Capítulo 15: Noticia imprevista
Lisandro entra a la cocina y ve a Antonio lavando unos platos. Todavía tiene puesto su uniforme.


Lisandro: Antonio, quería pedirte un favor.
Antonio: (indiferente) ¿Qué quieres?
Lisandro: Sé que no estás de buen humor por lo de Marcus y te pido disculpas porque sí fue incorrecto que él me enviara las flores en mi lugar de trabajo, pero quería pedirte si puedes dejarlas en el baño hasta mañana. Es que ahora no puedo llevármelas porque tengo una cita.
Antonio se sorprende levemente y cierra el grifo dejando de lavar los platos.
Antonio: ¿Una cita? Déjame adivinar. Es con él, ¿verdad? Con ese imbécil…
Lisandro: No lo trates así. Respétalo, así como él te respeta a ti y sí, la cita es con él. Me invitó a tomar un café. Desde hace días me lo había propuesto, pero yo le dije que en otra ocasión.
Antonio: ¿Qué pretende ese tipo realmente contigo, Lisandro? (Serio).
Lisandro: Te he dicho mil y un veces que somos amigos y yo me siento muy bien con él, además es muy guapo, viste bien, huele riquísimo y no es tan grosero como tú.
Antonio: (molesto) ¿Te atreves a compararme con él?
Lisandro: Me es inevitable. Tú me conoces desde hace años y me tratas de la patada como se antoja y pues ya me cansé de lo mismo contigo. Ya no sé ni qué me consideras, si tu amigo, un empleado o un desconocido.
Antonio: (un poco dolido) Hum, está bien. Quédate entonces con ese riquillo y sobre las flores, déjalas en el baño entonces (Sigue lavando los platos). Suerte con tu cita.
Lisandro: Gracias. Hasta mañana.
Lisandro sale de la cocina. Antonio no puede evitar sentirse bastante mal, deja los platos a un lado y apoya las manos sobre el mesón.
Antonio: (pensativo) Tal vez Lisandro quiere cruzar nuevos horizontes porque ve que conmigo no llegará a ningún lado y es verdad, conmigo no llegará a ningún lado.
De repente, Natasha entra a la cocina luego de haber terminado de hablar por celular con Victoria.

Natasha: (acercándose a él) Hola, Antonio. ¿Ocupado?
Antonio: Eh, no, ya estaba por terminar aquí de lavar los platos, trabajo que por cierto te encargué a ti que hicieras.
Natasha: (quejándose) ¡Ay, Antonio! Entiéndeme. Tengo las palmas de mis manos destrozadas de tanta fregar platos y de barrer y llevarle órdenes a los clientes. Créeme. Me estoy esforzando, pero tengo un límite.
Antonio: ¿Lisandro te dijo de su cita?
Natasha: Sí, me lo dijo hace un rato y justo por eso venía. ¿Qué te parece si aprovechamos que él no va a estar en mi depa y nos quedamos solitos tú y yo? (Acariciándole el rostro).
Antonio: (desanimado) No sé, Natasha. Estoy algo cansado y tampoco he estado de humor hoy.
Natasha: Ándale, Antonio, no seas amargado. La soledad no me gusta, ¿y qué mejor compañía que tú? Podemos ver una película e incluso yo puedo preparar unos sándwiches deliciosos para que comamos. ¿Qué dices?
Antonio se queda pensativo durante unos segundos y le sonríe a la modelo.
Antonio: Pues sí, ¿sabes? Me parece que no es mala idea. Después de todo, si Lisandro se fue para una cita, nosotros también podemos pasarla bien.
Natasha: (sonriendo pícara) ¡Así se habla! (Lo besa) Vamos. Quítate ese cochino uniforme y tomemos un uber para que lleguemos más rápido.
EXT. / CAFETERÍA / NOCHE
Un par de horas más tardes, se ve a Lisandro y a Marcus saliendo de una elegante cafetería de la ciudad. El segundo ha pagado la cuenta y caminan a paso lento mientras platican.


Lisandro: Gracias por el café, Marcus. Estaba delicioso y me la pasé excelente hablando contigo. Has sido superlindo conmigo. Hasta pasaste por mí en tu auto a la pastelería.
Marcus: Todo lo hago con muchísimo gusto y tú lo sabes, pero nada es de gratis, eh. Tienes que pagarme con algo.
Lisandro: (sorprendido) ¿Con qué?
Marcus: Con una sonrisa. Con una sonrisa es más que suficiente (Lisandro sonríe avergonzado). ¿Ves? Tienes una sonrisa espectacular y no sabes lo tierno que te ves cuando sonríes así. Cree cuando te digo que nunca había conocido a nadie como tú.
Lisandro: Con todas esas cosas que me dices me haces sentir raro, no sé...
Marcus: ¿Por qué si es la verdad? Te he dicho muchas veces que eres un chavo superinteresante, con muchas cualidades y así me encantas.
Lisandro: (sonrojado) ¡Ay, Marcus! Diciéndome todo esto me haces sentir como si me volaran mariposas en el estómago. Es que nunca me han hablado así. Qué pena (Baja la cabeza).
De repente, ambos dejan de caminar y se quedan de pie frente a frente. Marcus le alza a Lisandro la cabeza tomándolo delicadamente del mentón y se acerca a él.
Marcus: ¿Qué me dirías si te dijera ahorita mismo que te quiero dar un beso?
Lisandro: (anonadado) ¿Cómo?
Marcus no se da a la espera y roza sus labios con los de Lisandro a punto de besarlo, pero el chico se aparta.
Lisandro: Espera, Marcus. Yo… no creo que sea buena idea ahora.
Marcus: ¿Temes que nos diga algo la gente?
Lisandro: Claro que no, no es eso. De hecho, si algo he aprendido es a aceptarme y a no importarme lo que puedan decir los demás.
Marcus: ¿Entonces? ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal o incómodo conmigo acaso?
Lisandro: Tampoco. Es que no quiero que apresuremos las cosas. Me gustaría que fuéramos más despacio, ¿me entiendes? Quiero que, si va a haber algo entre nosotros, no sea algo ilusorio o de momento.
Marcus: (sonriéndole) Como desees. No te preocupes. Pienso hacer las cosas a tu ritmo y a tu tiempo.
Marcus se quita una bufanda que cubre su cuello y la pone alrededor del cuello de Lisandro. Éste se sorprende por el detalle.
Marcus: (susurrándole) Hace frío. Te la obsequio. ¿Quieres que te lleve al departamento dónde estás viviendo?
Lisandro: Eh, no, puedo irme solo y tomar el autobús. Tú has hecho mucho por mí, Marcus. Gracias.
Marcus: Ok. Cuídate mucho y no se te olvide que siempre estoy aquí para ti. Puedes contar conmigo para lo que sea, ¿bueno?
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Te prometo que lo voy a tener en cuenta. Gracias. Cuídate tú también. Hablamos luego.
Lisandro se va caminando despacio con dirección al paradero de autobuses más cercano, consternado a la vez que emocionado por esos pequeños detalles. Marcus lo ve irse sonriendo.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, SALA / NOCHE
Antonio y Natasha están en la sala del departamento de ésta última. La televisión está encendida y ambos se besan apasionadamente sentados sobre el sofá. En un momento dado, Antonio comienza a tocar una de las piernas de Natasha por encima del pantalón y va subiendo por su cintura.


Antonio: (apartándose excitado) Perdóname, Natasha.
Natasha: ¿Qué pasa? ¿Por qué me pides perdón?
Antonio: Es que no quiero que pienses que soy un degenerado que siempre está aprovechándose de ti y ya me estaba empezando a sobrepasar contigo. Perdóname.
Natasha: Ay, Antonio, no te preocupes. Para nada pensaría de esa manera de ti. Tú sabes lo mucho que me gustas y pues, si es algo mutuo, no tengo ningún problema con que te “sobrepases” conmigo como dices.
Antonio: ¿Estás segura?
Natasha: Claro y ya no hables tanto. Deja que suceda lo que es normal entre un hombre y una mujer que se desean tanto como tú y yo.
Natasha no se da a la espera para besar a Antonio ante lo cual él le corresponde sin reparo alguno. Poco a poco, la pasión va invadiéndolos y comienzan a desvestirse en ese sofá. Antonio le quita la blusa y luego procede a desabrocharle el sostén al tiempo que besa desenfrenadamente su cuello y hombros. Ella, por su parte, disfruta del momento y le quita la camiseta para luego desabrocharle el cinturón.
Antonio: (excitado) Me encantas. No sé cómo lo logras, pero me encantas.
Natasha: Y tú a mí.
El hombre sigue besándola y ambos terminando recostándose sobre el sofá, él sobre ella. En ese momento, Lisandro llega, saca las llaves y abre la puerta, pero en medio de las luces apagadas sólo alcanza a ver la silueta de ellos teniendo intimidad.

Lisandro: (confundido) ¿Qué está pasando aquí? ¿Natasha?
El chico prende las luces y al ver con claridad, suelta las llaves de la impresión.
Antonio: (impactado) ¡Lisandro!
Antonio se aparta inmediatamente de Natasha mientras ella alcanza su blusa y se cubre el busto. Lisandro, por su parte, siente una profunda decepción invadiéndolo al verlos semidesnudos.
Lisandro: Perdonen, yo… Yo no quería importunarlos. No fue mi intención. Lamento mucho haberlos interrumpido mientras intimidaban.
Lisandro sale del departamento casi que corriendo.
Natasha: ¡Dios mío! ¡Qué vergüenza!
Antonio no dice nada y sólo se le ocurre tomar su camiseta para ponérsela rápidamente y salir corriendo detrás de Lisandro para alcanzarlo al punto de que se le olvida abrocharse de nuevo el cinturón del jean. Natasha se queda sola y suspira sintiéndose mal por lo que acaba de hacer.
Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espera!
Antonio baja corriendo las escaleras del edificio y logra alcanzar al chico, tomándolo de un brazo para detenerlo.
Lisandro: (molesto) ¡Suéltame! ¿Qué haces persiguiéndome? ¿Acaso no estabas tan entretenido con Natasha? ¡Pues bien! Para eso me voy, para que tengan sus momentos íntimos como “pareja”.
Antonio: Yo sé que debes estar muy decepcionado, muy enojado, pero por favor permíteme explicarte (Habla con cierta desesperación).
Lisandro: (sollozando) Lo que vi no tiene explicación alguna. De hecho, no tienes por qué dármela. ¿Crees que me interesa si tienes una relación con Natasha? Ustedes son una pareja y, por tanto, su vida como pareja la deben dejar entre ustedes.
Antonio: Pues por tu comportamiento, me das a entender que a pesar de todo sí te interesa.
Lisandro: (indignado) ¿Pretendes burlarte de mí? Mira, Antonio. Suéltame de una buena vez. ¡No quiero que me toques!
Antonio: No lo voy a hacer hasta que me escuches. Sé que todo esto te duele y te duele muchísimo. Sé que es mi culpa y lo siento. Sé que soy un idiota, pero te juro que en ningún momento mi intención es hacerte sentir mal.
Lisandro: Si esa no es tu intención, ¿por qué siempre terminas haciendo lo contrario? ¿Por qué entonces no piensas antes de actuar? Y todavía tienes el descaro de andarme celando con Marcus. ¿Por qué?
Antonio: Porque… (Hace una pausa) Porque soy un completo idiota y lo reconozco. Aunque no me lo creas, yo te quiero mucho más de lo que te imaginas y no me gusta cuando lloras.
Lisandro lo escucha atentamente y no puede evitar que le emerjan lágrimas de sus ojos.
Antonio: Yo daría lo que fuera por volver a esa época en la que éramos tan buenos amigos; cuando sonreías con esa sinceridad, dulzura; cuando pasábamos tan bien el tiempo juntos… Quisiera que las cosas fueran como antes.
Lisandro, en medio de tantos sentimientos encontrados, termina rompiendo en llanto. Antonio se conmueve por ello, lo suelta del brazo despacio y le limpia las lágrimas. Natasha se acerca usando una bata blanca y se esconde detrás de una pared donde no pueda ser vista para escuchar la conversación.
Lisandro: (reponiéndose) Mejor... Mejor no hablemos más. Este no es el mejor momento.
Antonio: Primero necesito que me perdones. Natasha es una mujer muy hermosa. No te puedo negar que me gusta, pero créeme que entre nosotros no hay nada serio. Ella misma fue la que me propuso que no tuviéramos ningún compromiso, que nuestra relación solo fuera para pasar el rato. Sé que escenas como la que viste te dejan mucho qué pensar y…
Lisandro: (interrumpiéndolo) Exactamente. Tú lo has dicho, son escenas que dejan mucho qué pensar. Mira, Antonio. Tu vida es tu vida. No trates de modelarla a mi gusto o parecer. Sí, me duele mucho que seas como eres, pero yo no te puedo cambiar. Eso depende de ti.
Antonio: Solo quiero que al menos retomemos nuestra amistad y nos demos una oportunidad. No te pido nada más. Te aseguro que quiero alejarme de este estilo de vida.
Lisandro: Pues si realmente eso quieres, el cambio depende de ti, de que cambies tu forma de ser, de pensar y de vivir, pero que sea un cambio permanente, no algo momentáneo solo para demostrar. Piénsalo todo muy bien y en cuanto a mí, nunca más vuelvas a insinuarme que me quieres porque a la próxima… (Hace una pausa) Me alejo de ti para siempre.
Lisandro lo mira fulminante y con desprecio para luego seguir bajando las escaleras e irse. Antonio se queda triste y abrumado por aquella nueva discusión que ha tenido con Lisandro, por lo que se recuesta en la pared y se toma frustrado del cabello al tiempo que suspira. Minutos después, Antonio entra de nuevo al departamento de Natasha. Ésta ya se ha vestido nuevamente y está sentada sobre el sofá.


Natasha: ¿Qué pasó, Antonio? ¿Se fue Lisandro?
Antonio: (tumbándose en el sofá) Sí, pensaba explicarle y pedirle disculpas por lo que vio, pero no me quiso escuchar y se fue.
Natasha: Qué vergüenza. La verdad es que no me esperaba que llegara tan pronto de su cita con el crítico de repostería.
De repente, una llamada entra al celular de Natasha. La joven modelo mira en la pantalla disimuladamente de quién se trata y se pone de pie.
Natasha: Disculpa, es una amiga. Voy a contestar y ya vuelvo contigo.
Antonio: Está bien. Ve tranquila.
Natasha se retira a un lugar apartado del departamento y contesta el celular.
Natasha: Ya me imagino para qué me llama, doña Victoria.
INT. / HOTEL, HABITACIÓN / NOCHE
Efectivamente, la persona al otro lado de la línea es Victoria, quien se encuentra bebiendo un whisky en una copa mientras habla por celular. Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

Victoria: Muy bien. Entonces si lo sabes empieza por decirme cómo te fue con lo que planeamos. ¿Lisandro los vio?
Natasha: Sí, nos encontró en plena acción a punto de tener intimidad y ya se imaginará la cara que puso. Hasta salió corriendo del departamento a punto de llorar.
Victoria: (sonriendo satisfecha) ¡Perfecto! Eso era justo lo que quería. Lisandro debe estar odiando al repostero ese con todo su corazón.
Natasha: ¿Hasta cuándo va a seguir con este juego, doña Victoria? Lisandro ya está sufriendo mucho. Hasta a mí me da lástima. ¿Con qué va a seguir sus planes?
Victoria: Mañana necesito que te pases por una cafetería para que hablemos. Te daré instrucciones para que prosigamos con la siguiente parte del plan que es vengarme de ese imbécil de Antonio.
Natasha: Sepa desde ya que no pienso participar de nada ilegal.
Victoria: (sonriendo) Tú tranquila, muchacha. Voy a vengarme. No lo vamos a matar, aunque se lo merece por haberse atrevido a humillarme delante de todo el mundo e incluso lanzarme al piso. ¡Nadie humilla de esa manera a Victoria Maldonado!
Natasha: Está bien. Envíeme por un mensaje de texto la dirección para ir mañana.
Victoria: Lo haré en un rato. Hasta entonces.
Victoria cuelga el celular. Tal parece que está acompañada de alguien más en la habitación.
Victoria: Buenas noticias. Lisandro encontró casi que teniendo un momento de pasión a esos dos y ahorita debe andar muy triste.
La cámara enfoca de abajo hacia arriba el rostro del acompañante de Victoria. Es nada más y nada menos que Marcus, quien también bebe whiskey en una copa.

Marcus: Me alegra escuchar eso, señora. Lisandro en serio me interesa. Cada día siento que me gusta más y no voy a desistir de él.
Victoria: Te guste o no mi nieto, no es algo que me importe. Créeme que no me hace mucha gracia verlo involucrándose con otro hombre. Los homosexuales me asquean, pero contigo haré una excepción. Eres de buena familia y tienes el suficiente capital para salvarme de la bancarrota.
Marcus: Pues eso es justo lo que voy a hacer. Voy a salvarla de la bancarrota, pero en cuanto lo haga, me voy a llevar a Lisandro bien lejos de usted y de Antonio. Ese fue el trato que hicimos después de que usted me contactó.
Victoria: Y pienso cumplir con ese trato. No te preocupes, muchacho. Lo que haga Lisandro con su vida no me importa, siempre y cuando me dé el beneficio que necesito.
Victoria toma un sorbo de su copa de whisky y sonríe con malicia. Marcus recibe una llamada a su celular y se apresura a contestar.
Marcus: ¿Lisandro? (Hace una pausa) ¿Qué pasa? ¿Qué tienes? Te oyes mal (Hace otra pausa). Dale, está bien, ya mismo voy para allá.
Marcus cuelga el celular. Victoria lo mira con suspicacia.
Victoria: ¿Vas a encontrarte con él?
Marcus: Me dijo que no se siente bien y me preguntó si podíamos vernos, así que voy a verlo.
Victoria: (cínica) Pobrecillo. Debe estar en un mar de lágrimas después de encontrar a su enamorado haciéndole el amor a una mujer, ja, ja, ja.
Marcus: (muy serio) Sepa que solo estoy haciendo esto por Lisandro porque ese tal Antonio no lo merece. Por eso acordamos que mientras yo lo citaba a tomar un café, usted le daba instrucciones a su otra cómplice.
Victoria: No vengas con discursos moralistas a estas alturas. Por ahí dicen que el amor y la guerra todo se vale. Tenlo en cuenta.
Marcus mira serio a Victoria y sale de la habitación. La anciana se queda sonriendo con malicia.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, SALA / DÍA
Natasha vuelve a la sala en donde ve a Antonio sentado en el sofá y bastante pensativo.


Natasha: (sentándose a su lado) Ay, Antonio, me siento tan mal al verte así. Siento que la culpa de lo que pasó fue toda mía. No debí incitarte a que tuviéramos, tú sabes…
Antonio: Tranquila. La culpa también es mía que me paso a veces de promiscuo y solo pienso en sexo. Mira ahora las consecuencias. Lisandro debe estar pensando lo peor de mí.
Natasha: ¿Te gusta Lisandro?
Antonio: (dudoso) Sí, pero ¿sabes? Es algo totalmente diferente para mí. Yo nunca he mirado a otros hombres. Nunca me he inclinado por esas cosas del mundo gay, pero con Lisandro todo ha sido muy distinto.
Natasha: Bueno, mi padre me decía algo bien bonito y que recuerdo con mucho cariño… Me decía que el amor llega con la persona y en el momento que menos esperamos, y que no distingue edad, raza o estrato social, o en tu caso, sexo.
Antonio: ¿Tú crees que me esté enamorando sinceramente de Lisandro?
Natasha: Pues no lo sé. Esa es una pregunta que tú debes resolver por ti mismo.
Antonio: Pero no sé cómo. De lo único que estoy seguro es que estoy harto de este estilo de vida que llevo. Quiero cambiar, Natasha. Ya no quiero llevar una vida en la que importen más mis pasiones, en la que quiera satisfacer más mis deseos e impulsos. Ya no quiero decepcionar a las personas que me importan con mis idioteces.
Natasha: (sonriéndole) Me alegra mucho que tengas esa disposición por cambiar, aunque me imagino que, para ese cambio, debemos dejar este tipo de relación que tenemos, ¿no?
Antonio: Sí. Tú y yo no podríamos ser pareja en circunstancias como estas ni mucho menos amigos con beneficios como veníamos siendo. Es mejor quedarme soltero por el momento y no involucrarme ni contigo ni con ninguna otra mujer. Espero no te moleste si solo somos amigos.
Natasha: ¡Ay, Antonio! ¡Claro que no! ¿Cómo crees que podría molestarme? Por eso me alegra mucho que tomes esta decisión tan importante en tu vida. Por mi parte tienes todo mi apoyo.
Antonio: (sonriéndole levemente) Gracias por tu comprensión, Natasha. Me prometo a mí mismo voy a cambiar y que entre nosotros cuatro, Lisandro, Valentín, tú y yo, vamos a trabajar duro para hacer de Antique Amor la mejor pastelería.
Natasha le sonríe al hombre con sinceridad, pues en el fondo le alegra la decisión que toma, aunque no puede evitar sentirse abrumada al ser cómplice de Victoria.
EXT. / PARQUE INFANTIL / NOCHE
Entretanto, Lisandro se encuentra en un parque para niños acompañado de Marcus. Los dos están sentados en unos columpios, pero no se balancean. Lisandro ya le ha contado su historia con Antonio a Marcus.


Marcus: (un poco triste) Entonces te gusta Antonio. Con razón lo intuí desde aquella noche en la fiesta de disfraces y tú me lo negaste.
Lisandro: Entiéndelo, Marcus. Yo apenas te estaba conociendo y eras un desconocido para mí. No podía decirte de primer plano que estaba y que estoy enamorado de mi jefe en la pastelería que es un completo estúpido. ¡Me hace enojar tanto!
Marcus: Tú no eres el estúpido. El único estúpido es él que te trata de esa manera. ¿Cómo puede hacerte eso a ti que eres tan especial y que no lo mereces?
Lisandro: Pues a lo mejor sí me lo merezco porque justo me vine a fijar en un hombre como él que nunca piensa antes de actuar y me ofende a cada rato. Te juro que, si tan solo pudiera controlar mis sentimientos, dejaría de querer a Antonio, pero no puedo.
Marcus: Lisandro, la única manera en que puedes sacártelo de tu mente es dejar de verlo.
Lisandro: (sorprendido) ¿Dejar de verlo? ¿Quieres decir que me olvide de él para siempre?
Marcus: Exacto, sólo así vas a dejar de sufrir y de perturbarte por él. Deberías renunciar a esa pastelería, reconciliarte con tu abuela y volver a los Estados Unidos.
Lisandro: No puedo hacer eso, Marcus. Mi lugar está en este país, aquí nací, además hacer eso sería como darle gusto a mi abuela y demostrarle que no puedo vivir sin su apoyo económico, así que no.
Marcus: Bueno, pues si eso quieres, no le veo el problema a que renuncies de todos modos. Yo puedo conseguirte un trabajo.
Lisandro: (desanimado) ¿Qué clase de trabajo?
Marcus: Hace poco compré un departamento para quedarme. Es un poco grande, así que tú podrías ir y realizar la limpieza, solo mientras puedo pensar en buscarte algo mejor que esté a tu altura. ¿Qué dices?
Lisandro: Te lo agradezco, Marcus, pero no ahora. Es cierto que me gustan las labores de la casa, limpiar, cocinar, pero no quiero renunciar a la pastelería. Desde que comencé a trabajar allá, Antique Amor se ha convertido en algo más que mi lugar de trabajo. Entiéndelo.
Marcus: ¿Y Antonio? Perdóname, pero eso es masoquismo. Trabajar allá y verlo diario sólo te va a hacer sufrir más y ese tipejo no va a dejar de ser coqueto con cuanta mujer se le cruce enfrente. ¿Eso es lo que quieres para tu vida?
Lisandro: Pero hay algo que no te he contado, Marcus. Desde hace varios días, Antonio me ha dicho que siente algo por mí. Cuando fuimos amigos hace tres años, era homofóbico a morir o eso parecía, pero desde que comencé a trabajar para él, dejó de ser tan hostil conmigo y ahora la relación entre los dos es diferente. En el fondo aún veo que queda un poco del chavo que solía ser cuándo amigos.
Marcus: Por favor, Lisandro. ¿De verdad piensas que ese tipo va a sentir algún tipo de atracción por ti? Y en caso de que sí, solo te tomaría para quitarse las ganas y experimentar. Muchos como él hay por ahí. No creas en eso que te dice.
Lisandro: (suspirando) La verdad no sé ni qué pensar sobre él, pero mejor cambiemos de tema. Yo pienso quedarme un par de horas más aquí sentado. No quiero llegar al departamento de Natasha y verle la cara a alguno de los dos después de lo que vi. Si debes irte, está bien.
Marcus: No, Lisandro. Me voy a quedar contigo hasta las horas de la madrugada si es preciso. Escúchame bien. Jamás te dejaré solo mientras las circunstancias me lo permitan, ¿bueno?
Marcus le acaricia el rostro con suavidad a Lisandro. Éste no puede evitar sentirse emocionado por sus palabras y por los gestos de él.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día particularmente veraniego en Ciudad de México. Lisandro va de salida para la pastelería cuando es detenido por Natasha.


Natasha: ¡Lisandro, espera!
Lisandro: (muy serio) ¿Qué quieres, Natasha?
Natasha: Sé que estás enojado conmigo por lo que pasó anoche y te entiendo perfectamente, así que quería que habláramos antes de que te fueras para Antique Amor.
Lisandro: Es mejor no tocar el tema. Es demasiado incómodo.
Natasha: Lo sé, pero créeme que estoy muy avergonzada contigo y nunca en mi vida me habían cachado en una situación tan bochornosa como esa. Debí haber pensado en ti, en que ahora vives conmigo antes de pretender haber tenido intimidad con Antonio como si viviera sola.
Lisandro: Mira, Natasha. Tú haz lo que quieras. Este es tu departamento. Yo sólo estoy quedándome temporalmente mientras logro encontrar otro lugar a donde mudarme luego. Es tu vida, tu intimidad y no me tienes que dar explicaciones.
Natasha: Pero es necesario que te las dé porque Antonio también está muy avergonzado contigo y quiero que sepas que él reflexionó sobre lo que pasó y está dispuesto a cambiar. Quiere ser otro hombre.
Lisandro: (un poco emocionado) ¿De verdad?
Natasha: Sí, créeme. Hasta me pidió que fuéramos solo amigos. Él te quiere y le dolió haberte herido. Quiere cambiar y no te estoy diciendo esto porque él me lo haya pedido, sino por mi propia cuenta, para que no pienses mal de él que no lo merece.
Lisandro: Bueno, espero que lo consiga y cambie de verdad. Me alegra que haya tomado esa decisión. Bueno, ¿nos vamos antes de que sea tarde?
Natasha: Es que debo pasarme a hacer una diligencia antes de ir a la pastelería. Más tarde llego y si Antonio te pregunta, discúlpame con él, por favor.
Lisandro: (poco convencido) Hum, está bien. Te espero entonces por allá. Espero te vaya bien en tu diligencia.
Natasha: Gracias, Lisandro. Nos vemos.
Lisandro se va del departamento. Natasha se queda pensativa.
INT. / CAFETERÍA / DÍA
Más tarde, se ve Victoria sentada en una cafetería mientras se toma un té. Natasha llega en ese momento y se sienta frente a ella en la misma mesa.


Natasha: Muy bien, doña Victoria, aquí me tiene. Dígame pronto qué necesita. No me puedo quedar mucho tiempo.
Victoria: Desde luego. Voy a ser breve.
Victoria saca de su sofisticado bolso la pequeña botella transparente con un líquido extraño que un hombre le dio una vez y la pone sobre la mesa.
Natasha: (extrañada) ¿Qué es eso?
Victoria: Digamos que es un veneno, pero no es letal. Tomar una sola gota de ese líquido, causa en una persona severo dolor de cabeza, indigestión y hasta diarrea. Necesito que, con mucha cautela, lo agregues como un ingrediente más a la masa de los pasteles que cocina Antonio.
Natasha: (desconcertada) Pero no entiendo. ¿Qué gana usted con eso?
Victoria: Ay, Natasha, eres tan ingenua, tan estúpida. Cuando los clientes compren esos pasteles y se los coman, se van a enfermar y no se van a quedar con los brazos cruzados. Inmediatamente van a demandar a Antonio y van a clausurar esa pastelería.
Natasha: (asustada) Pero eso es muy peligroso. ¿Qué hay si algún cliente se muere?
Victoria: Pues sería mucho mejor si eso pasara porque así sería peor para Antonio. ¡Lo quiero tras las rejas! Dadas las cosas, lo aparto de Lisandro para siempre y me salgo con la mía. ¿Qué te parece? (Sonríe con gran cinismo).
Natasha: Me parece horrendo, doña Victoria. Yo no quiero ser cómplice de un crimen. Me da mucho miedo que alguien resulte muerto siendo yo la culpable. No voy a hacer semejante cosa.
Victoria: ¿Disculpa? ¿Te estoy escuchando bien?
Natasha: ¡Sí! Tendrá que contratar a alguien más para que lleve a cabo sus planes porque conmigo no cuente.
Victoria: Qué tonta eres. Renunciar a este punto no te conviene. ¿Qué harás sin dinero para pagar el asilo de tu padre que está postrado en una silla de ruedas sin poder moverse?
Natasha: Cualquier cosa, menos trabajar para usted e involucrarme en algo tan turbio. Mi padre me enseñó valores; valores de los que me olvidé desde el momento en que acepté ser su cómplice.
Victoria: Está bien. No pienso rogarte para que reconsideres tu decisión, pero sí te voy a advertir algo, Natasha (Mirándola fulminante). No se te ocurra abrir la boca para decirle a Lisandro o a Antonio algo sobre esto porque me puedo encargar de hundirte si se me da la gana y hacerte ver como la culpable de la intoxicación.
Natasha: ¡Haga lo que quiera! ¡Yo no le tengo miedo, señora!
Natasha se levanta muy indignada de la mesa, pero un leve mareo la invade. Victoria se extraña ante ello y se sorprende cuando la joven modelo cae desmayada en el piso. Los clientes de la cafetería también se sorprenden.
INT. / ANTIQUE AMOR, COCINA / DÍA

Antonio se encuentra cocinando la masa de un pastel cuando, de repente, Natasha entra tímidamente a la cocina.


Natasha: Antonio…
Antonio: (muy serio) Por fin llegas. Lisandro me dijo brevemente esta mañana que debías hacer una diligencia, pero mira la hora. Es casi medio día.
Natasha: Estaba en el hospital.
Antonio: (extrañado) ¿Por qué? ¿Estás enferma?
Natasha guarda silencio. Cabe decir que tiene unos documentos en las manos y luce preocupada. Antonio deja de cocinar la masa y se para frente a ella.
Natasha: (en un hilo de voz) Antonio...
Antonio: ¿Qué pasa, Natasha? ¿Por qué traes esa cara?
Natasha: Tienes que ver esto ya mismo.
Natasha le entrega los documentos. Antonio los recibe, comienza a leer y a medida que lo hace desencaja el rostro.
Natasha: (solloza) Estoy embarazada.
Justo en el instante en que Natasha dice eso, Lisandro irrumpe en la cocina y se sorprende al escucharla.

Lisandro: ¿Qué dices, Natasha? ¿Embarazada?
CONTINUARÁ…


Lisandro: Antonio, quería pedirte un favor.
Antonio: (indiferente) ¿Qué quieres?
Lisandro: Sé que no estás de buen humor por lo de Marcus y te pido disculpas porque sí fue incorrecto que él me enviara las flores en mi lugar de trabajo, pero quería pedirte si puedes dejarlas en el baño hasta mañana. Es que ahora no puedo llevármelas porque tengo una cita.
Antonio se sorprende levemente y cierra el grifo dejando de lavar los platos.
Antonio: ¿Una cita? Déjame adivinar. Es con él, ¿verdad? Con ese imbécil…
Lisandro: No lo trates así. Respétalo, así como él te respeta a ti y sí, la cita es con él. Me invitó a tomar un café. Desde hace días me lo había propuesto, pero yo le dije que en otra ocasión.
Antonio: ¿Qué pretende ese tipo realmente contigo, Lisandro? (Serio).
Lisandro: Te he dicho mil y un veces que somos amigos y yo me siento muy bien con él, además es muy guapo, viste bien, huele riquísimo y no es tan grosero como tú.
Antonio: (molesto) ¿Te atreves a compararme con él?
Lisandro: Me es inevitable. Tú me conoces desde hace años y me tratas de la patada como se antoja y pues ya me cansé de lo mismo contigo. Ya no sé ni qué me consideras, si tu amigo, un empleado o un desconocido.
Antonio: (un poco dolido) Hum, está bien. Quédate entonces con ese riquillo y sobre las flores, déjalas en el baño entonces (Sigue lavando los platos). Suerte con tu cita.
Lisandro: Gracias. Hasta mañana.
Lisandro sale de la cocina. Antonio no puede evitar sentirse bastante mal, deja los platos a un lado y apoya las manos sobre el mesón.
Antonio: (pensativo) Tal vez Lisandro quiere cruzar nuevos horizontes porque ve que conmigo no llegará a ningún lado y es verdad, conmigo no llegará a ningún lado.
De repente, Natasha entra a la cocina luego de haber terminado de hablar por celular con Victoria.

Natasha: (acercándose a él) Hola, Antonio. ¿Ocupado?
Antonio: Eh, no, ya estaba por terminar aquí de lavar los platos, trabajo que por cierto te encargué a ti que hicieras.
Natasha: (quejándose) ¡Ay, Antonio! Entiéndeme. Tengo las palmas de mis manos destrozadas de tanta fregar platos y de barrer y llevarle órdenes a los clientes. Créeme. Me estoy esforzando, pero tengo un límite.
Antonio: ¿Lisandro te dijo de su cita?
Natasha: Sí, me lo dijo hace un rato y justo por eso venía. ¿Qué te parece si aprovechamos que él no va a estar en mi depa y nos quedamos solitos tú y yo? (Acariciándole el rostro).
Antonio: (desanimado) No sé, Natasha. Estoy algo cansado y tampoco he estado de humor hoy.
Natasha: Ándale, Antonio, no seas amargado. La soledad no me gusta, ¿y qué mejor compañía que tú? Podemos ver una película e incluso yo puedo preparar unos sándwiches deliciosos para que comamos. ¿Qué dices?
Antonio se queda pensativo durante unos segundos y le sonríe a la modelo.
Antonio: Pues sí, ¿sabes? Me parece que no es mala idea. Después de todo, si Lisandro se fue para una cita, nosotros también podemos pasarla bien.
Natasha: (sonriendo pícara) ¡Así se habla! (Lo besa) Vamos. Quítate ese cochino uniforme y tomemos un uber para que lleguemos más rápido.
EXT. / CAFETERÍA / NOCHE
Un par de horas más tardes, se ve a Lisandro y a Marcus saliendo de una elegante cafetería de la ciudad. El segundo ha pagado la cuenta y caminan a paso lento mientras platican.


Lisandro: Gracias por el café, Marcus. Estaba delicioso y me la pasé excelente hablando contigo. Has sido superlindo conmigo. Hasta pasaste por mí en tu auto a la pastelería.
Marcus: Todo lo hago con muchísimo gusto y tú lo sabes, pero nada es de gratis, eh. Tienes que pagarme con algo.
Lisandro: (sorprendido) ¿Con qué?
Marcus: Con una sonrisa. Con una sonrisa es más que suficiente (Lisandro sonríe avergonzado). ¿Ves? Tienes una sonrisa espectacular y no sabes lo tierno que te ves cuando sonríes así. Cree cuando te digo que nunca había conocido a nadie como tú.
Lisandro: Con todas esas cosas que me dices me haces sentir raro, no sé...
Marcus: ¿Por qué si es la verdad? Te he dicho muchas veces que eres un chavo superinteresante, con muchas cualidades y así me encantas.
Lisandro: (sonrojado) ¡Ay, Marcus! Diciéndome todo esto me haces sentir como si me volaran mariposas en el estómago. Es que nunca me han hablado así. Qué pena (Baja la cabeza).
De repente, ambos dejan de caminar y se quedan de pie frente a frente. Marcus le alza a Lisandro la cabeza tomándolo delicadamente del mentón y se acerca a él.
Marcus: ¿Qué me dirías si te dijera ahorita mismo que te quiero dar un beso?
Lisandro: (anonadado) ¿Cómo?
Marcus no se da a la espera y roza sus labios con los de Lisandro a punto de besarlo, pero el chico se aparta.
Lisandro: Espera, Marcus. Yo… no creo que sea buena idea ahora.
Marcus: ¿Temes que nos diga algo la gente?
Lisandro: Claro que no, no es eso. De hecho, si algo he aprendido es a aceptarme y a no importarme lo que puedan decir los demás.
Marcus: ¿Entonces? ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal o incómodo conmigo acaso?
Lisandro: Tampoco. Es que no quiero que apresuremos las cosas. Me gustaría que fuéramos más despacio, ¿me entiendes? Quiero que, si va a haber algo entre nosotros, no sea algo ilusorio o de momento.
Marcus: (sonriéndole) Como desees. No te preocupes. Pienso hacer las cosas a tu ritmo y a tu tiempo.
Marcus se quita una bufanda que cubre su cuello y la pone alrededor del cuello de Lisandro. Éste se sorprende por el detalle.
Marcus: (susurrándole) Hace frío. Te la obsequio. ¿Quieres que te lleve al departamento dónde estás viviendo?
Lisandro: Eh, no, puedo irme solo y tomar el autobús. Tú has hecho mucho por mí, Marcus. Gracias.
Marcus: Ok. Cuídate mucho y no se te olvide que siempre estoy aquí para ti. Puedes contar conmigo para lo que sea, ¿bueno?
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Te prometo que lo voy a tener en cuenta. Gracias. Cuídate tú también. Hablamos luego.
Lisandro se va caminando despacio con dirección al paradero de autobuses más cercano, consternado a la vez que emocionado por esos pequeños detalles. Marcus lo ve irse sonriendo.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, SALA / NOCHE
Antonio y Natasha están en la sala del departamento de ésta última. La televisión está encendida y ambos se besan apasionadamente sentados sobre el sofá. En un momento dado, Antonio comienza a tocar una de las piernas de Natasha por encima del pantalón y va subiendo por su cintura.


Antonio: (apartándose excitado) Perdóname, Natasha.
Natasha: ¿Qué pasa? ¿Por qué me pides perdón?
Antonio: Es que no quiero que pienses que soy un degenerado que siempre está aprovechándose de ti y ya me estaba empezando a sobrepasar contigo. Perdóname.
Natasha: Ay, Antonio, no te preocupes. Para nada pensaría de esa manera de ti. Tú sabes lo mucho que me gustas y pues, si es algo mutuo, no tengo ningún problema con que te “sobrepases” conmigo como dices.
Antonio: ¿Estás segura?
Natasha: Claro y ya no hables tanto. Deja que suceda lo que es normal entre un hombre y una mujer que se desean tanto como tú y yo.
Natasha no se da a la espera para besar a Antonio ante lo cual él le corresponde sin reparo alguno. Poco a poco, la pasión va invadiéndolos y comienzan a desvestirse en ese sofá. Antonio le quita la blusa y luego procede a desabrocharle el sostén al tiempo que besa desenfrenadamente su cuello y hombros. Ella, por su parte, disfruta del momento y le quita la camiseta para luego desabrocharle el cinturón.
Antonio: (excitado) Me encantas. No sé cómo lo logras, pero me encantas.
Natasha: Y tú a mí.
El hombre sigue besándola y ambos terminando recostándose sobre el sofá, él sobre ella. En ese momento, Lisandro llega, saca las llaves y abre la puerta, pero en medio de las luces apagadas sólo alcanza a ver la silueta de ellos teniendo intimidad.

Lisandro: (confundido) ¿Qué está pasando aquí? ¿Natasha?
El chico prende las luces y al ver con claridad, suelta las llaves de la impresión.
Antonio: (impactado) ¡Lisandro!
Antonio se aparta inmediatamente de Natasha mientras ella alcanza su blusa y se cubre el busto. Lisandro, por su parte, siente una profunda decepción invadiéndolo al verlos semidesnudos.
Lisandro: Perdonen, yo… Yo no quería importunarlos. No fue mi intención. Lamento mucho haberlos interrumpido mientras intimidaban.
Lisandro sale del departamento casi que corriendo.
Natasha: ¡Dios mío! ¡Qué vergüenza!
Antonio no dice nada y sólo se le ocurre tomar su camiseta para ponérsela rápidamente y salir corriendo detrás de Lisandro para alcanzarlo al punto de que se le olvida abrocharse de nuevo el cinturón del jean. Natasha se queda sola y suspira sintiéndose mal por lo que acaba de hacer.
Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espera!
Antonio baja corriendo las escaleras del edificio y logra alcanzar al chico, tomándolo de un brazo para detenerlo.
Lisandro: (molesto) ¡Suéltame! ¿Qué haces persiguiéndome? ¿Acaso no estabas tan entretenido con Natasha? ¡Pues bien! Para eso me voy, para que tengan sus momentos íntimos como “pareja”.
Antonio: Yo sé que debes estar muy decepcionado, muy enojado, pero por favor permíteme explicarte (Habla con cierta desesperación).
Lisandro: (sollozando) Lo que vi no tiene explicación alguna. De hecho, no tienes por qué dármela. ¿Crees que me interesa si tienes una relación con Natasha? Ustedes son una pareja y, por tanto, su vida como pareja la deben dejar entre ustedes.
Antonio: Pues por tu comportamiento, me das a entender que a pesar de todo sí te interesa.
Lisandro: (indignado) ¿Pretendes burlarte de mí? Mira, Antonio. Suéltame de una buena vez. ¡No quiero que me toques!
Antonio: No lo voy a hacer hasta que me escuches. Sé que todo esto te duele y te duele muchísimo. Sé que es mi culpa y lo siento. Sé que soy un idiota, pero te juro que en ningún momento mi intención es hacerte sentir mal.
Lisandro: Si esa no es tu intención, ¿por qué siempre terminas haciendo lo contrario? ¿Por qué entonces no piensas antes de actuar? Y todavía tienes el descaro de andarme celando con Marcus. ¿Por qué?
Antonio: Porque… (Hace una pausa) Porque soy un completo idiota y lo reconozco. Aunque no me lo creas, yo te quiero mucho más de lo que te imaginas y no me gusta cuando lloras.
Lisandro lo escucha atentamente y no puede evitar que le emerjan lágrimas de sus ojos.
Antonio: Yo daría lo que fuera por volver a esa época en la que éramos tan buenos amigos; cuando sonreías con esa sinceridad, dulzura; cuando pasábamos tan bien el tiempo juntos… Quisiera que las cosas fueran como antes.
Lisandro, en medio de tantos sentimientos encontrados, termina rompiendo en llanto. Antonio se conmueve por ello, lo suelta del brazo despacio y le limpia las lágrimas. Natasha se acerca usando una bata blanca y se esconde detrás de una pared donde no pueda ser vista para escuchar la conversación.
Lisandro: (reponiéndose) Mejor... Mejor no hablemos más. Este no es el mejor momento.
Antonio: Primero necesito que me perdones. Natasha es una mujer muy hermosa. No te puedo negar que me gusta, pero créeme que entre nosotros no hay nada serio. Ella misma fue la que me propuso que no tuviéramos ningún compromiso, que nuestra relación solo fuera para pasar el rato. Sé que escenas como la que viste te dejan mucho qué pensar y…
Lisandro: (interrumpiéndolo) Exactamente. Tú lo has dicho, son escenas que dejan mucho qué pensar. Mira, Antonio. Tu vida es tu vida. No trates de modelarla a mi gusto o parecer. Sí, me duele mucho que seas como eres, pero yo no te puedo cambiar. Eso depende de ti.
Antonio: Solo quiero que al menos retomemos nuestra amistad y nos demos una oportunidad. No te pido nada más. Te aseguro que quiero alejarme de este estilo de vida.
Lisandro: Pues si realmente eso quieres, el cambio depende de ti, de que cambies tu forma de ser, de pensar y de vivir, pero que sea un cambio permanente, no algo momentáneo solo para demostrar. Piénsalo todo muy bien y en cuanto a mí, nunca más vuelvas a insinuarme que me quieres porque a la próxima… (Hace una pausa) Me alejo de ti para siempre.
Lisandro lo mira fulminante y con desprecio para luego seguir bajando las escaleras e irse. Antonio se queda triste y abrumado por aquella nueva discusión que ha tenido con Lisandro, por lo que se recuesta en la pared y se toma frustrado del cabello al tiempo que suspira. Minutos después, Antonio entra de nuevo al departamento de Natasha. Ésta ya se ha vestido nuevamente y está sentada sobre el sofá.


Natasha: ¿Qué pasó, Antonio? ¿Se fue Lisandro?
Antonio: (tumbándose en el sofá) Sí, pensaba explicarle y pedirle disculpas por lo que vio, pero no me quiso escuchar y se fue.
Natasha: Qué vergüenza. La verdad es que no me esperaba que llegara tan pronto de su cita con el crítico de repostería.
De repente, una llamada entra al celular de Natasha. La joven modelo mira en la pantalla disimuladamente de quién se trata y se pone de pie.
Natasha: Disculpa, es una amiga. Voy a contestar y ya vuelvo contigo.
Antonio: Está bien. Ve tranquila.
Natasha se retira a un lugar apartado del departamento y contesta el celular.
Natasha: Ya me imagino para qué me llama, doña Victoria.
INT. / HOTEL, HABITACIÓN / NOCHE
Efectivamente, la persona al otro lado de la línea es Victoria, quien se encuentra bebiendo un whisky en una copa mientras habla por celular. Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

Victoria: Muy bien. Entonces si lo sabes empieza por decirme cómo te fue con lo que planeamos. ¿Lisandro los vio?
Natasha: Sí, nos encontró en plena acción a punto de tener intimidad y ya se imaginará la cara que puso. Hasta salió corriendo del departamento a punto de llorar.
Victoria: (sonriendo satisfecha) ¡Perfecto! Eso era justo lo que quería. Lisandro debe estar odiando al repostero ese con todo su corazón.
Natasha: ¿Hasta cuándo va a seguir con este juego, doña Victoria? Lisandro ya está sufriendo mucho. Hasta a mí me da lástima. ¿Con qué va a seguir sus planes?
Victoria: Mañana necesito que te pases por una cafetería para que hablemos. Te daré instrucciones para que prosigamos con la siguiente parte del plan que es vengarme de ese imbécil de Antonio.
Natasha: Sepa desde ya que no pienso participar de nada ilegal.
Victoria: (sonriendo) Tú tranquila, muchacha. Voy a vengarme. No lo vamos a matar, aunque se lo merece por haberse atrevido a humillarme delante de todo el mundo e incluso lanzarme al piso. ¡Nadie humilla de esa manera a Victoria Maldonado!
Natasha: Está bien. Envíeme por un mensaje de texto la dirección para ir mañana.
Victoria: Lo haré en un rato. Hasta entonces.
Victoria cuelga el celular. Tal parece que está acompañada de alguien más en la habitación.
Victoria: Buenas noticias. Lisandro encontró casi que teniendo un momento de pasión a esos dos y ahorita debe andar muy triste.
La cámara enfoca de abajo hacia arriba el rostro del acompañante de Victoria. Es nada más y nada menos que Marcus, quien también bebe whiskey en una copa.

Marcus: Me alegra escuchar eso, señora. Lisandro en serio me interesa. Cada día siento que me gusta más y no voy a desistir de él.
Victoria: Te guste o no mi nieto, no es algo que me importe. Créeme que no me hace mucha gracia verlo involucrándose con otro hombre. Los homosexuales me asquean, pero contigo haré una excepción. Eres de buena familia y tienes el suficiente capital para salvarme de la bancarrota.
Marcus: Pues eso es justo lo que voy a hacer. Voy a salvarla de la bancarrota, pero en cuanto lo haga, me voy a llevar a Lisandro bien lejos de usted y de Antonio. Ese fue el trato que hicimos después de que usted me contactó.
Victoria: Y pienso cumplir con ese trato. No te preocupes, muchacho. Lo que haga Lisandro con su vida no me importa, siempre y cuando me dé el beneficio que necesito.
Victoria toma un sorbo de su copa de whisky y sonríe con malicia. Marcus recibe una llamada a su celular y se apresura a contestar.
Marcus: ¿Lisandro? (Hace una pausa) ¿Qué pasa? ¿Qué tienes? Te oyes mal (Hace otra pausa). Dale, está bien, ya mismo voy para allá.
Marcus cuelga el celular. Victoria lo mira con suspicacia.
Victoria: ¿Vas a encontrarte con él?
Marcus: Me dijo que no se siente bien y me preguntó si podíamos vernos, así que voy a verlo.
Victoria: (cínica) Pobrecillo. Debe estar en un mar de lágrimas después de encontrar a su enamorado haciéndole el amor a una mujer, ja, ja, ja.
Marcus: (muy serio) Sepa que solo estoy haciendo esto por Lisandro porque ese tal Antonio no lo merece. Por eso acordamos que mientras yo lo citaba a tomar un café, usted le daba instrucciones a su otra cómplice.
Victoria: No vengas con discursos moralistas a estas alturas. Por ahí dicen que el amor y la guerra todo se vale. Tenlo en cuenta.
Marcus mira serio a Victoria y sale de la habitación. La anciana se queda sonriendo con malicia.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, SALA / DÍA
Natasha vuelve a la sala en donde ve a Antonio sentado en el sofá y bastante pensativo.


Natasha: (sentándose a su lado) Ay, Antonio, me siento tan mal al verte así. Siento que la culpa de lo que pasó fue toda mía. No debí incitarte a que tuviéramos, tú sabes…
Antonio: Tranquila. La culpa también es mía que me paso a veces de promiscuo y solo pienso en sexo. Mira ahora las consecuencias. Lisandro debe estar pensando lo peor de mí.
Natasha: ¿Te gusta Lisandro?
Antonio: (dudoso) Sí, pero ¿sabes? Es algo totalmente diferente para mí. Yo nunca he mirado a otros hombres. Nunca me he inclinado por esas cosas del mundo gay, pero con Lisandro todo ha sido muy distinto.
Natasha: Bueno, mi padre me decía algo bien bonito y que recuerdo con mucho cariño… Me decía que el amor llega con la persona y en el momento que menos esperamos, y que no distingue edad, raza o estrato social, o en tu caso, sexo.
Antonio: ¿Tú crees que me esté enamorando sinceramente de Lisandro?
Natasha: Pues no lo sé. Esa es una pregunta que tú debes resolver por ti mismo.
Antonio: Pero no sé cómo. De lo único que estoy seguro es que estoy harto de este estilo de vida que llevo. Quiero cambiar, Natasha. Ya no quiero llevar una vida en la que importen más mis pasiones, en la que quiera satisfacer más mis deseos e impulsos. Ya no quiero decepcionar a las personas que me importan con mis idioteces.
Natasha: (sonriéndole) Me alegra mucho que tengas esa disposición por cambiar, aunque me imagino que, para ese cambio, debemos dejar este tipo de relación que tenemos, ¿no?
Antonio: Sí. Tú y yo no podríamos ser pareja en circunstancias como estas ni mucho menos amigos con beneficios como veníamos siendo. Es mejor quedarme soltero por el momento y no involucrarme ni contigo ni con ninguna otra mujer. Espero no te moleste si solo somos amigos.
Natasha: ¡Ay, Antonio! ¡Claro que no! ¿Cómo crees que podría molestarme? Por eso me alegra mucho que tomes esta decisión tan importante en tu vida. Por mi parte tienes todo mi apoyo.
Antonio: (sonriéndole levemente) Gracias por tu comprensión, Natasha. Me prometo a mí mismo voy a cambiar y que entre nosotros cuatro, Lisandro, Valentín, tú y yo, vamos a trabajar duro para hacer de Antique Amor la mejor pastelería.
Natasha le sonríe al hombre con sinceridad, pues en el fondo le alegra la decisión que toma, aunque no puede evitar sentirse abrumada al ser cómplice de Victoria.
EXT. / PARQUE INFANTIL / NOCHE
Entretanto, Lisandro se encuentra en un parque para niños acompañado de Marcus. Los dos están sentados en unos columpios, pero no se balancean. Lisandro ya le ha contado su historia con Antonio a Marcus.


Marcus: (un poco triste) Entonces te gusta Antonio. Con razón lo intuí desde aquella noche en la fiesta de disfraces y tú me lo negaste.
Lisandro: Entiéndelo, Marcus. Yo apenas te estaba conociendo y eras un desconocido para mí. No podía decirte de primer plano que estaba y que estoy enamorado de mi jefe en la pastelería que es un completo estúpido. ¡Me hace enojar tanto!
Marcus: Tú no eres el estúpido. El único estúpido es él que te trata de esa manera. ¿Cómo puede hacerte eso a ti que eres tan especial y que no lo mereces?
Lisandro: Pues a lo mejor sí me lo merezco porque justo me vine a fijar en un hombre como él que nunca piensa antes de actuar y me ofende a cada rato. Te juro que, si tan solo pudiera controlar mis sentimientos, dejaría de querer a Antonio, pero no puedo.
Marcus: Lisandro, la única manera en que puedes sacártelo de tu mente es dejar de verlo.
Lisandro: (sorprendido) ¿Dejar de verlo? ¿Quieres decir que me olvide de él para siempre?
Marcus: Exacto, sólo así vas a dejar de sufrir y de perturbarte por él. Deberías renunciar a esa pastelería, reconciliarte con tu abuela y volver a los Estados Unidos.
Lisandro: No puedo hacer eso, Marcus. Mi lugar está en este país, aquí nací, además hacer eso sería como darle gusto a mi abuela y demostrarle que no puedo vivir sin su apoyo económico, así que no.
Marcus: Bueno, pues si eso quieres, no le veo el problema a que renuncies de todos modos. Yo puedo conseguirte un trabajo.
Lisandro: (desanimado) ¿Qué clase de trabajo?
Marcus: Hace poco compré un departamento para quedarme. Es un poco grande, así que tú podrías ir y realizar la limpieza, solo mientras puedo pensar en buscarte algo mejor que esté a tu altura. ¿Qué dices?
Lisandro: Te lo agradezco, Marcus, pero no ahora. Es cierto que me gustan las labores de la casa, limpiar, cocinar, pero no quiero renunciar a la pastelería. Desde que comencé a trabajar allá, Antique Amor se ha convertido en algo más que mi lugar de trabajo. Entiéndelo.
Marcus: ¿Y Antonio? Perdóname, pero eso es masoquismo. Trabajar allá y verlo diario sólo te va a hacer sufrir más y ese tipejo no va a dejar de ser coqueto con cuanta mujer se le cruce enfrente. ¿Eso es lo que quieres para tu vida?
Lisandro: Pero hay algo que no te he contado, Marcus. Desde hace varios días, Antonio me ha dicho que siente algo por mí. Cuando fuimos amigos hace tres años, era homofóbico a morir o eso parecía, pero desde que comencé a trabajar para él, dejó de ser tan hostil conmigo y ahora la relación entre los dos es diferente. En el fondo aún veo que queda un poco del chavo que solía ser cuándo amigos.
Marcus: Por favor, Lisandro. ¿De verdad piensas que ese tipo va a sentir algún tipo de atracción por ti? Y en caso de que sí, solo te tomaría para quitarse las ganas y experimentar. Muchos como él hay por ahí. No creas en eso que te dice.
Lisandro: (suspirando) La verdad no sé ni qué pensar sobre él, pero mejor cambiemos de tema. Yo pienso quedarme un par de horas más aquí sentado. No quiero llegar al departamento de Natasha y verle la cara a alguno de los dos después de lo que vi. Si debes irte, está bien.
Marcus: No, Lisandro. Me voy a quedar contigo hasta las horas de la madrugada si es preciso. Escúchame bien. Jamás te dejaré solo mientras las circunstancias me lo permitan, ¿bueno?
Marcus le acaricia el rostro con suavidad a Lisandro. Éste no puede evitar sentirse emocionado por sus palabras y por los gestos de él.
INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día particularmente veraniego en Ciudad de México. Lisandro va de salida para la pastelería cuando es detenido por Natasha.


Natasha: ¡Lisandro, espera!
Lisandro: (muy serio) ¿Qué quieres, Natasha?
Natasha: Sé que estás enojado conmigo por lo que pasó anoche y te entiendo perfectamente, así que quería que habláramos antes de que te fueras para Antique Amor.
Lisandro: Es mejor no tocar el tema. Es demasiado incómodo.
Natasha: Lo sé, pero créeme que estoy muy avergonzada contigo y nunca en mi vida me habían cachado en una situación tan bochornosa como esa. Debí haber pensado en ti, en que ahora vives conmigo antes de pretender haber tenido intimidad con Antonio como si viviera sola.
Lisandro: Mira, Natasha. Tú haz lo que quieras. Este es tu departamento. Yo sólo estoy quedándome temporalmente mientras logro encontrar otro lugar a donde mudarme luego. Es tu vida, tu intimidad y no me tienes que dar explicaciones.
Natasha: Pero es necesario que te las dé porque Antonio también está muy avergonzado contigo y quiero que sepas que él reflexionó sobre lo que pasó y está dispuesto a cambiar. Quiere ser otro hombre.
Lisandro: (un poco emocionado) ¿De verdad?
Natasha: Sí, créeme. Hasta me pidió que fuéramos solo amigos. Él te quiere y le dolió haberte herido. Quiere cambiar y no te estoy diciendo esto porque él me lo haya pedido, sino por mi propia cuenta, para que no pienses mal de él que no lo merece.
Lisandro: Bueno, espero que lo consiga y cambie de verdad. Me alegra que haya tomado esa decisión. Bueno, ¿nos vamos antes de que sea tarde?
Natasha: Es que debo pasarme a hacer una diligencia antes de ir a la pastelería. Más tarde llego y si Antonio te pregunta, discúlpame con él, por favor.
Lisandro: (poco convencido) Hum, está bien. Te espero entonces por allá. Espero te vaya bien en tu diligencia.
Natasha: Gracias, Lisandro. Nos vemos.
Lisandro se va del departamento. Natasha se queda pensativa.
INT. / CAFETERÍA / DÍA
Más tarde, se ve Victoria sentada en una cafetería mientras se toma un té. Natasha llega en ese momento y se sienta frente a ella en la misma mesa.


Natasha: Muy bien, doña Victoria, aquí me tiene. Dígame pronto qué necesita. No me puedo quedar mucho tiempo.
Victoria: Desde luego. Voy a ser breve.
Victoria saca de su sofisticado bolso la pequeña botella transparente con un líquido extraño que un hombre le dio una vez y la pone sobre la mesa.
Natasha: (extrañada) ¿Qué es eso?
Victoria: Digamos que es un veneno, pero no es letal. Tomar una sola gota de ese líquido, causa en una persona severo dolor de cabeza, indigestión y hasta diarrea. Necesito que, con mucha cautela, lo agregues como un ingrediente más a la masa de los pasteles que cocina Antonio.
Natasha: (desconcertada) Pero no entiendo. ¿Qué gana usted con eso?
Victoria: Ay, Natasha, eres tan ingenua, tan estúpida. Cuando los clientes compren esos pasteles y se los coman, se van a enfermar y no se van a quedar con los brazos cruzados. Inmediatamente van a demandar a Antonio y van a clausurar esa pastelería.
Natasha: (asustada) Pero eso es muy peligroso. ¿Qué hay si algún cliente se muere?
Victoria: Pues sería mucho mejor si eso pasara porque así sería peor para Antonio. ¡Lo quiero tras las rejas! Dadas las cosas, lo aparto de Lisandro para siempre y me salgo con la mía. ¿Qué te parece? (Sonríe con gran cinismo).
Natasha: Me parece horrendo, doña Victoria. Yo no quiero ser cómplice de un crimen. Me da mucho miedo que alguien resulte muerto siendo yo la culpable. No voy a hacer semejante cosa.
Victoria: ¿Disculpa? ¿Te estoy escuchando bien?
Natasha: ¡Sí! Tendrá que contratar a alguien más para que lleve a cabo sus planes porque conmigo no cuente.
Victoria: Qué tonta eres. Renunciar a este punto no te conviene. ¿Qué harás sin dinero para pagar el asilo de tu padre que está postrado en una silla de ruedas sin poder moverse?
Natasha: Cualquier cosa, menos trabajar para usted e involucrarme en algo tan turbio. Mi padre me enseñó valores; valores de los que me olvidé desde el momento en que acepté ser su cómplice.
Victoria: Está bien. No pienso rogarte para que reconsideres tu decisión, pero sí te voy a advertir algo, Natasha (Mirándola fulminante). No se te ocurra abrir la boca para decirle a Lisandro o a Antonio algo sobre esto porque me puedo encargar de hundirte si se me da la gana y hacerte ver como la culpable de la intoxicación.
Natasha: ¡Haga lo que quiera! ¡Yo no le tengo miedo, señora!
Natasha se levanta muy indignada de la mesa, pero un leve mareo la invade. Victoria se extraña ante ello y se sorprende cuando la joven modelo cae desmayada en el piso. Los clientes de la cafetería también se sorprenden.
INT. / ANTIQUE AMOR, COCINA / DÍA

Antonio se encuentra cocinando la masa de un pastel cuando, de repente, Natasha entra tímidamente a la cocina.


Natasha: Antonio…
Antonio: (muy serio) Por fin llegas. Lisandro me dijo brevemente esta mañana que debías hacer una diligencia, pero mira la hora. Es casi medio día.
Natasha: Estaba en el hospital.
Antonio: (extrañado) ¿Por qué? ¿Estás enferma?
Natasha guarda silencio. Cabe decir que tiene unos documentos en las manos y luce preocupada. Antonio deja de cocinar la masa y se para frente a ella.
Natasha: (en un hilo de voz) Antonio...
Antonio: ¿Qué pasa, Natasha? ¿Por qué traes esa cara?
Natasha: Tienes que ver esto ya mismo.
Natasha le entrega los documentos. Antonio los recibe, comienza a leer y a medida que lo hace desencaja el rostro.
Natasha: (solloza) Estoy embarazada.
Justo en el instante en que Natasha dice eso, Lisandro irrumpe en la cocina y se sorprende al escucharla.

Lisandro: ¿Qué dices, Natasha? ¿Embarazada?
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario