Capítulo 5: Una misteriosa pretendiente
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Lisandro llega al departamento de Marina, viendo que ella sirve la cena en el comedor. El chico abre la puerta con una copia de llaves que ella le facilitó.


Lisandro: Hola, Marina.
Marina: (sonriendo al verlo) Llegaste temprano. Quería que encontraras todo listo y aún no terminaba de servir la cena
Lisandro: No te preocupes. Yo te ayudo a servirla (Pone unos platos en la mesa).
Marina: No es necesario, Lisandro. De todas maneras, ya iba a terminar, siéntate.
Lisandro: Está bien. Me dejaré atender por ti esta vez, je, je, je (Toma asiento).
Marina va a la cocina y desde allí le habla a Lisandro.
Marina: Mejor cuéntame. ¿Cómo te pareció tu primer día de trabajo en Antique Amor?
Lisandro: Me pareció fantástico, aunque no niego que fue un tantito agotador. Hubo muchísimos clientes el día de hoy. Y cuéntame tú, ¿cómo te pareció el pastel de doble cubierta de crema?
Marina llega al comedor, pone los cubiertos sobre la mesa y también se sienta.
Marina: ¡Delicioso! Lo bueno es que a mi jefe también le gustó y está pensando seriamente en rebajar el cincuenta por ciento de lo que Antonio le debe pagar al banco cada mes. En todo caso, ya no hablemos más de trabajo y toquemos un tema más interesante, no sé…
Lisandro: Bueno. ¿De qué te gustaría hablar?
Marina: (dudosa) No sé. Yo he sido una mujer muy aburrida.
Lisandro: No digas eso, Marina. No eres aburrida. Todo lo contrario. Eres una mujer sumamente interesante, sólo que te dedicas mucho a tu trabajo, pero eso no quiere decir que seas aburrida.
Marina: (sonrojada) Qué lindo eres, Lisandro, pero no tiene caso que nos digamos mentiras. El trabajo prácticamente me está robando la vida, pero en parte es bueno porque así tengo algo en qué ocuparme.
Lisandro: Pero la vida no puede desaprovecharse de esa manera. La vida es muy corta y no vale la pena privarse de probar cosas nuevas. Debemos aprovechar cada momento, intentando buscar nuestro bienestar, ¿no crees?
Marina: (agobiada) Tus palabras son muy bonitas. Fíjate que yo también he pensado lo mismo, pero ¿qué puedo hacer? Tengo ya veinticinco años y siento que ya es muy tarde para darle otro rumbo a mi vida.
Lisandro: ¿Qué dices? Eso no es así. Nunca es tarde.
Marina: Lisandro, una mujer de mi edad tiene novio. Probablemente está casada y hasta esperando su primer hijo, con una vida color rosa, pero mírame a mí, amargada y sola (Solloza). Yo ya no tengo tiempo para esas cosas.
Lisandro: Me siento muy mal al verte así, Marina (La toma de las manos y le sonríe). Pero no digas que no tienes tiempo porque es mentira. Todavía tienes un gran y comprometedor futuro que solo tú puedes decidir. Piénsalo y atrévete a algo nuevo.
Marina mira a Lisandro y fuerza una sonrisa.
Marina: Tienes razón. Eso voy a tratar de hacer a partir de ahora. Gracias por consolarme.
Lisandro: De nada. Lo mejor es que no te agobies por esto y comamos que se nos va a enfriar. ¡Vamos, come! (Empieza a comer al igual que ella).
Marina: (pensando) Ojalá pudiera compartir mi vida contigo, Lisandro. Si tan solo imaginaras lo mucho que me gustas.
INT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE

Lisandro acaba de llegar a la pastelería. Todavía no abren y ve tanto a Antonio como a Valentín cerca de la caja registradora leyendo el periódico.



Lisandro: Buenos días, chicos. ¿Qué leen tan entretenidos en el periódico?
Antonio: Estamos viendo la foto que Marina nos tomó ayer cuando se comió el pastel de doble cubierta de crema. La publicaron en la sección de consumo.
Lisandro: (emocionado) ¿En serio? No se los puedo creer. Qué padre.
Lisandro se hace al lado de ellos para leer el artículo del periódico. En efecto, allí sale una foto de ellos tres. Antonio a la izquierda, Lisandro en el medio y Valentín a la derecha. Lisandro sostiene el pastel sobre una bandeja de plata.
Lisandro: Fue una excelente idea de Marina tomarnos esa foto. Con este artículo recomendado el pastel vamos a tener muchos más clientes que ayer.
Antonio: Bueno, tú lo has dicho. ¿Qué haces aquí paradote todavía si tendremos más clientes?
Lisandro se siente un poco mal por el regaño de Antonio y se retira a ponerse el uniforme. Poco a poco, el cielo de la ciudad se nubla y de gotera en gotera empieza a caer una abundante lluvia. Hay varios clientes en la pastelería, por lo que Lisandro se acerca para tomar las órdenes. Dos muchachas jóvenes entran rápidamente empapadas. Antonio, quien acaba de salir de la cocina, las ve y se dirige a ellas de forma coqueta.
Antonio: (sonriéndoles pícaro) Buenas tardes, señoritas. ¿Qué se les ofrece?
Muchacha 1: Ay, es que entramos porque está lloviendo retefuerte afuera, pero no vinimos por ningún pastel.
Muchacha 2: Sí, así es. ¿Tú no tendrás algo con lo cual podamos secarnos tantito? Estamos muy mojadas.
Antonio: Claro, claro. Pueden ir al baño. Allá hay suficiente papel para ambas.
Muchacha 1: ¿En serio nos prestas el baño, guapo?
Antonio: Por supuesto, adelante. Están como en su casa.
Las dos muchachas rieron de forma divertida entre sí y se dirigen al baño de mujeres. Antonio les sonríe fascinado y camina detrás de ellas, pero Lisandro lo detiene pellizcándolo de una oreja.
Lisandro: ¡Óyeme, óyeme! Espérate un tantito.
Antonio: (adolorido) ¡Auch! ¿Qué te pasa?
Lisandro: ¿Tú a dónde ibas con esas mujeres?
Antonio: ¿Qué te importa?
Lisandro: Me importa porque eres el dueño y no te puedes andar metiendo al baño con tus clientas. ¿Qué clase de imagen le vas a dejar a Antique Amor?
Antonio: (molesto) Ese es mi problema. Primero que todo, te prohíbo que vuelvas a tomarme de ese modo y segundo no te metas en mi vida. ¿Quién te ha dado ese permiso?
Lisandro: Tienes razón. Nadie me lo ha dado. Yo sólo quiero que no pierdas tu dignidad, pero por lo visto eso a ti no te importa y yo tampoco voy a ganarme nada tratando de que te conviertas en una persona madura.
Antonio: ¿Es verdad sólo quieres eso o estás celoso porque le coqueteé a esas chicas lindas?
Lisandro: (mintiendo) No, ya ves que no. Únicamente quiero que recuperemos nuestra amistad, Antonio y que olvidemos todo lo que pasó. ¿Por qué te es tan difícil comprenderlo?
Antonio: Entiende algo, si te empleé en Antique Amor fue por la presión que tenía encima sabiendo que Marina ya tenía un motivo para cerrarla y lo que no quiero es que malinterpretes las cosas. Nuestra relación es únicamente laboral y allá tú si quieres algo más.
Lisandro: (desilusionado) Sí, es verdad. Perdona. De todas maneras, esta es tu pastelería y puedes hacer lo que se te venga en gana y ahora que estamos hablando te pido un permiso para tomar aire. Me siento un poco sofocado.
Antonio: ¿Tomar aire dónde? ¿Que no ves que está lloviendo?
Lisandro: (histérico) ¡No me importa si está lloviendo!
Antonio se sorprende por la forma en que le ha hablado.
Lisandro: (reacciona) Eh, perdón, no quería gritarte. Estoy como un poco ansioso. ¿Ves? Necesito respirar.
Lisandro le sonríe forzado a Antonio y sale caminando rápido de la pastelería en medio de la lluvia. El chico rompe a llorar y habla en voz baja muy enojado.
Lisandro: ¡Como te quisiera odiar, Antonio! ¡Me gustaría odiarte y no quererte como te quiero!
Antonio se asoma por la ventana de la pastelería y mira a Lisandro con algo de lástima.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / DÍA
Natasha se alista para salir, pero justo en ese momento una llamada entra a su celular y ve que es un número desconocido.

Natasha: (contestando) ¿Bueno?
NUEVA YORK

INT. / CAFETERÍA / DÍA
De forma simultánea, se puede ver a Victoria en el interior de una cafetería elegante. Está sentada en una mesa, usa gafas de sol y un sombrero acorde a su edad. Ella es la persona que ha llamado a Natasha.

Victoria: Un gusto hablar contigo, muchacha.
Las escenas de ambas se intercalan a medida que hablan
Natasha: (extrañada) ¿Quién habla?
Victoria: Me presento. Mi nombre es Victoria Maldonado de Villegas. Tú eres Natasha Méndez, ¿no es así?
Natasha: Sí, señora. Discúlpeme, pero ¿nos conocemos de algún sitio?
Victoria: No, aunque yo sí te conozco a ti más de lo que crees.
Natasha: ¿Qué quiere decir?
Victoria: Estoy al tanto de tu vida, muchachita. Gracias a que me contacté con Edgar, el director de tu agencia, sé todo sobre ti e incluso sobre tu padre, el enfermo que tienes en un asilo.
Natasha: (asustada) ¿Es una broma?
Victoria: En absoluto lo es. Verás, Natasha. Luego de buscar insistentemente en una agencia de modelos, me encontré con tus fotografías y tu perfil.
Natasha: ¿Por qué? ¿Qué quiere de mí?
Victoria: Vivo en Nueva York, pero necesito encargarle a alguien un “trabajito” en México y debe ser una modelo hermosa y joven como tú quien lo haga. Cuando te elegí a ti, el director de la agencia me dijo que te corrió, lo cual es muy malo para ti porque ahora no tienes cómo pagar el costoso asilo en que está internado tu padre.
Natasha: Es mi vida y la verdad no entiendo nada. ¿Qué clase de vieja loca es usted? ¿Qué busca?
Victoria: Muy fácil. Puedo compensarte muy bien si realizas el trabajo que necesito. Con eso podrás seguir pagando el asilo de tu padre sin ningún problema.
Victoria sonríe con malicia.
INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE
La pastelería está cerrada y se ve a Lisandro vestido con su ropa común listo para irse. Valentín ya se ha ido. Antonio sale de la cocina, también vestido en ropa casual y apaga las luces, sin embargo, ve cómo Lisandro sale indiferentemente sin dirigirle la palabra.


Antonio: ¡Oye, Lisandro! Espera un momento (Lo alcanza).
Lisandro: (indiferente) ¿Qué quieres? Ya mi horario de trabajo terminó y me debo ir.
Antonio: Yo sólo quería preguntarte si… Todo anda bien entre nosotros dos. Es que hoy te vi llorando afuera y quería disculparme porque acepto que fui un poco duro contigo y esa no es la manera de comenzar una buena relación laboral.
Lisandro: No te preocupes. No niego que las palabras que me dijiste me hirieron, pero si te preocupa que esté enojado contigo, pues no lo estoy, además he pensado mucho todo el día y creo que lo único que debería unirnos es la relación laboral que dices.
Antonio: Entonces, ¿no te importa?
Lisandro: (serio) No, ya no me importa y no creo que vaya a importarme. Lo que sí me importa es tener trabajo para poder sobrellevar una vida normal en esta ciudad y ayudarle a Marina con los gastos, y hablando de ella mejor me voy. No quiero llegar tarde para la cena.
Lisandro se va algo triste de la pastelería y toma un autobús. Antonio se queda mirándolo y echa llave a la puerta. Cuando estaba dispuesto a irse, choca con una hermosa mujer, que usa un vestido rojo cinco centímetros arriba de la rodilla. Antonio sonriente la mira de abajo hacia arriba. Es nada más y nada menos que Natasha.

Natasha: (apenada) Ay, discúlpame. No me fijaba por dónde iba. ¿Te encuentras bien?
Antonio: (impresionado por ella) Sí, claro. Discúlpame tú a mí, preciosa. El que andaba en las nubes era yo. Estaba distraído.
Natasha: Tú debes ser el dueño de esta pastelería, ¿no? Hoy te vi en la sección de consumo del periódico.
Antonio: Sí, soy yo. Antonio Guzmán. ¿Cuál es tu nombre?
Natasha: Me llamo Natasha Méndez (Estrechan la mano para presentarse sonriéndose).
Antonio: (sorprendido) ¿Natasha Méndez? ¡Pero claro! Yo te conozco o bueno, quiero decir, de la televisión y las noticias. Eres modelo, ¿no? Hace poco saliste en la portada de una revista..
Natasha: ¡Vaya! Me da mucha alegría que la gente se sorprenda de esa manera al verme.
Antonio: ¿Cómo no me voy a sorprender? Tienes una belleza sin igual, digna de ganar un concurso de belleza.
Natasha: (riendo coqueta) Gracias, pero he decidido alejarme un poco del modelaje.
Antonio: (extrañado) ¿Por qué si eres genial en lo que haces?
Natasha: Preferiría reservarme los motivos. Yo solo venía a comprar el pastel de doble cubierta de crema que están promocionando, pero al parecer tendré que venir mañana.
Antonio: Claro que no. No te preocupes. Espera abro la pastelería y te lo vendo o mejor te lo regalo.
Natasha: No, no te molestes, Antonio. Se me ocurre algo mejor. ¿Por qué no me acompañas a tomarme un trago? Y por favor no rechaces la invitación. En verdad necesito uno y estar acompañada de un hombre tan caballeroso y atractivo como tú. ¿Qué dices? ¿Me acompañas?
Antonio: (emocionado) Por supuesto. A una mujer como tú no se le negaría nada (Mirándola fascinado).
Natasha: Gracias. ¿Qué tal si tomamos un taxi? Conozco un buen lugar al que podemos ir.
Antonio: Sale, vamos.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Más tarde, Lisandro llega al departamento y cuando abre la puerta, se sorprende al ver a Marina saliendo de su cuarto vestida de una manera muy juvenil, con el cabello alisado, el maquillaje un poco extravagante, falda corta y una blusa escotada. Luce diferente a la joven organizada, culta y poco agraciada de siempre.


Lisandro: (impactado) Marina. ¿Qué te pasó?
Marina: ¡Lisandro! No te oí llegar (Se para frente a un espejo al tiempo que se peina). Lamento que no hayas encontrado la cena servida, pero decidí que fuéramos a comer a otro lugar que se ajuste más a nuestra edad.
Lisandro: (confundido) ¿A nuestra edad? Marina no entiendo nada de lo que me estás hablando y, para empezar, ¿qué haces vestida así?
Marina: ¿Te acuerdas de lo que hablamos anoche? Pues bueno. Decidí que ya no puedo permitir que el trabajo me robe mi vida, mi juventud. Decidí ser otra y voy a aprovechar mi vida al máximo.
Lisandro: Hoy no creo que sea un buen día para ir de fiesta. Mejor el fin de semana, ¿no?
Marina: Ay Lisandro. Eso no importa. Apúrate. Vamos a divertirnos como los jóvenes que aún somos.
Lisandro: (suspirando resignado) Está bien. Que conste que solo te acompaño para no dejarte sola.
Marina toma su bolso de cuero y a Lisandro lo jala de un brazo forzadamente. Él cierra la puerta.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Antonio y Natasha llegan a una concurrida disco de la ciudad. La música se escucha a todo volumen y hay varios jóvenes bailando al ritmo de la misma. Los dos hablan en un tono de voz más alto para poderse escuchar.


Antonio: ¡Órale, Natasha! A mí jamás se hubiera pasado por la cabeza que una persona de tu clase frecuentara estos lugares.
Natasha: Ya ves. Me encanta divertirme y relajarme siempre que puedo, y hoy decidí que es la noche perfecta para hacerlo.
Antonio: Bueno, ¿qué quieres tomar?
En ese mismo instante, Lisandro y Marina también llegan a la misma. Marina alza los brazos y grita eufórica:


Marina: ¡Uh! ¡Vamos, Lisandro! ¡Múevete!
Lisandro: (incómodo) ¿Marina, estás segura que quieres quedarte en este lugar?
Marina: ¡Como nunca! Y ya no hagas más preguntas tontas que esto era exactamente lo que necesitaba ¡Ven!
Marina toma a Lisandro de la mano para adentrarlo más a la discoteca repleta de personas bailando y bebiendo licor en medio de las luces color neón. Repentinamente, Lisandro ve a Antonio de lejos, besarse con Natasha cerca de la barra.
Lisandro: (asombrado) No puede ese. Ese… ese es Antonio besuqueándose con una mujer.
Marina se extraña al ver a Lisandro tan distraído.
Marina: ¿Qué pasa, Lisandro? Tienes una cara. Parece que hubieras visto un fantasma.
Lisandro: (reaccionado) Disculpa, Marina. Es sólo que me quedé muy sorprendido. Antonio también está aquí.
Marina: (mirando a su alrededor) ¿Dónde? No lo veo.
Lisandro: Mira, allí.
Lisandro le señala a Marina hacia la barra en donde, en efecto, se encuentra Antonio besándose con Natasha. Los dos parecen disfrutarlo bastante,
Lisandro: Está con una mujer besuqueándose. Es increíble. ¿Cómo se atreve? (Celoso)
Marina: (desconcertada) Mira, Lisandro. La verdad no entiendo qué nos importa si Antonio está aquí con una mujer. Total, él siempre ha sido así de perro y mujeriego. No debería extrañarte ya que fuiste tan amigo de él en Nueva York.
Lisandro: Es que, si estuvieras en mi lugar, me entenderías, pero, ¿sabes qué? Dejémoslo, no me importa. Que haga lo que se le venga en gana. Vamos a demostrarle que nosotros también tenemos vida.
Marina: (sonriendo) ¡Así se habla Lisandro! ¡Ven! Vamos a tomar algo...
Entretanto, en la parte de la discoteca en la que se encuentran Antonio y Natasha, ambos continúan besándose, pero en un momento dado se apartan. Antonio sonríe y suspira como si estuviera sin aire después de aquellos besos.
Antonio: ¡Uf! Lo siento, Natasha, yo…
Natasha pone su dedo índice sensualmente en los labios de Antonio indicándole que guarde silencio.
Natasha: ¡Shh! Tú no tienes que sentirlo, Antonio. Para serte sincera, me gustas demasiado y un beso es normal cuando entre dos personas como nosotros hay química.
Antonio: Bueno. Voy a pedir algo de tomar. ¿Qué quieres que te traiga?
Natasha: Tequila estaría bien.
Antonio: Dale, ya vuelvo.
Antonio se retira y allí mismo en la barra pide el tequila para Natasha como para él. El barman sirve en dos copas y justo cuando Antonio se da la vuelta, tropieza accidentalmente con Lisandro, quien hablaba muy entretenido con Marina, al punto de derrama el tequila de las copa sobre su camiseta.



Lisandro: (fingiendo pena) ¡Antonio! Ay, lo siento muchísimo, no te vi…
Antonio: (molesto) Me doy cuenta. ¿Qué hacen aquí? No me esperaba que asistieran a este tipo de lugares.
Lisandro: Tenemos derecho a venir, ¿no? Marina y yo solo queremos pasar una noche divertida para disfrutar de nuestros mejores años.
Marina: (indiferente) Así es. Tú en cambio no cambias nada. Deberías considerar mudarte a una discoteca. Después de todo siempre has sido un vulgar alcohólico.
Antonio: Te equivocas, Marinita (Mirándola con los ojos entrecerrados). Me divierto que es diferente y no me quedo amargado como otras.
Marina: (ofendida) ¿Te refieres a alguien en especial?
Lisandro: (interviniendo) Bueno, no vamos a discutir aquí. Marina, ¿por qué no vamos a una mesa? Dejemos a Antonio que parece estar tan entretenido con su nueva e íntima amiga.
De repente, Natasha se acerca a los tres y pone sus manos de forma delicada en la espalda de Antonio.

Natasha: ¿Por qué te demoras tanto con las bebidas?
Antonio: Disculpa, Natasha. Ya iba para allá cuando me crucé con ellos y por accidente las derramé.
Natasha: Ya veo. ¿No me los va a presentar? Parecen ser conocidos.
Natasha le extiende su mano a Lisandro y a Marina para presentarse.
Natasha: Mucho gusto, chicos
Ellos le corresponden el saludo, aunque Lisandro lo hace mirándola con suspicacia.
Natasha: Mi nombre es Natasha Méndez.
Marina: Yo te he visto en televisión y en revistas. Eres modelo, ¿no?
Natasha (riendo levemente) Sí, aunque por ahora estoy retirada de los medios y quiero dedicarme a mi vida. La verdad es que ya estoy harta de que cuando salga a la calle todo el mundo me señale. Me siento medio asfixiada.
Marina: Es un placer conocerte. Yo me llamo Marina Linares, soy inspectora comercial.
Natasha: (sonriendo) ¿Qué hay de ti, precioso? ¿No piensas presentarte? (Le pregunta a Lisandro)
Lisandro: Claro, disculpa. Me llamo Lisandro... Lisandro Villegas. Hace como una semana llegué aquí a la capital. En este momento soy mesero en la pastelería de Antonio, a quien veo que tú también conoces muy bien.
Natasha: Bueno, ni tanto, apenas nos conocimos esta noche también y ahora que recuerdo, también te vi en el artículo del periódico. ¡Eres tan tierno! Pareces un sol (Habla hipócritamente).
Lisandro: (poco convencido) Muchas gracias. Entonces, ¿apenas conociste a Antonio esta noche?
Natasha: Sí. Fui a la pastelería para comprar el nuevo pastel que están promocionando y me tropecé con Antonio justo cuando estaba cerrando, así que le propuse que me acompañara a tomar algo. Me pareció un hombre sumamente interesante.
Lisandro: (muy celoso) Hum, entiendo. Muy seguramente él también debe estar fascinado por ti.
Antonio: (molesto) ¡Oye!
Natasha: (riendo) Ay, Antonio, no le digas nada. Bueno, ¿qué les parece si nos sentamos juntos en la misma mesa? Podemos divertirnos el doble así, ¿no creen?
Marina: Pues a mí me parece una idea espectacular. ¿Tú qué dices, Lisandro?
Lisandro: Bueno, sí, no sería mala idea que compartamos juntos.
Antonio: Está bien. ¿Qué quieren tomar?
Marina: Yo pago por lo mío y lo de Lisandro. No quiero que tú nos invites, sin embargo, puedes pagar con tu dinero y cuando nos vayamos te lo devuelvo, ¿bueno?
Antonio: Como digas.
Marina: Tráeme una cerveza.
Antonio: ¿Y tú, Lisandro? ¿Qué quieres?
Lisandro: Un refresco de esos gaseosos estaría bien. Yo no tomo mucho de todas formas.
Antonio: Muy bien. Ven conmigo y dejemos que las chicas se adelanten. Necesito que me ayudes a llevar las bebidas.
Natasha: Ok, nosotras los esperamos allí. No se tarden, eh.
Natasha y Marina se van juntas a ocupar una mesa, dejando solos a Antonio y Lisandro. El primero toma de forma brusca a Lisandro de un brazo y lo mira molesto.
Antonio: Ahora mismo me vas a decir qué demonios pretendes.
Lisandro: ¡Oye! (Se suelta) Podrás ser mi jefe, pero eso no te da el derecho de que me tomes de esa forma.
Antonio: Bueno, ya que no te puedo tocar, entonces respóndeme lo que te pregunté.
Lisandro: (indiferente) No sé a qué te refieres.
Antonio: Tú lo sabes muy bien. Me estás siguiendo. Viniste aquí con Marina para hacerme creer que fue un encuentro casual, ¿no? ¡Responde!
Lisandro: ¿De dónde sacas semejantes ideas? Se supone que nuestra relación es estrictamente laboral y por eso no deberías tomarte estas confianzas conmigo. Si no crees en las casualidades, pues allá tú. No tengo porqué darte explicaciones.
Antonio: (sarcástico) Sí, ¿cómo no? Ya te creí que todo es una casualidad.
Lisandro: Lo es. Vine aquí con Marina solo por esa idea que se le metió en la cabeza de recuperar los años que el trabajo le ha robado. Todo esto es una casualidad como ves. ¿Por qué debería estar siguiéndote?
Antonio: No lo sé. ¡Pero en fin! Lo único que te pido en este momento más que nunca es que no me arruines la noche con Natasha. Tú no entiendes lo importante que es para mí que esa mujer se esté fijando en mí.
Lisandro: (serio) Interés, ¿verdad? Tal y como pasó con Marina cuándo llegaste a esta ciudad. Era importante para ti porque ella se mataba todos los días trabajando para sostenerte y ahora yo te pregunto, ¿cuál es el beneficio que te trae estar cerca de una mujer famosa como esa?
Antonio: ¿De qué beneficios hablas? Estás loco. Ella simplemente me gusta, me encanta y quiero pasar la noche con ella. Tiene un cuerpazo y unos pechos que…
Lisandro: ¡Bueno, ya! No tienes que decir esas cosas delante de mí. Ese no es otro más que de tus intereses. La quieres llevar a la cama sólo para quitarte las ganas y no te imaginas la tristeza que siento al ver que sigues siendo el mismo, que no cambias y que no tienes remedio.
Lisandro se retira lanzándole una mirada fulminante a Antonio, pero este último corre tras él para retenerlo en medio de las personas de la discoteca bailando.
Antonio: ¡Lisandro, espera! ¡Lisandro!
Lisandro: Déjame, Antonio. Ahórrate tus excusas.
Antonio: Yo sólo quiero explicarte todo. Las cosas no son así como dices.
Lisandro: ¿Ah no? ¿Entonces cómo son? Si pretendes convencerme de lo que no es, déjame decirte que no lo vas a lograr. Mejor haz lo que quieras, no me importa. El día en que te des cuenta de cuál es el verdadero valor de estar rodeado de personas que te aman ya será muy tarde.
Lisandro se retiró molesto de la presencia de Antonio. Él se queda gritándole.
Antonio: ¡Vuelve aquí! Necesito que me ayudes a llevar las bebidas. ¡Lisandro!
CONTINUARÁ…

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Lisandro llega al departamento de Marina, viendo que ella sirve la cena en el comedor. El chico abre la puerta con una copia de llaves que ella le facilitó.


Lisandro: Hola, Marina.
Marina: (sonriendo al verlo) Llegaste temprano. Quería que encontraras todo listo y aún no terminaba de servir la cena
Lisandro: No te preocupes. Yo te ayudo a servirla (Pone unos platos en la mesa).
Marina: No es necesario, Lisandro. De todas maneras, ya iba a terminar, siéntate.
Lisandro: Está bien. Me dejaré atender por ti esta vez, je, je, je (Toma asiento).
Marina va a la cocina y desde allí le habla a Lisandro.
Marina: Mejor cuéntame. ¿Cómo te pareció tu primer día de trabajo en Antique Amor?
Lisandro: Me pareció fantástico, aunque no niego que fue un tantito agotador. Hubo muchísimos clientes el día de hoy. Y cuéntame tú, ¿cómo te pareció el pastel de doble cubierta de crema?
Marina llega al comedor, pone los cubiertos sobre la mesa y también se sienta.
Marina: ¡Delicioso! Lo bueno es que a mi jefe también le gustó y está pensando seriamente en rebajar el cincuenta por ciento de lo que Antonio le debe pagar al banco cada mes. En todo caso, ya no hablemos más de trabajo y toquemos un tema más interesante, no sé…
Lisandro: Bueno. ¿De qué te gustaría hablar?
Marina: (dudosa) No sé. Yo he sido una mujer muy aburrida.
Lisandro: No digas eso, Marina. No eres aburrida. Todo lo contrario. Eres una mujer sumamente interesante, sólo que te dedicas mucho a tu trabajo, pero eso no quiere decir que seas aburrida.
Marina: (sonrojada) Qué lindo eres, Lisandro, pero no tiene caso que nos digamos mentiras. El trabajo prácticamente me está robando la vida, pero en parte es bueno porque así tengo algo en qué ocuparme.
Lisandro: Pero la vida no puede desaprovecharse de esa manera. La vida es muy corta y no vale la pena privarse de probar cosas nuevas. Debemos aprovechar cada momento, intentando buscar nuestro bienestar, ¿no crees?
Marina: (agobiada) Tus palabras son muy bonitas. Fíjate que yo también he pensado lo mismo, pero ¿qué puedo hacer? Tengo ya veinticinco años y siento que ya es muy tarde para darle otro rumbo a mi vida.
Lisandro: ¿Qué dices? Eso no es así. Nunca es tarde.
Marina: Lisandro, una mujer de mi edad tiene novio. Probablemente está casada y hasta esperando su primer hijo, con una vida color rosa, pero mírame a mí, amargada y sola (Solloza). Yo ya no tengo tiempo para esas cosas.
Lisandro: Me siento muy mal al verte así, Marina (La toma de las manos y le sonríe). Pero no digas que no tienes tiempo porque es mentira. Todavía tienes un gran y comprometedor futuro que solo tú puedes decidir. Piénsalo y atrévete a algo nuevo.
Marina mira a Lisandro y fuerza una sonrisa.
Marina: Tienes razón. Eso voy a tratar de hacer a partir de ahora. Gracias por consolarme.
Lisandro: De nada. Lo mejor es que no te agobies por esto y comamos que se nos va a enfriar. ¡Vamos, come! (Empieza a comer al igual que ella).
Marina: (pensando) Ojalá pudiera compartir mi vida contigo, Lisandro. Si tan solo imaginaras lo mucho que me gustas.
INT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE

Lisandro acaba de llegar a la pastelería. Todavía no abren y ve tanto a Antonio como a Valentín cerca de la caja registradora leyendo el periódico.



Lisandro: Buenos días, chicos. ¿Qué leen tan entretenidos en el periódico?
Antonio: Estamos viendo la foto que Marina nos tomó ayer cuando se comió el pastel de doble cubierta de crema. La publicaron en la sección de consumo.
Lisandro: (emocionado) ¿En serio? No se los puedo creer. Qué padre.
Lisandro se hace al lado de ellos para leer el artículo del periódico. En efecto, allí sale una foto de ellos tres. Antonio a la izquierda, Lisandro en el medio y Valentín a la derecha. Lisandro sostiene el pastel sobre una bandeja de plata.
Lisandro: Fue una excelente idea de Marina tomarnos esa foto. Con este artículo recomendado el pastel vamos a tener muchos más clientes que ayer.
Antonio: Bueno, tú lo has dicho. ¿Qué haces aquí paradote todavía si tendremos más clientes?
Lisandro se siente un poco mal por el regaño de Antonio y se retira a ponerse el uniforme. Poco a poco, el cielo de la ciudad se nubla y de gotera en gotera empieza a caer una abundante lluvia. Hay varios clientes en la pastelería, por lo que Lisandro se acerca para tomar las órdenes. Dos muchachas jóvenes entran rápidamente empapadas. Antonio, quien acaba de salir de la cocina, las ve y se dirige a ellas de forma coqueta.
Antonio: (sonriéndoles pícaro) Buenas tardes, señoritas. ¿Qué se les ofrece?
Muchacha 1: Ay, es que entramos porque está lloviendo retefuerte afuera, pero no vinimos por ningún pastel.
Muchacha 2: Sí, así es. ¿Tú no tendrás algo con lo cual podamos secarnos tantito? Estamos muy mojadas.
Antonio: Claro, claro. Pueden ir al baño. Allá hay suficiente papel para ambas.
Muchacha 1: ¿En serio nos prestas el baño, guapo?
Antonio: Por supuesto, adelante. Están como en su casa.
Las dos muchachas rieron de forma divertida entre sí y se dirigen al baño de mujeres. Antonio les sonríe fascinado y camina detrás de ellas, pero Lisandro lo detiene pellizcándolo de una oreja.
Lisandro: ¡Óyeme, óyeme! Espérate un tantito.
Antonio: (adolorido) ¡Auch! ¿Qué te pasa?
Lisandro: ¿Tú a dónde ibas con esas mujeres?
Antonio: ¿Qué te importa?
Lisandro: Me importa porque eres el dueño y no te puedes andar metiendo al baño con tus clientas. ¿Qué clase de imagen le vas a dejar a Antique Amor?
Antonio: (molesto) Ese es mi problema. Primero que todo, te prohíbo que vuelvas a tomarme de ese modo y segundo no te metas en mi vida. ¿Quién te ha dado ese permiso?
Lisandro: Tienes razón. Nadie me lo ha dado. Yo sólo quiero que no pierdas tu dignidad, pero por lo visto eso a ti no te importa y yo tampoco voy a ganarme nada tratando de que te conviertas en una persona madura.
Antonio: ¿Es verdad sólo quieres eso o estás celoso porque le coqueteé a esas chicas lindas?
Lisandro: (mintiendo) No, ya ves que no. Únicamente quiero que recuperemos nuestra amistad, Antonio y que olvidemos todo lo que pasó. ¿Por qué te es tan difícil comprenderlo?
Antonio: Entiende algo, si te empleé en Antique Amor fue por la presión que tenía encima sabiendo que Marina ya tenía un motivo para cerrarla y lo que no quiero es que malinterpretes las cosas. Nuestra relación es únicamente laboral y allá tú si quieres algo más.
Lisandro: (desilusionado) Sí, es verdad. Perdona. De todas maneras, esta es tu pastelería y puedes hacer lo que se te venga en gana y ahora que estamos hablando te pido un permiso para tomar aire. Me siento un poco sofocado.
Antonio: ¿Tomar aire dónde? ¿Que no ves que está lloviendo?
Lisandro: (histérico) ¡No me importa si está lloviendo!
Antonio se sorprende por la forma en que le ha hablado.
Lisandro: (reacciona) Eh, perdón, no quería gritarte. Estoy como un poco ansioso. ¿Ves? Necesito respirar.
Lisandro le sonríe forzado a Antonio y sale caminando rápido de la pastelería en medio de la lluvia. El chico rompe a llorar y habla en voz baja muy enojado.
Lisandro: ¡Como te quisiera odiar, Antonio! ¡Me gustaría odiarte y no quererte como te quiero!
Antonio se asoma por la ventana de la pastelería y mira a Lisandro con algo de lástima.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / DÍA
Natasha se alista para salir, pero justo en ese momento una llamada entra a su celular y ve que es un número desconocido.

Natasha: (contestando) ¿Bueno?
NUEVA YORK

INT. / CAFETERÍA / DÍA
De forma simultánea, se puede ver a Victoria en el interior de una cafetería elegante. Está sentada en una mesa, usa gafas de sol y un sombrero acorde a su edad. Ella es la persona que ha llamado a Natasha.

Victoria: Un gusto hablar contigo, muchacha.
Las escenas de ambas se intercalan a medida que hablan
Natasha: (extrañada) ¿Quién habla?
Victoria: Me presento. Mi nombre es Victoria Maldonado de Villegas. Tú eres Natasha Méndez, ¿no es así?
Natasha: Sí, señora. Discúlpeme, pero ¿nos conocemos de algún sitio?
Victoria: No, aunque yo sí te conozco a ti más de lo que crees.
Natasha: ¿Qué quiere decir?
Victoria: Estoy al tanto de tu vida, muchachita. Gracias a que me contacté con Edgar, el director de tu agencia, sé todo sobre ti e incluso sobre tu padre, el enfermo que tienes en un asilo.
Natasha: (asustada) ¿Es una broma?
Victoria: En absoluto lo es. Verás, Natasha. Luego de buscar insistentemente en una agencia de modelos, me encontré con tus fotografías y tu perfil.
Natasha: ¿Por qué? ¿Qué quiere de mí?
Victoria: Vivo en Nueva York, pero necesito encargarle a alguien un “trabajito” en México y debe ser una modelo hermosa y joven como tú quien lo haga. Cuando te elegí a ti, el director de la agencia me dijo que te corrió, lo cual es muy malo para ti porque ahora no tienes cómo pagar el costoso asilo en que está internado tu padre.
Natasha: Es mi vida y la verdad no entiendo nada. ¿Qué clase de vieja loca es usted? ¿Qué busca?
Victoria: Muy fácil. Puedo compensarte muy bien si realizas el trabajo que necesito. Con eso podrás seguir pagando el asilo de tu padre sin ningún problema.
Victoria sonríe con malicia.
INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE
La pastelería está cerrada y se ve a Lisandro vestido con su ropa común listo para irse. Valentín ya se ha ido. Antonio sale de la cocina, también vestido en ropa casual y apaga las luces, sin embargo, ve cómo Lisandro sale indiferentemente sin dirigirle la palabra.


Antonio: ¡Oye, Lisandro! Espera un momento (Lo alcanza).
Lisandro: (indiferente) ¿Qué quieres? Ya mi horario de trabajo terminó y me debo ir.
Antonio: Yo sólo quería preguntarte si… Todo anda bien entre nosotros dos. Es que hoy te vi llorando afuera y quería disculparme porque acepto que fui un poco duro contigo y esa no es la manera de comenzar una buena relación laboral.
Lisandro: No te preocupes. No niego que las palabras que me dijiste me hirieron, pero si te preocupa que esté enojado contigo, pues no lo estoy, además he pensado mucho todo el día y creo que lo único que debería unirnos es la relación laboral que dices.
Antonio: Entonces, ¿no te importa?
Lisandro: (serio) No, ya no me importa y no creo que vaya a importarme. Lo que sí me importa es tener trabajo para poder sobrellevar una vida normal en esta ciudad y ayudarle a Marina con los gastos, y hablando de ella mejor me voy. No quiero llegar tarde para la cena.
Lisandro se va algo triste de la pastelería y toma un autobús. Antonio se queda mirándolo y echa llave a la puerta. Cuando estaba dispuesto a irse, choca con una hermosa mujer, que usa un vestido rojo cinco centímetros arriba de la rodilla. Antonio sonriente la mira de abajo hacia arriba. Es nada más y nada menos que Natasha.

Natasha: (apenada) Ay, discúlpame. No me fijaba por dónde iba. ¿Te encuentras bien?
Antonio: (impresionado por ella) Sí, claro. Discúlpame tú a mí, preciosa. El que andaba en las nubes era yo. Estaba distraído.
Natasha: Tú debes ser el dueño de esta pastelería, ¿no? Hoy te vi en la sección de consumo del periódico.
Antonio: Sí, soy yo. Antonio Guzmán. ¿Cuál es tu nombre?
Natasha: Me llamo Natasha Méndez (Estrechan la mano para presentarse sonriéndose).
Antonio: (sorprendido) ¿Natasha Méndez? ¡Pero claro! Yo te conozco o bueno, quiero decir, de la televisión y las noticias. Eres modelo, ¿no? Hace poco saliste en la portada de una revista..
Natasha: ¡Vaya! Me da mucha alegría que la gente se sorprenda de esa manera al verme.
Antonio: ¿Cómo no me voy a sorprender? Tienes una belleza sin igual, digna de ganar un concurso de belleza.
Natasha: (riendo coqueta) Gracias, pero he decidido alejarme un poco del modelaje.
Antonio: (extrañado) ¿Por qué si eres genial en lo que haces?
Natasha: Preferiría reservarme los motivos. Yo solo venía a comprar el pastel de doble cubierta de crema que están promocionando, pero al parecer tendré que venir mañana.
Antonio: Claro que no. No te preocupes. Espera abro la pastelería y te lo vendo o mejor te lo regalo.
Natasha: No, no te molestes, Antonio. Se me ocurre algo mejor. ¿Por qué no me acompañas a tomarme un trago? Y por favor no rechaces la invitación. En verdad necesito uno y estar acompañada de un hombre tan caballeroso y atractivo como tú. ¿Qué dices? ¿Me acompañas?
Antonio: (emocionado) Por supuesto. A una mujer como tú no se le negaría nada (Mirándola fascinado).
Natasha: Gracias. ¿Qué tal si tomamos un taxi? Conozco un buen lugar al que podemos ir.
Antonio: Sale, vamos.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Más tarde, Lisandro llega al departamento y cuando abre la puerta, se sorprende al ver a Marina saliendo de su cuarto vestida de una manera muy juvenil, con el cabello alisado, el maquillaje un poco extravagante, falda corta y una blusa escotada. Luce diferente a la joven organizada, culta y poco agraciada de siempre.


Lisandro: (impactado) Marina. ¿Qué te pasó?
Marina: ¡Lisandro! No te oí llegar (Se para frente a un espejo al tiempo que se peina). Lamento que no hayas encontrado la cena servida, pero decidí que fuéramos a comer a otro lugar que se ajuste más a nuestra edad.
Lisandro: (confundido) ¿A nuestra edad? Marina no entiendo nada de lo que me estás hablando y, para empezar, ¿qué haces vestida así?
Marina: ¿Te acuerdas de lo que hablamos anoche? Pues bueno. Decidí que ya no puedo permitir que el trabajo me robe mi vida, mi juventud. Decidí ser otra y voy a aprovechar mi vida al máximo.
Lisandro: Hoy no creo que sea un buen día para ir de fiesta. Mejor el fin de semana, ¿no?
Marina: Ay Lisandro. Eso no importa. Apúrate. Vamos a divertirnos como los jóvenes que aún somos.
Lisandro: (suspirando resignado) Está bien. Que conste que solo te acompaño para no dejarte sola.
Marina toma su bolso de cuero y a Lisandro lo jala de un brazo forzadamente. Él cierra la puerta.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Antonio y Natasha llegan a una concurrida disco de la ciudad. La música se escucha a todo volumen y hay varios jóvenes bailando al ritmo de la misma. Los dos hablan en un tono de voz más alto para poderse escuchar.


Antonio: ¡Órale, Natasha! A mí jamás se hubiera pasado por la cabeza que una persona de tu clase frecuentara estos lugares.
Natasha: Ya ves. Me encanta divertirme y relajarme siempre que puedo, y hoy decidí que es la noche perfecta para hacerlo.
Antonio: Bueno, ¿qué quieres tomar?
En ese mismo instante, Lisandro y Marina también llegan a la misma. Marina alza los brazos y grita eufórica:


Marina: ¡Uh! ¡Vamos, Lisandro! ¡Múevete!
Lisandro: (incómodo) ¿Marina, estás segura que quieres quedarte en este lugar?
Marina: ¡Como nunca! Y ya no hagas más preguntas tontas que esto era exactamente lo que necesitaba ¡Ven!
Marina toma a Lisandro de la mano para adentrarlo más a la discoteca repleta de personas bailando y bebiendo licor en medio de las luces color neón. Repentinamente, Lisandro ve a Antonio de lejos, besarse con Natasha cerca de la barra.
Lisandro: (asombrado) No puede ese. Ese… ese es Antonio besuqueándose con una mujer.
Marina se extraña al ver a Lisandro tan distraído.
Marina: ¿Qué pasa, Lisandro? Tienes una cara. Parece que hubieras visto un fantasma.
Lisandro: (reaccionado) Disculpa, Marina. Es sólo que me quedé muy sorprendido. Antonio también está aquí.
Marina: (mirando a su alrededor) ¿Dónde? No lo veo.
Lisandro: Mira, allí.
Lisandro le señala a Marina hacia la barra en donde, en efecto, se encuentra Antonio besándose con Natasha. Los dos parecen disfrutarlo bastante,
Lisandro: Está con una mujer besuqueándose. Es increíble. ¿Cómo se atreve? (Celoso)
Marina: (desconcertada) Mira, Lisandro. La verdad no entiendo qué nos importa si Antonio está aquí con una mujer. Total, él siempre ha sido así de perro y mujeriego. No debería extrañarte ya que fuiste tan amigo de él en Nueva York.
Lisandro: Es que, si estuvieras en mi lugar, me entenderías, pero, ¿sabes qué? Dejémoslo, no me importa. Que haga lo que se le venga en gana. Vamos a demostrarle que nosotros también tenemos vida.
Marina: (sonriendo) ¡Así se habla Lisandro! ¡Ven! Vamos a tomar algo...
Entretanto, en la parte de la discoteca en la que se encuentran Antonio y Natasha, ambos continúan besándose, pero en un momento dado se apartan. Antonio sonríe y suspira como si estuviera sin aire después de aquellos besos.
Antonio: ¡Uf! Lo siento, Natasha, yo…
Natasha pone su dedo índice sensualmente en los labios de Antonio indicándole que guarde silencio.
Natasha: ¡Shh! Tú no tienes que sentirlo, Antonio. Para serte sincera, me gustas demasiado y un beso es normal cuando entre dos personas como nosotros hay química.
Antonio: Bueno. Voy a pedir algo de tomar. ¿Qué quieres que te traiga?
Natasha: Tequila estaría bien.
Antonio: Dale, ya vuelvo.
Antonio se retira y allí mismo en la barra pide el tequila para Natasha como para él. El barman sirve en dos copas y justo cuando Antonio se da la vuelta, tropieza accidentalmente con Lisandro, quien hablaba muy entretenido con Marina, al punto de derrama el tequila de las copa sobre su camiseta.



Lisandro: (fingiendo pena) ¡Antonio! Ay, lo siento muchísimo, no te vi…
Antonio: (molesto) Me doy cuenta. ¿Qué hacen aquí? No me esperaba que asistieran a este tipo de lugares.
Lisandro: Tenemos derecho a venir, ¿no? Marina y yo solo queremos pasar una noche divertida para disfrutar de nuestros mejores años.
Marina: (indiferente) Así es. Tú en cambio no cambias nada. Deberías considerar mudarte a una discoteca. Después de todo siempre has sido un vulgar alcohólico.
Antonio: Te equivocas, Marinita (Mirándola con los ojos entrecerrados). Me divierto que es diferente y no me quedo amargado como otras.
Marina: (ofendida) ¿Te refieres a alguien en especial?
Lisandro: (interviniendo) Bueno, no vamos a discutir aquí. Marina, ¿por qué no vamos a una mesa? Dejemos a Antonio que parece estar tan entretenido con su nueva e íntima amiga.
De repente, Natasha se acerca a los tres y pone sus manos de forma delicada en la espalda de Antonio.

Natasha: ¿Por qué te demoras tanto con las bebidas?
Antonio: Disculpa, Natasha. Ya iba para allá cuando me crucé con ellos y por accidente las derramé.
Natasha: Ya veo. ¿No me los va a presentar? Parecen ser conocidos.
Natasha le extiende su mano a Lisandro y a Marina para presentarse.
Natasha: Mucho gusto, chicos
Ellos le corresponden el saludo, aunque Lisandro lo hace mirándola con suspicacia.
Natasha: Mi nombre es Natasha Méndez.
Marina: Yo te he visto en televisión y en revistas. Eres modelo, ¿no?
Natasha (riendo levemente) Sí, aunque por ahora estoy retirada de los medios y quiero dedicarme a mi vida. La verdad es que ya estoy harta de que cuando salga a la calle todo el mundo me señale. Me siento medio asfixiada.
Marina: Es un placer conocerte. Yo me llamo Marina Linares, soy inspectora comercial.
Natasha: (sonriendo) ¿Qué hay de ti, precioso? ¿No piensas presentarte? (Le pregunta a Lisandro)
Lisandro: Claro, disculpa. Me llamo Lisandro... Lisandro Villegas. Hace como una semana llegué aquí a la capital. En este momento soy mesero en la pastelería de Antonio, a quien veo que tú también conoces muy bien.
Natasha: Bueno, ni tanto, apenas nos conocimos esta noche también y ahora que recuerdo, también te vi en el artículo del periódico. ¡Eres tan tierno! Pareces un sol (Habla hipócritamente).
Lisandro: (poco convencido) Muchas gracias. Entonces, ¿apenas conociste a Antonio esta noche?
Natasha: Sí. Fui a la pastelería para comprar el nuevo pastel que están promocionando y me tropecé con Antonio justo cuando estaba cerrando, así que le propuse que me acompañara a tomar algo. Me pareció un hombre sumamente interesante.
Lisandro: (muy celoso) Hum, entiendo. Muy seguramente él también debe estar fascinado por ti.
Antonio: (molesto) ¡Oye!
Natasha: (riendo) Ay, Antonio, no le digas nada. Bueno, ¿qué les parece si nos sentamos juntos en la misma mesa? Podemos divertirnos el doble así, ¿no creen?
Marina: Pues a mí me parece una idea espectacular. ¿Tú qué dices, Lisandro?
Lisandro: Bueno, sí, no sería mala idea que compartamos juntos.
Antonio: Está bien. ¿Qué quieren tomar?
Marina: Yo pago por lo mío y lo de Lisandro. No quiero que tú nos invites, sin embargo, puedes pagar con tu dinero y cuando nos vayamos te lo devuelvo, ¿bueno?
Antonio: Como digas.
Marina: Tráeme una cerveza.
Antonio: ¿Y tú, Lisandro? ¿Qué quieres?
Lisandro: Un refresco de esos gaseosos estaría bien. Yo no tomo mucho de todas formas.
Antonio: Muy bien. Ven conmigo y dejemos que las chicas se adelanten. Necesito que me ayudes a llevar las bebidas.
Natasha: Ok, nosotras los esperamos allí. No se tarden, eh.
Natasha y Marina se van juntas a ocupar una mesa, dejando solos a Antonio y Lisandro. El primero toma de forma brusca a Lisandro de un brazo y lo mira molesto.
Antonio: Ahora mismo me vas a decir qué demonios pretendes.
Lisandro: ¡Oye! (Se suelta) Podrás ser mi jefe, pero eso no te da el derecho de que me tomes de esa forma.
Antonio: Bueno, ya que no te puedo tocar, entonces respóndeme lo que te pregunté.
Lisandro: (indiferente) No sé a qué te refieres.
Antonio: Tú lo sabes muy bien. Me estás siguiendo. Viniste aquí con Marina para hacerme creer que fue un encuentro casual, ¿no? ¡Responde!
Lisandro: ¿De dónde sacas semejantes ideas? Se supone que nuestra relación es estrictamente laboral y por eso no deberías tomarte estas confianzas conmigo. Si no crees en las casualidades, pues allá tú. No tengo porqué darte explicaciones.
Antonio: (sarcástico) Sí, ¿cómo no? Ya te creí que todo es una casualidad.
Lisandro: Lo es. Vine aquí con Marina solo por esa idea que se le metió en la cabeza de recuperar los años que el trabajo le ha robado. Todo esto es una casualidad como ves. ¿Por qué debería estar siguiéndote?
Antonio: No lo sé. ¡Pero en fin! Lo único que te pido en este momento más que nunca es que no me arruines la noche con Natasha. Tú no entiendes lo importante que es para mí que esa mujer se esté fijando en mí.
Lisandro: (serio) Interés, ¿verdad? Tal y como pasó con Marina cuándo llegaste a esta ciudad. Era importante para ti porque ella se mataba todos los días trabajando para sostenerte y ahora yo te pregunto, ¿cuál es el beneficio que te trae estar cerca de una mujer famosa como esa?
Antonio: ¿De qué beneficios hablas? Estás loco. Ella simplemente me gusta, me encanta y quiero pasar la noche con ella. Tiene un cuerpazo y unos pechos que…
Lisandro: ¡Bueno, ya! No tienes que decir esas cosas delante de mí. Ese no es otro más que de tus intereses. La quieres llevar a la cama sólo para quitarte las ganas y no te imaginas la tristeza que siento al ver que sigues siendo el mismo, que no cambias y que no tienes remedio.
Lisandro se retira lanzándole una mirada fulminante a Antonio, pero este último corre tras él para retenerlo en medio de las personas de la discoteca bailando.
Antonio: ¡Lisandro, espera! ¡Lisandro!
Lisandro: Déjame, Antonio. Ahórrate tus excusas.
Antonio: Yo sólo quiero explicarte todo. Las cosas no son así como dices.
Lisandro: ¿Ah no? ¿Entonces cómo son? Si pretendes convencerme de lo que no es, déjame decirte que no lo vas a lograr. Mejor haz lo que quieras, no me importa. El día en que te des cuenta de cuál es el verdadero valor de estar rodeado de personas que te aman ya será muy tarde.
Lisandro se retiró molesto de la presencia de Antonio. Él se queda gritándole.
Antonio: ¡Vuelve aquí! Necesito que me ayudes a llevar las bebidas. ¡Lisandro!
CONTINUARÁ…
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