Capítulo 4: Sabor innovador

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Cae la noche en la ciudad. Marina llega a su departamento, cansada luego de un arduo día laboral y ve a Lisandro poniendo la mesa para la cena.


Marina: (sonriendo) ¡Vaya! ¡Qué chico tan comprometido!
Lisandro: Hola, Marina. Qué bueno que llegas. ¿Cómo te fue en tu trabajo?
Marina: Bien, la misma rutina de todos los días. Tú por lo que veo estuviste limpiando y hasta hiciste la cena (Mira alrededor su departamento).
Lisandro: Es lo menos que puedo hacer después de que me permitieras quedarme en tu casa.
Marina: Ya te he dicho que es con todo el gusto Lisandro, además no necesitas sentirte responsable por quedarte aquí. Yo fui la que insistió y sigo diciendo que puedes quedarte todo el tiempo que necesites.
Lisandro: (sonriendo) Gracias por ser tan atenta conmigo. Ven, siéntate antes de que se enfríe la comida.
Marina: Dame un momento me lavo las manos.
Marina se dirige a lavarse las manos en el baño que hay cerca al comedor y mientras lo hace, le habla a Lisandro desde allí. Los dos hablan en un tono alto de voz para poderse escuchar.
Marina: Me sorprende que además sepas cocinar, Lisandro.
Lisandro: La verdad siempre me han gustado las recetas y estas cosas de la cocina. Me fascinan.
Marina: ¡Y por cierto! ¿Qué fue lo que hablaste con el imbécil de Antonio después de que me fui?
Marina termina de lavarse las manos y vuelve al comedor para tomar asiento al igual que Lisandro.
Lisandro: Fíjate que me propuso ser el reemplazo de Valentín en Antique Amor.
Marina: (impactada) ¿Cómo? ¿Qué dijiste?
Lisandro: Que Antonio me propuso ser el nuevo mesero de Antique Amor, pero ¿por qué reaccionas así? (Extrañado).
Marina: ¡Lisandro, por Dios! Tú no puedes ir a trabajar a esa pastelería. ¿Te volviste loco?
Lisandro: (desconcertado) ¿Por qué dices eso? No te entiendo.
Marina: ¿Que acaso no has detallado bien ese lugar? Es una porquería. Todos los pasteles que se venden allá son asquerosos y con unos sabores tan convencionales, además, la decoración es tan horrible y anticuada. Yo he inspeccionado esa pastelería por años y ha sido como un infierno tener que visitarla cada mes. ¡Por favor, recapacita! ¡No trabajes allá!
Lisandro: Pero Marina, esa pastelería ha sido la vida de Antonio desde que la abrió. Él está dispuesto a hacer lo que sea para que no tú no la cierres y por eso me lo propuso. Yo pues obviamente acepté, además también necesito el trabajo muchísimo. No le veo nada de malo.
Marina se pasa las manos por el rostro con cierta frustración e impaciencia.
Lisandro: Por lo que veo, algo pasó entre ustedes como para que odies tanto a Antonio y a su pastelería.
Marina: Pues no te equivocas. Cuando visité por primera vez Antique Amor, me pasó algo que jamás olvidaré; algo causado por Antonio y el cómplice ese que tenía como mesero, Valentín.
Marina comienza a contarle a Lisandro en modo de recuerdo lo que sucedió tiempo atrás.
FLASHBACK
EXT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Marina llega a la pastelería y se para en la entrada riéndose levemente al leer el nombre de la misma.

Marina: Antique Amor. ¡Pero qué nombre más ridículo! ¿A quién se le pudo ocurrir semejante estupidez?
Marina entra a la pastelería. Hay bastantes clientes, unos ocupan mesas mientras que otros ordenan pasteles para llevárselos. La mujer mira a su alrededor y por su mirada de desdén, puede notarse claramente que la decoración le parece obsoleta. Justo en ese momento, Antonio, que estaba atendiendo una clienta, se impacta al verla. Ella aún no lo ha visto y toma una mesa.
Marina: (impaciente) ¿Quién es el dueño de este lugar? Ni siquiera hay un mesero que me venga a atender.
Antonio se acerca a ella rápidamente y la toma de un brazo. La reacción de sorpresa de ella no se hace esperar.

Antonio: (molesto) ¿Tú qué estás haciendo aquí, Marina?
Marina: ¿Antonio? (Se levanta de la silla muy disgustada)
Antonio: Respóndeme. ¿Qué quieres? ¿Qué haces aquí?
Marina: Lo mismo te pregunto yo. Vine porque soy la inspectora financiera del banco.
Antonio: Ah, con que tú eres la inspectora. Pues lárgate por donde viniste. Tú no eres bienvenida en mi pastelería.
Marina: ¿Esta porquería de pastelería es tuya? ¿Cómo es posible que haya venido a parar aquí para encontrarme con un canalla como tú? ¡Qué sorpresa más desagradable!
Antonio: (enojado) No trates de tomarme por tonto. Aquí el canalla no soy yo. Tú fuiste la que me hiciste daño y después de tantos meses, ¿vienes para qué? ¿Para burlarte de mí?
Marina: Te equivocas. Yo no vine para eso. Deja de ser tan inmaduro.
Antonio: ¡Tú no vas a venir a insultarme en mi propia pastelería! ¡Mejor lárgate, Marina! Lárgate por las buenas, antes de que te mande a sacar y estoy seguro que no te va a gustar. Vete. Las amargadas y traidoras como tú no son bien recibidas.
Marina no puede contenerse y le suelta una fuerte cachetada a Antonio mientras la ira se apodera de ella. Antonio se vuelve el rostro tocándose el lado en el que ella le pegó.
Antonio: ¡Valentín! ¡Ven aquí inmediatamente!

Valentín: (acercándose rápido) Dígame, patrón.
Antonio: Enséñale a esta mujer que no puede meterse conmigo ni mucho menos en mi propiedad. Sácala de aquí.
Valentín: Como usted mande.
Tal como Antonio se lo ordenó, Valentín toma a Marina de un brazo y procura sacarla de Antique Amor de buena manera.
Marina: (furiosa) ¡Tú no me toques, brabucón! ¡Suéltame! ¡Me estás lastimando!
Los clientes de la pastelería comienzan a mirar curiosos el escándalo y en un momento dado, Marina logra soltarse de Valentín, pero como resultado, pierde el equilibrio, choca contra una mesa y su rostro cae sobre un pastel blanco. La joven se levanta sintiéndose totalmente avergonzada y quitándose la crema de la cara frente a las risas de todos los clientes. Antonio y Valentín también se burlan de ella.
Marina: Esta ofensa me la vas a pagar muy caro, Antonio.
Marina lo mira con el rostro envuelto en lágrimas y furiosa.
Marina: Te juro que voy a hacer pagar esto que me has hecho sin piedad porque te metiste con la inspectora del banco que financia tu inmunda pastelería. ¿Me oyes? ¡Te voy a humillar de esta misma manera, patán! ¡Infeliz!
FIN DEL FLASHBACK
Marina termina de contarle a Lisandro lo ocurrido. Él la mira con pena.
Marina: Pero eso no fue lo único que pasó, Lisandro. En mi segunda visita a Antique Amor, Antonio preparó una trampa en complicidad con Valentín para que al abrir la puerta de la pastelería me cayera un pastel encima. Otra humillación más.
Lisandro: Es increíble que Antonio sea esa clase de persona, pero no me extraña, ¿sabes? Él siempre ha sido bien inmaduro. Dímelo a mí, pero no entiendo algo. ¿Por qué los dos se odiaban tanto antes de que pasara eso?
Marina: Porque Antonio y yo tuvimos una corta, pero bonita relación.
Lisandro: (sorprendido) ¿Cómo? ¿Ustedes fueron novios?
Marina: Sí, pero fue algo de solo unos meses. Los dos estábamos muy enamorados.
Lisandro: No lo puedo creer. ¿Cómo puede ser que…?
Marina: (extrañada) ¿Por qué te pones así, Lisandro? ¿Pasa algo?
Lisandro: (algo celoso) Olvídalo. Per… perdona la interrupción. Continúa.
Marina: Pues no hay mucho qué contar. Todo comenzó antes de que él abriera esa asquerosa pastelería, hace ya poco menos de tres años. Nos conocimos y nos enamoramos. Como no tenía a donde ir, le ofrecí mi casa y poco a poco comenzó el romance.
Lisandro: Él me dijo algo sobre eso, que cuando llegó a este país, estaba casi que en la calle.
Marina: Sí, pero él nunca me dijo que venía de Nueva York. El caso es que mi trabajo en el banco fue deteriorando nuestra relación con el tiempo, además ya no soportaba que se mantuviera de mi esfuerzo y del fruto de mi trabajo hasta que lo eché, pero no quiso irse.
Lisandro: ¿Y entonces qué sucedió después?
Marina: Tuve que armar un plan. Le pedí el favor a un compañero del trabajo que se hiciera pasar por mi nuevo novio, y una noche llegué besándome con él. Antonio se decepcionó muchísimo y decidió irse del apartamento, por lo que mi plan salió bien y terminamos.
Lisandro: Claro, ahora lo entiendo todo. Por eso te detesta tanto y se quiso vengar de ti, pero eso sólo empeoró las cosas porque ahora tú lo detestas a él.
Marina: Los dos nos odiamos por igual. Por eso siempre he querido encontrar alguna excusa para clausurar su pastelería y pensé que esta vez lo iba a lograr para humillarlo como él lo hizo conmigo, pero ya que aceptaste ser su mesero no hay nada qué hacer.
Lisandro: Marina, no sé si eres capaz de comprenderme, pero al contarme esto me pones en un dilema.
Marina: Yo te entiendo, Lisandro. Él fue tu mejor amigo y era lógico que le hicieras ese favor. No te preocupes. No moriré (Ambos ríen por ese comentario).
Lisandro: ¿No te enojarás conmigo?
Marina: Claro que no y además me alegro por ti. Por lo menos ya conseguiste un empleo, aunque sea en esa vulgar pastelería. Yo sigo con mi vida, inspeccionando ese lugar cada mes, pero sí te quiero pedir un favor.
Lisandro: Claro, dime cuál.
Marina: Intenta sacarle esas ideas locas a Antonio de hacerme cosas malas cada vez que voy. Ya él debería olvidar todo lo que pasó, y no sé, de pronto si se llega a convertir en una persona madura podemos ser amigos.
Lisandro: (alarmado) ¡No, eso no!
Lisandro se niega creyendo que, si Marina y Antonio vuelven a ser amigos, pueden volver a retomar su relación.
Marina: (extrañada) ¿Cómo?
Lisandro: Eh, no, digo que no porque eso podría dar pie a que terminaran en una pelea peor.
Marina: Bueno, es solo una posibilidad muy remota. Entre los dos pasaron cosas muy fuertes, pero bueno. Olvida ya este tema que me dio más hambre de la que tenía.
Lisandro: Sí, tienes razón. Espero que te guste lo que cociné y gracias por entenderme.
Lisandro le sonríe a Marina. Ella también le sonríe sintiéndose cada vez más enamorada de él. Los dos comienzan a comer.
INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE
Entretanto, Antonio está limpiando el piso algo distraído. Fugazmente recuerda el momento en que abrazó a Lisandro al éste haber aceptado trabajar en su pastelería.

Antonio: (suspirando) Creo que me equivoqué contigo, Lisandro. Veo que a pesar de que me he pasado de la patada contigo, aún… aún me quieres.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, BALCÓN / NOCHE
Lisandro también piensa en Antonio, observando el panorama de la ciudad desde el balcón del departamento de Marina. El chico se toca con cierta nostalgia un collar delgado que cuelga de su cuello y recuerda brevemente cuando Antonio se lo obsequió tres años atrás en el campus de la universidad de Nueva York donde ambos estudiaban.
FLASHBACK
Lisandro: (deslumbrado) ¡Está hermoso, Antonio! ¡Gracias!
Antonio: (sonriendo) Te lo merecías por ayudarme tanto con la uni. Ven, déjame ponértelo.
Antonio se para detrás de Lisandro y le pone el collar.
Antonio: Te quedó bien padre.
Lisandro de un impulso lo abraza fuertemente. Antonio se ríe y le corresponde el abrazo.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro: (dejando de recordar) Me parece increíble que ahora vayamos a estar tan cerca trabajando juntos… Pero me duele saber que tú no sientes lo mismo que yo siento por ti.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / AL DÍA SIGUIENTE
Ha amanecido y es temprano. Lisandro entra al baño bastante apurado y se cepilla los dientes rápidamente. Marina ya está lista para salir y toma su bolso.


Marina: Me da que vas retrasado, Lisandro. Hace quince minutos debiste haber salido.
Lisandro: (escupiendo la crema dental) Lo sé. Olvidé programar la alarma de mi celular anoche. Espero que Antonio no me mate siendo el primer día.
Marina: (suspirando) En fin, si quieres te espero para que nos vayamos juntos. Al fin y al cabo, yo también debo ir a Antique Amor para ver en qué estado se encuentra.
Lisandro: (sorprendido) ¿Tan pronto? Creí que irías más tarde, cuando la pastelería estuviera abierta, además, ¿cómo vas a evaluar el lugar si cuando lleguemos va a estar recién abierto?
Marina: Bueno, en eso tienes razón. Es mejor que visite otros locales comerciales primero. Estaré yendo a Antique Amor a eso del medio día.
Lisandro: Me parece muy bien. Cuídate (Seca su boca con una toalla).
Marina: Tú igual, nos vemos.
Marina se va del departamento. Lisandro se mira en el espejo con entusiasmo por su primer día de trabajo.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Entretanto, Antonio se encuentra en la pastelería, caminando de un lado a otro algo impaciente por la tardanza de Lisandro. Valentín, quien ya había salido del hospital, también está presente, sentado en una silla y con el pie derecho enyesado. También usa muletas para poder caminar.


Valentín: Patrón, no entiendo su impaciencia. Todavía ni es hora de abrir la pastelería.
Antonio: Sí, Valentín, pero es bueno llegar antes de la hora de entrada. Míranos a nosotros que hace media hora estamos aquí.
Valentín: Pero de seguro el chavo ya debe estar por llegar. La emoción por saber que va a trabajar con usted lo debe estar atrasando.
Antonio: (sarcástico) ¡Qué chistoso!
De repente, alguien toca la puerta de la pastelería. Antonio se dirige inmediatamente a abrir y sonríe aliviado al ver que es Lisandro.

Lisandro: (emocionado) Hola, Antonio.
Antonio: ¡Por fin llegas! Por un momento pensé que no ibas a estar a tiempo.
Lisandro: Bueno, pues aquí me tienes listo para empezar. Estaba contando los minutos para venir a verte.
Antonio: (sonriendo incómodo) Sí, entiendo. Pásale.
Lisandro entra a la pastelería y se alegra al ver a Valentín.
Lisandro: Valentín, qué padre que te hayan dado ya de alta en el hospital, aunque creí que no podías venir a la pastelería hasta pasado un mes.
Valentín: No podía resistirme a estar de nuevo en Antique Amor y dejar solo a don Antonio.
Antonio: Valentín piensa ayudarme en la caja registradora mientras se recupera. De todas maneras, no tiene que hacer ninguna clase de esfuerzo físico. Yo seré el chef de Antique Amor y al mismo tiempo su dueño como siempre lo he sido y tú, como ya te dije, serás el mesero. Tomarás las órdenes de los clientes y según lo que pidan les servirás. ¿Está claro?
Lisandro: Como el agua, pero creo que a Antique Amor le hace falta un retoque en la decoración. Unos colores más vivos y llamativos no le quedarían mal. ¿Qué tal un rosa bien pinky?
Antonio: ¿Estás loco? Primero que todo, la decoración por la que Antique Amor se ha caracterizado siempre ha sido esta. Por algo lleva la palabra “antique” por nombre, que en español significa antiguo. Segundo, si fuera a retocar los colores, no pintaría jamás de rosa y mejor ve a ponerte tu uniforme que ya casi abrimos.
Lisandro: ¿Cómo? ¿Hay uniforme?
Antonio: Sí, debes usar camisa blanca muy limpia con corbata negra. Por encima debe ir el chaleco negro. Obviamente el pantalón y los zapatos también deben ser negros y estos últimos siempre deben ir bien lustrados.
Lisandro: Ok. ¿Hay algo más que deba aprender sobre Antique Amor?
Antonio: Sí. No cuestiones las órdenes de los clientes. Podrías espantarlos. Debes ser sonriente, amable y rápido con las órdenes. Siempre lávate las manos antes de servir algún alimento y sobre todo mantén tus modales ¿Entendido?
Lisandro: Entendido. ¿Dónde está la ropa que debo ponerme?
Antonio: En el armario de la cocina y muévele que ya en esto abro.
Lisandro se retira a la cocina de la pastelería por su uniforme. Antonio rueda los ojos algo hastiado por el entusiasmo del chico.
Valentín: ¡Vaya! Con él ánimo que se carga ese muchacho, va a llenar el vacío que le hacía falta a su pastelería, señor. Es un chavo a todo dar.
Antonio: Yo sólo espero que no se convierta en un problema. Lo único que debo agradecerle en mi vida a Lisandro es que su llegada va a impedir que Marina cierre Antique Amor. Ayer hice un gran esfuerzo para pedirle perdón por haberlo insultado.
Valentín: ¿Es que aparte de haberle propuesto este trabajo le pidió perdón?
Antonio: No tenía opción, Valentín. Si no le pedía perdón antes, él no iba aceptar mi propuesta y en este momento Marina estaría contando los minutos para clausurar Antique Amor.
Lisandro, por su parte, está en el baño de la pastelería ya vestido con su uniforme de mesero, el cual le sienta muy bien. El chico se mira en el espejo, respira profundo y sonríe.
Lisandro: ¡Es hora!
Lisandro sale del baño y ve que la pastelería está llena de clientes. Incluso todas las mesas están ocupadas, por lo que se acerca a Valentín, quien está en la caja registradora.
Lisandro: ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanta gente?
Valentín: Lo que ves, Lisandro. Antique Amor no es cualquier pastelería. Los clientes adoran los pasteles, además hoy estamos haciendo el doble de lo que vendemos habitualmente al medio día.
Antonio sale de la cocina vestido con su uniforme blanco de repostero y se molesta al ver a Lisandro.
Antonio: ¿Tú qué demonios haces aquí tan tranquilo? Se supone que debes estar tomando las órdenes de los clientes.
Lisandro: (avergonzado) Sí, Antonio. Disculpa, ya mismo voy, pero antes necesito un par de patines.
Antonio: (extrañado) ¿Patines? ¿Para qué necesitas eso?
Minutos después, Lisandro sale con gran rapidez de la cocina usando un par de patines con libreta y pluma en mano. El chico se acerca patinando a cada mesa con destreza y toma sonriente las órdenes.
Lisandro: Buenas días. ¿Qué se le ofrece? (Pregunta a cada cliente).
Los clientes se sienten bien atendidos por Lisandro y le dicen sus órdenes. Él las escribe en la libreta y vuelve a la cocina. Pasados unos segundos sale de allí sosteniendo una bandeja con los pasteles y los sirve con sumo cuidado. Antonio lo observa de lejos junto a Valentín.
Valentín: ¿Ve, señor? Contratar a Lisandro no fue un error y, por el contrario, fue lo mejor que le ha pasado a Antique Amor hasta el momento. Mire los clientes cómo se van de satisfechos.
Antonio: (sonriendo levemente) Sí, eso veo. Es bien eficiente y espero que siempre sea así.
Una vez que llega el mediodía, se ve a Lisandro en la salida de la pastelería despidiendo a los clientes que se van y entregándoles una tarjeta de Winnie-Poh en la que los invita a que visiten de nuevo Antique Amor.


Lisandro: (sonriendo) Hasta luego. Vuelvan pronto.
Antonio sale de la cocina y se acerca extrañado.
Antonio: ¿Qué carajos estás haciendo ahora? (Le arrebata una de las tarjetas).
Lisandro: Estoy invitando a los clientes a que vuelvan a visitar Antique Amor. ¿No te parecen tiernas las tarjetas?
Antonio: Para nada, son infantiles. ¿En qué momento hiciste estas ridiculeces?
Lisandro: (sonriendo) ¿Olvidaste que estudié diseño gráfico? Me tomó solo quince minutos hacerlas en una app de mi celu y las imprimí en una stationary store al frente.
Antonio: ¿Una qué?
Lisandro: ¿Ya se te olvidó tu inglés? Una papelería.
Antonio: (molesto) Como sea. Deja eso ya. Van a pensar que es una tienda para niños.
Antonio le quita todas las tarjetas a Lisandro cuando, de repente, Marina entra a la pastelería saludando a viva voz y muy seria.

Marina: Buenas tardes.
Lisandro: Hola, Marina. Bienvenida.
Marina: Gracias, Lisandro.
Antonio: (incómodo) Marina. Llegaste muy pronto, ¿no crees?
Marina: Yo por el contrario creo que llegué bastante tarde. Casi ni hay clientes ya y no podré evaluar bien el servicio que se da en esta pastelería.
Lisandro: Bueno Marina, si es sólo eso, yo te puedo asegurar que nuestro servicio es completamente eficiente, rápido y nos preocupamos por el bienestar del cliente y de lo que le gusta.
Marina: Quisiera creerte, Lisandro, pero, ¿quién me asegura que Antonio no te está intimidando para que digas mentiras de su pastelería?
Antonio: ¿Yo? ¿Intimidar a Lisandro? ¿Cómo me crees capaz de hacer algo así?
Marina: ¡Cállate! Yo de ti puedo esperar lo peor. Mejor cuéntame… (Toma asiento en una de las mesas) ¿Qué tienes de nuevo en el menú?
Antonio: (tartamudeando) ¿De… nuevo?
Marina: Sí. ¿Es que acaso eres sordo? Mi jefe me mandó a evaluar la innovación en el menú y, por lo tanto, quiero probar un pastel con sabor diferente a los que siempre vendes. ¿O acaso no tienes nada nuevo qué ofrecer?
Antonio no sabe qué decir y se ve acorralado por la mujer. Lisandro interviene.
Lisandro: Claro que tenemos algo nuevo, Marina. ¿Verdad, Antonio?
Antonio: (confundido) ¿Te-tenemos algo nuevo? ¡Ah sí! ¡Claro que tenemos un pastel con un nuevo sabor! Lo siento. Olvidé modificar la carta.
Marina: Ok. Entonces tráeme ese pastel acompañado de un refresco bien helado. Hace calor.
Antonio: Claro que sí. En un momento Lisandro te trae tu orden.
Tanto Lisandro como Antonio entran a la cocina. Una vez lo hace, este último lo toma de un brazo para regañarlo.
Antonio: ¿Qué demonios vamos a hacer ahora? No tengo un pastel nuevo en el menú.
Lisandro: ¡Ay Antonio! No te exasperes por eso. Obviamente preparemos un sabor diferente.
Antonio: Ah, ya valí madres. Crear una receta no es tan fácil. ¿Por qué mejor no haces algo de provecho y me dejas solo para concentrarme?
Lisandro: Pues no. Yo a partir de hoy soy parte de Antique Amor y por tanto voy a ayudarte a preparar un pastel con un sabor que no solo encante a Marina, sino también a todos los clientes que vengan a partir de ahora.
Antonio: ¡Mucha imaginación y nada de realidad! Para crear un nuevo sabor necesitamos tiempo y eso es lo que no tenemos con Marina allá afuera.
Lisandro: (sonriendo) Déjamelo a mí. Te tengo la solución.
Antonio: ¿Qué quieres decir? ¿Cuál solución?
Lisandro: Únicamente por primera vez en tu vida, confía en mí.
Antonio lo mira sin mucha convicción. Lisandro no deja de sonreírle y cuando está a punto de salir de la cocina, Antonio se atreve a tomarlo con delicadeza de la mano.
Antonio: Espera.
Lisandro se sorprende por el detalle. Los dos se miran fijamente durante algunos segundos.
Antonio: No me falles.
Lisandro sonriéndole niega con la cabeza y sale de la cocina. Antonio se queda un poco consternado por aquel impulso que tuvo de tomarlo de la mano. Minutos después de haber salido de la cocina, se ve a Lisandro sentado junto a Marina. Ella ocupa una mesa.


Marina: (extrañada) ¿Por qué me preguntas qué me gusta, Lisandro? ¿Pasa algo allá dentro de la cocina?
Lisandro: Claro que no, no es eso. Es sólo que le propuse a Antonio reparar los momentos incómodos que ha habido entre tú y él, por lo que se me ocurrió que incluyéramos en el pastel algo que te guste. ¿Me entiendes?
Marina: (pensativa) Pues yo pruebo de todo un poco. Tú sabes que eso es parte de mi trabajo como inspectora, pero especialmente me encanta el sabor de la crema de leche cuando se combina con el sabor de las fresas. Es mi debilidad.
Lisandro: Perfecto. Hablaré con Antonio para que incluya un poco de eso en el pastel. No me tarde. Ya traigo tu orden.
Lisandro sale con prontitud en dirección a la cocina. Marina suspira y mira su reloj de muñeca algo impaciente.
Antonio: ¿Pretendes que hagamos un pastel con ese sabor?
Lisandro: ¡Así es! Si preparas un pastel con crema de leche y sabor a fresa, tal y como le gusta a ella, estoy cien por ciento seguro que le va a encantar. Es la mejor manera de convencerla de que sí somos innovadores en el menú.
Antonio: Pues qué más da. Trataré de hacer lo mejor que pueda para convencer al ogro de Marina.
Lisandro: (serio) Respeta un poco. Recuerda que es una mujer y de ti no se oye muy bien.
Antonio: Mejor ni las defiendas y ayúdame aquí pasándome los ingredientes que te pida.
Antonio decide preparar el pastel. Primero bate unos huevos en una cazuela mezclándolos con harina. Incluye varios sabores, entre ellos, crema de leche y algo de chocolate y comienza a formarlo. Puede verse que es un pastel de tres piezas, una sobre otra, de la más grande a la más pequeña. El hombre lo mete al horno y espera a que termine de hornearse.
Entretanto, Marina mira con impaciencia su reloj. Lisandro intenta distraerla y entra constantemente a la cocina para verificar que el pastel esté listo. Una vez que termina de hornearse, Antonio se prepara para decorarlo con rapidez y destreza. Pone cuatro fresas en la parte superior a las cuales les aplica una deliciosa crema de leche. Lisandro no se da a la espera y sale de la cocina en patines con el pastel sobre una bandeja de plata y también con un refresco que llevaba en la mano izquierda.
El chico sirve el pastel sobre la mesa con ligereza al igual que la gaseosa. Antonio sale de la cocina y le hace una seña a Valentín para que se acerque a escuchar la opinión de Marina.




Marina: (extrañada) ¿Por qué se tardaron tanto en traerme el pastel? ¿No se suponía que ya lo tenían incluido en el menú?
Lisandro: Tardamos un poco porque antes de traértelo, pensamos que era importante realizar una evaluación de cada ingrediente para checar que sí sea algo novedoso y diferente para ti y para los clientes.
Marina: ¿Y cuál es el nombre del dichoso pastel este?
Marina mira el pastel con curiosidad. Antonio no sabe qué responder, puesto que el pastel recién fue inventado y no pensó en llamarlo de alguna manera.
Antonio: Eh, bueno, la verdad es que…
Lisandro: Doble cubierta de crema. Ese es el nombre.
Marina: (riendo) Un nombre muy convencional, pero está bien. Probaré a ver qué tal.
Marina toma un tenedor y un cuchillo partiendo una tajada del pastel. Con el tenedor, se lleva a la boca un pedazo y mastica lentamente al tiempo que la expresión malhumorada de su rostro cambia. Marina ingiere el pedazo de pastel y luce sorprendida.
Antonio: ¿Marina, estás bien?
Marina guarda silencio. Los tres muchachos de la pastelería, Lisandro, Antonio y Valentín se miran entre sí con inquietud.
Marina: Yo siempre te he odiado, Antonio, pero a decir verdad este… Este es uno de los pasteles más deliciosos que he probado en mi vida.
Antonio: (sorprendido) ¿Estás hablando en serio?
Marina: Sí, debo reconocerlo. De todos los pasteles que has vendido en la pastelería, este es el mejor que he llegado a probar y sí… (Rueda los ojos en actitud chocante). Me cuesta decirlo, pero… Felicitaciones.
Lisandro: (feliz) ¡Muchísimas gracias, Marina! Qué padre que te haya gustado. De seguro va a ser un éxito en ventas.
Marina: Sí, probablemente. Por esta ocasión, no me llevo ni una sola crítica, pero que te quede algo claro, Antonio.
Marina se acerca a Antonio y lo mira fijamente fulminante con sus ojos. Este se siente un poco intimidado.
Marina: El hecho de que me hayas dado a probar un pastel que jamás en mi vida había probado no significa que he cambiado la percepción que tengo de ti. Todavía me produce dolor de estómago verte la cara.
Antonio: (sarcástico) Me encanta tu buen sentido del humor, Marinita.
Marina: (molesta) No me digas así, imbécil. Tú sabes que lo detesto y díganme qué cuesta el pastel. Me gustaría llevarme dos más.
Lisandro: Enseguida te los traigo, Marina. Valentín, tú encárgate de recibirle el dinero.
Lisandro y Antonio se dirigen a la cocina nuevamente para cocinar otros dos pasteles. Marina se queda seria. Una vez cae la noche, la pastelería cierra. La mayoría de las luces están apagadas y Lisandro empaca sus cosas en un bolso ya vestido en ropa casual. Antonio sale de la cocina también vestido en ropa normal.


Antonio: ¿Ya se fue Valentín?
Lisandro: Sí, lo acompañé a que tomara un taxi porque al pobre le queda difícil subir a un autobús con el pie como lo tiene.
Antonio: Tienes razón y veo que Marina te dio algo de mi ropa que dejé en su departamento cuando terminamos. Me imagino que ella ya te contó.
Lisandro: Sí, me lo contó anoche y me sorprendió bastante saber que fueron novios, pero no te preocupes. Cuando reciba mi primer pago, trataré de comprar algo de ropa nueva después de que me robaron toda la que traía y te devuelvo la tuya.
Antonio: No hace falta, no te preocupes (Indeciso). Cambiando de tema… Lisandro, yo… Te quería dar las gracias.
Lisandro: (extrañado) ¿Las gracias? ¿De qué?
Antonio: Por todo lo que pasó hoy en Antique Amor.
Lisandro: Ah, eso. No te preocupes. No fue nada, tontito (Le sonríe pícaro). De todas maneras, es ahora mi deber por trabajar aquí.
Antonio: Pero en verdad quiero darte las gracias. Hoy tuvimos excelentes ventas. Incluso Marina, que nunca había estado encantada con la pastelería, no nos dio ni una sola crítica negativa. Todo fue gracias a ti.
Lisandro: Bueno, si tú insistes en darme todos los créditos no tengo ningún problema. Yo ya debo irme. Me gustaría cenar con Marina a tiempo, pero yo también te doy las gracias por permitirme trabajar aquí.
Antonio: Está bien. Hasta mañana. Cuídate por ahí.
Lisandro sonriendo lo besa rápidamente en la mejilla y sale corriendo de Antique Amor.
Antonio: (molesto) ¡Oye!
Antonio no alcanza a regañarlo por aquel gesto inesperado. Lisandro ya se había ido, por lo que, a solas, Antonio se toca la mejilla con suavidad con algo de consternación. Justo cuando Lisandro toma el autobús, no se percata de que a lo lejos es fotografiado por un hombre.
NUEVA YORK

INT. / CASA DE LOS VILLEGAS, SALA / NOCHE
Victoria se encuentra en su lujosa casa en Estados Unidos. La mujer se sienta en un sofá bastante cómodo mientras bebe coñac en una copa de forma sofisticada. En sus manos tiene un IPad y pasa en la pantalla táctil las fotos que aquel hombre desconocido le acaba de tomar a Lisandro.

Victoria: Es increíble. Obligo a Lisandro a volver a México para que recapacite y deje a un lado esa estupidez de la homosexualidad y ahora me encuentro con esto.
La anciana lanza el IPad a un lado del sofá y toma un sorbo de licor.
Victoria: El muy estúpido se reencontró con Antonio, el tipejo ese del que según estaba enamorado. ¡Qué ridiculez! Para colmo, el muchachito trabaja en la pastelería de él, cosa que no me gusta nada…
Victoria mira al vacío como planeando algo.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario