inmediato a abrir la pastelería o mejor no. Hoy no puedo. Debo ir a contarle todo a Valentín, o no, mejor me voy a limpiar Antique Amor para que se vea más limpia que nunca. ¡En fin! Gracias, en verdad muchísimas gracias, Lisandro. No tengo cómo pagarte (Le da un par de palmadas en el hombro).
Lisandro: No hay de qué. En parte yo también necesito un empleo y qué mejor que trabajar contigo ya que nos conocemos.
Antonio: Ni que lo digas. Bueno, me voy. Tengo mil cosas por hacer y mañana empiezas. No llegues tarde, eh. Abrimos a las ocho.
Lisandro: Claro. Allá estaré muy temprano.
Antonio se va de la cafetería. Lisandro se queda despidiéndose de él con su mano y sin dejar de sonreír.
Lisandro: (consternado) Me abrazó… Después de tanto tiempo, me abrazó de nuevo.
CONTINUARÁ…
Lisandro camina algo mareado por la falta de comer e incluso, se ve sucio y desaliñado. Para descansar un momento, se sienta en la banca en la que las personas esperan el bus y casualmente, a su lado, está sentada Marina.


Marina: (impaciente) En definitiva el transporte de esta ciudad no sirve para nada. ¡Llevo aquí 15 eternos minutos esperando!
Lisandro: (tímido) Sí, tiene razón. Yo hacía diez años que no vivía por aquí y por lo que veo, las cosas no han cambiado nada.
Marina mira a Lisandro e inmediatamente no puede evitar sentirse impresionada y atraída por él.
Marina: Me imagino que, según lo que me cuentas, vienes de otro lugar.
Lisandro: (esboza una sonrisa) Sí, hace tan sólo un par de días vivía en Nueva York, pero por ciertos problemas no tuve de otra que venirme para acá.
Marina: Comprendo. Mucho gusto. Me llamo Marina Linares. Soy inspectora comercial.
Marina le extiende su mano a Lisandro para saludarlo formalmente. Lisandro le corresponde.
Lisandro: ¡Qué amable! Usted ha sido la única persona que me ha tratado bien desde que llegué a esta ciudad. Yo me llamo Lisandro Villegas, soy o bueno era estudiante universitario en Nueva York.
Marina: ¿Qué fue lo que te motivó a dejar tus estudios por allá tan lejos, Lisandro?
Lisandro: Pues llegué ayer por la tarde. La verdad es que es un poquito triste por todo lo que tuve que pasar para llegar aquí. Llegué obligado por mis abuelos, por encontrar una nueva vida y aunque no lo tenía en mis planes encontré a alguien de mi pasado, alguien a quién he querido con toda mi alma…
Marina: Es afortunada esa muchacha.
Lisandro: Bueno, es que ahí está la causa de que esté aquí y de que últimamente tenga tantos problemas.
Marina: (extrañada) ¿Por qué? Ay, no me digas. Déjame adivinar. ¿Te puso los cuernos o algo así cuando estabas en Nueva York?
Lisandro: No, para nada, no es eso.
Marina: Entonces, ¿te dijo que estaba esperando un hijo tuyo o acaso ella tiene antecedentes penales?
Lisandro: Para nada. De hecho, no es una chica la que quiero, a mí me gustan los…
En ese momento llega el autobús, evitando que Lisandro le contara la verdad a Marina.
Marina: (aliviada) ¡Al fin! ¿Tomas esta ruta o vas a esperar el próximo?
Lisandro: (incómodo) De hecho, no estoy esperando ningún autobús. No tengo casa ni lugar al cual llegar. Me senté aquí a descansar porque llevaba caminando un buen rato.
Marina: (sorprendido) Ay, qué mal.
Marina se queda pensativa durante unos segundos y le sonríe a Lisandro, quien está cabizbajo.
Marina: ¿Por qué no subes? Yo pago por ti y me vas platicando de tu situación.
Lisandro: (sonriendo) ¿De verdad?
Marina: Sí, ya te dije. Es bueno ayudar a personas como tú. Subamos y mientras pago, te sientas y me apartas un asiento.
Lisandro asiente con la cabeza sin dejar de sonreír y sube al autobús junto con Marina.
INT. / HOSPITAL, CUARTO DE VALENTÍN / DÍA
Antonio visita a Valentín, quien todavía no ha sido dado de alta del hospital. El primero está sentado en una silla al lado de la cama, algo cabizbajo y desanimado.


Valentín: (preocupado) ¿Le pasa algo, señor? Desde que llegó lo veo triste, decaído.
Antonio: Lo estoy, Valentín.
Valentín: (extrañado) ¿Por qué? ¿Pasa algo en Antique Amor? Ah, no me diga. De nuevo el muchacho ese.
Antonio: Ni me lo nombres. Es por Marina, la inspectora del banco. Vino hoy en la mañana como un demonio a supervisar la pastelería.
Valentín: Ya se demoraba en venir. ¿Y qué fue lo que le dijo?
Antonio: Me amenazó con cerrar Antique Amor si no consigo tu reemplazo en dos días como máximo.
Valentín: Pero señor, ella no puede hacer eso. Hasta donde sé, al banco no tiene por qué importarle si hay mesero o no.
Antonio: Pues inventaron un nuevo reglamento del que ni siquiera tenía idea. La falta de mesero podría llevar a que los clientes no vuelvan por insatisfechos con el servicio, el negocio quebraría y yo no tendría la lana para pagarle al banco.
Valentín: ¡Qué mal! Créame que, si no tuviera el pie así, ya mismo me levantaría de esta cama e iría a cumplir con mi trabajo, pero usted no tiene por qué preocuparse, señor. Yo le dije ayer quién podría ser mi reemplazo ideal.
Antonio: (fastidiado) ¡Por favor Valentín! Tú no tienes idea de cómo sería Antique Amor si... ese... ¡Argh! Es que hasta mis labios son incapaces de pronunciar ese nombre.
Valentín: (extrañado) ¿Por qué? Como todos, el muchacho también tiene un nombre.
Antonio: Sí Valentín, ya sé, pero es que él…
Valentín: ¿Qué, señor? ¿Qué pasa con él?
Antonio: Él está enamorado de mí (Valentín se sorprende) Tan solo imagínate lo que pasaría si trabajara en Antique Amor. No estaría concentrado en su trabajo pensando en mí y quién sabe en qué porquerías.
Valentín intenta evitar la risa. Antonio lo mira con los ojos entrecerrados.
Valentín: Perdone, señor. Yo sé que la situación (Evita la risa), usted sabe, es incómoda. Los dos son hombres, pero piénselo. Si le da trabajo a ese muchacho, usted estaría evitando que Marina cierre la pastelería.
Antonio: (indeciso) No lo sé, Valentín. ¿Dónde carajos lo voy a encontrar si ya oíste lo que me dijo anoche? No me quiere ver.
Valentín: Con toda razón. Usted se portó bien gacho con él, pero ahora que lo pienso, cuando él me trajo aquí, le dio su número de celular a la recepcionista. Podría ser buena idea que lo llame y hasta lo invite a una cena romántica para que lo convenza de trabajar en Antique Amor.
Antonio: ¡Ja, ja! ¡Qué gracioso! (Molesto e irónico) En fin, voy a pensarlo, pero no te aseguro que vaya a llamarlo esta noche. Todavía debe estar enojado conmigo por todo lo que le dije, pero bueno. Ya me voy entonces. Me alegra ver que estás mejor.
Valentín: Gracias, señor. Hasta luego.
Antonio sale de la habitación.
INT. / AUTOBÚS / DÍA
Entretanto, Marina y Lisandro aún van en el autobús. Los dos van sentados juntos y él le ha platicado de su situación.


Marina: Cuánto siento todo lo que has sufrido desde que llegaste a México, Lisandro. Sé que no nos conocemos, pero veo que eres un buen muchacho y nadie merece pasar por tantas penurias.
Lisandro: Mis abuelos no pensaron en nada de eso. Me quitaron su apoyo económico completamente, pero bueno, no quisiera seguir recordando lo que pasó, porque me pone muy mal si te soy sincero.
Marina: Me imagino. Entonces, ¿dónde piensas quedarte esta noche?
Lisandro: Honestamente no sé, pero supongo que de aquí a que llegue la noche encontraré donde. Quizás en alguna mugrosa banca de algún parque como hice anoche.
Marina: ¡Ay, no digas eso! Mira, si quieres, puedes quedarte en mi departamento. No es muy grande, pero te puede servir mientras.
Lisandro: ¿Cómo crees? Claro que no. No te quiero molestar y menos acabando de conocernos.
Marina: ¿Qué tiene eso? Yo no tengo ningún problema y, además, no le hablo a nadie sobre esto, pero siento que toda mi vida he estado sola y no sé… Me haría bien la compañía de un chico tan bien parecido como tú.
Marina le sonríe a Lisandro sintiéndose cada vez más atraída por él.
Lisandro: Insisto en que no deberías ofrecerme hospedaje en tu departamento. Te agradezco tus buenas intenciones, pero lo que necesito es encontrar un lugar fijo donde vivir.
Marina: Puedes quedarte unos días mientras consigues un empleo.
Lisandro: (indeciso) La verdad no sé… Yo soy un desconocido para ti. No te quiero causar molestias.
Marina: En absoluto me causarías molestias. Ándale, acepta. Es una oportunidad para que empieces a adaptarte a tu nuevo estilo de vida en este país.
Lisandro se queda pensativo durante vários segundos.
Lisandro: Está bien. Voy a aceptar tu ofrecimiento, Marina. Muchas gracias, pero es sólo mientras consigo un empleo…
Marina: Por supuesto. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. Me parece que vamos a ser muy buenos amigos.
Marina no deja de sonreírle al joven. Él también le corresponde la sonrisa con algo de timidez.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Ha llegado la noche. Lisandro y Marina llegan al departamento de esta última, un apartamento muy bien organizado, amplio y fresco en un edificio residencial.


Marina: Bienvenido a mi humilde morada, Lisandro.
Lisandro: ¡Vaya! Sí que tienes un depa bastante lindo y ya que estamos aquí, ¿qué condiciones tienes para mí?
Marina: (pensativa) Bueno, la única condición que te tengo es que seas muy, pero muy organizado con tus cosas. Tú sabes, nosotras las mujeres odiamos que todo ande por ahí tirado.
En ese momento el celular de Marina suena. Ella lo saca de su cartera y ve en la pantalla que se trata de Antonio.
Lisandro: (extrañada) ¿Pasa algo?
Marina: (riendo nerviosa) Es del banco (Miente). Mínimo es para asignarme alguna visita a un establecimiento comercial mañana. Como te conté ese es mi trabajo como inspectora y no te imaginas… Es agotador.
Lisandro: Entiendo. Bueno, iré al baño un momento y ya regreso.
Marina: Claro. Siéntete como en tu casa. Está al fondo, ahí al lado de la lavadora.
Lisandro: (sonriendo) Gracias.
Lisandro va al baño mientras que Marina contesta la llamada en voz baja.
Marina: ¿Qué demonios quieres, Antonio? Estoy ocupada y no tengo tiempo para hablar contigo.

Antonio: (con el tono de voz ebrio) Me importa poco si andas ocupada o desocupada. ¡Me vale, Marina! ¿Me escuchaste? ¡Me vale!
Marina se aterra de forma cómica.
Marina: ¡Ay, por Dios! ¿Estás borracho?
Antonio: Sí, ¿y qué hay con eso? En este momento voy camino a tu departamento porque no voy a permitir que cierres mi pastelería sólo porque no hay un estúpido mesero.
Marina: (alertada) ¡De ninguna manera! Tú no vas a venir a mi casa. Tengo una visita que va a quedarse unos días y no quiero que vengas a espantarla con la borrachera que te traes encima.
Antonio: Claro que puedo ir. Es más, en este momento estoy delante del edificio y voy a subir al piso donde vives.
Marina (muy nerviosa): ¡No puedes hacerme esto! ¡Eres un completo idiota, Antonio! ¡Si llegas a tocar la puerta te juro que te las cobro!
Ella le cuelga el celular. Lisandro sale del baño y la ve muy nerviosa.
Lisandro: Marina. ¿Pasa algo?
Marina: (dándose la vuelta) ¡Eh, no! ¡No pasa nada! No te preocupes. O bueno, sí...
Lisandro la mira extrañado. Marina empieza a hablar muy rápido ante los nervios que siente.
Marina: Es un loco que conozco del trabajo. Hizo un préstamo en el banco para abrir una asquerosa pastelería. Hoy fui a inspeccionarla y como vi que estaba cerrada porque no tenía mesero, le dije que, si en dos días no conseguía un reemplazo, me iba a encargar de que el banco cerrara el local. Lo peor es que me acaba de llamar borracho y viene para acá.
Lisandro: La verdad hablaste tan rápido y tan enredado que no te entendí muy bien, pero lo último que logré escuchar fue que él viene para acá, ¿verdad?
Marina: (asintiendo con la cabeza) Sí, Lisandro. Perdóname. Sé que apenas nos estamos conociendo y no quiero que te lleves una mala impresión de mí por culpa de ese hombre. Yo no me esperaba que hiciera semejante espectáculo.
Lisandro: Pero no entiendo el problema. ¿Qué tiene que venga para tu depa? Lo puedes recibir y hablar con él.
Marina: ¿Hablar con ese? Claro que no. Quiere vengarse por lo que dije de su pastelería esta mañana, pero por favor no te vayas. En cuanto toque la puerta te prometo que voy a echarlo con agua hirviendo si es necesario.
Justo en ese preciso instante, ambos escuchan que alguien toca la puerta fuertemente. Es Antonio
Antonio: (hablando ebrio) ¡Marina! Sé muy bien que estás ahí. ¡Ábreme la puerta!
Marina: ¡Por Dios! ¡Es él!
Antonio: ¡Marina! ¡Abre y dame la cara!
Lisando aún no se imagina que se trata de Antonio.
Lisandro: Es mejor que abramos la puerta. Parece que está muy mal.
Marina: ¡No! ¡No se te ocurra abrirle la puerta a ese idiota!
Lisandro: Pero escucha cómo está. ¿No lo oyes? Si lo conoces de tu trabajo más que a mí, lo correcto sería que le abrieras la puerta y se quede él durmiendo en vez de mí.
Marina: Tú no entiendes, Lisandro. Si le abres la puerta, aquí va a amanecer un muerto. Debe estar furioso conmigo.
Lisandro: ¿Tan mal le hablaste de su pastelería?
Marina asiente con la cabeza sintiéndose muy apenada.
Antonio: (tocando insistentemente) ¡Marina, te estoy esperando!
Lisandro: ¿Qué propones que hagamos? No podemos quedarnos aquí parados toda la noche.
Marina: Sólo ignóralo. Se va a cansar y luego se irá. Ya verás.
Lisandro: Esto no me parece bien. Lo más correcto que debemos hacer en este instante es abrirle a ese hombre, cosa que si tú no haces haré yo.
Marina: (alertada) ¡Lisandro, no!
Lisandro se dispone a abrir la puerta pese a la negativa de Marina. Una vez que el chico abre, ve en primer plano el rostro de Antonio.
Lisandro: (impactado) ¡Antonio!
Antonio también lo reconoce, sin embargo, debido a la embriaguez, termina por perder el equilibrio y cae suavemente en los brazos de Lisandro. Los dos se miran fijamente a los ojos al punto de que sus labios han quedado muy cerca.
Antonio: Li… Lisandro…
El hombre cierra los ojos y termina por quedarse dormido en los brazos de Lisandro. Es así como al día siguiente, despierta sobresaltado en medio de una cómoda cama con sábanas blancas. Antonio se recuesta e inmediatamente siente una fuerte resaca.

Antonio: (adolorido) ¡Argh! ¿Dónde… dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?
Antonio mira a su alrededor confundido y se percata del lugar en el que está.
Antonio: Argh, no puede ser. Ahora recuerdo. Este es el departamento de Marina. Vine aquí anoche.
En eso él alcanza a escuchar voces que provienen del comedor del departamento. Es una conversación entre Lisandro y Marina que están desayunando.


Marina: Por la expresión que tenías anoche, veo que conoces a ese imbécil de hace tiempo (Muerde una tostada).
Lisandro: (esbozando una sonrisa) Sí, así es. Conozco a Antonio desde hace tres años. Él también vivía en Nueva York y estudiaba conmigo en la universidad. Fuimos buenos amigos.
Marina: Entiendo. ¿Y qué fue lo que pasó entre ustedes dos para que terminaran la amistad que tenían?
Antonio sale de la habitación en la que se encontraba y se dirige al comedor en silencio escuchando la conversación.
Lisandro: Bueno, de eso exactamente quería hablarte ayer cuando nos conocimos, pero en ese momento llegó el autobús y no pude contarte
Marina: ¡Ah, claro! Lo de tu novia…
Lisandro: No, Marina. De hecho, ni siquiera se trata de una mujer.
Marina: (extrañada) Entonces, ¿de quién me hablas?
De repente, Antonio irrumpe en el comedor para evitar que Lisandro le cuente la verdad a Marina.
Antonio: (incómodo) Eh, buenos días.
Marina: (seria) Finalmente despertaste. El estado en el que llegaste anoche era lamentable. En definitiva, no tienes ni la menor idea de qué es respeto. Mira que aparecerte en mi departamento completamente borracho y con una visita que ahora resulta es tu mejor amigo…
Antonio: Te equivocas, Marina. Él no es mi mejor amigo. Recuerda eso.
Lisandro: (incómodo) ¡Ejem! ¿Por qué mejor no te sientas y comes algo, Antonio? (Se levanta de la silla) ¿Quieres que te prepare un café?
Antonio: No quiero nada tuyo. Gracias.
Marina: (sorprendida) Por Dios, Antonio. ¿Cómo puedes tratar así a Lisandro que sólo ha tratado de ayudarte? Deberías estar agradecido con él. Por él dejé que pasaras la noche en mi departamento. De lo contrario, te hubiera dejado en la calle.
Antonio: Tengo mis motivos y eso a ti no te importa. Es parte de mi vida personal.
Marina: (molesta) Tienes razón. Tu vida personal me importa un comino (Se levanta de la silla). Lisandro, yo tengo que ir a trabajar. Debo inspeccionar un par de lugares hoy, pero creo que no me tardo.
Lisandro: Perfecto. Déjame ir contigo. De todas maneras. Debo ir a buscar un trabajo no sé en dónde.
Marina: Hmmm, ahora que lo mencionas, se me ocurre que podría mirar la posibilidad de conseguirte un puesto en el banco donde trabajo. ¿Qué te parece?
Antonio: ¡No! ¡Eso no! Tengo que hablar primero de algo contigo, Li… (Intenta pronunciar el nombre con dificultad) Lisandro…
Lisandro: (sarcástico) Hasta que por fin me llamas por mi nombre.
Antonio: Sí, lo hice porque necesito hablar contigo de algo serio que tal vez te pueda interesar.
Lisandro se queda pensativo durante unos segundos y mira a Marina.
Lisandro: (indeciso) En ese caso, está bien. Marina, entonces puedes irte ya que voy a hablar no sé de qué cosas con Antonio.
Marina: Ok (Se acerca a Lisandro y le susurra). Recuerda que si este idiota te hace o dice algo malo, me dices, ¿bueno? En estos momentos debe estar sin mesero, así que puedo clausurar su pastelería cuando se me venga en gana.
Lisandro: (riendo) Lo tendré en cuenta. No te preocupes. Qué te vaya bien.
Marina: Gracias. Iré a cepillarme los dientes y me voy.
Marina mira con recelo a Antonio. Éste le rehúye la mirada y se queda a solas con Lisandro, quien se cruza de brazos y lo mira con cierta indiferencia.
Lisandro: Bien, ya que estamos solos, ¿de qué querías hablarme? ¿Quieres agregar acaso un insulto que te olvidó decirme la vez pasada?
Antonio: Preferiría hablar en un lugar más cómodo. ¿Por qué no vamos a un café? Te invito a una malteada como te gusta. ¿Qué tal? (Le sonríe forzado)
EXT. / CAFETERÍA / DÍA
Más tarde, se pueden ver a Lisandro y Antonio en una pequeña cafetería al aire libre. Los dos se sientan en una mesa con sombrilla, alejada de los demás clientes. Hay un silencio incómodo entre ambos mientras Lisandro se toma su malteada.


Antonio: Lisandro, yo… Bueno, antes que nada, te pido que me disculpes por lo que pasó hace días en el hospital. Yo sé que te traté muy mal y créeme que estoy arrepentido.
Lisandro: ¿Hablas en serio o me estás tomando del pelo?
Antonio: ¡Para nada! ¡Te lo juro! Por algo te propuse que viniéramos aquí a pesar de que la situación entre los dos es tan incómoda por lo que tú sabes.
Lisandro: Entiendo perfectamente, Antonio y respecto a lo de ese día, no te preocupes. Te sentiste desesperado porque, por lo visto, Antique Amor es algo que amas y has construido con muchísimo esfuerzo.
Antonio: ¿Eso quiere decir que aceptas mis disculpas?
Lisandro mira a los ojos a quien fuera su amigo tres años atrás y sonriéndole, asiente con la cabeza.
Lisandro: Sí. Tú sabes que yo jamás podría odiarte aun cuando me digas mil cosas feas.
Antonio le sonríe aliviado.
Antonio: Gracias, pero hay algo más de lo que debo hablarte y que es muy importante para mí.
Lisandro: Dime. ¿Qué es? (Toma un sorbo de la malteada con el sorbete)
Antonio: Se trata de Antique Amor. Marina seguro ya te contó que su banco financia mi pastelería y me dio un plazo de dos días para conseguir el reemplazo de Valentín, y hasta ahora no lo tengo y ya solo me queda un día.
Lisandro lo escucha con atención. Antonio incluso se atreve a tomarlo de una mano y lo mira con fijación.
Antonio: Tú sabes que Antique Amor es como si fuera mi vida y quería proponerte que… seas el nuevo mesero que necesito.
Lisandro deja de sorber su malteada y lo mira sorprendido. Antonio retira su mano de la de él.
Antonio: (desanimado) Disculpa. Sé que no es buena idea y después de cómo te he tratado, es lógico.
Lisandro: No, no es eso. Es sólo que… no me lo esperaba.
Antonio guarda silencio y baja la cabeza. Lisandro no deja de sonreírle con simpatía.
Lisandro: Está bien. Acepto.
Antonio: ¿Qué dijiste?
Lisandro: Que acepto.
Antonio: (sonriendo ilusionado) ¿Estás hablando en serio? ¿No es broma?
Lisandro: Por supuesto que no, Antonio. En definitiva, acepto. Voy a ser el nuevo mesero de Antique Amor.
Antonio se llena de una inmensa emoción y sin darse a la espera, se levanta de la silla y abraza tiernamente a Lisandro. Éste se sorprende y no puede evitar sonrojarse.
Antonio: Voy de inmediato a abrir la pastelería o mejor no. Hoy no puedo. Debo ir a contarle todo a Valentín, o no, mejor me voy a limpiar Antique Amor para que se vea más limpia que nunca. ¡En fin! Gracias, en verdad muchísimas gracias, Lisandro. No tengo cómo pagarte (Le da un par de palmadas en el hombro).
Lisandro: No hay de qué. En parte yo también necesito un empleo y qué mejor que trabajar contigo ya que nos conocemos.
Antonio: Ni que lo digas. Bueno, me voy. Tengo mil cosas por hacer y mañana empiezas. No llegues tarde, eh. Abrimos a las ocho.
Lisandro: Claro. Allá estaré muy temprano.
Antonio se va de la cafetería. Lisandro se queda despidiéndose de él con su mano y sin dejar de sonreír.
Lisandro: (consternado) Me abrazó… Después de tanto tiempo, me abrazó de nuevo.
CONTINUARÁ…
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