Capítulo 8: Sentimientos confusos
Antonio acaba de preguntarle a Lisandro si le conviene. El chico no tiene palabras y no sabe qué decir frente a tal cuestionamiento.


Lisandro: Eh, bueno, no se trata de eso y no me desvíes el tema. Tú y yo sólo tenemos una relación laboral y es por ello que quiero ayudarte. Estoy seguro de que Natasha quiere algo más, tiene un objetivo y te está utilizando para poder lograr ese objetivo.
Antonio: Estás exagerando. ¿Qué malas intenciones podría tener ella?
Lisandro: Pues eso es lo que no sé y todavía me falta averiguar, pero yo en tu lugar, la mandaría por un tubo de una buena vez para que “supuestamente” ella no se siga haciendo ilusiones contigo que sólo la utilizaste para llevártela a la cama.
De repente, Natasha llega con dos helados, uno para ella y otro para Lisandro. La muchacha les sonríe con hipocresía.

Natasha: ¿De qué hablan tan entretenidos?
Lisandro: Que te lo diga, Antonio.
Natasha: (extrañada) ¿Decirme qué?
Antonio: (incómodo) Mejor tomemos asiento. ¿Qué les parece?
Los tres se dirigen a una mesa en donde toman efectivamente asiento. Natasha se sienta al lado de Antonio y no duda en abrazarlo llenándolo de besos. Lisandro come su helado con incomodidad y dirigiendo la mirada hacia otra parte para evitar verlos.
Antonio: (incómodo) Deberías calmarte un poco, Natasha, ¿no crees? (Riendo)
Natasha: ¿Por qué si me gustas tanto? Lo normal es que te quiera tener todo el tiempo para mí, ¿no? (Besándolo)
Lisandro: (interrumpiéndolos) ¡Ejem! Natasha, ¿sabes algo? Yo siempre he tenido curiosidad por saber cuál es el secreto de modelos como tú para mantenerse bellas y regias.
Natasha: ¡Ay, Lisandro! No hay ningún secreto. Debes hacer ejercicio, comer saludable, dormir bien y en fin… Ya el resto depende de ti. Tú sabes, maquillarse e ir a la peluquería, pero bueno… Tal vez sea muy pronto para decir esto, pero si lo de Antonio y yo va en serio, quién quita y seas el padrino de nuestra boda.
Antonio comienza a toser compulsivamente al escuchar a Natasha.
Natasha: (preocupada) ¿Te pasa algo, Antonio? ¿Quieres agua?
Antonio: No, muchas gracias. Sólo me ahogué, pero ya estoy bien.
Lisandro: Natasha, perdona que te lo diga. No quiero hacer mal tercio, pero me parece que Antonio tiene algo muy importante que decirte. ¿No es así? (Mirándolo con reproche)
Natasha: ¿Y qué es eso que tienes para decirme, Antonio?
Antonio se queda en silencio sin saber qué decir, pero frente a la presión y a la mirada acusadora de Lisandro, comienza a balbucear unas cuantas palabras.
Antonio: Eh…. Natasha, yo… Creo que tú, es decir…. Yo, o más bien, los dos, deberíamos…
Natasha: (extrañada) ¿Deberíamos qué? Habla de una buena vez.
Antonio suelta un suspiro largo para tomar valentía frente a lo que va a decir.
Antonio: Creo que deberíamos tomarnos las cosas con calma.
Natasha desencaja el rostro.
Natasha: ¿De qué estás hablando?
Antonio: Natasha tú y yo nos conocimos ayer en la disco. La pasamos padre, es verdad y siento que hay buena química entre los dos, pero…
Natasha: (indignada) Entiendo, no tienes qué decirlo. Tú no quieres compromisos.
Antonio: (asintiendo con la cabeza) Sí, así es. Tú actitud me deja ver que quieres algo más, pero en ningún momento hemos formalizado nada. Simplemente tú desviaste las cosas y…
Natasha interrumpe a Antonio y le lanza una leve cachetada.
Natasha: Me importa poco lo que tengas para decir. Todos son iguales, unos promiscuos, cochinos, inmaduros.
Antonio: Natasha, por favor…
Natasha: Hasta luego.
Natasha toma su bolso, se levanta y se va de la heladería fingiendo estar muy molesta. Lisandro sonríe disimuladamente con burla.
Lisandro: La verdad duele, Antonio (Se refiere a la cachetada).
Antonio lo mira con los ojos entrecerrados por aquel comentario. Lisandro sigue comiendo su helado.
Antonio: Me siento mal. No quería que tomara las cosas así.
Lisandro: Fue lo mejor y ahora cuéntame, ¿la vas a correr de Antique Amor?
Antonio: No, Lisandro. No la puedo correr. Necesita el trabajo.
Lisandro: ¡Por favor, no seas tan ingenuo! Natasha no necesita el trabajo. Ella está mejor que tú y yo juntos. Si ella estuviera en la total ruina, ya todos los medios del país estarían enterados, ¿no crees?
Antonio: Tal vez mantiene un perfil bajo para que los medios no se metan en su vida privada. ¿Por qué tienes que pensar tan mal?
Lisandro: (suspirando) Yo sólo estoy tratando de que reacciones, pero bueno. Perdóname. Esa no es la forma de hablarte siendo tú mi jefe.
Antonio: (negando con la cabeza) No, perdóname tú a mí. Yo soy quien debe pedirte disculpas por lo mal que te he tratado porque siempre soy un idiota que no se da cuenta de nada ni veo a las personas que siempre están ahí para mí incondicionalmente como tú.
Antonio toma una de las manos de Lisandro, detalle por el cual éste último se sorprende.
Antonio: Tú… Tú eres alguien muy especial. Tú siempre me ayudas, me salvas, me aconsejas… Eres tú quien me debe perdonar a mí.
Lisandro se pone nervioso y aparta su mano de él.
Lisandro: Creo que te estás equivocando. Yo nunca te he ayudado. Antes a veces me siento como un estorbo para ti (Baja la cabeza).
Antonio: No digas eso. Tú no eres ningún estorbo y claro que siempre me ayudas, me sacas de aprietos, siempre estás a mi lado por más mal que te trate. Acuérdate del día en que empezaste a trabajar en Antique Amor.
Lisandro lo mira con fijación y se siente sorprendido por sus palabras.
Antonio: Mira que, por ti, Marina no se llevó malas impresiones de la pastelería o por ejemplo ahorita me diste el valor para enfrentarme a Natasha y decirle lo que verdaderamente sentía.
Lisandro: Sólo te quiero ayudar.
Antonio: ¿Por qué? (Confundido) ¿Por qué sigues ahí a pesar de cómo te trato?
Lisandro: Creo que lo mejor es que me vaya (Se levanta). Buenas noches. Mañana hablamos.
Lisandro sale de la heladería caminando bastante apresurado.
Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espera!
Antonio también se levanta con prisa y sale corriendo detrás de Lisandro en medio de una intensa lluvia que había empezado a hacer. El hombre lo llama repetidas veces, pero Lisandro sigue caminando y lo ignora; a ambos no les importa estarse mojando bajo la lluvia.
Antonio: (gritando) ¡Lisandro! ¡Te estoy pidiendo que te detengas!
Finalmente, Antonio logra alcanzarlo y lo toma de un brazo con delicadeza para girarlo hacia él.
Antonio: ¿Por qué sales corriendo así? ¿Por qué me dejas con la palabra en la boca?
Lisandro lo mira asustado sin saber qué decir.
INT. / TAXI / NOCHE
Por otra parte, Natasha habla por celular con la abuela de Lisandro mientras va dentro un taxi sentada en los asientos de atrás.

Natasha: Tal como lo oye, doña Victoria. Las cosas se nos salieron de las manos y todo gracias a su “nietecito”.
Victoria habla también desde un celular en su lujosa casa en Nueva York y bebe coñac en una copa. La anciana frunce el ceño al escucharla

Victoria: ¿De qué estupideces estás hablando?
Natasha: Antonio me acaba de mandar por un tubo y todo fue culpa de Lisandro. Estoy casi segura de que él lo convenció para que lo hiciera.
Victoria: (furiosa) ¡Maldita sea!
Victoria lanza la copa de coñac que estaba tomando al piso. Natasha alcanza a escuchar y se aturde.
Victoria: Muy bien, ya que las cosas se tornaron de esa manera, ¿qué piensas hacer? Necesito que como sea separes a mi nieto de ese idiota de Antonio ¿Me entiendes?
Natasha: Pero doña Victoria. ¿Cómo pretende que mañana me aparezca por la pastelería después de lo que me dijo Antonio? ¿Qué va a pensar? Yo también tengo mi dignidad y me da mucha pena con usted, pero las cosas no se hacen así.
Victoria: ¿Perdón? ¿Acaso me estás desobedeciendo? ¡Escúchame bien, muchachita! ¡Ve ahora mismo a rogarle al repostero ese que vuelva contigo! Esos dos no pueden permanecer ni un minuto solos. Para eso te voy a pagar.
Natasha: Yo no puedo hacer eso, ya le dije que…
Victoria: ¡Me importa un reverendo pepino tu dignidad! Claro que, si no quieres hacer nada, el trato que tenemos se terminaría y la más afectada serías tú. Recuerda que ahora estás acabada como modelo y tanto el asilo como el tratamiento de tu padre están de por medio.
Natasha: (sorprendida) ¿Me está chantajeando?
Victoria: Tómalo como quieras, pero te aconsejo que no seas tan estúpida y para que no digas que te estoy manipulando, mañana te llamaré para escuchar tu decisión, que espero sea la mejor (Cuelga).
Natasha se da cuenta de que la llamada ha terminado y no puede evitar quedarse preocupada.
EXT. / CALLES / NOCHE
Todavía está lloviendo fuertemente. Antonio todavía retiene a Lisandro de un brazo después de haberlo perseguido.


Lisandro: (apartándose) ¿Qué estás haciendo? Suéltame.
Antonio: ¿Por qué saliste corriendo así de la heladería? ¿Qué dije ahora que te hizo sentir mal? Porque si mal no creo recordar te estaba diciendo sólo cosas buenas.
Lisandro: Estás malinterpretando todo y eso no es bueno. De ninguna manera quiero volver a sufrir como lo hice cuando te fuiste de Nueva York.
Antonio: Yo no estoy malinterpretando nada. Yo sólo me di cuenta que ya no es justo que te siga haciendo a un lado en mi vida. Tú no lo mereces y por eso necesito que me perdones, necesito que… que vuelvas a decirme lo que sientes por mí.
Lisandro: (impactado) ¿Qué? ¿Estás jugando conmigo?
Antonio: Quisiera escucharlo de nuevo de tus labios, que me digas que te gusto como ese día y que me quieres.
Lisandro: (ofendido) ¡Pues no! ¿Por quién me tomas? Me ofendes, me humillas, me tratas de la patada a tu antojo, ¿y ahora quieres que te diga eso? ¿Pretendes burlarte de mí?
Antonio: Lo sé y créeme que me siento arrepentido. No quiero herirte más. Desde que nos reencontramos, han pasado varias cosas y ahora me tienes tan confundido que quisiera escucharlo de nuevo.
Lisandro: Entonces, ¿debo asumir que sólo quieres llenar tu ego diciéndote lo que sienta o deje de sentir por ti? Estás equivocándote conmigo (Intenta irse).
Antonio: Lisandro… (Lo detiene).
Lisandro: ¡Ya déjame, Antonio!
Antonio: ¡Escúchame!
Lisandro: (gritando) ¡Que me dejes! Y ni sigas con esto porque solo vas a lograr que me vaya de Antique Amor. Tú mismo dijiste que nuestra relación sería estrictamente laboral.
Antonio: Sé lo que dije, pero no tienes porqué ponerte así. Solo te estoy haciendo una pregunta.
Lisandro: Una pregunta que no te pienso responder y ya suéltame.
Antonio: No hasta que me digas lo que quiero escuchar.
Lisandro: ¡Que me sueltes!
Lisandro rompe a llorar ante la presión que siente, ante lo cual, Antonio se siente mal y lo abraza tiernamente.
Antonio: Perdóname. En serio no quiero herirte más.
Lisandro llora más fuerte al escuchar eso y le corresponde el abrazo con algo de inseguridad. Los dos se quedan sumidos en aquel abrazo en medio de la lluvia torrencial y las calles que para esa hora ya están desoladas. Antonio le habla cerca al oído a Lisandro.
Antonio: Por favor no te vuelvas a ir de mi lado (Hace una pausa).
Lisandro: Yo jamás me fui de tu lado. Fuiste tú quien lo hizo y me dejaste sin nada, sintiéndome como la peor basura de este mundo (Llorando). Me heriste tanto y sin embargo… sin embargo, yo todavía…
Los dos se apartan y no dejan de perder aquel contacto visual, completamente empapados.
Antonio: ¿Tú qué? ¿Todavía sientes algo por mí?
Lisandro: ¿Qué ganas sabiéndolo? ¿En qué pueden cambiar las cosas? ¿Vas a decirme que de la noche a la mañana con eso me vas a corresponder?
Antonio: (confundido) No es eso. Es que…
Lisandro: Sí, lo sé. Te entró tu ego de macho. Quieres experimentar conmigo y yo no pienso ser tu conejillo de indias para que entiendas tus sentimientos. Valgo más que eso, Antonio.
Lisandro intenta irse, pero Antonio lo detiene tomándolo de una mano.
Antonio: Sí, el idiota antes fui yo que se fue de tu lado, pero no quiero apartarme de ti de nuevo. Quiero cambiar lo que hay entre nosotros.
Lisandro: ¿De qué hablas? No hay ningún “nosotros”.
Antonio: Lo hay y aunque haya sido para mal, yo siempre te aprecié. Te quería a mi manera, pero cuando me dijiste lo que sentías, yo… (Hace una pausa) Yo simplemente no supe cómo tomarlo y me dolió lo que te dije. Te lo juro, pero las cosas pueden cambiar y tomar otro rumbo.
Antonio se le acerca a Lisandro y toma el rostro de él entre sus manos con ánimos de besarlo. Lisandro se estremece y se queda paralizado sin saber qué hacer.
Lisandro: (preocupado) Por favor, no lo hagas.
Antonio: Déjame intentarlo y demostrártelo. Por favor…
Antonio junta sus labios con los del chico. Lisandro duda en corresponderle, pero cierra los ojos y ambos comienzan a besarse lentamente en medio de la intensa lluvia que no cesa.
EXT. / PARADA DE AUTOBÚS / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día y está amaneciendo. La lluvia de la noche anterior ha cesado y se pueden ver a Lisandro como a Antonio durmiendo sobre una banca bajo una parada de autobuses. Los dos están frente a frente con los ojos cerrados, pero es Antonio quien comienza a despertar poco a poco y observa de una cierta forma especial a su amigo. Incluso, con algo de indecisión, acerca su mano al rostro de él.


Antonio: (susurrándole) Lisandro… Lisandro, despierta. Está amaneciendo.
Lisandro empieza a despertar también algo adormilado.
Lisandro: (desconcertado) ¿Qué pasa?
El chico mira a su alrededor y se levanta sobresaltado de la banca.
Lisandro: ¿Cómo terminamos durmiendo aquí?
Antonio: (riendo) Oye, cálmate, apenas está amaneciendo y nadie nos ha visto. No te preocupes (Se pone de pie).
Lisandro: ¿Cómo me pides eso? Dormimos en la banca de una parada, Antonio. ¿Te das cuenta? ¿Cómo pasó? (Desesperado)
Antonio: Pues anoche te vi tan cansado cuando esperábamos a que dejara de llover que no me atreví a molestarte y los dos nos terminamos quedando dormidos, además, si quieres que te sea sincero, fue bonito porque dormido no hiciste otra cosa que repetir mi nombre.
Lisandro se sonroja al escuchar eso. Los dos se quedan en silencio durante un momento largo.
Antonio: ¿No piensas decirme nada?
Lisandro: (serio) ¿Qué quieres que te diga? Y no me digas lo mismo de anoche porque no pienso caer en tu juego.
Antonio: Me estoy haciendo un lío, Lisandro. Te apareciste en mi vida de nuevo y todo empezó a dar un vuelco que no me esperaba.
Lisandro: Entonces aclara tus sentimientos y tus ideas, pero no me uses ni juegues conmigo, porque eso… (Hace una pausa). Eso nunca te lo perdonaría (Se va caminando).
Antonio: ¡Lisandro espera!
Lisandro: (alterado) ¡Déjame en paz, por favor! ¡Necesito pensar!
Lisandro termina por irse. Antonio se sienta de nuevo en la banca sintiéndose algo desanimado. Poco a poco, las aceras y calles de la ciudad empiezan a poblarse de personas. El panorama es gris y el cielo está nublado al tiempo que Lisandro camina lentamente solo por una acera. Lisandro recuerda de modo fugaz las palabras de Antonio la noche anterior en la heladería.
“Antonio: No, perdóname tú a mí. Yo soy quien debe pedirte disculpas por lo mal que te he tratado porque siempre soy un idiota que no se da cuenta de nada ni veo a las personas que siempre están ahí para mí incondicionalmente como tú”
Lisandro se abraza a sí mismo y no puede evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.
Lisandro: (llorando) ¿Qué hago ahora?
El chico sigue caminando y tropieza sin querer con un hombre desconocido más alto que él, por lo que se limpia las lágrimas con discreción y baja la cabeza.
Lisandro: (apenado) Discúlpeme, no me fijé por donde iba
Lisandro alza la mirada y se sorprende al ver aquel hombre desconocido, apuesto, de buen vestir y ojos verdes.

Marcus: (sonriendo) Está bien, no te preocupes.
Lisandro sigue su camino, pero aquel desconocido lo detiene.
Marcus: Oye, espera.
Lisandro voltea a ver. Marcus se le acerca mirándolo con extrañeza.
Marcus: Yo sé que no nos conocemos y no es en absoluto prudente de mi parte preguntarlo, pero ¿estás bien?
Lisandro: (desconcertado) ¿Por qué lo pregunta?
Marcus: Estás hecho un mar de lágrimas, ¿no te has visto?
Lisandro se apena aún más y baja la cabeza.
Marcus: (riendo) Perdona, es sólo que, si no te encuentras bien y te puedo ayudar con algo. No dudes en decírmelo. Muchas veces nos hace falta una mano amiga en momentos difíciles.
Lisandro: (sorprendido) Gracias por sus buenas intenciones, señor, pero sí. Estoy bien. Lo que siento ahora no es grave.
Marcus: (sonriéndole) Bueno, entonces te dejo. Espero que tus problemas se solucionen.
Lisandro: Gracias.
Marcus no deja de sonreírle cálidamente a Lisandro y ambos se van. Pese a que los dos no se presentaron ni se conocen han quedado muy impresionados el uno por el otro.
Marcus: Qué lindo ese chico. ¿De dónde podrá ser?
INT. / AUTOBÚS / DÍA
Entretanto, Antonio va en el autobús sentado al lado de la ventana y mirando pensativo a través de ella. Recuerda cuando abrazó a Lisandro la noche anterior en medio de la lluvia y se ve notablemente confuso.

Antonio: (suspirando) ¿Qué me pasó de repente contigo, Lisandro? Tú siempre has estado ahí para mí, así pasaran tres años, pero siempre estuviste ahí y nomás ahorita me doy cuenta.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, SALA / DÍA
Lisandro llega al departamento de Marina. Esta, quien usa pijama, inmediatamente se levanta del sofá. Tal parece que no había dormido en toda la noche esperándolo.


Marina: (aliviada) ¡Ay, Lisandro! Menos mal llegaste. Estuve rezando toda la noche esperando que no te hubiera pasado nada malo. ¿Dónde estabas?
Lisandro la mira con total desánimo y sin responder nada rompe a llorar, preocupándola aún más.
Marina: Lisandro, ¿qué te pasa? (Lo ayuda a sentarse en el sofá) Tú sabes que puedes confiar plenamente en mí. Cuéntame qué te sucedió. ¿Por qué llegas apenas?
Lisandro: Dudo mucho que contándote me puedes ayudar, Marina.
Marina: ¿Por qué? ¿Qué fue lo que te pasó?
Lisandro: Ni siquiera yo lo entiendo. Cuando ves una solución, por más pequeña que sea, la vida se empeña en volverlo a complicar todo y te confunde.
Marina: Lisandro, me siento muy mal al verte así, pero recuerda que somos amigos. Gracias a ti, dejé de un lado esa Marina amargada. Ahora me corresponde a mí ayudarte, porque pese al poco tiempo en el que hemos desarrollado nuestra amistad me he dado cuenta que eres una gran persona y no mereces sufrir de esa manera.
Lisandro: (llorando) No digas eso. No lo digas porque a lo mejor algo debí haber hecho mal y no haberme empeñado en acercarme a quien ya no hacía parte de mi vida. Estoy pagando seguramente el enamorarme de la persona que no me corresponde.
Marina: (confundida) Ay, no me digas que te rompieron el corazón.
Lisandro: ¿Sabes qué, Marina? Yo ahorita no quiero hablar. Perdóname.
Lisandro se levanta del sofá y se dirige a su habitación al tiempo que le forma un nudo en la garganta. Antonio le ha removido sentimientos que él durante mucho tiempo trató de reprimir y ahora se siente confundido. El chico entra a su habitación, se sienta en la cama y ve que Antonio lo está llamando a su celular insistentemente.
Lisandro: Perdóname, pero no voy a hablar contigo (Rechaza la llamada).
Más tarde, Marina está de salida para el trabajo y toca la puerta de la habitación de Lisandro.
Marina: Lisandro, ¿puedo pasar?
Lisandro: (desde adentro) Sí, Marina, adelante.
La mujer ingresa y lo ve recostado en la cama, usando ropa ligera, con un pañuelo en la mano izquierda y con el control remoto de la televisión en la mano derecha pasando de canal en canal. Marina se acerca preocupada a él y se sienta a su lado en la cama.
Marina: Lisandro, yo sé que ahora no estás pasando por el mejor de los momentos y a pesar de que no tengo muy claro qué te ocurrió, por lo poco que me dijiste hace un rato, me imagino que te sientes fatal y créeme que te entiendo. Yo pasé con algo similar cuando terminé con Antonio, pero no te puedes derrumbar.
Lisandro: Yo tengo claro eso, Marina (Sigue con la mirada fija en la televisión).
Marina: Pues si lo tienes tan claro, ¿qué haces aquí en esta cama? Mírate, por Dios. Tienes los ojitos hinchados de tanto llorar. Se nota que sólo has pensando en lo mismo desde que llegaste. Te vas a enfermar si continúas así.
Marina le quita el control y apaga la televisión.
Marina: Hagamos una cosa. Yo me tengo que ir a la financiera porque el idiota de mi jefe me necesita no sé para qué, pero prométeme que te vas a vestir y vas a salir de estas cuatro paredes a aprovechar este domingo. Prométemelo.
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Está bien, te prometo que voy a pensarlo, pero no te aseguro nada. Vete tranquila.
Marina le sonríe y sale de la habitación. Lisandro se queda pensativo. Mientas ella sale del departamento y cierra la puerta, recibe una llamada en su celular.
Marina: ¿Bueno?

Antonio: (al otro lado de la línea) Hola, Marina, soy yo.
Marina: (enarcando una ceja) Antonio, me sorprende tu llamada.
INT. / ANTIQUE AMOR, COCINA / DÍA
Antonio habla desde su celular, sentado en una silla dentro de la cocina de la pastelería. El hombre se ve notablemente desanimado.
Antonio: ¿Podrías pasarte un momento por Antique Amor?
Marina: (extrañada) ¿Por qué? ¿Te pasa algo?
Antonio: Sí, necesito hablar con alguien. Yo sé que no hemos sido los mejores amigos, pero por lo que tuvimos hace algunos años, me gustaría que vinieras para pedirte un consejo.
Marina: Pues ahorita mismo tengo que ir a la financiera, pero te prometo que en cuanto me desocupe iré inmediatamente a Antique Amor. ¿Te parece?
Antonio: (desanimado) Sí, está bien.
Antonio cuelga la llamada y se golpea la frente suavemente con el celular. Marina, por su parte, guarda su celular en su bolso y se queda pensativa.
Marina: Parece que se hubieran puesto de acuerdo los dos. Antonio tampoco sonaba nada bien (Extrañada).
CONTINUARÁ…


Lisandro: Eh, bueno, no se trata de eso y no me desvíes el tema. Tú y yo sólo tenemos una relación laboral y es por ello que quiero ayudarte. Estoy seguro de que Natasha quiere algo más, tiene un objetivo y te está utilizando para poder lograr ese objetivo.
Antonio: Estás exagerando. ¿Qué malas intenciones podría tener ella?
Lisandro: Pues eso es lo que no sé y todavía me falta averiguar, pero yo en tu lugar, la mandaría por un tubo de una buena vez para que “supuestamente” ella no se siga haciendo ilusiones contigo que sólo la utilizaste para llevártela a la cama.
De repente, Natasha llega con dos helados, uno para ella y otro para Lisandro. La muchacha les sonríe con hipocresía.

Natasha: ¿De qué hablan tan entretenidos?
Lisandro: Que te lo diga, Antonio.
Natasha: (extrañada) ¿Decirme qué?
Antonio: (incómodo) Mejor tomemos asiento. ¿Qué les parece?
Los tres se dirigen a una mesa en donde toman efectivamente asiento. Natasha se sienta al lado de Antonio y no duda en abrazarlo llenándolo de besos. Lisandro come su helado con incomodidad y dirigiendo la mirada hacia otra parte para evitar verlos.
Antonio: (incómodo) Deberías calmarte un poco, Natasha, ¿no crees? (Riendo)
Natasha: ¿Por qué si me gustas tanto? Lo normal es que te quiera tener todo el tiempo para mí, ¿no? (Besándolo)
Lisandro: (interrumpiéndolos) ¡Ejem! Natasha, ¿sabes algo? Yo siempre he tenido curiosidad por saber cuál es el secreto de modelos como tú para mantenerse bellas y regias.
Natasha: ¡Ay, Lisandro! No hay ningún secreto. Debes hacer ejercicio, comer saludable, dormir bien y en fin… Ya el resto depende de ti. Tú sabes, maquillarse e ir a la peluquería, pero bueno… Tal vez sea muy pronto para decir esto, pero si lo de Antonio y yo va en serio, quién quita y seas el padrino de nuestra boda.
Antonio comienza a toser compulsivamente al escuchar a Natasha.
Natasha: (preocupada) ¿Te pasa algo, Antonio? ¿Quieres agua?
Antonio: No, muchas gracias. Sólo me ahogué, pero ya estoy bien.
Lisandro: Natasha, perdona que te lo diga. No quiero hacer mal tercio, pero me parece que Antonio tiene algo muy importante que decirte. ¿No es así? (Mirándolo con reproche)
Natasha: ¿Y qué es eso que tienes para decirme, Antonio?
Antonio se queda en silencio sin saber qué decir, pero frente a la presión y a la mirada acusadora de Lisandro, comienza a balbucear unas cuantas palabras.
Antonio: Eh…. Natasha, yo… Creo que tú, es decir…. Yo, o más bien, los dos, deberíamos…
Natasha: (extrañada) ¿Deberíamos qué? Habla de una buena vez.
Antonio suelta un suspiro largo para tomar valentía frente a lo que va a decir.
Antonio: Creo que deberíamos tomarnos las cosas con calma.
Natasha desencaja el rostro.
Natasha: ¿De qué estás hablando?
Antonio: Natasha tú y yo nos conocimos ayer en la disco. La pasamos padre, es verdad y siento que hay buena química entre los dos, pero…
Natasha: (indignada) Entiendo, no tienes qué decirlo. Tú no quieres compromisos.
Antonio: (asintiendo con la cabeza) Sí, así es. Tú actitud me deja ver que quieres algo más, pero en ningún momento hemos formalizado nada. Simplemente tú desviaste las cosas y…
Natasha interrumpe a Antonio y le lanza una leve cachetada.
Natasha: Me importa poco lo que tengas para decir. Todos son iguales, unos promiscuos, cochinos, inmaduros.
Antonio: Natasha, por favor…
Natasha: Hasta luego.
Natasha toma su bolso, se levanta y se va de la heladería fingiendo estar muy molesta. Lisandro sonríe disimuladamente con burla.
Lisandro: La verdad duele, Antonio (Se refiere a la cachetada).
Antonio lo mira con los ojos entrecerrados por aquel comentario. Lisandro sigue comiendo su helado.
Antonio: Me siento mal. No quería que tomara las cosas así.
Lisandro: Fue lo mejor y ahora cuéntame, ¿la vas a correr de Antique Amor?
Antonio: No, Lisandro. No la puedo correr. Necesita el trabajo.
Lisandro: ¡Por favor, no seas tan ingenuo! Natasha no necesita el trabajo. Ella está mejor que tú y yo juntos. Si ella estuviera en la total ruina, ya todos los medios del país estarían enterados, ¿no crees?
Antonio: Tal vez mantiene un perfil bajo para que los medios no se metan en su vida privada. ¿Por qué tienes que pensar tan mal?
Lisandro: (suspirando) Yo sólo estoy tratando de que reacciones, pero bueno. Perdóname. Esa no es la forma de hablarte siendo tú mi jefe.
Antonio: (negando con la cabeza) No, perdóname tú a mí. Yo soy quien debe pedirte disculpas por lo mal que te he tratado porque siempre soy un idiota que no se da cuenta de nada ni veo a las personas que siempre están ahí para mí incondicionalmente como tú.
Antonio toma una de las manos de Lisandro, detalle por el cual éste último se sorprende.
Antonio: Tú… Tú eres alguien muy especial. Tú siempre me ayudas, me salvas, me aconsejas… Eres tú quien me debe perdonar a mí.
Lisandro se pone nervioso y aparta su mano de él.
Lisandro: Creo que te estás equivocando. Yo nunca te he ayudado. Antes a veces me siento como un estorbo para ti (Baja la cabeza).
Antonio: No digas eso. Tú no eres ningún estorbo y claro que siempre me ayudas, me sacas de aprietos, siempre estás a mi lado por más mal que te trate. Acuérdate del día en que empezaste a trabajar en Antique Amor.
Lisandro lo mira con fijación y se siente sorprendido por sus palabras.
Antonio: Mira que, por ti, Marina no se llevó malas impresiones de la pastelería o por ejemplo ahorita me diste el valor para enfrentarme a Natasha y decirle lo que verdaderamente sentía.
Lisandro: Sólo te quiero ayudar.
Antonio: ¿Por qué? (Confundido) ¿Por qué sigues ahí a pesar de cómo te trato?
Lisandro: Creo que lo mejor es que me vaya (Se levanta). Buenas noches. Mañana hablamos.
Lisandro sale de la heladería caminando bastante apresurado.
Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espera!
Antonio también se levanta con prisa y sale corriendo detrás de Lisandro en medio de una intensa lluvia que había empezado a hacer. El hombre lo llama repetidas veces, pero Lisandro sigue caminando y lo ignora; a ambos no les importa estarse mojando bajo la lluvia.
Antonio: (gritando) ¡Lisandro! ¡Te estoy pidiendo que te detengas!
Finalmente, Antonio logra alcanzarlo y lo toma de un brazo con delicadeza para girarlo hacia él.
Antonio: ¿Por qué sales corriendo así? ¿Por qué me dejas con la palabra en la boca?
Lisandro lo mira asustado sin saber qué decir.
INT. / TAXI / NOCHE
Por otra parte, Natasha habla por celular con la abuela de Lisandro mientras va dentro un taxi sentada en los asientos de atrás.

Natasha: Tal como lo oye, doña Victoria. Las cosas se nos salieron de las manos y todo gracias a su “nietecito”.
Victoria habla también desde un celular en su lujosa casa en Nueva York y bebe coñac en una copa. La anciana frunce el ceño al escucharla

Victoria: ¿De qué estupideces estás hablando?
Natasha: Antonio me acaba de mandar por un tubo y todo fue culpa de Lisandro. Estoy casi segura de que él lo convenció para que lo hiciera.
Victoria: (furiosa) ¡Maldita sea!
Victoria lanza la copa de coñac que estaba tomando al piso. Natasha alcanza a escuchar y se aturde.
Victoria: Muy bien, ya que las cosas se tornaron de esa manera, ¿qué piensas hacer? Necesito que como sea separes a mi nieto de ese idiota de Antonio ¿Me entiendes?
Natasha: Pero doña Victoria. ¿Cómo pretende que mañana me aparezca por la pastelería después de lo que me dijo Antonio? ¿Qué va a pensar? Yo también tengo mi dignidad y me da mucha pena con usted, pero las cosas no se hacen así.
Victoria: ¿Perdón? ¿Acaso me estás desobedeciendo? ¡Escúchame bien, muchachita! ¡Ve ahora mismo a rogarle al repostero ese que vuelva contigo! Esos dos no pueden permanecer ni un minuto solos. Para eso te voy a pagar.
Natasha: Yo no puedo hacer eso, ya le dije que…
Victoria: ¡Me importa un reverendo pepino tu dignidad! Claro que, si no quieres hacer nada, el trato que tenemos se terminaría y la más afectada serías tú. Recuerda que ahora estás acabada como modelo y tanto el asilo como el tratamiento de tu padre están de por medio.
Natasha: (sorprendida) ¿Me está chantajeando?
Victoria: Tómalo como quieras, pero te aconsejo que no seas tan estúpida y para que no digas que te estoy manipulando, mañana te llamaré para escuchar tu decisión, que espero sea la mejor (Cuelga).
Natasha se da cuenta de que la llamada ha terminado y no puede evitar quedarse preocupada.
EXT. / CALLES / NOCHE
Todavía está lloviendo fuertemente. Antonio todavía retiene a Lisandro de un brazo después de haberlo perseguido.


Lisandro: (apartándose) ¿Qué estás haciendo? Suéltame.
Antonio: ¿Por qué saliste corriendo así de la heladería? ¿Qué dije ahora que te hizo sentir mal? Porque si mal no creo recordar te estaba diciendo sólo cosas buenas.
Lisandro: Estás malinterpretando todo y eso no es bueno. De ninguna manera quiero volver a sufrir como lo hice cuando te fuiste de Nueva York.
Antonio: Yo no estoy malinterpretando nada. Yo sólo me di cuenta que ya no es justo que te siga haciendo a un lado en mi vida. Tú no lo mereces y por eso necesito que me perdones, necesito que… que vuelvas a decirme lo que sientes por mí.
Lisandro: (impactado) ¿Qué? ¿Estás jugando conmigo?
Antonio: Quisiera escucharlo de nuevo de tus labios, que me digas que te gusto como ese día y que me quieres.
Lisandro: (ofendido) ¡Pues no! ¿Por quién me tomas? Me ofendes, me humillas, me tratas de la patada a tu antojo, ¿y ahora quieres que te diga eso? ¿Pretendes burlarte de mí?
Antonio: Lo sé y créeme que me siento arrepentido. No quiero herirte más. Desde que nos reencontramos, han pasado varias cosas y ahora me tienes tan confundido que quisiera escucharlo de nuevo.
Lisandro: Entonces, ¿debo asumir que sólo quieres llenar tu ego diciéndote lo que sienta o deje de sentir por ti? Estás equivocándote conmigo (Intenta irse).
Antonio: Lisandro… (Lo detiene).
Lisandro: ¡Ya déjame, Antonio!
Antonio: ¡Escúchame!
Lisandro: (gritando) ¡Que me dejes! Y ni sigas con esto porque solo vas a lograr que me vaya de Antique Amor. Tú mismo dijiste que nuestra relación sería estrictamente laboral.
Antonio: Sé lo que dije, pero no tienes porqué ponerte así. Solo te estoy haciendo una pregunta.
Lisandro: Una pregunta que no te pienso responder y ya suéltame.
Antonio: No hasta que me digas lo que quiero escuchar.
Lisandro: ¡Que me sueltes!
Lisandro rompe a llorar ante la presión que siente, ante lo cual, Antonio se siente mal y lo abraza tiernamente.
Antonio: Perdóname. En serio no quiero herirte más.
Lisandro llora más fuerte al escuchar eso y le corresponde el abrazo con algo de inseguridad. Los dos se quedan sumidos en aquel abrazo en medio de la lluvia torrencial y las calles que para esa hora ya están desoladas. Antonio le habla cerca al oído a Lisandro.
Antonio: Por favor no te vuelvas a ir de mi lado (Hace una pausa).
Lisandro: Yo jamás me fui de tu lado. Fuiste tú quien lo hizo y me dejaste sin nada, sintiéndome como la peor basura de este mundo (Llorando). Me heriste tanto y sin embargo… sin embargo, yo todavía…
Los dos se apartan y no dejan de perder aquel contacto visual, completamente empapados.
Antonio: ¿Tú qué? ¿Todavía sientes algo por mí?
Lisandro: ¿Qué ganas sabiéndolo? ¿En qué pueden cambiar las cosas? ¿Vas a decirme que de la noche a la mañana con eso me vas a corresponder?
Antonio: (confundido) No es eso. Es que…
Lisandro: Sí, lo sé. Te entró tu ego de macho. Quieres experimentar conmigo y yo no pienso ser tu conejillo de indias para que entiendas tus sentimientos. Valgo más que eso, Antonio.
Lisandro intenta irse, pero Antonio lo detiene tomándolo de una mano.
Antonio: Sí, el idiota antes fui yo que se fue de tu lado, pero no quiero apartarme de ti de nuevo. Quiero cambiar lo que hay entre nosotros.
Lisandro: ¿De qué hablas? No hay ningún “nosotros”.
Antonio: Lo hay y aunque haya sido para mal, yo siempre te aprecié. Te quería a mi manera, pero cuando me dijiste lo que sentías, yo… (Hace una pausa) Yo simplemente no supe cómo tomarlo y me dolió lo que te dije. Te lo juro, pero las cosas pueden cambiar y tomar otro rumbo.
Antonio se le acerca a Lisandro y toma el rostro de él entre sus manos con ánimos de besarlo. Lisandro se estremece y se queda paralizado sin saber qué hacer.
Lisandro: (preocupado) Por favor, no lo hagas.
Antonio: Déjame intentarlo y demostrártelo. Por favor…
Antonio junta sus labios con los del chico. Lisandro duda en corresponderle, pero cierra los ojos y ambos comienzan a besarse lentamente en medio de la intensa lluvia que no cesa.
EXT. / PARADA DE AUTOBÚS / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día y está amaneciendo. La lluvia de la noche anterior ha cesado y se pueden ver a Lisandro como a Antonio durmiendo sobre una banca bajo una parada de autobuses. Los dos están frente a frente con los ojos cerrados, pero es Antonio quien comienza a despertar poco a poco y observa de una cierta forma especial a su amigo. Incluso, con algo de indecisión, acerca su mano al rostro de él.


Antonio: (susurrándole) Lisandro… Lisandro, despierta. Está amaneciendo.
Lisandro empieza a despertar también algo adormilado.
Lisandro: (desconcertado) ¿Qué pasa?
El chico mira a su alrededor y se levanta sobresaltado de la banca.
Lisandro: ¿Cómo terminamos durmiendo aquí?
Antonio: (riendo) Oye, cálmate, apenas está amaneciendo y nadie nos ha visto. No te preocupes (Se pone de pie).
Lisandro: ¿Cómo me pides eso? Dormimos en la banca de una parada, Antonio. ¿Te das cuenta? ¿Cómo pasó? (Desesperado)
Antonio: Pues anoche te vi tan cansado cuando esperábamos a que dejara de llover que no me atreví a molestarte y los dos nos terminamos quedando dormidos, además, si quieres que te sea sincero, fue bonito porque dormido no hiciste otra cosa que repetir mi nombre.
Lisandro se sonroja al escuchar eso. Los dos se quedan en silencio durante un momento largo.
Antonio: ¿No piensas decirme nada?
Lisandro: (serio) ¿Qué quieres que te diga? Y no me digas lo mismo de anoche porque no pienso caer en tu juego.
Antonio: Me estoy haciendo un lío, Lisandro. Te apareciste en mi vida de nuevo y todo empezó a dar un vuelco que no me esperaba.
Lisandro: Entonces aclara tus sentimientos y tus ideas, pero no me uses ni juegues conmigo, porque eso… (Hace una pausa). Eso nunca te lo perdonaría (Se va caminando).
Antonio: ¡Lisandro espera!
Lisandro: (alterado) ¡Déjame en paz, por favor! ¡Necesito pensar!
Lisandro termina por irse. Antonio se sienta de nuevo en la banca sintiéndose algo desanimado. Poco a poco, las aceras y calles de la ciudad empiezan a poblarse de personas. El panorama es gris y el cielo está nublado al tiempo que Lisandro camina lentamente solo por una acera. Lisandro recuerda de modo fugaz las palabras de Antonio la noche anterior en la heladería.
“Antonio: No, perdóname tú a mí. Yo soy quien debe pedirte disculpas por lo mal que te he tratado porque siempre soy un idiota que no se da cuenta de nada ni veo a las personas que siempre están ahí para mí incondicionalmente como tú”
Lisandro se abraza a sí mismo y no puede evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.
Lisandro: (llorando) ¿Qué hago ahora?
El chico sigue caminando y tropieza sin querer con un hombre desconocido más alto que él, por lo que se limpia las lágrimas con discreción y baja la cabeza.
Lisandro: (apenado) Discúlpeme, no me fijé por donde iba
Lisandro alza la mirada y se sorprende al ver aquel hombre desconocido, apuesto, de buen vestir y ojos verdes.

Marcus: (sonriendo) Está bien, no te preocupes.
Lisandro sigue su camino, pero aquel desconocido lo detiene.
Marcus: Oye, espera.
Lisandro voltea a ver. Marcus se le acerca mirándolo con extrañeza.
Marcus: Yo sé que no nos conocemos y no es en absoluto prudente de mi parte preguntarlo, pero ¿estás bien?
Lisandro: (desconcertado) ¿Por qué lo pregunta?
Marcus: Estás hecho un mar de lágrimas, ¿no te has visto?
Lisandro se apena aún más y baja la cabeza.
Marcus: (riendo) Perdona, es sólo que, si no te encuentras bien y te puedo ayudar con algo. No dudes en decírmelo. Muchas veces nos hace falta una mano amiga en momentos difíciles.
Lisandro: (sorprendido) Gracias por sus buenas intenciones, señor, pero sí. Estoy bien. Lo que siento ahora no es grave.
Marcus: (sonriéndole) Bueno, entonces te dejo. Espero que tus problemas se solucionen.
Lisandro: Gracias.
Marcus no deja de sonreírle cálidamente a Lisandro y ambos se van. Pese a que los dos no se presentaron ni se conocen han quedado muy impresionados el uno por el otro.
Marcus: Qué lindo ese chico. ¿De dónde podrá ser?
INT. / AUTOBÚS / DÍA
Entretanto, Antonio va en el autobús sentado al lado de la ventana y mirando pensativo a través de ella. Recuerda cuando abrazó a Lisandro la noche anterior en medio de la lluvia y se ve notablemente confuso.

Antonio: (suspirando) ¿Qué me pasó de repente contigo, Lisandro? Tú siempre has estado ahí para mí, así pasaran tres años, pero siempre estuviste ahí y nomás ahorita me doy cuenta.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, SALA / DÍA
Lisandro llega al departamento de Marina. Esta, quien usa pijama, inmediatamente se levanta del sofá. Tal parece que no había dormido en toda la noche esperándolo.


Marina: (aliviada) ¡Ay, Lisandro! Menos mal llegaste. Estuve rezando toda la noche esperando que no te hubiera pasado nada malo. ¿Dónde estabas?
Lisandro la mira con total desánimo y sin responder nada rompe a llorar, preocupándola aún más.
Marina: Lisandro, ¿qué te pasa? (Lo ayuda a sentarse en el sofá) Tú sabes que puedes confiar plenamente en mí. Cuéntame qué te sucedió. ¿Por qué llegas apenas?
Lisandro: Dudo mucho que contándote me puedes ayudar, Marina.
Marina: ¿Por qué? ¿Qué fue lo que te pasó?
Lisandro: Ni siquiera yo lo entiendo. Cuando ves una solución, por más pequeña que sea, la vida se empeña en volverlo a complicar todo y te confunde.
Marina: Lisandro, me siento muy mal al verte así, pero recuerda que somos amigos. Gracias a ti, dejé de un lado esa Marina amargada. Ahora me corresponde a mí ayudarte, porque pese al poco tiempo en el que hemos desarrollado nuestra amistad me he dado cuenta que eres una gran persona y no mereces sufrir de esa manera.
Lisandro: (llorando) No digas eso. No lo digas porque a lo mejor algo debí haber hecho mal y no haberme empeñado en acercarme a quien ya no hacía parte de mi vida. Estoy pagando seguramente el enamorarme de la persona que no me corresponde.
Marina: (confundida) Ay, no me digas que te rompieron el corazón.
Lisandro: ¿Sabes qué, Marina? Yo ahorita no quiero hablar. Perdóname.
Lisandro se levanta del sofá y se dirige a su habitación al tiempo que le forma un nudo en la garganta. Antonio le ha removido sentimientos que él durante mucho tiempo trató de reprimir y ahora se siente confundido. El chico entra a su habitación, se sienta en la cama y ve que Antonio lo está llamando a su celular insistentemente.
Lisandro: Perdóname, pero no voy a hablar contigo (Rechaza la llamada).
Más tarde, Marina está de salida para el trabajo y toca la puerta de la habitación de Lisandro.
Marina: Lisandro, ¿puedo pasar?
Lisandro: (desde adentro) Sí, Marina, adelante.
La mujer ingresa y lo ve recostado en la cama, usando ropa ligera, con un pañuelo en la mano izquierda y con el control remoto de la televisión en la mano derecha pasando de canal en canal. Marina se acerca preocupada a él y se sienta a su lado en la cama.
Marina: Lisandro, yo sé que ahora no estás pasando por el mejor de los momentos y a pesar de que no tengo muy claro qué te ocurrió, por lo poco que me dijiste hace un rato, me imagino que te sientes fatal y créeme que te entiendo. Yo pasé con algo similar cuando terminé con Antonio, pero no te puedes derrumbar.
Lisandro: Yo tengo claro eso, Marina (Sigue con la mirada fija en la televisión).
Marina: Pues si lo tienes tan claro, ¿qué haces aquí en esta cama? Mírate, por Dios. Tienes los ojitos hinchados de tanto llorar. Se nota que sólo has pensando en lo mismo desde que llegaste. Te vas a enfermar si continúas así.
Marina le quita el control y apaga la televisión.
Marina: Hagamos una cosa. Yo me tengo que ir a la financiera porque el idiota de mi jefe me necesita no sé para qué, pero prométeme que te vas a vestir y vas a salir de estas cuatro paredes a aprovechar este domingo. Prométemelo.
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Está bien, te prometo que voy a pensarlo, pero no te aseguro nada. Vete tranquila.
Marina le sonríe y sale de la habitación. Lisandro se queda pensativo. Mientas ella sale del departamento y cierra la puerta, recibe una llamada en su celular.
Marina: ¿Bueno?

Antonio: (al otro lado de la línea) Hola, Marina, soy yo.
Marina: (enarcando una ceja) Antonio, me sorprende tu llamada.
INT. / ANTIQUE AMOR, COCINA / DÍA
Antonio habla desde su celular, sentado en una silla dentro de la cocina de la pastelería. El hombre se ve notablemente desanimado.
Antonio: ¿Podrías pasarte un momento por Antique Amor?
Marina: (extrañada) ¿Por qué? ¿Te pasa algo?
Antonio: Sí, necesito hablar con alguien. Yo sé que no hemos sido los mejores amigos, pero por lo que tuvimos hace algunos años, me gustaría que vinieras para pedirte un consejo.
Marina: Pues ahorita mismo tengo que ir a la financiera, pero te prometo que en cuanto me desocupe iré inmediatamente a Antique Amor. ¿Te parece?
Antonio: (desanimado) Sí, está bien.
Antonio cuelga la llamada y se golpea la frente suavemente con el celular. Marina, por su parte, guarda su celular en su bolso y se queda pensativa.
Marina: Parece que se hubieran puesto de acuerdo los dos. Antonio tampoco sonaba nada bien (Extrañada).
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario