Capítulo 7: Cita para tres

Natasha sigue insistiéndole a Antonio que le dé trabajo en Antique Amor. Antonio se ve con duda, pero al final cede.



Antonio: Está bien, Natasha. Te voy a dar el trabajo.

Natasha: (sonriendo feliz) ¿Estás hablando en serio?

Antonio: Sí, pero no te aseguro que vaya a ser cómodo. Lo único que te puedo ofrecer es un trabajo de mesera aprovechando que los clientes han aumentado por estos días.

Natasha: ¡Muchísimas gracias, mi amor!

Natasha se abalanza sobre Antonio para besarlo. Éste le corresponde, pero no tarda en apartarse.

Antonio: Otra cosa. Por favor, evita este tipo de demostraciones en público. No quiero que los clientes se vayan a sentir incómodos y no vuelvan, ¿vale?

Natasha: Lo que tú digas y no te preocupes. Yo sé muy bien qué momentos son los apropiados para que disfrutemos al máximo como esta mañana (Le sonríe pícara).

Antonio: Bueno, vamos y les aviso a los demás que vas a empezar.

Una vez los dos salen de la cocina, se acercan a Lisandro y a Valentín quienes estaban cerca de la caja registradora. Lisandro se percata de que ambos van tomados de la mano, cosa que le disgusta.



Lisandro: (sarcástico) Tardaron demasiado hablando.

Antonio: Es porque estaba hablando de algo muy importante con Natasha y es por eso mismo que debo comunicarles algo a ustedes de todos.

Valentín: ¿De qué se trata, patrón?

Antonio: De ahora en adelante, Natasha hará parte de la pastelería.

Lisandro: (sorprendido) ¿Eso qué quiere decir, Antonio?

Natasha: (interviniendo) Quiere decir que de ahora en adelante seré tu nueva compañera de trabajo, Lisandro.

Lisandro: (impactado) ¿Qué? ¿Eso es verdad?

Antonio: Sí, ella ahorita está pasando por una situación económica crítica y necesita más que nunca un empleo, pero me reservo el resto de información. Ella ya habló conmigo y es una decisión tomada.

Lisandro niega indignado con la cabeza.

Antonio: ¿Cuándo quieres empezar Natasha?

Natasha: Bueno, si es posible ahora mismo.

Antonio: Entonces, como ya te dije vas a ser mesera igual que Lisandro. Lo que debes hacer es tomar las órdenes de los clientes que lleguen y llevarme a la cocina por escrito lo que pidan y en el menor tiempo posible. ¿Está claro?

Natasha: Claro que sí. ¡Mucho gusto! Me llamo Natasha Méndez (Se presenta con Valentín y le extiende la mano).

Valentín: (correspondiéndole el saludo) Yo me llamo Valentín. Qué padre venir a trabajar con una mujer tan hermosa como tú en el mismo lugar.

Antonio: Hey, Valentín, cuidado que yo la vi primero (Todos ríen, excepto Lisandro).

Natasha: Me halagas, Valentín, pero ahora soy una mujer como cualquier otra que trabaja como mesera en una pastelería. ¿Y tú, Lisandro? ¿Por qué estás tan callado? ¿No te alegra que ahora trabajemos juntos?

Lisandro: (indiferente) Ah, sí. Bienvenida al equipo y con su permiso, me retiro. Están llegando más cliente y hay que tomar las órdenes.

Lisandro mira molesto tanto a Antonio como a Natasha y se retira. Más tarde, Natasha se encuentra en el baño vestida de mesera, pero en vez de usar pantalón como los hombres, usa falda. La mujer se mira en el espejo y recoge su cabello en dos pinzas.



Natasha: (hablando para sí) Debo hacer bien esto por mi padre. Él me necesita y no lo puedo abandonar. Voy a lograr lo que quiero, cueste lo que me cueste.

Lisandro entra en ese momento al baño y cierra la puerta a su paso.

Natasha: (molesta) Lisandro, ¿cómo te atreves a entrar así? Por si no te has dado cuenta estás violando mi privacidad.

Lisandro: Lo sé, pero seré rápido. ¿Qué es lo que en verdad quieres de Antonio?

Natasha: ¿Por qué me preguntas eso? No te entiendo.

Lisandro: Por favor, Natasha. Me entiendes muy bien y lo sabes. ¿Cómo es que una mujer como tú está trabajando en una pastelería como está? ¿Qué estás buscando en realidad? ¡Apenas y conoces a Antonio!

Natasha: Si no te bastó con lo que él dijo acerca de mi crítica situación económica, no te van a bastar mis palabras y ya deja de ser tan prevenido conmigo, Lisandro. No muerdo. Antonio es un hombre libre y no necesita que sus amigos se entrometan en su vida. Con permiso.

Natasha sale del baño. Lisandro no se queda muy convencido por sus palabras. Minutos después, el chico también sale del baño. Una chica joven con uniforme de estudiante se acerca a él.

La estudiante: (sonriendo) Hola, buenas tardes.

Lisandro: Buenas tardes. ¿Qué se te ofrece?

La estudiante: De hecho, no vengo a comer nada. Vengo porque soy la presidenta del concejo estudiantil de un internado femenino al norte de la ciudad.

Lisandro: Ah, bueno, siendo así, bienvenida.

La estudiante: Gracias. Como verás, cada año organizamos una fiesta de disfraces cuyo objetivo es recoger fondos para una fundación de niños huérfanos y como este año no va a ser la excepción, queremos hacer algo diferente a lo que hemos venido haciendo los demás años.

Lisandro: Entiendo, pero ¿qué tiene que ver la pastelería con el evento?

La estudiante: Quisiéramos hacerle una propuesta al dueño del lugar. Hace unos días vimos un artículo en el periódico que promocionaba esta pastelería por el nuevo pastel que están vendiendo y, por lo visto, esa promoción les ha aumentado las ventas.

Lisandro: De hecho, sí, nos ha ido bien con este nuevo pastel.

La estudiante: Por eso la directora del internado piensa pagarles una buena cantidad de dinero si lanzan un nuevo pastel el día de la fiesta, la cual organizaríamos aquí en la pastelería. De esa forma, la mitad de las ganancias serían para ustedes y la otra para el internado.

Lisandro: Me parece una excelente propuesta, pero es mejor que lo hables personalmente con el dueño. Ya mismo voy a llamarlo para que te atienda.

Lisandro se dirige a la cocina en donde encuentra a Antonio decorando un pastel con bastante concentración.



Lisandro: Antonio, afuera hay una estudiante qué quiere hacerte una propuesta espectacular.

Antonio: Ahora no tengo tiempo para tonterías, Lisandro. Sal de mi cocina. Tengo mucho trabajo por hacer aquí.

Lisandro: ¡Antonio! Por primera vez en tu vida escúchame. Esta propuesta puede cambiar Antique Amor para bien. Podríamos hasta llegar a ser el principal exponente de gastronomía de la ciudad. ¿Qué te cuesta salir un momento de aquí y escuchar a esa muchacha?

Antonio: (impaciente) Ok, ok. Voy a escuchar a la muchacha esa que dices, pero será como perder tiempo porque no pienso aceptar ninguna propuesta. ¿Te das cuenta que podrían estar estafándonos?

Lisandro: ¡Ay! Sólo sal. Estoy seguro que te va a encantar y luego me lo vas a agradecer.

Los dos salen de la cocina y se dirigen a la mesa en la que está sentada la estudiante. Ésta se levanta de la silla al verlos y le extiende la mano a Antonio. Él le corresponde el saludo.

La estudiante: Usted debe ser Antonio Guzmán.

Antonio: (indiferente) Sí, soy yo.

La estudiante: Mucho gusto. Me llamo Valeria, soy presidente del concejo estudiantil de un internado para chicas. Le traigo una propuesta que puede cambiar totalmente la imagen de su pastelería.

Antonio: Lisandro, retírate.

Lisandro se retira mirando con reproche a Antonio. Él se dispone a escuchar a la estudiante.

Antonio: Bueno, ya que estamos aquí, toma asiento y cuéntame de qué trata la dichosa propuesta.

Lisandro observa a lo lejos la conversación. Natasha se le acerca.



Natasha: (extrañada) ¿Quién es esa chica?

Lisandro: (indiferente) Es una estudiante que vino a proponerle a Antonio algo que podría beneficiar a la pastelería. Espero que el muy tonto acepte.

Natasha: Déjame preguntarte algo, Lisandro. Tú te interesas tanto por Antonio, pero ¿él se interesa por ti? ¿Cómo crees que él te considera? ¿Su amigo? ¿O un empleado cualquiera de su pastelería?

Lisandro: (cabizbajo) Realmente no lo sé. Él a veces tiene la mentalidad de un niño pequeño. Es como si esta pastelería fuera el juguete favorito del que no se quiere separar y por eso se distrae. No ve a aquellos que lo quieren cuidar y no ve las verdaderas intenciones que otros tengan con él, sin ver si son buenas o malas.

Natasha: ¿Tú crees que mis intenciones hacia él son malas?

Lisandro: (mirándola con recelo) Dímelo tú.

Natasha no le dice nada más al chico y se aleja de él. Lisandro la mira con suspicacia, sospechando de ella. Más tarde, se pueden ver a todos reunidos en la cocina. Lisandro, Natasha y Valentín están en fila. Antonio está frente a ellos.



Natasha: (intrigada) ¿Por qué nos reuniste a todos, Antonio? ¿Sucede algo?

Antonio: Digamos que sí, pero es algo bueno. Ustedes saben que mi objetivo principal es que Antique Amor llegue a ser una gran pastelería, que se caracterice por su calidad humana y eficiencia. Quiero que se convierta en un sitio familiar…

Natasha: (interrumpiéndolo) Antonio, mi amor, disculpa, pero me parece que lo de "sitio familiar" no es una palabra muy adecuada. Este lugar parece una caja de cartón y perdón la franqueza.

Lisandro: Pues esta caja de cartón es el lugar estás trabajando, Natasha. Si tanto te molesta trabajar aquí puedes irte por donde viniste.

Antonio: Bueno, basta, no quiero discusiones. A lo que iba es que hoy vino una estudiante de un internado femenino para proponerme organizar una fiesta de disfraces aquí en la pastelería. La idea es crear un nuevo pastel, así como el pastel doble cubierta de crema y venderlo esa noche.

Lisandro: (curioso) ¿Tú qué le dijiste? ¿Aceptaste?

Antonio: Sí, acepté. El internado será el encargado de gestionar todo lo relacionado con la fiesta. Nosotros rentaremos la pastelería para que pueda hacerse aquí y la directora nos pagará por eso. La mitad de las ganancias del pastel que vendamos esa noche serán para el internado y la otra mitad para nosotros.

Lisandro: Te dije que sería una excelente idea. Vamos a salir beneficiados por parte y parte.

Antonio: Exacto. Van a venir las estudiantes del internado, además de otros clientes que nos encargaremos de invitar y ya que les di la información, necesito que Natasha y Lisandro se encarguen de la decoración para esa noche. ¿Les parece?

Natasha: Antonio, no te preocupes. No molestes a Lisandro. Yo puedo y me siento capaz de hacerlo todo yo sola.

Lisandro: No, al contrario, no hay necesidad de que molestes a Natasha. Yo puedo decorar solo Antique Amor y el doble de rápido. En eso soy experto.

Antonio: (impaciente) Miren, miren. Van a trabajar en pareja, y no quiero discusiones. Valentín va a seguir ayudándome con la caja registradora, pero ese día necesito que sea más rápido.

Valentín: Entendido, patrón.

Antonio: Quiero que cuando, tú, Lisandro termines de decorar, barras, friegues el piso, limpies mesas y sillas y que en general todo esté impecable mientras que Natasha va a lavar las veces que sean necesarias los platos hasta que queden como espejos. ¿Todo está claro?

Natasha: ¿Cuándo comenzamos a hacer lo que dices?

Antonio: Mañana pueden empezar. Por hoy sigan trabajando normalmente. Pueden retirarse.

Horas después, cuando ya está atardeciendo, se ve a Lisandro barriendo sin muchos ánimos la pastelería. No hay clientes y Valentín incluso está quedándose dormido en su puesto de trabajo. Natasha aprovecha que nadie está mirándola, por lo que entra al baño y toma su celular para llamar a alguien.



Natasha: Doña Victoria, soy yo (Hace una pausa). Sí, Antonio me dio el trabajo, no muy convencido, pero me lo dio y ahora soy la nueva mesera de la pastelería.

NUEVA YORK



INT. / CASA DE LOS VILLEGAS, SALA / DÍA

Victoria habla desde su celular y sonríe satisfecha al escuchar a Natasha. Como es habitual, sus escenas al hablar se intercalan desde los lugares en que hablan.



Victoria: ¡Perfecto! Es tu momento de separar a esos dos a como dé lugar Por ningún motivo mi nieto y ese miserable repostero del que está enamorado pueden estar juntos. ¿Entendiste?

Natasha: Yo sé muy bien lo que hago y cómo lo hago. Por ahora debo colgar. No quiero levantar sospechas, pero antes le recuerdo que usted tiene una cuenta pendiente conmigo.

Victoria: Esta semana voy a transferir a tu cuenta bancaria una pequeña suma por haber logrado infiltrarte en la pastelería. ¡Pero eso sí! No volverás a ver ni un peso de mi parte hasta que Lisandro llegue al punto de querer olvidarse del idiota del que se enamoró (Cuelga el celular).

Natasha: (ofendida) ¡Vieja miserable! Todo sea por ti, papá, para que estés bien.

INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA



Natasha sale del baño luego de haber terminado su llamada con Victoria. La mujer se acerca a Lisandro y le sonríe de forma hipócrita como es habitual en ella.



Natasha: Oye, Lisandro. ¿Te puedo preguntar a qué horas salimos de trabajar?

Lisandro: En media hora. ¿Por qué? (Deja de barrer)

Natasha: Es que estaba en el baño y se me ocurrió un plan fantástico. Me gustaría invitar a Antonio a comernos un helado cuando salgamos de aquí en agradecimiento por haberme dado el trabajo.

Lisandro: (celoso) Ah, bueno… Eh, supongo que es un excelente plan de novios ¿no? Pero creí que no tenías ni un peso en el bolsillo.

Natasha: Tampoco estoy tan mal. Tengo algo de dinero en mi billetera. Incluso nos alcanza para irnos en taxi a mi departamento para que pasemos la noche juntos. ¿Qué hay de ti? ¿Has comido helado alguna vez con alguna noviecita?

Lisandro: (incómodo) Eh, no de hecho jamás he tenido novia, así que jamás he podido tener un plan romántico…

Natasha: Deberías darte la oportunidad con Marina. Los dos se veían relindos anoche juntos.

Lisandro: No, nosotros sólo somos amigos, además dudo mucho que ella quiera algo conmigo y yo tampoco quiero estar con alguien en este momento.

Natasha: ¿De verdad es eso o hay alguien en tu mente que no corresponde tu amor?

Lisandro: (molesto) Creo que eso hace parte de mi vida privada y no te concierne saberlo.

Natasha: Ay, qué pesado. Contigo no se puede hablar, pero bueno. Con tu permiso. Me voy a hablar con mi “amigovio” (Replica de forma humillante).

Natasha entra a la cocina. Lisandro se acerca a la puerta para escuchar la conversación. En la cocina, por su parte, Antonio ya está vestido en ropa casual.



Natasha: Hola, mi amor. ¿Ocupado todavía? (Se acerca a él de forma provocativa)

Antonio: No, Natasha. De hecho, estaba arreglando todo para irme. ¿Necesitas algo?

Natasha: Estaba pensando en la posibilidad de que saliéramos a comer un helado. ¿Qué dices? Yo te invito.

Antonio: No quiero que una mujer me invite, Natasha y menos teniendo en cuenta tu situación. Deja que sea yo quien te invite a ti. Dame un momento organizo la cocina y vamos.

Natasha: Está bien. Te espero afuera.

Natasha se le acerca y lo besa sensualmente en la mejilla. La mujer sale de la cocina, pero antes, Lisandro se retira con prontitud de la puerta, toma una escoba y aparenta estar barriendo. Natasha entra al baño para cambiarse de ropa y Lisandro corre a despertar a Valentín.



Lisandro: Hey, Valentín (Moviéndolo). Despiértate.

Valentín: (adormilado) ¿Qué ¿Qué pasa? (Bosteza)

Lisandro: Deberías agradecerme que te venga a despertar porque si Antonio sale de la cocina y te ve durmiendo no creo que le haga mucha gracia, eh.

Valentín: Bueno, dime qué necesitas.

Lisandro: Te quería preguntar algo y necesito que me prestes mucha atención. Digamos que si tú estuvieras enamorado de una chava que sabe lo que sientes por ella, pero no te pela y en vez de ti, sale con otro que tú sabes que no le conviene, ¿qué harías?

Valentín: (confundido) ¿A qué viene esa pregunta así de la nada?

Lisandro: (impaciente) Sólo ocúpate de responderme.

Valentín: Pos no sé. Tal vez intentaría meterme en su salida y haría lo que pudiera para arruinarles el momento. ¿Por qué?

Lisandro: (sonriendo) ¡Claro! Esa me parece una idea maravillosa. ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Muchísimas gracias!

Valentín se queda confundido y Lisandro se da la vuelta para irse, pero se detiene y voltea a verlo nuevamente.

Lisandro: Oye, Valentín. ¿Qué posibilidad hay de que… me prestes algo de dinero?

Valentín: (sorprendido) ¿Dinero? ¿De dónde? Yo no soy un banco andante para prestar lana por ahí.

Lisandro: ¡Ay, por favor Valentín! Mira, yo te prometo que en cuanto Antonio me pague, yo te pago a ti. ¡Es más! Te pago en intereses si quieres. ¡Te lo prometo! ¡Por favor!

Lisandro junta sus manos en modo de súplica. Valentín mira a Lisandro un breve momento y finalmente cede algo impaciente.

Valentín: ¡Bueno, bueno! Está bien.

Valentín saca su billetera del bolsillo de su pantalón y de allí saca unos pocos billetes los cuales le entrega a Lisandro.

Valentín: Ten, ahí te va, pero no se te olvide que es un préstamo (Serio).

Lisandro: No te preocupes. ¡Gracias! (Besa emocionado los billetes)

Cuando anoche por completo, Natasha está en el baño para damas, maquillando sus labios con un lápiz labial. Lisandro entra de repente notablemente impaciente.



Lisandro: ¿Piensas quedarte aquí metida toda la noche? Llevas más de media hora encerrada. El baño no es solamente tuyo.

Natasha: (fastidiada) A ver, un momentito, Lisandro (Guarda el lápiz labial en su cartera). Me tomo mi tiempo porque me estoy poniendo linda para poder impresionar a Antonio, que resulta ser el dueño de este lugar y tu jefe, pero como tú no tienes mentalidad de mujer, no entiendes nada de esto.

Lisandro: (suspirando resignado) Pues da la casualidad de que nosotros los empleados tenemos un solo baño y no te puedes apoderar de él tu sola, así que si ya terminaste sólo sal.

Natasha: Sí, ya terminé. Antonio debe estar esperándome para vivir una supernoche. En cambio, tú. te vas, llegas al departamento de tu amiga a escuchar cómo estuvo su día. Terminas de comer, te vas a dormir y finalmente el día termina. Muy monótono para una persona tan joven como tú.

Lisandro: Si eso piensas de mi vida, perfecto. ¿Por qué mejor no te largas de una buena vez si andas de tanto afán?

Natasha: Ya veo que no te caigo tan bien, pero francamente tú tampoco a mí, además, yo que tú, no sería tan grosera. Te recuerdo que Antonio es tu jefe. Puede que empecemos una relación seria y si eso llega a pasar, tú serías el primero en volar de esta pastelería.

Lisandro: (incrédulo) Ja, solo eso te faltaba. Creerte con derechos. No seas tan patética, Natasha y deja a un lado tus estúpidas amenazas. Nada más estás hostigando a Antonio y confundiendo las cosas. Él es un mujeriego y tú eres una ingenua.

Natasha: ¿Acaso tú te crees muy perfecto? Tu problema es que te crees más especial que los demás, pero no es así, cariño. No todo en la vida se consigue y Antonio en esta ocasión no es para ti.

Lisandro: (sorprendido) ¿De qué idioteces estás hablando?

Natasha: Tómalo como quieras. Por más que intentes ocultar quién eres en verdad, simplemente no podrás. Entiende que no siempre tenemos lo queremos y esta ocasión tú no tendrás a Antonio.

Natasha le lanza un beso a Lisandro en el aire y sale del baño caminando como si estuviera en una pasarela. Lisandro no puede evitar que las palabras de Natasha le afecten.

EXT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE

Por su parte, Natasha sale finalmente de la pastelería. Antonio está allí ya esperándola.



Natasha: (sonriendo) Estoy lista. Vamos.

Antonio: ¿Y Lisandro? ¿No salía contigo?

Natasha: Debe estar por hacerlo. Cuando salí del baño, él entró para cambiarse de ropa e irse. ¿Por qué lo preguntas?

Antonio: Porque soy el único que tiene las llaves y necesito cerrar ya la pastelería. Nadie puede quedar adentro.

Natasha: Ah, por eso.

Antonio: (extrañado) ¿Por qué más iba a ser? ¿Pensaste que tenía otro motivo?

Natasha: Para nada, mi amor. Tonterías que se me ocurre. Mira, ahí viene. Ya podemos irnos.

En efecto, Lisandro viene saliendo. Antonio cierra la pastelería y le echa seguro a la puerta.

Lisandro: ¿Y ustedes? ¿Van a algún lugar? (Pregunta ya sabiendo la respuesta)

Antonio: Voy a ir con Natasha a comer un helado.

Natasha: (a Lisandro) ¿Tú ya no te ibas?

Lisandro: Sí. ¿Por qué? ¿Les molesta que todavía no me haya ido?

Natasha: Un poco. No estás retrasando preguntando tonterías sin importancia.

Lisandro: Está bien, me voy, aunque ¿saben algo? A mí también se me está ocurriendo una idea. ¿Por qué no los acompaño?

Antonio y Natasha se sorprenden al escucharlo. Ésta última pone cara de desagrado.

Lisandro: Incluso podría ser yo quien los invite. Tengo algo de dinero y es suficiente para que podamos comer algo los tres. ¿Qué dicen?

Natasha: Ay, Lisandro. Eres un sol. Me encantaría, pero esta es una salida para parejas. ¿Entiendes?

Antonio: Pues a mí no me parece mala idea. Todo lo contrario, me parece bien a ver si así se empiezan a llevar mejor. Este fue su primer día trabajando juntos y solo estuvieron lanzándose indirectas.

Natasha: (indignada) ¡Pero Antonio! Es un momento para que los dos estemos a solas. No debería haber un tercero.

Lisandro: Bueno, si les incomoda mi presencia, no se preocupen. Yo me voy.

Antonio: ¡No, Lisandro! ¡Espera! Yo le veo nada de malo a que nos acompañes.

Antonio le guiña el ojo a Lisandro a lo que él entiende el mensaje. Natasha no lo nota.

Antonio: Podemos aprovechar esta salida para que se lleven mejor y ahora que tú, Natasha, trabajas en Antique Amor es tu compromiso relacionarte bien con todos.

Natasha: (incrédula) ¿Mi compromiso? Perdóname, Antonio, pero mi hora de trabajo ya terminó y no tengo por qué involucrarme en asuntos de trabajo por fuera de mi horario laboral.

Antonio: Pues sí, tienes razón. Es sólo una idea que se me ocurrió para mejorar la convivencia, pero ya que tú no quieres, lo mejor sería que renunciaras para no rendirle cuentas a nadie.

Natasha: No, claro que no. Eso no hace falta. Lo que pasa es que he tenido un día muy duro y no estoy acostumbrada a trabajar como mesera, pero en realidad estoy muy contenta.

Lisandro: (sarcástico) Me imagino. Pobre de ti. Debes estar agotadísima.

Natasha: (sonriendo con hipocresía) Sí, Lisandro, perdóname. Es que esta situación económica mía me tiene desesperada y me hace decir cosas que no debo, pero para que los dos vean lo comprometida que estoy con mi nuevo empleado, los invito a los dos.

Todos se miran entre sí durante algunos segundos.

INT. / HELADERÍA / NOCHE

Más tarde, los tres llegan a una amplia heladería donde hay bastantes personas aglomeradas comprando helados de diversos sabores.



Natasha: Bien, ya llegamos. ¿Qué clase de helado quieren?

Lisandro: Yo quisiera uno de chocolate, solamente.

Natasha: ¿Tú de qué sabor lo quieres, Antonio?

Antonio: (desanimado) Yo no quiero nada, Natasha, gracias.

Natasha: (sorprendida) ¿Cómo que no quieres? Tú eres el centro de esta salida.

Antonio: Pues ahora ustedes pasaron a ser el centro de esta salida para que se integren como compañeros y, como te dije, no me siento cómodo que seas tú quien me invite. Otro día será. No te preocupes.

Natasha: Pues ni modo. Ya te traigo tu helado, Lisandro. Siéntense mientras vengo.

Natasha se retira para ir a comprar su helado y el de Lisandro. Lisandro y Antonio se quedan a solas de pie al tiempo que los invade un gran silencio.

Antonio: Gracias.

Lisandro: (sorprendido) ¿Gracias? ¿De qué?

Antonio: Por haberme acompañado. La verdad es que me hubiera sentido muy incómodo saliendo solo con Natasha y me siento mal cuándo ella cree que nuestra relación va en algo serio y… Yo todavía quiero quedarme solterito. ¿Me entiendes?

Lisandro: Sí, me lo imaginaba, pero si ahorita estás en esa situación es por ti mismo.

Antonio: (sorprendido) ¿Por mí?

Lisandro: (serio) Pues sí. Desde el principio debiste ser muy claro con ella y decirle que no querías nada serio y sólo era por probar algo nuevo o por tener una aventura ¿Qué sé yo? Pero como tú siempre piensas con la de abajo he ahí las consecuencias.

Antonio: ¿Qué quieres que haga entonces?

Lisandro: Ese es tu problema, pero yo en tu lugar, para no alargar más este proceso, le diría de una buena vez cuales son mis intenciones, ¿no crees?

Antonio: ¡Es una pésima idea! Además, no te hagas el tonto conmigo que yo sé que cuándo salíamos de Antique Amor tú ya sabías de esta salida y sólo querías venir para dañarle la noche a Natasha. Es evidente que no la soportas.

Lisandro: Bueno, esta vez tienes razón, pero lo hice para investigarla de cerca. Yo no creo que esa mujer esté interesada en ti, algo pretende. Ella no te conviene.

Antonio: ¿Tú sí me convienes?

Lisandro se sorprende con esa pregunta y no sabe cómo responderle a Antonio.

CONTINUARÁ…

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