Capítulo 9: Sentimientos confusos (2° parte)

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, COCINA / DÍA

Lisandro se encuentra en la cocina preparándose un té cuando escucha el timbre, por lo que inmediatamente se dirige a abrir la puerta. El chico se sorprende al ver a Natasha, quien entra de forma atrevida sin ni siquiera pedir permiso.



Natasha: (sonriendo con hipocresía) Hola, Lisandro.

Lisandro: (molesto) ¿Tú que estás haciendo aquí?

Natasha: ¿Está Marina? Vengo a verla. Ella muy amablemente me pasó su dirección aquel día en la disco, así que vine a visitarla.

Lisandro: (poco convencido) Hum, ya veo. ¿Puedo saber desde cuándo Marina y tú son tan amigas? Yo que sepa ustedes sólo se emborracharon juntas esa noche.

Natasha: Eso a ti no te concierne, precioso y ahora dime. ¿Marina está sí o no?

Lisandro: ¿Sabes qué creo, Natasha? Que solo viniste hasta aquí para mortificarme con tu presencia en venganza por haber convencido a Antonio de que te dijera lo que te dijo.

Natasha: (cínica) ¡Ay Lisandro! Me duele la mala impresión que tienes de mí. ¿Qué te he hecho? Yo sólo vine hasta aquí para hablar con una amiga después de lo que Antonio me hizo anoche. No es fácil que te usen para pasar el rato.

Lisandro se cruza de brazos y rueda los ojos al escucharla.

Natasha: Además, me parece el colmo que hayas dañado mi potencial noviazgo con Antonio, pero para que veas que no soy de guardar rencores, te perdono.

Lisandro: (indignado) ¿Piensas que voy a creerte ese cuento barato de que no sabías nada? Yo ahora no quiero discutir contigo y mucho menos en este depa que ni siquiera es mío, así que te pido de la mejor manera que te vayas de aquí.

Natasha: ¡Está bien, está bien! Por lo visto, pierdo mi tiempo tratando de llevarme bien contigo, pero bueno. ¿No piensas ir a decorar la pastelería para la fiesta de mañana? Te recuerdo que Antonio nos ordenó a ti y a mí que nos encargáramos de eso.

Lisandro: Sí, es cierto, lo había olvidado y aunque te agradezco que me lo recuerdes, yo me puedo ir solito para la pastelería a hacer mi parte del trabajo.

Marina: (quejándose) ¡Lisandro! Mira que en verdad quiero ser tu amiga. No me interesa discutir por tonterías. Déjame demostrarte que no soy la mala persona que crees. Tómate tu tiempo para arreglarte, te espero y nos vamos juntos. ¿Qué te parece?

Lisandro: (resignado) Está bien, ya que insistes, pero que conste que solo lo hago como una forma de disculparme contigo por haber tu dañado tu dizque noviazgo de fantasía.

Natasha: Deja eso en el pasado. Yo soy quien debe disculparse por lo mal que nos hemos llevado. Ve, anda y arréglate. Te espero aquí.

Lisandro la mira con suspicacia y se retira para ducharse. Una vez que se queda a solas, Natasha saca su celular de su bolso y hace una llamada.

NUEVA YORK



INT. / CAFETERÍA / DÍA

Entretanto, Victoria se encuentra en la misma cafetería distinguida a la que suele ir. Toma un café y tiene varias fotos de Lisandro y Antonio de la noche anterior cuando se estaban besando. Cuando la mujer escucha su celular, mira en la pantalla de quien se trata, sonríe y contesta.



Victoria: Cuéntame, Natasha. ¿Qué decisión tomaste?

Las escenas de cada una se intercalan al hablar desde los lugares en los que se encuentran.

Natasha: Primero se saluda, doña Victoria, ¿no cree?

Victoria: ¿Por qué no dejas los modos para después y me cuentas tu decisión? ¿Piensas seguir con el trato sí o no?

Natasha: Lo pensé bien y… sí. Decidí que voy a seguir trabajando para usted (Resignada).

Victoria: (sonriendo con malicia) ¿Lo ves? Tomar decisiones apresuradas no te sirve de nada. Debes siempre mirar el camino que te convenga, sea bueno… o malo, pero aun así quiero advertirte que la próxima vez que dudes, no volveré a darte la oportunidad de pensarlo. ¿Entendido?

Natasha: Entendido, doña Victoria. Por lo pronto estoy en el departamento donde Lisandro se está quedando con la aburrida esa de Marina. Tal parece sucedió algo entre su nieto y Antonio. Lo que me llama la atención es que ese “algo” tiene a Lisandro llorando a cántaros o bueno, eso fue lo que noté cuándo lo vi.

Victoria: Lo sé.

Natasha: (sorprendido) ¿Lo sabe? ¿Qué quiere decir?

Victoria: Tengo un detective privado allá en México que le sigue los pasos a Lisandro y anoche, después de que te fuiste de la heladería, los dos se quedaron solos y… (Frunce el ceño) Se besaron.

Natasha: (impactada) No lo puedo creer. La verdad veía a Antonio tan varonil que no pensé que…

Victoria: Pensaste mal. Hay tantos hombres como él de degenerados que no les importa un día acostarse con una mujer y al otro día con un hombre a las escondidas, pero eso no lo pienso permitir tratándose de mi nieto.

Natasha: Bueno, siendo así, ahora más que nunca debo encargarme de separarlos. Por ahora se me ocurre volverme la mejor amiga de Lisandro para ponerlo en contra de Antonio y viceversa. De esa manera, los dos pueden resultar peleados y Antonio lo termine por echar de la pastelería.

Victoria: Sólo espero que las cosas salgan bien esta vez. No quiero sorpresas como las de anoche y que no se te olvide, Natasha. Mi nieto y el repostero ese no pueden estar juntos y tú eres la encargada de hacerlo posible.

Natasha: Y a usted no se le olvide su parte del trato. Yo los mantengo alejado y usted me paga lo que acordamos.

INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA



Horas después, Marina llega a la pastelería. Antonio le abre la puerta después de que ella la hubiera tocado.



Antonio: Hola, Marina. Pasa.

Marina: (entrando) Vine lo más pronto que pude, pero ahora sí cuéntame qué te pasa. Te oí muy mal cuándo me llamaste.

Antonio: Te llamé para pedirte un consejo. Siéntate, adelante. Esta vez todo es en son de paz. No te preocupes.

Marina: (suspirando) Por esta vez te siento sincero, así que está bien (Se sienta). ¿Qué consejo quieres que te dé? Debe tratarse de algo muy importante.

Antonio: (sentándose frente a ella) Bueno, pasa que anoche le terminé a Natasha.

Marina: (sorprendida) ¿Cómo? ¿Es que acaso eran novios?

Antonio: En realidad no. Ella estaba confundiendo las cosas de la nada. ¿Puedes creer que se atrevió a mencionar la posibilidad de casarnos cuando no llevamos ni una semana de conocernos?

Marina: Tal vez tú permitiste que se ilusionara. Te conozco, Antonio. Yo sé que no eres más que un don Juan que se la pasa coqueteándole a cuanta falda ve.

Antonio: (suspirando) No necesito regaños, Marina. Necesito consejos. El punto es que también le terminé por alguien especial.

Marina: (sorprendida) ¿Por alguien?

Marina recuerda esa mañana cuando Lisandro llegó al departamento y le contó brevemente sobre su decepción amorosa.

Antonio: (extrañado) ¿Te pasa algo, Marina?

Marina: (reaccionando) Eh, no. Es sólo que se me hace algo muy curioso, pero no me prestes atención. Me decías que le terminaste por alguien.

Antonio: Sí y me siento tan confundido. No sé qué hacer, no sé qué pensar. Me siento como un completo idiota.

Marina: Yo lo que veo es que sinceramente sigues siendo el mismo hombre inseguro que se confunde con sus sentimientos y que, al final, resulta tomando una mala decisión.

Antonio: ¿Qué crees que debería hacer entonces?

Marina: Alejarte tanto de Natasha como de esa persona por la que me dices que le terminaste a ella. Primero aclara tus ideas y no juegues con los sentimientos de nadie.

En ese momento la conversación de ambos es interrumpida, ya que tocan la puerta. Antonio es quien abre; son Lisandro y Natasha. El primero no se siente capaz de mirarlo a los ojos y se queda de pie detrás de la segunda.



Natasha: (indiferente) Hola, Antonio.

Antonio: Hola, Natasha (No se atreve a saludar a Lisandro).

Natasha: Lisandro y yo vinimos a decorar la pastelería para la fiesta de mañana. No quiero que creas que vine para rogarte o algo por el estilo. Más bien me gustaría que todo lo que pasó quedara en el olvido. Haré de cuenta que nada pasó entre los dos.

Antonio: Entiendo y si lo que te preocupa es el trabajo, tranquila. Lo vas a conservar.

Marina: (sorprendida) ¿Natasha? ¿Estás trabajando aquí?

Natasha: (sonriendo) ¡Hola, Marina! (Ambas se besan en la mejilla) Pues sí, por desgracia tengo graves problemas económicos ahora y tuve que pedirle trabajo a Antonio como mesera. Pero ven y hablamos un momento, claro, sí Antonio nos lo permite.

Antonio: Por supuesto. Hablen tranquilamente todo lo que quieran, pero sólo unos minutos. Natasha debe ayudarla a Lisandro con la decoración de la fiesta de disfraces.

Marina: Tráenos algo de tomar, Antonio. Te lo pago en un rato.

Lisandro: Yo me encargo. Ya les traigo unos refrescos.

Lisandro se dirige rápidamente a la cocina para evadir a Antonio. Éste se queda mirándolo mientras Natasha y Marina se sientan para platicar. Por su parte, estando en la cocina, Lisandro saca del refrigerador los refrescos y suspira. Justo cuando se da la vuelta, se topa de frente con Antonio.



Lisandro: ¡Me asustaste!

Antonio: ¿Podemos hablar un momento? Te llamé, pero no me contestaste.

Lisandro: (evadiéndolo) Ahora no puedo. Debo llevarle esto a Marina y Natasha.

Antonio: Los refrescos pueden esperar. Lo que te voy a decir no. De verdad necesito hablar contigo. Necesito que me escuches y me respondas.

Lisandro: Tú y yo no tenemos nada más de que hablar. Creo que fui lo suficientemente claro contigo esta mañana. Te dije que me dejaras pensar.

Antonio: ¿Qué hay de mí? ¿Vas a decirme que el beso de anoche no significó nada para ti?

Lisandro: ¿A dónde quieres llegar preguntándome eso? ¿Quieres que crea que estás sintiendo algo por mí cuando en realidad solo estás confundido con tus sentimientos?

Antonio: Eso es justo lo que necesito, Lisandro. Hay algo en ti que me confunde y que necesito saber qué es. Dame la oportunidad de demostrarte que puedo ser diferente. ¿Qué es a lo que le temes?

Lisandro: (sollozo) ¿Qué es a lo que le temo? ¿Te parece poco tu homofobia hacia mí cuando te confesé lo que sentía? Yo sinceramente no creo que esa homofobia desaparezca de un momento a otro y no trates de tomarme por un tonto.

Antonio: No soy homofóbico. Ya te dije anoche que muy en el fondo me dolió como un condenado cómo te traté. Es como si hubiera querido negarme a algo, no sé y por eso te hice aparte.

Lisandro: Pues ya no importa

Antonio: Escúchame, por favor (Desesperado).

Lisandro: ¿Para qué? Yo sé muy bien que lo que quieres es "experimentar" conmigo como un adolescente y a lo que le temo es caer en ese juego para que luego me dejes botado. ¡A eso le temo! ¡A que juegues con mis sentimientos!

Antonio: ¿Tú todavía me amas?

Lisandro: Debo llevarle los refrescos a Marina y Natasha.

Lisandro intenta salir de la cocina, pero como es costumbre, Antonio lo detiene tomándolo de un brazo.

Lisandro: ¡Antonio, suéltame por favor! No hagamos las cosas más difíciles.

Antonio: ¡Tú no hagas las cosas difíciles! Yo de verdad siento algo por ti, Lisandro, es algo especial… Tu forma de ser, tu buen humor, tu toque creativo para todo... Todo eso me ha hecho sentir lo que en este momento estoy sintiendo, pero no sé qué es…

Lisandro: Entonces aclara primero tus sentimientos, pero no me uses a mí para eso. Yo no pienso corresponderte para que luego me botes y me dejes.

Afuera de la cocina, Natasha y Marina platican amenamente. La primera le acaba de contar a la segunda sus motivos para trabajar como mesera en Antique Amor.



Natasha: (mintiendo) Entonces luego de la muerte tan inesperada de mi papá, caí en bancarrota y la agencia para la que trabajaba me cerró las puertas. Por eso paré aquí, Marina.

Marina: Qué mal todo lo que me cuentas. Tal vez podría conseguirte un puesto en el banco, algo mejor que ser una simple mesera y que esté más acorde a tu clase.

Natasha: No te preocupes. Como mesera me siento bien y, además, así tengo la oportunidad de estar cerca de Antonio que me gusta tanto. Quiero ese hombre para mí, Marina y no quiero alejarme de él.

Marina: Bueno, si eso es lo que quieres, te deseo suerte. Antonio no es que sea el mejor de los partidos, pero tiene lo suyo. ¿Por qué Lisandro estará demorándose tanto con los refrescos?

Natasha: (levantándose) Voy a ver qué pasa y ya vuelvo.

Entretanto, en la cocina, Lisandro y Antonio continúan hablando. Lisandro derrama varias lágrimas.

Antonio: Yo no te pienso dejar, Lisandro. Vayamos con calma y dame una oportunidad.

Lisandro: Perdóname, pero no puedo. Me es muy difícil creerte después de todo lo que ha pasado entre tú y yo.

Antonio: Por favor, dame la oportunidad. Puedo cambiar por ti, ser otro hombre, dejar mi egocentrismo a un lado, no sé. Sólo dame la oportunidad.

Antonio comienza a acercar sus labios a los de Lisandro.

Lisandro: (preocupado) Antonio, no… Aquí no.

Antonio: ¿Sabes algo?

Lisandro: Basta, detén esto...

Antonio: Para ser la primera vez en mi vida que beso un chavo, se sintió bien bonito. Me sentí bastante bien por dentro cuando te tenía ahí conmigo y te abracé, no sé… Era algo que quería hacer que mi ego no me dejaba. Con ningún otro hubiera sido capaz nunca, pero contigo es diferente.

Lisandro: (agitado) Antonio…

Lisandro pone su mano entre sus labios y los de Antonio para evitar que lo bese, sin embargo, él la retira y justo cuando está a punto de besarlo de nuevo, Natasha entra a la cocina y frunce seriamente el ceño.

Natasha: ¿Interrumpo algo?

Antonio se aparta de Lisandro.

Lisandro: No, Natasha, no interrumpes nada. Ya les iba a llevar los refrescos.

Natasha: Entonces ve y llévalos. Necesito hablar algo a solas con Antonio. ¿Me permites?

Lisandro: Sí, claro.

Lisandro sale rápidamente de la cocina. Natasha mira seria a Antonio y se cruza de brazos.

Natasha: ¿Qué significa lo que acabo de ver, Antonio? ¿Soy yo o ibas a besar a tu mesero?

Antonio: Eso no te importa. Mi vida es privada y tú no tienes por qué entrometerte. Una cosa es que te permita conservar tu empleo aquí en Antique Amor y otra muy diferente es que intentes meterte en mi vida.

Natasha: Tranquilo. No tienes que hablarme de esa manera. Yo sólo te hacía una pregunta.

Antonio: Pregunta de muy mal gusto. La única relación que habrá entre nosotros de ahora en adelante será estrictamente laboral, nada más y espero que eso te quede muy claro.

Antonio sale molesto de la cocina. Natasha lo detiene.

Natasha: ¡Antonio espera! Perdóname. No quería meterme en tu vida privada ni nada por el estilo, es que, aunque tú no lo creas, me gustas reteharto y me va a ser muy difícil sacarte de mi cabeza. Por eso sentí celos cuando te vi a punto de besarte con Lisandro. No pensé que entre ustedes dos hubiera ese grado de confianza…

Antonio: Está bien, Natasha, déjalo ya, pero te agradecería que no volviera a suceder. Ahora necesito que te pongas a decorar la pastelería con Lisandro para la fiesta de mañana.

Natasha: Claro, ya me pongo en ello (Los dos salen de la cocina).

Entretanto, Lisandro está sacudiendo con un pañuelo el polvo de la vitrina donde se exhiben los pasteles y en un momento dado, se detiene de sacudir y comienza a acariciar sus labios con dos de sus dedos; a su mente viene el recuerdo de cuando Antonio le besó la noche anterior y recuerda también el momento cuando estaba a punto de hacerlo en la cocina. Natasha se le acerca con una sonrisa fingida e hipócrita, como es costumbre en ella para aparentar.



Natasha: Lisandro… Perdona que te moleste. Yo sé que tienes mucho trabajo, pero quería pedirte que adelantes la decoración de la pastelería mientras platico un momento con Marina, si no es mucha molestia para ti.

Lisandro: No te preocupes (Sigue limpiando). Ve y charla con ella todo lo que quieras. Yo iré decorando todo.

Natasha: ¿Te sucede algo? Es que te veo algo triste. Me imagino que debe tener algo que ver con Antonio.

Lisandro: (sorprendido) ¿Por qué crees que lo que me pasa tiene algo que ver con él?

Natasha: Pues por lo que vi hace un rato en la cocina…



Marina: ¡Natasha! (Gritando desde la mesa en donde está sentada) Te estoy esperando. ¿No vas a venir?

Natasha: ¡Sí, Marina! ¡Ya voy! Espera termina de hablar una cosita con Lisandro.

Lisandro: No, Natasha, mejor ve con Marina. Yo tengo que ir haciendo mi trabajo.

Natasha: Ok, pero ya sabes que cualquier cosa, estoy aquí para escucharte y si necesitas algo relativo a la decoración no dudes en decirme, ¿bueno?

Natasha se dirige a la mesa en la que Marina la espera. Lisandro suspira y niega con la cabeza. Es así como, mientras pasan las horas, Lisandro decora la pastelería con cintas de colores en cada esquina del establecimiento. Recorta figuras con papel en forma de estrellas, lunas y también figuras en forma de pastel. Luego, cuelga del techo serpentinas de diferentes colores, además de globos. Cabe decir que es domingo y no se presta atención ese día en la pastelería. Cuando atardece, el chico se sienta exhausto sobre una silla y suspira.



Lisandro: ¡Dios mío! Me la he pasado todo el día decorando y lo peor es que lo he hecho todo solo. La tonta de Natasha no hizo nada.

Lisandro se pone de pie y se dirige al baño, pero se queda escuchando tras la puerta a Natasha, quien habla por celular.



Natasha: (alterada) ¿Cómo que se puso mal? ¿Cuándo? (Hace una pausa) Esto es el colmo. Yo les pago muy bien para que le den la mejor atención médica y ahora me vengo a enterar de que ha estado mal de salud. ¿Qué clase de ineptos son ustedes? (Hace otra pausa molesta) Ya mismo salgo para allá y no importa que se haya acabado la hora de visita.

Natasha cuelga. Lisandro se aleja de la puerta para aparentar que no estaba escuchando y toma una escoba para barrer. Acto seguido, ella sale del baño, ya vestida con ropa casual y con su bolso colgando del brazo.

Lisandro: ¿Ya te vas, Natasha?

Natasha: Sí, Lisandro, ya me voy. Se me presentó un inconveniente de último momento. De todos modos, ya casi es la hora de salida, ¿no?

Lisandro: (extrañado) Sí, en media hora. ¿Y de qué se trata tu inconveniente? ¿Es algo grave?

Natasha: Eh, bueno… Es una amiga que al parecer está malita de salud, así que iré a acompañarla, nada de lo cual preocuparse. En cuanto a la decoración, te quedó genial. Lamento no haberte podido ayudar.

Lisandro: Más lamento yo haberlo hecho solo (Sarcástico).

Natasha: Perdóname, pero me quedé hablando con Marina de tantas cosas que al final perdí la noción del tiempo. ¿Me haces un favor? Si Antonio pregunta, dile que decoramos Antique Amor entre tú y yo ¿sí? No quiero que me regañe.

Lisandro: Claro, descuida. Espero que tu “amiga” se mejore.

Natasha: Gracias, Lisandro. Te debo una. Definitivamente, a partir de hoy, tú y yo nos llevaremos muy bien. Bueno, me voy, no quiero que se me haga tarde.

Natasha sale apresurada de la pastelería. Lisandro se queda mirándola con suspicacia.

Lisandro: ¡Qué mujer más extraña! Sea lo que se traiga entre manos, lo voy a averiguar.

De repente, Antonio sale de la cocina, vestido también ya con ropa casual.



Antonio: Lisandro. Creí que ya te habías ido (Apaga las luces).

Lisandro: Quise quedarme para perfeccionar un poco la decoración. Natasha acabó de irse.

Antonio: Y a propósito, les quedó genial, pero dime algo. ¿De verdad lo hiciste todo con ella?

Lisandro se queda en silencio frente a la pregunta. Antonio sonríe y niega con la cabeza.

Antonio: Me lo imaginé. Natasha no es capaz de mover un dedo para hacer algo tan bien elaborado, en cambio tú siempre tienes esa creatividad.

Lisandro: (incómodo) Gracias.

Antonio: Me imagino que esa creatividad tuya se debe que en la universidad cursabas diseño gráfico.

Lisandro: Creí que no te acordabas de la carrera que cursaba en la universidad.

Antonio: ¿Cómo crees que no voy a acordarme? Fuimos mejores amigos.

Lisandro: (incómodo) Bueno, me voy a cambiar para que puedas cerrar. No me tardo.

Antonio: ¡Espera! (Lo detiene tomándolo de una mano) ¿Por qué siempre tratas de evadirme, Lisandro?

Lisandro: Ya, por favor, Antonio. Ya hemos hablado lo suficiente. Entre tú y yo no puede haber nada, y yo no pienso corresponderte sólo porque ahora resulta que andas confundido.

Antonio: Si eso es lo que temes, no va ser así porque yo no quiero experimentar contigo. Te aseguro que esto que estoy sintiendo es algo real y aunque me cueste aceptarlo, de seguro ya lo sentía desde que éramos amigos, solo que me negaba.

Lisandro: (serio) Me es tan difícil creerte cuando toda tu vida no has sido más que un mujeriego que busca acostarse con cuanta chava bonita se le cruza por enfrente, como Natasha o como la misma Marina en su momento.

Antonio: Lo de Marina fue diferente. Yo a ella la quería sinceramente. Pensé que podíamos construir un futuro juntos, pero me decepcionó cuando llegó una noche al departamento besándose con otro. ¿Qué tengo que hacer para que creas que soy un hombre de palabra?

Lisandro: (sollozando) No lo sé... Yo no sé qué creer, no sé qué pensar. Solo sé que... Tu sola presencia me causa daño y esto es algo que no puedo ni quiero soportar.

Antonio toma de los brazos a Lisandro y lo arrincona contra la pared. El chico se sorprende, más cuando Antonio acerca sus labios a los de él para besarlo y hablarle sumamente cerca.

Antonio: Dilo de nuevo. Vamos, di de nuevo que te gusto, que me quieres. Dilo.

Lisandro: (susurrando) Antonio, por favor. Esto no está bien.

Los dos se miran a los labios queriendo besarse en ese preciso instante y respiran agitados.

Antonio: ¿Qué te cuesta reconocerlo como hace tres años?

Lisandro: (llorando) Temo confesarte lo que siento por tu reacción. Temo que suceda lo mismo de hace años. No quiero que vuelvas a herirme con tus palabras.

Antonio: Eso no va a volver a pasar (Toma el rostro de él entre sus manos). Ahora es diferente por lo que siento por ti. Hazlo. Dilo de nuevo.

Lisandro lo duda unos cuantos segundos y se traga sus propias lágrimas para luego asentar con la cabeza.

Lisandro: Sí Antonio. Yo… yo te quiero… Te quiero muchísimo como desde el primer día. Para mí nada ha cambiado.

Antonio le sonríe tiernamente y lo besa nuevamente. Lisandro se deja llevar y le corresponde con algo de inseguridad. Los dos se besan en medio de la luz tenue de la pastelería durante varios segundos.

Lisandro: (apartándose) Antonio, no…

Antonio: ¿Qué pasa?

Lisandro: Perdóname, es mejor que me vaya.

Lisandro toma su bolsa y sale corriendo de la pastelería vestido aún de mesero mientras llora. Antonio sale tras él desconcertado.

Antonio: Lisandro, no te vayas. ¡Espera!

Lisandro lo ignora y corre rápidamente para no ser alcanzado sin ni siquiera mirar atrás. Antonio también corre detrás de él intentando alcanzarlo.

Antonio: ¡Lisandro, espera! ¡No te vayas así!

De repente, el chico llega a una parada de autobuses y aprovecha para abordar el autobús rápidamente. El conductor cierra las puertas y se va. Antonio corre detrás del autobús y Lisandro lo ve sintiéndose muy afligido desde la ventana.

Antonio: (gritando) ¡Lisandro! ¡Lisandro!

Pero es inútil. El autobús se aleja y no es capaz de alcanzarlo, cosa que lo deja frustrado.

Antonio: ¡Como un carajo! (Muy enojado)

INT. / AUTOBUS / NOCHE

Entretanto, dentro del autobús, Lisandro llora con disimulo en uno de los asientos al lado de la ventana y se toca el relicario que una vez Antonio le regaló.



Lisandro: (susurrando) Perdóname, Antonio.

El chico se limpia las lágrimas e intenta no llorar más.

EXT. / PARQUE / NOCHE

Entretanto, Natasha camina desolada por un parque llorando y tomando su celular, llama a Victoria. Ésta última contesta al otro lado de la línea.



Victoria: ¿Para qué me llamas, Natasha? ¿Alguna novedad?

Natasha: No, doña Victoria. La llamo porque mi papá está muy mal de salud. Tuvo una recaída hoy y necesita unos medicamentos bastante costosos para su tratamiento.

Victoria: ¿Y qué pretendes que yo haga? ¿Quieres una transferencia bancaria para que pagues los medicamentos que necesita tu padre?

Natasha: Doña Victoria, yo le estoy ayudando a separar su nieto de Antonio.

Victoria: Te equivocas. Tú no me estás ayudando porque si fuera así no me cobrarías. Lo que estás haciendo es trabajando para mí.

Natasha: Entonces deme un adelanto. De verdad lo necesito. ¿Qué quiere que haga para que me lo dé?

Victoria: (sonriendo con malicia) Ya que lo propones, sí hay algo que podrías hacer si quieres un adelanto. Tengo un plan que necesito que lleves a cabo mañana en esa dichosa fiesta de disfraces.

Natasha: (desesperada) ¡Lo que sea! Usted dígame y yo lo haré.

INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE

Lisandro llega al departamento y abre la puerta. Marina está poniendo la mesa.



Marina: Lisandro, qué bueno que llegas. En pocos minutos iba a servir la cena.

Lisandro: (desanimado) No, Marina, muchas gracias, ahorita no tengo apetito.

Marina: (extrañada) ¿Por qué? Y ahora que te veo bien, ¿por qué no te cambiaste de ropa en Antique Amor? Todavía tienes puesto el uniforme. ¿Qué te pasa?

Lisandro: Nada por lo cual debas preocuparte. Es solo que estoy muy cansado y precisamente por eso, quiero irme a la cama un poco más temprano de lo habitual.

Marina: (desanimado) Hum, entiendo. Que tengas buena noche. Ya sabes que, si necesitas algo, solo dime.

Lisandro: (sonriendo forzado) Gracias, Marina. Lo tendré en cuenta.

Lisandro se encierra en su habitación. Marina se queda extrañada por su actitud.

CONTINUARÁ…

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capítulo 27: Gran final (2° parte)

Capítulo 27: Gran final (1° parte)

Capítulo 22: Entre mentiras