Capítulo 17: Propuesta inesperada
Lisandro acaba de llegar al hospital encontrándose justo en el pasillo con Antonio quien va acompañado de Marina. Los dos se sorprenden al verse. Parece como si hace tiempo no lo hubieran hecho y un silencio incómodo de varios segundos se forma entre ellos. Lisandro incluso siente que los latidos de su corazón se aceleran.



Antonio: Lisandro...
Lisandro: (serio) Ho… Hola, Antonio.
Marina: Qué bueno que llegaste justo a tiempo, Lisandro. Antonio y yo precisamente íbamos para los cuneros para que él viera al bebé.
Lisandro: ¿Cómo están él y Natasha? ¿Todo salió bien?
Marina: Sí, menos mal. Antonio, disculpa por no habértelo dicho. También había llamado a Lisandro para que viniera. Natasha me pidió que también le avisara antes de salir para el hospital cuando a ella le empezaron las contracciones.
Antonio: (desconcertado) ¿Natasha te pidió eso?
Lisandro: (interviniendo) Sí, Antonio. Ella y yo hemos estado en contacto durante todos estos meses de embarazo, pero ella ya te explicará luego.
Antonio se sorprende y no sabe qué decir frente a eso.
Marina: Bueno, no perdamos más tiempo. Vamos a ver al niño.
Los tres se dirigen a los cuneros. Una vez allí, se quedan de pie observando a la gran cantidad de bebés que han nacido a través del vidrio transparente.
Antonio: ¿Cuál es?
Marina: Míralo, el de allí.
Marina señala hacia un bebé en específico. Antonio dirige la mirada hacia allí y sonríe emocionado al ver a su pequeño hijo durmiendo en una cuna especial para los recién nacidos.
Antonio: (sin dejar de sonreír) No puedo creer que en serio sea mi hijo… Tengo un hijo, Marina… Un hijo. ¿Te das cuenta?
Antonio no puede evitar ponerse incluso sollozo de la emoción. Lisandro se enternece al verlo tan emocionado, pero guarda silencio.
Marina: Sí, Antonio. Te dije que está precioso. Parece un angelito. Hasta ya me antojé de tener uno con Valentín cuando nos casemos, je, je, je.
Lisandro se acerca a una distancia prudente a Antonio y le esboza una sonrisa.
Lisandro: Me alegra mucho por ti, Antonio. Te felicito.
Antonio: (sonriéndole) Gracias, Lisandro y gracias también por venir.
Lisandro: No hay de qué. Después de todo era mi responsabilidad ya que voy a ser el padrino del niño cuando lo bauticen.
Antonio: ¿Cómo que el padrino?
Marina: Sí, Antonio. Natasha nos propuso a Lisandro y a mí que fuéramos los padrinos del bebé.
Antonio: (sorprendido) ¿En serio? ¿Y por qué no me dijo nada? Debió haberlo hablado conmigo.
Marina: ¿Te molesta?
Antonio: Claro que no. Todo lo contrario. Me alegra mucho y me parece muy bien, pero sí debimos haberlo hablado ella y yo.
Lisandro: Yo le pedí que no te dijera nada. No es su culpa. Quería que no lo supieras hasta después de que naciera el bebito.
Marina: ¿Qué tal si vamos a verla ella ahora que ya vimos al bebé? Es necesario que estés con ella. Después de todo eres el padre, Antonio y ella te debe necesitar.
Antonio: Sí, tienes razón. Vamos.
Los tres se retiran de allí. Antonio, por su parte, no deja de mirar hacia atrás a su hijo, pues le ha alegrado en gran manera su nacimiento.
INT. / CASA DE VICTORIA, SALA / DÍA
Victoria habla por celular con Marcus, quien va conduciendo su auto y habla por celular utilizando los auriculares. Las escenas de los dos se intercalan al hablar.


Victoria: Han sido ya poco más de nueve meses y tú no has podido proponerle a Lisandro que inicien una relación. ¿Qué demonios estás esperando para dar el siguiente paso?
Marcus: Las cosas a su tiempo. He querido darle su espacio para no presionarlo, pero estoy pensando en proponérselo muy pronto y ofrecerle que nos vayamos a vivir juntos a Miami para presentárselo a mi familia.
Victoria: Más te vale. Quiero mis acciones y mi empresa devuelta en cuanto antes. Recuerda muy bien que tu condición fue pasarla a mis manos otra vez cuando mi nieto te diera el “sí”.
Marcus: Tranquila. Yo le di mi palabra y la voy a cumplir, además no tiene de qué quejarse. Compré una casa para usted con todas las comodidades, nada le falta y hasta una muchacha del servicio le pago cada mes. ¿Qué más quiere?
Victoria: Sí, es verdad. No me puedo quejar. Creo que fuiste el mejor partido que pude encontrar para mi nieto, mucho mejor que habiéndolo casado a la fuerza con una muchacha millonaria como pensaba.
Marcus: Entonces sí lo sabe, cierre el pico y no proteste tanto, señora. Muy pronto vamos a ser familia, cosa que le beneficia mucho a usted y hablamos luego. Tengo que atender un asunto importante en la filial de la editorial que manejan mis padres.
Marcus cuelga la llamada. Victoria, en su casa, lanza su celular sobre uno de los sofás y se queda pensativa.
Victoria: Tengo que buscar la manera de que toda la riqueza de este imbécil pase a mis manos o a las de Lisandro. Tengo que arrebatarle lo que le pertenece como sea.
INT. / HOSPITAL, SALA DE MATERNIDAD / DÍA
Natasha se encuentra recostada sobre una cama cómoda, aunque se ve algo exhausta luego del parto. Antonio y Marina están a su lado mientras que Lisandro está algo alejado.




Marina: (contenta) Felicidades por el bebito, Naty. Estoy segura que los dos van a ser unos excelentes padres.
Natasha: Gracias. Me voy a esforzar para que así sea. Lisandro, me alegra que vinieras. Gracias por estar aquí acompañándonos.
Lisandro: (sonriéndole) De nada, Natasha. Después de todo, Dieguito va a ser mi ahijado y era lo mínimo que podía hacer.
Natasha: (incómoda) Antonio, sobre eso…
Antonio: Tranquila, ya Lisandro me dijo que él fue quien te pidió no decirme nada, pero sí espero que a la próxima me tengas en cuenta para tomar decisiones así. Es mi hijo y quiero estar al tanto de todo.
Marina: ¿Para cuándo tienen pensado el bautizo? Digo, para saber qué ponerme ese día e ir mirando el regalo para mi futuro ahijado.
Natasha: Pues no sé. ¿Qué tal dentro de poco más de un mes? ¿Tú qué dices, Antonio?
Antonio: Sí, me parece bien. Yo mismo me podría encargar de cocinar el pastel para ese día.
De repente, una llamada entra al celular de Lisandro.
Lisandro: Disculpen un momento. Voy a atender mi teléfono.
Lisandro se aparta un poco para contestar. Mientras Natasha y Marina platican, Antonio trata de escuchar lo que habla Lisandro.
Lisandro: Hola, Marcus.
Marcus, al otro lado de la línea, sigue conduciendo su auto.

Marcus: Hola, Lisandro. Vi esta mañana que saliste temprano y se me hizo un poco extraño porque casi nunca sales del departamento a no ser que sea importante. ¿Pasa algo?
Lisandro: Te cuento luego, pero no te preocupes. No es nada grave, pero sí era algo importante.
Marcus: Si quieres paso a recogerte al lugar en el que estás. Voy en mi coche y nada me costaría pasar por ti.
Lisandro: Eh, no, no te molestes. Puedo tomar el autobús o un taxi. Igual ya iba para allá.
Marcus: Está bien. Llámame si necesitas algo.
Lisandro: Gracias, Marcus.
Lisandro cuelga el celular y se acerca a todos.
Natasha: ¿Te vas ya?
Lisandro: Sí, me escapé por un ratito de mi trabajo y ya debo volver. Marcus es muy permisivo conmigo, pero no quiero pasarme de aprovechado. Vine para saber qué todo había salido bien con el bebé y contigo, y me alegra ver que así fue.
Natasha: Está bien y gracias de nuevo por venir. Te estaré llamando luego para que nos visites y vayamos organizando los preparativos para el bautizo.
Lisandro: Claro que sí, así será. Bueno, me voy. Cuídense mucho todos.
Marina: Tú igual, Lisandro. Estamos en contacto.
Lisandro sale de la habitación luego de sonreírle a todos.
Antonio: Disculpen, chicas. Voy un momento al baño y ya regreso. De paso, te voy a traer algo de la cafetería para que repongas fuerzas, Natasha.
Natasha: Pero que sea algo liviano, porfa. Tampoco es que tenga mucho apetito y gracias.
Antonio se apresura a salir también de la habitación. Natasha lo mira con suspicacia, pues sabe que en realidad lo que dijo fue una excusa para retirarse y efectivamente así es. El hombre logra alcanzar a Lisandro justo cuando éste va saliendo del hospital.


Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espérate!
Lisandro se da la vuelta y al verlo se pone incómodo.
Lisandro: ¿Qué haces aquí afuera, Antonio? Deberías volver a la habitación para acompañar a Natasha.
Antonio: Ella está bien y ya está acompañada por Marina. Yo tenía que salir porque necesito hablar contigo.
Lisandro: Pues no entiendo de qué podemos hablar tú y yo.
Antonio: Han sido ya casi nueve meses desde que te desapareciste por completo y quiero sólo saber cómo estás, saber qué ha sido de tu vida, no sé… Hay mucho de lo que podríamos platicar.
Lisandro: No creo que sea conveniente y yo debo volver a mi trabajo antes de que se me haga tarde.
Antonio: (serio) Entiendo. Temes que tu novio se ponga celoso.
Lisandro: Marcus no es mi novio. Él y yo solo somos muy buenos amigos, además es mi patrón. Todos estos meses he vivido en su departamento, trabajando como el chico del aseo, haciendo la limpieza, cocinando y ayudándole con las labores del hogar.
Antonio: Me imagino te paga buena lana, ¿no?
Lisandro: Sí, mucho más de lo que debería y ya hasta tengo algunos ahorros. Ha sido muy bueno conmigo y es por eso que trato de darle lo mejor de mí. Me imagino que tú, por tu parte, vas a formalizar tu relación con Natasha ahora que Dieguito nació.
Antonio: Natasha y yo nunca hemos tenido nada. Tú deberías saberlo si estuviste en contacto con ella durante todo este tiempo.
Lisandro: Llamaba y le escribía para preguntarle por el embarazo, no para averiguar y chismear sobre la vida de ustedes.
Antonio: Pues como te dije no somos nada. Yo no la amo y no podría estar con alguien por quien no siento nada. Yo sé que ella tampoco y me la he dejado en claro varias veces, y está bien así. Lo único importante ahora para los dos es Dieguito.
Lisandro: (sonriendo) Bonito nombre, por cierto. Bueno, ahora sí me voy. Luego nos vemos para cuando comencemos con los preparativos del bautizo.
Antonio: Lisandro, espera, sobre eso… Estaba pensando en hacerte una propuesta que se me ocurrió de momento y de veras me gustaría reteharto que aceptaras.
Lisandro: (extrañado) ¿Qué propuesta?
Antonio: Es sobre el bautizo precisamente. Estaba pensando que ese día, después de salir a la iglesia, hiciéramos la celebración en mi pastelería y se me ocurría organizar un evento especial con promociones para los clientes, pasteles en descuento, premios, no sé…
Lisandro: Me parece muy padre, pero no entiendo qué tengo que ver yo ahí.
Antonio: Mucho. Tú vas a ser el padrino de Dieguito y ya que sabes tanto sobre diseño y esas cosas, te podrías encargar de la decoración de la pastelería como cuando la fiesta de disfraces. ¿Te acuerdas?
Lisandro: (poco convencido) Bueno, pues la verdad no sé qué decir…
Antonio: Por el dinero no te preocupes. Pienso pagarte muy bien y en serio me gustaría que me ayudaras con eso. ¿Qué dices?
Lisandro se queda pensando durante algunos segundos y asiente con la cabeza.
Lisandro: Está bien, voy a aceptar, pero solo porque hace parte de mis responsabilidades como padrino. Tú no tienes que pagarme, ¿va?
Antonio: Está bien, Lisandro. Gracias.
Los dos se sonríen y se miran fijamente como si quisieran decirse muchísimas más cosas, pero al final, Lisandro solo detiene un taxi y se sube en los asientos de atrás.
EXT. / PARQUE / NOCHE
Ha caído la noche en la ciudad. Marina y Valentín caminan por las calles de un concurrido parque tomados de la mano.


Valentín: ¿Te gustó la cena? Yo sé que no era el restaurante más fino ni el más elegante, pero hice lo mejor que pude para que te sintieras cómoda.
Marina: Claro que me gustó y ya no pienses en eso. Para mí lo importante es estar a tu lado, sea en el lugar que sea.
De repente, un fotógrafo se les acerca.
Fotógrafo: ¿Desean una foto?
Valentín: ¿Te gustaría una foto, amor?
Marina: (sonriendo) Sí, Valentín. Me gustaría muchísimo. Casi no tenemos fotos juntos. Bien pueda, señor.
Marina recuesta su cabeza sobre el hombro de Valentín. El fotógrafo de mediana edad se pone en posición para tomar la fotografía y ambos le sonríen notablemente contentos a la cámara. Luego de unos segundos, la cámara saca la fotografía de forma instantánea y se las entrega.
Marina: (emocionada) ¡Ay, me encanta! ¡Quedó preciosa!
Valentín: Sí, ¿verdad? Está padre. Tome, señor.
Valentín le paga al fotógrafo y éste se va.
Marina: ¿Sabes qué voy a hacer? Voy a ponerla en un marco sobre mi mesita de noche para que cada mañana que me despierte lo primero que vea seas tú. Te amo, Valentín.
Valentín: (sonriendo) Yo también te amo.
Los dos se besan muy enamorados durante algunos segundos y luego se apartan.
Valentín: Creo que ya es hora, ¿no?
Marina: (extrañada) ¿Hora de qué?
Valentín saca del bolsillo de su jean una pequeña caja negra y la abre frente a Marina dejando ver un bonito anillo de compromiso no muy costoso. Marina abre la boca bastante impresionada.
Valentín: Marina, lo pensé bien y todos estos meses de noviazgo me he dado cuenta que eres una mujer maravillosa. Te quiero demasiado y nada me gustaría más que sellar este amor que sentimos los dos.
Marina: (muy emocionada) ¡Ay, Valentín!
Valentín: (sin dejar de sonreír) ¿Te gustaría casarte conmigo?
Marina se muerde las uñas de las manos notablemente emocionada.
Marina: ¡Claro que sí, mi amor! ¡Acepto! ¡Acepto una y mil veces! ¡Te amo!
Marina se pone solloza de la emoción que siente y se lanza a besar a su ahora prometido. Éste también le corresponde y ambos se quedan así durante varios segundos.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Lisandro llega al departamento y justo cuando abre la puerta encuentra las luces apagadas. Todo es iluminado por velas colocadas alrededor del lugar y se extraña al ver incluso pétalos de rosas regados por el piso.


Lisandro: ¿Marcus? ¿Estás en casa?
El chico se adentra en el departamento y se sorprende al ver sobre el comedor una cena muy bien servida. Marcus está allí de pie encendiendo una de las velas del candelabro.
Marcus: Qué bueno que llegas, Lisandro. Te estaba esperando.
Lisandro: ¿Por qué? ¿Qué significa todo esto?
Marcus: ¿No te lo imaginas? (Acercándose a él).
Lisandro: (riendo nervioso) Pues no. La verdad no entiendo nada. ¿Vamos a celebrar algo?
Marcus: Digamos que sí, en parte. Organicé esta cena porque quiero pedirte esta noche que seas mi novio, Lisandro.
Lisandro se impresiona al escuchar aquello.
Marcus: Han sido ya muchos meses conociéndote y ya no puedo seguir así. Te amo y nada en el mundo me gustaría más que fueras mi pareja. ¿Qué me dices?
Lisandro enmudece frente a esa pregunta y no sabe qué responderle a Marcus.
INT. / HOSPITAL, SALA DE MATERNIDAD / NOCHE
Natasha se encuentra arrullando a su pequeño hijo en brazos y sonríe notablemente contenta al verlo. Antonio está a su lado viendo también con ternura al bebé.


Natasha: De veras se parece tanto a ti. Van a ser la viva imagen cuando crezca. ¿Te imaginas cuando empiece a caminar, cuando diga sus primeras palabras y cuando llegue la hora de llevarlo al kínder?
Antonio: Sí, el tiempo se va volando. Por eso tenemos que aprovechar al máximo cada momento con nuestro hijito.
Natasha: (esbozando su sonrisa) Me preocupa tal vez cuando pregunte por qué vivimos separados y vea que otros niños tienen a sus papás juntos.
Antonio: Bueno, pues no sé. Todavía es muy pronto para pensar en eso, ¿no crees?
Natasha: Antonio, yo sé que tú en el fondo todavía piensas en Lisandro y haberlo visto hoy te removió muchas cosas por dentro.
Antonio: Lisandro ya hizo su vida aparte, Natasha. Cuando salí y dije que iba al baño, en realidad fui tras él para que habláramos y me aseguró que no tiene nada con ese tal Marcus, pero yo sé que sí. No soy estúpido. Han vivido juntos por casi nueve meses.
Natasha: Él nunca me dijo nada con respecto a eso. Tan solo hablábamos de vez en cuando, cada mes, para preguntarme por el embarazo, pero nunca nos preguntamos por nuestras vidas. Lo que quería decir es que tal vez no debas desistir de él.
Antonio: ¿Me estás hablando en serio?
Natasha: Claro. Estoy segura de que te dijo la verdad y que no tiene ninguna relación con ese hombre, y me late que es porque todavía te quiere. ¿Por qué no lo intentas y lo buscas?
Antonio: (dudoso) No sé, Natasha. Es mejor no apresurar las cosas y ver qué pasa. Por ahora le propuse que se encargara de la decoración de la pastelería para que celebremos allá el bautizo de Dieguito y aceptó.
Natasha: Entonces aprovecha que lo vas a ver más seguido y haz algo. Habla con él, pero no se queden así. Más tarde se pueden arrepentir cuando ya sea demasiado tarde.
Antonio se queda pensativo considerando lo que Natasha le dice.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS, COMEDOR / NOCHE
Marcus le ha propuesto a Lisandro ser su pareja, cosa que ha dejado sumamente sorprendido al chico y sin saber qué responderle.


Marcus: ¿Qué me dices, Lisandro? ¿Quieres ser mi novio?
Lisandro: Ay, Marcus, yo…
Marcus: Dime algo. ¿Te gusto? Todos estos meses que me has conocido y que hemos vivido juntos como simplemente amigos, ¿no me has visto de otra manera?
Lisandro: Marcus, tú eres muy guapo y sí, me gustas…
Marcus sonríe entusiasmado al escuchar eso.
Lisandro: Pero no me siento preparado ahora para iniciar una relación contigo.
Marcus: (esbozando su sonrisa) Pero Lisandro…
Lisandro: Mira, es verdad que estos meses que me has dejado quedarme en tu depa he podido conocerte muy bien a pesar de que te la pasas ocupado con tu trabajo, hemos comido juntos, hemos salido por ahí porque tú siempre has sido muy lindo invitándome al cine, a restaurantes… Te juro que me la ha pasado muy padre contigo, pero…
Marcus: (lo interrumpe) Sí, entiendo. Todavía no has podido superarlo a él, ¿no?
Lisandro: Antonio es pasado.
Marcus: Pero todavía sientes algo por él. No soy tonto, Lisandro.
Lisandro: Marcus, lo siento. Yo no quiero que te sientas mal. Trata de entenderme y créeme que, si estuviera en mis manos, hace mucho me hubiera enamorado de ti, pero no puedo.
Marcus: Han sido nueve meses los que llevamos de conocernos. Me parece injusto que me haya esforzado tanto para recibir una respuesta así de tu parte. He hecho de todo para hacerte sentir bien y mis intenciones contigo van en serio.
Lisandro: (agobiado) Marcus…
Marcus: Mejor no digas nada. Yo tampoco pienso presionarte ni recriminarte nada, pero sí me duele demasiado esto y me siento como un estúpido porque ya estaba pensando en presentarte con mi familia y hasta pensé en pagar tus estudios para que los terminaras, pero mira…
Lisandro se queda en silencio y baja la cabeza sintiéndose mal por Marcus.
Marcus: Me voy a dormir de una vez. Recógelo todo y tíralo a la basura. ¿Qué más da? Ten una buena noche.
Marcus se va muy serio y cortante para su habitación. Lisandro suelta un suspiro sin dejar de sentirse agobiado por él.
INT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE

Es un nuevo día en la capital. La pastelería todavía no abre y Antonio platica con Valentín. Éste último usa su uniforme de mesero.


Antonio: (riendo) Oye, qué bueno que te animaste a pedirle matrimonio a Marina. Por fin se le hizo el milagro y no se va a quedar solterona como pensábamos. Pobre, ya la estaba dejando el tren.
Valentín: (serio) Patrón, ya es mi prometida. Guárdele un tantito de respeto, ¿no cree?
Antonio: Perdóname, pero es que me sorprende. ¿Quién diría que ustedes dos iban a terminar juntos si hasta tú me ayudabas con las bromas pesadas que le hacíamos para sacarla de la pastelería?
Valentín: Pues eso ya es pasado y me di cuenta que Marina es la mujer con la que quiero compartir mi vida.
Antonio: Bueno, me alegra por ti y no me queda más que desearte lo mejor en tu vida de casado, Valentín. Yo tengo que ir al hospital por Natasha que ya le van a dar de alta a ella y a Dieguito. Lisandro viene más tarde, así que no abras la pastelería hoy.
Valentín: (sorprendido) ¿Lisandro? ¿Por qué? ¿Va a volver a trabajar aquí?
Antonio: Digamos que en parte. Pienso celebrar el bautizo de Dieguito el próximo mes aquí en Antique Amor y le encargué a Lisandro la decoración, aunque lo va a hacer gratis. Tú sabes que él y Marina van a ser los padrinos.
Valentín: ¡Cierto! Marina me había dicho. Pierda cuidado entonces, patrón. Voy a estar pendiente de que llegue.
Antonio: Gracias. Más tarde vuelvo (Se va).
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS, COMEDOR / DÍA
Lisandro está sirviendo el desayuno. Marcus sale de su habitación en pantalones cortos y camisa de tirantes que deja al descubierto sus brazos.


Lisandro: Hola, Marcus. Buenos días.
Marcus: (indiferente) ¿Vas a salir?
Lisandro: Eh, sí. Te iba a comentar sobre eso anoche, pero no pude. Es que conseguí un trabajo de medio tiempo.
Marcus: (sorprendido) ¿Un trabajo? ¿Por qué? ¿O acaso no estás contento con tu pago?
Lisandro: Claro que no. Todo lo contrario. Tú me pagas mucho más de lo que deberías, pero sí he pensado que es bueno tener más ingresos y me gustaría ahorrar para poder independizarme del todo y ya no tener que abusar más de ti viviendo en tu depa.
Marcus: Está bien. Creo que si es buena idea que busques otro lugar donde vivir. Después de todo, para mí es incómodo que sigamos viviendo juntos cuando no tenemos ningún tipo de relación tú y yo.
Lisandro: (agobiado) Perdóname. Yo no quería herir tus sentimientos. Te lo juro. Tú eres alguien muy importante para mí, Marcus. Te aprecio, pero no puedo tener nada contigo, no ahora…
Marcus: (ignorándolo) Que te vaya bien en tu nuevo trabajo. Espero que al menos no descuides tu trabajo aquí. Te veo luego.
Marcus se retira muy indiferente haciendo sentir mal a Lisandro. Éste suspira agobiado.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Un par de horas más tarde, Antonio llega junto con Natasha a la pastelería. Ella carga al bebé en sus brazos envuelto en una manta y entran. Lisandro ya ha llegado desde hace rato y se encuentra recortando unas figuras de dibujos animados en cartón.




Antonio: Buenas.
Lisandro voltea a ver a los recién llegados.
Valentín: Qué bueno que llegan. Bienvenidos. Me alegra ver que estás bien, Natasha. Felicidades por tu chamaquito.
Natasha: (sonriendo) Gracias, Valentín. Qué bueno que tú también estás aquí, Lisandro.
Lisandro: Tenía que venir para empezar con la decoración. Un mes se va volando. Tú sabes.
Natasha: Tienes razón. Tú ya habías visto a Dieguito ayer, ¿no?
Lisandro: (acercándose) Sí, fui con Marina y con Antonio a los cuneros, pero lo vi de lejos solamente.
Natasha: ¿Por qué no la cargas?
Lisandro: (sorprendido) ¿Cargarlo yo? ¿Qué tal si se me cae? Mejor no.
Natasha: Ay ándale, no es nada del otro mundo, además debes ir ensayando. En la iglesia lo vas a tener que cargar cuando el sacerdote lo bautice, ¿no?
Lisandro: (riendo nervioso) Pues sí, es cierto. Es que nunca he cargado un bebé.
Natasha: Yo tampoco sabía, pero ya ves. Me tocó aprender. Tómalo así.
Natasha le pasa el bebé a Lisandro con mucho cuidado. Lisandro lo carga en sus brazos y sonríe muy contento al verlo dormido. Antonio también sonríe.
Lisandro: (emocionado) Hola Dieguito. ¿Cómo estás? Mírame, voy a ser tu padrino. Vamos a ser muy buenos amigos cuando crezcas. Te lo prometo. Yo mismo me voy a encargar de llevarte al parque para que montes tu bicicleta y te voy a enseñar retehartas cosas. Vas a ver.
Antonio sonríe al ver a Lisandro cargando a su hijo, pero no dice nada.
Lisandro: Está hermoso, Natasha. Es tan chiquitito. Parece un angelito así durmiendo.
Natasha: ¿Cierto que sí? Pero no te creas. Cuando llora no hay quien lo calme y le encanta que lo arrulle.
Lisandro: (riendo) Me imagino. Vas a tenerla difícil ahora por las noches cuando se despierte en la madrugada. Ya sabes que, si necesitas algo, no dudes en decirme, sea a la hora que sea.
Natasha: Mil gracias, Lisandro. Lo tendré en cuenta y gracias por estar tan al pendiente de Dieguito.
Antonio: Sí, yo también te agradezco por eso. Estoy seguro de que vas a ver un muy buen padrino con mi hijito.
Lisandro: De nada y sí. Me voy a esforzar bastante para que nunca le falte nada y que tanto él como ustedes cuenten conmigo. ¡Prometido!
Todos los presenten comparten sonrisas entre sí, pues la llegada del bebé ha sido un gran motivo de alegría. Es así como los días y las semanas van pasando. Lisandro va todos los días a la pastelería para decorarla. Antonio sigue cocinando sus pasteles y los clientes que frecuentan Antique Amor se deleitan al comprarlos cada día.
De la misma manera, se enfocan escenas de Marina y Valentín, quien salen seguido a lugares de ambiente y comparten tiempo juntos antes de su boda mientras que Natasha cuida de su hijo siendo visitado todos los días por Antonio, quien incluso juega con él y lo carga en sus brazos tratando de ser un padre atento. Lisandro también la visita en ocasiones al departamento y le lleva regalos al bebé, cosa que ella le agradece.
UN MES DESPUÉS
INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE
Es de noche y la pastelería ya se encuentra cerrada. Ha pasado poco más de un mes y ya está cerca la fecha del bautizo. Lisandro ya tiene lista la decoración, con cintas de color azul y blanco colgando del techo, globos de esos mismos colores, figuras de dibujos animados pegadas en la pared, además de otros detalles infantiles.


Lisandro: (exhausto) ¡Por fin terminé! (Se sacude las manos).
Valentín: Quedó bien padre todo, Lisandro. Estoy seguro de que al patrón le va a gustar bastante.
Lisandro: Gracias, Valentín. La verdad es que el diseño gráfico siempre fue mi pasión y me imagino que por eso se me da también decorar. ¿Tú ya te vas?
Valentín: Sí, voy a salir con Marina.
Lisandro: Qué bueno. Me le das un saludito de mi parte. A ver cuándo nos dan la fecha de la boda.
Valentín: Todavía no la hemos decidido, pero va a ser pronto. Si por mí fuera, mañana mismo me casaría con ella.
Lisandro: (riendo) Me alegra que estés tan enamorado y que ella también lo esté de ti. Marina merece ser feliz después de todo el sufrimiento que pasó sola.
Valentín: Yo me voy a encargar de que así sea. Bueno, nos hablamos luego. Ahí te dejo.
Lisandro: Hasta luego, Valentín. Cuídate.
Valentín se va. Lisandro parece haberse quedado a solas, pero justo en ese momento Antonio sale de la cocina ya vestido con su ropa normal.

Antonio: (sorprendido) Lisandro… Pensé que ya te habías ido.
Lisandro: Eh, no, aquí me ves. Estaba terminando de darle el último retoque a toda la decoración. En dos días es el bautizo y quiero que todo esté perfecto.
Antonio: Muchas gracias. Te quedó todo muy bonito. Me atrevería a decir que hasta te quedó mejor que la decoración de la fiesta de disfraces que hicimos hace meses.
Lisandro: (sonriendo) Esta vez se trataba de algo mucho más importante, ¿no? Dieguito es mi ahijado y quiero lo mejor para él.
Antonio: (cabizbajo) Gracias por querer tanto a mi hijo a pesar de todo lo que en un tiempo te hice.
Lisandro: Yo ya olvidé todo, Antonio. No te preocupes, además el niño no tiene la culpa de nada. Lo importante ahora es el presente y que tú te esfuerces por ser un buen padre.
Antonio: Y eso es justo lo que estoy tratando de hacer. Quiero darle lo mejor a mi hijo de manera que cuando crezca se sienta orgulloso de mí, pero eso no cambia lo que siento por ti.
Lisandro se sorprende al escucharlo.
Antonio: Yo todavía te quiero y todos estos meses que no te vi lo que sentí se hizo más fuerte.
Lisandro: (incómodo) Antonio, ya...
Antonio: Escúchame, por favor. Es verdad que al principio estaba confundido y que cometí un error cuando me involucré con Natasha, pero estoy arrepentido y verte otra vez me hizo darme cuenta que de veras te quiero y que te quiero demasiado.
Lisandro: Muy tarde. Yo ya te olvidé desde hace mucho y mejor me voy antes de que sigas. Respeta que voy a ser el padrino de tu hijo y no me digas cosas como esas, porfa.
Lisandro intenta irse, pero él lo detiene y sin darse a la espera le roba un beso. Lisandro se aparta de él.
Lisandro: (ofendido) ¡Antonio! ¿Qué te pasa?
Antonio: (desesperado) ¡Que te amo! ¡Eso pasa! Me duele no poderte tener conmigo y verte todos los días. Me duele tu indiferencia. ¡Me duele todo, Lisandro! Cometí muchos errores, pero te juro que me arrepiento y nada me gustaría más que me dieras una segunda oportunidad.
Lisandro: ¡Basta! Tú elegiste tu camino y yo también ya elegí el mío desde hace mucho cuando decidí olvidarte para sanar mis heridas.
Antonio: ¿Me vas a decir que tú no sientes nada por mí?
Lisandro se queda en silencio con esa pregunta. Los dos se miran fijamente a los ojos.
Antonio: Respóndeme solamente eso y te juro que te dejo en paz de por vida, pero no me dejes con esta incertidumbre más. ¡Te lo suplico!
Los dos no se percatan de que Marcus está afuera observándolos a través de la ventana. El hombre frunce el ceño sintiéndose bastante molesto ante lo que ve y empuña las manos.

CONTINUARÁ…



Antonio: Lisandro...
Lisandro: (serio) Ho… Hola, Antonio.
Marina: Qué bueno que llegaste justo a tiempo, Lisandro. Antonio y yo precisamente íbamos para los cuneros para que él viera al bebé.
Lisandro: ¿Cómo están él y Natasha? ¿Todo salió bien?
Marina: Sí, menos mal. Antonio, disculpa por no habértelo dicho. También había llamado a Lisandro para que viniera. Natasha me pidió que también le avisara antes de salir para el hospital cuando a ella le empezaron las contracciones.
Antonio: (desconcertado) ¿Natasha te pidió eso?
Lisandro: (interviniendo) Sí, Antonio. Ella y yo hemos estado en contacto durante todos estos meses de embarazo, pero ella ya te explicará luego.
Antonio se sorprende y no sabe qué decir frente a eso.
Marina: Bueno, no perdamos más tiempo. Vamos a ver al niño.
Los tres se dirigen a los cuneros. Una vez allí, se quedan de pie observando a la gran cantidad de bebés que han nacido a través del vidrio transparente.
Antonio: ¿Cuál es?
Marina: Míralo, el de allí.
Marina señala hacia un bebé en específico. Antonio dirige la mirada hacia allí y sonríe emocionado al ver a su pequeño hijo durmiendo en una cuna especial para los recién nacidos.
Antonio: (sin dejar de sonreír) No puedo creer que en serio sea mi hijo… Tengo un hijo, Marina… Un hijo. ¿Te das cuenta?
Antonio no puede evitar ponerse incluso sollozo de la emoción. Lisandro se enternece al verlo tan emocionado, pero guarda silencio.
Marina: Sí, Antonio. Te dije que está precioso. Parece un angelito. Hasta ya me antojé de tener uno con Valentín cuando nos casemos, je, je, je.
Lisandro se acerca a una distancia prudente a Antonio y le esboza una sonrisa.
Lisandro: Me alegra mucho por ti, Antonio. Te felicito.
Antonio: (sonriéndole) Gracias, Lisandro y gracias también por venir.
Lisandro: No hay de qué. Después de todo era mi responsabilidad ya que voy a ser el padrino del niño cuando lo bauticen.
Antonio: ¿Cómo que el padrino?
Marina: Sí, Antonio. Natasha nos propuso a Lisandro y a mí que fuéramos los padrinos del bebé.
Antonio: (sorprendido) ¿En serio? ¿Y por qué no me dijo nada? Debió haberlo hablado conmigo.
Marina: ¿Te molesta?
Antonio: Claro que no. Todo lo contrario. Me alegra mucho y me parece muy bien, pero sí debimos haberlo hablado ella y yo.
Lisandro: Yo le pedí que no te dijera nada. No es su culpa. Quería que no lo supieras hasta después de que naciera el bebito.
Marina: ¿Qué tal si vamos a verla ella ahora que ya vimos al bebé? Es necesario que estés con ella. Después de todo eres el padre, Antonio y ella te debe necesitar.
Antonio: Sí, tienes razón. Vamos.
Los tres se retiran de allí. Antonio, por su parte, no deja de mirar hacia atrás a su hijo, pues le ha alegrado en gran manera su nacimiento.
INT. / CASA DE VICTORIA, SALA / DÍA
Victoria habla por celular con Marcus, quien va conduciendo su auto y habla por celular utilizando los auriculares. Las escenas de los dos se intercalan al hablar.


Victoria: Han sido ya poco más de nueve meses y tú no has podido proponerle a Lisandro que inicien una relación. ¿Qué demonios estás esperando para dar el siguiente paso?
Marcus: Las cosas a su tiempo. He querido darle su espacio para no presionarlo, pero estoy pensando en proponérselo muy pronto y ofrecerle que nos vayamos a vivir juntos a Miami para presentárselo a mi familia.
Victoria: Más te vale. Quiero mis acciones y mi empresa devuelta en cuanto antes. Recuerda muy bien que tu condición fue pasarla a mis manos otra vez cuando mi nieto te diera el “sí”.
Marcus: Tranquila. Yo le di mi palabra y la voy a cumplir, además no tiene de qué quejarse. Compré una casa para usted con todas las comodidades, nada le falta y hasta una muchacha del servicio le pago cada mes. ¿Qué más quiere?
Victoria: Sí, es verdad. No me puedo quejar. Creo que fuiste el mejor partido que pude encontrar para mi nieto, mucho mejor que habiéndolo casado a la fuerza con una muchacha millonaria como pensaba.
Marcus: Entonces sí lo sabe, cierre el pico y no proteste tanto, señora. Muy pronto vamos a ser familia, cosa que le beneficia mucho a usted y hablamos luego. Tengo que atender un asunto importante en la filial de la editorial que manejan mis padres.
Marcus cuelga la llamada. Victoria, en su casa, lanza su celular sobre uno de los sofás y se queda pensativa.
Victoria: Tengo que buscar la manera de que toda la riqueza de este imbécil pase a mis manos o a las de Lisandro. Tengo que arrebatarle lo que le pertenece como sea.
INT. / HOSPITAL, SALA DE MATERNIDAD / DÍA
Natasha se encuentra recostada sobre una cama cómoda, aunque se ve algo exhausta luego del parto. Antonio y Marina están a su lado mientras que Lisandro está algo alejado.




Marina: (contenta) Felicidades por el bebito, Naty. Estoy segura que los dos van a ser unos excelentes padres.
Natasha: Gracias. Me voy a esforzar para que así sea. Lisandro, me alegra que vinieras. Gracias por estar aquí acompañándonos.
Lisandro: (sonriéndole) De nada, Natasha. Después de todo, Dieguito va a ser mi ahijado y era lo mínimo que podía hacer.
Natasha: (incómoda) Antonio, sobre eso…
Antonio: Tranquila, ya Lisandro me dijo que él fue quien te pidió no decirme nada, pero sí espero que a la próxima me tengas en cuenta para tomar decisiones así. Es mi hijo y quiero estar al tanto de todo.
Marina: ¿Para cuándo tienen pensado el bautizo? Digo, para saber qué ponerme ese día e ir mirando el regalo para mi futuro ahijado.
Natasha: Pues no sé. ¿Qué tal dentro de poco más de un mes? ¿Tú qué dices, Antonio?
Antonio: Sí, me parece bien. Yo mismo me podría encargar de cocinar el pastel para ese día.
De repente, una llamada entra al celular de Lisandro.
Lisandro: Disculpen un momento. Voy a atender mi teléfono.
Lisandro se aparta un poco para contestar. Mientras Natasha y Marina platican, Antonio trata de escuchar lo que habla Lisandro.
Lisandro: Hola, Marcus.
Marcus, al otro lado de la línea, sigue conduciendo su auto.

Marcus: Hola, Lisandro. Vi esta mañana que saliste temprano y se me hizo un poco extraño porque casi nunca sales del departamento a no ser que sea importante. ¿Pasa algo?
Lisandro: Te cuento luego, pero no te preocupes. No es nada grave, pero sí era algo importante.
Marcus: Si quieres paso a recogerte al lugar en el que estás. Voy en mi coche y nada me costaría pasar por ti.
Lisandro: Eh, no, no te molestes. Puedo tomar el autobús o un taxi. Igual ya iba para allá.
Marcus: Está bien. Llámame si necesitas algo.
Lisandro: Gracias, Marcus.
Lisandro cuelga el celular y se acerca a todos.
Natasha: ¿Te vas ya?
Lisandro: Sí, me escapé por un ratito de mi trabajo y ya debo volver. Marcus es muy permisivo conmigo, pero no quiero pasarme de aprovechado. Vine para saber qué todo había salido bien con el bebé y contigo, y me alegra ver que así fue.
Natasha: Está bien y gracias de nuevo por venir. Te estaré llamando luego para que nos visites y vayamos organizando los preparativos para el bautizo.
Lisandro: Claro que sí, así será. Bueno, me voy. Cuídense mucho todos.
Marina: Tú igual, Lisandro. Estamos en contacto.
Lisandro sale de la habitación luego de sonreírle a todos.
Antonio: Disculpen, chicas. Voy un momento al baño y ya regreso. De paso, te voy a traer algo de la cafetería para que repongas fuerzas, Natasha.
Natasha: Pero que sea algo liviano, porfa. Tampoco es que tenga mucho apetito y gracias.
Antonio se apresura a salir también de la habitación. Natasha lo mira con suspicacia, pues sabe que en realidad lo que dijo fue una excusa para retirarse y efectivamente así es. El hombre logra alcanzar a Lisandro justo cuando éste va saliendo del hospital.


Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espérate!
Lisandro se da la vuelta y al verlo se pone incómodo.
Lisandro: ¿Qué haces aquí afuera, Antonio? Deberías volver a la habitación para acompañar a Natasha.
Antonio: Ella está bien y ya está acompañada por Marina. Yo tenía que salir porque necesito hablar contigo.
Lisandro: Pues no entiendo de qué podemos hablar tú y yo.
Antonio: Han sido ya casi nueve meses desde que te desapareciste por completo y quiero sólo saber cómo estás, saber qué ha sido de tu vida, no sé… Hay mucho de lo que podríamos platicar.
Lisandro: No creo que sea conveniente y yo debo volver a mi trabajo antes de que se me haga tarde.
Antonio: (serio) Entiendo. Temes que tu novio se ponga celoso.
Lisandro: Marcus no es mi novio. Él y yo solo somos muy buenos amigos, además es mi patrón. Todos estos meses he vivido en su departamento, trabajando como el chico del aseo, haciendo la limpieza, cocinando y ayudándole con las labores del hogar.
Antonio: Me imagino te paga buena lana, ¿no?
Lisandro: Sí, mucho más de lo que debería y ya hasta tengo algunos ahorros. Ha sido muy bueno conmigo y es por eso que trato de darle lo mejor de mí. Me imagino que tú, por tu parte, vas a formalizar tu relación con Natasha ahora que Dieguito nació.
Antonio: Natasha y yo nunca hemos tenido nada. Tú deberías saberlo si estuviste en contacto con ella durante todo este tiempo.
Lisandro: Llamaba y le escribía para preguntarle por el embarazo, no para averiguar y chismear sobre la vida de ustedes.
Antonio: Pues como te dije no somos nada. Yo no la amo y no podría estar con alguien por quien no siento nada. Yo sé que ella tampoco y me la he dejado en claro varias veces, y está bien así. Lo único importante ahora para los dos es Dieguito.
Lisandro: (sonriendo) Bonito nombre, por cierto. Bueno, ahora sí me voy. Luego nos vemos para cuando comencemos con los preparativos del bautizo.
Antonio: Lisandro, espera, sobre eso… Estaba pensando en hacerte una propuesta que se me ocurrió de momento y de veras me gustaría reteharto que aceptaras.
Lisandro: (extrañado) ¿Qué propuesta?
Antonio: Es sobre el bautizo precisamente. Estaba pensando que ese día, después de salir a la iglesia, hiciéramos la celebración en mi pastelería y se me ocurría organizar un evento especial con promociones para los clientes, pasteles en descuento, premios, no sé…
Lisandro: Me parece muy padre, pero no entiendo qué tengo que ver yo ahí.
Antonio: Mucho. Tú vas a ser el padrino de Dieguito y ya que sabes tanto sobre diseño y esas cosas, te podrías encargar de la decoración de la pastelería como cuando la fiesta de disfraces. ¿Te acuerdas?
Lisandro: (poco convencido) Bueno, pues la verdad no sé qué decir…
Antonio: Por el dinero no te preocupes. Pienso pagarte muy bien y en serio me gustaría que me ayudaras con eso. ¿Qué dices?
Lisandro se queda pensando durante algunos segundos y asiente con la cabeza.
Lisandro: Está bien, voy a aceptar, pero solo porque hace parte de mis responsabilidades como padrino. Tú no tienes que pagarme, ¿va?
Antonio: Está bien, Lisandro. Gracias.
Los dos se sonríen y se miran fijamente como si quisieran decirse muchísimas más cosas, pero al final, Lisandro solo detiene un taxi y se sube en los asientos de atrás.
EXT. / PARQUE / NOCHE
Ha caído la noche en la ciudad. Marina y Valentín caminan por las calles de un concurrido parque tomados de la mano.


Valentín: ¿Te gustó la cena? Yo sé que no era el restaurante más fino ni el más elegante, pero hice lo mejor que pude para que te sintieras cómoda.
Marina: Claro que me gustó y ya no pienses en eso. Para mí lo importante es estar a tu lado, sea en el lugar que sea.
De repente, un fotógrafo se les acerca.
Fotógrafo: ¿Desean una foto?
Valentín: ¿Te gustaría una foto, amor?
Marina: (sonriendo) Sí, Valentín. Me gustaría muchísimo. Casi no tenemos fotos juntos. Bien pueda, señor.
Marina recuesta su cabeza sobre el hombro de Valentín. El fotógrafo de mediana edad se pone en posición para tomar la fotografía y ambos le sonríen notablemente contentos a la cámara. Luego de unos segundos, la cámara saca la fotografía de forma instantánea y se las entrega.
Marina: (emocionada) ¡Ay, me encanta! ¡Quedó preciosa!
Valentín: Sí, ¿verdad? Está padre. Tome, señor.
Valentín le paga al fotógrafo y éste se va.
Marina: ¿Sabes qué voy a hacer? Voy a ponerla en un marco sobre mi mesita de noche para que cada mañana que me despierte lo primero que vea seas tú. Te amo, Valentín.
Valentín: (sonriendo) Yo también te amo.
Los dos se besan muy enamorados durante algunos segundos y luego se apartan.
Valentín: Creo que ya es hora, ¿no?
Marina: (extrañada) ¿Hora de qué?
Valentín saca del bolsillo de su jean una pequeña caja negra y la abre frente a Marina dejando ver un bonito anillo de compromiso no muy costoso. Marina abre la boca bastante impresionada.
Valentín: Marina, lo pensé bien y todos estos meses de noviazgo me he dado cuenta que eres una mujer maravillosa. Te quiero demasiado y nada me gustaría más que sellar este amor que sentimos los dos.
Marina: (muy emocionada) ¡Ay, Valentín!
Valentín: (sin dejar de sonreír) ¿Te gustaría casarte conmigo?
Marina se muerde las uñas de las manos notablemente emocionada.
Marina: ¡Claro que sí, mi amor! ¡Acepto! ¡Acepto una y mil veces! ¡Te amo!
Marina se pone solloza de la emoción que siente y se lanza a besar a su ahora prometido. Éste también le corresponde y ambos se quedan así durante varios segundos.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Lisandro llega al departamento y justo cuando abre la puerta encuentra las luces apagadas. Todo es iluminado por velas colocadas alrededor del lugar y se extraña al ver incluso pétalos de rosas regados por el piso.


Lisandro: ¿Marcus? ¿Estás en casa?
El chico se adentra en el departamento y se sorprende al ver sobre el comedor una cena muy bien servida. Marcus está allí de pie encendiendo una de las velas del candelabro.
Marcus: Qué bueno que llegas, Lisandro. Te estaba esperando.
Lisandro: ¿Por qué? ¿Qué significa todo esto?
Marcus: ¿No te lo imaginas? (Acercándose a él).
Lisandro: (riendo nervioso) Pues no. La verdad no entiendo nada. ¿Vamos a celebrar algo?
Marcus: Digamos que sí, en parte. Organicé esta cena porque quiero pedirte esta noche que seas mi novio, Lisandro.
Lisandro se impresiona al escuchar aquello.
Marcus: Han sido ya muchos meses conociéndote y ya no puedo seguir así. Te amo y nada en el mundo me gustaría más que fueras mi pareja. ¿Qué me dices?
Lisandro enmudece frente a esa pregunta y no sabe qué responderle a Marcus.
INT. / HOSPITAL, SALA DE MATERNIDAD / NOCHE
Natasha se encuentra arrullando a su pequeño hijo en brazos y sonríe notablemente contenta al verlo. Antonio está a su lado viendo también con ternura al bebé.


Natasha: De veras se parece tanto a ti. Van a ser la viva imagen cuando crezca. ¿Te imaginas cuando empiece a caminar, cuando diga sus primeras palabras y cuando llegue la hora de llevarlo al kínder?
Antonio: Sí, el tiempo se va volando. Por eso tenemos que aprovechar al máximo cada momento con nuestro hijito.
Natasha: (esbozando su sonrisa) Me preocupa tal vez cuando pregunte por qué vivimos separados y vea que otros niños tienen a sus papás juntos.
Antonio: Bueno, pues no sé. Todavía es muy pronto para pensar en eso, ¿no crees?
Natasha: Antonio, yo sé que tú en el fondo todavía piensas en Lisandro y haberlo visto hoy te removió muchas cosas por dentro.
Antonio: Lisandro ya hizo su vida aparte, Natasha. Cuando salí y dije que iba al baño, en realidad fui tras él para que habláramos y me aseguró que no tiene nada con ese tal Marcus, pero yo sé que sí. No soy estúpido. Han vivido juntos por casi nueve meses.
Natasha: Él nunca me dijo nada con respecto a eso. Tan solo hablábamos de vez en cuando, cada mes, para preguntarme por el embarazo, pero nunca nos preguntamos por nuestras vidas. Lo que quería decir es que tal vez no debas desistir de él.
Antonio: ¿Me estás hablando en serio?
Natasha: Claro. Estoy segura de que te dijo la verdad y que no tiene ninguna relación con ese hombre, y me late que es porque todavía te quiere. ¿Por qué no lo intentas y lo buscas?
Antonio: (dudoso) No sé, Natasha. Es mejor no apresurar las cosas y ver qué pasa. Por ahora le propuse que se encargara de la decoración de la pastelería para que celebremos allá el bautizo de Dieguito y aceptó.
Natasha: Entonces aprovecha que lo vas a ver más seguido y haz algo. Habla con él, pero no se queden así. Más tarde se pueden arrepentir cuando ya sea demasiado tarde.
Antonio se queda pensativo considerando lo que Natasha le dice.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS, COMEDOR / NOCHE
Marcus le ha propuesto a Lisandro ser su pareja, cosa que ha dejado sumamente sorprendido al chico y sin saber qué responderle.


Marcus: ¿Qué me dices, Lisandro? ¿Quieres ser mi novio?
Lisandro: Ay, Marcus, yo…
Marcus: Dime algo. ¿Te gusto? Todos estos meses que me has conocido y que hemos vivido juntos como simplemente amigos, ¿no me has visto de otra manera?
Lisandro: Marcus, tú eres muy guapo y sí, me gustas…
Marcus sonríe entusiasmado al escuchar eso.
Lisandro: Pero no me siento preparado ahora para iniciar una relación contigo.
Marcus: (esbozando su sonrisa) Pero Lisandro…
Lisandro: Mira, es verdad que estos meses que me has dejado quedarme en tu depa he podido conocerte muy bien a pesar de que te la pasas ocupado con tu trabajo, hemos comido juntos, hemos salido por ahí porque tú siempre has sido muy lindo invitándome al cine, a restaurantes… Te juro que me la ha pasado muy padre contigo, pero…
Marcus: (lo interrumpe) Sí, entiendo. Todavía no has podido superarlo a él, ¿no?
Lisandro: Antonio es pasado.
Marcus: Pero todavía sientes algo por él. No soy tonto, Lisandro.
Lisandro: Marcus, lo siento. Yo no quiero que te sientas mal. Trata de entenderme y créeme que, si estuviera en mis manos, hace mucho me hubiera enamorado de ti, pero no puedo.
Marcus: Han sido nueve meses los que llevamos de conocernos. Me parece injusto que me haya esforzado tanto para recibir una respuesta así de tu parte. He hecho de todo para hacerte sentir bien y mis intenciones contigo van en serio.
Lisandro: (agobiado) Marcus…
Marcus: Mejor no digas nada. Yo tampoco pienso presionarte ni recriminarte nada, pero sí me duele demasiado esto y me siento como un estúpido porque ya estaba pensando en presentarte con mi familia y hasta pensé en pagar tus estudios para que los terminaras, pero mira…
Lisandro se queda en silencio y baja la cabeza sintiéndose mal por Marcus.
Marcus: Me voy a dormir de una vez. Recógelo todo y tíralo a la basura. ¿Qué más da? Ten una buena noche.
Marcus se va muy serio y cortante para su habitación. Lisandro suelta un suspiro sin dejar de sentirse agobiado por él.
INT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE

Es un nuevo día en la capital. La pastelería todavía no abre y Antonio platica con Valentín. Éste último usa su uniforme de mesero.


Antonio: (riendo) Oye, qué bueno que te animaste a pedirle matrimonio a Marina. Por fin se le hizo el milagro y no se va a quedar solterona como pensábamos. Pobre, ya la estaba dejando el tren.
Valentín: (serio) Patrón, ya es mi prometida. Guárdele un tantito de respeto, ¿no cree?
Antonio: Perdóname, pero es que me sorprende. ¿Quién diría que ustedes dos iban a terminar juntos si hasta tú me ayudabas con las bromas pesadas que le hacíamos para sacarla de la pastelería?
Valentín: Pues eso ya es pasado y me di cuenta que Marina es la mujer con la que quiero compartir mi vida.
Antonio: Bueno, me alegra por ti y no me queda más que desearte lo mejor en tu vida de casado, Valentín. Yo tengo que ir al hospital por Natasha que ya le van a dar de alta a ella y a Dieguito. Lisandro viene más tarde, así que no abras la pastelería hoy.
Valentín: (sorprendido) ¿Lisandro? ¿Por qué? ¿Va a volver a trabajar aquí?
Antonio: Digamos que en parte. Pienso celebrar el bautizo de Dieguito el próximo mes aquí en Antique Amor y le encargué a Lisandro la decoración, aunque lo va a hacer gratis. Tú sabes que él y Marina van a ser los padrinos.
Valentín: ¡Cierto! Marina me había dicho. Pierda cuidado entonces, patrón. Voy a estar pendiente de que llegue.
Antonio: Gracias. Más tarde vuelvo (Se va).
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS, COMEDOR / DÍA
Lisandro está sirviendo el desayuno. Marcus sale de su habitación en pantalones cortos y camisa de tirantes que deja al descubierto sus brazos.


Lisandro: Hola, Marcus. Buenos días.
Marcus: (indiferente) ¿Vas a salir?
Lisandro: Eh, sí. Te iba a comentar sobre eso anoche, pero no pude. Es que conseguí un trabajo de medio tiempo.
Marcus: (sorprendido) ¿Un trabajo? ¿Por qué? ¿O acaso no estás contento con tu pago?
Lisandro: Claro que no. Todo lo contrario. Tú me pagas mucho más de lo que deberías, pero sí he pensado que es bueno tener más ingresos y me gustaría ahorrar para poder independizarme del todo y ya no tener que abusar más de ti viviendo en tu depa.
Marcus: Está bien. Creo que si es buena idea que busques otro lugar donde vivir. Después de todo, para mí es incómodo que sigamos viviendo juntos cuando no tenemos ningún tipo de relación tú y yo.
Lisandro: (agobiado) Perdóname. Yo no quería herir tus sentimientos. Te lo juro. Tú eres alguien muy importante para mí, Marcus. Te aprecio, pero no puedo tener nada contigo, no ahora…
Marcus: (ignorándolo) Que te vaya bien en tu nuevo trabajo. Espero que al menos no descuides tu trabajo aquí. Te veo luego.
Marcus se retira muy indiferente haciendo sentir mal a Lisandro. Éste suspira agobiado.
INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Un par de horas más tarde, Antonio llega junto con Natasha a la pastelería. Ella carga al bebé en sus brazos envuelto en una manta y entran. Lisandro ya ha llegado desde hace rato y se encuentra recortando unas figuras de dibujos animados en cartón.




Antonio: Buenas.
Lisandro voltea a ver a los recién llegados.
Valentín: Qué bueno que llegan. Bienvenidos. Me alegra ver que estás bien, Natasha. Felicidades por tu chamaquito.
Natasha: (sonriendo) Gracias, Valentín. Qué bueno que tú también estás aquí, Lisandro.
Lisandro: Tenía que venir para empezar con la decoración. Un mes se va volando. Tú sabes.
Natasha: Tienes razón. Tú ya habías visto a Dieguito ayer, ¿no?
Lisandro: (acercándose) Sí, fui con Marina y con Antonio a los cuneros, pero lo vi de lejos solamente.
Natasha: ¿Por qué no la cargas?
Lisandro: (sorprendido) ¿Cargarlo yo? ¿Qué tal si se me cae? Mejor no.
Natasha: Ay ándale, no es nada del otro mundo, además debes ir ensayando. En la iglesia lo vas a tener que cargar cuando el sacerdote lo bautice, ¿no?
Lisandro: (riendo nervioso) Pues sí, es cierto. Es que nunca he cargado un bebé.
Natasha: Yo tampoco sabía, pero ya ves. Me tocó aprender. Tómalo así.
Natasha le pasa el bebé a Lisandro con mucho cuidado. Lisandro lo carga en sus brazos y sonríe muy contento al verlo dormido. Antonio también sonríe.
Lisandro: (emocionado) Hola Dieguito. ¿Cómo estás? Mírame, voy a ser tu padrino. Vamos a ser muy buenos amigos cuando crezcas. Te lo prometo. Yo mismo me voy a encargar de llevarte al parque para que montes tu bicicleta y te voy a enseñar retehartas cosas. Vas a ver.
Antonio sonríe al ver a Lisandro cargando a su hijo, pero no dice nada.
Lisandro: Está hermoso, Natasha. Es tan chiquitito. Parece un angelito así durmiendo.
Natasha: ¿Cierto que sí? Pero no te creas. Cuando llora no hay quien lo calme y le encanta que lo arrulle.
Lisandro: (riendo) Me imagino. Vas a tenerla difícil ahora por las noches cuando se despierte en la madrugada. Ya sabes que, si necesitas algo, no dudes en decirme, sea a la hora que sea.
Natasha: Mil gracias, Lisandro. Lo tendré en cuenta y gracias por estar tan al pendiente de Dieguito.
Antonio: Sí, yo también te agradezco por eso. Estoy seguro de que vas a ver un muy buen padrino con mi hijito.
Lisandro: De nada y sí. Me voy a esforzar bastante para que nunca le falte nada y que tanto él como ustedes cuenten conmigo. ¡Prometido!
Todos los presenten comparten sonrisas entre sí, pues la llegada del bebé ha sido un gran motivo de alegría. Es así como los días y las semanas van pasando. Lisandro va todos los días a la pastelería para decorarla. Antonio sigue cocinando sus pasteles y los clientes que frecuentan Antique Amor se deleitan al comprarlos cada día.
De la misma manera, se enfocan escenas de Marina y Valentín, quien salen seguido a lugares de ambiente y comparten tiempo juntos antes de su boda mientras que Natasha cuida de su hijo siendo visitado todos los días por Antonio, quien incluso juega con él y lo carga en sus brazos tratando de ser un padre atento. Lisandro también la visita en ocasiones al departamento y le lleva regalos al bebé, cosa que ella le agradece.
UN MES DESPUÉS
INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE
Es de noche y la pastelería ya se encuentra cerrada. Ha pasado poco más de un mes y ya está cerca la fecha del bautizo. Lisandro ya tiene lista la decoración, con cintas de color azul y blanco colgando del techo, globos de esos mismos colores, figuras de dibujos animados pegadas en la pared, además de otros detalles infantiles.


Lisandro: (exhausto) ¡Por fin terminé! (Se sacude las manos).
Valentín: Quedó bien padre todo, Lisandro. Estoy seguro de que al patrón le va a gustar bastante.
Lisandro: Gracias, Valentín. La verdad es que el diseño gráfico siempre fue mi pasión y me imagino que por eso se me da también decorar. ¿Tú ya te vas?
Valentín: Sí, voy a salir con Marina.
Lisandro: Qué bueno. Me le das un saludito de mi parte. A ver cuándo nos dan la fecha de la boda.
Valentín: Todavía no la hemos decidido, pero va a ser pronto. Si por mí fuera, mañana mismo me casaría con ella.
Lisandro: (riendo) Me alegra que estés tan enamorado y que ella también lo esté de ti. Marina merece ser feliz después de todo el sufrimiento que pasó sola.
Valentín: Yo me voy a encargar de que así sea. Bueno, nos hablamos luego. Ahí te dejo.
Lisandro: Hasta luego, Valentín. Cuídate.
Valentín se va. Lisandro parece haberse quedado a solas, pero justo en ese momento Antonio sale de la cocina ya vestido con su ropa normal.

Antonio: (sorprendido) Lisandro… Pensé que ya te habías ido.
Lisandro: Eh, no, aquí me ves. Estaba terminando de darle el último retoque a toda la decoración. En dos días es el bautizo y quiero que todo esté perfecto.
Antonio: Muchas gracias. Te quedó todo muy bonito. Me atrevería a decir que hasta te quedó mejor que la decoración de la fiesta de disfraces que hicimos hace meses.
Lisandro: (sonriendo) Esta vez se trataba de algo mucho más importante, ¿no? Dieguito es mi ahijado y quiero lo mejor para él.
Antonio: (cabizbajo) Gracias por querer tanto a mi hijo a pesar de todo lo que en un tiempo te hice.
Lisandro: Yo ya olvidé todo, Antonio. No te preocupes, además el niño no tiene la culpa de nada. Lo importante ahora es el presente y que tú te esfuerces por ser un buen padre.
Antonio: Y eso es justo lo que estoy tratando de hacer. Quiero darle lo mejor a mi hijo de manera que cuando crezca se sienta orgulloso de mí, pero eso no cambia lo que siento por ti.
Lisandro se sorprende al escucharlo.
Antonio: Yo todavía te quiero y todos estos meses que no te vi lo que sentí se hizo más fuerte.
Lisandro: (incómodo) Antonio, ya...
Antonio: Escúchame, por favor. Es verdad que al principio estaba confundido y que cometí un error cuando me involucré con Natasha, pero estoy arrepentido y verte otra vez me hizo darme cuenta que de veras te quiero y que te quiero demasiado.
Lisandro: Muy tarde. Yo ya te olvidé desde hace mucho y mejor me voy antes de que sigas. Respeta que voy a ser el padrino de tu hijo y no me digas cosas como esas, porfa.
Lisandro intenta irse, pero él lo detiene y sin darse a la espera le roba un beso. Lisandro se aparta de él.
Lisandro: (ofendido) ¡Antonio! ¿Qué te pasa?
Antonio: (desesperado) ¡Que te amo! ¡Eso pasa! Me duele no poderte tener conmigo y verte todos los días. Me duele tu indiferencia. ¡Me duele todo, Lisandro! Cometí muchos errores, pero te juro que me arrepiento y nada me gustaría más que me dieras una segunda oportunidad.
Lisandro: ¡Basta! Tú elegiste tu camino y yo también ya elegí el mío desde hace mucho cuando decidí olvidarte para sanar mis heridas.
Antonio: ¿Me vas a decir que tú no sientes nada por mí?
Lisandro se queda en silencio con esa pregunta. Los dos se miran fijamente a los ojos.
Antonio: Respóndeme solamente eso y te juro que te dejo en paz de por vida, pero no me dejes con esta incertidumbre más. ¡Te lo suplico!
Los dos no se percatan de que Marcus está afuera observándolos a través de la ventana. El hombre frunce el ceño sintiéndose bastante molesto ante lo que ve y empuña las manos.

CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario