Capítulo 18: Una segunda oportunidad

INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE

Antonio acaba de robarle un beso inesperadamente a Lisandro, así como también le ha preguntado si ya no siente nada por él. Marcus está observándolos a ambos por le ventana desde afuera sin que ellos lo sepan.



Lisandro: (molesto) ¡Por favor, Antonio! ¡Ya déjame en paz! Han pasado muchos meses. ¡Muchos! ¿Por qué esas ganas de quererlo arruinar todo de nuevo?

Antonio: (desesperado) Yo lo único que quiero es que hablemos con calma y me des una chance de escucharme, Lisandro. Te lo suplico.

Lisandro: ¡Pues no! ¡No pienso seguir dejando que me faltes al respeto y me veas la cara!

Antonio: Todo lo contrario. Nunca en la vida te he tomado tan serio. Tienes que escucharme, por favor.

Antonio se apresura a tomar el rostro del chico entre sus manos, pero él se aparta con brusquedad y lo mira fulminante.

Lisandro: ¡Ya te dije que no! Lo único que haces es echarlo todo a perder y es más. ¿Sabes qué? Mejor consíguete otro padrino para el niño porque conmigo ya no cuentes.

Antonio: No, Lisandro, eso no.

Lisandro: Es lo mejor, ya que está visto que tú nunca pierdes la oportunidad de herirme de alguna manera y remover cosas que quedaron atrás. El pasado es pasado, seamos solo amigos.

Antonio: ¿Amigos? ¿Cómo me pides eso cuando me quema lo que siento por dentro? Me pides que no remueva cosas pasadas, pero me ha sido imposible cuando los dos vivimos varias cosas y no me cabe en la cabeza cómo pudiste superar tan fácil lo que sentías por mí. ¿Qué tan sinceros eran entonces tus sentimientos?

Lisandro: (serio) ¡Muy sinceros! Tú tuviste muchísimas oportunidades, sin embargo, todas las desperdiciaste, me ofendiste, me trataste de lo peor.

Antonio: (desesperado) ¡Pero te juro que estoy muy arrepentido!

Lisandro: Y te perdono. Créeme que te perdono de corazón, pero eso no significa que vaya a darte una oportunidad como me pides. Todo tiene un límite y yo llegué al mío, así que sigue tu camino y déjame a mí seguir el mío.

Lisandro lo mira muy serio y sale de la pastelería. Marcus se aparta de la ventana para no ser visto y se va también disimuladamente. Antonio, por su parte, no puede evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.

Antonio: (en un hilo de voz) Lisandro… (Rompe a llorar). ¡Lisandro!

Antonio se da al llanto sintiéndose muy mal después de aquella conversación y se sostiene en una silla ante el desconsuelo que le invade. El hombre no deja de llorar bastante dolido, pues sabe que Lisandro tiene razón y le duele el sentir que lo ha perdido.

INT. / CASA DE VICTORIA, SALA / NOCHE

Victoria se encontraba leyendo un libro sentada en un sofá, pero interrumpió su lectura después de recibir una llamada a su celular. La anciana se levanta sobresaltada al escuchar.



Victoria: (furiosa) ¿Me estás tomando el pelo? ¿Cómo es eso de que no piensas devolverme mi empresa y mis acciones?

INT. / AUTO DE MARCUS / NOCHE

Marcus va conduciendo su auto notablemente molesto y tiene los auriculares puestos en los oídos. Él es la persona al otro lado de la línea con quien Victoria habla.



Marcus: Tal como lo oye, señora y puede hacer lo que quiera. Me voy a quedar con todo lo que me dio.

Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Victoria: (desconcertada) Pero no entiendo. ¿Qué fue lo que pasó? Cumplí con la condición que me pediste. Tú no me puedes hacer esto.

Marcus: Puedo hacerlo porque usted me firmó un poder a mi nombre, ¿se acuerda? La condición era que yo le devolvería sus propiedades cuando su nieto aceptara ser mi pareja, pero él se negó rotundamente y ya no pienso perder más mi tiempo.

Victoria: Pues ese no es mi problema. El encargado de enamorarlo, de seducirlo eras tú y no es mi culpa que el tonto ese te dijera que no.

Marcus: Es verdad, no es su culpa, pero tampoco mía y ya que yo perdí, lo justo es que usted también pierda y así estamos a mano.

Victoria: ¡Mira, maldito infeliz! La idea de iniciar con todo este juego desde el principio fue para no perder mi empresa. Por eso quería separar a mi nieto del repostero y casarlo con una millonaria, pero decidí dejar que tú lo sedujeras. ¡Tú fuiste el que se interpuso en mis planes!

Marcus: Porque yo siento algo por su nieto, pero no estoy dispuesto a rogarle ni a perder mi dignidad más.

Victoria: ¡Espera, muchacho! Tú no te puedes rendir así. Tienes que hacer algo para que Lisandro te diga que sí. Yo sé que en el fondo tú le gustas, solo es cuestión de que lo sigas intentando y le tengas paciencia.

Marcus: (muy molesto) No tiene caso. Lisandro sigue enamorado de Antonio. Justo los acabo de descubrir hablando en la pastelería y se dieron un beso.

Victoria cierra los ojos y suspira frustrada al escucharlo.

Marcus: Quien sabe desde hace cuánto se han estado viendo y yo como idiota tratando de enamorar al ingrato de su nieto, pero no voy más con esto y espero vaya buscando un lugar para vivir porque le recuerdo que la casa en la que se está quedando también es mía. Hasta luego.

Marcus cuelga la llamada. Victoria, en la casa, enfurece en sobremanera y tira iracunda el teléfono al piso.

Victoria: ¡Infeliz! Debí suponer que esto podía pasar y ahora lo voy a perder todo. Me salió todo al revés. ¡Maldita sea! (Grita furiosa) Pero esto no se va a quedar así. Tengo que hacer algo… Tendré que retomar mis planes de hace meses.

Victoria mira al vacío planeando qué va a hacer.

INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA / NOCHE

El timbre del departamento suena. Natasha estaba alimentando a su bebé, por lo que lo pone rápidamente y con cuidado en la cuna, y se dirige a abrir con prisa.



Natasha: ¡Un momento, ya voy!

La joven modelo abre la puerta y se encuentra en primer plano con Antonio, quien se ve de muy mal semblante, desanimado y con los ojos hinchados luego de haber llorado por un largo rato.



Natasha: (sorprendida) ¡Antonio! ¿Qué te pasó? ¿Por qué estás así?

Antonio: (desanimado) Lo perdí, Natasha. Ahora sí lo perdí para siempre…

Natasha: ¿De quién hablas?

Antonio: De Lisandro… Me olvidó y ya no quiere tener nada conmigo.

Natasha: Ven, pasa y cuéntame mejor qué pasó.

INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE

Lisandro, por su parte, también va llegando al departamento de Marcus, pero cuando abre la puerta, se extraña al ver un par de botellas de licor vacías y tiradas en el piso.



Lisandro: (extrañado) ¿Qué es esto? Marcus…. ¿Dónde estás?

El chico se asoma a la sala y allí ve a su amigo, sentado en el piso, bebiendo desenfrenadamente otra botella de licor. Parece ser que ya incluso está ebrio y llora. Lisandro se acerca a él.



Lisandro: (sorprendido) ¡Marcus! ¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tomando si tú nunca bebes?

Marcus: (indiferente) Déjame, Lisandro. Tú no eres quién para hacerme reclamos. Quien debe hacértelos soy yo.

Lisandro: Todavía estás enojado conmigo. Es eso…

Marcus: (hablando muy ebrio) ¡Sí, estoy enojadísimo contigo! Creía conocerte, pero me doy cuenta que no eres más que un mentiroso, un aprovechado que todo este tiempo me ha visto la cara.

Lisandro: Claro que no. ¿De dónde sacas esas cosas? Yo te aprecio mucho.

Marcus: (gritando furioso) ¡Me vale tu aprecio! Quédatelo para ti y dáselo a tu “gran amor”, a ese en el que no dejas de pensar.

Lisandro: Marcus, trata de calmarte. No vale la pena que te pongas así ni que lo menciones a él.

Marcus: (llorando) Tú me lo dices porque no sabes cómo me estoy sintiendo. Tú no eres el idiota que he sido yo y que ha estado detrás de un chiquillo caprichoso y mentiroso como tú. ¡Porque eso es lo que eres, Lisandro! Todo este tiempo te estuviste viendo con él a mis espaldas

Lisandro se echa para atrás y baja la cabeza sintiéndose descubierto.

Lisandro: Perdóname, yo…

Marcus: ¡No me pidas perdón! Hice bien en sospechar de ti porque se me hacía muy extraño ese tal trabajo de medio tiempo que te habías conseguido y hoy decidí seguirte y me encontré con que entraste a esa pastelería, pero eso no es todo. ¡Te besaste con él!

Lisandro: Marcus, no. Estás malinterpretando todo. Antonio fue el que me dio un beso sin que yo me lo esperara. Te lo juro, pero no pienses que tenemos nada.

Marcus: No soy tonto, Lisandro. Vi muy bien la forma en que se miraban. Tú todavía lo quieres y él no va a descansar hasta que caigas.

Lisandro: (serio) Pues eso no va a pasar porque ya le dije que perdió toda oportunidad conmigo. Tú eres un muy buen hombre, Marcus y vas a encontrar a alguien más que sí esté dispuesto a quererte.

Marcus: El único que me interesa que me quiera eres tú. Yo siempre me he sentido muy solo. Mis padres siempre estuvieron ocupados y lejos de mí por su trabajo y nunca he tenido a nadie en quien confiar o a quien contarle mis problemas, pero apareciste tú y todo cambió.

Lisandro lo escucha con atención.

Marcus: Daría lo que fuera para que me dieras una oportunidad, pero entiendo que tú no me quieres y eso no va a cambiar. Por eso es mejor que te vayas en cuanto antes de aquí. Trata de buscar un lugar donde vivir y desaparécete de mi vida.

Marcus se levanta del piso con algo de dificultad y mareado por la embriaguez. Lisandro suspira sintiéndose cada vez peor, pues se siente culpable e impotente de no poder hacer nada ante esa situación.

INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, SALA / NOCHE

Natasha platica con Antonio, quien luce desbastado de manera tal que no se diferencia tanto de Marcus. Los dos están sentados en el sofá y ella lo mira con lástima escuchándolo.



Antonio: Y eso fue lo que pasó. Hasta desistió de ser el padrino de Dieguito y el bautizo es en dos días. No vamos a tener de otra que decirle a Valentín.

Natasha: ¡Qué pena! De veras me hubiera gustado que Lisandro fuera el padrino del bebé, pero ya ni modo. No podemos obligarlo.

Antonio: Tú lo has dicho (Suelta una bocanada de aire). En definitiva, Lisandro ya me olvidó y en parte me quiso decir que ya no sentía nada por mí.

Natasha: Yo no creo eso, ¿sabes? Para mí que en el fondo sí te quiere muchísimo como desde hace ya casi cuatro años que se conocen, solo que se siente herido todavía.

Antonio: (muy triste) Yo digo que lo mejor que puedo hacer es olvidarme de él y no seguir insistiendo.

Natasha: Claro que no. No te des por vencido. Dale tiempo y demuéstrale que de veras estás arrepentido.

Antonio: (suspirando resignado) Pues sinceramente ya no sé cómo demostrárselo.

Natasha: Por eso mismo. Espera un tiempo a que él vea que ya cambiaste, que ya eres más hombre y yo estoy segura que poco a poco va a cambiar su actitud hacia ti.

Antonio: ¿Tú crees?

Natasha: Sí, Antonio y tal vez tú no lo notes, pero yo sí puedo percibir que Lisandro siente algo por ti, solo que como te digo, todavía está herido. Dale su espacio y tenle paciencia.

Antonio se queda pensativo. Natasha intenta subirle el ánimo y lo toma de las manos.

Natasha: Mira, por ahí dicen que cuando una persona está destinada a ser para ti, no se va tan fácil de tu lado. No te desanimes. Dieguito te necesita y ya en dos días es el bautizo, así que te quiero bien alegre.

Antonio: Gracias, Natasha (Esboza una sonrisa). Te prometo que voy a tratar.

Pese a sentirse tan afligido, el hombre no deja de sonreírle con algo de calidez. Natasha también lo conforta frotándole la espalda.

INT. / ANTIQUE AMOR / AL DÍA SIGUIENTE



Es un nuevo día. Antonio se encuentra cocinando la masa de los pasteles como es habitual. Valentín entra, quien ahora se desempeña como mesero y cajero al mismo tiempo.



Valentín: Patrón, disculpe.

Antonio: (exasperado) ¿Qué pasa, Valentín? Por si no has visto ando bien ocupado. Estoy al full cocinando los pasteles que vamos a vender mañana en la celebración del bautizo.

Antonio golpea suavemente un huevo y lo abre en dos para verterlo todo en una cazuela para luego empezar a mezclarlo con la harina.

Valentín: Sí, yo sé, pero afuera hay un cliente que quiere hablar con usted. Dice que lo quiere felicitar personalmente por uno de sus pasteles y hasta está pensando en hacerle unos encargos para una fiesta de graduación.

Antonio: ¡Dios! ¿Qué no podía venir otro día? ¿Por qué justo hoy?

Valentín: ¿Qué le digo?

Antonio: Dile que ya salgo a hablar con él personalmente. Deja termino de batir esta masa.

Valentín sale de la cocina. Antonio termina de batir la masa en la cazuela, que por cierto es bastante grande y después de unos segundos, se limpia las manos en el delantal y sale también de la cocina.

INT. / CAFETERÍA / DÍA

Victoria se encuentra en la elegante cafetería que suele frecuentar tomando un café de una forma muy recatada mientras usa lentes de sol. La anciana recibe una llamada a su celular y se apresura a contestar.



Victoria: ¿Bueno? (Hace una pausa) Perfecto. Entonces mientras esté distraído hablando con tu compinche, encárgate de entrar a la cocina con sumo cuidado y hacer lo que te dije. De ninguna manera quiero errores. ¿Entendido?

Victoria cuelga la llamada y mete su celular en el bolso al tiempo que sonríe con malicia.

Victoria: Vamos a ver qué va a hacer el repostero ese cuando lo refunda en la cárcel. No estoy dispuesta a perder lo que con tanto esfuerzo tuve que proteger, aún a costa de matar a Ernesto.

La sonrisa de malicia desaparece del rostro de la anciana para mostrar una expresión dura y muy seria.

INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA



Entretanto, en la pastelería, un hombre misterioso entre los clientes también cuelga su celular. Parece ser que él era con quien Victoria hablaba al otro lado de la línea. Antonio, por su parte, sale a atender el supuesto cliente que quería hablar con él. Es un hombre de mediana edad.



El cliente: (sonriendo) Me supongo que tú eres el repostero, ¿no?

Antonio: Sí, soy yo, señor. Bienvenido a Antique Amor (Ambos se dan la mano). Me dijo el mesero que quería hablar conmigo.

El cliente: Sí. Es que te quería felicitar en persona por el pastel de vainilla en leche descremada. Me lo terminé en menos de cinco minutos. Estaba como para chuparse los dedos.

Antonio: Ah, pues, muchas gracias (Rascándose la cabeza mientras sonríe incómodo). Verá usted. Mañana tengo un evento aquí mismo en la pastelería y estaba un tantito ocupado en la cocina.

El cliente: Me imagino, pero estaba pensando en hacerte una propuesta. Mi hija está por cumplir graduarse de la universidad y me gustaría encargarte el pastel para ese día. Lo ideal es que…

Mientras el hombre habla con Antonio distrayéndolo, el otro hombre misterioso se escabulle entre los clientes que frecuentan la pastelería y cuida que nadie está viéndolo para luego entrar disimuladamente a la cocina. Una vez allí, mira hacia atrás y con prontitud, saca del bolsillo de su pantalón una pequeña botella transparente con un líquido en su interior. Es el veneno que tiempo atrás Victoria había comprado. El hombre se dirige a la cazuela en la que Antonio batía la masa de los pasteles y sin darse a la espera, vierte todo el líquido de la botella allí.

El hombre: (nervioso) Tengo que salir de aquí antes de que alguien me vea.

El hombre sale de la cocina con cuidado, pero antes, se asoma por la puerta para verificar que nadie esté viéndolo. Antonio termina de hablar con el supuesto cliente y ambos se dan la mano.

Antonio: Muy bien, señor. Entonces así quedamos. Me voy a encargar de cocinar el pastel para su hija tal cual usted me lo pidió.

El cliente: Gracias, muchacho y ahora sí te dejo para que vuelvas a tus labores. Te estoy llamando.

El falso cliente se va de la pastelería. Antonio se queda viéndolo con suspicacia, como si sospechase de él y decide entrar nuevamente a la cocina para seguir batiendo la masa sin imaginarse que ya ha sido contaminada con aquel veneno no mortal.

Es así como al día siguiente se lleva a cabo el esperado bautizo del bebé. Todos se visten muy elegantes para la ocasión.

En la iglesia, se enfocan escenas del sacerdote derramando agua bendita sobre la pequeña cabeza del Dieguito, siendo cargado por Valentín y por Marina, quienes ahora serán sus padrinos. Lisandro ha asistido y se encarga de tomar varias fotografías del momento mientras que Antonio y Natasha observan muy emocionados.

INT. / ANTIQUE AMOR / DÍA

Más tarde, se ve a la pastelería llena de clientes que han sido invitados a la celebración del bautizo. Muchos aprovechan para comprar pasteles en descuento. Incluso un payaso ha sido contratado y hay un show de títeres para los pequeños hijos de los clientes.

Todo el ambiente se ve muy animado tal como una fiesta para niños. Natasha carga a Dieguito en sus brazos junto a Antonio. Las personas los felicitan y ellos les agradecen. Lisandro, Marina y Valentín también están presentes



Marina: (sonriendo) Chicos, me parece a mí que no hemos tomado casi nada de fotos y quiero muchísimas para el recuerdo. Este no es un día cualquiera.

Valentín: Pero si ya tomamos tantas en la iglesia. ¿Cuántas más quieres, amor?

Marina: Ya te dije. Quiero muchas con mi ahijado, así que a ver. Tomémonos una en la que salgamos los cuatro. Lisandro, ¿tú nos la tomas?

Lisandro: (asintiendo) Claro. Pásame el celu.

Valentín rueda los ojos algo exasperado. Todos se ríen y se ponen en posición para la fotografía. Lisandro procede a tomarla.

Marina: Bueno, ahora tómanos una a mí y a Lisandro cargando a Dieguito. ¿Me dejas cargarlo, Naty?

Natasha: (sonriendo) Claro que sí. Ten (Pasándole el bebé).

Lisandro: (preocupado) Ay, ¿será que sí me veo bien? ¿Estoy peinado? (Acomodándose el pelo).

Marina: Sí, Lisandro. no te preocupes. Tú siempre te ves genial.

Valentín toma otra fotografía, pero esta vez sólo salen en ella Lisandro y Marina cargando al bebé.

Antonio: (acercándose a Lisandro) ¿Te importaría tomarte una conmigo?

Lisandro: (sorprendido) ¿Conmigo? ¿Tú y yo?

Antonio: (riendo) Claro, tontito. Vamos a ser compadres después de todo, ¿no?

Lisandro: (riendo) Si, tienes razón.

Antonio: Marina, pásame a Dieguito.

Marina le pasa el bebé a Antonio y luego se lo pasa a Lisandro, quien se sorprende. Natasha observa con atención en silencio y sonríe, esperanzada en que ambos se acerquen más.

Lisandro: ¿Por qué me lo das a mí? Tú eres el padre.

Antonio: Sí, pero tú casi, casi vas a ser como su segundo padrino y este no es un día cualquiera como dijo Marina. Yo ya luego tendré oportunidad de tomarme retehartas fotos con él. Tómalo.

Lisandro sonríe un poco nervioso y carga al bebé en sus brazos mirándolo con ternura. Los dos se quedan de pie, se ponen en posición para que Valentín les tome la fotografía y sonríen felices ante la cámara. Éste procede a capturar el momento.

Natasha: ¡Quedaron guapísimos los dos! Valentín, no olvides enviarnos las fotos a todos, eh.

Valentín: No te preocupes. Más tarde lo hago.

Lisandro le pasa el bebé a Natasha. Antonio se acerca a él y le dice algo en voz baja.

Antonio: (sonriéndole) Gracias. Voy a conservar como un tesoro esa foto.

Lisandro: De nada, Antonio. Bueno, mejor disfrutemos de la fiesta, ¿va? Voy a ir ayudarle a Marina a servir el pastel para todos.

Lisandro se aparta un poco serio y cortante. Antonio esboza su sonrisa, pero se queda viendo de una forma especial a Lisandro, quien a lo lejos se encarga de cortar en pequeños pedazos el gran pastel junto con Marina.

INT. / CASA DE VICTORIA / NOCHE

Victoria va llegando a su casa, pero se encuentra con la sorpresa de que la puerta principal no abre con las llaves.



Victoria: (extrañada) ¿Qué pasa con esto? ¿Por qué no me abre?

La anciana intenta forzar la puerta, pero es inútil, por lo que, a los pocos segundos, alguien abre y se encuentra en primer plano con Marcus.



Marcus: (sonriéndole con burla) Doña Victoria. ¿Usted por aquí?

Victoria: (molesta) Esa pregunta va para ti más bien. ¿Puedes explicarme qué significa esto? ¿Por qué no pude abrir la puerta?

Marcus: Porque esta mañana me encargué de llamar al cerrajero para que cambiara la cerradura.

Victoria: ¿Qué? ¿Por qué razón hiciste eso?

Marcus: ¿Tan pronto se le olvidó? Yo le dije que fuera buscando dónde quedarse. Usted y yo ya no tenemos ninguna relación ni trato y esta casa es mía, así que…

Victoria: No, tú no puedes hacerme esto, muchacho. Estoy en la completa ruina. No puedes dejarme en la calle.

Marcus: Claro que puedo. Le estoy diciendo que la casa es mía y ya la dejé vivir aquí por muchos meses.

Victoria: ¡Pero no tengo a dónde ir! Estaba viviendo a expensas tuyas porque te entregué todo mi patrimonio, mi dinero. ¡Todo para que tú lo administraras y me lo devolvieras luego!

Marcus: (serio) Ya hablamos de eso, señora y le dije que no voy a devolverle nada. Llore, arrodíllese, rásguese la ropa, pero nada me va a hacer cambiar de opinión y yo no tengo por qué seguir manteniéndola. Hasta luego…

Marcus va a cerrar la puerta, pero Victoria se interpone desesperada.

Victoria: ¡Espera! ¡Tienes que escucharme! Tú no puedes correrme de esta manera. Por favor, no me hagas esto.

Marcus: ¡Apártese y no me obligue a usar la fuerza! La quiero bien lejos a usted y a su nieto.

Victoria: ¡Te estoy pidiendo que me escuches! Lisandro va a ser tuyo como quieres. Te juro que yo misma me voy a encargar de que así sea, pero tenle paciencia.

Marcus: Le tuve paciencia por nueve largos meses. Hice de todo para que se fijara en mí, pero él dice que solo me aprecia y ya me cansé

Victoria: Pero ahora va a ser diferente. Hice algo para que esos dos se alejen para siempre y esta vez va a ser muy efectivo. Te lo aseguro.

Marcus: (desconcertado) ¿A qué se refiere?

Victoria: Hace tiempo compré un veneno, pero no es mortal. Tan solo causa dolor de estómago, diarrea, dolor de cabeza y otros síntomas, y pensaba encargarle a Natasha que lo mezclara en la masa de los pasteles que cocina Antonio.

Marcus: (sorprendido) ¿Qué pretendía haciendo eso?

Victoria: Muy fácil. Los clientes que compraran esos pasteles iban a sufrir todos esos síntomas y así habrían demandado al miserable repostero ese, pero no es todo. El registro sanitario habría clausurado la pastelería y Antonio no hubiera tenido de otra que venderla para pagarle las indemnizaciones a los clientes afectados.

Marcus: No me diga que ahora sí llevó a cabo ese plan.

Victoria: Pues sí te digo, querido. Contraté dos malandrines para que se hicieran pasar por clientes y así, mientras uno distraía a Antonio, el otro entraba a la cocina sin que nadie lo viera. Mañana mismo cierran esa pastelería de por vida.

Marcus: Vaya. Nunca me imaginé que usted tuviera tanta malicia para hacer algo como eso, pero no le puedo negar que suena bien. Antonio es un imbécil y se lo merece.

Victoria: ¿Ves? Por eso te dije que debes tener paciencia. Es muy obvio que el repostero caerá en una depresión tenaz. Esa pastelería es como su vida y perderla así será un golpe muy duro para él.

Marcus: ¿Tiene algo más en mente?

Victoria: Sí, se me está ocurriendo contratar alguna prostituta que lo seduzca cuando esté deprimido y me voy a encargar de que Lisandro lo vea para que piense peor de él, así que esa será tu oportunidad para que lo convenzas de irse contigo al extranjero.

Marcus: (pensativo) Hum, nada mal. Usted me dijo una vez que en el amor y la guerra todo se vale, así que le voy a dar una
última oportunidad. Espero esta vez todo salga bien.

Victoria: Y así será, muchacho. Déjamelo todo a mí. No pienso decepcionarte.

Victoria sonríe con malicia. Marcus, aunque se ve serio, parece estar plenamente de acuerdo con ella en sus planes.

INT. / ANTIQUE AMOR / NOCHE

Ha caído la noche. La pastelería se encuentra cerrada. Lisandro, Antonio, Natasha, Marina y Valentín comparten un momento agradable, riendo y platicando de diferentes temas sentados en una mesa mientras comen pastel y toman un buen vino. Dieguito se encuentra dormido en su coche para bebé. Marcus observa desde afuera por la ventana y frunce el ceño. Parece que está vigilando a Lisandro.



Antonio: Mis padres casi me matan cuando se enteraron que quería dejar la universidad. Me dijeron que era un inútil y hace ya bastante tiempo que no me hablan, pero aquí me tienen y abrí una de las mejores pastelerías de la ciudad, aunque para ellos eso no valga nada.

Marina: Sí, Antonio. Debes estar muy orgulloso y yo debo reconocer que Antique Amor ha mejorado muchísimo, aunque al principio la detestara y te detestara a ti (Todos ríen).

Valentín: Hace unos meses los dos no se podían ver ni en pintura y ya dizque son compadres. ¿Quién lo diría?

Lisandro se levanta de la silla.

Natasha: ¿Te vas ya, Lisandro?

Lisandro: Si, lo siento chicos, pero no quiero llegar muy tarde al depa de Marcus. Me daría reteharta pena con él y ya van a ser las once.

Marina: ¿Por qué no lo llamas? Podrías quedarte en mi departamento.

Natasha: O en el mío. No tengo ningún problema.

Lisandro: Gracias, chicas, pero no quiero que vaya a pensar mal de mí. Él ha sido muy bueno conmigo.

Marina: Te preocupas tanto por ese hombre. Parece que fuera tu novio o tu marido, ja, ja, ja.

Lisandro se incomoda un poco y cruza miradas con Antonio.

Lisandro: (riendo) No, Marina, no es eso. Yo aprecio muchísimo a Marcus. Me ha tendido muy bien la mano y no quiero pagarle mal. Mejor en otra ocasión, cuando viva solo, me quedo más tiempo con ustedes, ¿va?

Marina: Hum, está bien. Luego te llamo para que me empieces a ayudar con los asuntos de mi boda con Valentín (Toma de la mano a su novio mientras sonríe).

Lisandro: Claro que sí. Tú dime nomás. Bueno, hasta luego. Que se la pasen padre.

Todos se despiden al unísono de Lisandro y éste procede a retirarse de la pastelería.

Antonio: Hey, muchachos, ya vengo. Voy a decirle algo a Lisandro que se me olvidó, no me tardo.

Antonio sale rápidamente también de la pastelería y alcanza a Lisandro en la acera.



Antonio: ¡Oye, Lisandro! ¡Espérate un momento!

Lisandro se da la vuelta y lo mira algo serio.

Antonio: ¿Podemos hablar?

Lisandro: Dime, pero no te demores. Tengo que irme.

Antonio: Solo quería darte las gracias por todo lo que has hecho por Dieguito. El haber venido a decorar la pastelería durante este mes, por haber ayudado tanto en la fiesta hoy, por todo gracias de verdad.

Lisandro: No hay de qué, Antonio. Dieguito iba a ser mi ahijado y a pesar de que yo no sea su padrino, siempre voy a querer lo mejor para él.

Antonio: Hay algo más que me gustaría decirte, pero no encuentro cómo.

Lisandro: ¿De qué se trata?

Antonio: De nosotros, Lisandro y ya sé que me pediste que no te volviera a insistir con lo mismo, pero no puedo dejar de pensar en ti y en lo que va a pasar a partir de ahora con nosotros.

Lisandro: Nosotros sólo somos amigos. ¿Qué más puede pasar?

Antonio: Mucho porque yo no puedo ser amigo de la persona a la que quiero con todo mi corazón.

Lisandro: (exasperado) Antonio. Te lo suplico, porfa, no empieces. Me tienes cansado.

Antonio: Escúchame. Yo sé que te sientes dolido y despechado por lo que pasó hace unos meses, pero te juro por mi hijo que ya cambié y que ya estoy completamente seguro de lo que siento.

Lisandro se siente conmovido al ver los ojos suplicantes de Antonio y nota un cierto tono de sinceridad en él al hablar.

Antonio: Te quiero demasiado y lo único que deseo ahora es que seamos felices los dos, pero no me pidas que te deje porque no soy capaz.

Lisandro se queda sin palabras y se le forma un nudo en la garganta. Incluso se sorprende al ver los ojos vidriosos, a punto de llorar, de él.

Antonio: Si todavía sientes algo por mí, por la amistad que tuvimos cuando estudiábamos en la universidad, dame una segunda oportunidad, por favor.

Antonio no puede contenerse más y derrama varias lágrimas. Lisandro tampoco puede evitar ponerse sollozo.

Lisandro: Me da tanto miedo que vuelva a pasar algo y que sufra el doble de lo que ya sufrí por ti alguna vez.

Antonio: Eso no va a pasar porque ahora yo cambié y ya soy otro. Te lo aseguro. Pregúntale a Natasha, a Marina, a Valentín que son tan cercanos a nosotros (Señala hacia la pastelería). Yo te quiero.

Lisandro traga saliva y tampoco puede contenerse más, pues termina derramando varias lágrimas.

Lisandro: Y yo a ti, Antonio. Me duele reconocerlo, pero yo también te quiero y eso no ha cambiado.

Los dos se abrazan en ese momento con mucha calidez y se quedan así durante varios segundos. Luego, se apartan y Antonio le limpia las lágrimas a Lisandro con delicadeza.

Antonio: Tan solo intentémoslo y vas a ver que me voy a encargar de hacerte muy feliz. Te lo prometo.

Antonio le da un beso a Lisandro, el cual, él no duda en corresponder, un beso que había quedado pendiente entre ambos desde hace mucho tiempo y en el que no dudan en desbordar lo que sienten mutuamente. Todo parece ser mágico para los dos hasta que son interrumpidos. Marcus hace aparición en la escena y aparta con brusquedad a Antonio de Lisandro.



Marcus: (furioso) ¡Déjalo, miserable!

Lisandro: (sorprendido) ¡Marcus!

Antonio: (molesto) ¿Tú que estás haciendo aquí, imbécil?

Marcus: ¿Qué te importa? Lisandro es alguien muy importante para mí y no pienso permitir que lo andes acosando y enredándolo con tus mentiras. ¿Quién te crees?

Antonio: ¿Y quién te crees tú para decidir por Lisandro? Los dos nos queremos. Tú no significas nada para él, así que piérdete.

Los dos hombres se miran fulminantes. Lisandro se pone nervioso y se interpone entre ambos.

Lisandro: ¡Ya, por favor! ¡Cálmense!

Marcus: ¿Calmarme? ¿Cómo puedes dejar que éste te bese, Lisandro? Después de todo el daño que te hizo. Recuerda que se burló de ti.

Antonio: Sí, es verdad, pero ya me arrepentí de todo y le estoy pidiendo que me dé otra oportunidad; oportunidad que a ti no te va a dar por más que quieras. Él nunca se fijaría en un riquillo creído como tú.

Marcus enfurece y no duda en lanzarle un puñetazo en la cara a Antonio.

Lisandro: (alterado) ¡Marcus, no!

Marcus, sin embargo, no se detiene y le lanza otro puño en la cara para luego lanzarlo al piso. El hombre se abalanza sobre Antonio y mientras con una mano lo jala del cuello de la camisa, la otra mano la empuña y no deja de golpearlo.

CONTINUARÁ…

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