Capítulo 21: Cayendo en el engaño

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA

Lisandro y Antonio entran a paso lento a la habitación de Natasha, quien luce peor que la noche anterior. La exmodelo respira incluso con dificultad y mira a los dos jóvenes con los ojos entrecerrados. Tal como les dijo el doctor, su estado es delicado.



Lisandro: (sollozo) Natasha…

Natasha: Qué bueno que estás aquí, Lisandro. Tengo que hablar con los dos algo importante. Antonio…

Antonio: (acercándose) Dime.

Natasha: ¿Le contaste todo?

Antonio mira a Lisandro. Éste se extraña y los mira ambos.

Lisandro: ¿Contarme qué?

Antonio: Natasha, ocurrió algo y por eso no he podido hablar con él.

Natasha: Tienes que hacerlo pronto para que nada sea en vano (Fatigada). Yo… (Hace una pausa). Yo ya no me voy a poner bien. Me estoy muriendo…

Natasha derrama un par de lágrimas de sus ojos al decir aquello. Lisandro se cubre la boca y se acerca también a ella para tomarla de una de sus manos.

Lisandro: No digas eso, Natasha. Por supuesto que te vas a poner bien y te vas a levantar de esta cama. Recuerda que tienes un hijito precioso que está esperando por ti.

Antonio: Lisandro tiene razón. Tienes que esforzarte. No te rindas. Dieguito te necesita.

Natasha: Sobre eso les quiero hablar… (Hace una pausa). Ya que yo… no voy a poder velar por el bebé, cuídenlo mucho ustedes dos. Vela por él, Lisandro, junto con Marina y Valentín que son sus padrinos. No me lo vayan a abandonar.

Lisandro: ¿De qué estás hablando? Tú eres su mamá. Él te necesita a ti (Habla con cierto desespero).

Natasha: (llorando) Pero yo no podré estar a su lado. Estoy muy mal y en cualquier momento me voy a ir…

Antonio: No, Natasha, eso no va pasar. Tienes que luchar, por favor. No te puedes rendir así.

Natasha: Quisiera, pero no puedo. Por eso tienen que cuidar de Dieguito. Yo sé que él va a estar muy bien con ustedes y nada le va a faltar.

Lisandro: Tú sí le vas a faltar. ¿Qué va a ser de Dieguito sin su mamá? Piensa en ello.

Natasha: Puede que sea duro para él, pero yo estoy segura que Antonio va a ser un excelente padre y sabrá llenar ese vacío. ¿Verdad, Antonio?

Antonio la mira con los ojos bañados en lágrimas y asiente con la cabeza.

Antonio: Sí, así será (Tragándose sus lágrimas).

Natasha: Entonces… ¿Me lo prometen? ¿Me prometen que van a cuidar de Dieguito y que nunca, pase lo que pase, lo van a dejar solo?

Lisandro y Antonio se miran entre sí. El primero también asiente con la cabeza.

Lisandro: Sí, Natasha. Te lo prometemos.

Natasha esboza una leve sonrisa de alivio, casi que desapercibida al escuchar eso.

Natasha: Gracias y sean muy felices. Ustedes se quieren demasiado y lo merecen. No lo olviden.

Natasha cierra los ojos lentamente. El electrocardiograma al cual ella está conectado emite un sonido plano en vez de intermitente.

Lisandro: Natasha… (Moviéndola) Natasha, abre los ojos.

Antonio: (desesperado) Natasha, no te vayas. Aguanta.

Antonio corre a la puerta a gritar por ayuda. Lisandro sigue junto al cuerpo de Natasha llorando.

Antonio: ¡Auxilio, por favor! ¡Doctor, enfermera!

Lisandro: (rompiendo a llorar) ¡Natasha! ¡Escúchame, por favor! ¡Resiste! ¡No nos dejes! ¡No dejes solo a Dieguito!

Lisandro grita desgarrado, pero es inútil y Natasha no reacciona. El doctor y la enfermera entran con prontitud a la habitación

Doctor: Por favor, salgan de aquí inmediatamente.

Lisandro: ¡Tiene que salvarla, doctor! ¡Por lo que más quiera! ¡Tiene que salvarla!

Enfermera: Salga, joven, por favor.

Antonio: Tenemos que salir, Lisandro. Vamos.

Lisandro y Antonio se ven obligados a salir de la habitación sin dejar de mirar hacia atrás. Los dos alcanzan a ver cuándo el doctor comienza a aplicarle choques a Natasha utilizando un desfibrilador. En el pasillo, Marcus presencia lo ocurrido y se acerca a Lisandro al verlo llorando.



Marcus: (desconcertado) ¿Qué pasa, Lisandro?

Lisandro: Natasha se está muriendo, Marcus. Está muy mal.

Marcus lo abraza para consolarlo. Antonio observa con molestia, pero decide guardar silencio. Las horas del día pasan y todos aguardan en la sala de espera del hospital esperando ansiosamente noticias de Natasha. Lisandro decide entrar a la habitación de su abuela para verla quien yace dormida sobre la cama. El chico la toma de la mano y la mira con lástima sin imaginarse que es su peor enemiga.



Victoria: (abriendo los ojos) Lisandro…

Lisandro: Hola, abuela. Me alegra que hayas despertado. ¿Cómo te sientes?

Victoria: (indiferente) ¿Te preocupa cómo me siento después de cómo me apartaste de tu vida hace meses?

Lisandro: Perdóname, pero me sentía muy ofendido contigo por todo. Recuerda que tú, junto con el abuelo, me obligaron a venir a este país, solo, sin un peso en los bolsillos. Pasé por mucho y tú te apareciste de la nada a seguir atormentándome.

Victoria: (fingiendo debilidad) Todo lo hice por tu bien. Yo no podía consentir tu estilo de vida y tenía que darte una lección.

Lisandro: (serio) Pues déjame decirte que has estado equivocada desde el principio. Entiende que el hecho de ser gay no es una gripe pasajera que se me va a pasar. Es mi ser. Es algo que hace parte de mí.

Victoria voltea el rostro para otro lado y evita mirarlo a los ojos.

Victoria: Lo sé.

Lisandro: (sorprendido) ¿Cómo que lo sabes?

Victoria: Todos estos meses me quedé en México y reflexioné mucho sobre ti, Lisandro. Llegué a la conclusión de que no puedo controlarte más y que lo mejor que puedo hacer es aceptarte como eres.

Victoria vuelve a mirarlo a los ojos y lo toma de las manos presionándolas fuerte.

Victoria: Tú eres mi nieto y yo te quiero. Te juro que no olvido cuando llegaste tan pequeño a mis brazos después de que quedaste huérfano. Yo sé que la falta de tus padres fue un vacío muy grande y que tanto tu abuelo como yo no supimos llenarlo. Reconozco que fui dura contigo.

Lisandro: ¿Me estás hablando en serio?

Victoria: Sí, Lisandro. Pensé en todo detenidamente y en lo que pasó con tu abuelo que decidí que yo no podía ir en el mismo camino.

Lisandro: (desconcertado) ¿Lo que pasó con mi abuelo? ¿A qué te refieres?

Victoria: (suspirando) Ay, Lisandro. Por todos los malentendidos que hubo entre nosotros hace meses y cuando tú me corriste del departamento de tu amiga nunca pude decírtelo.

Lisandro: ¿Decirme qué, abuela? No te entiendo.

Victoria: Tu abuelo cayó en una depresión tan fuerte por tu confesión que… (Hace una pausa)

Lisandro: ¿Qué, abuela? Dime. ¿Por qué te detienes?

Victoria: Tu abuelo murió.

Lisandro se sorprende en gran manera al escuchar a Victoria y echa un paso hacia atrás. Victoria empieza a llorar fingiendo muy bien.

Victoria: Empezó a tomar licor y una noche, salió al balcón del departamento, se resbaló y cayó… La policía cree que fue un suicidio y yo también lo creo porque te juro que le dolió demasiado saber de tus orientaciones.

Lisandro se cubre la boca con una mano, pues no esperaba una noticia tan fuerte.

Lisandro: (sollozo) Entonces… ¿es mi culpa? ¿Mi abuelo murió por mi culpa?

Victoria: Esto no es culpa de nadie, hijo. Las cosas fueron así. Ernesto simplemente no pudo aceptar tu sexualidad, igual que yo en un principio y mira a donde me trajeron mis malas decisiones. Ya voy a poder volver a caminar (Llorando).

Lisandro: ¿Cómo? ¿Ya te enteraste?

Victoria: (asintiendo con la cabeza) Sí. El doctor me lo dijo, porque me desconcertó que no pudiera sentir mis piernas.

Lisandro: (llorando) Ay, abuela, no sé qué decir. Jamás me esperaba que esto sucediera ni mucho menos que mi abuelo hubiera muerto. Todo este tiempo pensé que estaba en Nueva York, encargándose de los negocios de la familia. Nunca se me cruzó por la cabeza algo así (Dolido).

Victoria: Eso ya pasó hace casi diez meses, Lisandro y también fue muy duro para mí, pero no te sientas culpable. Tu felicidad es lo más importante y yo ya lo entendí. Lamento mucho que sea tan tarde para mí, ahora que tendré que usar una silla de ruedas de por vida.

Lisandro: (pensativo) ¿Por qué relacionas eso con mi sexualidad? ¿Qué tiene ver lo uno con lo otra, abuela? ¿Por qué Antonio estaba en tu casa y por qué Natasha sabía? ¿Qué pasó? (Desconcertado).

Victoria: Antonio es un infeliz, un maldito (Habla con mucho rencor).

Lisandro: ¿Por qué dices esas cosas? No entiendo absolutamente nada.

Victoria: Yo seguí informada de tu vida por un detective y sé que no estaba bien, pero eres mi nieto y me preocupé por ti. Por ese detective supe que te volviste a ver con ese repostero después de que te alejaste de él y empezaste a vivir con ese muchacho. ¿Cómo es que se llama? (Finge no saber).

Lisandro: Marcus.

Victoria: Ese. El punto es que quise intervenir porque Antonio seguía acosándote después de lo bajeza que te hizo.

Lisandro: ¿Eso también lo sabes?

Victoria: Por supuesto. Yo estuve informada de cada detalle y de todo lo que sucedía contigo, entonces decidí citar a aquella muchacha, la exmodelo, la tal Natasha.

Lisandro: (sorprendido) ¿Por qué? Natasha nunca me lo dijo.

Victoria: Porque yo se lo pedí. No quería que tú supieras que estaba interviniendo. Quería mantenerme en bajo perfil y por eso le pedí a ella que fuera a mi casa anoche para que persuadiera a ese miserable y se alejara de ti.

Lisandro: Pero abuela, Antonio no es malo. Él cambió muchísimo y me lo ha demostrado.

Victoria: (con sarcasmo) ¿Y te parece que haberme tirado por las escaleras fue una manera de demostrarte lo mucho que cambió?

Lisandro: Entonces, ¿sí fue él?

Victoria: Claro que fue él. Rato después de que Natasha salió, llegó él a reclamarme y se puso violento (Llorando). Tuve tanto miedo, me amenazó de muerte y me insultó y no conforme con eso, me empujó por las escaleras. Estaba enojado porque quería apartarlo de ti.

Lisandro: (pensativo) Yo llegué justo en ese momento con Marcus y… También lo vi.

Victoria: ¿Ves? ¿Qué más pruebas quieres? Tú mismo lo viste. ¡Es un asesino y es su culpa que yo esté aquí sin poder moverme! (Furiosa).

Lisandro: (muy agobiado) Esto es de no creer. Antonio llegó muy lejos.

Victoria: ¿Ahora entiendes a lo que me refiero? Sé que no debí seguir entrometiéndome en tu vida, pero lo hice por necedad y mira lo que pasó. ¡Quedé paralítica!

Victoria rompe a llorar desconsolada. Lisandro se acerca a ella y la toma de las manos.

Lisandro: Cálmate, abuela. Te prometo que voy a hacer lo posible para que te mejores. Marcus, mi amigo, me prometió que va a averiguar qué posibilidades hay de que vuelvas a caminar y yo tengo fe que así será.

Victoria: De todas maneras, ¿piensas dejar esto impune? Tenemos que hacer algo. Antonio es un psicópata. Podría estar muerta en este momento y no me pienso quedar de brazos cruzados.

Lisandro: Entiendo. ¿Vas a denunciarlo?

Victoria: Sí y voy a necesitar que tanto tú como tu amigo testifiquen en su contra.

Lisandro siente un gran vacío de solo pensar en esa posibilidad. Más tarde, unos cuantos pisos más abajo, Lisandro va llegando a la sala de espera, abrazándose a sí mismo, notablemente pensativo. Marcus se le acerca.



Marcus: Lisandro…

Lisandro alza la mirada y nota que Antonio se encuentra sentado llorando en silencio. Valentín está a su lado, confortándolo.

Lisandro: (desconcertado) ¿Ocurrió algo? ¿Por qué tienen esas caras?

Marcus: El doctor acaba de informarnos que Natasha… (Se detiene).

Lisandro: (ansioso) ¿Qué pasó con Natasha?

Marcus: Natasha cayó en coma indefinidamente.

Lisandro se sorprende en gran manera al escuchar aquella noticia. De la impresión, el chico se sienta en una de las sillas y se queda mirando al vacío.

UN MES DESPUÉS

INT. / DEPARTAMENTO DE NATASHA, HABITACIÓN / NOCHE


Ha pasado ya un mes. Antonio y Marina están en el departamento de Natasha. La segunda ha ido a cuidar a Dieguito, pero ya está por irse. Antonio, por su parte, mira al bebé con tristeza, quien yace dormido en la cuna.



Marina: Me siento tan mal por Dieguito. Debe extrañar demasiado a Natasha. Desde que está en coma, llora más seguido y se me hace superdifícil tranquilizarlo.

Antonio: (suspirando) Me imagino y lamento mucho las molestias, Marina. Has hecho demasiado por el bebé cuidándolo y estando al pendiente de él.

Marina: No te preocupes, Antonio. No es ninguna molestia. Recuerda que Dieguito es mi ahijado y es lo mínimo que puedo en medio de esta situación (Le sonríe levemente). Además, Lisandro también ha venido a cuidarlo cuando yo no puedo por mi trabajo.

Antonio: (pensativo) Lisandro, Lisandro... He intentado comunicarme con él, pero solo me evita y rechaza todas mis llamadas.

Marina: Él está muy molesto contigo por lo que pasó con su abuela.

Antonio: Pero yo no la ataqué ni la empujé por las escaleras como está pensando. Todo es un malentendido.

Marina: Pues no sé tú, pero yo me andaría con cuidado.

Antonio: (extrañado) ¿Por qué lo dices?

Marina: La señora esa no puede caminar por la caída y todo apunta a que tú lo hiciste. ¿Qué tal si te demandan?

Antonio: Pues diré que todo es mentira y que no tiene pruebas para acusarme de que fui yo quien la empujó. Te juro que yo no lo hice, Marina. Yo jamás hubiera sido capaz de algo como eso.

De repente, tocan el timbre del departamento. Los dos se miran extrañados.

Antonio: ¿Estás esperando a alguien?

Marina: Eh, no. Tal vez sea Valentín, aunque me dijo que tenía trabajo en el bar esta noche. Tú sabes que tuvo que conseguirse otro trabajo después del incendio en Antique Amor. Deja abro.

Marina, en efecto, se dirige a abrir la puerta encontrándose con dos policías.

Marina: (extrañada) Buenas noches. ¿En qué les puedo ayudar?

Policía 1: Buenas noches. ¿Está aquí en ese momento el señor Antonio Guzmán?

Marina: Sí, sí está (Voltea a ver Antonio). Antonio, te buscan.

Antonio: (extrañado) ¿Quién?

Marina: Unos policías.

Antonio se extraña todavía más al escuchar a Marina y se dirige a la puerta.

Policía 1: ¿Es usted Antonio Guzmán?

Antonio: Sí, soy yo. ¿Por qué están aquí?

El policía que habla le entrega un documento, el cual Antonio recibe extrañado.

Antonio: ¿Qué es esto?

Policía 1: Es una orden de arresto, señor Guzmán. Tiene que acompañarnos a la delegación.

Marina: (impactada) ¿Cómo? ¿Por qué?

Antonio: La misma pregunta hago yo. ¿A qué se debe todo esto?

Policía 1: El juez emitió una orden de arresto en vista de que usted incumplió los plazos acordados para pagar a los clientes de su pastelería las indemnizaciones correspondientes por daños y perjuicios.

Antonio suspira frustrado y cierra los ojos con fuerza.

Marina: Ustedes no pueden hacer eso. Antonio ahora no tiene dinero para pagar. Su pastelería se incendió y en estos momentos la madre de su hijo está en coma. ¿Cómo que lo van a arrestar?

Policía 1: Ese no es el único cargo en contra del señor Guzmán. Tenemos una segunda demanda de parte de la señora Victoria Maldonado.

Antonio: (impactado) ¿Doña Victoria?

Marina: ¿Esa no es la abuela de Lisandro?

Policía 1: La señora lo demanda por intento de homicidio en grado de tentativa y hay testigos, así que tiene que acompañarnos.

Antonio: Eso no puede ser. ¿Qué testigos? (Desesperado) ¡Todo fue un accidente! ¡Ella está mintiendo!

Marina: Sí, debe ser un malentendido, señores. Antonio sería incapaz de matar a alguien. No se lo pueden llevar.

Policía 1: No opongan resistencia. Puede ser peor y todo lo que usted, señor Guzmán, diga puede ser usado en su contra. Puede contactarse con su abogado o el Estado le proveerá uno.

Antonio decide resignarse y se deja llevar de los policías.

Antonio: Marina, quédate con Dieguito y llama a Lisandro. Dile que vaya a la delegación para que aclare todo esto, por favor.

Marina: (agobiada) Está bien. Ya mismo lo llamo.

Los policías se llevan a Antonio escoltado, pero no lo esposan, puesto que no opone resistencia. Marina se queda sumamente preocupada y toma su celular para llamar a Lisandro.

INT. / DELEGACIÓN, CELDAS / NOCHE

Más tarde, se puede ver a Antonio encerrado solo en una celda. El hombre está sentado en una banca y luce pensativo. De repente, Lisandro llega acompañado de Victoria, quien ya usa una silla de ruedas. Antonio los ve y se levanta rápidamente para acercarse.



Antonio: (ansioso) ¡Lisandro! Por fin llegas. Tienes que hablar con el delegado y aclarar esta situación. Yo soy inocente. Yo no le hice nada a tu abuela.

Victoria: ¿Te parece poco el hecho de tenerme confinada a una silla de ruedas de por vida, infeliz?

Antonio: ¡Cierre la boca! (Furioso) Dígale ya mismo a su nieto qué fue lo que realmente pasó. Usted se cayó solita por esas escaleras. Yo nunca la empujé ni le puse un dedo encima.

Lisandro: (muy serio) Basta, Antonio. Deja de pretender que eres inocente. Yo lo vi todo. ¿Para qué seguir mintiendo?

Antonio: Viste mal. Tú malinterpretaste todo, pero yo no lo hice. Tienes que creerme, por Dios.

Lisandro: Te he creído muchísimas veces y en absolutamente todas me terminas decepcionando siempre, y ya no más. Esta vez no pienso creer ni una sola de tus palabras. Lo que hiciste no tiene nombre. Pudiste haber matado a mi abuela. ¿Te das cuenta?

Antonio: (sollozo) Estás siendo muy injusto. ¿Qué tengo que hacer para que me creas que no fue así? Para empezar, ¿por qué no le preguntas a ella cuál fue el motivo por el que estábamos discutiendo?

Lisandro: Mi abuela ya me lo contó todo y no necesito escuchar más.

Antonio: ¿Y qué fue lo que contó?

Victoria: (cínica) La verdad. Le dije cómo llegaste a mi casa para insultarme y atacarme solo porque le pedí a Natasha que te pidiera alejarte de mi nieto.

Antonio niega con la cabeza mirando a la anciana con los ojos desorbitados, sumamente sorprendido de su cinismo.

Antonio: Esto es el colmo. Lisandro no le creas. Todo lo que te dijo es mentira.

Lisandro: Nada de lo que digas o hagas me va a hacer cambiar de opinión y ya testifiqué junto con Marcus, así que… Tendrás que asumir las consecuencias de tus actos esta vez.

Antonio: ¿Cómo pudiste hacer eso después de todo lo que ha pasado entre nosotros? ¿Olvidaste los planes que teníamos? Queríamos darnos una oportunidad, empezar de nuevo.

Lisandro: (sollozo) Tú lo arruinaste todo. No tenías que hacer esto. Debiste haber hablado conmigo antes de atacar a mi abuela y me duele darme cuenta que tú no eres quien yo pensaba, que en cuatro años que te conocí, ahora te desconozco.

Antonio escucha muy dolido las palabras de Lisandro y derrama varias lágrimas al tiempo que se aferra de los barrotes de la celda.

Lisandro: No sé cuánto irán a darte de sentencia, pero de seguro va a ser un buen tempo, así que por Dieguito no te preocupes. Pienso llevármelo conmigo a los Estados Unidos.

Antonio: ¿Qué? Tú no puedes hacerme esto. ¡No me puedes quitar a mi hijo, Lisandro!

Lisandro: Yo no te lo pienso quitar. Quiero apartarlo de ti y cumplir con la promesa que le hice a Natasha de cuidarlo, promesa que tú incumpliste. Él conmigo va a estar bien, mejor que contigo encerrado en prisión y con Natasha que no sale del coma.

Antonio enmudece desconsolado sin saber qué decir. Lisandro también derrama varias lágrimas, pero se contiene para no llorar. Victoria, en el fondo, sonríe sutilmente sin que nadie se percate, disfrutando de la situación.

Lisandro: Espero que reflexiones y que el tiempo que pases aquí te sirva para cambiar de verdad. Dieguito no tiene la culpa de nada y no merece que tus errores le afecten. Hasta luego.

Lisandro se dispone a irse impulsando al mismo tiempo la silla de su abuela, pero se detiene en seco antes de partir.

Lisandro: Olvidaba algo (Se da la vuelta). Esto es tuyo…

Lisandro se quita con fuerza el collar que Antonio le había dado y lo lanza hacia la celda, cayendo en el piso. El chico se va junto con Victoria y Antonio se queda solo, rompiendo a llorar en el acto y derrumbándose en el piso.

Antonio: ¡Lisandro! ¡Lisandro, vuelve! ¡No te vayas! ¡No me dejes así! (Gritando) ¡Lisandro!

Antonio sigue llorando desconsolado en aquella celda y recoge el collar apretándolo entre sus manos con fuerza al tiempo que repite el nombre del chico.

INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE

Lisandro llega bastante desanimado al departamento de Marcus, quien lo espera con una cena especial con velas sobre el comedor.



Marcus: Ah, ya llegaste. ¿Qué tal está tu abuela?

Lisandro: (desanimado) Bien, la dejé en su casa hasta que durmió. Veníamos de la delegación.

Marcus: ¿Antonio ya está bajo arresto?

Lisandro: (asintiendo con la cabeza) Sí, aunque no hay fecha todavía para el juicio, pero me supongo que será pronto.

Marcus se acerca a él y lo toma de los hombros mirándolo con una sonrisa.

Marcus: Yo sé que debes estar sintiéndose fatal, pero hiciste lo correcto. Antonio merece pagar por lo que hizo y ya es hora de que tú te olvides por completo de él.

Lisandro: Eso haré, Marcus (Pensativo).

Marcus: Entonces, quita esa cara. De ahora en adelante céntrate en tu felicidad. Mira que en una semana son los vuelos y va a empezar otra vida para ti.

Lisandro asiente con la cabeza intentando esbozar una sonrisa.

Lisandro: Gracias, Marcus.

Marcus no se da a la espera para abrazarlo. Lisandro le corresponde.

Lisandro: Estuve pensando en todo y creo que ya es hora de que acepte tus sentimientos.

Marcus se aparta sorprendido al escucharlo.

Marcus: ¿Qué quieres decir?

Lisandro: Que tú eres un gran hombre y no mereces que te siga haciendo desplantes tan gachos como los que te he hecho. Por eso quiero darte una oportunidad, Marcus.

Marcus: ¿Estás hablando en serio?

Lisandro: Sí, es en serio. Me gustaría ser tu pareja como me lo pediste hace tiempo.

Marcus sonríe sumamente feliz y no escatima en expresarlo.

Marcus: Es lo mejor que me has podido decir, Lisandro. Me haces muy feliz con solo decírmelo.

Lisandro: Pero quiero de antemano que vayamos con calma, ¿va? Tenme paciencia para sanar mis heridas y dejar el pasado atrás.

Marcus: Así va a ser (Acariciándole el rostro). Yo mismo me voy a encargar de que eso pase y te voy a hacer el chavo más feliz del mundo. Te lo juro.

Marcus besa a Lisandro. Éste se siente indeciso, pero le corresponde poco a poco, aunque no completamente convencido.

CONTINUARÁ…

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capítulo 27: Gran final (2° parte)

Capítulo 27: Gran final (1° parte)

Capítulo 22: Entre mentiras