Capítulo 14: Un pretendiente inesperado
INT. / EDIFICIO, PISO 5 / DÍA
Natasha sale del ascensor bajándose en el piso en el cual está ubicado su departamento. La modelo acaba de venir del supermercado y sostiene una canasta con los alimentos que compró al tiempo que habla con Victoria.

Natasha: Todo pasó tan rápido que aún no puedo creerlo, doña Victoria. Es que solo fue cuestión de que Lisandro la viera para que la mandara por un tubo. No quiere saber nada de usted.
INT. / HOTEL, HABITACIÓN DE VICTORIA / DÍA
Victoria, por su parte, también habla por celular desde la habitación del hotel en que se está hospedando. La anciana se está maquillando sentada frente al tocador. Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

Victoria: Lisandro es un muchachito malcriado, pero ninguna de las cosas que me diga me afectan en lo más mínimo.
Natasha: Pensé que lo ideal para usted era mostrarse ante él como una buena abuela, arrepentida del mal que le hizo.
Victoria: Ese sigue siendo mi plan, pero sé cómo hago las cosas, Natasha. Tú ocúpate de seducir a Antonio, enamóralo, haz que se arrastre ante tus pies para que Lisandro pierda toda esperanza con él.
Natasha: Antonio es un hueso difícil de roer, doña Victoria. Por más que nos acostemos, dudo demasiado que se vaya a enamorar de mí. Es un hombre y usted sabe cómo son.
Victoria: Pues ese es tu trabajo y para eso estoy pagando el costoso asilo en que está el inservible ese de tu padre que parece un vegetal.
Natasha: (ofendida) Le pido que se refiera a él con respeto. Él no tiene nada que ver en este asunto y si está en ese estado, es porque tuvo un accidente muy grave que no lo permite moverse.
Victoria: (exasperada) Sí, sí, como digas. Tu padre es lo de menos. Mejor dime dónde estás.
Natasha: Vengo del súper de comprar unas cosas, pero ya llegué. ¿Por qué?
Victoria: (con suspicacia) ¿Antonio se quedó en tu departamento anoche?
Natasha: Sí, durmió en el sofá. Yo le dije que se quedara después de que cenamos.
Victoria: (furiosa) ¿Quieres decir que esos dos están a solas allá en tu casa y tú tan campante fuiste de compras?
Natasha: No creo que pase nada, doña Victoria. Relájese un poco.
Victoria: Pues es un riesgo que no estoy dispuesta a tomar. Entra inmediatamente. Tú bien sabes que entre ellos ya ha habido besos y no me quiero imaginar lo que podría pasar si están solos.
Victoria cuelga muy molesta la llamada. Natasha mete su celular en su bolso y decide sacar las llaves de su bolso para abrir la puerta de su departamento.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, HABITACIÓN DE LISANDRO / DÍA
Entretanto, Antonio está encima de Lisandro. Los dos siguen besándose de forma pausada, pero ambos se sobresaltan cuando escuchan a Natasha entrar.


Natasha: Hola chicos, ya llegué del súper. Traje las cosas para el desayuno.
Lisandro: (asustado) ¡Ay, no! ¡Es Natasha!
Antonio: (frustrado) Argh, no me esperaba que llegara tan pronto.
Lisandro: Yo te lo dije, pero tú nunca haces caso. ¡Rápido! Salte de aquí y ve a vestirte.
Antonio sale corriendo de la habitación al tiempo que Lisandro se pone de nuevo su camisa y respira profundo pasándose las manos por el rostro.
Lisandro: ¿Qué estuve a punto de hacer? Por poco y caigo. Me dejé llevar de la emoción y casi cometo un error (Pensativo). Lo quiero, pero no por eso voy a dejar que me use. Claro que no…
Lisandro se queda pensativo.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Horas más tarde, la pastelería se encuentra abierta y hay varios clientes. Natasha atiende las órdenes de los clientes al igual que Lisandro, quien justo ve Marcus entrar a la pastelería. Antonio está conversando con Valentín en la caja registradora y frunce el ceño al ver al crítico de repostería.





Antonio: ¿Qué hace ese tipo otra vez aquí?
Valentín: ¿Le cae mal, patrón?
Antonio: Te mentiría si te dijera que no. Desde que lo vi ayer no me dio buena impresión. Debería ir a correrlo personalmente de acá.
Marcus, por su parte, se acerca a Lisandro sonriendo.
Marcus: Hola, Lisandro. Qué gusto verte de nuevo.
Lisandro: (sonriendo) Marcus, no esperaba que regresaras hoy. ¿Por qué viniste de nuevo?
Marcus: Porque no me llamaste y quise venir a verte, pero los demás no se pueden dar cuenta, ¿bueno? Todos deben pensar que vine a analizar la pastelería para mi crítica.
Lisandro: (emocionado) ¿Viniste a verme solo a mí? Ay, bueno, no sé qué decir. Te lo agradezco.
Marcus: ¿Y por qué me lo agradeces? Tómalo mejor como un halago de mi parte a un chico tan lindo como tú.
Lisandro: (riendo) Bueno, los halagos también se agradecen, ¿no?
Marcus: Hum, bueno, sí. Tienes razón, pero a mí me interesa que los tomes de otra manera. Quiero que con eso sepas lo mucho que me gustas, Lisandro.
Lisandro: (sorprendido) ¿Qué dices?
Marcus: Lo que escuchaste.
Lisandro: (impresionado) Marcus, creo que es mejor que dejemos la conversación para más tarde. Tengo que ir a trabajar.
Antonio: (interviniendo) Exacto. Él ahorita debe ponerse a trabajar y no a perder el tiempo hablando.
Marcus: (serio) Yo sólo saludaba a Lisandro. Es mi amigo y no podía entrar y hacer como si no lo hubiera visto. Hubiera sido muy maleducado de mi parte.
Antonio: (sarcástico) Ah, con que un saludo. ¿Desde cuándo los saludos se tornan en largas charlas?
Lisandro: Basta, Antonio. Yo ya iba a retomar mi trabajo. No tienes que ser grosero con Marcus.
Antonio: ¿Grosero yo? Te equivocas. Más bien dígame, señor King, ¿a qué vino de nuevo? ¿Qué acaso no le bastó haber venido ayer y probar el pastel que ordenó?
Marcus: Sí, no me bastó. Yo no soy de los que se dejan llevar de primeras impresiones y me gusta tomarme el tiempo de analizar algo bien. Por eso vine hoy de nuevo. ¿Tienes algún problema?
Antonio: (muy serio) Pues no, ninguno. Bien pueda sígale, siéntese y pida lo que quiera. Luego se le pasará la cuenta para que pague lo que ordene.
Marcus: Por supuesto. Eso es justo lo que voy a hacer.
Los dos comienzan a retarse con la mirada. Lisandro se pone nervioso y decide intervenir.
Lisandro: Antonio, me pidieron un pastel de ron con pasas y ya no quedan en la cocina. Mejor ve a prepararlo rápido antes de que el cliente que lo pidió se vaya insatisfecho.
Antonio mira a Lisandro con recelo y sin decir nada, se va para la cocina, sintiéndose molesto.
Lisandro: (apenado) Disculpa a Antonio, Marcus. Parece que hoy no amaneció de buen humor. Tú siéntate y mientras ve mirando el menú. Cuando sepas que vas a pedir, me dices.
Marcus: Gracias, Lisandro y no te disculpes por ese tipo. Tú haz lo tuyo.
Marcus ocupa una mesa. Lisandro se va para la cocina y allí ve a Antonio decorando un pastel de cumpleaños con un tubo especial.
Lisandro: ¿Ya está listo el pastel que te pedí?
Antonio: (indiferente) No, porque no lo pienso hacer.
Lisandro: (sorprendido) ¿Qué? ¿Cómo que lo harás? ¿Qué le voy a decir al cliente que lo está esperando?
Antonio: No sé. Dile lo que quieras. No me importa y ahora sal que no logro concentrarme si me estás hablando.
Lisandro se queda mirando indignado durante varios segundos a Antonio. Éste se exaspera.
Antonio: ¿Eres sordo? ¿Te fallan los oídos? ¡Sal de aquí! (Gritando).
Lisandro: (ofendido) Pues no te preocupes, que eso es justo lo que voy a hacer.
El chico sale de la cocina molesto por el tono en que él le habló.
Antonio: (muy enojado) ¡Maldita sea!
Antonio tira hacia el piso el tubo con el que estaba decorando el pastel y se toma frustrado de la cabeza. Unas cuantas horas más tarde, se enfoca una escena de Lisandro y Marina hablando y ocupando una mesa. Marcus aún no se ha ido y está ocupando otra mesa a lo lejos al tiempo que se come un pastel. Ella se toma un refresco.


Marina: (seria) Lisandro, antes que nada, debo decirte que lamento mucho lo que ocurrió ese día en mi departamento. Me porté como una cobarde. Me negué a escucharte y fui egoísta contigo.
Lisandro: Tú no te preocupes. Entiendo que te sintieras destrozada, pero te juro que nunca fue mi intención engañarte y que, aunque aprecio mucho lo que sientes por mí, trata de entender mi condición. Tú eres una mujer excelente, pero yo no podría…
Marina: (lo interrumpe) Sí, te entiendo y no tienes que decirlo. Yo sé que tú nunca te podrías fijar en mí ni en ninguna mujer y pensando en eso, vine para decirte que no me parece justo que terminemos nuestra amistad por este asunto, pero sí pienso que es lo mejor tomarme un tiempo.
Lisandro: ¿Un tiempo? ¿Qué quieres decir?
Marina: Que a lo mejor es sano para mí alejarme de ti un tiempo. No me malinterpretes. Yo no quiero repetir lo que sentí hace tiempo cuando terminé con Antonio después de una relación tan tóxica. Pienso que necesito tiempo para sacarte de mi corazón y poderte ver como un amigo.
Lisandro: Me parece una excelente decisión de tu parte. Yo te estimo mucho, Marina, porque has sido muy linda conmigo. Por eso me daría mucha tristeza dejáramos a un lado esta amistad. Tómate el tiempo que necesites.
Marina: Eso haré. De hecho, decidí irme de viaje.
Lisandro: (sorprendido) ¿Un viaje? ¿A dónde te vas?
Marina: Todavía no lo sé. Tal vez el mar me haría bien por un par de semanas o un mes, así que le pienso pedir a mi jefe una licencia para tomar mis vacaciones anuales por adelantado.
Lisandro: Pues estoy seguro de que te va a dar esa licencia. Tú eres una empleada excelente y muy eficiente, y también estoy seguro que te irá excelente.
Marina: (sonriendo levemente) Gracias por tu buena vibra, Lisandro.
Lisandro: Marina, antes de que te vayas y nos despidamos, me gustaría hacerte una pregunta. ¿Quién fue la persona que te dijo sobre mis inclinaciones? ¿Cómo te lo dijo?
Marina: La verdad no lo sé. Fue una llamada anónima. Recuerdo que era la voz de una anciana porque sonaba ya algo mayor y me llamó algo tarde la noche de la fiesta de la pastelería.
Lisandro: (extrañado) ¿Una anciana? ¿Podrá tratarse de…?
Marina: (extrañado) ¿De quién?
De repente, Victoria entra caminando de forma sofisticada a la pastelería y usando lentes de sol.

Victoria: Buenas tardes.
Unos pocos clientes le responden el saludo. Natasha, quien estaba tomando una orden, alcanza a verla y se sorprende.
Lisandro: (molesto) ¿Qué está haciendo aquí?
Marina: ¿A quién te refieres?
Victoria se sienta atrevidamente en una mesa al lado de la mesa que ocupan Lisandro y Marina.
Victoria: ¿Por qué no viene el mesero? Quiero un refresco que me desmayo del calor.
Lisandro: ¿Tú qué estás haciendo aquí, abuela? ¿Cómo tienes el atrevimiento de venir y aparecerte en el lugar donde trabajo?
Victoria: (ignorándolo) Tú eres el mesero, ¿no? ¿Por qué no me atiendes en vez de quedarte hablando con las clientas? Me gustaría ver cómo trabajas. Hasta sería divertido (Riendo).
Marina: ¿Ella es tu abuela, Lisandro?
Victoria: Sí, yo soy su abuela paterna e hice un viaje desde Nueva York para venir a ver a mi querido nieto, pero tal parece a él no le ha agradado mucho mi visita, ¿o no es así, Lisandro?
Lisandro: Vete. Yo te dije que te llamaría. No tenías que venir hasta acá.
Marina: (pensativo) ¿Sabes, Lisandro? La voz de esta señora se me hace muy familiar (Hace una pausa). ¡Claro! Se parece a la voz de la anciana que me llamó, de la que estábamos hablando tú y yo antes de que ella llegara.
Lisandro: (sobresaltado) ¿Estás segura de lo que dices, Marina?
Marina: Claro. Es demasiado similar y hasta me atrevería a decir que podrían ser la misma persona.
Lisandro se levanta muy indignado y decepcionado de la silla mirando con sumo reproche a su abuela. Marcus se da cuenta de la situación y observa a lo lejos.
Lisandro: No lo puedo creer. Entonces fuiste tú la que llamó a Marina para decirle quién sabe cuántas cosas horribles sobre mí solo para que me corriera de su departamento. ¿Cómo pudiste, abuela?
Victoria no sabe qué decir al sentirse descubierta por su nieto, pues no contaba con encontrarse precisamente con Marina en aquel preciso momento. Natasha, por su parte, entra apurada a la cocina. Antonio está decorando otro pastel.


Natasha: (alertada) Antonio, tienes que venir, no te imaginas lo que está pasando allá afuera.
Antonio: (extrañado) Pues habla. ¿Qué es lo que pasa?
Natasha: La abuela de Lisandro acabó de llegar y no sé por qué, pero Lisandro está muy alterado y está discutiendo con ella.
Antonio sale de la cocina seguido por Natasha. Los dos ven a Lisandro furioso gritándole a Victoria.



Lisandro: ¿Qué acaso no piensas decir nada? ¿Me lo vas a negar?
Victoria: Por favor, Lisandro. Deja ya de hacer este show tan patético y siéntate. No tengo idea de qué demonios hablas. No he llamado a nadie.
Marcus se acerca y se pone de pie al lado de Lisandro.

Marcus: ¿Ocurre algo, Lisandro?
Victoria: (cínica) Vine a comer un pastel, pero no entiendo porqué mi nieto, que precisamente trabaja aquí como mesero, me trata de esa forma tan hostil.
Lisandro: ¡Basta! ¡Cállate ya! ¿Cómo puedes ser tan descarada y hablar como si nada hubiera pasado? ¿Qué clase de persona eres? Tú fuiste la causante de que Marina me corriera de su casa. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí que soy tu nieto? (Llorando muy enojado).
Marcus: Lisandro, cálmate. Estás muy alterado.
Lisandro: (agitado) No puedo, Marcus. Darme cuenta que mi abuela no es más que una completa desconocida para mí me duele reteharto y ahora se aparece en el lugar donde trabajo para importunarme con su presencia.
Victoria: (fingiendo) Estás equivocado y no sabes lo mucho que me duelen tus palabras. Yo sólo vine para que hablemos porque hay algo importante que debes saber. Tienes que escucharme. De ti depende mi futuro.
Antonio: (interviniendo) Doña Victoria, lo mejor es que se vaya. Lisandro ahora no está en condiciones de escucharla. Váyase.
Victoria: Yo no me pienso ir solo porque tú me lo dices, imbécil (Habla con sumo desprecio). La verdad no entiendo cómo es que mi nieto llegó a sentir un absurdo interés por ti que no eres más que un pobre diablo, sin dinero y sin nada.
Antonio: (ofendido) Pues este “pobre diablo”, como usted dice, le exige que se largue ya mismo de mi pastelería. Salga o me voy a ver obligado a hacerlo por la fuerza (La toma de un brazo).
Victoria: (furiosa) ¡Suéltame, miserable! ¡Yo no me voy hasta hablar con Lisandro!
Antonio: Que conste que usted lo quiso.
Antonio levanta a Victoria por la fuerza de la silla en la que ella estaba sentada y la saca a rastras de la pastelería. Los clientes observan anonadados el escándalo, incluso Natasha y Valentín.
Victoria: ¡Suéltame, gran imbécil! ¡Suéltame o te juro que te vas a arrepentir de esta humillación! ¡Maldito!
Antonio empuja a Victoria a la calle y ésta pierde el equilibrio cayéndose en el acto. Dentro de la pastelería, Lisandro respira agitado entre lágrimas y se marea.
Marina: (preocupada) Lisandro, estás pálido.
Marcus: ¿Te sientes bien?
Lisandro niega con la cabeza y repentinamente se desmaya desvaneciéndose justo en los brazos de Marcus, quien evita que se caiga.
Marina: (alertada) ¡Ay por Dios! ¡Lisandro!
Marcus: (angustiado) Tenemos que llevarlo de urgencia a un hospital ya mismo.
Marina: Voy a pedir un taxi (Saca su celular).
Marcus: Tranquila. No hace falta. Yo lo llevo en mi auto.
Marcus carga a Lisandro y lo saca de la pastelería. Marina sale tras ellos. Justo cuando van saliendo, se cruzan con Antonio.
Antonio: (sorprendido) ¿Qué le pasó a Lisandro? ¿A dónde lo llevas? (Le pregunta a Marcus).
Marcus: Ahora no es momento de dar explicaciones. Voy a llevarlo al hospital.
Marcus prosigue y sube a Lisandro a su auto. Marina se va con ellos.
Antonio: (desconcertado) ¿Qué pasó, Natasha?
Natasha: Pues lo que viste. Lisandro se puso mal y se desmayó, no sé...
Antonio: Ya mismo me voy para allá entonces. No pienso dejarlo solo y menos con ese tipejo.
Natasha: Déjame te acompaño. Tomemos un taxi.
Antonio: Valentín, tú cierra la pastelería mientras volvemos, ¿bueno?
Valentín: Sí, patrón. Cuéntenme cómo sigue.
Antonio y Natasha salen de la pastelería para luego tomar un taxi al hospital a donde se dirigen Marcus y Marina con Lisandro.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / DÍA
Más tarde, se ve a Lisandro acostado sobre una camilla. Una enfermera le pone un pequeño pedazo de algodón que huele a alcohol en la nariz para que despierte y en efecto, comienza a abrir los ojos lentamente. En la habitación están presentes Antonio, Natasha, Marcus y Marina.





Lisandro: (aturdido) Ah... Do… ¿Dónde estoy?
Marcus: (acercándose a él) Qué bueno que despertaste, Lisandro. Nos tenías a todos bien preocupados.
Lisandro: (recostándose) ¿Por qué? ¿Qué me pasó? (Se toca la cabeza).
Antonio: Te desmayaste en Antique Amor, pero tal parece no fue nada grave.
Lisandro: (sorprendido) ¿Me desmayé? ¿Pero cómo si yo nunca me he desmayado?
Marina: Sí, Lisandro. Antes de que lo hicieras te pusiste pálido y nos dijiste que no te sentías bien. Por lo que parece se te bajó un poco la presión y el doctor nos dijo que estás débil.
Marcus: Tienes que comer bien. La próxima vez puede ser peor y no quiero, y creo que nadie en esta habitación quiere que te pase nada malo.
Natasha guarda silencio y se percata de una llamada entrante a su celular, pero no suena, puesto que lo tiene en modo vibrador.
Natasha: Disculpen chicos. Voy al baño y de paso le traigo un té a Lisandro para que reponga fuerzas. No me tardo.
Lisandro: Gracias, Natasha.
Natasha sale de la habitación y contesta el celular en el pasillo.
Natasha: (molesta) ¿Qué quiere ahora, doña Victoria?

Victoria: ¡Vaya! Por la manera en que me contestas intuyo que no estás de buen humor (Habla por celular mientras va en un taxi).
Natasha: Simplemente me sorprende lo hipócrita que puede llegar a ser usted. Le causó un disgusto tan grande a su nieto que hasta se le bajó la presión. ¿Que acaso no siente un poco de compasión por él?
Victoria: ¿Cuántas veces te he dicho que no me importa tu opinión, Natasha? Me vale. Dime mejor cómo sigue el malcriado ese.
Natasha: Pues mejor. Como le dije sólo se le bajó la presión y no ha comido bien.
Victoria: Perfecto. Te llamaba porque hay algo en lo que necesito que me ayudes y tú eres la más indicada para hacerlo.
Natasha: (extrañada) ¿De qué se trata?
Victoria: Ahora no puedo decírtelo, pero ya te explicaré. Lo que sí te digo es que se las voy a cobrar al imbécil de Antonio. Le voy a hacer pagar la humillación que me hizo pasar frente a todo el mundo cuando me sacó a la fuerza de su pastelería y tú me vas a ayudar en eso. Hablamos luego. Yo te llamo.
Victoria cuelga el celular. Natasha guarda el suyo y se queda pensativa.
Natasha: Creo que me estoy metiendo en algo cada vez más turbio y más grave. Me da que esta vieja está perdiendo la razón. Me pregunto qué le irá a hacer a Antonio.
Natasha sigue pensando y no puede evitar sentirse preocupada.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Marina está platicando con Valentín en la sala del departamento de la primera. Los dos están sentados frente a frente, separados por una pequeña mesa de cristal en el medio. Él toma café.


Valentín: Me alegra que Lisandro siga bien. La visita de su abuela lo indispuso bastante.
Marina: Pues no es para menos. Lo que esa señora hizo estuvo bien bajo. Mira que llamarme a mí de forma anónima para hablarme tantas cosas horribles sobre él estuvo muy mal.
Valentín: Me imagino. Esa señora tiene mala entraña y a Lisandro no le conviene estar cerca de ella.
Marina: (extrañado) ¿Por qué lo dices, Valentín? ¿Tú sabes algo?
Valentín: (mintiendo) Eh, no… Yo sólo decía por lo que me tú me has contado.
Marina: Sí, tienes razón. Entre otras cosas, gracias por haberme visitado.
Valentín: Es que te vi tan dolida por lo que pasó con Lisandro y hoy como no pudimos hablar en la pastelería, me tomé el atrevimiento de venir para saber cómo seguías y me alegra ver que estás mejor. Espero no molestar.
Marina: (sonriéndole) Para nada, aunque si te soy sincera no me esperaba que vinieras, pero me hace bien hablar con alguien. Me siento muy sola ahora que Lisandro ya no vive aquí. Justo hoy hablé con él y le conté de mi decisión de irme de vacaciones.
Valentín: (sorprendido) Ah, ¿te vas de viaje?
Marina: Sí, pero sólo por unas semanas. Quiero estar en otro ambiente, relajarme, no pensar en la ciudad ni en el trabajo, así que estoy pensando en ir a Cancún. Me encanta el mar y creo que me haría bien.
Valentín: Bueno, pues siendo así, espero que te vaya bien en ese viaje a Cancún. Yo nunca he ido, pero debe ser retepadre poder ir de vacaciones un tiempo.
Marina: (nostálgica) Sí, yo solía ir mucho con mis padres cuando era niña. Me gustaba observar cuando el sol se ponía, cerraba los ojos, sentía la brisa y escuchaba el oleaje del mar. Todo eso me hacía sentir tanta paz; paz que con los años perdí. Tal vez por eso me volví tan amargada,
Valentín: No digas eso. Yo no creo que seas amargada. Más bien has sido muy recatada y lo que te falta es sonreír más a menudo.
Marina: ¿Tú crees?
Valentín: ¡Claro! Tú eres una mujer muy hermosa, pero esa cara bonita que tienes está muy gris. Lo que necesitas es una sonrisa para que lo hagas brillar.
Marina: (sonriendo emocionada) Muchísimas gracias por tus halagos, Valentín.
Valentín: Mira nada más. Justo ahora estás sonriendo y te ves bellísima. Pareces un ángel.
Marina: (riendo) ¡Ay no, Valentín! ¡Qué cosa contigo! Me haces sentir avergonzada diciéndome eso.
Valentín: ¿Por qué si es la verdad? Créeme. Todo lo que te estoy diciendo es en serio. Tú eres muy bella y sonriendo ni se diga. Otra cosa es que no lo quieras ver y estoy seguro que vas a encontrar más adelante un buen tipo para ti.
Marina: Bueno, ya que tú me lo dices eso intentaré hacer de ahora en adelante y sonreírle más a la vida. Gracias por escucharme y aconsejarme. Eres muy lindo.
Marina se acerca a Valentín y lo toma de las manos. Él se sorprende levemente por el gesto, pero también le sonríe a ella.
Marina: Espero que cuando regrese de Cancún podamos seguir hablando y nos sigamos haciendo buenos amigos.
Valentín: Yo feliz. Nada me gustaría más.
Los dos siguen compartiendo sonrisas.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
Lisandro, Antonio y Natasha llegan al departamento de esta última vestidos con ropa casual.



Lisandro: Qué mal que hayamos tenido que cerrar la pastelería hoy por mi culpa.
Antonio: Para empezar, no fue tu culpa y por un día que no abramos, no vamos a quebrar. Lo importante es que estés bien.
Natasha: Sí, Lisandro y lo importante también es que el susto que nos diste ya pasó. El crítico de repostería parecía ser el más preocupado. Hasta la cuenta del hospital pagó.
Lisandro: (sonriendo) Sí, Marcus fue muy lindo conmigo. Hizo mucho por mí hoy y sentí tanta pena con él que por eso no quise que me trajera en su auto.
Antonio: (sarcástico) Sí, claro. Marcus es el hombre perfecto. Déjame decirte que haces una pareja espectacular con ese niñito de papi y mami.
Lisandro: ¡Ay, por favor, Antonio! No empieces. Mejor me voy a dormir de una vez porque contigo el ambiente siempre se torna pesado.
Lisandro se dirige a su cuarto algo molesto. Natasha se queda a solas con Antonio y aprovecha para acercarse a él mostrándose provocativa.
Natasha: Deberías dejar de molestar tanto a Lisandro y pensar en ti o en nosotros. ¿Qué tal si repetimos lo de la última vez? (Lo besa en la mejilla).
Antonio: (apartándose) No, Natasha. No es conveniente ahora con Lisandro aquí y nos puede escuchar. Yo mejor me voy y mañana nos vemos en la pastelería. Qué descanses.
Antonio se va del departamento. Natasha se queda frustrada al no haberlo podido seducir.
INT. / CAFETERÍA / AL DÍA SIGUIENTE
Victoria se encuentra en una cafetería de la ciudad sentada al frente de un hombre de mediana edad por cuyo aspecto se puede ver que es inescrupuloso y no es de fiar.

El hombre: Aquí tiene, doña.
El hombre le entrega una botella diminuta transparente que contiene un líquido. Victoria la recibe.
Victoria: ¿Está seguro que con esto se puede causar una indigestión severa? (Mira la botella con detenimiento).
El hombre: Claro que sí, mi señora y peor que eso, puede causar diarrea y dolor de cabeza por una semana. Fue lo mejor que pude encontrar según lo que usted quería.
Victoria: (sonriendo con malicia) Perfecto. Aquí tiene su dinero.
Victoria saca de su bolso un sobre con billetes y lo pone sobre la mesa. El hombre toma el sobre.
Victoria: (levantándose) Espero que el líquido sí resulte tan efectivo como usted me está diciendo. Pienso vengarme muy bien.
El hombre: El trabajo está garantizado. Téngalo por seguro. Puede mezclar la sustancia con cualquier bebida o alimento.
Victoria mete la pequeña botella en su bolso y se retira de la cafetería.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Por otra parte, Lisandro y Natasha van llegando a la pastelería. Antonio y Valentín están en la caja registradora ya vestidos con sus uniformes. El primero se ve algo molesto, pues precisamente sobre una de las mesas hay un inmenso arreglo floral.




Natasha: (sorprendido) ¡Órale! ¡Qué flores más hermosas!
Lisandro: Tienes razón, Natasha. Están bien padre. Hasta le dan un mejor ambiente a Antique Amor. ¿Tú las pediste, Antonio? ¿Son para decorar? (Mirando fascinado las flores).
Antonio: (molesto) Pues no, no fui yo. Resulta que cuando abrí hace media hora trajeron de una florería ese arreglo. Te lo mando tu queridísimo amigo Marcus (con mal tono).
Lisandro: (impresionado) ¿Marcus me envió esto?
Antonio: Míralo tú mismo. Hasta una dedicatoria en una tarjeta te mandó.
Lisandro se acerca al arreglo floral y toma una tarjeta la cual comienza a leer en voz alta.
Lisandro: “Después de que te desmayaste ayer, no pude ni dormir pensando si ibas a estar bien y como supuse que vendrías a trabajar, quise enviarte este humilde detalle de amistad para que sepas lo mucho que te pienso y que me preocupo por ti. Atentamente, Marcus King”.
Natasha: Qué hombre más atento. Miren que enviarle flores a Lisandro no es cualquier cosa.
Lisandro: (emocionado) Sí, nunca antes alguien me había dado un detalle así. Fue muy lindo de su parte.
Antonio: (molesto) Es un idiota y es lo más cursi que he podido ver. ¿Quién se cree para enviarte flores a mi pastelería? Pudo habértelas enviado al departamento de Natasha que es donde estás viviendo.
Lisandro: Ay, ya Antonio, por fa, no amargues el momento con tus comentarios salidos de lugar. ¿Que no ves que por Marcus se me olvidó por un momento el problema con mi abuela?
Antonio: Te diré dos cosas. La primera es que pongas esas flores donde no pueda verlas. Me indisponen. Déjalas en el baño, no sé. Lo segundo es que, a partir de hoy, ese tipo no entra más a Antique Amor.
Lisandro: ¿Qué? ¿Y la crítica?
Antonio: Me importa un rábano la crítica que pueda hacer de mis pasteles. Que se vaya para otra pastelería donde no le tenga que ver la cara porque a la mía no entra más y he dicho.
Habiendo dicho aquello con severidad, el hombre entra a la cocina. Lisandro niega con la cabeza cada vez más indignado por la grosería de él. Más tarde, llegada la noche, la pastelería está cerrada, por lo que ya no hay clientes. Lisandro habla por celular con Marcus mientras Natasha está a lo lejos barriendo el piso y tratando de escuchar.


Lisandro: Muchísimas gracias por el regalo que me enviaste hoy, Marcus. Me sentí muy halagado. Nunca antes alguien me había dado algo tan bonito.
INT. / HOTEL, HABITACIÓN DE MARCUS / NOCHE
Marcus también habla por medio de su celular y justo acaba de ducharse, por lo que va saliendo del baño, cubierto con una toalla del torso para abajo. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Marcus: Es lo menos que puedo hacer por ti para verte feliz. Como te dije ayer, me gustas demasiado y sí… Podrá sonarte muy atrevido de mi parte, pero no me voy a dar por vencido hasta que te fijes en mí.
Lisandro: (emocionado) Ay, Marcus. La merita verdad no sé ni qué decir. Es que nunca alguien se me había declarado así.
Marcus: (sonriendo) Por eso me encantas, porque eres tan lindo y tan inocente. Te quiero para mí, Lisandro.
Lisandro: (riendo) Bueno, voy a cambiarme de ropa para salir ya. Luego hablamos. ¿Te parece?
Marcus: Espera. Recuerda que aún me debes una invitación a tomar café. ¿Cuándo vas a aceptármela? ¿Te parece esta noche?
Lisandro: (pensativo) Hum, sí. Está bien. Dime dónde quieres que nos citemos.
Marcus: Tú no te preocupes. Deja me visto que acababa de tomar un baño y salgo para allá. Yo te recojo en mi auto y vamos a una cafetería bien padre que conozco.
Lisandro: Está bien. Te espero entonces.
Lisandro cuelga el celular y se dirige el baño, pero se detiene al ver que, de repente, Natasha siente un pequeño mareo y se apoya en la caja registradora. El chico se acerca a ella preocupado.
Lisandro: Natasha. ¿Te sientes bien?
Natasha: (reponiéndose) Ah, sí. Estoy bien, no te preocupes. Por un momento se me fue el mundo y me mareé, pero ya pasó.
Lisandro: Hum, bueno. Tal vez estás agotada. El trabajo acá en la pastelería no es fácil a veces y tú, me imagino, estás acostumbrada a las pasarelas y al modelaje.
Natasha: Sí, puede ser, pero por lo pronto mi lugar está aquí con ustedes. Gracias por tu preocupación, Lisandro.
Lisandro: No hay de qué. Por cierto, hoy no me esperes para que nos vayamos juntos como hemos hecho estos días desde que vivo contigo.
Natasha: (extrañada) ¿Por qué? ¿Vas a algún lado?
Lisandro: (sonriendo) Sí, Marcus me invitó a salir, así que llego a tu depa más tarde, ¿bueno?
Natasha: Está bien. Espero que te vaya excelente con él.
Lisandro: Gracias, aunque iré a pedirle primero a Antonio permiso para que deje las flores en el baño hasta mañana porque hoy me queda imposible llevármelas.
Lisandro entra a la cocina. Justo en ese momento, Natasha recibe una llamada a su celular. La joven mira en la pantalla de quien se trata y rueda los ojos contestando con algo de indisposición.

Natasha: Doña Victoria. Otra vez usted.
Victoria: Sé que estás harta de escucharme, pero no eres la única. A mí tampoco me hace mucha gracia estar llamándote a darte órdenes.
Natasha: Sólo dígame qué necesita ahora. Me mareé y no me siento bien. Estoy exhausta de tener que trabajar todo el día en esta pastelería atendiendo órdenes de aquí para allá, barriendo el piso y hasta lavando platos (Fastidiada).
Victoria: Tranquila. Pronto esto va a acabar si haces bien tu trabajo y logras engatusar al repostero ese. Precisamente para eso te llamo.
Natasha: ¿Qué tiene en mente?
Victoria: (sonriendo con malicia) Escucha muy bien lo que vas a hacer. Esta noche tú y yo nos vamos a encargar de que Lisandro se olvide por completo de ese idiota de Antonio.
Natasha escucha con atención el nuevo plan de Victoria.
CONTINUARÁ…

Natasha: Todo pasó tan rápido que aún no puedo creerlo, doña Victoria. Es que solo fue cuestión de que Lisandro la viera para que la mandara por un tubo. No quiere saber nada de usted.
INT. / HOTEL, HABITACIÓN DE VICTORIA / DÍA
Victoria, por su parte, también habla por celular desde la habitación del hotel en que se está hospedando. La anciana se está maquillando sentada frente al tocador. Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

Victoria: Lisandro es un muchachito malcriado, pero ninguna de las cosas que me diga me afectan en lo más mínimo.
Natasha: Pensé que lo ideal para usted era mostrarse ante él como una buena abuela, arrepentida del mal que le hizo.
Victoria: Ese sigue siendo mi plan, pero sé cómo hago las cosas, Natasha. Tú ocúpate de seducir a Antonio, enamóralo, haz que se arrastre ante tus pies para que Lisandro pierda toda esperanza con él.
Natasha: Antonio es un hueso difícil de roer, doña Victoria. Por más que nos acostemos, dudo demasiado que se vaya a enamorar de mí. Es un hombre y usted sabe cómo son.
Victoria: Pues ese es tu trabajo y para eso estoy pagando el costoso asilo en que está el inservible ese de tu padre que parece un vegetal.
Natasha: (ofendida) Le pido que se refiera a él con respeto. Él no tiene nada que ver en este asunto y si está en ese estado, es porque tuvo un accidente muy grave que no lo permite moverse.
Victoria: (exasperada) Sí, sí, como digas. Tu padre es lo de menos. Mejor dime dónde estás.
Natasha: Vengo del súper de comprar unas cosas, pero ya llegué. ¿Por qué?
Victoria: (con suspicacia) ¿Antonio se quedó en tu departamento anoche?
Natasha: Sí, durmió en el sofá. Yo le dije que se quedara después de que cenamos.
Victoria: (furiosa) ¿Quieres decir que esos dos están a solas allá en tu casa y tú tan campante fuiste de compras?
Natasha: No creo que pase nada, doña Victoria. Relájese un poco.
Victoria: Pues es un riesgo que no estoy dispuesta a tomar. Entra inmediatamente. Tú bien sabes que entre ellos ya ha habido besos y no me quiero imaginar lo que podría pasar si están solos.
Victoria cuelga muy molesta la llamada. Natasha mete su celular en su bolso y decide sacar las llaves de su bolso para abrir la puerta de su departamento.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, HABITACIÓN DE LISANDRO / DÍA
Entretanto, Antonio está encima de Lisandro. Los dos siguen besándose de forma pausada, pero ambos se sobresaltan cuando escuchan a Natasha entrar.


Natasha: Hola chicos, ya llegué del súper. Traje las cosas para el desayuno.
Lisandro: (asustado) ¡Ay, no! ¡Es Natasha!
Antonio: (frustrado) Argh, no me esperaba que llegara tan pronto.
Lisandro: Yo te lo dije, pero tú nunca haces caso. ¡Rápido! Salte de aquí y ve a vestirte.
Antonio sale corriendo de la habitación al tiempo que Lisandro se pone de nuevo su camisa y respira profundo pasándose las manos por el rostro.
Lisandro: ¿Qué estuve a punto de hacer? Por poco y caigo. Me dejé llevar de la emoción y casi cometo un error (Pensativo). Lo quiero, pero no por eso voy a dejar que me use. Claro que no…
Lisandro se queda pensativo.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Horas más tarde, la pastelería se encuentra abierta y hay varios clientes. Natasha atiende las órdenes de los clientes al igual que Lisandro, quien justo ve Marcus entrar a la pastelería. Antonio está conversando con Valentín en la caja registradora y frunce el ceño al ver al crítico de repostería.





Antonio: ¿Qué hace ese tipo otra vez aquí?
Valentín: ¿Le cae mal, patrón?
Antonio: Te mentiría si te dijera que no. Desde que lo vi ayer no me dio buena impresión. Debería ir a correrlo personalmente de acá.
Marcus, por su parte, se acerca a Lisandro sonriendo.
Marcus: Hola, Lisandro. Qué gusto verte de nuevo.
Lisandro: (sonriendo) Marcus, no esperaba que regresaras hoy. ¿Por qué viniste de nuevo?
Marcus: Porque no me llamaste y quise venir a verte, pero los demás no se pueden dar cuenta, ¿bueno? Todos deben pensar que vine a analizar la pastelería para mi crítica.
Lisandro: (emocionado) ¿Viniste a verme solo a mí? Ay, bueno, no sé qué decir. Te lo agradezco.
Marcus: ¿Y por qué me lo agradeces? Tómalo mejor como un halago de mi parte a un chico tan lindo como tú.
Lisandro: (riendo) Bueno, los halagos también se agradecen, ¿no?
Marcus: Hum, bueno, sí. Tienes razón, pero a mí me interesa que los tomes de otra manera. Quiero que con eso sepas lo mucho que me gustas, Lisandro.
Lisandro: (sorprendido) ¿Qué dices?
Marcus: Lo que escuchaste.
Lisandro: (impresionado) Marcus, creo que es mejor que dejemos la conversación para más tarde. Tengo que ir a trabajar.
Antonio: (interviniendo) Exacto. Él ahorita debe ponerse a trabajar y no a perder el tiempo hablando.
Marcus: (serio) Yo sólo saludaba a Lisandro. Es mi amigo y no podía entrar y hacer como si no lo hubiera visto. Hubiera sido muy maleducado de mi parte.
Antonio: (sarcástico) Ah, con que un saludo. ¿Desde cuándo los saludos se tornan en largas charlas?
Lisandro: Basta, Antonio. Yo ya iba a retomar mi trabajo. No tienes que ser grosero con Marcus.
Antonio: ¿Grosero yo? Te equivocas. Más bien dígame, señor King, ¿a qué vino de nuevo? ¿Qué acaso no le bastó haber venido ayer y probar el pastel que ordenó?
Marcus: Sí, no me bastó. Yo no soy de los que se dejan llevar de primeras impresiones y me gusta tomarme el tiempo de analizar algo bien. Por eso vine hoy de nuevo. ¿Tienes algún problema?
Antonio: (muy serio) Pues no, ninguno. Bien pueda sígale, siéntese y pida lo que quiera. Luego se le pasará la cuenta para que pague lo que ordene.
Marcus: Por supuesto. Eso es justo lo que voy a hacer.
Los dos comienzan a retarse con la mirada. Lisandro se pone nervioso y decide intervenir.
Lisandro: Antonio, me pidieron un pastel de ron con pasas y ya no quedan en la cocina. Mejor ve a prepararlo rápido antes de que el cliente que lo pidió se vaya insatisfecho.
Antonio mira a Lisandro con recelo y sin decir nada, se va para la cocina, sintiéndose molesto.
Lisandro: (apenado) Disculpa a Antonio, Marcus. Parece que hoy no amaneció de buen humor. Tú siéntate y mientras ve mirando el menú. Cuando sepas que vas a pedir, me dices.
Marcus: Gracias, Lisandro y no te disculpes por ese tipo. Tú haz lo tuyo.
Marcus ocupa una mesa. Lisandro se va para la cocina y allí ve a Antonio decorando un pastel de cumpleaños con un tubo especial.
Lisandro: ¿Ya está listo el pastel que te pedí?
Antonio: (indiferente) No, porque no lo pienso hacer.
Lisandro: (sorprendido) ¿Qué? ¿Cómo que lo harás? ¿Qué le voy a decir al cliente que lo está esperando?
Antonio: No sé. Dile lo que quieras. No me importa y ahora sal que no logro concentrarme si me estás hablando.
Lisandro se queda mirando indignado durante varios segundos a Antonio. Éste se exaspera.
Antonio: ¿Eres sordo? ¿Te fallan los oídos? ¡Sal de aquí! (Gritando).
Lisandro: (ofendido) Pues no te preocupes, que eso es justo lo que voy a hacer.
El chico sale de la cocina molesto por el tono en que él le habló.
Antonio: (muy enojado) ¡Maldita sea!
Antonio tira hacia el piso el tubo con el que estaba decorando el pastel y se toma frustrado de la cabeza. Unas cuantas horas más tarde, se enfoca una escena de Lisandro y Marina hablando y ocupando una mesa. Marcus aún no se ha ido y está ocupando otra mesa a lo lejos al tiempo que se come un pastel. Ella se toma un refresco.


Marina: (seria) Lisandro, antes que nada, debo decirte que lamento mucho lo que ocurrió ese día en mi departamento. Me porté como una cobarde. Me negué a escucharte y fui egoísta contigo.
Lisandro: Tú no te preocupes. Entiendo que te sintieras destrozada, pero te juro que nunca fue mi intención engañarte y que, aunque aprecio mucho lo que sientes por mí, trata de entender mi condición. Tú eres una mujer excelente, pero yo no podría…
Marina: (lo interrumpe) Sí, te entiendo y no tienes que decirlo. Yo sé que tú nunca te podrías fijar en mí ni en ninguna mujer y pensando en eso, vine para decirte que no me parece justo que terminemos nuestra amistad por este asunto, pero sí pienso que es lo mejor tomarme un tiempo.
Lisandro: ¿Un tiempo? ¿Qué quieres decir?
Marina: Que a lo mejor es sano para mí alejarme de ti un tiempo. No me malinterpretes. Yo no quiero repetir lo que sentí hace tiempo cuando terminé con Antonio después de una relación tan tóxica. Pienso que necesito tiempo para sacarte de mi corazón y poderte ver como un amigo.
Lisandro: Me parece una excelente decisión de tu parte. Yo te estimo mucho, Marina, porque has sido muy linda conmigo. Por eso me daría mucha tristeza dejáramos a un lado esta amistad. Tómate el tiempo que necesites.
Marina: Eso haré. De hecho, decidí irme de viaje.
Lisandro: (sorprendido) ¿Un viaje? ¿A dónde te vas?
Marina: Todavía no lo sé. Tal vez el mar me haría bien por un par de semanas o un mes, así que le pienso pedir a mi jefe una licencia para tomar mis vacaciones anuales por adelantado.
Lisandro: Pues estoy seguro de que te va a dar esa licencia. Tú eres una empleada excelente y muy eficiente, y también estoy seguro que te irá excelente.
Marina: (sonriendo levemente) Gracias por tu buena vibra, Lisandro.
Lisandro: Marina, antes de que te vayas y nos despidamos, me gustaría hacerte una pregunta. ¿Quién fue la persona que te dijo sobre mis inclinaciones? ¿Cómo te lo dijo?
Marina: La verdad no lo sé. Fue una llamada anónima. Recuerdo que era la voz de una anciana porque sonaba ya algo mayor y me llamó algo tarde la noche de la fiesta de la pastelería.
Lisandro: (extrañado) ¿Una anciana? ¿Podrá tratarse de…?
Marina: (extrañado) ¿De quién?
De repente, Victoria entra caminando de forma sofisticada a la pastelería y usando lentes de sol.

Victoria: Buenas tardes.
Unos pocos clientes le responden el saludo. Natasha, quien estaba tomando una orden, alcanza a verla y se sorprende.
Lisandro: (molesto) ¿Qué está haciendo aquí?
Marina: ¿A quién te refieres?
Victoria se sienta atrevidamente en una mesa al lado de la mesa que ocupan Lisandro y Marina.
Victoria: ¿Por qué no viene el mesero? Quiero un refresco que me desmayo del calor.
Lisandro: ¿Tú qué estás haciendo aquí, abuela? ¿Cómo tienes el atrevimiento de venir y aparecerte en el lugar donde trabajo?
Victoria: (ignorándolo) Tú eres el mesero, ¿no? ¿Por qué no me atiendes en vez de quedarte hablando con las clientas? Me gustaría ver cómo trabajas. Hasta sería divertido (Riendo).
Marina: ¿Ella es tu abuela, Lisandro?
Victoria: Sí, yo soy su abuela paterna e hice un viaje desde Nueva York para venir a ver a mi querido nieto, pero tal parece a él no le ha agradado mucho mi visita, ¿o no es así, Lisandro?
Lisandro: Vete. Yo te dije que te llamaría. No tenías que venir hasta acá.
Marina: (pensativo) ¿Sabes, Lisandro? La voz de esta señora se me hace muy familiar (Hace una pausa). ¡Claro! Se parece a la voz de la anciana que me llamó, de la que estábamos hablando tú y yo antes de que ella llegara.
Lisandro: (sobresaltado) ¿Estás segura de lo que dices, Marina?
Marina: Claro. Es demasiado similar y hasta me atrevería a decir que podrían ser la misma persona.
Lisandro se levanta muy indignado y decepcionado de la silla mirando con sumo reproche a su abuela. Marcus se da cuenta de la situación y observa a lo lejos.
Lisandro: No lo puedo creer. Entonces fuiste tú la que llamó a Marina para decirle quién sabe cuántas cosas horribles sobre mí solo para que me corriera de su departamento. ¿Cómo pudiste, abuela?
Victoria no sabe qué decir al sentirse descubierta por su nieto, pues no contaba con encontrarse precisamente con Marina en aquel preciso momento. Natasha, por su parte, entra apurada a la cocina. Antonio está decorando otro pastel.


Natasha: (alertada) Antonio, tienes que venir, no te imaginas lo que está pasando allá afuera.
Antonio: (extrañado) Pues habla. ¿Qué es lo que pasa?
Natasha: La abuela de Lisandro acabó de llegar y no sé por qué, pero Lisandro está muy alterado y está discutiendo con ella.
Antonio sale de la cocina seguido por Natasha. Los dos ven a Lisandro furioso gritándole a Victoria.



Lisandro: ¿Qué acaso no piensas decir nada? ¿Me lo vas a negar?
Victoria: Por favor, Lisandro. Deja ya de hacer este show tan patético y siéntate. No tengo idea de qué demonios hablas. No he llamado a nadie.
Marcus se acerca y se pone de pie al lado de Lisandro.

Marcus: ¿Ocurre algo, Lisandro?
Victoria: (cínica) Vine a comer un pastel, pero no entiendo porqué mi nieto, que precisamente trabaja aquí como mesero, me trata de esa forma tan hostil.
Lisandro: ¡Basta! ¡Cállate ya! ¿Cómo puedes ser tan descarada y hablar como si nada hubiera pasado? ¿Qué clase de persona eres? Tú fuiste la causante de que Marina me corriera de su casa. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí que soy tu nieto? (Llorando muy enojado).
Marcus: Lisandro, cálmate. Estás muy alterado.
Lisandro: (agitado) No puedo, Marcus. Darme cuenta que mi abuela no es más que una completa desconocida para mí me duele reteharto y ahora se aparece en el lugar donde trabajo para importunarme con su presencia.
Victoria: (fingiendo) Estás equivocado y no sabes lo mucho que me duelen tus palabras. Yo sólo vine para que hablemos porque hay algo importante que debes saber. Tienes que escucharme. De ti depende mi futuro.
Antonio: (interviniendo) Doña Victoria, lo mejor es que se vaya. Lisandro ahora no está en condiciones de escucharla. Váyase.
Victoria: Yo no me pienso ir solo porque tú me lo dices, imbécil (Habla con sumo desprecio). La verdad no entiendo cómo es que mi nieto llegó a sentir un absurdo interés por ti que no eres más que un pobre diablo, sin dinero y sin nada.
Antonio: (ofendido) Pues este “pobre diablo”, como usted dice, le exige que se largue ya mismo de mi pastelería. Salga o me voy a ver obligado a hacerlo por la fuerza (La toma de un brazo).
Victoria: (furiosa) ¡Suéltame, miserable! ¡Yo no me voy hasta hablar con Lisandro!
Antonio: Que conste que usted lo quiso.
Antonio levanta a Victoria por la fuerza de la silla en la que ella estaba sentada y la saca a rastras de la pastelería. Los clientes observan anonadados el escándalo, incluso Natasha y Valentín.
Victoria: ¡Suéltame, gran imbécil! ¡Suéltame o te juro que te vas a arrepentir de esta humillación! ¡Maldito!
Antonio empuja a Victoria a la calle y ésta pierde el equilibrio cayéndose en el acto. Dentro de la pastelería, Lisandro respira agitado entre lágrimas y se marea.
Marina: (preocupada) Lisandro, estás pálido.
Marcus: ¿Te sientes bien?
Lisandro niega con la cabeza y repentinamente se desmaya desvaneciéndose justo en los brazos de Marcus, quien evita que se caiga.
Marina: (alertada) ¡Ay por Dios! ¡Lisandro!
Marcus: (angustiado) Tenemos que llevarlo de urgencia a un hospital ya mismo.
Marina: Voy a pedir un taxi (Saca su celular).
Marcus: Tranquila. No hace falta. Yo lo llevo en mi auto.
Marcus carga a Lisandro y lo saca de la pastelería. Marina sale tras ellos. Justo cuando van saliendo, se cruzan con Antonio.
Antonio: (sorprendido) ¿Qué le pasó a Lisandro? ¿A dónde lo llevas? (Le pregunta a Marcus).
Marcus: Ahora no es momento de dar explicaciones. Voy a llevarlo al hospital.
Marcus prosigue y sube a Lisandro a su auto. Marina se va con ellos.
Antonio: (desconcertado) ¿Qué pasó, Natasha?
Natasha: Pues lo que viste. Lisandro se puso mal y se desmayó, no sé...
Antonio: Ya mismo me voy para allá entonces. No pienso dejarlo solo y menos con ese tipejo.
Natasha: Déjame te acompaño. Tomemos un taxi.
Antonio: Valentín, tú cierra la pastelería mientras volvemos, ¿bueno?
Valentín: Sí, patrón. Cuéntenme cómo sigue.
Antonio y Natasha salen de la pastelería para luego tomar un taxi al hospital a donde se dirigen Marcus y Marina con Lisandro.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / DÍA
Más tarde, se ve a Lisandro acostado sobre una camilla. Una enfermera le pone un pequeño pedazo de algodón que huele a alcohol en la nariz para que despierte y en efecto, comienza a abrir los ojos lentamente. En la habitación están presentes Antonio, Natasha, Marcus y Marina.





Lisandro: (aturdido) Ah... Do… ¿Dónde estoy?
Marcus: (acercándose a él) Qué bueno que despertaste, Lisandro. Nos tenías a todos bien preocupados.
Lisandro: (recostándose) ¿Por qué? ¿Qué me pasó? (Se toca la cabeza).
Antonio: Te desmayaste en Antique Amor, pero tal parece no fue nada grave.
Lisandro: (sorprendido) ¿Me desmayé? ¿Pero cómo si yo nunca me he desmayado?
Marina: Sí, Lisandro. Antes de que lo hicieras te pusiste pálido y nos dijiste que no te sentías bien. Por lo que parece se te bajó un poco la presión y el doctor nos dijo que estás débil.
Marcus: Tienes que comer bien. La próxima vez puede ser peor y no quiero, y creo que nadie en esta habitación quiere que te pase nada malo.
Natasha guarda silencio y se percata de una llamada entrante a su celular, pero no suena, puesto que lo tiene en modo vibrador.
Natasha: Disculpen chicos. Voy al baño y de paso le traigo un té a Lisandro para que reponga fuerzas. No me tardo.
Lisandro: Gracias, Natasha.
Natasha sale de la habitación y contesta el celular en el pasillo.
Natasha: (molesta) ¿Qué quiere ahora, doña Victoria?

Victoria: ¡Vaya! Por la manera en que me contestas intuyo que no estás de buen humor (Habla por celular mientras va en un taxi).
Natasha: Simplemente me sorprende lo hipócrita que puede llegar a ser usted. Le causó un disgusto tan grande a su nieto que hasta se le bajó la presión. ¿Que acaso no siente un poco de compasión por él?
Victoria: ¿Cuántas veces te he dicho que no me importa tu opinión, Natasha? Me vale. Dime mejor cómo sigue el malcriado ese.
Natasha: Pues mejor. Como le dije sólo se le bajó la presión y no ha comido bien.
Victoria: Perfecto. Te llamaba porque hay algo en lo que necesito que me ayudes y tú eres la más indicada para hacerlo.
Natasha: (extrañada) ¿De qué se trata?
Victoria: Ahora no puedo decírtelo, pero ya te explicaré. Lo que sí te digo es que se las voy a cobrar al imbécil de Antonio. Le voy a hacer pagar la humillación que me hizo pasar frente a todo el mundo cuando me sacó a la fuerza de su pastelería y tú me vas a ayudar en eso. Hablamos luego. Yo te llamo.
Victoria cuelga el celular. Natasha guarda el suyo y se queda pensativa.
Natasha: Creo que me estoy metiendo en algo cada vez más turbio y más grave. Me da que esta vieja está perdiendo la razón. Me pregunto qué le irá a hacer a Antonio.
Natasha sigue pensando y no puede evitar sentirse preocupada.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA / NOCHE
Marina está platicando con Valentín en la sala del departamento de la primera. Los dos están sentados frente a frente, separados por una pequeña mesa de cristal en el medio. Él toma café.


Valentín: Me alegra que Lisandro siga bien. La visita de su abuela lo indispuso bastante.
Marina: Pues no es para menos. Lo que esa señora hizo estuvo bien bajo. Mira que llamarme a mí de forma anónima para hablarme tantas cosas horribles sobre él estuvo muy mal.
Valentín: Me imagino. Esa señora tiene mala entraña y a Lisandro no le conviene estar cerca de ella.
Marina: (extrañado) ¿Por qué lo dices, Valentín? ¿Tú sabes algo?
Valentín: (mintiendo) Eh, no… Yo sólo decía por lo que me tú me has contado.
Marina: Sí, tienes razón. Entre otras cosas, gracias por haberme visitado.
Valentín: Es que te vi tan dolida por lo que pasó con Lisandro y hoy como no pudimos hablar en la pastelería, me tomé el atrevimiento de venir para saber cómo seguías y me alegra ver que estás mejor. Espero no molestar.
Marina: (sonriéndole) Para nada, aunque si te soy sincera no me esperaba que vinieras, pero me hace bien hablar con alguien. Me siento muy sola ahora que Lisandro ya no vive aquí. Justo hoy hablé con él y le conté de mi decisión de irme de vacaciones.
Valentín: (sorprendido) Ah, ¿te vas de viaje?
Marina: Sí, pero sólo por unas semanas. Quiero estar en otro ambiente, relajarme, no pensar en la ciudad ni en el trabajo, así que estoy pensando en ir a Cancún. Me encanta el mar y creo que me haría bien.
Valentín: Bueno, pues siendo así, espero que te vaya bien en ese viaje a Cancún. Yo nunca he ido, pero debe ser retepadre poder ir de vacaciones un tiempo.
Marina: (nostálgica) Sí, yo solía ir mucho con mis padres cuando era niña. Me gustaba observar cuando el sol se ponía, cerraba los ojos, sentía la brisa y escuchaba el oleaje del mar. Todo eso me hacía sentir tanta paz; paz que con los años perdí. Tal vez por eso me volví tan amargada,
Valentín: No digas eso. Yo no creo que seas amargada. Más bien has sido muy recatada y lo que te falta es sonreír más a menudo.
Marina: ¿Tú crees?
Valentín: ¡Claro! Tú eres una mujer muy hermosa, pero esa cara bonita que tienes está muy gris. Lo que necesitas es una sonrisa para que lo hagas brillar.
Marina: (sonriendo emocionada) Muchísimas gracias por tus halagos, Valentín.
Valentín: Mira nada más. Justo ahora estás sonriendo y te ves bellísima. Pareces un ángel.
Marina: (riendo) ¡Ay no, Valentín! ¡Qué cosa contigo! Me haces sentir avergonzada diciéndome eso.
Valentín: ¿Por qué si es la verdad? Créeme. Todo lo que te estoy diciendo es en serio. Tú eres muy bella y sonriendo ni se diga. Otra cosa es que no lo quieras ver y estoy seguro que vas a encontrar más adelante un buen tipo para ti.
Marina: Bueno, ya que tú me lo dices eso intentaré hacer de ahora en adelante y sonreírle más a la vida. Gracias por escucharme y aconsejarme. Eres muy lindo.
Marina se acerca a Valentín y lo toma de las manos. Él se sorprende levemente por el gesto, pero también le sonríe a ella.
Marina: Espero que cuando regrese de Cancún podamos seguir hablando y nos sigamos haciendo buenos amigos.
Valentín: Yo feliz. Nada me gustaría más.
Los dos siguen compartiendo sonrisas.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE
Lisandro, Antonio y Natasha llegan al departamento de esta última vestidos con ropa casual.



Lisandro: Qué mal que hayamos tenido que cerrar la pastelería hoy por mi culpa.
Antonio: Para empezar, no fue tu culpa y por un día que no abramos, no vamos a quebrar. Lo importante es que estés bien.
Natasha: Sí, Lisandro y lo importante también es que el susto que nos diste ya pasó. El crítico de repostería parecía ser el más preocupado. Hasta la cuenta del hospital pagó.
Lisandro: (sonriendo) Sí, Marcus fue muy lindo conmigo. Hizo mucho por mí hoy y sentí tanta pena con él que por eso no quise que me trajera en su auto.
Antonio: (sarcástico) Sí, claro. Marcus es el hombre perfecto. Déjame decirte que haces una pareja espectacular con ese niñito de papi y mami.
Lisandro: ¡Ay, por favor, Antonio! No empieces. Mejor me voy a dormir de una vez porque contigo el ambiente siempre se torna pesado.
Lisandro se dirige a su cuarto algo molesto. Natasha se queda a solas con Antonio y aprovecha para acercarse a él mostrándose provocativa.
Natasha: Deberías dejar de molestar tanto a Lisandro y pensar en ti o en nosotros. ¿Qué tal si repetimos lo de la última vez? (Lo besa en la mejilla).
Antonio: (apartándose) No, Natasha. No es conveniente ahora con Lisandro aquí y nos puede escuchar. Yo mejor me voy y mañana nos vemos en la pastelería. Qué descanses.
Antonio se va del departamento. Natasha se queda frustrada al no haberlo podido seducir.
INT. / CAFETERÍA / AL DÍA SIGUIENTE
Victoria se encuentra en una cafetería de la ciudad sentada al frente de un hombre de mediana edad por cuyo aspecto se puede ver que es inescrupuloso y no es de fiar.

El hombre: Aquí tiene, doña.
El hombre le entrega una botella diminuta transparente que contiene un líquido. Victoria la recibe.
Victoria: ¿Está seguro que con esto se puede causar una indigestión severa? (Mira la botella con detenimiento).
El hombre: Claro que sí, mi señora y peor que eso, puede causar diarrea y dolor de cabeza por una semana. Fue lo mejor que pude encontrar según lo que usted quería.
Victoria: (sonriendo con malicia) Perfecto. Aquí tiene su dinero.
Victoria saca de su bolso un sobre con billetes y lo pone sobre la mesa. El hombre toma el sobre.
Victoria: (levantándose) Espero que el líquido sí resulte tan efectivo como usted me está diciendo. Pienso vengarme muy bien.
El hombre: El trabajo está garantizado. Téngalo por seguro. Puede mezclar la sustancia con cualquier bebida o alimento.
Victoria mete la pequeña botella en su bolso y se retira de la cafetería.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Por otra parte, Lisandro y Natasha van llegando a la pastelería. Antonio y Valentín están en la caja registradora ya vestidos con sus uniformes. El primero se ve algo molesto, pues precisamente sobre una de las mesas hay un inmenso arreglo floral.




Natasha: (sorprendido) ¡Órale! ¡Qué flores más hermosas!
Lisandro: Tienes razón, Natasha. Están bien padre. Hasta le dan un mejor ambiente a Antique Amor. ¿Tú las pediste, Antonio? ¿Son para decorar? (Mirando fascinado las flores).
Antonio: (molesto) Pues no, no fui yo. Resulta que cuando abrí hace media hora trajeron de una florería ese arreglo. Te lo mando tu queridísimo amigo Marcus (con mal tono).
Lisandro: (impresionado) ¿Marcus me envió esto?
Antonio: Míralo tú mismo. Hasta una dedicatoria en una tarjeta te mandó.
Lisandro se acerca al arreglo floral y toma una tarjeta la cual comienza a leer en voz alta.
Lisandro: “Después de que te desmayaste ayer, no pude ni dormir pensando si ibas a estar bien y como supuse que vendrías a trabajar, quise enviarte este humilde detalle de amistad para que sepas lo mucho que te pienso y que me preocupo por ti. Atentamente, Marcus King”.
Natasha: Qué hombre más atento. Miren que enviarle flores a Lisandro no es cualquier cosa.
Lisandro: (emocionado) Sí, nunca antes alguien me había dado un detalle así. Fue muy lindo de su parte.
Antonio: (molesto) Es un idiota y es lo más cursi que he podido ver. ¿Quién se cree para enviarte flores a mi pastelería? Pudo habértelas enviado al departamento de Natasha que es donde estás viviendo.
Lisandro: Ay, ya Antonio, por fa, no amargues el momento con tus comentarios salidos de lugar. ¿Que no ves que por Marcus se me olvidó por un momento el problema con mi abuela?
Antonio: Te diré dos cosas. La primera es que pongas esas flores donde no pueda verlas. Me indisponen. Déjalas en el baño, no sé. Lo segundo es que, a partir de hoy, ese tipo no entra más a Antique Amor.
Lisandro: ¿Qué? ¿Y la crítica?
Antonio: Me importa un rábano la crítica que pueda hacer de mis pasteles. Que se vaya para otra pastelería donde no le tenga que ver la cara porque a la mía no entra más y he dicho.
Habiendo dicho aquello con severidad, el hombre entra a la cocina. Lisandro niega con la cabeza cada vez más indignado por la grosería de él. Más tarde, llegada la noche, la pastelería está cerrada, por lo que ya no hay clientes. Lisandro habla por celular con Marcus mientras Natasha está a lo lejos barriendo el piso y tratando de escuchar.


Lisandro: Muchísimas gracias por el regalo que me enviaste hoy, Marcus. Me sentí muy halagado. Nunca antes alguien me había dado algo tan bonito.
INT. / HOTEL, HABITACIÓN DE MARCUS / NOCHE
Marcus también habla por medio de su celular y justo acaba de ducharse, por lo que va saliendo del baño, cubierto con una toalla del torso para abajo. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Marcus: Es lo menos que puedo hacer por ti para verte feliz. Como te dije ayer, me gustas demasiado y sí… Podrá sonarte muy atrevido de mi parte, pero no me voy a dar por vencido hasta que te fijes en mí.
Lisandro: (emocionado) Ay, Marcus. La merita verdad no sé ni qué decir. Es que nunca alguien se me había declarado así.
Marcus: (sonriendo) Por eso me encantas, porque eres tan lindo y tan inocente. Te quiero para mí, Lisandro.
Lisandro: (riendo) Bueno, voy a cambiarme de ropa para salir ya. Luego hablamos. ¿Te parece?
Marcus: Espera. Recuerda que aún me debes una invitación a tomar café. ¿Cuándo vas a aceptármela? ¿Te parece esta noche?
Lisandro: (pensativo) Hum, sí. Está bien. Dime dónde quieres que nos citemos.
Marcus: Tú no te preocupes. Deja me visto que acababa de tomar un baño y salgo para allá. Yo te recojo en mi auto y vamos a una cafetería bien padre que conozco.
Lisandro: Está bien. Te espero entonces.
Lisandro cuelga el celular y se dirige el baño, pero se detiene al ver que, de repente, Natasha siente un pequeño mareo y se apoya en la caja registradora. El chico se acerca a ella preocupado.
Lisandro: Natasha. ¿Te sientes bien?
Natasha: (reponiéndose) Ah, sí. Estoy bien, no te preocupes. Por un momento se me fue el mundo y me mareé, pero ya pasó.
Lisandro: Hum, bueno. Tal vez estás agotada. El trabajo acá en la pastelería no es fácil a veces y tú, me imagino, estás acostumbrada a las pasarelas y al modelaje.
Natasha: Sí, puede ser, pero por lo pronto mi lugar está aquí con ustedes. Gracias por tu preocupación, Lisandro.
Lisandro: No hay de qué. Por cierto, hoy no me esperes para que nos vayamos juntos como hemos hecho estos días desde que vivo contigo.
Natasha: (extrañada) ¿Por qué? ¿Vas a algún lado?
Lisandro: (sonriendo) Sí, Marcus me invitó a salir, así que llego a tu depa más tarde, ¿bueno?
Natasha: Está bien. Espero que te vaya excelente con él.
Lisandro: Gracias, aunque iré a pedirle primero a Antonio permiso para que deje las flores en el baño hasta mañana porque hoy me queda imposible llevármelas.
Lisandro entra a la cocina. Justo en ese momento, Natasha recibe una llamada a su celular. La joven mira en la pantalla de quien se trata y rueda los ojos contestando con algo de indisposición.

Natasha: Doña Victoria. Otra vez usted.
Victoria: Sé que estás harta de escucharme, pero no eres la única. A mí tampoco me hace mucha gracia estar llamándote a darte órdenes.
Natasha: Sólo dígame qué necesita ahora. Me mareé y no me siento bien. Estoy exhausta de tener que trabajar todo el día en esta pastelería atendiendo órdenes de aquí para allá, barriendo el piso y hasta lavando platos (Fastidiada).
Victoria: Tranquila. Pronto esto va a acabar si haces bien tu trabajo y logras engatusar al repostero ese. Precisamente para eso te llamo.
Natasha: ¿Qué tiene en mente?
Victoria: (sonriendo con malicia) Escucha muy bien lo que vas a hacer. Esta noche tú y yo nos vamos a encargar de que Lisandro se olvide por completo de ese idiota de Antonio.
Natasha escucha con atención el nuevo plan de Victoria.
CONTINUARÁ…
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