Capítulo 6: Amigos con derechos
Lisandro está sentado en una mesa, cruzado de brazos, algo pensativo mientras ve y escucha a Marina y Natasha platicar amenamente. En eso Antonio llega cargando las bebidas para todos con algo de dificultad, puesto que son muchas.




Antonio: Aquí tienen (Pone las bebidas sobre la mesa con cuidado).
Natasha: ¡Qué lindo eres, Antonio! Muy caballeroso de tu parte. Justo hablábamos antes de que llegaras sobre tu pastelería.
Antonio: (incómoda) Me imagino que Marina te habrá ya contado mucho sobre ella.
Marina: Yo sólo le he dicho la verdad. Es una pastelería equis, básica, poco novedosa. Lo único bueno que han vendido desde que abrió es el bendito pastel ese de doble cubierta de crema.
Antonio: (susurrando) ¡Qué perra! Qué suerte la mía venir a encontrarla aquí.
Marina: ¿Decías algo, Antonio?
Antonio: ¡Ah, no! ¡Yo nada! (Se sienta haciendo mala cara).
Marina: En fin. Mejor no sigamos hablando de eso. Estamos aquí para divertirnos y no para hablar de asuntos del trabajo. Quiero que esta noche sea estupenda.
Natasha: Así se habla, Marina. Como también hablábamos antes de que Antonio llegara, la vida hay que disfrutarla al máximo, así que brindemos por eso.
Natasha toma su copa y la alza. Marina se ríe, toma su cerveza y también la alza
Marina: (emocionada) ¡Por una vida nueva!
Natasha: ¡Salud!
Las dos mujeres se toman cada una sus respectivas bebidas. Lisandro observa aquello con desagrado.
Marina: (riendo) Hacía tanto tiempo no tomaba cerveza que ya hasta me había olvidado del sabor.
Natasha: Pero una cerveza no tiene ningún efecto, Marina. Es como tomar un refresco, así como Lisandro está haciendo. ¿Por qué mejor no mandamos a pedir una botella de tequila? Yo invito.
Marina: ¿Eso no es demasiado licor para una noche?
Natasha: ¡Claro que no! No seas pesada. Es justo lo que tú necesitas para que abras tus horizontes y experimentes cosas nuevas.
Lisandro: (susurrándole a Marina) Marina, no te dejas influenciar por esta mujer. La verdad no me da buena espina. Yo que tú iríamos a otro lugar.
Marina: No, Lisandro. Natasha tiene razón y yo no puedo seguir siendo la misma mujer amargada de siempre. He perdido mucho tiempo y a partir de esta noche quiero recuperarlo.
Lisandro: Escúchame, por favor. No es conveniente. Mañana debes trabajar.
Marina: ¡Pues que me esperen! Le he dedicado muchísimos años al trabajo y ya me cansé. El destino me puso esta noche a Natasha en mi camino para hacerme ver que hay momentos que no puedo dejar pasar desapercibidos.
Antonio: ¿Qué tanto hablan ustedes dos ahí? ¿Pasa algo?
Marina: No, nada, en especial. Tienes toda la razón, Natasha, pero que no sea una botella. ¡Que sean dos! Yo seré la que invite y pague por partida doble.
Natasha: (contenta) ¡Esa es la actitud, querida! ¡Así se habla! Bueno, Antonio, ya escuchaste a Marina. Ve por dos botellas de tequila, ¿sí? (Le guiña el ojo de forma sensual).
Antonio: Está bien, no me tardo.
Antonio se levanta para ir por el pedido de las mujeres. Lisandro niega indignado con la cabeza; parece que sospechara algo de Natasha.
NUEVA YORK

INT. / CASA DE LOS VILLEGAS, DORMITORIO / NOCHE
Victoria se encuentra frente al espejo aplicándose un producto cosmético en el rostro. Está en bata y se ve pensativa.

Victoria: Esta misma noche Natasha debe haber empezado el plan para seducir al imbécil repostero ese de Antonio Guzmán. Me voy a encargar de que Lisandro no tenga oportunidad de fijarse en él y lo termine odiando.
La anciana sonríe con malicia, se aparta del espejo y mira al vacío.
Victoria: Luego, lo voy a casar a la fuerza y así tendré la oportunidad de forjarme la riqueza con la que siempre soñé; el imperio que el tonto de mi hijo no pudo lograr por casarse con aquella pordiosera.
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / DISCOTECA / NOCHE
Es tarde ya. Tanto Marina como Natasha han bebido desde hace rato sin parar. Las dos ríen muy simpáticas, producto de la embriaguez.




Natasha: Qué padre fue haberte conocido, Marina. Creo que vamos a ser muy buenas amigas de ahora en adelante.
Marina: (riendo) Me encantaría. Tú no te imaginas las ganas que tenía de conocer a alguien, así como tú de bella y atractiva. Tienes que darme tus secretos.
Natasha: Bueno, que así sea. Otro brindis por esa amistad que apenas comienza.
Las dos alzan sus respectivas copas de tequila, hacen el brindis y toman todo el licor de un solo sorbo. Lisandro se acerca a Antonio.
Lisandro: (susurrando) ¡Por favor detén a tu noviecita! Marina está muy borracha.
Antonio: No amargues el rato con tu envidia. Si ellas quieren divertirse, están en todo su derecho. Déjalas.
Lisandro: ¿Yo, envidia de esta mujer? Te pasas. ¿Por qué la habría de sentir?
Antonio: ¿Que acaso todos los gais no envidian mujeres exitosas y bellas como Natasha?
Lisandro: (ofendido) ¡Claro que no! Me ofendes al decirme eso. No todos somos así. ¿Y sabes qué? Lo mejor es que me vaya. No soporto más estar en este antro viendo semejante espectáculo.
Lisandro se levanta molesto de la mesa. Todos se extrañan.
Marina: (ebria) ¿Qué pasa, Lisandro? ¿Vas al baño?
Lisandro: No, Marina, me voy. Por favor, toma un taxi cuando salgas de aquí. Yo me iré de una vez para tu depa. Cualquier cosa me llamas y… (Mira muy seriamente a todos) Buenas noches (Se retira).
Marina: ¡Lisandro, espera! ¡No me dejes sola! ¡Yo tenía que confesarte al…!
Marina se detiene y se pone una mano en la boca.
Antonio: (extrañado) Marina, ¿estás bien?
Natasha: ¿Qué te ocurre, Marina?
De repente, Marina voltea la cabeza y empieza a vomitar de forma compulsiva. Antonio la mira con desagrado y Natasha le da palmaditas en la espalda.
Natasha: (preocupada) Ay Marina, cariño. No aguantas nada. Bebimos muy poco.
Antonio: Marina no está acostumbrada a embriagarse, Natasha. Me parece que es la primera vez.
Natasha: ¿En serio? Ay pobrecita ella. Mejor alcanza a Lisandro para que se la lleve.
Antonio suspira resignado y va por Lisandro para tratar de alcanzarlo antes de que se vaya. Marina tose y se limpia sus labios con la mano.
Marina: (hablando ebria) Como que se me fue la mano tomando tanto. Veo todo dándome vueltas, pero se siente genial.
Marina se ríe y abraza a Natasha. Ella siente un poco de desagrado al sentirle el aliento del vómito hablándole tan de cerca.
Marina: Lo bueno es que al menos conocí una nueva amiga, je, je, je.
Natasha: (riendo incómoda) Sí, tienes razón. Esperemos que tu amigo vuelva por ti. Es tarde y tú ya estás muy tomada.
Marina: ¿Yo, tomada? Pero si la noche apenas empieza. Hagamos otro brindis tú y yo.
Marina sigue bebiendo. Natasha hace un gesto de desagrado. Por su parte, Lisandro va saliendo de la discoteca. Antonio logra alcanzarlo.
Antonio: ¡Oye, Lisandro! Espérate.
Lisandro: Déjame. Me quiero ir (Sigue caminando y lo ignora).
Antonio: Esto no se trata de mí. Tienes que regresar. Marina….
Lisandro: Ya, déjame de seguir. Es mi problema.
En ese momento Lisandro tropieza con un hombre corpulento que hablaba con una muchacha, haciéndole derramar la bebida alcohólica que estaba tomando sobre la camiseta.
El hombre: (furioso) ¡Oye, pendejo! ¿Por qué no te fijas por donde caminas? ¿Quién demonios te has creído para venir a avergonzarme delante de una mujer?
Lisandro: (apenado) Ay, señor, mil perdones. Iba medio distraído, pero no fue mi intención. Se lo juro.
El hombre: ¡Cállate! (Toma a Lisandro de la camisa). Este error te va costar muy caro, maricón porque eso se nota que eres. Un maricón.
Lisandro: (ofendido) Óigame, óigame, yo no le he ofendido a usted y ya le pedí disculpas. ¿O es que tengo que hablar en otro idioma para que entienda? Per-don (Pronuncia por sílabas).
El hombre: Tú a mi discoteca no vienes a hablarme de esa manera, idiota. Te voy a enseñar a respetar.
El hombre le propina un brutal golpe a Lisandro en el rostro. Éste va a caer justo en la barra y Antonio se acerca a él, preocupado. Las personas que bailan alrededor ven el problema.
Antonio: ¡Lisandro! ¿Estás bien?
Lisandro: (adolorido) Sí, no te preocupes.
Antonio: (al hombre) Oye, bro. Él sólo se tropezó contigo por accidente. No hay necesidad de golpes. ¿Quién te has creído?
El hombre: ¿Y tú quién eres, carnal? ¿Su novio? (Le sonríe con burla).
Lisandro: Déjalo, Antonio. Por favor no te metas en esto.
Antonio: (ofendido) ¡Pues no! Yo no dejo las cosas así y menos con un abusivo como este.
El hombre: ¿Ah sí? ¿Qué me vas a hacer entonces? Ven, éntrale, a ver si te las vas a dar de macho.
Natasha aparece en ese momento, acompañada de Marina, quien está sumamente ebria y apoyándose en el hombro de la primera.


Natasha: (desconcertada) ¿Qué está pasando aquí, Antonio?
Lisandro: (desesperado) Antonio, por favor vámonos. No causemos un problema mayor. Yo no soportaría que… algo malo te pasara. Vámonos.
El hombre: (a Antonio) Mejor hazle caso a tu noviecito. Enfrentarte conmigo no es una opción y ya váyanse los dos tranquilos como el par de muñecas que son, tomadas de la mano.
Antonio: (furioso) ¡Desgraciado!
Antonio se abalanza contra el hombre pegándole un puñetazo en el rostro.
Lisandro: (preocupado) ¡Antonio, no!
El sujeto no se queda quieto y, por el contrario, le devuelve el puño a Antonio con más intensidad. Luego lo toma de la camisa para lanzarlo al piso y comienza a patearlo sin parar.
INT. / HOSPITAL, SALA DE CUIDADOS INTENSIVOS / NOCHE
Lisandro se encuentra sentado en la sala de espera cuando ve venir a Antonio. Éste tiene un ojo morado y varias banditas curativas pegadas en el rostro por las heridas que le dejó la golpiza del sujeto de la discoteca.


Lisandro: (levantándose) ¡Antonio!
Lisandro lo toca por accidente en las costillas.
Antonio: (adolorido) ¡Auch!
Lisandro: (apenado) Lo siento. ¿Cómo estás? ¿Qué te dijeron?
Antonio: Estoy bien y no me dijeron nada, sólo me pusieron curitas en toda la cara. ¿Cómo están las chicas?
Lisandro: Bien, acabé de llamar un taxi y de seguro deben estar dormidas. Discúlpame por lo que pasó. Debí escucharte cuando me estabas llamando y así no habría pasado nada de esto.
Antonio: Esto no fue culpa de nadie, Lisandro. Aquí quién tiene la culpa de todo lo que pasó es ese desgraciado del antro. Mejor dejemos a un lado el tema y vámonos. Es bastante tarde.
Lisandro: (sonriendo levemente) Sí, tienes razón.
Los dos se apresuran a salir del hospital.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, DORMITORIO / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día en la ciudad. Natasha está apenas despertando sobre su cama, también sintiendo algo de resaca y perturbada por el ruido de la ducha que viene desde el baño.

Natasha: ¡Ay Dios! ¿De qué manera bebí anoche? Ah, pero qué importa. Debo procurar ser simpática para que se fíen de mí. Todo sea por mi papá (Se toca la cabeza).
De repente, Antonio sale del baño semidesnudo, cubriendo su cuerpo con una toalla del torso para abajo y secando su cabello con otra.

Antonio: (avergonzado) ¡Natasha!
Natasha: Buenos días, Antonio.
Antonio: Buenos días. Siento haber utilizado tu baño. Es que…
Natasha: (mirándolo provocativa) Ah, no te preocupes. Yo sé que tienes que ir a abrir Antique Amor y necesitas ducharte.
Antonio: Sí, tengo la costumbre de abrir todos los días mi pastelería, así llueve, truene o relampaguee, sin importar el día que vayas encontrarás Antique Amor abierta.
Natasha se levanta de la cama mirándolo de forma sensual. Antonio se pone un poco nervioso al tenerla tan cerca.
Natasha: Muy bien. Un día de estos voy a comprobar si lo que me dices es cierto, pero cambiando de tema, ¿sabías que tienes un cuerpo perfecto para ser la portada de una famosa revista como modelo masculino? (Pasa la mano por el pecho de él).
Antonio: (riendo tímido) ¿Tú crees?
Natasha: Por supuesto. ¿Cuál es tu secreto para mantenerte en forma?
Antonio: Practicaba ejercicio y entrenaba en el gimnasio hace años cuando vivía en Nueva York, aunque te confieso que hace mucho lo dejé y ahora solo trato de ir al parque una vez a la semana.
Natasha: ¡Qué interesante! ¿Y también sabías que te ves sumamente deseable acabado de salir de la ducha?
Natasha acaricia el rostro de Antonio y baja su mano por el pecho de él. Incluso, se le acerca a tal punto de que ambos pueden escuchar su respiración.
Antonio: (nervioso) Natasha, yo…
Natasha comienza a besar su cuello y hombros. Antonio empieza a respirar agitado.
Natasha: ¿Qué pasa? ¿Acaso no te gusto?
Antonio: Claro, me encantas, me fascinas. Eres una mujer preciosa, pero de seguro mis empleados deben estar por llegar y no quiero hacerlos esperar.
Natasha: Ellos pueden esperar por un día. ¿Por qué mejor no me besas y te olvidas un momento de Antique Amor? Mira que anoche me quedé con ganas de algo más contigo y hace mucho que ningún hombre me toca.
Natasha acerca sus labios a los de Antonio, por lo que él no duda en corresponderle. Los dos se funden en un beso apasionado y ella no tarda en quitarle la toalla que lo cubre quedando completamente desnudo. Antonio la toma entre sus brazos, le quita el pijama, quedando ella en ropa interior y se dirigen hacia la cama en donde se disponen a tener intimidad.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / DÍA
Marina sale de su habitación en pijama al tiempo que se lleva una mano a la cabeza debido a la fuerte resaca que siente. Lisandro está en la cocina lavando los platos.


Lisandro: (sarcástica) Hoy por lo visto la retrasada eres tú.
Marina: Lo que menos necesito ahora es un regaño, Lisandro. Tengo un dolor de cabeza que me está matando. Creo que hoy no podré ir a trabajar.
Lisandro: (sonriendo) Pues por suerte, yo ya tenía preparado un caldo de pollo.
Lisandro lleva a la mesa un plato en el que ha servido un buen caldo del cual sale humo, indicando que aún está caliente.
Lisandro: Ven, siéntate. Te va a sentar muy bien.
Marina: (sentándose) ¡Huele delicioso! No sabía que cocinaras tan bien. ¿Dónde lo aprendiste?
Lisandro: (nostálgico) Mi abuela Victoria me enseñó cuando vivía en Nueva York. De hecho, me enseñó muchas recetas más que luego te las enseño a ti. Por el momento debo irme a trabajar.
Marina: Lisandro, antes de que te vayas, quería preguntarte algo.
Lisandro: Claro, dime, adelante.
Marina: ¿Qué dije o hice exactamente anoche? Por favor, necesito que me respondas la verdad. Ni una sola mentira.
Lisandro: Bueno, nada en especial además de beber como mecánico y vomitar desde que salimos del antro hasta que llegamos acá. Hasta vomitaste en el taxi (Burlándose).
Marina: (apenada) ¡Ay no! ¡Qué vergüenza! En verdad lo lamento muchísimo, Lisandro. Tú más que nadie sabías que mi propósito era solo divertirme un poco, salir de la rutina y lo peor de todo es que tú me lo advertiste y no te escuché. Mira nada más como terminé.
Lisandro: Está bien. No te preocupes. Tú no deberías ser quién se avergüence de lo que hizo anoche. La que debe realmente debería avergonzarse es esa tal Natasha Méndez, que siendo una mujer tan importante bebió como una total salvaje.
Marina: (extrañada) ¿Te cayó mal ella?
Lisandro: Para serte sincero sí. Es una presumida y una creída, pero bueno. Como te dije ya debo irme a trabajar. Cualquier cosa me llamas al celular. ¿Ok?
Marina: Sí, claro. Ten un buen día.
Lisandro le sonríe a Marina y se va para la pastelería.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, DORMITORIO / DÍA
Antonio está terminando de vestirse luego de haber tenido intimidad con Natasha. Ésta duerme desnuda plácidamente sobre la cama, cubierta por las sábanas.


Antonio: (suspirando) Mejor la dejo dormir. No quiero despertarla y ya me debo ir.
El hombre sale del dormitorio. Una vez a solas, Natasha abre los ojos y sonríe con burla.
Natasha: ¡Idiota!
La hermosa modelo se recuesta sobre la cama y se cubre el busto con las sábanas.
Natasha: Debo reconocer que, aunque esto que estoy haciendo no está bien, prefiero mil veces acostarme con Antonio que está como quiere a tener que acostarme por obligación con el puerco director ese de la agencia.
EXT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Lisandro espera con Valentín afuera de la pastelería, que está cerrada. El primero se cruza de brazos y se ve impaciente.


Lisandro: Llevamos casi dos horas esperando aquí fuera, Valentín. ¿Estás seguro que Antonio abre la pastelería los sábados?
Valentín: Sí, Lisandro. El patrón es muy complicado y la verdad es raro porque él siempre es el primero en llegar.
Lisandro: Pues esto sí que es extraño. Es cierto que anoche estuvimos despiertos hasta tarde que fuimos a un antro, pero él no bebió absolutamente nada, Valentín. ¿Qué tal si le pasó algo? (Preocupado)
En ese momento Antonio llega finalmente a la pastelería de buen humor. Lisandro suelta un suspiro de alivio.

Lisandro: ¡Antonio! ¡Por fin llegas! ¿Dónde te habías metido? Llevamos esperándote aquí desde hace rato.
Antonio: Ahora no estoy para tus reclamos Lisandro (Saca las llaves de la puerta de su pantalón). Vengo de muy buen humor, y, además, ¿quién te ha dado el derecho de reclamarle a tu jefe?
Lisandro: ¡Eres un descarado! Nos hubieras dicho que abrirías tarde hoy. Llevamos mucho tiempo aquí y que lo niegue Valentín si estoy mintiendo.
Valentín: Lisandro tiene razón, señor. Es mucho el tiempo que llevamos esperándolo
Antonio: (exasperado) ¡Está bien, está bien! De acuerdo. Llegué tarde, los hice esperar, lo siento mucho y estoy muy arrepentido (Habla con ironía). Ahora que la abrí en vez de ponerse a reclamarme, ocúpense de ir a vestirse con su uniforme y trabajar porque para eso vinieron, ¿no?
Antonio abre la pastelería y se dirige a la cocina algo molesto.
Lisandro: (molesto) ¡Es un grosero y un cínico! Mira que tratarnos a nosotros sus empleados así.
Valentín: Lo mejor es obedecerlo. Ya lo oíste y hay que ponernos a trabajar.
Valentín también entra a la pastelería. Lisandro no ve de otra que entrar tras él algo indispuesto por la actitud chocante y pesada de Antonio. Más tarde, se puede ver a Natasha frente a Antique Amor, escondida tras un poste de luz y con unos lentes de sol puestos, hablando por celular con Victoria Maldonado.

Natasha: (exasperada) ¿Para qué me está llamando? (Hace una pausa). Sí, lo sé. Me ha repetido mil veces la misma cosa. Yo sé muy bien lo que tengo que hacer.
NUEVA YORK

INT. / CAFETERÍA / DÍA
Victoria, por su parte, se encuentra en una distinguida cafetería de la ciudad, también hablando por celular. Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

Victoria: Más te vale, muchacha. Quiero que te le metas por los ojos y engatuses a ese imbécil de Antonio para que Lisandro se decepcione de él a tal punto que lo odie. No quiero errores.
Natasha: Tranquila. Estoy haciendo tan bien mi trabajo que esta mañana me acosté con él y ahorita mismo estoy al frente de la pastelería. Me desea tanto que dudo mucho que me niegue el trabajo.
Victoria: (sonriendo con malicia) Excelente, me da gusto escuchar eso porque de esa manera te podrás infiltrar allá y mantenerme al tanto de la vida de mi nieto. Quiero todo con detalle. ¿Entendido?
Natasha: Así será, doña Victoria. No voy a permitir que Lisandro se acerque a él. Cualquier cosa, la estaré llamando a notificarle.
Natasha cuelga el celular y cruza la calle para dirigirse a Antique Amor.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Entretanto, en el interior de la pastelería, Lisandro toma la orden de una pareja de ancianos en una mesa y en eso, ve a Natasha cruzar la puerta del local. El chico se extraña y se sorprende, por lo que se le acerca.


Lisandro: Natasha. ¿Qué estás haciendo aquí?
Natasha: Hola, Lisandro, ¿no crees que primero se saluda? (Le sonríe con hipocresía).
Lisandro: (con suspicacia) Creo haberte hecho una pregunta.
Natasha: ¡Qué prevenido! Vine solo a ver a mi novio. ¿Qué acaso no puedo?
Lisandro: (impactado) ¿Tu… tu novio? ¿Antonio y tú son novios?
Natasha: Bueno, tanto como novios, novios no. Digamos que amigos con derechos, pero por ahí vamos. Tú y él son amigos por lo que pude ver. Pensé que te lo había contado.
Lisandro: Para nada. No me lo dijo, pero no entiendo. Apenas se conocieron ayer.
Natasha: Los dos nos gustamos demasiado, Lisandro. Antonio es un hombre guapísimo y él tampoco me es indiferente que digamos, así que es lo normal cuando dos personas se gustan y hacen lo que hicimos él y yo esta mañana.
Lisandro: (muy decepcionado) Claro, con razón se tardó. Bueno, en ese caso, deberías esperar a que salga de la cocina. Justo ahorita anda muy ocupado cocinando pasteles y no es bueno que lo perturbes.
Natasha: (quitándose los lentes de sol) No quisiera ser grosera contigo, pero honestamente lo que tú digas me importa muy poco.
Lisandro se sorprende por su actitud y la mira molesto.
Natasha: Antonio puede estar ocupado, pero siempre tendrá un espacio para darme el tiempo que me merezco. Dicho eso, te agradecería de mil amores que me dieras permiso. Tengo que hablar algo muy seriamente con él.
Pero antes de que Lisandro le cediera el paso a Natasha, Antonio sale de la cocina limpiándose las manos en el delantal que usa para cocinar.

Antonio: (sorprendido) Natasha, ¿qué haces tú aquí?
Natasha: Tengo que hablar algo contigo, Antonio y a solas (Replica eso último refiriéndose a Lisandro).
Momentos después, Antonio y Natasha están en la cocina de la pastelería a solas.


Antonio: Bien, aquí podemos hablar con tranquilidad y nadie va a molestarnos. Siéntate.
Natasha: (sonriente) Te lo agradezco, pero no es necesario. Antonio seré breve en lo que vengo a decirte o más bien a pedirte. Es algo muy difícil para mí, pero en verdad ya no tengo otra opción.
Antonio: (extrañado) ¿De qué estás hablando?
Natasha: Vengo a pedirte trabajo y si es posible, aquí mismo en tu pastelería.
Afuera de la cocina, cerca de la caja registradora, está Valentín, quien, al ver la impaciencia de Lisandro, se acerca a él.


Valentín: ¿Qué te pasa, Lisandro?
Lisandro: ¡Pasa que no soporto a esa tal Natasha Méndez! ¡Es una hipócrita! Acaba de decirme que le importa muy poco lo que diga. No entiendo cuál es el interés que tiene por Antonio. Ella tiene a mil hombres a sus pies y viene a fijarse en el dueño de una pastelería.
Valentín: Me late que estás celoso, ¿no? (Se burla)
Lisandro: ¡Ay por Dios, Valentín! Lo que siento es rabia por la estupidez de Antonio y de lo que es capaz de hacer con tal de estar bien con esa mujer. Estuvo con ella casi toda la mañana y por eso llegó tarde hoy, y yo como estúpido pensando la peor de las tragedias.
Valentín: Con razón. Ahora entiendo el retraso, pero no entiendo por qué te preocupa tanto. Relájate y hazme caso cuando te digo que a don Antonio no le gusta que se metan en sus cosas.
Lisandro: Pues no sé, pero tengo un mal presentimiento por la visita “formal” de esa mujer. ¿Por qué anda detrás de un tipo corriente como Antonio que no tiene nada qué ofrecerle?
Valentín: Yo lo veo normal. El patrón no es feo y no es nada raro que hasta las mujeres más famosas se fijen en él.
Lisandro: (sarcástico) Muchas gracias por tu ayuda, Valentín. La próxima vez que necesite un consejo no dudes en decírmelo.
Lisandro suspira resignado y sintiéndose aún inquieto por la visita de Natasha. Entretanto, dentro de la cocina, Antonio está sorprendido luego de haber escuchado los motivos por los cuales Natasha le está pidiendo empleo.


Antonio: ¿Cómo es eso de que estás sin un peso?
Natasha: (cabizbaja) Tal como lo oyes. Desgraciadamente, mi padre murió hace aproximadamente seis meses. Él era mi único soporte económico y luego, para terminar de ajustar, me corrieron de la agencia para la que trabajaba porque…
Antonio: ¿Porque qué? ¿Qué ibas a decir?
Natasha: (solloza) Porque el director quiso abusar de mí.
Antonio: (impactado) ¿Cómo? ¿Qué clase de miserable es ese?
Natasha: Fue horrible. Me juró que arruinaría mi carrera para que ninguna agencia de modelaje me diera trabajo más nunca y heme aquí, desvalida, con mil deudas encima y estoy desesperada, ya no sé qué hacer. He tenido que vender varios de mis lujos, pero no es suficiente.
Antonio se frota el rostro con las manos sin saber qué decir. Natasha habla con la voz entrecortada y solloza para causar lástima al tiempo que se acerca a él.
Natasha: Tú tienes que ayudarme, Antonio (Acaricia el pecho de él por encima del uniforme). Después de lo que hicimos esta mañana y de todas las cosas que me dijiste mientras hacíamos el amor, deberías considerarlo y darme el empleo.
Antonio: (poco convencido) La verdad no sé, Natasha. Este no es un lugar para ti. Tú perteneces a otro mundo y me parece que estás confundiendo las cosas entre nosotros.
Natasha: (enojada) Entiendo. Me quieres evadir, ¿no es así? Tú sólo buscaste acostarte conmigo por puro ego, porque soy una modelo reconocida y yo pensando qué me habías parecido buena persona.
Antonio: Claro que no. Las cosas no son así.
Antonio miente, ya que en el fondo sabe que es verdad.
Natasha: ¿Entonces? Yo lo único que necesito es un poco de comprensión de tu parte. Mira que trabajaríamos juntos, me tendrías más cerca de ti…
Natasha rodea con sus brazos el cuello de él mirándolo de forma sensual.
Natasha: Podríamos pasarla tan bien juntos cada vez que queramos.
Antonio se ve con duda, no está seguro del todo y no quiere comprometerse con Natasha.
CONTINUARA…




Antonio: Aquí tienen (Pone las bebidas sobre la mesa con cuidado).
Natasha: ¡Qué lindo eres, Antonio! Muy caballeroso de tu parte. Justo hablábamos antes de que llegaras sobre tu pastelería.
Antonio: (incómoda) Me imagino que Marina te habrá ya contado mucho sobre ella.
Marina: Yo sólo le he dicho la verdad. Es una pastelería equis, básica, poco novedosa. Lo único bueno que han vendido desde que abrió es el bendito pastel ese de doble cubierta de crema.
Antonio: (susurrando) ¡Qué perra! Qué suerte la mía venir a encontrarla aquí.
Marina: ¿Decías algo, Antonio?
Antonio: ¡Ah, no! ¡Yo nada! (Se sienta haciendo mala cara).
Marina: En fin. Mejor no sigamos hablando de eso. Estamos aquí para divertirnos y no para hablar de asuntos del trabajo. Quiero que esta noche sea estupenda.
Natasha: Así se habla, Marina. Como también hablábamos antes de que Antonio llegara, la vida hay que disfrutarla al máximo, así que brindemos por eso.
Natasha toma su copa y la alza. Marina se ríe, toma su cerveza y también la alza
Marina: (emocionada) ¡Por una vida nueva!
Natasha: ¡Salud!
Las dos mujeres se toman cada una sus respectivas bebidas. Lisandro observa aquello con desagrado.
Marina: (riendo) Hacía tanto tiempo no tomaba cerveza que ya hasta me había olvidado del sabor.
Natasha: Pero una cerveza no tiene ningún efecto, Marina. Es como tomar un refresco, así como Lisandro está haciendo. ¿Por qué mejor no mandamos a pedir una botella de tequila? Yo invito.
Marina: ¿Eso no es demasiado licor para una noche?
Natasha: ¡Claro que no! No seas pesada. Es justo lo que tú necesitas para que abras tus horizontes y experimentes cosas nuevas.
Lisandro: (susurrándole a Marina) Marina, no te dejas influenciar por esta mujer. La verdad no me da buena espina. Yo que tú iríamos a otro lugar.
Marina: No, Lisandro. Natasha tiene razón y yo no puedo seguir siendo la misma mujer amargada de siempre. He perdido mucho tiempo y a partir de esta noche quiero recuperarlo.
Lisandro: Escúchame, por favor. No es conveniente. Mañana debes trabajar.
Marina: ¡Pues que me esperen! Le he dedicado muchísimos años al trabajo y ya me cansé. El destino me puso esta noche a Natasha en mi camino para hacerme ver que hay momentos que no puedo dejar pasar desapercibidos.
Antonio: ¿Qué tanto hablan ustedes dos ahí? ¿Pasa algo?
Marina: No, nada, en especial. Tienes toda la razón, Natasha, pero que no sea una botella. ¡Que sean dos! Yo seré la que invite y pague por partida doble.
Natasha: (contenta) ¡Esa es la actitud, querida! ¡Así se habla! Bueno, Antonio, ya escuchaste a Marina. Ve por dos botellas de tequila, ¿sí? (Le guiña el ojo de forma sensual).
Antonio: Está bien, no me tardo.
Antonio se levanta para ir por el pedido de las mujeres. Lisandro niega indignado con la cabeza; parece que sospechara algo de Natasha.
NUEVA YORK

INT. / CASA DE LOS VILLEGAS, DORMITORIO / NOCHE
Victoria se encuentra frente al espejo aplicándose un producto cosmético en el rostro. Está en bata y se ve pensativa.

Victoria: Esta misma noche Natasha debe haber empezado el plan para seducir al imbécil repostero ese de Antonio Guzmán. Me voy a encargar de que Lisandro no tenga oportunidad de fijarse en él y lo termine odiando.
La anciana sonríe con malicia, se aparta del espejo y mira al vacío.
Victoria: Luego, lo voy a casar a la fuerza y así tendré la oportunidad de forjarme la riqueza con la que siempre soñé; el imperio que el tonto de mi hijo no pudo lograr por casarse con aquella pordiosera.
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / DISCOTECA / NOCHE
Es tarde ya. Tanto Marina como Natasha han bebido desde hace rato sin parar. Las dos ríen muy simpáticas, producto de la embriaguez.




Natasha: Qué padre fue haberte conocido, Marina. Creo que vamos a ser muy buenas amigas de ahora en adelante.
Marina: (riendo) Me encantaría. Tú no te imaginas las ganas que tenía de conocer a alguien, así como tú de bella y atractiva. Tienes que darme tus secretos.
Natasha: Bueno, que así sea. Otro brindis por esa amistad que apenas comienza.
Las dos alzan sus respectivas copas de tequila, hacen el brindis y toman todo el licor de un solo sorbo. Lisandro se acerca a Antonio.
Lisandro: (susurrando) ¡Por favor detén a tu noviecita! Marina está muy borracha.
Antonio: No amargues el rato con tu envidia. Si ellas quieren divertirse, están en todo su derecho. Déjalas.
Lisandro: ¿Yo, envidia de esta mujer? Te pasas. ¿Por qué la habría de sentir?
Antonio: ¿Que acaso todos los gais no envidian mujeres exitosas y bellas como Natasha?
Lisandro: (ofendido) ¡Claro que no! Me ofendes al decirme eso. No todos somos así. ¿Y sabes qué? Lo mejor es que me vaya. No soporto más estar en este antro viendo semejante espectáculo.
Lisandro se levanta molesto de la mesa. Todos se extrañan.
Marina: (ebria) ¿Qué pasa, Lisandro? ¿Vas al baño?
Lisandro: No, Marina, me voy. Por favor, toma un taxi cuando salgas de aquí. Yo me iré de una vez para tu depa. Cualquier cosa me llamas y… (Mira muy seriamente a todos) Buenas noches (Se retira).
Marina: ¡Lisandro, espera! ¡No me dejes sola! ¡Yo tenía que confesarte al…!
Marina se detiene y se pone una mano en la boca.
Antonio: (extrañado) Marina, ¿estás bien?
Natasha: ¿Qué te ocurre, Marina?
De repente, Marina voltea la cabeza y empieza a vomitar de forma compulsiva. Antonio la mira con desagrado y Natasha le da palmaditas en la espalda.
Natasha: (preocupada) Ay Marina, cariño. No aguantas nada. Bebimos muy poco.
Antonio: Marina no está acostumbrada a embriagarse, Natasha. Me parece que es la primera vez.
Natasha: ¿En serio? Ay pobrecita ella. Mejor alcanza a Lisandro para que se la lleve.
Antonio suspira resignado y va por Lisandro para tratar de alcanzarlo antes de que se vaya. Marina tose y se limpia sus labios con la mano.
Marina: (hablando ebria) Como que se me fue la mano tomando tanto. Veo todo dándome vueltas, pero se siente genial.
Marina se ríe y abraza a Natasha. Ella siente un poco de desagrado al sentirle el aliento del vómito hablándole tan de cerca.
Marina: Lo bueno es que al menos conocí una nueva amiga, je, je, je.
Natasha: (riendo incómoda) Sí, tienes razón. Esperemos que tu amigo vuelva por ti. Es tarde y tú ya estás muy tomada.
Marina: ¿Yo, tomada? Pero si la noche apenas empieza. Hagamos otro brindis tú y yo.
Marina sigue bebiendo. Natasha hace un gesto de desagrado. Por su parte, Lisandro va saliendo de la discoteca. Antonio logra alcanzarlo.
Antonio: ¡Oye, Lisandro! Espérate.
Lisandro: Déjame. Me quiero ir (Sigue caminando y lo ignora).
Antonio: Esto no se trata de mí. Tienes que regresar. Marina….
Lisandro: Ya, déjame de seguir. Es mi problema.
En ese momento Lisandro tropieza con un hombre corpulento que hablaba con una muchacha, haciéndole derramar la bebida alcohólica que estaba tomando sobre la camiseta.
El hombre: (furioso) ¡Oye, pendejo! ¿Por qué no te fijas por donde caminas? ¿Quién demonios te has creído para venir a avergonzarme delante de una mujer?
Lisandro: (apenado) Ay, señor, mil perdones. Iba medio distraído, pero no fue mi intención. Se lo juro.
El hombre: ¡Cállate! (Toma a Lisandro de la camisa). Este error te va costar muy caro, maricón porque eso se nota que eres. Un maricón.
Lisandro: (ofendido) Óigame, óigame, yo no le he ofendido a usted y ya le pedí disculpas. ¿O es que tengo que hablar en otro idioma para que entienda? Per-don (Pronuncia por sílabas).
El hombre: Tú a mi discoteca no vienes a hablarme de esa manera, idiota. Te voy a enseñar a respetar.
El hombre le propina un brutal golpe a Lisandro en el rostro. Éste va a caer justo en la barra y Antonio se acerca a él, preocupado. Las personas que bailan alrededor ven el problema.
Antonio: ¡Lisandro! ¿Estás bien?
Lisandro: (adolorido) Sí, no te preocupes.
Antonio: (al hombre) Oye, bro. Él sólo se tropezó contigo por accidente. No hay necesidad de golpes. ¿Quién te has creído?
El hombre: ¿Y tú quién eres, carnal? ¿Su novio? (Le sonríe con burla).
Lisandro: Déjalo, Antonio. Por favor no te metas en esto.
Antonio: (ofendido) ¡Pues no! Yo no dejo las cosas así y menos con un abusivo como este.
El hombre: ¿Ah sí? ¿Qué me vas a hacer entonces? Ven, éntrale, a ver si te las vas a dar de macho.
Natasha aparece en ese momento, acompañada de Marina, quien está sumamente ebria y apoyándose en el hombro de la primera.


Natasha: (desconcertada) ¿Qué está pasando aquí, Antonio?
Lisandro: (desesperado) Antonio, por favor vámonos. No causemos un problema mayor. Yo no soportaría que… algo malo te pasara. Vámonos.
El hombre: (a Antonio) Mejor hazle caso a tu noviecito. Enfrentarte conmigo no es una opción y ya váyanse los dos tranquilos como el par de muñecas que son, tomadas de la mano.
Antonio: (furioso) ¡Desgraciado!
Antonio se abalanza contra el hombre pegándole un puñetazo en el rostro.
Lisandro: (preocupado) ¡Antonio, no!
El sujeto no se queda quieto y, por el contrario, le devuelve el puño a Antonio con más intensidad. Luego lo toma de la camisa para lanzarlo al piso y comienza a patearlo sin parar.
INT. / HOSPITAL, SALA DE CUIDADOS INTENSIVOS / NOCHE
Lisandro se encuentra sentado en la sala de espera cuando ve venir a Antonio. Éste tiene un ojo morado y varias banditas curativas pegadas en el rostro por las heridas que le dejó la golpiza del sujeto de la discoteca.


Lisandro: (levantándose) ¡Antonio!
Lisandro lo toca por accidente en las costillas.
Antonio: (adolorido) ¡Auch!
Lisandro: (apenado) Lo siento. ¿Cómo estás? ¿Qué te dijeron?
Antonio: Estoy bien y no me dijeron nada, sólo me pusieron curitas en toda la cara. ¿Cómo están las chicas?
Lisandro: Bien, acabé de llamar un taxi y de seguro deben estar dormidas. Discúlpame por lo que pasó. Debí escucharte cuando me estabas llamando y así no habría pasado nada de esto.
Antonio: Esto no fue culpa de nadie, Lisandro. Aquí quién tiene la culpa de todo lo que pasó es ese desgraciado del antro. Mejor dejemos a un lado el tema y vámonos. Es bastante tarde.
Lisandro: (sonriendo levemente) Sí, tienes razón.
Los dos se apresuran a salir del hospital.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, DORMITORIO / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día en la ciudad. Natasha está apenas despertando sobre su cama, también sintiendo algo de resaca y perturbada por el ruido de la ducha que viene desde el baño.

Natasha: ¡Ay Dios! ¿De qué manera bebí anoche? Ah, pero qué importa. Debo procurar ser simpática para que se fíen de mí. Todo sea por mi papá (Se toca la cabeza).
De repente, Antonio sale del baño semidesnudo, cubriendo su cuerpo con una toalla del torso para abajo y secando su cabello con otra.

Antonio: (avergonzado) ¡Natasha!
Natasha: Buenos días, Antonio.
Antonio: Buenos días. Siento haber utilizado tu baño. Es que…
Natasha: (mirándolo provocativa) Ah, no te preocupes. Yo sé que tienes que ir a abrir Antique Amor y necesitas ducharte.
Antonio: Sí, tengo la costumbre de abrir todos los días mi pastelería, así llueve, truene o relampaguee, sin importar el día que vayas encontrarás Antique Amor abierta.
Natasha se levanta de la cama mirándolo de forma sensual. Antonio se pone un poco nervioso al tenerla tan cerca.
Natasha: Muy bien. Un día de estos voy a comprobar si lo que me dices es cierto, pero cambiando de tema, ¿sabías que tienes un cuerpo perfecto para ser la portada de una famosa revista como modelo masculino? (Pasa la mano por el pecho de él).
Antonio: (riendo tímido) ¿Tú crees?
Natasha: Por supuesto. ¿Cuál es tu secreto para mantenerte en forma?
Antonio: Practicaba ejercicio y entrenaba en el gimnasio hace años cuando vivía en Nueva York, aunque te confieso que hace mucho lo dejé y ahora solo trato de ir al parque una vez a la semana.
Natasha: ¡Qué interesante! ¿Y también sabías que te ves sumamente deseable acabado de salir de la ducha?
Natasha acaricia el rostro de Antonio y baja su mano por el pecho de él. Incluso, se le acerca a tal punto de que ambos pueden escuchar su respiración.
Antonio: (nervioso) Natasha, yo…
Natasha comienza a besar su cuello y hombros. Antonio empieza a respirar agitado.
Natasha: ¿Qué pasa? ¿Acaso no te gusto?
Antonio: Claro, me encantas, me fascinas. Eres una mujer preciosa, pero de seguro mis empleados deben estar por llegar y no quiero hacerlos esperar.
Natasha: Ellos pueden esperar por un día. ¿Por qué mejor no me besas y te olvidas un momento de Antique Amor? Mira que anoche me quedé con ganas de algo más contigo y hace mucho que ningún hombre me toca.
Natasha acerca sus labios a los de Antonio, por lo que él no duda en corresponderle. Los dos se funden en un beso apasionado y ella no tarda en quitarle la toalla que lo cubre quedando completamente desnudo. Antonio la toma entre sus brazos, le quita el pijama, quedando ella en ropa interior y se dirigen hacia la cama en donde se disponen a tener intimidad.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / DÍA
Marina sale de su habitación en pijama al tiempo que se lleva una mano a la cabeza debido a la fuerte resaca que siente. Lisandro está en la cocina lavando los platos.


Lisandro: (sarcástica) Hoy por lo visto la retrasada eres tú.
Marina: Lo que menos necesito ahora es un regaño, Lisandro. Tengo un dolor de cabeza que me está matando. Creo que hoy no podré ir a trabajar.
Lisandro: (sonriendo) Pues por suerte, yo ya tenía preparado un caldo de pollo.
Lisandro lleva a la mesa un plato en el que ha servido un buen caldo del cual sale humo, indicando que aún está caliente.
Lisandro: Ven, siéntate. Te va a sentar muy bien.
Marina: (sentándose) ¡Huele delicioso! No sabía que cocinaras tan bien. ¿Dónde lo aprendiste?
Lisandro: (nostálgico) Mi abuela Victoria me enseñó cuando vivía en Nueva York. De hecho, me enseñó muchas recetas más que luego te las enseño a ti. Por el momento debo irme a trabajar.
Marina: Lisandro, antes de que te vayas, quería preguntarte algo.
Lisandro: Claro, dime, adelante.
Marina: ¿Qué dije o hice exactamente anoche? Por favor, necesito que me respondas la verdad. Ni una sola mentira.
Lisandro: Bueno, nada en especial además de beber como mecánico y vomitar desde que salimos del antro hasta que llegamos acá. Hasta vomitaste en el taxi (Burlándose).
Marina: (apenada) ¡Ay no! ¡Qué vergüenza! En verdad lo lamento muchísimo, Lisandro. Tú más que nadie sabías que mi propósito era solo divertirme un poco, salir de la rutina y lo peor de todo es que tú me lo advertiste y no te escuché. Mira nada más como terminé.
Lisandro: Está bien. No te preocupes. Tú no deberías ser quién se avergüence de lo que hizo anoche. La que debe realmente debería avergonzarse es esa tal Natasha Méndez, que siendo una mujer tan importante bebió como una total salvaje.
Marina: (extrañada) ¿Te cayó mal ella?
Lisandro: Para serte sincero sí. Es una presumida y una creída, pero bueno. Como te dije ya debo irme a trabajar. Cualquier cosa me llamas al celular. ¿Ok?
Marina: Sí, claro. Ten un buen día.
Lisandro le sonríe a Marina y se va para la pastelería.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, DORMITORIO / DÍA
Antonio está terminando de vestirse luego de haber tenido intimidad con Natasha. Ésta duerme desnuda plácidamente sobre la cama, cubierta por las sábanas.


Antonio: (suspirando) Mejor la dejo dormir. No quiero despertarla y ya me debo ir.
El hombre sale del dormitorio. Una vez a solas, Natasha abre los ojos y sonríe con burla.
Natasha: ¡Idiota!
La hermosa modelo se recuesta sobre la cama y se cubre el busto con las sábanas.
Natasha: Debo reconocer que, aunque esto que estoy haciendo no está bien, prefiero mil veces acostarme con Antonio que está como quiere a tener que acostarme por obligación con el puerco director ese de la agencia.
EXT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Lisandro espera con Valentín afuera de la pastelería, que está cerrada. El primero se cruza de brazos y se ve impaciente.


Lisandro: Llevamos casi dos horas esperando aquí fuera, Valentín. ¿Estás seguro que Antonio abre la pastelería los sábados?
Valentín: Sí, Lisandro. El patrón es muy complicado y la verdad es raro porque él siempre es el primero en llegar.
Lisandro: Pues esto sí que es extraño. Es cierto que anoche estuvimos despiertos hasta tarde que fuimos a un antro, pero él no bebió absolutamente nada, Valentín. ¿Qué tal si le pasó algo? (Preocupado)
En ese momento Antonio llega finalmente a la pastelería de buen humor. Lisandro suelta un suspiro de alivio.

Lisandro: ¡Antonio! ¡Por fin llegas! ¿Dónde te habías metido? Llevamos esperándote aquí desde hace rato.
Antonio: Ahora no estoy para tus reclamos Lisandro (Saca las llaves de la puerta de su pantalón). Vengo de muy buen humor, y, además, ¿quién te ha dado el derecho de reclamarle a tu jefe?
Lisandro: ¡Eres un descarado! Nos hubieras dicho que abrirías tarde hoy. Llevamos mucho tiempo aquí y que lo niegue Valentín si estoy mintiendo.
Valentín: Lisandro tiene razón, señor. Es mucho el tiempo que llevamos esperándolo
Antonio: (exasperado) ¡Está bien, está bien! De acuerdo. Llegué tarde, los hice esperar, lo siento mucho y estoy muy arrepentido (Habla con ironía). Ahora que la abrí en vez de ponerse a reclamarme, ocúpense de ir a vestirse con su uniforme y trabajar porque para eso vinieron, ¿no?
Antonio abre la pastelería y se dirige a la cocina algo molesto.
Lisandro: (molesto) ¡Es un grosero y un cínico! Mira que tratarnos a nosotros sus empleados así.
Valentín: Lo mejor es obedecerlo. Ya lo oíste y hay que ponernos a trabajar.
Valentín también entra a la pastelería. Lisandro no ve de otra que entrar tras él algo indispuesto por la actitud chocante y pesada de Antonio. Más tarde, se puede ver a Natasha frente a Antique Amor, escondida tras un poste de luz y con unos lentes de sol puestos, hablando por celular con Victoria Maldonado.

Natasha: (exasperada) ¿Para qué me está llamando? (Hace una pausa). Sí, lo sé. Me ha repetido mil veces la misma cosa. Yo sé muy bien lo que tengo que hacer.
NUEVA YORK

INT. / CAFETERÍA / DÍA
Victoria, por su parte, se encuentra en una distinguida cafetería de la ciudad, también hablando por celular. Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

Victoria: Más te vale, muchacha. Quiero que te le metas por los ojos y engatuses a ese imbécil de Antonio para que Lisandro se decepcione de él a tal punto que lo odie. No quiero errores.
Natasha: Tranquila. Estoy haciendo tan bien mi trabajo que esta mañana me acosté con él y ahorita mismo estoy al frente de la pastelería. Me desea tanto que dudo mucho que me niegue el trabajo.
Victoria: (sonriendo con malicia) Excelente, me da gusto escuchar eso porque de esa manera te podrás infiltrar allá y mantenerme al tanto de la vida de mi nieto. Quiero todo con detalle. ¿Entendido?
Natasha: Así será, doña Victoria. No voy a permitir que Lisandro se acerque a él. Cualquier cosa, la estaré llamando a notificarle.
Natasha cuelga el celular y cruza la calle para dirigirse a Antique Amor.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Entretanto, en el interior de la pastelería, Lisandro toma la orden de una pareja de ancianos en una mesa y en eso, ve a Natasha cruzar la puerta del local. El chico se extraña y se sorprende, por lo que se le acerca.


Lisandro: Natasha. ¿Qué estás haciendo aquí?
Natasha: Hola, Lisandro, ¿no crees que primero se saluda? (Le sonríe con hipocresía).
Lisandro: (con suspicacia) Creo haberte hecho una pregunta.
Natasha: ¡Qué prevenido! Vine solo a ver a mi novio. ¿Qué acaso no puedo?
Lisandro: (impactado) ¿Tu… tu novio? ¿Antonio y tú son novios?
Natasha: Bueno, tanto como novios, novios no. Digamos que amigos con derechos, pero por ahí vamos. Tú y él son amigos por lo que pude ver. Pensé que te lo había contado.
Lisandro: Para nada. No me lo dijo, pero no entiendo. Apenas se conocieron ayer.
Natasha: Los dos nos gustamos demasiado, Lisandro. Antonio es un hombre guapísimo y él tampoco me es indiferente que digamos, así que es lo normal cuando dos personas se gustan y hacen lo que hicimos él y yo esta mañana.
Lisandro: (muy decepcionado) Claro, con razón se tardó. Bueno, en ese caso, deberías esperar a que salga de la cocina. Justo ahorita anda muy ocupado cocinando pasteles y no es bueno que lo perturbes.
Natasha: (quitándose los lentes de sol) No quisiera ser grosera contigo, pero honestamente lo que tú digas me importa muy poco.
Lisandro se sorprende por su actitud y la mira molesto.
Natasha: Antonio puede estar ocupado, pero siempre tendrá un espacio para darme el tiempo que me merezco. Dicho eso, te agradecería de mil amores que me dieras permiso. Tengo que hablar algo muy seriamente con él.
Pero antes de que Lisandro le cediera el paso a Natasha, Antonio sale de la cocina limpiándose las manos en el delantal que usa para cocinar.

Antonio: (sorprendido) Natasha, ¿qué haces tú aquí?
Natasha: Tengo que hablar algo contigo, Antonio y a solas (Replica eso último refiriéndose a Lisandro).
Momentos después, Antonio y Natasha están en la cocina de la pastelería a solas.


Antonio: Bien, aquí podemos hablar con tranquilidad y nadie va a molestarnos. Siéntate.
Natasha: (sonriente) Te lo agradezco, pero no es necesario. Antonio seré breve en lo que vengo a decirte o más bien a pedirte. Es algo muy difícil para mí, pero en verdad ya no tengo otra opción.
Antonio: (extrañado) ¿De qué estás hablando?
Natasha: Vengo a pedirte trabajo y si es posible, aquí mismo en tu pastelería.
Afuera de la cocina, cerca de la caja registradora, está Valentín, quien, al ver la impaciencia de Lisandro, se acerca a él.


Valentín: ¿Qué te pasa, Lisandro?
Lisandro: ¡Pasa que no soporto a esa tal Natasha Méndez! ¡Es una hipócrita! Acaba de decirme que le importa muy poco lo que diga. No entiendo cuál es el interés que tiene por Antonio. Ella tiene a mil hombres a sus pies y viene a fijarse en el dueño de una pastelería.
Valentín: Me late que estás celoso, ¿no? (Se burla)
Lisandro: ¡Ay por Dios, Valentín! Lo que siento es rabia por la estupidez de Antonio y de lo que es capaz de hacer con tal de estar bien con esa mujer. Estuvo con ella casi toda la mañana y por eso llegó tarde hoy, y yo como estúpido pensando la peor de las tragedias.
Valentín: Con razón. Ahora entiendo el retraso, pero no entiendo por qué te preocupa tanto. Relájate y hazme caso cuando te digo que a don Antonio no le gusta que se metan en sus cosas.
Lisandro: Pues no sé, pero tengo un mal presentimiento por la visita “formal” de esa mujer. ¿Por qué anda detrás de un tipo corriente como Antonio que no tiene nada qué ofrecerle?
Valentín: Yo lo veo normal. El patrón no es feo y no es nada raro que hasta las mujeres más famosas se fijen en él.
Lisandro: (sarcástico) Muchas gracias por tu ayuda, Valentín. La próxima vez que necesite un consejo no dudes en decírmelo.
Lisandro suspira resignado y sintiéndose aún inquieto por la visita de Natasha. Entretanto, dentro de la cocina, Antonio está sorprendido luego de haber escuchado los motivos por los cuales Natasha le está pidiendo empleo.


Antonio: ¿Cómo es eso de que estás sin un peso?
Natasha: (cabizbaja) Tal como lo oyes. Desgraciadamente, mi padre murió hace aproximadamente seis meses. Él era mi único soporte económico y luego, para terminar de ajustar, me corrieron de la agencia para la que trabajaba porque…
Antonio: ¿Porque qué? ¿Qué ibas a decir?
Natasha: (solloza) Porque el director quiso abusar de mí.
Antonio: (impactado) ¿Cómo? ¿Qué clase de miserable es ese?
Natasha: Fue horrible. Me juró que arruinaría mi carrera para que ninguna agencia de modelaje me diera trabajo más nunca y heme aquí, desvalida, con mil deudas encima y estoy desesperada, ya no sé qué hacer. He tenido que vender varios de mis lujos, pero no es suficiente.
Antonio se frota el rostro con las manos sin saber qué decir. Natasha habla con la voz entrecortada y solloza para causar lástima al tiempo que se acerca a él.
Natasha: Tú tienes que ayudarme, Antonio (Acaricia el pecho de él por encima del uniforme). Después de lo que hicimos esta mañana y de todas las cosas que me dijiste mientras hacíamos el amor, deberías considerarlo y darme el empleo.
Antonio: (poco convencido) La verdad no sé, Natasha. Este no es un lugar para ti. Tú perteneces a otro mundo y me parece que estás confundiendo las cosas entre nosotros.
Natasha: (enojada) Entiendo. Me quieres evadir, ¿no es así? Tú sólo buscaste acostarte conmigo por puro ego, porque soy una modelo reconocida y yo pensando qué me habías parecido buena persona.
Antonio: Claro que no. Las cosas no son así.
Antonio miente, ya que en el fondo sabe que es verdad.
Natasha: ¿Entonces? Yo lo único que necesito es un poco de comprensión de tu parte. Mira que trabajaríamos juntos, me tendrías más cerca de ti…
Natasha rodea con sus brazos el cuello de él mirándolo de forma sensual.
Natasha: Podríamos pasarla tan bien juntos cada vez que queramos.
Antonio se ve con duda, no está seguro del todo y no quiere comprometerse con Natasha.
CONTINUARA…
Comentarios
Publicar un comentario