Capítulo 11: Una noche particular
INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE
Lisandro y Marcus acaban de reencontrarse. Marcus no deja de sonreírle de una forma seductora, pues tal parece el chico le llama mucho la atención.


Lisandro: Qué casualidad vernos aquí. Nunca me imaginé que nos volviéramos a encontrar.
Marcus: Digamos que no vine por casualidad. Buscando pastelerías en internet, me encontré con esta y vi una foto en la que aparecías precisamente tú. Vine a verte.
Lisandro: (sorprendido) ¿Cómo que vino a verme? Disculpe, pero no le entiendo.
Marcus: Me llamo Marcus (Extendiéndole la mano). Marcus King. Trabajo como crítico de repostería para la revista de mi familia en Estados Unidos y hace poco me radiqué aquí en México.
Lisandro le corresponde el apretón de manos con algo de desconfianza.
Marcus: ¿Tú cómo te llamas?
Lisandro: (sonriéndole tímido) Lisandro y trabajo aquí como mesero desde hace ya varios días.
Marcus: Es un placer conocerte, Lisandro y no sé por qué, pero me da la leve impresión de que eres un chico muy interesante con muchas cosas por descubrir. Por eso quise tomarme el atrevimiento de venir a tu trabajo solo para verte y conocerte mejor.
Lisandro se sorprende al escucharlo y no puede evitar ponerse nervioso.
Lisandro: Entiendo, bueno, debo seguir con mi trabajo. ¿Quiere tomar algo o comer algún pastel?
Marcus: Un cóctel estaría bien. Gracias.
Lisandro: Ya en un tantito se lo traigo. Con permiso.
Lisandro se retira y Marcus se queda mirándolo con cierta fascinación. El hombre dirige la mirada hacia el DJ, quien es el encargado de reproducir la música que suena a todo volumen por lo ancho y largo de la pastelería, por lo que se le ocurre una idea.
Entretanto, Lisandro entra a la cocina para servir el cóctel que Marcus le pidió y se siente un poco nervioso.
Lisandro: ¿Quién será ese hombre tan extraño? ¿Por qué me dijo todas esas cosas? Jamás en la vida nadie se me había acercado para hablarme así. ¿Qué hago?
Lisandro se bebe de un solo sorbo el cóctel que había servido para Marcus y se pega a sí mismo una palmada en la cabeza.
Lisandro: Qué idiota, Lisandro. No te tomes las bebidas que no son para ti (Sirve rápidamente otro coctel). Aunque uno de vez en cuando no cae mal, digo, ¿no?
Lisandro se toma de nuevo el cóctel de un solo sorbo. Por otra parte, Natasha y Valentín se cansan de bailar y van a sentarse en una mesa.


Natasha: (riendo) No sabía que eras tan bueno para bailar, Valentín (Agitada).
Valentín: (también agitado) Digo lo mismo de ti, Natasha. Un honor bailar con la modelo estrella del país.
Natasha: Ay, qué tontito y ya deja de decir eso. Ya no soy modelo. Ahora soy mesera.
En ese momento aparece Lisandro con un cóctel entre las manos y se ve algo ebrio, pues se quedó en la cocina bebiéndose casi todos los cocteles que servía.

Natasha: Lisandro. ¿Dónde estabas? ¿Por qué no te has unido a la fiesta?
Lisandro: ¿Dónde está? (Confundido).
Valentín: (extrañado) ¿Dónde está quién?
Lisandro: El crítico de repostería. Me pidió un cóctel y no se lo llevé. ¿Dónde se metió? (Mirando alrededor).
Natasha: ¡Ay, Lisandro! ¡Te caché! Estabas tomándote todos los cócteles escondido en la cocina, ¿no?
Lisandro: (fingiendo) ¿Quién? ¿Yo?
Natasha: Reconócelo. Desde aquí te siento el aliento a borracho ya, ja, ja, ja y hasta se te nota que ya te hicieron efecto.
Lisandro: (mareado) Estás loca. No sé de qué hablas.
De repente, la música para y en el escenario donde está el DJ un hombre toma la palabra; se trata del mismo Marcus, quien habla por medio de un micrófono.

Marcus: Disculpen… Quisiera pedir la atención la atención de todos por un momento (Todos los clientes se quedan en silencio). Gracias.
Desde la mesa, Natasha y Valentín observan extrañados. Lisandro se sorprende.
Lisandro: Ay, Dios. Es él. ¿Qué está haciendo ahí?
Natasha: ¿Lo conoces?
Lisandro: Es un crítico de repostería que vino hace un rato.
Marcus: Bueno, ahora que tengo la atención de todos ustedes, me tomo la libertad de hacer esto porque quisiera animar la fiesta con una canción. La verdad no sé qué tan bueno sea para el canto, pero aquí les va y quiero dedicársela a alguien que no conozco mucho pero que desde ya me encanta; alguien a quien quiero conocer más a fondo si me da la oportunidad.
Marcus sonríe pícaro y le hace una seña al DJ para que ponga una pista. Lisandro abre los ojos muy sorprendido, pues siente que a la persona a la que se refería Marcus es él. El hombre empieza a cantar la canción “Hacemos el amor” y lo hace con una voz bastante afinada.
Marcus: (cantando) La noche se presta pa’ una buena fiesta. Ponte sexy. Invita a tu amiga. Hoy se hará lo que el cuerpo pida. Cuando el sol se acuesta y la rumba empieza, este party pierde el control…
Lisandro siente que se le enfría todo cuando Marcus fija su mirada en él, por lo que le rehúye los ojos, bastante nervioso, al escuchar aquella letra cantada por él. Antonio está a lo lejos y nota las miradas entre ellos, cosa que le extraña.
Marcus: (cantando) Y balando, hacemo’ el amor. Hacemos el amor… Hacemo’ el amor. Hacemos el amor. Hacemo’ el amor.
Marcus sigue cantando y todos los clientes de la pastelería se mueven al ritmo de la canción que tal parece les ha gustado mucho. Lisandro siente unas ganas incontrolables de retirarse de allí, pues Marcus no le quita la mirada de encima mientras canta y dibuja una sonrisa pícara en su rostro.

Antonio: (susurrando) ¿Por qué se miran tanto esos dos? ¿Qué se traen?
Lisandro finalmente decide salir de la pastelería abriéndose paso entre los clientes que bailan. Marcus lo ve irse, pero sigue cantando mientras que Antonio lo persigue. Una vez afuera, Antonio detiene a Lisandro.
Antonio: Oye, Lisandro. Espera. Detente (Lo toma de un brazo).
Lisandro: (deteniéndose) ¿Qué quieres ahora? Pensé que estabas muy entretenido bailando con esas chavas.
Antonio: ¿Me puedes explicar quién es ese tipo? ¿Por qué te miraba? ¿Se conocen?
Lisandro se queda en silencio sin saber qué responderle.
Lisandro: (molesto) Ya, suéltame que me haces daño. ¿Qué acaso crees que soy tu monigote?
Antonio: (sorprendido) ¿Estás borracho?
Lisandro: Un poco, nada más y parece que fueras sordo. ¡Te exijo que me sueltes! ¡Me vas a dejar tus dedos marcados en mi brazo!
Antonio: (soltándolo) Está bien. Te suelto. Cálmate y ahora explícame quién es ese tipo. ¿Te estaba cantando a ti o son ideas mías?
Lisandro: (indiferente) Pues no lo sé. Tú no deberías andar por ahí pidiéndome explicaciones después de que bailas a tu antojo con cuanta chica linda te cruzas. Déjame en paz.
Antonio: (dolido) ¿Eso quisieras? ¿Qué te deje en paz?
Lisandro: Sí. Estoy harto de que me manipules y me mientas. Dices que quieres demostrarme no sé qué tonterías, pero tus acciones dicen totalmente lo contrario. Por lo menos no dañes esta amistad si es que a "esto" se le puede llamar así.
Antonio: Por lo visto estás muy enojado conmigo.
Lisandro: (furioso) ¡Sí! ¡Estoy muy enojado! ¡Enojadísimo contigo! Tú siempre lo arruinas todo. Tú fuiste quien desde un principio arruinó nuestra amistad hace años y ahora pretendes jugar conmigo diciéndome que “sientes algo por mí”. ¡Basta ya! (Gritando).
Antonio: Dime algo. ¿Quisieres algo más que una amistad conmigo?
Lisandro: Yo no creo que sea conveniente ni sano para ninguno de los dos. Tú no estás preparado ni eres lo suficientemente maduro para algo así y yo… (Hace una pausa). Yo no pienso ser tu juguete para que experimentes conmigo.
Antonio: Entonces, ¿por qué el día que nos reencontramos dijiste que el destino y no sé qué nos puso en el mismo camino para que nuestro amor se concilie?
Lisandro: Porque me dejé cegar de la emoción por volver a verte luego de tantos años o fue porque aún guardaba una pequeña esperanza que ya murió.
Antonio: (desesperado) ¡Pues haz que viva de nuevo! Ahora sí puedes guardar una esperanza.
Lisandro: (con la voz entrecortada) Ya no me interesa. Mejor… no cambies. Quédate tal y como estás, siempre tan seductor con las chicas y tan simpático. Dejemos las cosas entre nosotros de esta manera por la buena vía.
Lisandro entra de nuevo a Antique Amor, dejando a Antonio con una enorme decepción y aunque Lisandro trata de aparentarlo, en su mirada es notable también se siente dolido por aquellas palabras que le dijo.
Varios minutos después, se ve al chico sentado en una mesa, bebiendo licor de una botella con cierta tristeza luego de aquella leve discusión con Antonio. Casi no quedan clientes ya en la pastelería. Natasha lo observa de lejos, sonríe con malicia y se acerca a Valentín, quien está en la caja registradora contando unos billetes.


Natasha: Oye, Valentín. ¿Crees que podrías hacerme un gran favor?
Valentín: Claro, dime. Lo que sea (Contando los billetes con mucha concentración).
Natasha: Es que veo a Lisandro muy borracho. Me preocupa que no sepa llegar al departamento donde está viviendo con Marina y temo que le pase algo malo. ¿Crees que podrías hacerte cargo de él?
Valentín: (sorprendido) Eh, sí… ¿Por qué no? Pero no sé dónde vive la señorita Marina.
Natasha: Eso no es problema. ¿Por qué no lo llevas a tu casa? Es sólo por esta noche para que al pobrecillo no le pase algo por ahí. Es peligroso. Créeme que lo haría yo, pero quisiera pasar el resto de noche con Antonio y tú sabes lo mucho que me gusta. ¿Me ayudarás?
Valentín: (poco convencido) Sí, está bien. Yo me hago cargo de él. Voy a llevarle las ganancias de esta noche al patrón y ya vuelvo.
Natasha: Ok y mil gracias. Eres un sol (Le guiña el ojo).
Valentín se va para la cocina. Natasha mira con malicia a Lisandro, pero se intriga al ver cómo Marcus se le acerca y se sienta junto a él.


Marcus: ¿Triste como ayer cuando nos vimos?
Lisandro: Estoy bien. Es solo que… (Hablando con hipo).
Marcus: Luego de que saliste con ese hombre de la pastelería, entraste con cara de pocos amigos. ¿Discutieron?
Lisandro: Él es sólo mi jefe, el dueño de esta pastelería y discutimos por una tontería. Eh… disculpe, pero sigo sin entender por qué tiene tanto interés en mí si yo soy solamente un desconocido
Marcus: Quiero conocerte mejor, Lisandro. Como te dije antes, me parece que eres alguien con muchas cosas interesantes por descubrir y me gustaría tener ese honor si tú me dejas, claro.
Lisandro lo mira en medio de su embriaguez sin saber qué decir. Entretanto, en la cocina, Valentín le ha entregado las ganancias de esa noche a Antonio, quien acaba de contar los billetes.


Antonio: Gracias, Valentín (Sonriéndole). Está completo y me alegra que hayamos ganado más de lo que pensamos. Luego arreglo cuentas con las del internado. Tú ya te vas supongo.
Valentín: Sí, patrón. Casi no hay clientes y ya está muy tarde, además pienso acompañar a Lisandro a su departamento que está hasta las manitas.
Antonio: Me imaginé que terminaría así, bebiendo como camionero. Déjamelo a mí. Yo lo llevo. Tú ni debes saber dónde es que está viviendo.
Valentín: (alertado) No, no se preocupe. Es verdad que no sé dónde vive, pero entonces yo me encargo de llevarlo a mi casa y mañana le explico todo.
Antonio: (extrañado) ¿Estás seguro?
Valentín: Sí, patrón. Usted relájese.
Antonio: Bueno, pues si tú lo dices.
Valentín: Que tenga un feliz resto de noche. Afuera lo está esperando Natasha, por cierto. Mañana hablamos.
Valentín sale de la cocina. Entretanto, Lisandro y Marcus siguen platicando.
Marcus: ¿No piensas decirme nada?
Lisandro: Disculpe, es sólo que me sorprende un poco que me diga todas esas cosas.
Marcus pone su mano sobre la de Lisandro, detalle que a él le sorprende en gran medida.
Marcus: Pero como te dije, es algo que podemos cambiar si tú me permites que nos conozcamos mejor. Podemos hasta ser buenos amigos si te lo propones. ¿Qué dices?
En ese momento ambos son interrumpidos por Valentín, quien toma a Lisandro de un brazo y lo hace levantarse.
Lisandro: Oye, ¿qué haces, Valentín?
Valentín: Voy a llevarte a tu casa. El patrón está por cerrar y estás muy tomado.
Lisandro: Claro que no. Yo me puedo ir solo. No necesito que me lleves.
Valentín: (llevándolo a rastras) Yo sé lo que hago. Vamos.
Lisandro: ¡Valentín! ¡Valentín! ¡Te dije que me sueltes! (Protestando).
Marcus se queda frustrado al ver cómo su conversación con Lisandro ha sido interrumpida. Por otra parte, Antonio sale de la cocina y Natasha se acerca a él.


Natasha: Antonio.
Antonio: ¿Por qué no te has ido, Natasha? Es tarde.
Natasha: Porque la noche aún es joven y se me ocurría que siguiéramos la fiesta en otro lugar tú y yo solos. ¿Qué te parece?
Antonio: Ah, ahorita no tengo ánimos para eso. Estoy cansado. Hemos trabajado todo el día. Deberías irte tú también a dormir.
Natasha: ¡Ay, Antonio! Por favor no te conviertas en el clon aburrido y amargado de Lisandro o de Marina. Vamos. Podemos pasarla tan bien los dos juntos (Le acaricia el rostro de forma sensual).
Antonio: (poco convencido) Está bien, pero no pienso quedarme hasta el amanecer, eh. Que conste, solo un rato y ya.
Natasha: Claro que sí. Tú tranquilo. Mañana te juro que me encargo de organizar y limpiar la pastelería. Espera a que los clientes que falten terminen de irse y nos vamos.
Natasha sonríe emocionada y se engancha de brazo con Antonio.
INT. / UBER / NOCHE
Entretanto, Lisandro y Valentín van sentados en los asientos de atrás de un uber, pero el primero se ha quedado dormido y recuesta su cabeza en el hombro del segundo, cosa que lo incomoda.
Valentín: (susurrando) Lisandro… Lisandro, despiértate.
Valentín lo mueve suavemente, pero Lisandro sigue durmiendo plácidamente en su hombro.
INT. / VECINDAD, CASA DE VALENTÍN / NOCHE
Posteriormente, ambos llegan a la pequeña casa de Valentín ubicada en una vecindad. Éste ayuda a Lisandro a mantenerse de pie debido a que no puede hacerlo por sí solo y también lo ayuda a recostarse en la cama.


Lisandro: (confundido) ¿Qué lugar es este? ¿Dónde estoy? (Mirando alrededor) ¿Eres tú, Valentín?
Valentín: Sí, soy yo. Estamos en mi casa (Desabotonándose la camisa).
Lisandro: ¿Y qué hacemos aquí? ¿Por qué me trajiste o es que piensas hacerme algo, pervertido?
Valentín: No pienso hacerte nada. Te traje porque estabas muy borracho y como en ese estado no te podías ir solo, pensé que era mejor que pasaras esta noche en mi casa.
Lisandro: (sorprendido) ¿Esta es una casa? Ay perdóname, pero parece una ratonera (Riendo muy ebrio). Te hacía viviendo en algo más cómodo, más chic, no sé…
Valentín: (suspirando) Mejor recuéstate y trata de dormir.
Lisandro: ¿Por qué? ¿Que acaso tú no te querías divertir en la fiesta de disfraces? Pues volvamos allá y bailemos así como lo estabas haciendo con Natasha (Intenta de levantarse).
Valentín: (deteniéndolo) Ya, Lisandro. La fiesta de disfraces ya se terminó. Es de madrugada. Duérmete de una buena vez.
Lisandro: Qué serio o más bien, qué aburrido para tu edad. ¿Cuántos años tienes, Valentín? (Curioso).
Valentín: Veintiocho.
Lisandro: ¿Lo ves? Estás retejoven y aparte de joven, muy guapo (Se acerca a él). ¿Sabes? No te había detallado bien, pero me atrevería a decir que estás más guapo que el idiota Antonio, que no es más que un patán, un mujeriego y un…
Valentín: (lo interrumpe) Insisto en que es mejor que te duermas para que no digas cosas de las que te puedas arrepentir luego.
Lisandro: ¿Yo arrepentirme? ¿De qué? Mejor aprovechemos que estamos aquí y hablemos de ti.
Valentín: No tengo mucho para decir. ¿De qué podríamos hablar?
Lisandro: Pues no sé. Dime tú. Desde que te conozco, siempre me he preguntando si un hombre tan serio como tú tiene novia.
Valentín se queda en silencio sin responderle a Lisandro.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Natasha y Antonio han ido a otra discoteca. Los dos bailan al ritmo de la música, muy cerca el uno del otro. Ella baila frente a él de forma sensual, guiñándole un ojo y pasando su mano con delicadeza, de forma sensual, por el rostro y el pecho de él por encima de la camiseta. Los cuerpos de ambos llegan a una cercanía tal mientras bailan que al final terminan besándose apasionadamente durante varios segundos.


Antonio: (apartándose apenado) Perdóname, Natasha. Eh, yo… no quería hacerlo. Creo que fue mala idea haber venido aquí.
Natasha: ¿Por qué si la estamos pasando también? Tú me encantas y con ese beso, me estás demostrando que yo también te gusto, ¿no es así?
Antonio no le responde sintiéndose algo mal.
Natasha: Mira, no debemos tener ningún compromiso si a eso le temes. Esta vez no voy a malinterpretar las cosas. Voy a tomarme todo con calma, pase lo que pase entre nosotros. ¿Ok?
Natasha acerca sus labios a los de él, por lo que, en un impulso, Antonio le corresponde, sin embargo, esta vez es un beso breve, pues es ella quien lo interrumpe.
Natasha: Vamos a mi departamento. Podemos pasarla mejor allí. ¿Qué te parece?
Antonio le sonríe pícaro a la modelo. Ella lo toma de la mano y ambos salen de la discoteca.
INT. / PENSIÓN, CASA DE VALENTÍN / NOCHE
Valentín sigue sin responderle a Lisandro la pregunta que le hizo sobre si tiene novia.


Lisandro: (riéndose) ¿Qué pasa, Valentín? ¿Por qué te quedas callado?
Valentín: (incómodo) Por nada y no, no tengo novia.
Valentín se termina de quitar la camisa y se sienta sobre la cama para luego quitarse los zapatos, dándole la espalda a Lisandro.
Lisandro: ¿Por qué si no estás nada mal? (Pensativo) Hum, dime una cosa. ¿En qué trabajabas antes de llegar a Antique Amor?
Valentín: No quiero hablar de eso.
Lisandro: ¿Por qué? Vamos, cuéntame. Te juro que no le voy a decir a nadie.
Valentín: Trabajaba de… stripper en una discoteca para mujeres (Baja la cabeza, avergonzado).
Lisandro: (sorprendido) ¿Un stripper? Órale, cualquier cosa me hubiera esperado de ti, menos eso. ¿Quién creería que tienes un pasado tan turbio? Con razón no estás tan mal. Hasta tienes buen físico, ¿sabías?
En un momento dado Valentín mira fijamente a Lisandro y en una maniobra rápida, lo recuesta sobre la cama tumbándose sobre él con ánimos de besarlo. Lisandro, en medio de su embriaguez, se queda sorprendido. Los dos se quedan en silencio escuchando su respiración.
Lisandro: (nervioso) ¿Por…? ¿Por qué me miras así, Valentín?
Valentín no dice nada y traga saliva como si estuviera indeciso de hacer algo; se desabrocha el cinturón, aún encima de Lisandro y comienza a alzarle al chico su camisa.
Lisandro: ¿Qué estás haciendo? Déjame.
Lisandro intenta quitárselo de encima, pero Valentín lo toma con fuerza de los brazos para que no se mueva.
Lisandro: Detente. Me estás haciendo daño.
Valentín: Perdóname por lo que voy a hacer…
Lisandro se queda sumamente desconcertado y no comprende a qué se refiere.
CONTINUARÁ…


Lisandro: Qué casualidad vernos aquí. Nunca me imaginé que nos volviéramos a encontrar.
Marcus: Digamos que no vine por casualidad. Buscando pastelerías en internet, me encontré con esta y vi una foto en la que aparecías precisamente tú. Vine a verte.
Lisandro: (sorprendido) ¿Cómo que vino a verme? Disculpe, pero no le entiendo.
Marcus: Me llamo Marcus (Extendiéndole la mano). Marcus King. Trabajo como crítico de repostería para la revista de mi familia en Estados Unidos y hace poco me radiqué aquí en México.
Lisandro le corresponde el apretón de manos con algo de desconfianza.
Marcus: ¿Tú cómo te llamas?
Lisandro: (sonriéndole tímido) Lisandro y trabajo aquí como mesero desde hace ya varios días.
Marcus: Es un placer conocerte, Lisandro y no sé por qué, pero me da la leve impresión de que eres un chico muy interesante con muchas cosas por descubrir. Por eso quise tomarme el atrevimiento de venir a tu trabajo solo para verte y conocerte mejor.
Lisandro se sorprende al escucharlo y no puede evitar ponerse nervioso.
Lisandro: Entiendo, bueno, debo seguir con mi trabajo. ¿Quiere tomar algo o comer algún pastel?
Marcus: Un cóctel estaría bien. Gracias.
Lisandro: Ya en un tantito se lo traigo. Con permiso.
Lisandro se retira y Marcus se queda mirándolo con cierta fascinación. El hombre dirige la mirada hacia el DJ, quien es el encargado de reproducir la música que suena a todo volumen por lo ancho y largo de la pastelería, por lo que se le ocurre una idea.
Entretanto, Lisandro entra a la cocina para servir el cóctel que Marcus le pidió y se siente un poco nervioso.
Lisandro: ¿Quién será ese hombre tan extraño? ¿Por qué me dijo todas esas cosas? Jamás en la vida nadie se me había acercado para hablarme así. ¿Qué hago?
Lisandro se bebe de un solo sorbo el cóctel que había servido para Marcus y se pega a sí mismo una palmada en la cabeza.
Lisandro: Qué idiota, Lisandro. No te tomes las bebidas que no son para ti (Sirve rápidamente otro coctel). Aunque uno de vez en cuando no cae mal, digo, ¿no?
Lisandro se toma de nuevo el cóctel de un solo sorbo. Por otra parte, Natasha y Valentín se cansan de bailar y van a sentarse en una mesa.


Natasha: (riendo) No sabía que eras tan bueno para bailar, Valentín (Agitada).
Valentín: (también agitado) Digo lo mismo de ti, Natasha. Un honor bailar con la modelo estrella del país.
Natasha: Ay, qué tontito y ya deja de decir eso. Ya no soy modelo. Ahora soy mesera.
En ese momento aparece Lisandro con un cóctel entre las manos y se ve algo ebrio, pues se quedó en la cocina bebiéndose casi todos los cocteles que servía.

Natasha: Lisandro. ¿Dónde estabas? ¿Por qué no te has unido a la fiesta?
Lisandro: ¿Dónde está? (Confundido).
Valentín: (extrañado) ¿Dónde está quién?
Lisandro: El crítico de repostería. Me pidió un cóctel y no se lo llevé. ¿Dónde se metió? (Mirando alrededor).
Natasha: ¡Ay, Lisandro! ¡Te caché! Estabas tomándote todos los cócteles escondido en la cocina, ¿no?
Lisandro: (fingiendo) ¿Quién? ¿Yo?
Natasha: Reconócelo. Desde aquí te siento el aliento a borracho ya, ja, ja, ja y hasta se te nota que ya te hicieron efecto.
Lisandro: (mareado) Estás loca. No sé de qué hablas.
De repente, la música para y en el escenario donde está el DJ un hombre toma la palabra; se trata del mismo Marcus, quien habla por medio de un micrófono.

Marcus: Disculpen… Quisiera pedir la atención la atención de todos por un momento (Todos los clientes se quedan en silencio). Gracias.
Desde la mesa, Natasha y Valentín observan extrañados. Lisandro se sorprende.
Lisandro: Ay, Dios. Es él. ¿Qué está haciendo ahí?
Natasha: ¿Lo conoces?
Lisandro: Es un crítico de repostería que vino hace un rato.
Marcus: Bueno, ahora que tengo la atención de todos ustedes, me tomo la libertad de hacer esto porque quisiera animar la fiesta con una canción. La verdad no sé qué tan bueno sea para el canto, pero aquí les va y quiero dedicársela a alguien que no conozco mucho pero que desde ya me encanta; alguien a quien quiero conocer más a fondo si me da la oportunidad.
Marcus sonríe pícaro y le hace una seña al DJ para que ponga una pista. Lisandro abre los ojos muy sorprendido, pues siente que a la persona a la que se refería Marcus es él. El hombre empieza a cantar la canción “Hacemos el amor” y lo hace con una voz bastante afinada.
Marcus: (cantando) La noche se presta pa’ una buena fiesta. Ponte sexy. Invita a tu amiga. Hoy se hará lo que el cuerpo pida. Cuando el sol se acuesta y la rumba empieza, este party pierde el control…
Lisandro siente que se le enfría todo cuando Marcus fija su mirada en él, por lo que le rehúye los ojos, bastante nervioso, al escuchar aquella letra cantada por él. Antonio está a lo lejos y nota las miradas entre ellos, cosa que le extraña.
Marcus: (cantando) Y balando, hacemo’ el amor. Hacemos el amor… Hacemo’ el amor. Hacemos el amor. Hacemo’ el amor.
Marcus sigue cantando y todos los clientes de la pastelería se mueven al ritmo de la canción que tal parece les ha gustado mucho. Lisandro siente unas ganas incontrolables de retirarse de allí, pues Marcus no le quita la mirada de encima mientras canta y dibuja una sonrisa pícara en su rostro.

Antonio: (susurrando) ¿Por qué se miran tanto esos dos? ¿Qué se traen?
Lisandro finalmente decide salir de la pastelería abriéndose paso entre los clientes que bailan. Marcus lo ve irse, pero sigue cantando mientras que Antonio lo persigue. Una vez afuera, Antonio detiene a Lisandro.
Antonio: Oye, Lisandro. Espera. Detente (Lo toma de un brazo).
Lisandro: (deteniéndose) ¿Qué quieres ahora? Pensé que estabas muy entretenido bailando con esas chavas.
Antonio: ¿Me puedes explicar quién es ese tipo? ¿Por qué te miraba? ¿Se conocen?
Lisandro se queda en silencio sin saber qué responderle.
Lisandro: (molesto) Ya, suéltame que me haces daño. ¿Qué acaso crees que soy tu monigote?
Antonio: (sorprendido) ¿Estás borracho?
Lisandro: Un poco, nada más y parece que fueras sordo. ¡Te exijo que me sueltes! ¡Me vas a dejar tus dedos marcados en mi brazo!
Antonio: (soltándolo) Está bien. Te suelto. Cálmate y ahora explícame quién es ese tipo. ¿Te estaba cantando a ti o son ideas mías?
Lisandro: (indiferente) Pues no lo sé. Tú no deberías andar por ahí pidiéndome explicaciones después de que bailas a tu antojo con cuanta chica linda te cruzas. Déjame en paz.
Antonio: (dolido) ¿Eso quisieras? ¿Qué te deje en paz?
Lisandro: Sí. Estoy harto de que me manipules y me mientas. Dices que quieres demostrarme no sé qué tonterías, pero tus acciones dicen totalmente lo contrario. Por lo menos no dañes esta amistad si es que a "esto" se le puede llamar así.
Antonio: Por lo visto estás muy enojado conmigo.
Lisandro: (furioso) ¡Sí! ¡Estoy muy enojado! ¡Enojadísimo contigo! Tú siempre lo arruinas todo. Tú fuiste quien desde un principio arruinó nuestra amistad hace años y ahora pretendes jugar conmigo diciéndome que “sientes algo por mí”. ¡Basta ya! (Gritando).
Antonio: Dime algo. ¿Quisieres algo más que una amistad conmigo?
Lisandro: Yo no creo que sea conveniente ni sano para ninguno de los dos. Tú no estás preparado ni eres lo suficientemente maduro para algo así y yo… (Hace una pausa). Yo no pienso ser tu juguete para que experimentes conmigo.
Antonio: Entonces, ¿por qué el día que nos reencontramos dijiste que el destino y no sé qué nos puso en el mismo camino para que nuestro amor se concilie?
Lisandro: Porque me dejé cegar de la emoción por volver a verte luego de tantos años o fue porque aún guardaba una pequeña esperanza que ya murió.
Antonio: (desesperado) ¡Pues haz que viva de nuevo! Ahora sí puedes guardar una esperanza.
Lisandro: (con la voz entrecortada) Ya no me interesa. Mejor… no cambies. Quédate tal y como estás, siempre tan seductor con las chicas y tan simpático. Dejemos las cosas entre nosotros de esta manera por la buena vía.
Lisandro entra de nuevo a Antique Amor, dejando a Antonio con una enorme decepción y aunque Lisandro trata de aparentarlo, en su mirada es notable también se siente dolido por aquellas palabras que le dijo.
Varios minutos después, se ve al chico sentado en una mesa, bebiendo licor de una botella con cierta tristeza luego de aquella leve discusión con Antonio. Casi no quedan clientes ya en la pastelería. Natasha lo observa de lejos, sonríe con malicia y se acerca a Valentín, quien está en la caja registradora contando unos billetes.


Natasha: Oye, Valentín. ¿Crees que podrías hacerme un gran favor?
Valentín: Claro, dime. Lo que sea (Contando los billetes con mucha concentración).
Natasha: Es que veo a Lisandro muy borracho. Me preocupa que no sepa llegar al departamento donde está viviendo con Marina y temo que le pase algo malo. ¿Crees que podrías hacerte cargo de él?
Valentín: (sorprendido) Eh, sí… ¿Por qué no? Pero no sé dónde vive la señorita Marina.
Natasha: Eso no es problema. ¿Por qué no lo llevas a tu casa? Es sólo por esta noche para que al pobrecillo no le pase algo por ahí. Es peligroso. Créeme que lo haría yo, pero quisiera pasar el resto de noche con Antonio y tú sabes lo mucho que me gusta. ¿Me ayudarás?
Valentín: (poco convencido) Sí, está bien. Yo me hago cargo de él. Voy a llevarle las ganancias de esta noche al patrón y ya vuelvo.
Natasha: Ok y mil gracias. Eres un sol (Le guiña el ojo).
Valentín se va para la cocina. Natasha mira con malicia a Lisandro, pero se intriga al ver cómo Marcus se le acerca y se sienta junto a él.


Marcus: ¿Triste como ayer cuando nos vimos?
Lisandro: Estoy bien. Es solo que… (Hablando con hipo).
Marcus: Luego de que saliste con ese hombre de la pastelería, entraste con cara de pocos amigos. ¿Discutieron?
Lisandro: Él es sólo mi jefe, el dueño de esta pastelería y discutimos por una tontería. Eh… disculpe, pero sigo sin entender por qué tiene tanto interés en mí si yo soy solamente un desconocido
Marcus: Quiero conocerte mejor, Lisandro. Como te dije antes, me parece que eres alguien con muchas cosas interesantes por descubrir y me gustaría tener ese honor si tú me dejas, claro.
Lisandro lo mira en medio de su embriaguez sin saber qué decir. Entretanto, en la cocina, Valentín le ha entregado las ganancias de esa noche a Antonio, quien acaba de contar los billetes.


Antonio: Gracias, Valentín (Sonriéndole). Está completo y me alegra que hayamos ganado más de lo que pensamos. Luego arreglo cuentas con las del internado. Tú ya te vas supongo.
Valentín: Sí, patrón. Casi no hay clientes y ya está muy tarde, además pienso acompañar a Lisandro a su departamento que está hasta las manitas.
Antonio: Me imaginé que terminaría así, bebiendo como camionero. Déjamelo a mí. Yo lo llevo. Tú ni debes saber dónde es que está viviendo.
Valentín: (alertado) No, no se preocupe. Es verdad que no sé dónde vive, pero entonces yo me encargo de llevarlo a mi casa y mañana le explico todo.
Antonio: (extrañado) ¿Estás seguro?
Valentín: Sí, patrón. Usted relájese.
Antonio: Bueno, pues si tú lo dices.
Valentín: Que tenga un feliz resto de noche. Afuera lo está esperando Natasha, por cierto. Mañana hablamos.
Valentín sale de la cocina. Entretanto, Lisandro y Marcus siguen platicando.
Marcus: ¿No piensas decirme nada?
Lisandro: Disculpe, es sólo que me sorprende un poco que me diga todas esas cosas.
Marcus pone su mano sobre la de Lisandro, detalle que a él le sorprende en gran medida.
Marcus: Pero como te dije, es algo que podemos cambiar si tú me permites que nos conozcamos mejor. Podemos hasta ser buenos amigos si te lo propones. ¿Qué dices?
En ese momento ambos son interrumpidos por Valentín, quien toma a Lisandro de un brazo y lo hace levantarse.
Lisandro: Oye, ¿qué haces, Valentín?
Valentín: Voy a llevarte a tu casa. El patrón está por cerrar y estás muy tomado.
Lisandro: Claro que no. Yo me puedo ir solo. No necesito que me lleves.
Valentín: (llevándolo a rastras) Yo sé lo que hago. Vamos.
Lisandro: ¡Valentín! ¡Valentín! ¡Te dije que me sueltes! (Protestando).
Marcus se queda frustrado al ver cómo su conversación con Lisandro ha sido interrumpida. Por otra parte, Antonio sale de la cocina y Natasha se acerca a él.


Natasha: Antonio.
Antonio: ¿Por qué no te has ido, Natasha? Es tarde.
Natasha: Porque la noche aún es joven y se me ocurría que siguiéramos la fiesta en otro lugar tú y yo solos. ¿Qué te parece?
Antonio: Ah, ahorita no tengo ánimos para eso. Estoy cansado. Hemos trabajado todo el día. Deberías irte tú también a dormir.
Natasha: ¡Ay, Antonio! Por favor no te conviertas en el clon aburrido y amargado de Lisandro o de Marina. Vamos. Podemos pasarla tan bien los dos juntos (Le acaricia el rostro de forma sensual).
Antonio: (poco convencido) Está bien, pero no pienso quedarme hasta el amanecer, eh. Que conste, solo un rato y ya.
Natasha: Claro que sí. Tú tranquilo. Mañana te juro que me encargo de organizar y limpiar la pastelería. Espera a que los clientes que falten terminen de irse y nos vamos.
Natasha sonríe emocionada y se engancha de brazo con Antonio.
INT. / UBER / NOCHE
Entretanto, Lisandro y Valentín van sentados en los asientos de atrás de un uber, pero el primero se ha quedado dormido y recuesta su cabeza en el hombro del segundo, cosa que lo incomoda.
Valentín: (susurrando) Lisandro… Lisandro, despiértate.
Valentín lo mueve suavemente, pero Lisandro sigue durmiendo plácidamente en su hombro.
INT. / VECINDAD, CASA DE VALENTÍN / NOCHE
Posteriormente, ambos llegan a la pequeña casa de Valentín ubicada en una vecindad. Éste ayuda a Lisandro a mantenerse de pie debido a que no puede hacerlo por sí solo y también lo ayuda a recostarse en la cama.


Lisandro: (confundido) ¿Qué lugar es este? ¿Dónde estoy? (Mirando alrededor) ¿Eres tú, Valentín?
Valentín: Sí, soy yo. Estamos en mi casa (Desabotonándose la camisa).
Lisandro: ¿Y qué hacemos aquí? ¿Por qué me trajiste o es que piensas hacerme algo, pervertido?
Valentín: No pienso hacerte nada. Te traje porque estabas muy borracho y como en ese estado no te podías ir solo, pensé que era mejor que pasaras esta noche en mi casa.
Lisandro: (sorprendido) ¿Esta es una casa? Ay perdóname, pero parece una ratonera (Riendo muy ebrio). Te hacía viviendo en algo más cómodo, más chic, no sé…
Valentín: (suspirando) Mejor recuéstate y trata de dormir.
Lisandro: ¿Por qué? ¿Que acaso tú no te querías divertir en la fiesta de disfraces? Pues volvamos allá y bailemos así como lo estabas haciendo con Natasha (Intenta de levantarse).
Valentín: (deteniéndolo) Ya, Lisandro. La fiesta de disfraces ya se terminó. Es de madrugada. Duérmete de una buena vez.
Lisandro: Qué serio o más bien, qué aburrido para tu edad. ¿Cuántos años tienes, Valentín? (Curioso).
Valentín: Veintiocho.
Lisandro: ¿Lo ves? Estás retejoven y aparte de joven, muy guapo (Se acerca a él). ¿Sabes? No te había detallado bien, pero me atrevería a decir que estás más guapo que el idiota Antonio, que no es más que un patán, un mujeriego y un…
Valentín: (lo interrumpe) Insisto en que es mejor que te duermas para que no digas cosas de las que te puedas arrepentir luego.
Lisandro: ¿Yo arrepentirme? ¿De qué? Mejor aprovechemos que estamos aquí y hablemos de ti.
Valentín: No tengo mucho para decir. ¿De qué podríamos hablar?
Lisandro: Pues no sé. Dime tú. Desde que te conozco, siempre me he preguntando si un hombre tan serio como tú tiene novia.
Valentín se queda en silencio sin responderle a Lisandro.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Natasha y Antonio han ido a otra discoteca. Los dos bailan al ritmo de la música, muy cerca el uno del otro. Ella baila frente a él de forma sensual, guiñándole un ojo y pasando su mano con delicadeza, de forma sensual, por el rostro y el pecho de él por encima de la camiseta. Los cuerpos de ambos llegan a una cercanía tal mientras bailan que al final terminan besándose apasionadamente durante varios segundos.


Antonio: (apartándose apenado) Perdóname, Natasha. Eh, yo… no quería hacerlo. Creo que fue mala idea haber venido aquí.
Natasha: ¿Por qué si la estamos pasando también? Tú me encantas y con ese beso, me estás demostrando que yo también te gusto, ¿no es así?
Antonio no le responde sintiéndose algo mal.
Natasha: Mira, no debemos tener ningún compromiso si a eso le temes. Esta vez no voy a malinterpretar las cosas. Voy a tomarme todo con calma, pase lo que pase entre nosotros. ¿Ok?
Natasha acerca sus labios a los de él, por lo que, en un impulso, Antonio le corresponde, sin embargo, esta vez es un beso breve, pues es ella quien lo interrumpe.
Natasha: Vamos a mi departamento. Podemos pasarla mejor allí. ¿Qué te parece?
Antonio le sonríe pícaro a la modelo. Ella lo toma de la mano y ambos salen de la discoteca.
INT. / PENSIÓN, CASA DE VALENTÍN / NOCHE
Valentín sigue sin responderle a Lisandro la pregunta que le hizo sobre si tiene novia.


Lisandro: (riéndose) ¿Qué pasa, Valentín? ¿Por qué te quedas callado?
Valentín: (incómodo) Por nada y no, no tengo novia.
Valentín se termina de quitar la camisa y se sienta sobre la cama para luego quitarse los zapatos, dándole la espalda a Lisandro.
Lisandro: ¿Por qué si no estás nada mal? (Pensativo) Hum, dime una cosa. ¿En qué trabajabas antes de llegar a Antique Amor?
Valentín: No quiero hablar de eso.
Lisandro: ¿Por qué? Vamos, cuéntame. Te juro que no le voy a decir a nadie.
Valentín: Trabajaba de… stripper en una discoteca para mujeres (Baja la cabeza, avergonzado).
Lisandro: (sorprendido) ¿Un stripper? Órale, cualquier cosa me hubiera esperado de ti, menos eso. ¿Quién creería que tienes un pasado tan turbio? Con razón no estás tan mal. Hasta tienes buen físico, ¿sabías?
En un momento dado Valentín mira fijamente a Lisandro y en una maniobra rápida, lo recuesta sobre la cama tumbándose sobre él con ánimos de besarlo. Lisandro, en medio de su embriaguez, se queda sorprendido. Los dos se quedan en silencio escuchando su respiración.
Lisandro: (nervioso) ¿Por…? ¿Por qué me miras así, Valentín?
Valentín no dice nada y traga saliva como si estuviera indeciso de hacer algo; se desabrocha el cinturón, aún encima de Lisandro y comienza a alzarle al chico su camisa.
Lisandro: ¿Qué estás haciendo? Déjame.
Lisandro intenta quitárselo de encima, pero Valentín lo toma con fuerza de los brazos para que no se mueva.
Lisandro: Detente. Me estás haciendo daño.
Valentín: Perdóname por lo que voy a hacer…
Lisandro se queda sumamente desconcertado y no comprende a qué se refiere.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario