Capítulo 13: La llegada de la abuela
Marcus acaba de decirle a Lisandro que se le ofrece algo más que precisamente es él. Lisandro enmudece, pues no sabe cómo reaccionar frente a aquel cumplido.


Marcus: (sonriendo) ¿Por qué te quedas en silencio? ¿Te molestó lo que dije?
Lisandro: (tragando saliva) Eh, no, para nada. Es sólo que usted me pone algo nervioso y…
Marcus: ¿Me aceptarías una invitación a salir? Yo sé que debe parecerte todo esto raro, pero me muero por conocerte y saber más de ti. Te juro que hay algo que tienes que me llama la atención.
Lisandro: Creo que ahorita no es un buen momento para hablar de eso, señor. Yo estoy trabajando y quiero evitarme un regaño.
Marcus: Está bien, no quiero presionarte. Por lo pronto, ve y tráeme la orden. Con eso me conformo.
Marcus le guiña un ojo al chico, por lo que éste se retira rápidamente a la cocina. Allí, se encuentra Antonio preparando la masa de un pastel en un recipiente y usando un batidor. El hombre lo ve distraído.

Antonio: ¿Qué te traes ahora?
Lisandro: (nervioso) Eh, yo nada. Vengo por la orden del crítico que por fin pidió algo.
Antonio: Hasta que por fin. Me empezaba a cansar de la cara de ese idiota sentado sin pedir ni comprar nada. ¿Qué fue lo que pidió?
Lisandro: El pastel de leche condensada con saber achocolatado y doble cubierta de maní.
Antonio: Bueno, ve y llévaselo. Está en la vitrina al fondo.
Lisandro: (pensativo) ¿Sabes? Hay algo en ese hombre que me dejó un tanto sacado de onda. Tiene una mirada penetrante y no sé, me dieron escalofríos cuando me tocó.
Antonio: (sorprendido) ¿Te tocó? ¿Dónde? (Deja de batir la masa).
Lisandro: Bueno, sólo me tomó de la mano cuando pasaba por su mesa para decirme su orden y cuando lo miré, no sé, sentí como un corrientazo por todo el cuerpo.
Antonio: (un poco celoso) Pues entonces apresúrate a llevarle su orden al señor de mirada penetrante (Sigue batiendo la masa).
Lisandro: Qué arrogante, como siempre.
Lisandro se acerca a la vitrina para sacar el pastel que Marcus le pidió. Luego, saca un refresco del refrigerador y sale de la cocina. Antonio lo ve irse y deja de batir la masa.
Antonio: (suspirando) ¿Qué voy a hacer contigo, Lisandro? Me pone mal pensar que te puedes alejar de mí o te puedo perder si otro aparece en tu vida.
Antonio se queda pensativo. Por su parte, Lisandro le lleva su orden a Marcus. Éste sonríe.


Marcus: Oye, qué buen servicio. No sé si en general o es solo por ti que te destacas entre todos por tu eficiencia.
Lisandro: Todos trabajamos duro para darle al cliente la mejor atención, señor.
Marcus: Deja de llamarme “señor”, Lisandro. Llámame simplemente Marcus y tutéame que no soy un viejo. Tengo treinta años.
Lisandro: (riendo) Intentaré hacerlo. Me dijo que trabaja como crítico de repostería, ¿no?
Marcus: Sí, me gustaría escribir un artículo para la sección de gastronomía de la revista de mi familia. Como te conté anoche, ellos poseen una editorial y tengo un amplio grupo de lectores, así que eso sería de ayuda para catapultar a la fama a la pastelería.
Lisandro: Qué padre. Espero que quede bien satisfecho con todo para que solo diga cosas positivas. Bueno, me retiro. Tengo que seguir trabajando.
Marcus: Espera. Todavía no me respondes lo que te pregunté hace rato sobre aceptar una invitación a salir. Podemos ir a tomar un café, ir a comer helado, lo que gustes. ¿Qué dices?
Lisandro: Tal vez mañana. Hoy no creo que sea conveniente. Me corrieron del depa donde estaba viviendo y precisamente hoy pienso mudarme al de Natasha, la chica que también trabaja aquí.
Marcus: Está bien. Yo no quiero que te sientas que te estoy presionando. Quiero ir con calma y que de verdad podamos ser buenos amigos, ¿no te gustaría?
Lisandro: (tímido) Sí, pero no le voy a negar que me saca un poco de onda que se quiera hacer mi amigo así de la nada.
Marcus: Yo ya te dije que me pareces alguien muy interesante y quiero descubrir en ti todo eso que tienes. Podemos llevarnos muy bien. ¡Claro! Eso en caso de que tú quieras. Entonces, ¿qué dices? ¿Amigos?
Marcus le extiende su mano a Lisandro. Éste se queda pensativo un momento unos breves segundos, pero al final, le sonríe con calidez al crítico y le corresponde el apretón de mano con delicadeza.
Lisandro: Vamos por esa. Amigos y bueno, ahora sí me retiro. No vaya a ser que me gane un regaño por estar platicando en horas de trabajo.
Marcus: Espera (Saca de su billetera una tarjeta). Te voy a dar mi número para que estemos en contacto. Llámame o escríbeme. Como quieras.
Lisandro: Muchas gracias, Marcus.
Lisandro le recibe la tarjeta al hombre y se va. Marcus lo ve irse y se queda sonriendo.
Marcus: Te quiero para mí, Lisandro. Me gustas y voy a hacer que te fijes en mí. Donde pongo el ojo, no hay quien se me resista.
Entretanto, Natasha entra al baño rápidamente y con disimulo. Una vez lo hace, contesta su celular y habla en voz baja para no ser escuchada.

Natasha: ¿Qué quiere ahora, doña Victoria? Le recuerdo que a esta hora estoy trabajando en Antique Amor y no me puedo arriesgar a que me escuchen hablando con usted.
NUEVA YORK

INT. / AEROPUERTO, SALA DE ESPERA / DÍA
Victoria se encuentra sentada en la sala de espera del aeropuerto, usando lentes de sol, con su maleta a un lado y hablando de forma sofisticada por medio de su celular.

Victoria: Voy a ser rápida. Llamaba para notificarte que en estos momentos estoy a punto de tomar un avión a Ciudad de México.
Las escenas de ambas se intercalan desde los respectivos lugares en que se encuentran.
Natasha: (sorprendida) ¿Por qué? ¿Qué piensa hacer? ¿O es que ya no quiere que siga trabajando para usted?
Victoria: Por supuesto que quiero, estúpida. De lo contrario, ya te lo habría dicho. Voy a visitar a Lisandro para convencerlo de que vuelva a Estados Unidos conmigo y para presionarlo, pero voy a seguir necesitando que tú hagas tu parte del trabajo y engatuses al repostero.
Natasha: ¿Cree que eso vaya a ser de utilidad en sus planes?
Victoria: (sonriendo con malicia) Lo será, porque cuando Lisandro esté decepcionado del repostero y no quiera volver a saber nada de él, ahí estaré yo para consolarlo como abuela abnegada y lo convenceré de que regrese conmigo.
Natasha: (suspirando) Está bien, pero hay algo que debo decirle. Lisandro… Lisandro se está quedando en mi departamento.
Victoria: (furiosa) ¿Qué cosa? ¿Cómo es eso de que se está quedando en tu departamento?
Natasha: Antonio me lo pidió, doña Victoria. Tal parece que la mujer con la que vivía lo corrió esta mañana y no tiene a dónde más ir.
Victoria: (hablando con ironía) ¿Y por qué crees que esa mujer lo corrió de su departamento?
Natasha: (intrigada) Hum, no lo sé. No me diga que usted tiene algo que ver con eso.
Victoria: Sí, yo la llamé de forma anónima y le dije la verdad. La tal Marina no sabía que Lisandro era un asqueroso homosexual y lo corrió. Quería que no tuviera donde vivir ni donde pasar la noche, pero tú lo arruinaste abriéndole las puertas de tu casa.
Natasha: (apenada) Ay, doña Victoria, lo siento, pero no sabía nada.
Victoria: Cállate. Lo único que tienes es una cara bonita, pero nada de cerebro. Me arruinaste el plan, pero ya qué. Por ahora se me está ocurriendo una idea.
Natasha: ¿Quiere que me invente alguna excusa para que no viva conmigo?
Victoria: Déjalo así. Voy a ir a tu departamento esta noche después de que aterrice y le voy a dar a Lisandro una gran sorpresa. Sobra decir que debes fingir muy bien no conocerme. ¿Entendido?
Natasha: Sí, doña Victoria. Entendido.
Victoria cuelga la llamada y escucha la voz de la operadora dando un anuncio por el megáfono del aeropuerto indicando que es hora de abordar su vuelo. La anciana sonríe con malicia.
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
La noche cae en la capital. Por su parte, Lisandro, Antonio y Natasha llegan al departamento de ella. Lisandro entra con su maleta con algo de timidez.



Lisandro: Muchas gracias de nuevo por acogerme en tu depa, Natasha. Te prometo que no te daré ningún tipo de problemas.
Natasha: Descuida, Lisandro. Te recibo con el mayor de los gustos y sé que no vamos a tener ningún problema. Tú eres un chico encantador.
Lisandro: (sonriendo) Gracias y déjame decirte que está estupenda la decoración. Tienes muy buen gusto. La pintura está espectacular y ni se diga los muebles. Me encantan.
Natasha: Favor que me haces, ja, ja, ja. Bueno. El departamento tiene solo dos baños. Hay uno en mi dormitorio y el otro está al fondo. Te acompaño a mostrarte tu cuarto. ¿Tú nos esperas aquí, Antonio?
Antonio: No, de hecho, sólo vine para acompañarlos. Yo ya me voy. Los veo mañana.
Natasha: Qué molesto. Deberías quedarte para cenar.
Natasha se acerca de forma sensual a él y le acaricia el cabello. Lisandro se siente incómodo y Antonio se aparta de ella.
Natasha: Podemos comer los tres algo rico y si gustas, puedes pasar la noche conmigo en mi cuarto. ¿Qué dices?
Antonio: Eh, pues no sé, Natasha, yo… (Mirando a Lisandro).
Natasha: Ah, es cierto. Discúlpanos, Lisandro. Por un momento se me olvidó que estabas aquí.
Lisandro: (muy serio) Pierde cuidado. Cambiando de tema, ¿te importaría mostrarme mi cuarto? Me urge tomar un baño y ponerme ropa limpia.
Natasha: Claro que sí. Ven, acompáñame.
Natasha se adentra al departamento. Lisandro la sigue y Antonio se queda solo en la sala.
Antonio: (frustrado) Maldición. Lisandro debe estar pensando lo peor de mí.
De repente, suena el timbre de la puerta. El hombre se extraña y se dirige a abrir, encontrándose en primer plano con el rostro de Victoria.

Antonio: (impactado) ¿Do… doña Victoria?
Victoria le sonríe con picardía al joven. Antonio no puede reponerse del impacto al verla después de tanto tiempo.
INT. / BAR / NOCHE
Entretanto, Valentín camina cerca del bar de strippers donde antiguamente trabajaba. El muchacho mira con nostalgia la fachada del lugar, recordando años atrás cuando hacía shows para mujeres semi desnudo. Luego, tiene otro recuerdo de hace unos cuantos días.
FLASHBACK
INT. / VECINDAD / NOCHE
Es de noche y Valentín llega a la vecindad donde vive. Justo cuando está abriendo la puerta de su pequeña casa, recibe una llamada en su celular, por lo que se apresura a contestar.


Valentín: ¿Bueno?
Victoria: Hablo con Valentín Estrada, ¿no?
Valentín: (extrañado) Sí, señora. ¿Con quién hablo yo? ¿Quién es usted?
Victoria: Yo soy la abuela paterna de Lisandro Villegas a quien tú debes conocer.
Valentín: Sí, él es el mesero en la pastelería donde trabajo, pero, ¿por qué me llama a mí? ¿Necesita comunicarse con su nieto?
Victoria: No, muchacho. Te llamo porque tengo una propuesta bastante interesante que hacerte. Te pido que me escuches. Te conviene.
Valentín escucha con atención la propuesta que Victoria está a punto de hacerle.
FIN DEL FLASHBACK
Valentín deja de recordar algo perturbado.
Valentín: Yo no podía caer tan bajo. No podía aprovecharme de Lisandro y acostarme con él para tomar las dichosas fotos que esa vieja loca quería de los dos en la cama. Me pregunto qué buscaba con eso.
El muchacho se queda pensativo cuando, de repente, escucha un escándalo a las afueras del bar. Valentín se sorprende al ver de lejos a Marina, ebria, siendo sacada de allí por dos guardias de seguridad.

Marina: (alterada) ¡Que me suelten les digo! ¡Atrevidos! ¡Ya no saben cómo tratar a una mujer!
Marina se suelta de los guardias, pierde el equilibrio y cae en el pavimento. Los guardias entran de nuevo al bar y Valentín cruza la calle para auxiliarla.
Valentín: Marina (La ayuda a levantarse). ¿Estás bien?
Marina: (alzando la mirada) ¿Tú?
Marina se sorprende al ver a Valentín en medio de su embriaguez.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
Antonio ha abierto la puerta y se ha encontrado sorpresivamente con Victoria.


Antonio: ¿Usted aquí?
Victoria: Sí, Antonio. Cuánto tiempo sin vernos. Veo que aún me recuerdas. Después de todo, tú y Lisandro fueron tan buenos amigos en la universidad.
Antonio: (consternado) Sí, así era. Me impresiona reteharto verla. ¿Qué hace aquí?
Victoria: Vengo por Lisandro. Me enteré por una buena fuente que está quedándose en este lugar.
Natasha y Lisandro vienen caminando por el pasillo sin percatarse de quién ha llegado.


Natasha: ¿Qué te pareció el cuarto, Lisandro?
Lisandro: Está perfecto, Natasha, gracias. Me gustó mucho. En un rato acomodo mis cosas cuando me duche.
Natasha: Me alegra que te haya gustado. Tal parece llegó alguien. ¿Quién es, Antonio?
Antonio se hizo a un lado dejando ver a Victoria. Lisandro se sorprende en gran manera, al contrario de Natasha, quien ya se lo esperaba.
Victoria: Hola, Lisandro.
Lisandro: ¿Abuela?
Victoria: ¿Puedo pasar?
Natasha: (fingiendo) Claro que sí, señora. Adelante.
Victoria: (entrando) Gracias, muchacha.
Lisandro: (aún impactado) ¿Tú qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?
Victoria: ¿Es esa la manera de saludar a tu abuela? Han pasado tantos días desde que partiste, ¿y así me recibes?
Lisandro: (muy serio) Te hice una pregunta ¿Cómo sabías que yo estaba aquí?
Victoria: Porque he estado al tanto de todo lo que haces. Incluso sé que trabajas en la pastelería de Antonio, con quien tan casualmente te reencontraste y mírate, hasta tienes un techo donde vivir. Qué afortunado.
Lisandro: ¿Afortunado dices? Pues si de verdad has estado al tanto de mis pasos desde que llegué a este país, también deberías saber que los primeros días sufrí un infierno por tu culpa y por la de mi abuelo, que me corrieron y me dejaron en la calle sin piedad.
Victoria: Por favor, Lisandro. No seas tan melodramático. ¿Qué querías? ¿Que nos quedáramos tan campantes después de que nos enteramos de que eres un degenerado? (Con desprecio).
Lisandro: (indignado) ¿Un degenerado dices? ¿Para ti ser gay es también ser un degenerado? Tú y el abuelo que piensan que pueden manipularme a tu antojo y reprimir lo que soy, pero están muy equivocados. ¡Ustedes son los únicos pervertidos de mente aquí!
Victoria enfurece y le lanza una leve bofetada a Lisandro. Antonio y Natasha se sorprenden, mirándose entre sí muy incómodos y sin saber cómo intervenir.
EXT. / BAR / NOCHE
Valentín acaba de encontrarse con Marina. Ella se ha quedado sorprendida al verlo.


Marina: Tú eres Valentín, el guardaespaldas de Antonio, el que antes era el mesero de Antique Amor, ¿no?
Valentín: Sí, así es. Dime si esos tipos te hicieron daño.
Marina: Estoy bien y ya suéltame (Se aparta de él). No creas que se me olvida que tú has sido el cómplice de Antonio en todas las fechorías que ha hecho en mi contra cuando he ido a su inmunda pastelería.
Valentín: Eso fue hace tiempo. El patrón ya maduró y no volvió a hacer nada de esas cosas.
Marina: Como sea. Qué suerte tan podrida la mía venir a encontrarme justo contigo. Espero al menos seas hombre y no le cuentes a nadie que me viste aquí.
Valentín: No te preocupes. No lo haré, aunque debo reconocer que no me esperaba que frecuentaras este tipo de sitios. Este es un bar de strippers.
Marina: Pues no, no los frecuento. Hoy vine solo para ver hombres de verdad, no muchachitos inmaduros con otros gustos. Lástima que me corrieron por culpa de la tipa esa que empezó a insultarme llamándome mojigata. Debería entrar de nuevo y darle su merecido (Molesta).
Marina intenta entrar de nuevo al bar, pero Valentín la detiene.
Valentín: Ya, es mejor que te calmes y no te busques más problemas. Estás hasta las chanclas y eso no es bueno.
Marina: ¿Qué te importa cómo estoy? Es mi vida y la manejo como yo quiera. Déjame. Mis problemas los resuelvo yo sola.
Valentín: Créeme que la solución a los problemas no es andar borracho por ahí.
Marina: Es que me siento muy mal (Rompe a llorar). Me siento como una estúpida, una ingenua. ¿Por qué nos enamoramos de quien no debemos, ah? ¿Por qué? Dime algo. ¿Tú sabías lo de Lisandro?
Valentín: ¿Lo de Lisandro? ¿Te refieres a.…?
Marina: ¡Sí, eso mismo! Que es gay.
Valentín: Bueno, pues eso todo el mundo lo sabe o por lo menos se le nota, ¿no?
Marina: ¿Lo ves? Yo fui la única ciega, la única estúpida que no notó absolutamente nada y así me enamoré de él.
Marina sigue llorando dolida y se sienta en la acera. Valentín la mira con lástima.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
Victoria acaba de abofetear a Lisandro. El chico se vuelve el rostro y la mira muy dolido.




Victoria: Tú a mí no me hablas en ese tono, muchachito (Lo toma de un brazo con brusquedad). Me debes respeto por ser tu abuela y gratitud porque gracias a mí no te moriste de hambre cuando tus padres murieron.
Lisandro: (soltándose de ella) Pues con eso no vas a cambiar cómo soy en verdad, así que vete. Este departamento no es mío como pudiste ver y no quiero escándalos.
Victoria: Muy bien. Me voy, pero no pienses que vas a deshacerte de mí tan fácil. Es necesario que hablemos.
Lisandro: Tú y yo no tenemos nada de qué hablar después de todo el daño que me has hecho.
Victoria: Por favor, recapacita y no seas terco. Hay algo importante sobre tu abuelo que debes saber y fue justo para eso que hice este viaje. Es lo único que te pido.
Lisandro: (indiferente) Lo pensaré y te llamo luego, pero no te prometo nada y ahora vete, por favor.
Victoria mira con desdén a Lisandro y se va del departamento cerrando la puerta tras sí. Lisandro siente cómo se le forma un nudo en la garganta.
Lisandro: Disculpen lo que pasó, por favor. Eh, yo... me retiro.
Lisandro se retira rápidamente de allí.
Antonio: Creo que haber visto de nuevo a esa señora lo dejó traumado. Tú no te imaginas la historia que hay detrás de ellos por lo de la sexualidad de Lisandro.
Natasha: De eso me pude dar cuenta. Pobrecito.
Antonio: Iré a hablar con él porque no debe estar bien (Se va).
Natasha: (hablando para sí misma) Creo que ahora sí las cosas van a ser muy diferentes con esa vieja presente.
Entretanto, Lisandro entra a su nueva habitación, se sienta sobre la cama y se queda un rato pensando. El chico no puede evitar que le salten las lágrimas por lo ocurrido con su abuela hace un rato. Antonio entra sin tocar la puerta.
Lisandro: (limpiándose las lágrimas) ¿Por qué entras así? Este departamento no es mío, pero tengo derecho a tener mi privacidad.
Antonio: ¿Tratas de parecer fuerte frente a mí e ignorar lo que acabó de pasar con tu abuela en la sala? Ya, Lisandro. Ándale, desahógate frente a mí.
Lisandro: Eres un idiota.
Antonio: Pues este idiota es el único que puede comprender lo que te pasa en este momento.
Antonio se acerca a él y se inclina frente a él mirándolo a los ojos.
Antonio: De veras lo siento mucho. No me gusta verte así ni cuando lloras. Me gustaría hacer de todo para que sonrías así de lindo como sueles hacer.
Lisandro: Gracias, Antonio, pero no tienes por qué sentirlo. Yo tampoco tendría que desanimarme por esto, solo que soy muy sensible y se me hace imposible. Ver a mi abuela me causó sentimientos encontrados, pero lo que más me enojó es su cinismo. ¿La escuchaste? Averiguó todo sobre mí, dónde vivo y hasta dónde trabajo y se presenta como si nada hubiera pasado.
Antonio: Tal vez la estás juzgando sin escucharla. Puede que te quiera pedir perdón por cómo te trató junto con tu abuelo allá en Nueva York.
Lisandro: (incrédulo) Lo dudo demasiado. Mi abuela es una mujer maquiavélica y antes de doblegarse para pedirme perdón, preferiría morirse del orgullo. Estoy seguro que algo quiere de mí, pero sea lo que sea, no le daré el gusto de pisotearme como lo hizo.
Lisandro frunce el ceño tratando de asumir una actitud de seguridad.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, DORMITORIO / AL DÍA SIGUIENTE
Ha amanecido y es un nuevo día. Marina se levanta con resaca de su cama y mira su reloj de la mesita de noche.


Marina: (alertada) ¡Ay no! Olvidé programar la alarma y ya son las siete y ni estoy lista (Se levanta rápidamente) Mi jefe me va a matar cuando llegue al banco.
Marina sale de su dormitorio y se dirige a la sala en pijama, pero se sorprende al ver a Valentín durmiendo sobre un sofá.
Marina: Ya ni recordaba que Valentín me trajo hasta acá anoche.
La mujer se acerca y lo mueve para despertarlo. Valentín abre entredormido los ojos y, al ver a Marina, se levanta sobresaltado del sofá.
Valentín: ¿Ya amaneció?
Marina: (seria) Por supuesto. ¿Qué no ves? Ya son la siete de la mañana.
Valentín: Lo siento mucho. Me quedé dormido cuando llegamos. Estaba esperando a que tú te durmieras antes de irme, pero me venció el sueño. Perdona, ya me voy (Intenta irse).
Marina: Óyeme, óyeme, espera. Yo no te estoy corriendo ni mucho menos y ya deja de disculparte que no hiciste nada. Entiendo que te hayas quedado dormido y no tengo ningún problema, antes te agradezco por el buen gesto que tuviste de haberme traído hasta mi departamento anoche.
Valentín: Pensé que te podías molestar.
Marina: Pues no (Se cruza de brazos). Como te dije, te debo agradecer por lo que hiciste por mí y por no haberme dejado sola, por ahí, borracha. Hiciste demasiado por mí al escucharme lamentarme por lo me pasó con Lisandro. De verdad gracias, Valentín.
Valentín: No hay de qué. Hice lo que un caballero debía hacer al ver una mujer que necesita ayuda y ya debo irme. En una hora don Antonio abre Antique Amor y necesito ir a bañarme.
Marina: Bueno, de hecho, yo también voy retrasada, pero puedes quedarte, usar mi baño y desayunar. Puedo cocinar algo para los dos si quieres.
Valentín: Gracias, Marina, pero de veras no quiero llegar tarde a la pastelería y ganarme un regaño del cascarrabias del patrón y tú tampoco puedes llegar tarde. En otra ocasión será.
Marina: Está bien, si tú lo dices. Que te vaya bien. Chao.
Valentín: Hasta luego.
Valentín se apresura a irse del departamento algo avergonzado por haber pasado la noche en el departamento de una mujer. Marina se queda viéndolo pensativa.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, BAÑO / DÍA
Lisandro entra al baño para ducharse, abre la puerta, pero se sorprende en gran manera al ver a Antonio bañándose tras la puerta de cristal. El chico retrocede, pero en el intento se desliza con un reguero de agua y hace un ruido, llamando la atención de Antonio. Éste cierra inmediatamente el grifo, corre la puerta y se asoma.


Lisandro: (avergonzado) Pe… perdón, Antonio. Yo no sabía que tú estabas aquí.
Antonio: Descuida. De todos modos, ya terminaba de ducharme.
Antonio alcanza la toalla y con ella se cubre del torso para abajo. Lisandro se levanta, pero en el intento, vuelve a resbalarse, pero esta vez Antonio logra sostenerlo para evitar que se caiga.
Antonio: ¿Estás bien?
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Sí, no te preocupes. Es sólo que el baño está algo mojado y por eso me resbalo tan fácil, je, je, je (Ríe algo nervioso).
Antonio: Me recuerda una vez que también te resbalaste en la piscina de la universidad. ¿Te acuerdas?
Lisandro hace memoria y efectivamente a su cabeza viene aquel recuerdo.
FLASHBACK
NUEVA YORK
INT. / UNIVERSIDAD, PISCINA / DÍA
Lisandro camina cerca de la orilla de la amplia piscina de la universidad en la que estudia. El chico usa ropa de invierno, una bufanda alrededor de su cuello y una chaqueta negra larga que le llega casi hasta las rodillas, pero la lleva desabotonada. Debido a que el piso estaba húmedo, Lisandro se resbala y deja caer unos libros que llevaba. Antonio aparece en ese instante, en traje de baño y se acerca a él preocupado.
Antonio: Oye, ¿estás bien? (Le da la mano para ayudarlo a levantarse) ¿Hablas español?
Lisandro: Sí, sí lo hablo, soy mexicano y estoy bien, gracias. Estaba buscando un salón. Hoy es mi primer día de clases.
Antonio: Ah, bueno, si gustas dime. Yo te puedo decir. Estudio aquí desde hace ya varios meses y ya me conozco bien el campus de la universidad.
Lisandro: (sonriendo) ¿En serio me podrías decir?
Antonio: (sonriendo) Claro, bro. ¿Por qué no? Yo sé qué se siente bien gacho empezar la uni sin conocerte bien los salones y todo eso. Déjame me visto y te acompaño.
Lisandro siente una fuerte impresión por Antonio y lo mira deslumbrado. Éste también le sonríe bastante simpático.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro deja de recordar ese momento de su vida.
Antonio: ¿De verdad estás bien? Parece que la caída de ahora te dejó retrasado.
Lisandro: Ya te dije que sí. Nomás estaba recordando ese momento que me dijiste. Fue la primera vez que nos vimos y ahí nos hicimos buenos amigos.
Antonio: Sí, hace ya cuatro años. Tú eras un niñito de diecisiete años y yo pasaba ya de los veinte. Eras bien inteligente para tu corta edad.
Lisandro: (nostálgico) Es cierto. Fueron buenos tiempos. En ese entonces no me preocupaba por nada y no tenía los problemas que tengo ahora. Pensaba que la vida era color rosa y todo cambió, cuando… te confesé que me gustabas.
Antonio: (sonriendo pícaro) ¿Te gustaba o todavía te gusto?
Lisandro: (molesto) Ya está bueno de andarme haciendo la misma pregunta. Mejor vístete y sal, que también necesito bañarme.
Lisandro va a salir del baño, pero Antonio lo detiene tomándolo de uno de sus brazos y lo gira hacia él.
Lisandro: (desconcertado) ¿Qué pasa?
Antonio lo toma del rostro y le da un beso inesperadamente. Lisandro abre los ojos y se queda paralizado sin saber cómo reaccionar, por lo que se aparta de él.
Lisandro: (indignado) ¡Óyeme! ¿Cómo te atreves?
Antonio: Lisandro, no me aguanto más esta relación de los dos. Tenerte tan cerca siempre y viéndote todos los días me hace ver que cada vez me gustas más y me vuelve loco sentir esto porque no quisiera, pero es más fuerte que mi ego.
Lisandro: Ya no empieces con lo mismo, por favor.
Lisandro intenta salir del baño, pero Antonio lo retiene.
Antonio: ¿Por qué siempre me evitas?
Lisandro: (exasperado) Antonio, ya. Tú estás confundido y yo no quiero ser parte de tu juego.
Antonio: Lo que siento por ti no es ningún juego. Es verdad que no me gustan los chavos y que no le entro a estas cosas de la comunidad y del mundo gay, pero contigo es diferente.
Lisandro le esquiva la mirada sintiéndose cada vez más nervioso. Antonio lo arrincona contra la pared.
Antonio: Contigo las cosas cambian y no te imaginas las ganas que tengo de repetir ese beso que nos dimos esa noche en la pastelería o el otro día que fuimos a comer helado.
Lisandro: (preocupado) Antonio, aquí no. Natasha nos puede ver.
Antonio: Natasha salió a comprar unas cosas al súper. Tenemos el departamento solo para nosotros dos y para que nos demos ese beso que los dos tanto queremos.
Antonio acerca sus labios a los de Lisandro y lo besa nuevamente. Lisandro le corresponde esta vez, pero se aparta preocupado.
Lisandro: (agitado) Antonio, no. Esto no está bien.
Antonio: Déjate solo llevar de lo que sientes.
Los dos siguen besándose en aquel baño durante varios segundos. Lisandro se deja llevar sin nada que se lo impida. Antonio deja caer su toalla y es así, como minutos después, ambos entran a la habitación de Lisandro en donde siguen besándose. Antonio le quita la camisa al chico y ambos terminan cayendo sobre la cama.
Lisandro: (preocupado) Antonio, no estoy seguro de esto. Yo…
Antonio: (susurrando) Ya no digas nada. Lo importante es lo que sentimos los dos.
Lisandro: Te quiero.
Antonio: Yo también (Acariciándole el rostro). Yo también, Lisandro.
Antonio le da un beso más al chico, quien no duda en corresponderle al tiempo que la cámara se va alejando de allí.
CONTINUARÁ…


Marcus: (sonriendo) ¿Por qué te quedas en silencio? ¿Te molestó lo que dije?
Lisandro: (tragando saliva) Eh, no, para nada. Es sólo que usted me pone algo nervioso y…
Marcus: ¿Me aceptarías una invitación a salir? Yo sé que debe parecerte todo esto raro, pero me muero por conocerte y saber más de ti. Te juro que hay algo que tienes que me llama la atención.
Lisandro: Creo que ahorita no es un buen momento para hablar de eso, señor. Yo estoy trabajando y quiero evitarme un regaño.
Marcus: Está bien, no quiero presionarte. Por lo pronto, ve y tráeme la orden. Con eso me conformo.
Marcus le guiña un ojo al chico, por lo que éste se retira rápidamente a la cocina. Allí, se encuentra Antonio preparando la masa de un pastel en un recipiente y usando un batidor. El hombre lo ve distraído.

Antonio: ¿Qué te traes ahora?
Lisandro: (nervioso) Eh, yo nada. Vengo por la orden del crítico que por fin pidió algo.
Antonio: Hasta que por fin. Me empezaba a cansar de la cara de ese idiota sentado sin pedir ni comprar nada. ¿Qué fue lo que pidió?
Lisandro: El pastel de leche condensada con saber achocolatado y doble cubierta de maní.
Antonio: Bueno, ve y llévaselo. Está en la vitrina al fondo.
Lisandro: (pensativo) ¿Sabes? Hay algo en ese hombre que me dejó un tanto sacado de onda. Tiene una mirada penetrante y no sé, me dieron escalofríos cuando me tocó.
Antonio: (sorprendido) ¿Te tocó? ¿Dónde? (Deja de batir la masa).
Lisandro: Bueno, sólo me tomó de la mano cuando pasaba por su mesa para decirme su orden y cuando lo miré, no sé, sentí como un corrientazo por todo el cuerpo.
Antonio: (un poco celoso) Pues entonces apresúrate a llevarle su orden al señor de mirada penetrante (Sigue batiendo la masa).
Lisandro: Qué arrogante, como siempre.
Lisandro se acerca a la vitrina para sacar el pastel que Marcus le pidió. Luego, saca un refresco del refrigerador y sale de la cocina. Antonio lo ve irse y deja de batir la masa.
Antonio: (suspirando) ¿Qué voy a hacer contigo, Lisandro? Me pone mal pensar que te puedes alejar de mí o te puedo perder si otro aparece en tu vida.
Antonio se queda pensativo. Por su parte, Lisandro le lleva su orden a Marcus. Éste sonríe.


Marcus: Oye, qué buen servicio. No sé si en general o es solo por ti que te destacas entre todos por tu eficiencia.
Lisandro: Todos trabajamos duro para darle al cliente la mejor atención, señor.
Marcus: Deja de llamarme “señor”, Lisandro. Llámame simplemente Marcus y tutéame que no soy un viejo. Tengo treinta años.
Lisandro: (riendo) Intentaré hacerlo. Me dijo que trabaja como crítico de repostería, ¿no?
Marcus: Sí, me gustaría escribir un artículo para la sección de gastronomía de la revista de mi familia. Como te conté anoche, ellos poseen una editorial y tengo un amplio grupo de lectores, así que eso sería de ayuda para catapultar a la fama a la pastelería.
Lisandro: Qué padre. Espero que quede bien satisfecho con todo para que solo diga cosas positivas. Bueno, me retiro. Tengo que seguir trabajando.
Marcus: Espera. Todavía no me respondes lo que te pregunté hace rato sobre aceptar una invitación a salir. Podemos ir a tomar un café, ir a comer helado, lo que gustes. ¿Qué dices?
Lisandro: Tal vez mañana. Hoy no creo que sea conveniente. Me corrieron del depa donde estaba viviendo y precisamente hoy pienso mudarme al de Natasha, la chica que también trabaja aquí.
Marcus: Está bien. Yo no quiero que te sientas que te estoy presionando. Quiero ir con calma y que de verdad podamos ser buenos amigos, ¿no te gustaría?
Lisandro: (tímido) Sí, pero no le voy a negar que me saca un poco de onda que se quiera hacer mi amigo así de la nada.
Marcus: Yo ya te dije que me pareces alguien muy interesante y quiero descubrir en ti todo eso que tienes. Podemos llevarnos muy bien. ¡Claro! Eso en caso de que tú quieras. Entonces, ¿qué dices? ¿Amigos?
Marcus le extiende su mano a Lisandro. Éste se queda pensativo un momento unos breves segundos, pero al final, le sonríe con calidez al crítico y le corresponde el apretón de mano con delicadeza.
Lisandro: Vamos por esa. Amigos y bueno, ahora sí me retiro. No vaya a ser que me gane un regaño por estar platicando en horas de trabajo.
Marcus: Espera (Saca de su billetera una tarjeta). Te voy a dar mi número para que estemos en contacto. Llámame o escríbeme. Como quieras.
Lisandro: Muchas gracias, Marcus.
Lisandro le recibe la tarjeta al hombre y se va. Marcus lo ve irse y se queda sonriendo.
Marcus: Te quiero para mí, Lisandro. Me gustas y voy a hacer que te fijes en mí. Donde pongo el ojo, no hay quien se me resista.
Entretanto, Natasha entra al baño rápidamente y con disimulo. Una vez lo hace, contesta su celular y habla en voz baja para no ser escuchada.

Natasha: ¿Qué quiere ahora, doña Victoria? Le recuerdo que a esta hora estoy trabajando en Antique Amor y no me puedo arriesgar a que me escuchen hablando con usted.
NUEVA YORK

INT. / AEROPUERTO, SALA DE ESPERA / DÍA
Victoria se encuentra sentada en la sala de espera del aeropuerto, usando lentes de sol, con su maleta a un lado y hablando de forma sofisticada por medio de su celular.

Victoria: Voy a ser rápida. Llamaba para notificarte que en estos momentos estoy a punto de tomar un avión a Ciudad de México.
Las escenas de ambas se intercalan desde los respectivos lugares en que se encuentran.
Natasha: (sorprendida) ¿Por qué? ¿Qué piensa hacer? ¿O es que ya no quiere que siga trabajando para usted?
Victoria: Por supuesto que quiero, estúpida. De lo contrario, ya te lo habría dicho. Voy a visitar a Lisandro para convencerlo de que vuelva a Estados Unidos conmigo y para presionarlo, pero voy a seguir necesitando que tú hagas tu parte del trabajo y engatuses al repostero.
Natasha: ¿Cree que eso vaya a ser de utilidad en sus planes?
Victoria: (sonriendo con malicia) Lo será, porque cuando Lisandro esté decepcionado del repostero y no quiera volver a saber nada de él, ahí estaré yo para consolarlo como abuela abnegada y lo convenceré de que regrese conmigo.
Natasha: (suspirando) Está bien, pero hay algo que debo decirle. Lisandro… Lisandro se está quedando en mi departamento.
Victoria: (furiosa) ¿Qué cosa? ¿Cómo es eso de que se está quedando en tu departamento?
Natasha: Antonio me lo pidió, doña Victoria. Tal parece que la mujer con la que vivía lo corrió esta mañana y no tiene a dónde más ir.
Victoria: (hablando con ironía) ¿Y por qué crees que esa mujer lo corrió de su departamento?
Natasha: (intrigada) Hum, no lo sé. No me diga que usted tiene algo que ver con eso.
Victoria: Sí, yo la llamé de forma anónima y le dije la verdad. La tal Marina no sabía que Lisandro era un asqueroso homosexual y lo corrió. Quería que no tuviera donde vivir ni donde pasar la noche, pero tú lo arruinaste abriéndole las puertas de tu casa.
Natasha: (apenada) Ay, doña Victoria, lo siento, pero no sabía nada.
Victoria: Cállate. Lo único que tienes es una cara bonita, pero nada de cerebro. Me arruinaste el plan, pero ya qué. Por ahora se me está ocurriendo una idea.
Natasha: ¿Quiere que me invente alguna excusa para que no viva conmigo?
Victoria: Déjalo así. Voy a ir a tu departamento esta noche después de que aterrice y le voy a dar a Lisandro una gran sorpresa. Sobra decir que debes fingir muy bien no conocerme. ¿Entendido?
Natasha: Sí, doña Victoria. Entendido.
Victoria cuelga la llamada y escucha la voz de la operadora dando un anuncio por el megáfono del aeropuerto indicando que es hora de abordar su vuelo. La anciana sonríe con malicia.
CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO

INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
La noche cae en la capital. Por su parte, Lisandro, Antonio y Natasha llegan al departamento de ella. Lisandro entra con su maleta con algo de timidez.



Lisandro: Muchas gracias de nuevo por acogerme en tu depa, Natasha. Te prometo que no te daré ningún tipo de problemas.
Natasha: Descuida, Lisandro. Te recibo con el mayor de los gustos y sé que no vamos a tener ningún problema. Tú eres un chico encantador.
Lisandro: (sonriendo) Gracias y déjame decirte que está estupenda la decoración. Tienes muy buen gusto. La pintura está espectacular y ni se diga los muebles. Me encantan.
Natasha: Favor que me haces, ja, ja, ja. Bueno. El departamento tiene solo dos baños. Hay uno en mi dormitorio y el otro está al fondo. Te acompaño a mostrarte tu cuarto. ¿Tú nos esperas aquí, Antonio?
Antonio: No, de hecho, sólo vine para acompañarlos. Yo ya me voy. Los veo mañana.
Natasha: Qué molesto. Deberías quedarte para cenar.
Natasha se acerca de forma sensual a él y le acaricia el cabello. Lisandro se siente incómodo y Antonio se aparta de ella.
Natasha: Podemos comer los tres algo rico y si gustas, puedes pasar la noche conmigo en mi cuarto. ¿Qué dices?
Antonio: Eh, pues no sé, Natasha, yo… (Mirando a Lisandro).
Natasha: Ah, es cierto. Discúlpanos, Lisandro. Por un momento se me olvidó que estabas aquí.
Lisandro: (muy serio) Pierde cuidado. Cambiando de tema, ¿te importaría mostrarme mi cuarto? Me urge tomar un baño y ponerme ropa limpia.
Natasha: Claro que sí. Ven, acompáñame.
Natasha se adentra al departamento. Lisandro la sigue y Antonio se queda solo en la sala.
Antonio: (frustrado) Maldición. Lisandro debe estar pensando lo peor de mí.
De repente, suena el timbre de la puerta. El hombre se extraña y se dirige a abrir, encontrándose en primer plano con el rostro de Victoria.

Antonio: (impactado) ¿Do… doña Victoria?
Victoria le sonríe con picardía al joven. Antonio no puede reponerse del impacto al verla después de tanto tiempo.
INT. / BAR / NOCHE
Entretanto, Valentín camina cerca del bar de strippers donde antiguamente trabajaba. El muchacho mira con nostalgia la fachada del lugar, recordando años atrás cuando hacía shows para mujeres semi desnudo. Luego, tiene otro recuerdo de hace unos cuantos días.
FLASHBACK
INT. / VECINDAD / NOCHE
Es de noche y Valentín llega a la vecindad donde vive. Justo cuando está abriendo la puerta de su pequeña casa, recibe una llamada en su celular, por lo que se apresura a contestar.


Valentín: ¿Bueno?
Victoria: Hablo con Valentín Estrada, ¿no?
Valentín: (extrañado) Sí, señora. ¿Con quién hablo yo? ¿Quién es usted?
Victoria: Yo soy la abuela paterna de Lisandro Villegas a quien tú debes conocer.
Valentín: Sí, él es el mesero en la pastelería donde trabajo, pero, ¿por qué me llama a mí? ¿Necesita comunicarse con su nieto?
Victoria: No, muchacho. Te llamo porque tengo una propuesta bastante interesante que hacerte. Te pido que me escuches. Te conviene.
Valentín escucha con atención la propuesta que Victoria está a punto de hacerle.
FIN DEL FLASHBACK
Valentín deja de recordar algo perturbado.
Valentín: Yo no podía caer tan bajo. No podía aprovecharme de Lisandro y acostarme con él para tomar las dichosas fotos que esa vieja loca quería de los dos en la cama. Me pregunto qué buscaba con eso.
El muchacho se queda pensativo cuando, de repente, escucha un escándalo a las afueras del bar. Valentín se sorprende al ver de lejos a Marina, ebria, siendo sacada de allí por dos guardias de seguridad.

Marina: (alterada) ¡Que me suelten les digo! ¡Atrevidos! ¡Ya no saben cómo tratar a una mujer!
Marina se suelta de los guardias, pierde el equilibrio y cae en el pavimento. Los guardias entran de nuevo al bar y Valentín cruza la calle para auxiliarla.
Valentín: Marina (La ayuda a levantarse). ¿Estás bien?
Marina: (alzando la mirada) ¿Tú?
Marina se sorprende al ver a Valentín en medio de su embriaguez.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
Antonio ha abierto la puerta y se ha encontrado sorpresivamente con Victoria.


Antonio: ¿Usted aquí?
Victoria: Sí, Antonio. Cuánto tiempo sin vernos. Veo que aún me recuerdas. Después de todo, tú y Lisandro fueron tan buenos amigos en la universidad.
Antonio: (consternado) Sí, así era. Me impresiona reteharto verla. ¿Qué hace aquí?
Victoria: Vengo por Lisandro. Me enteré por una buena fuente que está quedándose en este lugar.
Natasha y Lisandro vienen caminando por el pasillo sin percatarse de quién ha llegado.


Natasha: ¿Qué te pareció el cuarto, Lisandro?
Lisandro: Está perfecto, Natasha, gracias. Me gustó mucho. En un rato acomodo mis cosas cuando me duche.
Natasha: Me alegra que te haya gustado. Tal parece llegó alguien. ¿Quién es, Antonio?
Antonio se hizo a un lado dejando ver a Victoria. Lisandro se sorprende en gran manera, al contrario de Natasha, quien ya se lo esperaba.
Victoria: Hola, Lisandro.
Lisandro: ¿Abuela?
Victoria: ¿Puedo pasar?
Natasha: (fingiendo) Claro que sí, señora. Adelante.
Victoria: (entrando) Gracias, muchacha.
Lisandro: (aún impactado) ¿Tú qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?
Victoria: ¿Es esa la manera de saludar a tu abuela? Han pasado tantos días desde que partiste, ¿y así me recibes?
Lisandro: (muy serio) Te hice una pregunta ¿Cómo sabías que yo estaba aquí?
Victoria: Porque he estado al tanto de todo lo que haces. Incluso sé que trabajas en la pastelería de Antonio, con quien tan casualmente te reencontraste y mírate, hasta tienes un techo donde vivir. Qué afortunado.
Lisandro: ¿Afortunado dices? Pues si de verdad has estado al tanto de mis pasos desde que llegué a este país, también deberías saber que los primeros días sufrí un infierno por tu culpa y por la de mi abuelo, que me corrieron y me dejaron en la calle sin piedad.
Victoria: Por favor, Lisandro. No seas tan melodramático. ¿Qué querías? ¿Que nos quedáramos tan campantes después de que nos enteramos de que eres un degenerado? (Con desprecio).
Lisandro: (indignado) ¿Un degenerado dices? ¿Para ti ser gay es también ser un degenerado? Tú y el abuelo que piensan que pueden manipularme a tu antojo y reprimir lo que soy, pero están muy equivocados. ¡Ustedes son los únicos pervertidos de mente aquí!
Victoria enfurece y le lanza una leve bofetada a Lisandro. Antonio y Natasha se sorprenden, mirándose entre sí muy incómodos y sin saber cómo intervenir.
EXT. / BAR / NOCHE
Valentín acaba de encontrarse con Marina. Ella se ha quedado sorprendida al verlo.


Marina: Tú eres Valentín, el guardaespaldas de Antonio, el que antes era el mesero de Antique Amor, ¿no?
Valentín: Sí, así es. Dime si esos tipos te hicieron daño.
Marina: Estoy bien y ya suéltame (Se aparta de él). No creas que se me olvida que tú has sido el cómplice de Antonio en todas las fechorías que ha hecho en mi contra cuando he ido a su inmunda pastelería.
Valentín: Eso fue hace tiempo. El patrón ya maduró y no volvió a hacer nada de esas cosas.
Marina: Como sea. Qué suerte tan podrida la mía venir a encontrarme justo contigo. Espero al menos seas hombre y no le cuentes a nadie que me viste aquí.
Valentín: No te preocupes. No lo haré, aunque debo reconocer que no me esperaba que frecuentaras este tipo de sitios. Este es un bar de strippers.
Marina: Pues no, no los frecuento. Hoy vine solo para ver hombres de verdad, no muchachitos inmaduros con otros gustos. Lástima que me corrieron por culpa de la tipa esa que empezó a insultarme llamándome mojigata. Debería entrar de nuevo y darle su merecido (Molesta).
Marina intenta entrar de nuevo al bar, pero Valentín la detiene.
Valentín: Ya, es mejor que te calmes y no te busques más problemas. Estás hasta las chanclas y eso no es bueno.
Marina: ¿Qué te importa cómo estoy? Es mi vida y la manejo como yo quiera. Déjame. Mis problemas los resuelvo yo sola.
Valentín: Créeme que la solución a los problemas no es andar borracho por ahí.
Marina: Es que me siento muy mal (Rompe a llorar). Me siento como una estúpida, una ingenua. ¿Por qué nos enamoramos de quien no debemos, ah? ¿Por qué? Dime algo. ¿Tú sabías lo de Lisandro?
Valentín: ¿Lo de Lisandro? ¿Te refieres a.…?
Marina: ¡Sí, eso mismo! Que es gay.
Valentín: Bueno, pues eso todo el mundo lo sabe o por lo menos se le nota, ¿no?
Marina: ¿Lo ves? Yo fui la única ciega, la única estúpida que no notó absolutamente nada y así me enamoré de él.
Marina sigue llorando dolida y se sienta en la acera. Valentín la mira con lástima.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
Victoria acaba de abofetear a Lisandro. El chico se vuelve el rostro y la mira muy dolido.




Victoria: Tú a mí no me hablas en ese tono, muchachito (Lo toma de un brazo con brusquedad). Me debes respeto por ser tu abuela y gratitud porque gracias a mí no te moriste de hambre cuando tus padres murieron.
Lisandro: (soltándose de ella) Pues con eso no vas a cambiar cómo soy en verdad, así que vete. Este departamento no es mío como pudiste ver y no quiero escándalos.
Victoria: Muy bien. Me voy, pero no pienses que vas a deshacerte de mí tan fácil. Es necesario que hablemos.
Lisandro: Tú y yo no tenemos nada de qué hablar después de todo el daño que me has hecho.
Victoria: Por favor, recapacita y no seas terco. Hay algo importante sobre tu abuelo que debes saber y fue justo para eso que hice este viaje. Es lo único que te pido.
Lisandro: (indiferente) Lo pensaré y te llamo luego, pero no te prometo nada y ahora vete, por favor.
Victoria mira con desdén a Lisandro y se va del departamento cerrando la puerta tras sí. Lisandro siente cómo se le forma un nudo en la garganta.
Lisandro: Disculpen lo que pasó, por favor. Eh, yo... me retiro.
Lisandro se retira rápidamente de allí.
Antonio: Creo que haber visto de nuevo a esa señora lo dejó traumado. Tú no te imaginas la historia que hay detrás de ellos por lo de la sexualidad de Lisandro.
Natasha: De eso me pude dar cuenta. Pobrecito.
Antonio: Iré a hablar con él porque no debe estar bien (Se va).
Natasha: (hablando para sí misma) Creo que ahora sí las cosas van a ser muy diferentes con esa vieja presente.
Entretanto, Lisandro entra a su nueva habitación, se sienta sobre la cama y se queda un rato pensando. El chico no puede evitar que le salten las lágrimas por lo ocurrido con su abuela hace un rato. Antonio entra sin tocar la puerta.
Lisandro: (limpiándose las lágrimas) ¿Por qué entras así? Este departamento no es mío, pero tengo derecho a tener mi privacidad.
Antonio: ¿Tratas de parecer fuerte frente a mí e ignorar lo que acabó de pasar con tu abuela en la sala? Ya, Lisandro. Ándale, desahógate frente a mí.
Lisandro: Eres un idiota.
Antonio: Pues este idiota es el único que puede comprender lo que te pasa en este momento.
Antonio se acerca a él y se inclina frente a él mirándolo a los ojos.
Antonio: De veras lo siento mucho. No me gusta verte así ni cuando lloras. Me gustaría hacer de todo para que sonrías así de lindo como sueles hacer.
Lisandro: Gracias, Antonio, pero no tienes por qué sentirlo. Yo tampoco tendría que desanimarme por esto, solo que soy muy sensible y se me hace imposible. Ver a mi abuela me causó sentimientos encontrados, pero lo que más me enojó es su cinismo. ¿La escuchaste? Averiguó todo sobre mí, dónde vivo y hasta dónde trabajo y se presenta como si nada hubiera pasado.
Antonio: Tal vez la estás juzgando sin escucharla. Puede que te quiera pedir perdón por cómo te trató junto con tu abuelo allá en Nueva York.
Lisandro: (incrédulo) Lo dudo demasiado. Mi abuela es una mujer maquiavélica y antes de doblegarse para pedirme perdón, preferiría morirse del orgullo. Estoy seguro que algo quiere de mí, pero sea lo que sea, no le daré el gusto de pisotearme como lo hizo.
Lisandro frunce el ceño tratando de asumir una actitud de seguridad.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, DORMITORIO / AL DÍA SIGUIENTE
Ha amanecido y es un nuevo día. Marina se levanta con resaca de su cama y mira su reloj de la mesita de noche.


Marina: (alertada) ¡Ay no! Olvidé programar la alarma y ya son las siete y ni estoy lista (Se levanta rápidamente) Mi jefe me va a matar cuando llegue al banco.
Marina sale de su dormitorio y se dirige a la sala en pijama, pero se sorprende al ver a Valentín durmiendo sobre un sofá.
Marina: Ya ni recordaba que Valentín me trajo hasta acá anoche.
La mujer se acerca y lo mueve para despertarlo. Valentín abre entredormido los ojos y, al ver a Marina, se levanta sobresaltado del sofá.
Valentín: ¿Ya amaneció?
Marina: (seria) Por supuesto. ¿Qué no ves? Ya son la siete de la mañana.
Valentín: Lo siento mucho. Me quedé dormido cuando llegamos. Estaba esperando a que tú te durmieras antes de irme, pero me venció el sueño. Perdona, ya me voy (Intenta irse).
Marina: Óyeme, óyeme, espera. Yo no te estoy corriendo ni mucho menos y ya deja de disculparte que no hiciste nada. Entiendo que te hayas quedado dormido y no tengo ningún problema, antes te agradezco por el buen gesto que tuviste de haberme traído hasta mi departamento anoche.
Valentín: Pensé que te podías molestar.
Marina: Pues no (Se cruza de brazos). Como te dije, te debo agradecer por lo que hiciste por mí y por no haberme dejado sola, por ahí, borracha. Hiciste demasiado por mí al escucharme lamentarme por lo me pasó con Lisandro. De verdad gracias, Valentín.
Valentín: No hay de qué. Hice lo que un caballero debía hacer al ver una mujer que necesita ayuda y ya debo irme. En una hora don Antonio abre Antique Amor y necesito ir a bañarme.
Marina: Bueno, de hecho, yo también voy retrasada, pero puedes quedarte, usar mi baño y desayunar. Puedo cocinar algo para los dos si quieres.
Valentín: Gracias, Marina, pero de veras no quiero llegar tarde a la pastelería y ganarme un regaño del cascarrabias del patrón y tú tampoco puedes llegar tarde. En otra ocasión será.
Marina: Está bien, si tú lo dices. Que te vaya bien. Chao.
Valentín: Hasta luego.
Valentín se apresura a irse del departamento algo avergonzado por haber pasado la noche en el departamento de una mujer. Marina se queda viéndolo pensativa.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, BAÑO / DÍA
Lisandro entra al baño para ducharse, abre la puerta, pero se sorprende en gran manera al ver a Antonio bañándose tras la puerta de cristal. El chico retrocede, pero en el intento se desliza con un reguero de agua y hace un ruido, llamando la atención de Antonio. Éste cierra inmediatamente el grifo, corre la puerta y se asoma.


Lisandro: (avergonzado) Pe… perdón, Antonio. Yo no sabía que tú estabas aquí.
Antonio: Descuida. De todos modos, ya terminaba de ducharme.
Antonio alcanza la toalla y con ella se cubre del torso para abajo. Lisandro se levanta, pero en el intento, vuelve a resbalarse, pero esta vez Antonio logra sostenerlo para evitar que se caiga.
Antonio: ¿Estás bien?
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Sí, no te preocupes. Es sólo que el baño está algo mojado y por eso me resbalo tan fácil, je, je, je (Ríe algo nervioso).
Antonio: Me recuerda una vez que también te resbalaste en la piscina de la universidad. ¿Te acuerdas?
Lisandro hace memoria y efectivamente a su cabeza viene aquel recuerdo.
FLASHBACK
NUEVA YORK
INT. / UNIVERSIDAD, PISCINA / DÍA
Lisandro camina cerca de la orilla de la amplia piscina de la universidad en la que estudia. El chico usa ropa de invierno, una bufanda alrededor de su cuello y una chaqueta negra larga que le llega casi hasta las rodillas, pero la lleva desabotonada. Debido a que el piso estaba húmedo, Lisandro se resbala y deja caer unos libros que llevaba. Antonio aparece en ese instante, en traje de baño y se acerca a él preocupado.
Antonio: Oye, ¿estás bien? (Le da la mano para ayudarlo a levantarse) ¿Hablas español?
Lisandro: Sí, sí lo hablo, soy mexicano y estoy bien, gracias. Estaba buscando un salón. Hoy es mi primer día de clases.
Antonio: Ah, bueno, si gustas dime. Yo te puedo decir. Estudio aquí desde hace ya varios meses y ya me conozco bien el campus de la universidad.
Lisandro: (sonriendo) ¿En serio me podrías decir?
Antonio: (sonriendo) Claro, bro. ¿Por qué no? Yo sé qué se siente bien gacho empezar la uni sin conocerte bien los salones y todo eso. Déjame me visto y te acompaño.
Lisandro siente una fuerte impresión por Antonio y lo mira deslumbrado. Éste también le sonríe bastante simpático.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro deja de recordar ese momento de su vida.
Antonio: ¿De verdad estás bien? Parece que la caída de ahora te dejó retrasado.
Lisandro: Ya te dije que sí. Nomás estaba recordando ese momento que me dijiste. Fue la primera vez que nos vimos y ahí nos hicimos buenos amigos.
Antonio: Sí, hace ya cuatro años. Tú eras un niñito de diecisiete años y yo pasaba ya de los veinte. Eras bien inteligente para tu corta edad.
Lisandro: (nostálgico) Es cierto. Fueron buenos tiempos. En ese entonces no me preocupaba por nada y no tenía los problemas que tengo ahora. Pensaba que la vida era color rosa y todo cambió, cuando… te confesé que me gustabas.
Antonio: (sonriendo pícaro) ¿Te gustaba o todavía te gusto?
Lisandro: (molesto) Ya está bueno de andarme haciendo la misma pregunta. Mejor vístete y sal, que también necesito bañarme.
Lisandro va a salir del baño, pero Antonio lo detiene tomándolo de uno de sus brazos y lo gira hacia él.
Lisandro: (desconcertado) ¿Qué pasa?
Antonio lo toma del rostro y le da un beso inesperadamente. Lisandro abre los ojos y se queda paralizado sin saber cómo reaccionar, por lo que se aparta de él.
Lisandro: (indignado) ¡Óyeme! ¿Cómo te atreves?
Antonio: Lisandro, no me aguanto más esta relación de los dos. Tenerte tan cerca siempre y viéndote todos los días me hace ver que cada vez me gustas más y me vuelve loco sentir esto porque no quisiera, pero es más fuerte que mi ego.
Lisandro: Ya no empieces con lo mismo, por favor.
Lisandro intenta salir del baño, pero Antonio lo retiene.
Antonio: ¿Por qué siempre me evitas?
Lisandro: (exasperado) Antonio, ya. Tú estás confundido y yo no quiero ser parte de tu juego.
Antonio: Lo que siento por ti no es ningún juego. Es verdad que no me gustan los chavos y que no le entro a estas cosas de la comunidad y del mundo gay, pero contigo es diferente.
Lisandro le esquiva la mirada sintiéndose cada vez más nervioso. Antonio lo arrincona contra la pared.
Antonio: Contigo las cosas cambian y no te imaginas las ganas que tengo de repetir ese beso que nos dimos esa noche en la pastelería o el otro día que fuimos a comer helado.
Lisandro: (preocupado) Antonio, aquí no. Natasha nos puede ver.
Antonio: Natasha salió a comprar unas cosas al súper. Tenemos el departamento solo para nosotros dos y para que nos demos ese beso que los dos tanto queremos.
Antonio acerca sus labios a los de Lisandro y lo besa nuevamente. Lisandro le corresponde esta vez, pero se aparta preocupado.
Lisandro: (agitado) Antonio, no. Esto no está bien.
Antonio: Déjate solo llevar de lo que sientes.
Los dos siguen besándose en aquel baño durante varios segundos. Lisandro se deja llevar sin nada que se lo impida. Antonio deja caer su toalla y es así, como minutos después, ambos entran a la habitación de Lisandro en donde siguen besándose. Antonio le quita la camisa al chico y ambos terminan cayendo sobre la cama.
Lisandro: (preocupado) Antonio, no estoy seguro de esto. Yo…
Antonio: (susurrando) Ya no digas nada. Lo importante es lo que sentimos los dos.
Lisandro: Te quiero.
Antonio: Yo también (Acariciándole el rostro). Yo también, Lisandro.
Antonio le da un beso más al chico, quien no duda en corresponderle al tiempo que la cámara se va alejando de allí.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario