Capítulo 23: Frente a la verdad
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, HABITACIÓN / NOCHE
Valentín se encuentra pensativo viendo la televisión y recostado en la cama. Viste una camisa de tirantes que deja al descubierto sus brazos y un pantalón corto. Marina viene en ese momento.


Marina: Bueno, ya el bebito se quedó dormido. Espero que no le dé por despertarse a medianoche.
Marina se acuesta al lado de su novio y lo toma de la mano. Él sigue sumergido en sus pensamientos.
Marina: ¿Qué tienes, amor? ¿Por qué traes esa cara?
Valentín: Hoy fui a ver al patrón en la cárcel.
Marina: Ah, sí. Lisandro me lo dijo. Me contó que te dio un poder para que se lo hicieras firmar a Antonio. ¿Qué pasó? ¿Sí te firmó el dichoso papel ese?
Valentín: ¿Qué crees? Lo rompió en pedazos cuando le expliqué de qué se trataba. Él no está dispuesto a dejar que se lleven al niño al extranjero. Supongo que tú le dijiste lo mismo a Lisandro. Después de todo, tú eres la madrina.
Marina: (incómoda) Bueno, Valentín. La verdad es que yo…
Valentín: No me digas que sí aceptaste que Lisandro se lleve al niño.
Marina asiente con la cabeza.
Valentín: (molesto) No lo puedo creer. ¿Vas a traicionar así la confianza que el patrón y Natasha depositaron en ti cuando te pidieron que fueras la madrina del bebé?
Marina: Valentín, no se trata de eso. Lisandro me hizo entrar en razón. Antonio está en la cárcel y Nastaha en coma. ¿Qué futuro le espera a Dieguito así?
Valentín: Por algo somos sus padrinos, ¿no?
Marina: Sí, pero no es nuestro hijo. Además, yo a todos los aprecio mucho porque son nuestros amigos, pero últimamente siento que esto está afectando un poco nuestra relación.
Valentín guarda silencio sintiéndose un poco molesto. Marina se acerca a él y lo toma con delicadeza del rostro.
Marina: Tenemos que centrarnos un poco en nosotros también, ¿no crees?
Valentín: (levantándose) No sé, pero a mí se me hace egoísta de tu parte.
Marina: (frustrada) ¡Valentín, por favor!
Valentín: No me digas nada. Mejor me voy a la pensión donde vivo (Empieza a vestirse).
Marina: Pensé que ibas a quedarte conmigo esta noche.
Valentín: Pues no. ¿Qué sentido tiene que esté con una mujer que solo piensa en sí misma y no en los demás? (Se sienta en la cama para ponerse los zapatos).
Marina: Estás siendo muy injusto. Sólo pienso en los dos, no solo en mí.
Valentín: No me metas en ese costal, Marina. Antes de pensar en mi futuro, prefiero serle fiel a las personas que han sido nuestros amigos, casi, casi como nuestros hermanos, pero veo que tú no ves las cosas de la misma forma que yo. así que ahí te ves.
Marina no sabe qué responder ante ello. Valentín termina de amarrarse los zapatos y sale de la habitación agarrando su chaqueta de paso. La primera se queda frustrada por esa pequeña discusión.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Lisandro y Marcus llegan, sin embargo, antes de que puedan prender las luces, Marcus rodea al chico desde atrás y lo besa por el cuello.


Lisandro: (riendo) ¿Qué haces, Marcus?
Marcus: ¿No puedo darle cariño a mi prometido y mi futuro esposo?
Lisandro: Es que me tomaste por sorpresa.
Marcus: ¿Ah sí? (Sigue besándolo por el cuello) ¿Te gustaría que siga sorprendiéndote?
Marcus junta su cuerpo con el de Lisandro desde atrás y se toma el atrevimiento de desabrochar el jean del segundo.
Lisandro: (alarmado) ¡Marcus, espera!
Lisandro se aparta de él y ambos quedan frente a frente. El chico también prende las luces de una lámpara que ilumina tenuemente el departamento.
Marcus: ¿Qué pasa, mi chiquito? ¿No quieres que te siga sorprendiendo?
Lisandro: Mira, seré un chiquito como dices porque apenas y paso de los veintiuno, pero no soy menso y yo sé lo que buscas.
Marcus se le acerca en una actitud seductora y lo acorrala contra la pared.
Marcus: (sonriéndole pícaro) No sé a qué te refieres. Sé más específico (Le acaricia el rostro).
Lisandro: Marcus, no me hagas tener que decírtelo. Me siento muy raro.
Marcus: ¿Por qué? ¿Qué tiene?
Marcus se acerca a Lisandro a una distancia tal que ambos sienten su respiración.
Lisandro: Escucha. No me siento preparado para esto. No creo que sea el tiempo todavía.
Marcus: ¿Por qué no? ¿Acaso no quieres estar íntimamente conmigo? Porque yo sí y es lo que más deseo en este momento (Besándolo).
Lisandro: (agitado) Marcus, por favor…
Marcus: Sólo déjate llevar. Voy a hacértelo con mucho amor.
Marcus mete su mano por debajo del jean de Lisandro, cosa ante la cual él se exalta e intenta apartarse. Marcus lo detiene tomándolo del brazo.
Lisandro: Marcus, te dije que no…
Pero él le ignora y lo lanza hacia la pared al tiempo que intenta quitarle la camisa y continúa besándolo por el cuello apasionadamente.
Lisandro: (muy incómodo) ¡Déjame! ¡Te lo pido!
Marcus: Esta noche voy a demostrarte lo mucho que te quiero, Lisandro. Voy a hacerte mío.
Lisandro siente que se paraliza y abre los ojos como platos al contemplar tal posibilidad.
INT. / RECLUSORIO, CELDA / NOCHE
Antonio se encuentra en su celda, acostado en la cama. Desliza entre sus dedos el collar que le regaló a Lisandro y no puede evitar derramar una lágrima.

Antonio: Te extraño, Lisandro. Debo reconocer que te extraño como un condenado así tú me odies y me quieras quitar a mi hijo, pero no lo voy a permitir. Eso sí que no.
El hombre presiona fuerte el collar entre sus manos. De repente, sus pensamientos se ven interrumpidos por otro recluso de mal aspecto que justo entra a la celda.
El alacrán: ¿Qué te traes, güerito? ¿Qué tienes ahí?
Antonio: Lo que es mío no es de tu incumbencia. Piérdete.
El alacrán frunce el ceño y no se tarda en agarrarlo con fuerza de la camisa.
El alacrán: ¿Quién te crees para venir a hablarme en ese tonito, pendejo? ¿Que se te olvida quién manda en esta celda y quién llegó primero? ¡Yo, El Aclarán, mano! ¿Que acaso quieres que te lo recuerde?
Antonio se suelta de mala gana y mira a su compañero de mala forma.
Antonio: (desafiante) No me hace falta saberlo, panzón, pero el que hayas llegado aquí primero no te hace el dueño de la celda y de mis cosas, así que no me molestes.
El alacrán: ¿Te crees muy machito para andar retándome, malnacido?
Antonio: Pues sí. Fíjate. No me voy a doblegar ante nadie aquí ni mucho menos ante un vejete con cara de bulldog. ¿Cómo la ves?
Los dos hombres se retan con la mirada y se siente gran tensión.
El alacrán: Tú no te quedas atrás con tu carita de mariquita. Yo por lo menos sí me veo bien hombre, así que ándale. Entrégame el pinche collar que traes ahí y te dejo en paz.
Antonio: (con sarcasmo) ¡Claro! ¿Y qué más se te ofrece, güey? ¿Un cafecito? ¿Un puro? ¿Que te bese el trasero, imbécil?
El alacrán: (furioso) ¡No te hagas el chistosito conmigo, idiota! ¡Ándale! ¡Ya hablé! Dame el collar y dejamos esto por la paz.
Antonio: No te doy nada y haz lo que quieras. No me importa. Por mí te puedes ir al carajo, que no te tengo miedo.
Antonio se da la vuelta dispuesto a acostarse nuevamente en su cama.
El alacrán: ¡Muy bien! Tú lo quisiste por la malas.
El alacrán lo gira hacia él pegándole un puñetazo en la fracción de un segundo. Antonio se aturde por el golpe, momento que el recluso aprovecha para pegarle otro puño aún más fuerte lanzándolo al piso. El collar cae al piso.
El alacrán: ¡Te advertí que no te metieras conmigo!
El alacrán comienza a patearlo sin parar. Antonio no ve de otra que tratar de protegerse poniéndose en posición fetal. En un momento dado, aprovecha para jalarlo de un pie, haciendo también caer a su oponente por la pérdida del equilibrio. Acto seguido, Antonio se abalanza sobre el alacrán y comienza a pegarle puño tras puño. Los otros reclusos ya se han dado cuenta de la pelea y comienzan a abuchearlos a las afueras de la celda.
Antonio: (jalándolo de la camisa) ¿Qué pasó, güey? ¿Ya no eres tan alacrán como te dicen?
El alacrán sonríe con los labios ensangrentados y se defiende pegándole un cabezazo a Antonio. El mayor de los hombres lo jala del pelo y golpea su cabeza contra las barras de la celda fuertemente.
El alacrán: No creas que me doy por vencido tan fácil. ¿Cómo la ves ahora?
Antonio se ríe en medio de la sangre que brota de sus labios por los golpes.
Antonio: ¿Es lo único que tienes, animal?
Antonio aprovecha ese segundo de distracción para pegarle un codazo en el estómago dejando sin aire a su oponente. Sin darse a la espera, le devuelve el puño con fuerza y el alacrán cae al piso.
El alacrán: (furioso) ¡Me las vas a pagar, güerito!
Éste saca una navaja que tenía escondida en su uniforme. Antonio se queda inmóvil ante ello. Los dos hombres respiran exhaustos por la pelea en la que se han enzarzado.
Antonio: ¿No puedes pelear como un hombre? ¿No tienes más forma de defenderte que usando un arma?
El alacrán: ¿No te han enseñado que en la guerra todo se vale? Pues aquí tienes. ¡Te voy a enseñar a no meterte conmigo, con el alacrán, maldito!
Dicho eso, el alacrán se lanza hacia él y lo apuñala dos veces seguidas. Los guardias hacen aparición en ese instante y los separan poniendo al alacrán contra la pared. Otro guardia se acerca a Antonio quien se desvanece al verse atacado.
Antonio: (balbuceando) A… Ayu… Ayúdenme. No me puedo morir…
El guardia habla a través del radioteléfono.
Guardia: Tengo un recluso herido en la 304. Repito. Tengo un recluso herido.
Antonio: No me puedo morir. Tengo un hijo. Ayúdenme…
Antonio habla con suma dificultad y se pone los dedos en la herida provocada por el alacrán, pero sólo sale sangre.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Marcus ha intentado sobrepasarse con Lisandro acorralándolo contra la pared y besándolo a la fuerza. Lisandro intenta quitárselo de encima.


Lisandro: (muy incómodo) Marcus, basta! ¡Detente ya!
Marcus sigue besándolo con cierto desespero mientras se desabotona la camisa con rapidez.
Lisandro: (gritando) ¡Basta ya! ¡No más!
Lisandro lo empuja fuertemente logrando quitarlo de sí. Marcus lo mira con los ojos desorbitados y con la camisa abierta.
Marcus: (desconcertado) Lisandro, pero…
Lisandro: ¿Cómo te atreves a querer forzarme a hacer algo que no quiero ni deseo? ¿En qué estabas pensando?
Marcus: ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Por supuesto que estaba pensando en ti! Te deseo y lo que más quiero es tenerte, sentirte…
Lisandro: No soy un objeto al que tú puedas “tener”, Marcus. ¿Por quién me tomas?
Marcus: No lo veas de esa forma. Tú sabes a lo que me refiero. Quiero tenerte conmigo en la intimidad. Llevo rato esperándolo y yo sé que tú también quieres.
Lisandro: (muy molesto) ¡Te equivocas! Te repito que no estoy preparado para hacer esto contigo y me parece de muy mal gusto que hayas intentado forzarme.
Marcus: No actúes como un niño. Es normal que esto pase entre una pareja. ¿Qué tiene de malo?
Marcus se acerca a él e intenta besarlo nuevamente, pero Lisandro pone distancia entre ambos apartándolo con las manos.
Lisandro: ¡Suficiente, Marcus! Si para ti mis principios y lo que yo quiera no es importante, porque según tú actúo como un niño, entonces no tiene ningún sentido que me case contigo.
Marcus: ¿Me estás hablando en serio?
Lisandro: ¡Muy en serio! Dañaste la noche con esto que hiciste.
Marcus: Pero, Lisandro…
Lisandro: (lo interrumpe) Y no me digas nada más. No me tomes por un promiscuo porque ese es precisamente el estilo de vida que llevan tantas personas como tú o como yo, algo que tanto quiero evitar.
Marcus: No confundas la promiscuidad con vivir una sexualidad plena. Eso es lo que quiero que tengamos tú y yo. ¿Por qué ponerle tanto misterio a algo tan normal?
Lisandro: (incrédulo) ¿Sexualidad plena? ¿Normal dices? Marcus, ¿tienes idea de cuantos chicos gay hay allá afuera con vacíos emocionales que pretenden llenar acostándose con el uno y con el otro?
Marcus guarda silencio ante tal pregunta.
Lisandro: ¿Tienes alguna idea?
Marcus: ¿A dónde quieres llegar con ese discurso tan patético?
Lisandro: (muy serio) A que tú sabes muy bien que lo que siento por ti no es lo mismo que tú sientes por mí.
Marcus mira para otro lado sintiéndose muy molesto y dolido al escucharlo.
Lisandro: Y no te pongas así porque bien lo has sabido desde siempre. Yo acepté estar contigo para darnos una oportunidad y ver qué resulta, pero no te acepté porque te amara y no quiero ir a algo íntimo contigo sin ser realmente sincero con respecto a lo que siento por ti. ¿Entiendes?
Marcus guarda silencio y evita mirarlo. Lisandro traga saliva tratando de tener el mayor tacto al hablar.
Lisandro: No quiero ser como todos esos chicos que llenan sus vacíos emocionales o penas amorosas de la manera errónea. No quiero (Repite muy seguro).
Marcus: ¿Terminaste? Porque ya que no quieres estar conmigo, prefiero irme a dormir.
Lisandro: No te preocupes. Vete a descansar. Yo iré a dar un paseo en vista de que el ambiente se puso algo pesado aquí.
Lisandro sale del departamento notablemente molesto e indispuesto agarrando de paso su bolso de mano. Marcus también se muestra molesto, aunque a la vez frustrado y patea un sofá. El chico, por su parte, toma el ascensor y presiona el botón que lo lleva al primer piso. Toca sus labios y se siente abrumado al tiempo que un recuerdo llega a su cabeza sobre la noche del bautizo de Dieguito que celebraron en la pastelería.
FLASHBACK
Antonio: Si todavía sientes algo por mí, por la amistad que tuvimos cuando estudiábamos en la universidad, dame una segunda oportunidad, por favor.
Antonio no puede contenerse más y derrama varias lágrimas. Lisandro tampoco puede evitar ponerse sollozo.
Lisandro: Me da tanto miedo que vuelva a pasar algo y que sufra el doble de lo que ya sufrí por ti alguna vez.
Antonio: Eso no va a pasar porque ahora yo cambié y ya soy otro. Te lo aseguro. Pregúntale a Natasha, a Marina, a Valentín que son tan cercanos a nosotros (Señala hacia la pastelería). Yo te quiero.
Lisandro traga saliva y tampoco puede contenerse más, pues termina derramando varias lágrimas.
Lisandro: Y yo a ti, Antonio. Me duele reconocerlo, pero yo también te quiero y eso no ha cambiado.
Los dos se abrazan en ese momento con mucha calidez y se quedan así durante varios segundos. Luego, se apartan y Antonio le limpia las lágrimas a Lisandro con delicadeza.
Antonio: Tan solo intentémoslo y vas a ver que me voy a encargar de hacerte muy feliz. Te lo prometo.
Antonio le da un beso a Lisandro, el cual, él no duda en corresponder, un beso que había quedado pendiente entre ambos desde hace mucho tiempo y en el que no dudan en desbordar lo que sienten mutuamente.
FIN DEL FLASHBACK
INT. / HOSPITAL / NOCHE
El recuerdo termina. Antonio es llevado de urgencia sobre una camilla y por unos paramédicos. Luce débil y ve borrosas las luces del techo del hospital. Tal parece que él también recordaba el mismo momento que Lisandro.

Antonio: (en un hilo de voz) Lisa… Lisandro… Lisandro, no te vayas. No me quites a mi hijo…
El hombre está alucinando.
Paramédica 1: (preocupada) El herido ha perdido mucha sangre. Tienen que intervenirlo de inmediato o se nos va a ir.
Antonio incluso suda. Los paramédicos lo ingresan a la sala de emergencias. Valentín no tarda en aparecer en el hospital y con prontitud se dirige a la recepción.

Valentín: Buenas noches, señorita. Me llamaron para decirme que trajeron acá a un herido del reclusorio.
Recepcionista: ¿Cuál es el nombre del paciente?
Valentín: Antonio Guzmán se llama.
Recepcionista: Déjeme checo en el sistema.
La mujer comienza a buscar en el computador y luego de unos segundos le da la información a Valentín quien luce notablemente preocupado.
Recepcionista: Lo acaban de traer y fue ingresado a emergencias. Tal parece que necesita entrar a cirugía de inmediato.
Valentín: (muy preocupado) ¿Cirugía? ¿Tal mal está?
Recepcionista: Es mejor que espere en la sala a que le den un diagnóstico. Por el momento es la única información que poseo.
Valentín asiente con la cabeza y le agradece a la recepcionista mientras se sienta frustrado en una silla.
Valentín: (susurrando) Tiene que ponerse bien, patrón. Usted no se puede ir. Tiene que ser fuerte.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / NOCHE
Paralelamente, Lisandro ha ido a visitar a Natasha, la cual yace en su cama ajena al mundo debido al coma en el que se encuentra. Está conectada a un electrocardiograma, además de una sonda de alimentación. El chico aprovecha para arreglarle las uñas y se las lima.


Lisandro: (sonriendo) Estoy seguro que, si estuvieras despierta, te aterraría tener las uñas así como las tienes. ¿Y quién no? Hasta a mí me aterra. Por eso siempre cargo esmalte y lima conmigo, y tú siempre has sido bien vanidosa. Pero claro. ¿Cómo no si antes eras una supermodelo?
Lisandro se detiene por un momento y se queda pensativo al tiempo que esboza su sonrisa.
Lisandro: ¿Quién diría que terminarías trabajando de mesera junto conmigo en Antique Amor? ¿Te acuerdas de lo mal que nos caíamos al principio? ¡Es que eras bien creída!
Lisandro ríe levemente y suelta un suspiro.
Lisandro: Definitivamente, con todo lo que pasó, nos cambió mucho la vida. Tú resultaste embarazada de Dieguito aun sin tener una relación oficial con Antonio.
Natasha mueve de repente uno de sus dedos, justo uno de la mano que él no está sosteniendo, por lo que no se da cuenta.
Lisandro: Mientras que yo decidí renunciar para trabajar en el depa de Marcus y vivir allí con él porque no soportaba la idea de verlos a ustedes dos. Me hacía daño, ¿sabes?
Lisandro continúa limando las uñas de la mujer.
Lisandro: Fueron tantas cosas las que pasaron y ahorita no sé ni siquiera si estoy tomando una buena decisión aceptando casarme con Marcus. Él ha sido tan especial y bueno conmigo que no podía negarme.
Lisandro se fija que ya terminó de arreglarle las uñas.
Lisandro: (sonriendo) Ya está. Espero que, si me escuchas, te haya gustado el trabajo. No seré un experto, pero te quedaron bien chulas y espero también que me perdones por llevarme a Dieguito conmigo a Miami. Tú sabes que solo quiero lo mejor para él.
Lisandro dice aquello como sintiendo duda de las decisiones que está tomando y suspira nuevamente mientras guarda sus implementos en su sofisticado bolso de mano. Natasha nuevamente mueve uno de sus dedos, pero Lisandro no se percata de ello. En eso una enfermera que luce mayor entra a la habitación, pero al ver a Lisandro se echa hacia atrás asustada y parece esconder algo en el bolsillo de su uniforme.
Enfermera: ¿Qué está haciendo usted aquí, joven?
Lisandro se sorprende ante la presencia de la enfermera y se queda sin saber qué decir.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Marcus se encuentra en la barra bebiendo alcohol y ya se ve algo ebrio. Mientras bebe, mira en su celular algunas fotos de Lisandro y se ve serio.

Marcus: Así que no quieres estar en la cama conmigo porque no quieres traicionar tus sentimientos. ¡Vaya basura!
Marcus bebe el licor que tiene servido un vaso de un solo sorbo y se limpia los labios con el dorso de la mano mientras sonríe con cierta amargura.
Marcus: No soy idiota. Todavía, muy en el fondo, quieres ese repostero. Estoy seguro de que con él si serías capaz de acostarte, Lisandro Villegas, pero no te voy a dejar.
De repente, un joven se le acerca de forma misteriosa y se sienta a su lado.

Dante: ¡Vaya, vaya! ¡Miren a quien tenemos aquí!
Marcus se da extrañado la vuelta y parece reconocer aquel joven.
Dante: ¡Es nada más y nada menos que Marcus King!
Marcus: ¿Dante?
Dante le sonríe y lo escanea con la mirada de arriba a abajo con cierta seducción.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / NOCHE
Una enfermera acaba de irrumpir en la habitación justo cuando Lisandro terminaba de arreglar las uñas de Natasha.

Enfermera: Le hice una pregunta, jovencito. ¿Qué se supone que está haciendo a esta hora en la habitación de la paciente?
Lisandro: (apenado) Discúlpeme. Le pedí permiso a otra de las enfermeras y no tuvo inconveniente en dejarme pasar.
Enfermera: Pero yo soy la enfermera jefe de turno y no es horario de visitas. Regrese mañana si desea, pero ahora debe retirarse.
Lisandro: Claro que sí. De todos modos, ya me iba. Muchas gracias y disculpe de nuevo.
Lisandro se apresura a salir de la habitación cerrando la puerta tras sí. La enfermera al verse a solas saca su celular del bolsillo, hace una llamada y espera unos segundos a que le contesten.
Enfermera: Buenas noches, señora. Soy yo. Llamaba para informarle que vine de ronda a la habitación de la que ya sabemos y sigue bien dormida en su coma.
INT. / CASA DE VICTORIA / NOCHE
Victoria es quien está al otro lado de la línea y sostiene un vaso de licor en sus manos al tiempo que sonríe después de haber escuchado a la enfermera.

Victoria: Perfecto. Nada más quería confirmar una información errónea que me dieron. Por ahora, siga inyectándole el medicamento que le indiqué. Con eso vamos a ir acabando con ella poco a poco sin levantar sospechas.
La anciana cuelga la llamada y habla para sí misma.
Victoria: Debí imaginarlo. El gigoló me mintió, aunque no entiendo para qué lo hizo. ¿Qué pretendía ese imbécil?
Victoria se queda pensativa.
INT. / HOSPITAL, PASILLOS / NOCHE
Lisandro, entretanto, va en dirección a la salida del hospital, pero justo en el camino se encuentra a Valentín sentado en una de las tantas sillas.


Lisandro: (extrañado) ¿Valentín?
Éste lo escucha y se levanta sorprendido al verlo
Valentín: Lisandro. No me digas que también te avisaron.
Lisandro: (desconcertado) ¿Me avisaron qué? ¿De qué hablas?
Valentín: ¿No viniste por el patrón?
Lisandro: No, pero por lo que dices supongo que pasó con Antonio.
Valentín: Desgraciadamente sí (Lisandro se preocupa). Me llamaron del reclusorio hace rato para informarme que don Antonio fue herido.
Lisandro: No puede ser. ¿Y cómo está? ¿Qué te han dicho?
Valentín: Hasta ahora sigo esperando que me den noticias. Yo justo estaba por escribirte o llamarte, pero qué bueno que te traje con el pensamiento.
Lisandro: Estaba visitando realmente a Natasha, pero me cacharon y me corrieron. ¿Qué necesitabas decirme?
Valentín: Hay algo muy importante, que digo importante, de vida y muerte que te tengo que enseñar.
Lisandro se queda sumamente intrigado al escuchar a su amigo.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Marcus se ha encontrado con quien al parecer es un viejo conocido. Los dos conversan amenamente.


Dante: (sonriendo) Hace mucho que no te veía.
Marcus: Debo decir lo mismo. No esperaba encontrarte en esta ciudad tan grande. Pensé que seguías viviendo en Miami.
Dante: Este es mi país después de todo, ¿no? Recuerda que sólo viví allí por un intercambio y ya sabes lo que dicen por ahí. El mundo es un pañuelo a veces.
Marcus: Tienes razón. ¿Quieres un trago?
Dante: No me sentaría mal. Yo encantado de acompañarte.
Marcus: (al bartender) Oye, tú. Danos dos dobles.
Dante: Y cuéntame. ¿Qué ha sido de ti? ¿Trabajas para la revista de tus padres?
Marcus: Como siempre quise. Esa era mi intención cuando estudiábamos periodismo en la universidad, ¿recuerdas?
Dante: ¿Cómo no recordarlo? La memoria es mi fuerte. Decías que no trabajarías para ningún periódico o revista de quinta categoría. Lo recuerdo tanto como nuestra relación.
Marcus guarda silencio ante ello. El bartender les sirve a los dos sus respectivas bebidas, las cuales ellos toman. Dante bebe un sorbo.
Marcus: ¿Todavía me odias por lo que pasó?
Dante: (pensativo) ¿Qué te puedo decir? El que te hayas aprovechado de mí para después desecharme como un trapo viejo no fue muy lindo de tu parte. ¿O qué crees?
Marcus: Veo que aún lo tienes bien presente (Bebe un poco).
Dante: ¿Cómo olvidarlo? Te acabo de decir que la memoria es mi fuerte y la experiencia contigo me dejó muy mal después de darme cuenta que sólo me usaste.
Marcus: Te juro que lo intenté. Quise de verdad tener una relación contigo, pero…
Dante: Pero te aburriste y me hiciste a un lado. Está bien. No tienes que maquillar las palabras porque yo lo sé. Fuiste un abusivo y en cuanto supiste lo que sentía por ti, me usaste para calmar tus necesidades. Eras de closet, un reprimido…
Marcus: (lo interrumpe) Y tú me sacaste de ahí a la fuerza contándoselo a mis padres que no sabían absolutamente nada. Bonita forma de vengarte, ¿no?
Marcus dice aquello último con cierto resentimiento en su voz. Dante niega con la cabeza al escucharlo mientras sonríe con picardía.
Dante: Veo que no has cambiado nada. Es increíble que todavía al día de hoy trates de hacerme ver como el villano de la película cuando yo solo fui tu víctima.
Dante se acerca a él a una distancia poco prudente. Los labios de ambos solo se separan por un par de centímetros. Marcus permanece con un rostro apacible.
Dante: Caí en tus garras porque me parecías tan guapo y tan tonto a la vez, y eso sigues siendo, un guapo tonto que hipnotiza a cualquiera con esos ojos.
Cada uno mira los labios del otro con cierto deseo.
Marcus: ¿Todavía te hipnotizan mis ojos como cuando estábamos en la cama?
Dante: No sé, fíjate. Tendría que ver si todavía tienen algún efecto en mí. Han pasado varios años y no sé si todavía me pierda en ellos como antes.
Dante se aleja, termina de tomarse de un solo sorbo su bebida y le guiña un ojo a Marcus. El chico se levanta y se dirige al baño. Marcus lo ve entrar y mira a su alrededor con cierta indecisión. Entretanto, dentro del baño, Dante termina de lavarse las manos y cuando alza la cabeza para mirar su reflejo en el espejo, ve a Marcus detrás de él.
Marcus: Pásala conmigo esta noche.
Dante: ¿Disculpa?
Marcus lo toma de un brazo y lo gira hacia él al tiempo que lo acorrala a la pared.
Marcus: ¿Vas a decirme que no es lo que también buscas? Porque bien hubieras podido pasar de largo o evadirme y, sin embargo, te me acercaste. Niégamelo. Además, a eso vienen todos a este bar.
Dante: Eres un creído.
Dante se abre paso para salir, pero su expareja se lo impide y se atreve a besarlo a la fuerza. Dante intenta resistirse, pero cede y ambos se quedan allí besándose de forma más apasionada e intensa.
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / NOCHE
Lisandro le entrega un café en un vaso plástico a Valentín quien se encuentra sentado.


Valentín: No te hubieras molestado. Gracias.
Lisandro: No hay de qué, Valentín (Se sienta a su lado). ¿Todavía no hay noticias de Antonio?
Valentín: (preocupado) No y ya me estoy empezando a asustar. ¿Qué tal si fue muy grave y le están intentando salvar la vida?
Lisandro: Antonio es un hombre fuerte. Estoy seguro de que va a salir de esta situación. Tú bien sabes que él cuando llegó a esta ciudad venía de Nueva York sin un peso en el bolsillo y a pesar de las adversidades, sacó adelante a Antique Amor.
Valentín: Por eso mismito es que le tengo tanta admiración al patrón. Diferente a mí que caí en lo más bajo para sobrevivir.
Lisandro: (extrañado) ¿A qué te refieres?
Valentín: Lisandro, yo trabajé de stripper en un bar para mujeres.
Lisandro: ¡No manches! ¿En serio?
Valentín: (bajando la cabeza) Pasé tantas necesidades que fue lo único que encontré. Gracias al patrón es que pude salir de esa vida porque mi trabajo no se limitaba solo a hacer bailecitos exóticos, sino también a… (Hace una pausa) Tú sabes.
Lisandro: Pues no soy quién para juzgarte por tu pasado, así que no hay por qué sentir pena (Pensativo). Lo que no entiendo es por qué tenía la leve impresión de que ya me habías dicho eso. Qué raro.
Valentín: De hecho, sí te lo dije, solo que tú no lo recuerdas. Cuando te lo conté, estabas hasta las manitas.
Lisandro: (sorprendido) ¿Yo? ¿Cuándo?
Valentín: La noche de la fiesta de disfraces que organizamos en Antique Amor, ¿recuerdas? Esa noche tomaste mucho y yo te llevé a donde vivo.
Lisandro: (avergonzado) Ah, sí. ¿Cómo olvidar esa noche si estuve bien pedo? No sé ni qué me pasó, pero ese no era yo, eh. No creas que siempre tomo como camionero recién pago.
Valentín: (riendo) Relájate. No hiciste nada del otro mundo o de lo cual avergonzarse. A lo que iba es que tú me preguntaste en qué trabajaba y yo te lo conté. Quien tiene que sentirse avergonzado soy yo.
Lisandro: ¿Por qué lo dices?
Valentín no se atreve a decirle la verdad y recuerda dicho incómodo momento.
FLASHBACK
En un momento dado, Valentín mira fijamente a Lisandro y en una maniobra rápida, lo recuesta sobre la cama tumbándose sobre él con ánimos de besarlo. Lisandro, en medio de su embriaguez, se queda sorprendido. Los dos se quedan en silencio escuchando su respiración.
Lisandro: (nervioso) ¿Por…? ¿Por qué me miras así, Valentín?
Valentín no dice nada y traga saliva como si estuviera indeciso de hacer algo; se desabrocha el cinturón, aún encima de Lisandro y comienza a alzarle al chico su camisa.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro se ve pensativo y por un momento parece recordar también ese instante. Valentín lo nota.
Lisandro: No sé si es solo mi imaginación, pero ahora que me recuerdas esa noche en tu casa, me pareció que tú quisiste…
Lisandro se detiene abruptamente y mira al hombre quien, apenado, asiente con la cabeza.
Valentín: No fue tu imaginación, Lisandro. Eso que tienes en la cabeza como dices fue lo que realmente pasó.
Lisandro abre sorprendido la boca y comienza a pegarle indignado con el bolso, pero de una forma cómica. Valentín se cubre con los brazos.
Lisandro: ¿Cómo te atreviste? ¿Cómo fuiste capaz, infeliz?
Valentín: ¿Qué haces? ¡Espérate!
Lisandro: ¡Eres un atrevido, un libidinoso! ¡Me violaste!
Valentín: ¡Claro que no, hombre! ¡Escúchame!
Lisandro: ¿Qué me vas a explicar si te aprovechaste de mí, desgraciado, puerco? (Continúa pegándole con el bolso) ¿Que no sabías que yo soy vir…?
Lisandro se detiene en ese instante para no completar la frase.
Valentín: ¿Virgen?
Lisandro: (avergonzado) ¡Ni lo digas! (Sigue pegándole) ¡Definitivamente eres igual al libidinoso de tu patrón! ¡Los dos son tal para cual! (Indignado) ¡Puercos los dos!
Valentín: ¡Ya está bueno de golpes! Me vas a hacer derramar todo el café encima. ¡Detente!
Valentín le grita fuerte y Lisandro se detiene al ver que están siendo observados por las demás personas presentes en la sala de espera quienes los miran con reproche por el escándalo.
Lisandro: (hablando en voz baja) Vas a ver. Le voy a contar esto a Marina y a la policía. El que hayas sido stripper y estés buenote no te da derecho a andar sobrepasándote con las personas, desgraciado.
Valentín: Ya déjate de tonterías que yo nunca te violé. No seas menso. Tú sabes que ni siquiera soy gay.
Lisandro: No me vengas con eso que ya me conozco a los de tu clase, los tan mentados heteroflexibles. ¿Crees que soy estúpido?
Valentín: Ni heteroflexible ni nada que se le parezca. Yo le voy a las mujeres y me fascinan para que te lo sepas.
Lisandro: (incrédulo) ¿Ah, sí? Entonces, ¿qué pretendías cuando me tiraste en la cama a punto de besarme y quitarme la ropa? No seas descarado.
Valentín: Mira, Lisandro. Explicarte el porqué me lleva a enseñarte algo que te va a afectar mucho y que tiene que ver con tu abuela.
Lisandro: (desconcertado) ¿Mi abuela? ¿Qué tiene que ver mi abuela en todo esto?
Valentín: (serio) Muchísimo. Te dije hace un rato cuando nos encontramos que era algo de vida o muerte. Esto afecta a muchísimas personas, no solo a ti, sino también a don Antonio y a Natasha.
Lisandro: Me estás asustando, Valentín. ¿Qué puede ser tan grave como para que pongas esa cara?
Valentín: Espérate.
Valentín pone el vaso de café en la silla desocupada de al lado y saca su celular. Pocos segundos después, comienza a reproducir una grabación que hizo justo cuando enfrentó a Victoria.
GRABACIÓN
Victoria: A ver. Y según ella y tú, ¿qué se supone que he hecho?
Valentín: Usted sí que es cínica. ¿Todavía tiene el descaro de preguntar? ¿Que acaso le parece poquito haber mandado a quemar la pastelería, inculpar a don Antonio en esa cochinada de la intoxicación de los pasteles, culparlo de asesinato y haber provocado el accidente que dejó en coma a la pobre de Natasha?
(Lisandro escucha atento, pero a medida que lo hace, abre los ojos como platos, atónito e impactado)
Valentín: Pero eso no es todo. Usted ha hecho lo que ha hecho sólo por ambición, para impedir que el pobre de Lisandro ande con don Antonio. ¡Qué poca de su parte! (Niega con la cabeza).
Victoria: ¿Y qué? ¿Vas a denunciarme a la policía o ya los llamaste? Tú, ni Natasha, ni el repostero ese pueden hacer nada. ¿Y saben por qué? (Pausa) Porque no tienen pruebas. No hay nada que me inculpe. Tengo a Lisandro comiendo en la palma de mi mano y el muy tonto terminará haciendo lo que yo quiera.
FIN DE LA GRABACIÓN
Lisandro: (negando con la cabeza) No puede ser…. Esto no puede ser, Valentín.
Lisandro empuña una mano y se cubre con ella la boca sin dar crédito a la conversación grabada en la que su abuela, sin saberlo, ha confesado todo lo que ha hecho.
CONTINUARÁ…


Marina: Bueno, ya el bebito se quedó dormido. Espero que no le dé por despertarse a medianoche.
Marina se acuesta al lado de su novio y lo toma de la mano. Él sigue sumergido en sus pensamientos.
Marina: ¿Qué tienes, amor? ¿Por qué traes esa cara?
Valentín: Hoy fui a ver al patrón en la cárcel.
Marina: Ah, sí. Lisandro me lo dijo. Me contó que te dio un poder para que se lo hicieras firmar a Antonio. ¿Qué pasó? ¿Sí te firmó el dichoso papel ese?
Valentín: ¿Qué crees? Lo rompió en pedazos cuando le expliqué de qué se trataba. Él no está dispuesto a dejar que se lleven al niño al extranjero. Supongo que tú le dijiste lo mismo a Lisandro. Después de todo, tú eres la madrina.
Marina: (incómoda) Bueno, Valentín. La verdad es que yo…
Valentín: No me digas que sí aceptaste que Lisandro se lleve al niño.
Marina asiente con la cabeza.
Valentín: (molesto) No lo puedo creer. ¿Vas a traicionar así la confianza que el patrón y Natasha depositaron en ti cuando te pidieron que fueras la madrina del bebé?
Marina: Valentín, no se trata de eso. Lisandro me hizo entrar en razón. Antonio está en la cárcel y Nastaha en coma. ¿Qué futuro le espera a Dieguito así?
Valentín: Por algo somos sus padrinos, ¿no?
Marina: Sí, pero no es nuestro hijo. Además, yo a todos los aprecio mucho porque son nuestros amigos, pero últimamente siento que esto está afectando un poco nuestra relación.
Valentín guarda silencio sintiéndose un poco molesto. Marina se acerca a él y lo toma con delicadeza del rostro.
Marina: Tenemos que centrarnos un poco en nosotros también, ¿no crees?
Valentín: (levantándose) No sé, pero a mí se me hace egoísta de tu parte.
Marina: (frustrada) ¡Valentín, por favor!
Valentín: No me digas nada. Mejor me voy a la pensión donde vivo (Empieza a vestirse).
Marina: Pensé que ibas a quedarte conmigo esta noche.
Valentín: Pues no. ¿Qué sentido tiene que esté con una mujer que solo piensa en sí misma y no en los demás? (Se sienta en la cama para ponerse los zapatos).
Marina: Estás siendo muy injusto. Sólo pienso en los dos, no solo en mí.
Valentín: No me metas en ese costal, Marina. Antes de pensar en mi futuro, prefiero serle fiel a las personas que han sido nuestros amigos, casi, casi como nuestros hermanos, pero veo que tú no ves las cosas de la misma forma que yo. así que ahí te ves.
Marina no sabe qué responder ante ello. Valentín termina de amarrarse los zapatos y sale de la habitación agarrando su chaqueta de paso. La primera se queda frustrada por esa pequeña discusión.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Lisandro y Marcus llegan, sin embargo, antes de que puedan prender las luces, Marcus rodea al chico desde atrás y lo besa por el cuello.


Lisandro: (riendo) ¿Qué haces, Marcus?
Marcus: ¿No puedo darle cariño a mi prometido y mi futuro esposo?
Lisandro: Es que me tomaste por sorpresa.
Marcus: ¿Ah sí? (Sigue besándolo por el cuello) ¿Te gustaría que siga sorprendiéndote?
Marcus junta su cuerpo con el de Lisandro desde atrás y se toma el atrevimiento de desabrochar el jean del segundo.
Lisandro: (alarmado) ¡Marcus, espera!
Lisandro se aparta de él y ambos quedan frente a frente. El chico también prende las luces de una lámpara que ilumina tenuemente el departamento.
Marcus: ¿Qué pasa, mi chiquito? ¿No quieres que te siga sorprendiendo?
Lisandro: Mira, seré un chiquito como dices porque apenas y paso de los veintiuno, pero no soy menso y yo sé lo que buscas.
Marcus se le acerca en una actitud seductora y lo acorrala contra la pared.
Marcus: (sonriéndole pícaro) No sé a qué te refieres. Sé más específico (Le acaricia el rostro).
Lisandro: Marcus, no me hagas tener que decírtelo. Me siento muy raro.
Marcus: ¿Por qué? ¿Qué tiene?
Marcus se acerca a Lisandro a una distancia tal que ambos sienten su respiración.
Lisandro: Escucha. No me siento preparado para esto. No creo que sea el tiempo todavía.
Marcus: ¿Por qué no? ¿Acaso no quieres estar íntimamente conmigo? Porque yo sí y es lo que más deseo en este momento (Besándolo).
Lisandro: (agitado) Marcus, por favor…
Marcus: Sólo déjate llevar. Voy a hacértelo con mucho amor.
Marcus mete su mano por debajo del jean de Lisandro, cosa ante la cual él se exalta e intenta apartarse. Marcus lo detiene tomándolo del brazo.
Lisandro: Marcus, te dije que no…
Pero él le ignora y lo lanza hacia la pared al tiempo que intenta quitarle la camisa y continúa besándolo por el cuello apasionadamente.
Lisandro: (muy incómodo) ¡Déjame! ¡Te lo pido!
Marcus: Esta noche voy a demostrarte lo mucho que te quiero, Lisandro. Voy a hacerte mío.
Lisandro siente que se paraliza y abre los ojos como platos al contemplar tal posibilidad.
INT. / RECLUSORIO, CELDA / NOCHE
Antonio se encuentra en su celda, acostado en la cama. Desliza entre sus dedos el collar que le regaló a Lisandro y no puede evitar derramar una lágrima.

Antonio: Te extraño, Lisandro. Debo reconocer que te extraño como un condenado así tú me odies y me quieras quitar a mi hijo, pero no lo voy a permitir. Eso sí que no.
El hombre presiona fuerte el collar entre sus manos. De repente, sus pensamientos se ven interrumpidos por otro recluso de mal aspecto que justo entra a la celda.
El alacrán: ¿Qué te traes, güerito? ¿Qué tienes ahí?
Antonio: Lo que es mío no es de tu incumbencia. Piérdete.
El alacrán frunce el ceño y no se tarda en agarrarlo con fuerza de la camisa.
El alacrán: ¿Quién te crees para venir a hablarme en ese tonito, pendejo? ¿Que se te olvida quién manda en esta celda y quién llegó primero? ¡Yo, El Aclarán, mano! ¿Que acaso quieres que te lo recuerde?
Antonio se suelta de mala gana y mira a su compañero de mala forma.
Antonio: (desafiante) No me hace falta saberlo, panzón, pero el que hayas llegado aquí primero no te hace el dueño de la celda y de mis cosas, así que no me molestes.
El alacrán: ¿Te crees muy machito para andar retándome, malnacido?
Antonio: Pues sí. Fíjate. No me voy a doblegar ante nadie aquí ni mucho menos ante un vejete con cara de bulldog. ¿Cómo la ves?
Los dos hombres se retan con la mirada y se siente gran tensión.
El alacrán: Tú no te quedas atrás con tu carita de mariquita. Yo por lo menos sí me veo bien hombre, así que ándale. Entrégame el pinche collar que traes ahí y te dejo en paz.
Antonio: (con sarcasmo) ¡Claro! ¿Y qué más se te ofrece, güey? ¿Un cafecito? ¿Un puro? ¿Que te bese el trasero, imbécil?
El alacrán: (furioso) ¡No te hagas el chistosito conmigo, idiota! ¡Ándale! ¡Ya hablé! Dame el collar y dejamos esto por la paz.
Antonio: No te doy nada y haz lo que quieras. No me importa. Por mí te puedes ir al carajo, que no te tengo miedo.
Antonio se da la vuelta dispuesto a acostarse nuevamente en su cama.
El alacrán: ¡Muy bien! Tú lo quisiste por la malas.
El alacrán lo gira hacia él pegándole un puñetazo en la fracción de un segundo. Antonio se aturde por el golpe, momento que el recluso aprovecha para pegarle otro puño aún más fuerte lanzándolo al piso. El collar cae al piso.
El alacrán: ¡Te advertí que no te metieras conmigo!
El alacrán comienza a patearlo sin parar. Antonio no ve de otra que tratar de protegerse poniéndose en posición fetal. En un momento dado, aprovecha para jalarlo de un pie, haciendo también caer a su oponente por la pérdida del equilibrio. Acto seguido, Antonio se abalanza sobre el alacrán y comienza a pegarle puño tras puño. Los otros reclusos ya se han dado cuenta de la pelea y comienzan a abuchearlos a las afueras de la celda.
Antonio: (jalándolo de la camisa) ¿Qué pasó, güey? ¿Ya no eres tan alacrán como te dicen?
El alacrán sonríe con los labios ensangrentados y se defiende pegándole un cabezazo a Antonio. El mayor de los hombres lo jala del pelo y golpea su cabeza contra las barras de la celda fuertemente.
El alacrán: No creas que me doy por vencido tan fácil. ¿Cómo la ves ahora?
Antonio se ríe en medio de la sangre que brota de sus labios por los golpes.
Antonio: ¿Es lo único que tienes, animal?
Antonio aprovecha ese segundo de distracción para pegarle un codazo en el estómago dejando sin aire a su oponente. Sin darse a la espera, le devuelve el puño con fuerza y el alacrán cae al piso.
El alacrán: (furioso) ¡Me las vas a pagar, güerito!
Éste saca una navaja que tenía escondida en su uniforme. Antonio se queda inmóvil ante ello. Los dos hombres respiran exhaustos por la pelea en la que se han enzarzado.
Antonio: ¿No puedes pelear como un hombre? ¿No tienes más forma de defenderte que usando un arma?
El alacrán: ¿No te han enseñado que en la guerra todo se vale? Pues aquí tienes. ¡Te voy a enseñar a no meterte conmigo, con el alacrán, maldito!
Dicho eso, el alacrán se lanza hacia él y lo apuñala dos veces seguidas. Los guardias hacen aparición en ese instante y los separan poniendo al alacrán contra la pared. Otro guardia se acerca a Antonio quien se desvanece al verse atacado.
Antonio: (balbuceando) A… Ayu… Ayúdenme. No me puedo morir…
El guardia habla a través del radioteléfono.
Guardia: Tengo un recluso herido en la 304. Repito. Tengo un recluso herido.
Antonio: No me puedo morir. Tengo un hijo. Ayúdenme…
Antonio habla con suma dificultad y se pone los dedos en la herida provocada por el alacrán, pero sólo sale sangre.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Marcus ha intentado sobrepasarse con Lisandro acorralándolo contra la pared y besándolo a la fuerza. Lisandro intenta quitárselo de encima.


Lisandro: (muy incómodo) Marcus, basta! ¡Detente ya!
Marcus sigue besándolo con cierto desespero mientras se desabotona la camisa con rapidez.
Lisandro: (gritando) ¡Basta ya! ¡No más!
Lisandro lo empuja fuertemente logrando quitarlo de sí. Marcus lo mira con los ojos desorbitados y con la camisa abierta.
Marcus: (desconcertado) Lisandro, pero…
Lisandro: ¿Cómo te atreves a querer forzarme a hacer algo que no quiero ni deseo? ¿En qué estabas pensando?
Marcus: ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Por supuesto que estaba pensando en ti! Te deseo y lo que más quiero es tenerte, sentirte…
Lisandro: No soy un objeto al que tú puedas “tener”, Marcus. ¿Por quién me tomas?
Marcus: No lo veas de esa forma. Tú sabes a lo que me refiero. Quiero tenerte conmigo en la intimidad. Llevo rato esperándolo y yo sé que tú también quieres.
Lisandro: (muy molesto) ¡Te equivocas! Te repito que no estoy preparado para hacer esto contigo y me parece de muy mal gusto que hayas intentado forzarme.
Marcus: No actúes como un niño. Es normal que esto pase entre una pareja. ¿Qué tiene de malo?
Marcus se acerca a él e intenta besarlo nuevamente, pero Lisandro pone distancia entre ambos apartándolo con las manos.
Lisandro: ¡Suficiente, Marcus! Si para ti mis principios y lo que yo quiera no es importante, porque según tú actúo como un niño, entonces no tiene ningún sentido que me case contigo.
Marcus: ¿Me estás hablando en serio?
Lisandro: ¡Muy en serio! Dañaste la noche con esto que hiciste.
Marcus: Pero, Lisandro…
Lisandro: (lo interrumpe) Y no me digas nada más. No me tomes por un promiscuo porque ese es precisamente el estilo de vida que llevan tantas personas como tú o como yo, algo que tanto quiero evitar.
Marcus: No confundas la promiscuidad con vivir una sexualidad plena. Eso es lo que quiero que tengamos tú y yo. ¿Por qué ponerle tanto misterio a algo tan normal?
Lisandro: (incrédulo) ¿Sexualidad plena? ¿Normal dices? Marcus, ¿tienes idea de cuantos chicos gay hay allá afuera con vacíos emocionales que pretenden llenar acostándose con el uno y con el otro?
Marcus guarda silencio ante tal pregunta.
Lisandro: ¿Tienes alguna idea?
Marcus: ¿A dónde quieres llegar con ese discurso tan patético?
Lisandro: (muy serio) A que tú sabes muy bien que lo que siento por ti no es lo mismo que tú sientes por mí.
Marcus mira para otro lado sintiéndose muy molesto y dolido al escucharlo.
Lisandro: Y no te pongas así porque bien lo has sabido desde siempre. Yo acepté estar contigo para darnos una oportunidad y ver qué resulta, pero no te acepté porque te amara y no quiero ir a algo íntimo contigo sin ser realmente sincero con respecto a lo que siento por ti. ¿Entiendes?
Marcus guarda silencio y evita mirarlo. Lisandro traga saliva tratando de tener el mayor tacto al hablar.
Lisandro: No quiero ser como todos esos chicos que llenan sus vacíos emocionales o penas amorosas de la manera errónea. No quiero (Repite muy seguro).
Marcus: ¿Terminaste? Porque ya que no quieres estar conmigo, prefiero irme a dormir.
Lisandro: No te preocupes. Vete a descansar. Yo iré a dar un paseo en vista de que el ambiente se puso algo pesado aquí.
Lisandro sale del departamento notablemente molesto e indispuesto agarrando de paso su bolso de mano. Marcus también se muestra molesto, aunque a la vez frustrado y patea un sofá. El chico, por su parte, toma el ascensor y presiona el botón que lo lleva al primer piso. Toca sus labios y se siente abrumado al tiempo que un recuerdo llega a su cabeza sobre la noche del bautizo de Dieguito que celebraron en la pastelería.
FLASHBACK
Antonio: Si todavía sientes algo por mí, por la amistad que tuvimos cuando estudiábamos en la universidad, dame una segunda oportunidad, por favor.
Antonio no puede contenerse más y derrama varias lágrimas. Lisandro tampoco puede evitar ponerse sollozo.
Lisandro: Me da tanto miedo que vuelva a pasar algo y que sufra el doble de lo que ya sufrí por ti alguna vez.
Antonio: Eso no va a pasar porque ahora yo cambié y ya soy otro. Te lo aseguro. Pregúntale a Natasha, a Marina, a Valentín que son tan cercanos a nosotros (Señala hacia la pastelería). Yo te quiero.
Lisandro traga saliva y tampoco puede contenerse más, pues termina derramando varias lágrimas.
Lisandro: Y yo a ti, Antonio. Me duele reconocerlo, pero yo también te quiero y eso no ha cambiado.
Los dos se abrazan en ese momento con mucha calidez y se quedan así durante varios segundos. Luego, se apartan y Antonio le limpia las lágrimas a Lisandro con delicadeza.
Antonio: Tan solo intentémoslo y vas a ver que me voy a encargar de hacerte muy feliz. Te lo prometo.
Antonio le da un beso a Lisandro, el cual, él no duda en corresponder, un beso que había quedado pendiente entre ambos desde hace mucho tiempo y en el que no dudan en desbordar lo que sienten mutuamente.
FIN DEL FLASHBACK
INT. / HOSPITAL / NOCHE
El recuerdo termina. Antonio es llevado de urgencia sobre una camilla y por unos paramédicos. Luce débil y ve borrosas las luces del techo del hospital. Tal parece que él también recordaba el mismo momento que Lisandro.

Antonio: (en un hilo de voz) Lisa… Lisandro… Lisandro, no te vayas. No me quites a mi hijo…
El hombre está alucinando.
Paramédica 1: (preocupada) El herido ha perdido mucha sangre. Tienen que intervenirlo de inmediato o se nos va a ir.
Antonio incluso suda. Los paramédicos lo ingresan a la sala de emergencias. Valentín no tarda en aparecer en el hospital y con prontitud se dirige a la recepción.

Valentín: Buenas noches, señorita. Me llamaron para decirme que trajeron acá a un herido del reclusorio.
Recepcionista: ¿Cuál es el nombre del paciente?
Valentín: Antonio Guzmán se llama.
Recepcionista: Déjeme checo en el sistema.
La mujer comienza a buscar en el computador y luego de unos segundos le da la información a Valentín quien luce notablemente preocupado.
Recepcionista: Lo acaban de traer y fue ingresado a emergencias. Tal parece que necesita entrar a cirugía de inmediato.
Valentín: (muy preocupado) ¿Cirugía? ¿Tal mal está?
Recepcionista: Es mejor que espere en la sala a que le den un diagnóstico. Por el momento es la única información que poseo.
Valentín asiente con la cabeza y le agradece a la recepcionista mientras se sienta frustrado en una silla.
Valentín: (susurrando) Tiene que ponerse bien, patrón. Usted no se puede ir. Tiene que ser fuerte.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / NOCHE
Paralelamente, Lisandro ha ido a visitar a Natasha, la cual yace en su cama ajena al mundo debido al coma en el que se encuentra. Está conectada a un electrocardiograma, además de una sonda de alimentación. El chico aprovecha para arreglarle las uñas y se las lima.


Lisandro: (sonriendo) Estoy seguro que, si estuvieras despierta, te aterraría tener las uñas así como las tienes. ¿Y quién no? Hasta a mí me aterra. Por eso siempre cargo esmalte y lima conmigo, y tú siempre has sido bien vanidosa. Pero claro. ¿Cómo no si antes eras una supermodelo?
Lisandro se detiene por un momento y se queda pensativo al tiempo que esboza su sonrisa.
Lisandro: ¿Quién diría que terminarías trabajando de mesera junto conmigo en Antique Amor? ¿Te acuerdas de lo mal que nos caíamos al principio? ¡Es que eras bien creída!
Lisandro ríe levemente y suelta un suspiro.
Lisandro: Definitivamente, con todo lo que pasó, nos cambió mucho la vida. Tú resultaste embarazada de Dieguito aun sin tener una relación oficial con Antonio.
Natasha mueve de repente uno de sus dedos, justo uno de la mano que él no está sosteniendo, por lo que no se da cuenta.
Lisandro: Mientras que yo decidí renunciar para trabajar en el depa de Marcus y vivir allí con él porque no soportaba la idea de verlos a ustedes dos. Me hacía daño, ¿sabes?
Lisandro continúa limando las uñas de la mujer.
Lisandro: Fueron tantas cosas las que pasaron y ahorita no sé ni siquiera si estoy tomando una buena decisión aceptando casarme con Marcus. Él ha sido tan especial y bueno conmigo que no podía negarme.
Lisandro se fija que ya terminó de arreglarle las uñas.
Lisandro: (sonriendo) Ya está. Espero que, si me escuchas, te haya gustado el trabajo. No seré un experto, pero te quedaron bien chulas y espero también que me perdones por llevarme a Dieguito conmigo a Miami. Tú sabes que solo quiero lo mejor para él.
Lisandro dice aquello como sintiendo duda de las decisiones que está tomando y suspira nuevamente mientras guarda sus implementos en su sofisticado bolso de mano. Natasha nuevamente mueve uno de sus dedos, pero Lisandro no se percata de ello. En eso una enfermera que luce mayor entra a la habitación, pero al ver a Lisandro se echa hacia atrás asustada y parece esconder algo en el bolsillo de su uniforme.
Enfermera: ¿Qué está haciendo usted aquí, joven?
Lisandro se sorprende ante la presencia de la enfermera y se queda sin saber qué decir.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Marcus se encuentra en la barra bebiendo alcohol y ya se ve algo ebrio. Mientras bebe, mira en su celular algunas fotos de Lisandro y se ve serio.

Marcus: Así que no quieres estar en la cama conmigo porque no quieres traicionar tus sentimientos. ¡Vaya basura!
Marcus bebe el licor que tiene servido un vaso de un solo sorbo y se limpia los labios con el dorso de la mano mientras sonríe con cierta amargura.
Marcus: No soy idiota. Todavía, muy en el fondo, quieres ese repostero. Estoy seguro de que con él si serías capaz de acostarte, Lisandro Villegas, pero no te voy a dejar.
De repente, un joven se le acerca de forma misteriosa y se sienta a su lado.

Dante: ¡Vaya, vaya! ¡Miren a quien tenemos aquí!
Marcus se da extrañado la vuelta y parece reconocer aquel joven.
Dante: ¡Es nada más y nada menos que Marcus King!
Marcus: ¿Dante?
Dante le sonríe y lo escanea con la mirada de arriba a abajo con cierta seducción.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / NOCHE
Una enfermera acaba de irrumpir en la habitación justo cuando Lisandro terminaba de arreglar las uñas de Natasha.

Enfermera: Le hice una pregunta, jovencito. ¿Qué se supone que está haciendo a esta hora en la habitación de la paciente?
Lisandro: (apenado) Discúlpeme. Le pedí permiso a otra de las enfermeras y no tuvo inconveniente en dejarme pasar.
Enfermera: Pero yo soy la enfermera jefe de turno y no es horario de visitas. Regrese mañana si desea, pero ahora debe retirarse.
Lisandro: Claro que sí. De todos modos, ya me iba. Muchas gracias y disculpe de nuevo.
Lisandro se apresura a salir de la habitación cerrando la puerta tras sí. La enfermera al verse a solas saca su celular del bolsillo, hace una llamada y espera unos segundos a que le contesten.
Enfermera: Buenas noches, señora. Soy yo. Llamaba para informarle que vine de ronda a la habitación de la que ya sabemos y sigue bien dormida en su coma.
INT. / CASA DE VICTORIA / NOCHE
Victoria es quien está al otro lado de la línea y sostiene un vaso de licor en sus manos al tiempo que sonríe después de haber escuchado a la enfermera.

Victoria: Perfecto. Nada más quería confirmar una información errónea que me dieron. Por ahora, siga inyectándole el medicamento que le indiqué. Con eso vamos a ir acabando con ella poco a poco sin levantar sospechas.
La anciana cuelga la llamada y habla para sí misma.
Victoria: Debí imaginarlo. El gigoló me mintió, aunque no entiendo para qué lo hizo. ¿Qué pretendía ese imbécil?
Victoria se queda pensativa.
INT. / HOSPITAL, PASILLOS / NOCHE
Lisandro, entretanto, va en dirección a la salida del hospital, pero justo en el camino se encuentra a Valentín sentado en una de las tantas sillas.


Lisandro: (extrañado) ¿Valentín?
Éste lo escucha y se levanta sorprendido al verlo
Valentín: Lisandro. No me digas que también te avisaron.
Lisandro: (desconcertado) ¿Me avisaron qué? ¿De qué hablas?
Valentín: ¿No viniste por el patrón?
Lisandro: No, pero por lo que dices supongo que pasó con Antonio.
Valentín: Desgraciadamente sí (Lisandro se preocupa). Me llamaron del reclusorio hace rato para informarme que don Antonio fue herido.
Lisandro: No puede ser. ¿Y cómo está? ¿Qué te han dicho?
Valentín: Hasta ahora sigo esperando que me den noticias. Yo justo estaba por escribirte o llamarte, pero qué bueno que te traje con el pensamiento.
Lisandro: Estaba visitando realmente a Natasha, pero me cacharon y me corrieron. ¿Qué necesitabas decirme?
Valentín: Hay algo muy importante, que digo importante, de vida y muerte que te tengo que enseñar.
Lisandro se queda sumamente intrigado al escuchar a su amigo.
INT. / DISCOTECA / NOCHE
Marcus se ha encontrado con quien al parecer es un viejo conocido. Los dos conversan amenamente.


Dante: (sonriendo) Hace mucho que no te veía.
Marcus: Debo decir lo mismo. No esperaba encontrarte en esta ciudad tan grande. Pensé que seguías viviendo en Miami.
Dante: Este es mi país después de todo, ¿no? Recuerda que sólo viví allí por un intercambio y ya sabes lo que dicen por ahí. El mundo es un pañuelo a veces.
Marcus: Tienes razón. ¿Quieres un trago?
Dante: No me sentaría mal. Yo encantado de acompañarte.
Marcus: (al bartender) Oye, tú. Danos dos dobles.
Dante: Y cuéntame. ¿Qué ha sido de ti? ¿Trabajas para la revista de tus padres?
Marcus: Como siempre quise. Esa era mi intención cuando estudiábamos periodismo en la universidad, ¿recuerdas?
Dante: ¿Cómo no recordarlo? La memoria es mi fuerte. Decías que no trabajarías para ningún periódico o revista de quinta categoría. Lo recuerdo tanto como nuestra relación.
Marcus guarda silencio ante ello. El bartender les sirve a los dos sus respectivas bebidas, las cuales ellos toman. Dante bebe un sorbo.
Marcus: ¿Todavía me odias por lo que pasó?
Dante: (pensativo) ¿Qué te puedo decir? El que te hayas aprovechado de mí para después desecharme como un trapo viejo no fue muy lindo de tu parte. ¿O qué crees?
Marcus: Veo que aún lo tienes bien presente (Bebe un poco).
Dante: ¿Cómo olvidarlo? Te acabo de decir que la memoria es mi fuerte y la experiencia contigo me dejó muy mal después de darme cuenta que sólo me usaste.
Marcus: Te juro que lo intenté. Quise de verdad tener una relación contigo, pero…
Dante: Pero te aburriste y me hiciste a un lado. Está bien. No tienes que maquillar las palabras porque yo lo sé. Fuiste un abusivo y en cuanto supiste lo que sentía por ti, me usaste para calmar tus necesidades. Eras de closet, un reprimido…
Marcus: (lo interrumpe) Y tú me sacaste de ahí a la fuerza contándoselo a mis padres que no sabían absolutamente nada. Bonita forma de vengarte, ¿no?
Marcus dice aquello último con cierto resentimiento en su voz. Dante niega con la cabeza al escucharlo mientras sonríe con picardía.
Dante: Veo que no has cambiado nada. Es increíble que todavía al día de hoy trates de hacerme ver como el villano de la película cuando yo solo fui tu víctima.
Dante se acerca a él a una distancia poco prudente. Los labios de ambos solo se separan por un par de centímetros. Marcus permanece con un rostro apacible.
Dante: Caí en tus garras porque me parecías tan guapo y tan tonto a la vez, y eso sigues siendo, un guapo tonto que hipnotiza a cualquiera con esos ojos.
Cada uno mira los labios del otro con cierto deseo.
Marcus: ¿Todavía te hipnotizan mis ojos como cuando estábamos en la cama?
Dante: No sé, fíjate. Tendría que ver si todavía tienen algún efecto en mí. Han pasado varios años y no sé si todavía me pierda en ellos como antes.
Dante se aleja, termina de tomarse de un solo sorbo su bebida y le guiña un ojo a Marcus. El chico se levanta y se dirige al baño. Marcus lo ve entrar y mira a su alrededor con cierta indecisión. Entretanto, dentro del baño, Dante termina de lavarse las manos y cuando alza la cabeza para mirar su reflejo en el espejo, ve a Marcus detrás de él.
Marcus: Pásala conmigo esta noche.
Dante: ¿Disculpa?
Marcus lo toma de un brazo y lo gira hacia él al tiempo que lo acorrala a la pared.
Marcus: ¿Vas a decirme que no es lo que también buscas? Porque bien hubieras podido pasar de largo o evadirme y, sin embargo, te me acercaste. Niégamelo. Además, a eso vienen todos a este bar.
Dante: Eres un creído.
Dante se abre paso para salir, pero su expareja se lo impide y se atreve a besarlo a la fuerza. Dante intenta resistirse, pero cede y ambos se quedan allí besándose de forma más apasionada e intensa.
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / NOCHE
Lisandro le entrega un café en un vaso plástico a Valentín quien se encuentra sentado.


Valentín: No te hubieras molestado. Gracias.
Lisandro: No hay de qué, Valentín (Se sienta a su lado). ¿Todavía no hay noticias de Antonio?
Valentín: (preocupado) No y ya me estoy empezando a asustar. ¿Qué tal si fue muy grave y le están intentando salvar la vida?
Lisandro: Antonio es un hombre fuerte. Estoy seguro de que va a salir de esta situación. Tú bien sabes que él cuando llegó a esta ciudad venía de Nueva York sin un peso en el bolsillo y a pesar de las adversidades, sacó adelante a Antique Amor.
Valentín: Por eso mismito es que le tengo tanta admiración al patrón. Diferente a mí que caí en lo más bajo para sobrevivir.
Lisandro: (extrañado) ¿A qué te refieres?
Valentín: Lisandro, yo trabajé de stripper en un bar para mujeres.
Lisandro: ¡No manches! ¿En serio?
Valentín: (bajando la cabeza) Pasé tantas necesidades que fue lo único que encontré. Gracias al patrón es que pude salir de esa vida porque mi trabajo no se limitaba solo a hacer bailecitos exóticos, sino también a… (Hace una pausa) Tú sabes.
Lisandro: Pues no soy quién para juzgarte por tu pasado, así que no hay por qué sentir pena (Pensativo). Lo que no entiendo es por qué tenía la leve impresión de que ya me habías dicho eso. Qué raro.
Valentín: De hecho, sí te lo dije, solo que tú no lo recuerdas. Cuando te lo conté, estabas hasta las manitas.
Lisandro: (sorprendido) ¿Yo? ¿Cuándo?
Valentín: La noche de la fiesta de disfraces que organizamos en Antique Amor, ¿recuerdas? Esa noche tomaste mucho y yo te llevé a donde vivo.
Lisandro: (avergonzado) Ah, sí. ¿Cómo olvidar esa noche si estuve bien pedo? No sé ni qué me pasó, pero ese no era yo, eh. No creas que siempre tomo como camionero recién pago.
Valentín: (riendo) Relájate. No hiciste nada del otro mundo o de lo cual avergonzarse. A lo que iba es que tú me preguntaste en qué trabajaba y yo te lo conté. Quien tiene que sentirse avergonzado soy yo.
Lisandro: ¿Por qué lo dices?
Valentín no se atreve a decirle la verdad y recuerda dicho incómodo momento.
FLASHBACK
En un momento dado, Valentín mira fijamente a Lisandro y en una maniobra rápida, lo recuesta sobre la cama tumbándose sobre él con ánimos de besarlo. Lisandro, en medio de su embriaguez, se queda sorprendido. Los dos se quedan en silencio escuchando su respiración.
Lisandro: (nervioso) ¿Por…? ¿Por qué me miras así, Valentín?
Valentín no dice nada y traga saliva como si estuviera indeciso de hacer algo; se desabrocha el cinturón, aún encima de Lisandro y comienza a alzarle al chico su camisa.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro se ve pensativo y por un momento parece recordar también ese instante. Valentín lo nota.
Lisandro: No sé si es solo mi imaginación, pero ahora que me recuerdas esa noche en tu casa, me pareció que tú quisiste…
Lisandro se detiene abruptamente y mira al hombre quien, apenado, asiente con la cabeza.
Valentín: No fue tu imaginación, Lisandro. Eso que tienes en la cabeza como dices fue lo que realmente pasó.
Lisandro abre sorprendido la boca y comienza a pegarle indignado con el bolso, pero de una forma cómica. Valentín se cubre con los brazos.
Lisandro: ¿Cómo te atreviste? ¿Cómo fuiste capaz, infeliz?
Valentín: ¿Qué haces? ¡Espérate!
Lisandro: ¡Eres un atrevido, un libidinoso! ¡Me violaste!
Valentín: ¡Claro que no, hombre! ¡Escúchame!
Lisandro: ¿Qué me vas a explicar si te aprovechaste de mí, desgraciado, puerco? (Continúa pegándole con el bolso) ¿Que no sabías que yo soy vir…?
Lisandro se detiene en ese instante para no completar la frase.
Valentín: ¿Virgen?
Lisandro: (avergonzado) ¡Ni lo digas! (Sigue pegándole) ¡Definitivamente eres igual al libidinoso de tu patrón! ¡Los dos son tal para cual! (Indignado) ¡Puercos los dos!
Valentín: ¡Ya está bueno de golpes! Me vas a hacer derramar todo el café encima. ¡Detente!
Valentín le grita fuerte y Lisandro se detiene al ver que están siendo observados por las demás personas presentes en la sala de espera quienes los miran con reproche por el escándalo.
Lisandro: (hablando en voz baja) Vas a ver. Le voy a contar esto a Marina y a la policía. El que hayas sido stripper y estés buenote no te da derecho a andar sobrepasándote con las personas, desgraciado.
Valentín: Ya déjate de tonterías que yo nunca te violé. No seas menso. Tú sabes que ni siquiera soy gay.
Lisandro: No me vengas con eso que ya me conozco a los de tu clase, los tan mentados heteroflexibles. ¿Crees que soy estúpido?
Valentín: Ni heteroflexible ni nada que se le parezca. Yo le voy a las mujeres y me fascinan para que te lo sepas.
Lisandro: (incrédulo) ¿Ah, sí? Entonces, ¿qué pretendías cuando me tiraste en la cama a punto de besarme y quitarme la ropa? No seas descarado.
Valentín: Mira, Lisandro. Explicarte el porqué me lleva a enseñarte algo que te va a afectar mucho y que tiene que ver con tu abuela.
Lisandro: (desconcertado) ¿Mi abuela? ¿Qué tiene que ver mi abuela en todo esto?
Valentín: (serio) Muchísimo. Te dije hace un rato cuando nos encontramos que era algo de vida o muerte. Esto afecta a muchísimas personas, no solo a ti, sino también a don Antonio y a Natasha.
Lisandro: Me estás asustando, Valentín. ¿Qué puede ser tan grave como para que pongas esa cara?
Valentín: Espérate.
Valentín pone el vaso de café en la silla desocupada de al lado y saca su celular. Pocos segundos después, comienza a reproducir una grabación que hizo justo cuando enfrentó a Victoria.
GRABACIÓN
Victoria: A ver. Y según ella y tú, ¿qué se supone que he hecho?
Valentín: Usted sí que es cínica. ¿Todavía tiene el descaro de preguntar? ¿Que acaso le parece poquito haber mandado a quemar la pastelería, inculpar a don Antonio en esa cochinada de la intoxicación de los pasteles, culparlo de asesinato y haber provocado el accidente que dejó en coma a la pobre de Natasha?
(Lisandro escucha atento, pero a medida que lo hace, abre los ojos como platos, atónito e impactado)
Valentín: Pero eso no es todo. Usted ha hecho lo que ha hecho sólo por ambición, para impedir que el pobre de Lisandro ande con don Antonio. ¡Qué poca de su parte! (Niega con la cabeza).
Victoria: ¿Y qué? ¿Vas a denunciarme a la policía o ya los llamaste? Tú, ni Natasha, ni el repostero ese pueden hacer nada. ¿Y saben por qué? (Pausa) Porque no tienen pruebas. No hay nada que me inculpe. Tengo a Lisandro comiendo en la palma de mi mano y el muy tonto terminará haciendo lo que yo quiera.
FIN DE LA GRABACIÓN
Lisandro: (negando con la cabeza) No puede ser…. Esto no puede ser, Valentín.
Lisandro empuña una mano y se cubre con ella la boca sin dar crédito a la conversación grabada en la que su abuela, sin saberlo, ha confesado todo lo que ha hecho.
CONTINUARÁ…
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