Capítulo 20: Un fatídico malentendido
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS, COMEDOR / NOCHE
Lisandro cena en silencio con Marcus. Éste lo mira y le sonríe.


Marcus: ¿Vas a seguir molesto conmigo por lo de hace rato?
Lisandro: Es mejor que ni lo menciones.
Marcus: Te vi mirándome disimuladamente y hasta te pusiste nervioso cuando me acerqué a ti.
Lisandro: Marcus, no seas tan creído. Dejemos el tema a un lado, porfa.
De repente, el celular del chico, que está sobre la mesa del comedor, suena. Él se apresura a contestar.
Lisandro: ¿Bueno? (Hace una pasa) Sí, soy Lisandro Villegas. ¿Qué se le ofrece? (Pausa) ¿Cómo?
Lisandro desencaja el rostro completamente al escuchar lo que le han informado al otro lado de la línea. Marcus deja de comer y lo mira extrañado.
Lisandro: Está bien, ya salgo para allá.
Lisandro cuelga el celular y se levanta con prontitud del comedor. Marcus también lo hace.
Marcus: ¿Qué pasa, Lisandro? ¿Quién era?
Lisandro: (muy nervioso) Marcus, me llamaron del hospital. Natasha tuvo un accidente automovilístico y parece que está muy mal. Pidió hablar conmigo.
Marcus: Déjame acompañarte. No es bueno que vayas solo. Podemos ir mi coche,
Lisandro: Entonces apúrale y ve por las llaves. Tengo que llegar pronto.
Marcus va por las llaves de su auto. Lisandro presiona su celular contra su pecho sintiéndose muy angustiado.
INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / NOCHE
Antonio llega corriendo al hospital acompañado de Valentín. Los dos lucen sumamente preocupados, en especial el primero, quien se acerca a una enfermera.


Antonio: Disculpe, señorita. Me llamaron para informarme que la madre de mi hijo sufrió un accidente y la trasladaron de urgencia para acá. ¿Cómo está?
Enfermera: ¿Cómo se llama la señora?
Antonio: Natasha… Natasha Méndez.
Enfermera: ¿Usted es Antonio?
Antonio: Sí, soy yo. ¿Por qué?
Enfermera: Ella se encuentra muy delicada de salud. Tiene varias contusiones en el cuerpo, se quebró algunas costillas y sufrió daños internos en varios órganos.
Valentín: (agobiado) ¿Qué dice el doctor? ¿Qué esperanzas tiene de que se va a poner bien?
Enfermera: Todo depende de cómo evolucione en las próximas horas. Ella se encuentra en observación y pidió hablar con usted, señor (Se refiere Antonio). Puede pasar a la habitación.
Antonio siente un enorme vacío que le invade de sólo pensar en la posibilidad de que Natasha no sobreviva. Minutos después, el hombre ingresa a la habitación, encontrándose en primer plano con Natasha acostada sobre la cama, conectada a un electrocardiograma y con múltiples golpes en todo el cuerpo, además de un vendaje que cubre la parte superior de su cabeza. Antonio se acerca a ella y la toma con sumo cuidado de la mano a lo que ella abre los ojos con debilidad.

Natasha: An… Antonio…
Antonio: (agobiado) Natasha. ¿Qué te ocurrió? ¿Cómo te pasó esto?
Natasha: (balbuceando) Hay… Hay algo que… que debes saber…
La joven habla con dificultad, pues incluso siente un intenso dolor físico al intentar pronunciar las palabras.
Natasha: Todo esto es culpa de ella.
Antonio: (desconcertado) ¿De quién hablas?
Natasha: Antonio, yo… Yo no me aparecí en tu vida por casualidad (Hace una pausa y traga saliva). Fui enviada por alguien.
Antonio: No entiendo, Natasha. ¿De qué estás hablando?
Natasha: Doña Victoria quería evitar que tú y Lisandro… (Fatigada) Ah…
Antonio: No te esfuerces. Puedes decirme luego.
Natasha: No, me siento muy mal… Puede ser muy tarde después.
Antonio: No digas eso, Natasha. Tú tienes que levantarte de esta cama. Dieguito te necesita, no pienses que…
Natasha: (lo interrumpe) Cualquier cosa puede pasar y me tienes que escuchar ahora. Quise que Lisandro estuviera presente, pero aún no llega, así que te lo diré a ti…
Antonio decide disponerse a escucharla con atención. Natasha respira y prosigue hablando.
Natasha: Antonio… Doña Victoria está detrás de todo (Antonio se sorprende). Ella es la responsable de la intoxicación y… (Hace otra pausa) También mandó a quemar tu pastelería.
Antonio: ¿Por qué la acusas? ¿Por qué habría hecho esa señora cosas tan bajas? ¿Qué le he hecho?
Natasha: Hace un tiempo está arruinada y cayó en bancarrota, y quiere usar a Lisandro para salvarse casándolo con una millonaria. Por eso te odia. Ella te ve como un obstáculo en sus planes y yo… (Solloza) Yo fui su cómplice.
Antonio se echa para atrás mirándola con los ojos desorbitados. Una lágrima discreta cae de uno de los ojos de la ex modelo.
Antonio: Eso no puede ser, Natasha, no puede ser… (Repite desesperado).
Natasha: Pero es la verdad… Doña Victoria me contactó desde Nueva York. Pensó que yo era la indicada para seducirte y separarte de Lisandro, y me manipuló con pagarme muy bien cuando se enteró de mi situación económica…
Natasha gimotea y se fatiga, pues cada vez se siente más débil. Antonio, por su parte, niega con la cabeza y se recuesta en la pared sin poder creer todas esas afirmaciones.
Natasha: Ella sabía que mi padre estaba en un asilo, confinado a una silla de ruedas de por vida y después de que me corrieron de la agencia, supo que no tenía cómo pagar la cuenta del asilo y me aseguró que me pagaría muy bien…
Antonio: Entonces, ¿tu padre nunca murió cómo me dijiste?
Natasha: (negando con la cabeza) No. Te mentí para que me dieras trabajo en Antique Amor. El plan era estar cerca de ti todo el tiempo, vigilándote y hacer de todo para que Lisandro se decepcionara de ti.
Antonio cierra los ojos con fuerza y suspira al tiempo que empuña ambos manos.
Natasha: Todas las intrigas, todo lo que pasó entre tú y él fue mi culpa.
Antonio: (con un nudo en la garganta) ¿Cómo pudiste, Natasha? ¿Tienes idea de todo lo que Lisandro sufrió? Y ahora yo… ¡Yo lo perdí todo! ¡Todo! Perdí mi pastelería y si no pago la indemnización puedo ir a la cárcel.
Natasha: (llorando) Lo sé, Antonio, lo sé, pero te juro por mi papá que estoy muy arrepentida. Yo sé que les hice mucho daño a los dos, pero me arrepiento en el alma… (Desconsolada)
Antonio: ¿Cómo pudieron aliarse las dos en nuestra contra? Hasta embarazada resultaste y Dieguito sólo fue un juguete que tú usaste para tus planes (Indignado).
Natasha: Te juro que no. Cuando supe que estaba embarazada, ya no seguí trabajando más para doña Victoria… Ella quería que yo pusiera un líquido raro en tus pasteles, pero me negué y me amenazó y yo estaba tan asustada que por eso callé todo este tiempo…
Antonio no sabe qué más decir y llora en silencio sintiendo una gran indignación e impotencia. Natasha lo observa desbastada desde la cama.
Natasha: Antonio, perdóname… Perdóname, te lo pido. Tienes que cuidar bien de Dieguito si algo me pasa y algo me dice que… este accidente tampoco es casualidad.
Antonio: (impactado) ¿Estás diciendo que esa vieja te hizo esto?
Natasha asiente despacio con la cabeza. Antonio suspira durante un par de segundos y mira hacia el techo sin poder asumir todo aquello de lo que se ha enterado.
Natasha: Fui a su casa a reclamarle y poco después de que salí, iba en un taxi y un tipo en un auto nos embistió.
Antonio: Dios…
Natasha: Debes hablar con Lisandro. Cuéntale todo lo que te dije y denúncienla. Esa anciana debe estar tras las rejas o puede hacer algo peor…
Antonio: (furioso) ¿Dónde vive?
Natasha: ¿Para qué quieres saber eso? Haz lo que te digo solamente.
Antonio: Quiero ir personalmente hasta su casa y enfrentarla a ver si es capaz de hacerme lo mismo que te hizo a ti.
Natasha: No, Antonio… Es peligroso.
Antonio: ¡Muy bien! Yo mismo me voy a encargar de averiguarlo con tu teléfono. Voy a pedirlo a donde llevaron tus cosas. De seguro fue con ella con la que hablaste en el depa cuando llegamos, ¿no? Ahí debe estar la ubicación de esa pinche vieja malnacida.
Antonio sale a toda prisa.
Natasha: Antonio, no…
Natasha intenta recostarse, pero termina agitándose aún más y gime adolorida. Minutos después, Antonio sale del hospital a toda prisa y cuando va cruzando la entrada, Lisandro entra acompañado de Marcus, sin embargo, ninguno de los dos se ve. Marcus sí lo hace y se extraña, pero decide callar y no decirle nada a Lisandro.


Lisandro: (acercándose a la recepción) Buenas noches, señorita. Estoy buscando a alguien que acabó de tener un accidente. Natasha Méndez se llama. ¿Dónde queda su habitación?
Recepcionista: Déjeme mirar en la base de datos. Un momento, por favor.
La recepcionista busca en su computador mientras que Lisandro luce impaciente.
Marcus: Trata de calmarte, Lisandro. Nada te ganas con estar así.
Lisandro: No puedo, Marcus. Me tiene muy preocupado lo que pasó y tengo un mal presentimiento que no me deja tranquilo.
Recepcionista: Joven. Es la habitación 675, en el sexto piso.
Lisandro: Gracias. Vamos, Marcus.
Los dos se dirigen al ascensor rápidamente. Una vez que Lisandro llega al piso correspondiente, ingresa a la habitación de Natasha él solo. Ella yace acostada en la cama y dirige su mirada hacia él. Lisandro se cubre la boca al verla tan malherida.

Lisandro: (angustiado) Natasha, ya estoy aquí. Vine lo más pronto que pude.
Natasha: (exaltada) Lisandro... Lisandro, tienes que hacer algo. Antonio salió de aquí y puede cometer una locura.
Lisandro: ¿De qué hablas?
Natasha: Él te lo contará luego, pero puede hacerle algo a tu abuela. Tienes que detenerlo.
Lisandro: (desconcertado) ¿Mi abuela? ¿Qué tiene que ver ella con esto?
Natasha: Escúchame y hazme caso. Luego lo sabrás todo, pero ve tras él antes de que ocurra una tragedia peor, por favor.
Lisandro: Pero yo ni siquiera sé dónde vive mi abuela. No sé nada de ella desde hace meses.
Natasha: Te lo diré, pero prométeme que vas a salir para allá en cuanto te lo diga.
Natasha muestra una expresión de dolor en su rostro y se toca el abdomen.
Lisandro: (preocupado) ¿Estás bien?
Natasha asiente levemente con la cabeza y procede a decirle la dirección a Lisandro.
INT. / CASA DE VICTORIA, DORMITORIO / NOCHE
Victoria habla por celular, sentada en su cama. La anciana ya se encuentra en bata.

Victoria: ¿Hiciste el trabajo como te lo pedí? (Hace una pausa) Perfecto (Sonríe con satisfacción). Espero que todo parezca un accidente de verdad y que no se levanten sospechas de que fue causado. Mañana te llamo para darte el dinero que te prometí.
El timbre de la casa suena insistentemente de fondo. Victoria cuelga su celular y sigue sonriendo notablemente satisfecha.
Victoria: (cínica) Qué mal por Natasha. Tan joven y bella, pero ni modo. ¿Quién la mandó a meter sus narices en donde la había llamado? Espero y se muera para que no sufra mucho.
La anciana ríe sin ningún remordimiento de conciencia. El timbre sigue sonando, cosa de la que se percata.
Victoria: (extrañada) ¿Quién está tocando a esta hora? Ya es más de medianoche.
Victoria se levanta de la cama y sale de su habitación, ubicada en el segundo piso de la casa. Desde arriba, alcanza a ver cuando la empleada abre la puerta y Antonio pasa sin pedir ninguna clase de permiso.

Empleada: (asustada) ¿Quién es usted, señor? No puede pasar así.
Antonio: ¿Dónde está?
Empleada: ¿A quién busca?
Antonio: ¿Dónde está esa vieja desgraciada? ¡Que salga y me dé la cara!
Victoria: (desde arriba) Aquí estoy, Antonio.
Antonio alza la mirada y ve a la anciana, por lo que, sin darse a la espera, sube las escaleras rápidamente y se acerca a ella. Victoria permanece serena.
Antonio: (furioso) Con usted quería hablar, maldita anciana.
Victoria: Veo que estás muy enojado. ¿Tienes alguna razón para hablarme así, muchacho?
Antonio: Tengo muchas, no solo una. Pensó que podía deshacerse de Natasha para que no dijera nada, pero ya estoy al tanto de todo. ¿Cómo la ve?
Victoria: (cínica) Muy bien. Ya que te enteraste, ¿qué piensas hacer? ¿Vienes a matarme?
Antonio: Ganas no me faltan. Usted merece lo peor, pero creo que hasta la muerte sería un premio para usted después de todo el daño que nos ha hecho.
Empleada: (desde abajo) ¿Quiere que llame a seguridad, doña Victoria?
Victoria: No, déjalo. En cuanto a ti, Antonio, será mejor que te vayas. En parte, me alegra que te hayas enterado porque así sabes de lo que soy capaz y el mensaje es claro. ¡Aléjate de Lisandro!
Antonio: ¡Vieja desgraciada! ¡Va a pagar muy caro todo lo que ha hecho, se lo juro!
Victoria: ¿Cómo lo voy a pagar, malnacido? ¡Dime! ¿Vas a matarme? (Retadora).
Antonio: Peor que eso. Me voy ya mismo para la delegación a denunciarla y le voy a contar absolutamente todo a su nieto para que se dé cuenta de la clase de basura que tiene por abuela.
Antonio se aproxima a bajar las escaleras dispuesto a salir de allí. Victoria corre tras él e intenta detenerlo.
Victoria: ¡Ni creas que voy a permitir que arruines mis planes! ¡Tú de aquí no sales!
Antonio: ¡Suélteme, vieja loca! ¡No me obligue a usar la fuerza con usted!
Antonio comienza a forcejear con Victoria, ambos muy cerca de las escaleras.
Antonio: (furioso) ¡Que me suelte, le digo!
Antonio logra zafarse de la anciana, quien pierde el equilibrio y termina cayendo por las escaleras. Justo en ese momento, Lisandro entraba a la casa y se queda impávido ante lo que ve. Victoria termina de caer golpeándose muy fuerte en todo el cuerpo y yace inconsciente el piso.

Lisandro: (desesperado) ¡Por Dios, Antonio! ¿Qué hiciste?
Antonio observa a Victoria desde arriba con los ojos desorbitados. Lisandro corre hacia su abuela y se inclina para socorrerla. Marcus entra justo después de él.

Lisandro: (moviéndola) ¡Abuela, abuela! Despierta. Dime algo.
Lisandro toma la cabeza de Victoria entre sus manos y sigue moviéndola inútilmente.
Marcus: (desconcertado) ¿Qué pasó aquí, Lisandro?
Lisandro: ¡Mi abuela, Marcus! (Desesperado) ¡Llama una ambulancia!
Antonio: (balbuceando) Li… Lisandro. Te juro que yo no lo hice… Fue un accidente.
Lisandro: ¡Cállate! Yo vi muy bien cuando empujaste a mi abuela por las escaleras. ¿Cómo pudiste?
Antonio: ¡No! ¡No fue así! Ella se resbaló y perdió el equilibrio. Tienes que creerme.
Lisandro rompe a llorar pensando lo peor. Victoria sigue inconsciente.
INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / AL DÍA SIGUIENTE
Ha amanecido y es un nuevo día. Lisandro se encuentra sentado en la sala de espera del hospital sin haber dormido durante toda la noche. Marcus se acerca a él y le da un café en un vaso reciclable.


Lisandro: Gracias.
Marcus: Lisandro, es mejor que te vayas al departamento, te duches y comas algo. Puedo quedarme aquí pendiente de alguna noticia si gustas.
Lisandro: No, Marcus, no puedo. Tengo que ser yo quien esté al tanto de lo que pase con mi abuela. No me puedo ir (Toma un sorbo del café).
Marcus: ¿Piensas dejar las cosas así?
Lisandro: ¿A qué te refieres?
Marcus: Antonio intentó matar a tu abuela. La lanzó por las escaleras. Lo que pase con ella va a ser su culpa y tienes que levantar una denuncia en contra de ese tipo por lo que hizo.
Lisandro: (exasperado) ¿Crees que este es el momento para pensar en eso? Lo único que me importa ahora es saber cómo está ella.
De repente, un doctor hace aparición en la escena y habla en voz alta.
Doctor: ¿Familiares de la señora Victoria Maldonado?
Lisandro se levanta rápidamente y se acerca al doctor. Marcus lo sigue.
Lisandro: Yo, doctor. Yo soy su nieto. ¿Cómo está mi abuela?
Doctor: Logramos estabilizarla, aunque por su edad, la caída comprometió varios de sus huesos y su columna vertebral.
Lisandro: ¡Dios mío! (Llevándose las manos a la boca)
Doctor: Temo decirle que su abuela no va a poder volver a caminar.
Lisandro se queda impactado al escuchar al doctor. Marcus también se sorprende.
Marcus: (al doctor) ¿Qué tan altas son las probabilidades de que eso pase o no hay ninguna manera de empezar un tratamiento?
Doctor: Su columna quedó gravemente afectada por la caída, pero es probable que con algunas operaciones pueda recuperar el movimiento, solo que…
Lisandro: ¿Solo que qué, doctor? ¿Qué tiene para decir?
Doctor: Bueno, doña Victoria está en una edad en la que todo procedimiento quirúrgico puede resultar peligroso para su vida. Por lo tanto, es poco recomendable que se someta a operaciones porque nunca se sabe y es algo que se sale de nuestras manos.
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Está bien, doctor. Gracias.
El doctor se retira dejándolos solos. Lisandro suelta un suspiro sin poder asumir aquella información.
Lisandro: (agobiado) Mi abuela va a estar confinada todo el resto de su vida a una silla de ruedas. Dios mío. Esto es horrible. Ella me trató muy mal, pero nunca le hubiera deseado algo así.
Marcus: Voy a hacer lo posible para averiguar qué podemos hacer por ella, Lisandro. Tú no te preocupes. Déjamelo a mí.
Lisandro: (pensativo) Gracias, Marcus. Tú siempre has hecho tanto por mí y yo, sin embargo, siempre he sido tan menso. Tú me lo advertiste y no lo quise ver…
Marcus: ¿Qué quieres decir?
Lisandro: El que mi abuela esté ahora en ese estado es culpa de Antonio. Él la empujó por las escaleras y ella no se pudo defender.
Marcus: Antonio quería matarla. Por eso te digo que no puede andar por ahí como si nada. Ese imbécil llegó muy lejos y tiene que pagar por lo que hizo.
Lisandro: Pero no puedo denunciarlo sin saber qué pasó entre ellos. Debe haber alguna razón para que Antonio hiciera algo así. Claro… (Pensativo) Natasha me puede explicar.
Marcus: (extrañado) ¿Por qué ella?
Lisandro: Natasha sabía que Antonio se dirigía para la casa de mi abuela y me suplicó que lo detuviera. Ella debe saber por qué y ahorita está en este mismo hospital. ¿Por qué no me acompañas para hablar con ella?
Marcus: Está bien, vamos.
Entretanto, unos cuantos pisos más abajo, Antonio y Valentín se encuentran en la sala de espera aguardando sentados.


Antonio: (impaciente) ¿Por qué se tomarán tanto tiempo para darnos noticias de Natasha? ¿Qué está pasando allá adentro?
Valentín: No lo sé, patrón. Tal parece que se puso muy mal en la madrugada, justo después de que Lisandro vino a verla.
Antonio: Con todo esto ni he podido hablar con Marina para preguntarle por Dieguito. ¿Tú has hablado con ella?
Valentín: Sí y me dijo que está bien. Mandó a decirle que desea que todo se mejore para usted y que Natasha se ponga mejor.
Antonio: (agobiado) Ya no sé si las cosas vayan a mejorar para mí después de lo que pasó anoche.
Valentín: (extrañado) ¿A qué se refiere?
Antonio: Valentín, tú no sabes, pero anoche ocurrió otra tragedia. La abuela de Lisandro rodó por las escaleras y él justo ahorita debe estar pensando que yo lo hice.
Valentín: (sorprendido) ¿De veras?
Antonio: Sí, es que con todo esto no he podido contarte bien. Natasha me confesó que esa vieja…
De repente, ambos ven venir a Lisandro y a Marcus. Antonio inmediatamente se pone de pie y se acerca a él.


Antonio: Lisandro…
Lisandro: (empujándolo) No te me acerques.
Antonio: Lisandro, tienes que escucharme. Lo de anoche fue un malentendido. Yo no empujé a esa señora por las escaleras como estás creyendo. Ella se cayó solita.
Lisandro: (enojado) No trates de verme la cara de estúpido. Yo te vi cuando estabas forcejeando con ella. Vi muy bien cuando la hiciste a un lado y ella se resbaló. ¡Yo lo vi todo!
Antonio: Sí, es verdad. Yo la hice a un lado con fuerza porque me estaba reteniendo y no me quería soltar. ¿Qué querías que hiciera? ¡Fue un accidente! ¡Tienes que creerme! (Desesperado).
Lisandro: Un accidente que tú pudiste evitar. ¿Con quién pensabas que estabas peleando? ¡Con una anciana, una persona mayor que tú que no se podía defender!
Antonio: Estás en un error. Yo no estaba peleando con tu abuela. Ella quería evitar que saliera de su casa para irla a denunciar por todo el mal que ha hecho y para que no te contara los sucios planes que ha tenido.
Marcus se siente un poco nervioso por lo que Antonio pueda decir en frente de Lisandro ante lo cual decide intervenir.
Marcus: Yo siendo tú no escucharía nada de lo que este idiota tenga para decir, Lisandro. Te quiere engañar como siempre.
Antonio: (molesto) Tú no te metas. Esto no es contigo, así que lárgate.
Lisandro: ¿Por qué debería irse? Marcus es mi amigo y en cuanto a ti… (Hace una pausa) Ya no sé ni qué pensar. Creí que las cosas iban a ser diferentes de ahora en adelante, pero lo arruinaste todo otra vez, Antonio… (Sollozo).
Antonio: Lisandro, no me digas eso. Te estoy diciendo que tu abuela es mala. Ella…
Lisandro: ¡Basta! Deja de mentirme y de calumniarla. Yo sé muy bien que ella me odia y que en parte hasta te odia a ti porque sabe que te quiero, pero no tenías que ir a su casa a atacarla. ¿Cómo pudiste?
Antonio: Pero te estoy explicando que no fue así. Yo…
Marcus: (interviniendo) Mejor vámonos de aquí, Lisandro. La única que nos puede dar una explicación es tu amiga.
Lisandro: Tienes razón. No tiene caso que escuche más.
De repente, un doctor viene y se acerca a los presentes.
Doctor: ¿Familiares de la señora Natasha Méndez?
Antonio: (preocupado) Ella es la madre de mi hijo, doctor. ¿Cómo sigue?
El doctor suspira y los mira seriamente a todos.
Doctor: Lamento decirles que no tengo buenas noticias. Cada hora que pasa su salud se vuelve más complicada, pero estamos haciendo todo lo posible. Es bueno que pasen a verla y que se preparen para lo que pueda pasar. Con permiso.
El doctor se retira dejándolos a todos desbastados. Marcus es el único sorprendido. Antonio, por su parte, se derrumba y se sienta en una silla sin poderlo creer mientras que Lisandro siente un nudo en la garganta.
Antonio: Esto no puede ser. Natasha no se puede dejar. Ella no puede dejar a mi hijo solo…
Lisandro: (pensativo) Voy a pasar a verla.
Marcus: ¿Quieres que te acompañe?
Antonio: (levantándose) Tú no tienes nada que hacer aquí. Voy a ser yo quien pase a verla con Lisandro.
Lisandro mira con reproche a Antonio, pero guarda silencio y entra a la habitación. Antonio lo sigue. Por otra parte, aún en el mismo hospital, Victoria se encuentra dentro de su habitación, acostada sobre una cama. La anciana tiene una venda que cubre la parte superior de su cabeza y un cuello ortopédico. El doctor que había hablado con Lisandro y con Marcus entra.
Victoria: (algo débil) ¿Qué pasó? ¿Todo salió bien?
Doctor: Sí, señora. Mejor de lo que pensaba.
Victoria: (sonriendo levemente) Me alegra. ¿Cómo tomaron la noticia? En especial mi nieto. ¿Qué dijo cuando supo que no iba a volver a caminar?
Doctor: Tanto él como el otro hombre que lo acompañaba se sorprendieron. Me preguntaron si algún día usted podría recuperar el movimiento con operaciones y tratamiento, pero les dije que por su edad no era posible.
Victoria: Perfecto. Hizo un muy buen trabajo, doctor. Para todo el mundo debo parecer una paralítica y absolutamente nadie puede saber lo contrario. ¿Entendido?
Doctor: Así será, señora. Ya pasé el reporte al hospital de su diagnóstico.
Victoria: En ese caso, esperemos unos días mientras me da usted de alta para pagarle lo que le prometí por su ayuda. Puede retirarse. Gracias.
Doctor: Con permiso.
El doctor se retira de la habitación dejando a solas a Victoria, quien sonríe con su habitual malicia. Pese a que la anciana luce adolorida por la caída, en realidad no está tan grave de salud.
Victoria: Todo me está saliendo excelente. La verdad no contaba con que el repostero fuera a mi casa a reclamarme. La idea era que la “modelito” esa muriera en el accidente, pero ya que no fue así, en parte me ayudó.
Victoria suelta una leve risa y mira al vacío mientras sigue hablando sola.
Victoria: Voy a refundir en la cárcel a Antonio por haberme dejado supuestamente en una silla de ruedas y me voy a encargar de que todos lo crean así. Tendré que convertirme en la mejor actriz para que nadie sepa que mis piernas están perfectas…
La anciana continúa riéndose de su nuevo plan, puesto que, en realidad, su supuesta invalidez se ha tratado de un montaje.
CONTINUARÁ…


Marcus: ¿Vas a seguir molesto conmigo por lo de hace rato?
Lisandro: Es mejor que ni lo menciones.
Marcus: Te vi mirándome disimuladamente y hasta te pusiste nervioso cuando me acerqué a ti.
Lisandro: Marcus, no seas tan creído. Dejemos el tema a un lado, porfa.
De repente, el celular del chico, que está sobre la mesa del comedor, suena. Él se apresura a contestar.
Lisandro: ¿Bueno? (Hace una pasa) Sí, soy Lisandro Villegas. ¿Qué se le ofrece? (Pausa) ¿Cómo?
Lisandro desencaja el rostro completamente al escuchar lo que le han informado al otro lado de la línea. Marcus deja de comer y lo mira extrañado.
Lisandro: Está bien, ya salgo para allá.
Lisandro cuelga el celular y se levanta con prontitud del comedor. Marcus también lo hace.
Marcus: ¿Qué pasa, Lisandro? ¿Quién era?
Lisandro: (muy nervioso) Marcus, me llamaron del hospital. Natasha tuvo un accidente automovilístico y parece que está muy mal. Pidió hablar conmigo.
Marcus: Déjame acompañarte. No es bueno que vayas solo. Podemos ir mi coche,
Lisandro: Entonces apúrale y ve por las llaves. Tengo que llegar pronto.
Marcus va por las llaves de su auto. Lisandro presiona su celular contra su pecho sintiéndose muy angustiado.
INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / NOCHE
Antonio llega corriendo al hospital acompañado de Valentín. Los dos lucen sumamente preocupados, en especial el primero, quien se acerca a una enfermera.


Antonio: Disculpe, señorita. Me llamaron para informarme que la madre de mi hijo sufrió un accidente y la trasladaron de urgencia para acá. ¿Cómo está?
Enfermera: ¿Cómo se llama la señora?
Antonio: Natasha… Natasha Méndez.
Enfermera: ¿Usted es Antonio?
Antonio: Sí, soy yo. ¿Por qué?
Enfermera: Ella se encuentra muy delicada de salud. Tiene varias contusiones en el cuerpo, se quebró algunas costillas y sufrió daños internos en varios órganos.
Valentín: (agobiado) ¿Qué dice el doctor? ¿Qué esperanzas tiene de que se va a poner bien?
Enfermera: Todo depende de cómo evolucione en las próximas horas. Ella se encuentra en observación y pidió hablar con usted, señor (Se refiere Antonio). Puede pasar a la habitación.
Antonio siente un enorme vacío que le invade de sólo pensar en la posibilidad de que Natasha no sobreviva. Minutos después, el hombre ingresa a la habitación, encontrándose en primer plano con Natasha acostada sobre la cama, conectada a un electrocardiograma y con múltiples golpes en todo el cuerpo, además de un vendaje que cubre la parte superior de su cabeza. Antonio se acerca a ella y la toma con sumo cuidado de la mano a lo que ella abre los ojos con debilidad.

Natasha: An… Antonio…
Antonio: (agobiado) Natasha. ¿Qué te ocurrió? ¿Cómo te pasó esto?
Natasha: (balbuceando) Hay… Hay algo que… que debes saber…
La joven habla con dificultad, pues incluso siente un intenso dolor físico al intentar pronunciar las palabras.
Natasha: Todo esto es culpa de ella.
Antonio: (desconcertado) ¿De quién hablas?
Natasha: Antonio, yo… Yo no me aparecí en tu vida por casualidad (Hace una pausa y traga saliva). Fui enviada por alguien.
Antonio: No entiendo, Natasha. ¿De qué estás hablando?
Natasha: Doña Victoria quería evitar que tú y Lisandro… (Fatigada) Ah…
Antonio: No te esfuerces. Puedes decirme luego.
Natasha: No, me siento muy mal… Puede ser muy tarde después.
Antonio: No digas eso, Natasha. Tú tienes que levantarte de esta cama. Dieguito te necesita, no pienses que…
Natasha: (lo interrumpe) Cualquier cosa puede pasar y me tienes que escuchar ahora. Quise que Lisandro estuviera presente, pero aún no llega, así que te lo diré a ti…
Antonio decide disponerse a escucharla con atención. Natasha respira y prosigue hablando.
Natasha: Antonio… Doña Victoria está detrás de todo (Antonio se sorprende). Ella es la responsable de la intoxicación y… (Hace otra pausa) También mandó a quemar tu pastelería.
Antonio: ¿Por qué la acusas? ¿Por qué habría hecho esa señora cosas tan bajas? ¿Qué le he hecho?
Natasha: Hace un tiempo está arruinada y cayó en bancarrota, y quiere usar a Lisandro para salvarse casándolo con una millonaria. Por eso te odia. Ella te ve como un obstáculo en sus planes y yo… (Solloza) Yo fui su cómplice.
Antonio se echa para atrás mirándola con los ojos desorbitados. Una lágrima discreta cae de uno de los ojos de la ex modelo.
Antonio: Eso no puede ser, Natasha, no puede ser… (Repite desesperado).
Natasha: Pero es la verdad… Doña Victoria me contactó desde Nueva York. Pensó que yo era la indicada para seducirte y separarte de Lisandro, y me manipuló con pagarme muy bien cuando se enteró de mi situación económica…
Natasha gimotea y se fatiga, pues cada vez se siente más débil. Antonio, por su parte, niega con la cabeza y se recuesta en la pared sin poder creer todas esas afirmaciones.
Natasha: Ella sabía que mi padre estaba en un asilo, confinado a una silla de ruedas de por vida y después de que me corrieron de la agencia, supo que no tenía cómo pagar la cuenta del asilo y me aseguró que me pagaría muy bien…
Antonio: Entonces, ¿tu padre nunca murió cómo me dijiste?
Natasha: (negando con la cabeza) No. Te mentí para que me dieras trabajo en Antique Amor. El plan era estar cerca de ti todo el tiempo, vigilándote y hacer de todo para que Lisandro se decepcionara de ti.
Antonio cierra los ojos con fuerza y suspira al tiempo que empuña ambos manos.
Natasha: Todas las intrigas, todo lo que pasó entre tú y él fue mi culpa.
Antonio: (con un nudo en la garganta) ¿Cómo pudiste, Natasha? ¿Tienes idea de todo lo que Lisandro sufrió? Y ahora yo… ¡Yo lo perdí todo! ¡Todo! Perdí mi pastelería y si no pago la indemnización puedo ir a la cárcel.
Natasha: (llorando) Lo sé, Antonio, lo sé, pero te juro por mi papá que estoy muy arrepentida. Yo sé que les hice mucho daño a los dos, pero me arrepiento en el alma… (Desconsolada)
Antonio: ¿Cómo pudieron aliarse las dos en nuestra contra? Hasta embarazada resultaste y Dieguito sólo fue un juguete que tú usaste para tus planes (Indignado).
Natasha: Te juro que no. Cuando supe que estaba embarazada, ya no seguí trabajando más para doña Victoria… Ella quería que yo pusiera un líquido raro en tus pasteles, pero me negué y me amenazó y yo estaba tan asustada que por eso callé todo este tiempo…
Antonio no sabe qué más decir y llora en silencio sintiendo una gran indignación e impotencia. Natasha lo observa desbastada desde la cama.
Natasha: Antonio, perdóname… Perdóname, te lo pido. Tienes que cuidar bien de Dieguito si algo me pasa y algo me dice que… este accidente tampoco es casualidad.
Antonio: (impactado) ¿Estás diciendo que esa vieja te hizo esto?
Natasha asiente despacio con la cabeza. Antonio suspira durante un par de segundos y mira hacia el techo sin poder asumir todo aquello de lo que se ha enterado.
Natasha: Fui a su casa a reclamarle y poco después de que salí, iba en un taxi y un tipo en un auto nos embistió.
Antonio: Dios…
Natasha: Debes hablar con Lisandro. Cuéntale todo lo que te dije y denúncienla. Esa anciana debe estar tras las rejas o puede hacer algo peor…
Antonio: (furioso) ¿Dónde vive?
Natasha: ¿Para qué quieres saber eso? Haz lo que te digo solamente.
Antonio: Quiero ir personalmente hasta su casa y enfrentarla a ver si es capaz de hacerme lo mismo que te hizo a ti.
Natasha: No, Antonio… Es peligroso.
Antonio: ¡Muy bien! Yo mismo me voy a encargar de averiguarlo con tu teléfono. Voy a pedirlo a donde llevaron tus cosas. De seguro fue con ella con la que hablaste en el depa cuando llegamos, ¿no? Ahí debe estar la ubicación de esa pinche vieja malnacida.
Antonio sale a toda prisa.
Natasha: Antonio, no…
Natasha intenta recostarse, pero termina agitándose aún más y gime adolorida. Minutos después, Antonio sale del hospital a toda prisa y cuando va cruzando la entrada, Lisandro entra acompañado de Marcus, sin embargo, ninguno de los dos se ve. Marcus sí lo hace y se extraña, pero decide callar y no decirle nada a Lisandro.


Lisandro: (acercándose a la recepción) Buenas noches, señorita. Estoy buscando a alguien que acabó de tener un accidente. Natasha Méndez se llama. ¿Dónde queda su habitación?
Recepcionista: Déjeme mirar en la base de datos. Un momento, por favor.
La recepcionista busca en su computador mientras que Lisandro luce impaciente.
Marcus: Trata de calmarte, Lisandro. Nada te ganas con estar así.
Lisandro: No puedo, Marcus. Me tiene muy preocupado lo que pasó y tengo un mal presentimiento que no me deja tranquilo.
Recepcionista: Joven. Es la habitación 675, en el sexto piso.
Lisandro: Gracias. Vamos, Marcus.
Los dos se dirigen al ascensor rápidamente. Una vez que Lisandro llega al piso correspondiente, ingresa a la habitación de Natasha él solo. Ella yace acostada en la cama y dirige su mirada hacia él. Lisandro se cubre la boca al verla tan malherida.

Lisandro: (angustiado) Natasha, ya estoy aquí. Vine lo más pronto que pude.
Natasha: (exaltada) Lisandro... Lisandro, tienes que hacer algo. Antonio salió de aquí y puede cometer una locura.
Lisandro: ¿De qué hablas?
Natasha: Él te lo contará luego, pero puede hacerle algo a tu abuela. Tienes que detenerlo.
Lisandro: (desconcertado) ¿Mi abuela? ¿Qué tiene que ver ella con esto?
Natasha: Escúchame y hazme caso. Luego lo sabrás todo, pero ve tras él antes de que ocurra una tragedia peor, por favor.
Lisandro: Pero yo ni siquiera sé dónde vive mi abuela. No sé nada de ella desde hace meses.
Natasha: Te lo diré, pero prométeme que vas a salir para allá en cuanto te lo diga.
Natasha muestra una expresión de dolor en su rostro y se toca el abdomen.
Lisandro: (preocupado) ¿Estás bien?
Natasha asiente levemente con la cabeza y procede a decirle la dirección a Lisandro.
INT. / CASA DE VICTORIA, DORMITORIO / NOCHE
Victoria habla por celular, sentada en su cama. La anciana ya se encuentra en bata.

Victoria: ¿Hiciste el trabajo como te lo pedí? (Hace una pausa) Perfecto (Sonríe con satisfacción). Espero que todo parezca un accidente de verdad y que no se levanten sospechas de que fue causado. Mañana te llamo para darte el dinero que te prometí.
El timbre de la casa suena insistentemente de fondo. Victoria cuelga su celular y sigue sonriendo notablemente satisfecha.
Victoria: (cínica) Qué mal por Natasha. Tan joven y bella, pero ni modo. ¿Quién la mandó a meter sus narices en donde la había llamado? Espero y se muera para que no sufra mucho.
La anciana ríe sin ningún remordimiento de conciencia. El timbre sigue sonando, cosa de la que se percata.
Victoria: (extrañada) ¿Quién está tocando a esta hora? Ya es más de medianoche.
Victoria se levanta de la cama y sale de su habitación, ubicada en el segundo piso de la casa. Desde arriba, alcanza a ver cuando la empleada abre la puerta y Antonio pasa sin pedir ninguna clase de permiso.

Empleada: (asustada) ¿Quién es usted, señor? No puede pasar así.
Antonio: ¿Dónde está?
Empleada: ¿A quién busca?
Antonio: ¿Dónde está esa vieja desgraciada? ¡Que salga y me dé la cara!
Victoria: (desde arriba) Aquí estoy, Antonio.
Antonio alza la mirada y ve a la anciana, por lo que, sin darse a la espera, sube las escaleras rápidamente y se acerca a ella. Victoria permanece serena.
Antonio: (furioso) Con usted quería hablar, maldita anciana.
Victoria: Veo que estás muy enojado. ¿Tienes alguna razón para hablarme así, muchacho?
Antonio: Tengo muchas, no solo una. Pensó que podía deshacerse de Natasha para que no dijera nada, pero ya estoy al tanto de todo. ¿Cómo la ve?
Victoria: (cínica) Muy bien. Ya que te enteraste, ¿qué piensas hacer? ¿Vienes a matarme?
Antonio: Ganas no me faltan. Usted merece lo peor, pero creo que hasta la muerte sería un premio para usted después de todo el daño que nos ha hecho.
Empleada: (desde abajo) ¿Quiere que llame a seguridad, doña Victoria?
Victoria: No, déjalo. En cuanto a ti, Antonio, será mejor que te vayas. En parte, me alegra que te hayas enterado porque así sabes de lo que soy capaz y el mensaje es claro. ¡Aléjate de Lisandro!
Antonio: ¡Vieja desgraciada! ¡Va a pagar muy caro todo lo que ha hecho, se lo juro!
Victoria: ¿Cómo lo voy a pagar, malnacido? ¡Dime! ¿Vas a matarme? (Retadora).
Antonio: Peor que eso. Me voy ya mismo para la delegación a denunciarla y le voy a contar absolutamente todo a su nieto para que se dé cuenta de la clase de basura que tiene por abuela.
Antonio se aproxima a bajar las escaleras dispuesto a salir de allí. Victoria corre tras él e intenta detenerlo.
Victoria: ¡Ni creas que voy a permitir que arruines mis planes! ¡Tú de aquí no sales!
Antonio: ¡Suélteme, vieja loca! ¡No me obligue a usar la fuerza con usted!
Antonio comienza a forcejear con Victoria, ambos muy cerca de las escaleras.
Antonio: (furioso) ¡Que me suelte, le digo!
Antonio logra zafarse de la anciana, quien pierde el equilibrio y termina cayendo por las escaleras. Justo en ese momento, Lisandro entraba a la casa y se queda impávido ante lo que ve. Victoria termina de caer golpeándose muy fuerte en todo el cuerpo y yace inconsciente el piso.

Lisandro: (desesperado) ¡Por Dios, Antonio! ¿Qué hiciste?
Antonio observa a Victoria desde arriba con los ojos desorbitados. Lisandro corre hacia su abuela y se inclina para socorrerla. Marcus entra justo después de él.

Lisandro: (moviéndola) ¡Abuela, abuela! Despierta. Dime algo.
Lisandro toma la cabeza de Victoria entre sus manos y sigue moviéndola inútilmente.
Marcus: (desconcertado) ¿Qué pasó aquí, Lisandro?
Lisandro: ¡Mi abuela, Marcus! (Desesperado) ¡Llama una ambulancia!
Antonio: (balbuceando) Li… Lisandro. Te juro que yo no lo hice… Fue un accidente.
Lisandro: ¡Cállate! Yo vi muy bien cuando empujaste a mi abuela por las escaleras. ¿Cómo pudiste?
Antonio: ¡No! ¡No fue así! Ella se resbaló y perdió el equilibrio. Tienes que creerme.
Lisandro rompe a llorar pensando lo peor. Victoria sigue inconsciente.
INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / AL DÍA SIGUIENTE
Ha amanecido y es un nuevo día. Lisandro se encuentra sentado en la sala de espera del hospital sin haber dormido durante toda la noche. Marcus se acerca a él y le da un café en un vaso reciclable.


Lisandro: Gracias.
Marcus: Lisandro, es mejor que te vayas al departamento, te duches y comas algo. Puedo quedarme aquí pendiente de alguna noticia si gustas.
Lisandro: No, Marcus, no puedo. Tengo que ser yo quien esté al tanto de lo que pase con mi abuela. No me puedo ir (Toma un sorbo del café).
Marcus: ¿Piensas dejar las cosas así?
Lisandro: ¿A qué te refieres?
Marcus: Antonio intentó matar a tu abuela. La lanzó por las escaleras. Lo que pase con ella va a ser su culpa y tienes que levantar una denuncia en contra de ese tipo por lo que hizo.
Lisandro: (exasperado) ¿Crees que este es el momento para pensar en eso? Lo único que me importa ahora es saber cómo está ella.
De repente, un doctor hace aparición en la escena y habla en voz alta.
Doctor: ¿Familiares de la señora Victoria Maldonado?
Lisandro se levanta rápidamente y se acerca al doctor. Marcus lo sigue.
Lisandro: Yo, doctor. Yo soy su nieto. ¿Cómo está mi abuela?
Doctor: Logramos estabilizarla, aunque por su edad, la caída comprometió varios de sus huesos y su columna vertebral.
Lisandro: ¡Dios mío! (Llevándose las manos a la boca)
Doctor: Temo decirle que su abuela no va a poder volver a caminar.
Lisandro se queda impactado al escuchar al doctor. Marcus también se sorprende.
Marcus: (al doctor) ¿Qué tan altas son las probabilidades de que eso pase o no hay ninguna manera de empezar un tratamiento?
Doctor: Su columna quedó gravemente afectada por la caída, pero es probable que con algunas operaciones pueda recuperar el movimiento, solo que…
Lisandro: ¿Solo que qué, doctor? ¿Qué tiene para decir?
Doctor: Bueno, doña Victoria está en una edad en la que todo procedimiento quirúrgico puede resultar peligroso para su vida. Por lo tanto, es poco recomendable que se someta a operaciones porque nunca se sabe y es algo que se sale de nuestras manos.
Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Está bien, doctor. Gracias.
El doctor se retira dejándolos solos. Lisandro suelta un suspiro sin poder asumir aquella información.
Lisandro: (agobiado) Mi abuela va a estar confinada todo el resto de su vida a una silla de ruedas. Dios mío. Esto es horrible. Ella me trató muy mal, pero nunca le hubiera deseado algo así.
Marcus: Voy a hacer lo posible para averiguar qué podemos hacer por ella, Lisandro. Tú no te preocupes. Déjamelo a mí.
Lisandro: (pensativo) Gracias, Marcus. Tú siempre has hecho tanto por mí y yo, sin embargo, siempre he sido tan menso. Tú me lo advertiste y no lo quise ver…
Marcus: ¿Qué quieres decir?
Lisandro: El que mi abuela esté ahora en ese estado es culpa de Antonio. Él la empujó por las escaleras y ella no se pudo defender.
Marcus: Antonio quería matarla. Por eso te digo que no puede andar por ahí como si nada. Ese imbécil llegó muy lejos y tiene que pagar por lo que hizo.
Lisandro: Pero no puedo denunciarlo sin saber qué pasó entre ellos. Debe haber alguna razón para que Antonio hiciera algo así. Claro… (Pensativo) Natasha me puede explicar.
Marcus: (extrañado) ¿Por qué ella?
Lisandro: Natasha sabía que Antonio se dirigía para la casa de mi abuela y me suplicó que lo detuviera. Ella debe saber por qué y ahorita está en este mismo hospital. ¿Por qué no me acompañas para hablar con ella?
Marcus: Está bien, vamos.
Entretanto, unos cuantos pisos más abajo, Antonio y Valentín se encuentran en la sala de espera aguardando sentados.


Antonio: (impaciente) ¿Por qué se tomarán tanto tiempo para darnos noticias de Natasha? ¿Qué está pasando allá adentro?
Valentín: No lo sé, patrón. Tal parece que se puso muy mal en la madrugada, justo después de que Lisandro vino a verla.
Antonio: Con todo esto ni he podido hablar con Marina para preguntarle por Dieguito. ¿Tú has hablado con ella?
Valentín: Sí y me dijo que está bien. Mandó a decirle que desea que todo se mejore para usted y que Natasha se ponga mejor.
Antonio: (agobiado) Ya no sé si las cosas vayan a mejorar para mí después de lo que pasó anoche.
Valentín: (extrañado) ¿A qué se refiere?
Antonio: Valentín, tú no sabes, pero anoche ocurrió otra tragedia. La abuela de Lisandro rodó por las escaleras y él justo ahorita debe estar pensando que yo lo hice.
Valentín: (sorprendido) ¿De veras?
Antonio: Sí, es que con todo esto no he podido contarte bien. Natasha me confesó que esa vieja…
De repente, ambos ven venir a Lisandro y a Marcus. Antonio inmediatamente se pone de pie y se acerca a él.


Antonio: Lisandro…
Lisandro: (empujándolo) No te me acerques.
Antonio: Lisandro, tienes que escucharme. Lo de anoche fue un malentendido. Yo no empujé a esa señora por las escaleras como estás creyendo. Ella se cayó solita.
Lisandro: (enojado) No trates de verme la cara de estúpido. Yo te vi cuando estabas forcejeando con ella. Vi muy bien cuando la hiciste a un lado y ella se resbaló. ¡Yo lo vi todo!
Antonio: Sí, es verdad. Yo la hice a un lado con fuerza porque me estaba reteniendo y no me quería soltar. ¿Qué querías que hiciera? ¡Fue un accidente! ¡Tienes que creerme! (Desesperado).
Lisandro: Un accidente que tú pudiste evitar. ¿Con quién pensabas que estabas peleando? ¡Con una anciana, una persona mayor que tú que no se podía defender!
Antonio: Estás en un error. Yo no estaba peleando con tu abuela. Ella quería evitar que saliera de su casa para irla a denunciar por todo el mal que ha hecho y para que no te contara los sucios planes que ha tenido.
Marcus se siente un poco nervioso por lo que Antonio pueda decir en frente de Lisandro ante lo cual decide intervenir.
Marcus: Yo siendo tú no escucharía nada de lo que este idiota tenga para decir, Lisandro. Te quiere engañar como siempre.
Antonio: (molesto) Tú no te metas. Esto no es contigo, así que lárgate.
Lisandro: ¿Por qué debería irse? Marcus es mi amigo y en cuanto a ti… (Hace una pausa) Ya no sé ni qué pensar. Creí que las cosas iban a ser diferentes de ahora en adelante, pero lo arruinaste todo otra vez, Antonio… (Sollozo).
Antonio: Lisandro, no me digas eso. Te estoy diciendo que tu abuela es mala. Ella…
Lisandro: ¡Basta! Deja de mentirme y de calumniarla. Yo sé muy bien que ella me odia y que en parte hasta te odia a ti porque sabe que te quiero, pero no tenías que ir a su casa a atacarla. ¿Cómo pudiste?
Antonio: Pero te estoy explicando que no fue así. Yo…
Marcus: (interviniendo) Mejor vámonos de aquí, Lisandro. La única que nos puede dar una explicación es tu amiga.
Lisandro: Tienes razón. No tiene caso que escuche más.
De repente, un doctor viene y se acerca a los presentes.
Doctor: ¿Familiares de la señora Natasha Méndez?
Antonio: (preocupado) Ella es la madre de mi hijo, doctor. ¿Cómo sigue?
El doctor suspira y los mira seriamente a todos.
Doctor: Lamento decirles que no tengo buenas noticias. Cada hora que pasa su salud se vuelve más complicada, pero estamos haciendo todo lo posible. Es bueno que pasen a verla y que se preparen para lo que pueda pasar. Con permiso.
El doctor se retira dejándolos a todos desbastados. Marcus es el único sorprendido. Antonio, por su parte, se derrumba y se sienta en una silla sin poderlo creer mientras que Lisandro siente un nudo en la garganta.
Antonio: Esto no puede ser. Natasha no se puede dejar. Ella no puede dejar a mi hijo solo…
Lisandro: (pensativo) Voy a pasar a verla.
Marcus: ¿Quieres que te acompañe?
Antonio: (levantándose) Tú no tienes nada que hacer aquí. Voy a ser yo quien pase a verla con Lisandro.
Lisandro mira con reproche a Antonio, pero guarda silencio y entra a la habitación. Antonio lo sigue. Por otra parte, aún en el mismo hospital, Victoria se encuentra dentro de su habitación, acostada sobre una cama. La anciana tiene una venda que cubre la parte superior de su cabeza y un cuello ortopédico. El doctor que había hablado con Lisandro y con Marcus entra.
Victoria: (algo débil) ¿Qué pasó? ¿Todo salió bien?
Doctor: Sí, señora. Mejor de lo que pensaba.
Victoria: (sonriendo levemente) Me alegra. ¿Cómo tomaron la noticia? En especial mi nieto. ¿Qué dijo cuando supo que no iba a volver a caminar?
Doctor: Tanto él como el otro hombre que lo acompañaba se sorprendieron. Me preguntaron si algún día usted podría recuperar el movimiento con operaciones y tratamiento, pero les dije que por su edad no era posible.
Victoria: Perfecto. Hizo un muy buen trabajo, doctor. Para todo el mundo debo parecer una paralítica y absolutamente nadie puede saber lo contrario. ¿Entendido?
Doctor: Así será, señora. Ya pasé el reporte al hospital de su diagnóstico.
Victoria: En ese caso, esperemos unos días mientras me da usted de alta para pagarle lo que le prometí por su ayuda. Puede retirarse. Gracias.
Doctor: Con permiso.
El doctor se retira de la habitación dejando a solas a Victoria, quien sonríe con su habitual malicia. Pese a que la anciana luce adolorida por la caída, en realidad no está tan grave de salud.
Victoria: Todo me está saliendo excelente. La verdad no contaba con que el repostero fuera a mi casa a reclamarme. La idea era que la “modelito” esa muriera en el accidente, pero ya que no fue así, en parte me ayudó.
Victoria suelta una leve risa y mira al vacío mientras sigue hablando sola.
Victoria: Voy a refundir en la cárcel a Antonio por haberme dejado supuestamente en una silla de ruedas y me voy a encargar de que todos lo crean así. Tendré que convertirme en la mejor actriz para que nadie sepa que mis piernas están perfectas…
La anciana continúa riéndose de su nuevo plan, puesto que, en realidad, su supuesta invalidez se ha tratado de un montaje.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario