Capítulo 24: Un pasado en común

INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS, HABITACIÓN / DÍA

Es un nuevo día en la capital. Marcus comienza a despertar somnoliento y con pereza escuchando el sonido de la ducha de fondo. El hombre abre los ojos y se percata de que está sin ropa en la cama tan solo cubierto por las sábanas.



Marcus: (confundido) ¿Qué…? ¿Qué pasó? ¿Qué hice?

Marcus se siente sintiendo resaca e intenta hacer memoria.

FLASHBACK



Dentro del baño, Dante termina de lavarse las manos y cuando alza la cabeza para mirar su reflejo en el espejo, ve a Marcus detrás de él.

Marcus: Pásala conmigo esta noche.

Dante: ¿Disculpa?

Marcus lo toma de un brazo y lo gira hacia él al tiempo que lo acorrala a la pared.

Marcus: ¿Vas a decirme que no es lo que también buscas? Porque bien hubieras podido pasar de largo o evadirme y, sin embargo, te me acercaste. Niégamelo. Además, a eso vienen todos a este bar.

Dante: Eres un creído.

Dante se abre paso para salir, pero su expareja se lo impide y se atreve a besarlo a la fuerza. Dante intenta resistirse, pero cede y ambos se quedan allí besándose de forma más apasionada e intensa.

FIN DEL FLASHBACK

Marcus suelta una bocanada de aire y se pasa las manos por el rostro con frustración al recordar qué sucedió. Dante sale en ese momento del baño usando una bata y secándose el cabello con una toalla.

Dante: (sonriéndole) Vaya, despertaste. Espero no haber hecho mucho ruido o que te moleste que me tomara un baño. Ya ves que no podía irme así después de la noche de sudor y de pasión que vivimos.

Marcus guarda silencio y lo ve con incomodidad.

Dante: ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

Marcus: Creo que esto que pasó fue un error bien pendejo de mi parte.

Dante: ¿Un error?

Marcus: Lo nuestro hace mucho se terminó, Dante y yo ya tengo a otra persona, pero anoche estaba pasado de tragos, me sentí solo y necesitaba… Ya sabes…

Dante: (poniéndose serio) Sí, sí, no me lo tienes que explicar. Tuviste la necesidad de usarme para quitarte las ganas conmigo, ¿no? Tal y como en el pasado…

Marcus: (apenado) Lo lamento mucho. Deja que al menos te compense por lo que pasó.

Marcus se pone de pie, alcanza su jean del piso y saca de uno de los bolsillos su cartera de la cual. De allí, a su vez, saca unos billetes de valor.

Dante: ¿Qué haces?

Marcus: Toma esto. Es para que tomes un taxi o lo que quieras, pero olvídate de mí. Hagamos de cuenta que nada pasó, ¿va?

Dante: Creo que te estás equivocando conmigo, Marcus. No soy ningún gigoló, así que guárdate tu lana que no la necesito.

Marcus: No lo tomes así. Es solo que…

Dante: (interrumpiéndolo) No me tienes que dar explicaciones. Es tu problema si tienes pareja y la engañaste anoche acostándote conmigo. Lo que pasó entre nosotros no significó nada para mí tampoco. Los dos quisimos y se dio, nada más. No le des vueltas al asunto.

Marcus: (sorprendido) ¿Tú diciéndome eso? Me parece de no creer.

Dante: Te lo dije. He cambiado y ya no soy ese chavito menso al que podías manipular como antes a tu antojo; el mismo del que te avergonzabas en público, pero que a las escondidas llevabas al motel para aprovecharte de mi ingenuidad. Ya no soy ese.

Marcus: ¿Intentas demostrarme algo o darme una lección?

Dante sonríe con picardía.

Dante: Pues a ver. ¿Qué te digo? El que recibió una lección fui yo y esta versión de mí no es para demostrar nada ni a ti a nadie. Es más para demostrarme a mí mismo que el mundo no giraba entorno a ti y que lo que hicimos anoche pasó porque yo así lo quise.

Marcus lo mira de arriba hacia abajo sutilmente con suspicacia.

Marcus: No te voy a negar que sí me sorprende escucharte hablar con tanta seguridad.

Dante: Es poco para lo que aún te falta por descubrir de mí…

Los dos se quedan mirando de manera tal que sus ojos parecen conectar como imanes. Marcus no puede evitar sentir que algo le llama poderosamente la atracción en el joven y él no deja de sonreírle con picardía al tiempo que regresa al baño.

INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / DÍA

Valentín se encuentra sentado junto a Marina. Los dos, al parecer, llevan rato conversando mientras ella carga a Dieguito.



Marina: (muy sorprendida) Me parece de no creer todo lo que me acabas de contar, amor, pero a mí muy en el fondo algo me decía que las cosas iban por ese lado. La merita verdad la abuela de Lisandro nunca terminó de caerme del todo bien.

Valentín: Ni a mí. Nunca te conté que ella también me contactó y me ofreció harta lana para que le hiciera el mandado a Lisandro justo esa noche que ella también te llamó para envenenarte en contra de él. ¿Te acuerdas?

Marina: Claro que me acuerdo. Era una llamada dizque anónima y me dijo que él solo estaba viviendo conmigo para aprovecharse de mí, pero que era gay y un vividor. En fin, con respecto a lo otro, ¿de veras sí fuiste capaz de…? Tú sabes, de acostarte con Lisandro.

Valentín: Claro que no. Lo mismo le dije a él anoche. Yo le voy a las mujeres.

Marina: (enarcando una ceja) ¿Todas las mujeres?

Valentín: (sonriéndole) Bueno, ahora y espero que por mucho tiempo, la única en la que pienso y la que amo eres tú.

Marina se queda viéndolo sonriendo enamorada.

Marina: (sonriéndole) Lamento lo de anoche. No me gusta que discutamos.

Valentín: Ni a mí. No pasé buena noche después de que te hablé así. Es que de veras sí pasé coraje cuando me dijiste lo que me dijiste.

Marina: No te preocupes. En parte fue mi culpa y tienes razón. Lo pensé mucho y reconozco que fui egoísta. Dieguito es nuestro ahijado y lo quiero tanto que no hubiera sido capaz de separarme de él.

Valentín se acerca y le da un beso sencillo a su prometida en los labios, algo a lo cual ella corresponde.

Valentín: Pero no te creas. No quiero que solamente estés de madrina de Dieguito toda la vida. También tenemos que hacernos un hijito.

Marina: (riendo) ¡Ay, Valentín! Ahorita no es momento de pensar en ello. No te niego que sí me encantaría también ser mamá, pero primero lo primero.

Valentín: Yo sé. Nada más decía porque te luce mucho el bebé en los brazos. Cuando tengamos el de nosotros, vas a ser la mamá más hermosa del mundo.

Los dos se siguen riendo de forma muy divertida y se besan de nuevo.

INT. / HOTEL, HABITACIÓN / DÍA

Dante, entretanto, se encuentra fumándose un cigarrillo en el balcón de la habitación, desde la cual se puede apreciar muy bien la urbe de una forma panorámica muy bonita. Él, sin embargo, no disfruta de la vista citadina, sino que parece sumido en sus pensamientos y tiene un repentino recuerdo de hace años.



FLASHBACK

MIAMI, ESTADOS UNIDOS


INT. / UNIVERSIDAD, PASILLO / DÍA

Dante luce un poco más intelectual que en la actualidad, usa lentes y viste de forma recatada. Marcus va más adelante, también vestido como universitario, aunque de forma más relajada y casual. Dante intenta alcanzarlo. No hay muchos estudiantes por aquel pasillo.

Dante: ¡Marcus! ¡Marcus, espera ahí!

Marcus lo ignora. Dante logra alcanzarlo y se le interpone en el paso.

Dante: ¿Qué te pasa? (Desconcertado) ¿Por qué me estás evadiendo?

Marcus: Déjame en paz, Dante. Voy atrasado para la clase.

Dante: Es que me saca de onda tu actitud. ¿Cómo es que anoche después de lo que hicimos te portas tan raro conmigo?

Marcus: (incómodo) No hables tan fuerte. Nadie en la universidad puede andarse con rumores de nosotros.

Dante: Yo sé bien que no has salido del closet y te prometí que iba a ser discreto con lo nuestro, pero es que sí quiero entender qué te ocurre. Varias veces me llamas en la noche para lo que ya sabemos, pero después te pones medio raro y distante.

Marcus: Mira, Dante (Se rasca la cabeza). La verdad no sé cómo hacerte entender esto, pero ya que insistes tanto, no veo de otra que aclararte las cosas.

Dante: (confundido) ¿Aclararme qué?

Marcus: Que tú y yo no tenemos ningún compromiso. Todas esas veces que nos hemos dado un acostón ha sido para pasarla bien. No sé ni de dónde sacaste la idea de que solo por eso tú y yo somos pareja o algo.

Dante: (decepcionado) Pero ¿y las cosas bonitas que me has dicho, que te gusto y eso, dónde quedan?

Marcus: Es que sí me gustas, pero no me malinterpretes. Yo no puedo tener una relación contigo ni con nadie porque simplemente mis planes son otros.

Dante: Supongo que con eso debo entender que me enredaste para acostarte conmigo, ¿no? ¿Incluso después de que fuiste el primero?

Marcus: (sonriéndole burlesco) Y no sabes lo mucho que lo disfruté.

Dante, indignado, lo empuja.

Dante: ¡Eres un pendejo!

Marcus: Déjate de dramas que así funcionan estas cosas del mundo gay. Date cuenta y sal de tu burbuja.

Dante: (sollozo) Pues a mí sí me hacía ilusión que fuéramos novios; que pudiéramos salir a comer juntos; viajar; vivir un amor bonito. Estaba hasta dispuesto a que fuera todo discreto como tú me lo pediste.

Marcus: Vuelvo y te lo repito. Yo jamás te prometí nada ni te pedí que oficializáramos las cosas. Si he de tener una relación, será con una chava, no con otro y menos contigo que pareces un niñito inmaduro. Ahí te ves.

Marcus no dice nada más y se choca bruscamente con él de hombro. Dante siente un amargo nudo en la garganta e intenta no llorar.

FIN DEL FLASHBACK

Dante deja de recordar aquel momento para luego traer otro a su memoria que le causa también dolor.

FLASHBACK

INT. / VECINDAD, CASA DE DANTE / NOCHE


Dante se encuentra estudiando apenas iluminándose con una lámpara colocada en su mesita de noche. Tal parece que vive en una muy humilde, pequeña y modesta casa. De repente, es interrumpido por un mensaje a su celular. Dante lo abre y el mensaje aparece como burbuja en la pantalla.

Marcus: (mensaje) Te extraño. Estoy solo en casa. ¿Por qué no vienes para que hablemos?

Dante cierra el mensaje y pone la pantalla del celular de cara a la mesa. Se queda pensativo durante algunos segundos.

INT. / CASA DE MARCUS / NOCHE

Está lloviendo. Dante ha decidido ir a la casa de Marcus y está justo frente a la puerta. Alza la mano con ánimo de tocar, pero se detiene.

Dante: No sé ni qué estoy haciendo.

Dante se da la vuelta para retirarse, pero justo en ese instante, Marcus abre la puerta.

Marcus: Hey, ¿por qué te vas?

Dante voltea a verlo dejándose mojar por la lluvia.

Dante: Discúlpame. No debí venir aquí.

Dante intenta irse, pero Marcus sale en medio de la lluvia y lo toma con delicadeza de un brazo.

Marcus: Espera…

Dante: (soltándose) Déjame, Marcus. Tengo tarea que hacer y además tú ya me dejaste las cosas claras entre tú y yo.

Marcus: ¿No leíste mi mensaje? Te dije que te extrañaba. ¿O es que tú no me extrañas?

Dante guarda silencio ante tal pregunta. Marcus lo toma de la mano y le sonríe.

Marcus: Ven, entremos o vamos a agarrar un resfriado aquí afuera.

Dante siente el impulso de irse, pero cede y entra con él a la casa que se encuentra a oscuras apenas tenuemente iluminada por unas lámparas. Marcus cierra la puerta y sin darse la espera besa de forma eufórica al joven arriconándolo contra una pared.

Dante: (inseguro) Esto no está bien.

Marcus: (excitado) ¿Por qué? ¿Es que acaso ya no te gusto ni me quieres?

Dante: Tú me dijiste que…

Marcus: Olvida lo que te dije. Quiero tenerte conmigo, Dante (Acariciándole el rostro). Eres muy importante para mí. No pienses en nada más y solo en nosotros dos.

Marcus vuelve a besarlo. Dante sigue inseguro, pero su voluntad cede ante las palabras de Marcus y se deja llevar.

Marcus: (susurrándole) Vamos a mi habitación. Quiero demostrarte que lo que te estoy diciendo es cierto.

Dante: No me vuelvas a fallar.

Marcus solo le sonríe y tomándolo de la mano lo lleva a su cuarto.

FIN DEL FLASHBACK

Dante, en la actualidad, termina de fumar su cigarrillo, lo apaga frotándolo contra el muro y lo lanza al vacío. Tiene más recuerdos de aquellos momentos.

FLASHBACK

EXT. / CASA DE MARCUS / DÍA


Dante viene caminando por el vecindario y sostiene unas bolsas con cajas de comida.

Dante: (sonriendo) Espero que le guste la sorpresa.

Justo en ese instante, el joven alcanza a vislumbrar de lejos a Marcus entrando con un joven más o menos de su misma edad a su casa. Dante desencaja el rostro y decide esconderse detrás de un árbol.

Dante: (desconcertado) ¿Quién es ese?

Dante decide esperar detrás de aquel árbol. Mira con impaciencia la hora en su celular y es así como, luego de un largo rato, ve al mismo joven que vio entrar saliendo de la casa. Marcus, al parecer, lo ha acompañado a la puerta y se ve sin camisa. Marcus cierra la puerta y Dante siente un intenso nudo en la garganta, por lo que, sin dudarlo, se dirige a la casa y toca. Marcus habla desde adentro.

Marcus: ¿Qué se te olvidó?

Él abre al parecer pensando que se trataba del joven con el que entró, pero se sorprende al encontrarse con Dante, quien pasa bruscamente a la casa.

Marcus: ¿Qué estás haciendo aquí? No te esperaba.

Dante: ¿Me puedes explicar quién era ese con el que te vi entrar?

Marcus: (molesto) ¿Me estás espiando?

Dante tira las bolsas de comida al piso.

Dante: Vine a traerte algo de comer porque sé que tus padres siempre se la pasan viajando y estás la mayor parte del tiempo solo, pero veo que eso lo aprovechas para verte con otros y meterlos a tu casa, así como haces conmigo cuando se te viene en gana, ¿no? (Indignado).

Marcus: No puedo creer que me estés haciendo una escenita de celos. ¿Quién te crees para andar controlando mi vida?

Dante: ¿Por qué mejor no admites de una buena vez que todo este tiempo solo has estado jugando conmigo?

Marcus: (exasperado) No vayas a empezar, por favor. Más bien dime tú hasta cuándo vamos a seguir con la misma dinámica en la que me empiezas a fastidiar porque déjame decirte que ya me estás hartando.

Dante: No sé ni cómo eres tan cínico. Te acuestas con otros al igual que conmigo y después me andas ilusionando con no sé qué estupideces de que me quieres.

Marcus: ¿Sabes qué? Mejor vete y ya piérdete de mi vida de una buena vez. Siempre que todo va bien entre tú y yo, terminas mandando todo al carajo por tus celos y ya no voy a seguir así.

Dante: Te equivocas. No son celos. Tan solo quiero que me hables claro a ver si tengo una chance contigo o para saber a qué atenerme.

Marcus: ¿Y qué quieres que te diga? Simplemente no me satisfaces como quiero, Dante. Me aburres.

Dante comienza a sollozar al escuchar tales palabras.

Marcus: Te juro que lo he intentado, pero contigo es bien difícil sacar a flote la tan anhelada relación que buscas porque simple y sencillamente tú no ayudas mucho.

Dante: ¿O sea que yo soy el que tiene la culpa?

Marcus: Ya me escuchaste. Además, eres muy poca cosa para mí. Ni para la cama sirves.

Dante: (empujándolo) ¡No eres más que un narcisista de mierda! Ya veo que solo me has usado para alimentar tu ego, pero ya esto se acabó. ¡No voy a permitir que vuelvas a jugar conmigo!

Marcus: Me parece perfecto porque yo tampoco te pienso buscar más y hasta pienso bloquearte de todas las redes sociales.

Dante se queda viéndolo con gran decepción y con los ojos bañados en lágrimas.

Marcus: ¿Qué esperas? Ya vete y déjame en paz.

Dante no dice nada más y se va de allí dando un portazo.

FIN DEL FLASHBACK

Dante termina aquel recuerdo. Toma su celular y reproduce un video que al parecer grabó con su celular. En dicho video, se se a él y Marcus teniendo intimidad la última vez que se vieron.



Dante: (sonriendo con amargura) Con esto te voy a hundir, Marcus. Te voy a hundir tanto como tú me hundiste a mí.

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA

Lisandro, por otra parte, se encuentra de pie al lado de la cama. Antonio reposa allí, inconsciente y sin percatarse de que el chico lo toma de la mano mientras llora.



Lisandro: Menos mal ya estás fuera de peligro, pero de veras que lamento mucho todo lo que te pasó. Todo esto es mi culpa. Por poco hasta te matan en la cárcel y yo como si nada. No sé ni cómo fue tan estúpido. ¿Cómo es que dudé de ti y no te creí?

Lisandro llora desconsolado sintiendo gran culpa y lo mira con los ojos brillando por las lágrimas.

Lisandro: Ojalá que me perdones por haber desconfiado de tu palabra. Fui demasiado injusto. Perdóname… Perdóname, Antonio… Me duele en el alma cómo no tienes idea.

Lisandro respira profundo, se limpia las lágrimas y se pone de pie.

Lisandro: Pero te juro que voy a arreglar de inmediato todo. No voy a permitir que mi abuela siga haciendo de las suyas mientras tú estás postrado en esta cama. Eso sí que no.

Lisandro, decidido, sale de la habitación con prontitud. Antonio, en ese momento, entreabre los ojos y se siente aturdido debido a la anestesia.

Antonio: (débil) ¿Li…? ¿Lisandro?

Antonio mira a su alrededor.

Antonio: Estaba aquí. Estoy seguro. ¿O es que me lo soñé?

Antonio se exalta un poco e intenta recostarse, pero se da cuenta que tiene una de las manos esposadas a la baranda de la cama. Lisandro, entretanto, sale del hospital e intenta parar un taxi. Valentín lo alcanza.



Valentín: ¡Lisandro! ¡Lisandro, espera!

Lisandro: Déjame, Valentín. Tengo que hacer algo muy importante que no da espera.

Valentín: Al menos dime qué es lo que pretendes. Te vi saliendo casi que corriendo de la habitación del patrón.

Lisandro: (con firmeza) ¿No es obvio? Voy a ponerle un alto a mi abuela de una vez por todas.

Valentín: Pero no puedes ir solo y más así como estás. Mira lo que le pasó al patrón por haber ido esa noche a reclamarle a la vieja bruja esa, con tu perdón, eh.

Lisandro: Conmigo las cosas van a ser muy distintas. Ya vas a ver.

Un taxi se detiene.

Valentín: Déjame ir contigo al menos, hombre. Es mejor que haya testigos si algo.

Lisandro: Muy bien. Entonces ya súbete y déjame de ponerme más nervioso de lo que estoy.

Los dos suben al vehículo y se sientan en los asientos traseros. El conductor arranca y se va.

INT. / RESTAURANTE / DÍA

Victoria y Dante se encuentran sentados frente a frente apenas separados por la mesa en medio. Ella justo termina de beberse de un solo sorbo una copa de champaña. Dante la observa sonriendo con picardía. En el fondo, se escucha una tenue melodía tocada por un piano, puesto que el sitio es elegante y tiene una refinada decoración.



Dante: ¿No cree que es muy temprano para beber, doña Victoria? Es medio día.

Victoria: (seria) No me apetece comer nada. El licor es lo único que me permite relajarme y cuando estoy relajada es que puedo pensar con claridad. ¡Mesero!

Victoria alza la mano de forma delicada para llamar de forma discreta a un mesero que justo acude a ella.

Victoria: Tráigame una botella de vino de la casa, por favor. Y que ya venga destapada.

Mesero: Enseguida, señora. Con permiso (Se retira).

Victoria: (sonriendo) En fin, yendo al punto, entonces fue muchísimo más fácil de lo que me imaginé. ¡Hombres al fin y al cabo! Da igual que sean gays o heterosexuales. Siempre tan promiscuos.

Victoria suelta una carcajada discreta.

Victoria: Bueno, en todo caso, actúa con mucha cautela. No vaya a ser que el imbécil de mi nieto los llegue a ver y cometa la imbecilidad de romper su compromiso.

Dante: (muy serio) No se preocupe, doña Victoria. Yo sé muy bien cómo hago las cosas.

Victoria: Menos mal dar contigo no fue tan difícil gracias al detective que contraté para investigar los antecedentes del tipo ese allá en Estados Unidos, sin embargo todavía no me has contado qué le piensas hacer.

Dante: Usted nada más siéntese a esperar para que vea cómo destruyo sin contemplación a Marcus por todo lo que me hizo pasar (Habla con mucho rencor).

Victoria: Muy bien. Voy a confiar en ti, pero no quiero sorpresas. Necesito que Marcus y Lisandro sigan adelante con su casorio para que le arrebate todo y lo deje en la ruina, y es justo ahí donde entras tú.

Dante: Cuando usted me contactó, los dos acordamos que yo solo iba a acostarme con él para así yo tener la oportunidad de grabar un video de ambos, y eso hice. ¿Qué piensa hacer?

Victoria: Ese video nos video va a ser de mucha ayuda porque así mi nieto tendrá motivos para meterle una demanda de divorcio a Marcus una vez estén casados y esa será la prueba reina que va a necesitar para que lleguen a un acuerdo y Lisandro pueda arrebatarle todo.

Dante: (riendo) Definitivamente, usted es una abuelita tremenda. No quisiera tenerla de enemiga. Mire que mandó a ese detective para que investigara hasta el fondo todo sobre la vida de Marcus hasta que dio con mi paradero.

Victoria: Es un arte, hijo y algo que debes aprender si no quieres que nadie te pisotee. Cuando quieras atacar, debes encontrar el talón de aquiles de tus enemigos y gracias a mis averiguaciones, descubrí que tú eres el de Marcus, así que aquí tienes.

Victoria saca de su fino bolso un grueso sobre que contiene dinero y lo pone con discreción sobre la mesa.

Victoria: Es tu pago por el trabajito que estás haciendo y es solo un adelanto. Cuando me des el video, te daré el resto como acordamos.

Dante mira el sobre y sonríe. Para sorpresa de la anciana, el joven corre el sobre en dirección hacia ella.

Dante: Se lo agradezco, pero guarde su dinero, doña Victoria. Yo no lo necesito.

Victoria: (extrañada) ¿Me estás hablando en serio?

Dante: Muy en serio. Si acepté hacer parte de esto, no fue para recibir una compensación. Esto lo estoy haciendo para saldar una deuda pendiente que tengo con Marcus.

Victoria: (mirándolo con suspicacia) Me cuesta creerte. Todos siempre aceptan seguir mis instrucciones por arrastrarse detrás del dinero. No creo que tú seas la excepción.

Dante: Pues créalo. No todos nos arrastramos por la lana como dice usted. Hay personas como yo que solo buscamos hacernos justicia.

Victoria: ¿Puedo saber por qué? Hasta donde me comentó mi detective, tú fuiste el que divulgó a Marcus en la universidad y lo hizo salir del closet con su familia.

Dante: Eso no fue suficiente. Las consecuencias de lo que Marcus me hizo fueron a largo plazo y necesito que pague.

Victoria: Bueno, ya que insistes, me parece mejor así (Vuelve a meter el dinero en su bolso). Nada más, como te dije, ándate con cuidado. Necesito asegurar primero el matrimonio de mi nieto con Marcus y no quiero que lo arruines.

Dante: No se preocupe. Puede confiar en mí.

El mesero trae en ese momento la botella de vino.

Victoria: ¡Muy bien! Lo haré. Voy a confiar en ti. ¿No me aceptas al menos una copa?

Dante: (sonriéndole) Claro que sí. Me encanta el buen vino.

El mesero procede a servirles el vino a ambos. Luego, toman sus copas y las alzan a la altura del pecho.

Victoria: ¡Salud!

Los dos beben un sorbo de sus respectivas copas sin dejar de sonreírse entre sí.

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA

Marina se encuentra dentro de la habitación de Natasha, quien sigue inmóvil, inconsciente, ajena a todo lo que pasa a su alrededor y conectada a varios aparatos que la mantienen estable. La primera carga al bebé, quien balbucea algunas palabras y mueve las manitos.



Marina: Mira, Dieguito. Esta es tu mamá, mi amor. Yo sé que este no es lugar para ti, pero es bueno que ella sepa que estamos aquí y así tú tampoco la vas a olvidar.

Marina inclina un poco al niño para que éste se acerque a Natasha.

Marina: Vas a ver que muy pronto se va a poner bien y vas a poder estar con ella justo antes de que les pasaran todas estas cosas malas que les han pasado a tus papitos. Vas a ver que sí.

Marina, conmovida, le da un beso en la cabeza al bebé y lo arrulla.

Marina: (preocupada) Nada más espero que al menos la señora esa pague por todo el daño que hizo.

Natasha, de repente, entreabre muy lentamente los ojos. Marina se percata y se queda impactada.

Marina: ¿Natasha?

Natasha abre un poco los labios, pero no logra decir nada.

Marina: ¿Natasha, me oyes? ¿Me reconoces?

Natasha la mira y también mira al bebé. Tal parece que, en efecto, sí los ha reconocido.

Marina: (muy exaltada) ¡Ay, Dios mío! ¡Por fin despertaste!

Marina no tarda presionar el botón de emergencia de la cama. Natasha intenta balbucear algo, pero es incapaz.

Marina: Quédate tranquila, amiga. Todo está bien. No te vayas a sobreesforzar.

Rápidamente, un doctor y una enfermera ingresan a la habitación.

Marina: ¡Ay, qué bueno que llegaron!

El doctor: ¿Qué pasó, señorita?

Marina: Natasha ya abrió los ojos así de la nada, pero no es capaz de hablar.

El doctor, con una pequeña linterna, se acerca a la joven y le analiza los ojos para checar si las pupilas reaccionan ante la luz.

Enfermera: Es mejor que salga y espere afuera. Nosotros le informamos cualquier cosa.

Marina, indecisa, asiente con la cabeza.

Marina: Vamos a estar aquí afuera, Natasha. Quédate tranquila.

Marina sale de la habitación con Dieguito, pero se queda viendo a su amiga hacia atrás con preocupación. El doctor, por su parte, continúa examinando a la joven exmodelo, quien aún no logra articular palabra.

Marina: ¿Viste eso, Dieguito? Tu mamá va a recuperarse más pronto de lo que crees. Parece que verte la hizo despertar.

Marina esboza una sonrisa con cierta esperanza al tiempo que continúa arrullando al niño en el pasillo de.

EXT. / CASA DE VICTORIA / DÍA

Victoria viene llegando a su casa en taxi, le paga al conductor y se baja, sin embargo se extraña al ver una patrulla de policía estacionada.



Victoria: (quitándose los lentes de sol) ¿Y esto?

Victoria mira a su casa con suspicacia cuando escucha una voz conocida detrás.



Valentín: Yo que usted entraría rápido, señora.

Victoria, exaltada, se da la vuelta.

Victoria: ¿A qué viniste otra vez tú por aquí? ¿A amenazarme y a engañarme de nuevo, gigoló de quinta? Bien que ya sé que Natasha sigue en coma y solo viniste la última vez a importunarme.

Valentín: Sí es cierto que la engañé, pero usted ni se dio cuenta que lo único que buscaba era sacarle información.

Victoria: (confundida) ¿De qué estás hablando ahora?

Valentín: Pues de esto, señito.

Valentín saca su celular y comienza a reproducir la grabación que logró hacer de su conversación con la anciana. Victoria abre los ojos como platos y desencaja el rostro.

Victoria: (furiosa) ¿Cómo te atreviste, malnacido?

Valentín: Atreviéndome, fíjese (Detiene la grabación). Usted me dijo muy claramente que no teníamos pruebas y ahora mire nomás. Tengo una grabación suya, de su propia voz, confesando todo lo que ha hecho.

Victoria se queda pensativa un par de segundos e intenta sonreír para guardar la calma.

Victoria: Debo confesar que te subestimé. Te hacía un completo inútil, un pusilánime, mucho más que tu dizque patrón y ahora veo que fuiste más astuto que él.

Victoria no se ha dado cuenta que Lisandro viene caminando a paso lento tras ella.



Victoria: De seguro algo buscas y no me vengas con el ridículo cuento de querer hacer justicia para ayudar a esa partida de imbéciles. Quieres dinero, mucho dinero, ¿no?

Valentín: Créalo o no, su lana no me interesa. Soy feliz trabajando humildemente en Antique Amor, ya sea como mesero o como el de la caja registradora. Prefiero vivir con lo poco que tener el corazón tan dañado como lo tiene usted.

Victoria suelta una leve risa burlesca.

Valentín: (firme) Me llena mucho más compartir estar con mi familia en esa pastelería que todo su dinero sucio, porque eso son ellos para mí… Nastasha, mi patrón, Lisandro y mi prometida somos una familia.

Victoria: (riéndose) Qué chistosa es la gente pobre con sus discursos patéticos. ¡Muy bien! Tú te lo pierdes. Ve y muéstrale la dichosa grabación a mi nieto. Da igual. Tengo muchas más armas de las cuales valerme para que termine haciendo mi voluntad.

Lisandro decide finalmente intervenir.

Lisandro: Esta vez no será así.

Victoria, impactada, se da la vuelta y se encuentra en primer plano con el rostro decepcionado de Lisandro. Dos policías están cerca a la puerta.

Victoria: (asustada) ¡Lisandro!

Lisandro: ¿Cómo pudiste caer tan bajo?

Victoria: Lisandro, hijo, escucha. Todo tiene una explicación. Cualquier cosa que te haya mostrado ese gigoló no tiene sentido.

Lisandro: (muy indignado) ¿Cómo puedes ser tan cínica? ¿Por qué no reconoces que eres una mentirosa, una infeliz que todo este tiempo ha jugado tan sucio conmigo? Y no solo conmigo. Con Antonio y hasta con la misma Natasha a la que casi matas.

Victoria: No tengo la menor idea de qué estás hablando, muchacho (Finge desconcierto). ¿Matar a Natasha? ¿Qué disparates son esos?

Lisandro: (furioso) ¡Ya deja de verme la cara de imbécil y reconoce la verdad! Quítate la máscara de una maldita vez y admite que eres un monstruo, un ser despreciable. Mírate nada más. Estás de pie y me engañaste con lo de tu supuesta invalidez. Por tu culpa Antonio está en la cárcel y casi se muere. ¿Cómo fuiste capaz?

Victoria guarda silencio un par de segundos y sonríe con calma como si aquellos cuestionamientos no la perturbaran en lo más mínimo. Lisandro solo llora y derrama varias lágrimas ante la furia que siente.

Victoria: Creo que no tiene caso que me empeñe en mentirte porque por tu actitud me doy cuenta que no te vas a quedar tranquilo hasta hacerme confesar, así que está bien. Quitémonos las máscaras.

Victoria sonríe con cierta amargura. Lisandro la mira fijamente con los ojos desorbitados y bañados en lágrimas.

Victoria: Todo este teatro fue la única forma que encontré para que todo me saliera perfecto. De alguna cosa tenía que valerme para que me tuvieras lástima y terminaras odiando al repostero miserable ese por el que has echado a perder tu vida porque eso es lo que he querido evitar. ¡Que eches a perder tu vida como tu padre!

Lisandro: Eres tú la que ha echado a perder mi vida desde el momento en que me obligaste, confabulada con mi abuelo, a regresar a este país, sin un peso en el bolsillo. De no ser por Marina que me acogió y por Antonio que me dio trabajo, me hubiera muerto de hambre.

Victoria: Lo hicimos para que recapacitaras. Tú, con esa ridícula moda de creerte gay, estabas poniendo en riesgo todo el estatus y el patrimonio que tanto le costó conservar a la familia.

Lisandro: Yo no me creo gay y tampoco es una moda. Entiende de una vez por todas que eso soy y nadie, absolutamente nadie, ni tú con todas tus trampas, vas a poder cambiarlo.

Victoria: Lo sé y por eso me di por vencida. No tuve de otra que permitir que tuvieras una relación con aquel otro tipo, con Marcus, para evitar que nos fuéramos a la completa ruina. Era permitirte tener una relación con otro hombre o irnos a la quiebra.

Lisandro: Eso quiere decir que nunca te importó realmente mi sexualidad. A ti solo te movía el interés, me casara o no con una mujer, ¿y para qué? ¿Para volverme infeliz y deshacerte de Antonio y de Natasha de la forma tal vil en que lo hiciste?

Victoria: El fin justifica los medios, Lisandro.

Victoria dice aquello dibujando una sonrisa en su rostro y con gran frialdad.

Victoria: Tuve que hacer muchos sacrificios en mi juventud para conservar el estatus de la familia. ¿Tú crees que llegué hasta donde estoy por puro azar de la vida? Pues no, muchachito. ¡Tuve que perder mi dignidad y prostituirme para ser alguien! (Grita furiosa).

Lisandro se impacta al escucharla.Valentín también escucha sorprendido.

Victoria: Tu abuelo, por ejemplo, no fue más que uno de mis clientes y el más imbécil de todos, el único al que logré convencer para que me sacara de esa vida asquerosa que tenía trabajando como dama de compañía en una agencia. Pero ahí no terminó…

Victoria comienza a acercarse a su nieto con una dura mirada.

Victoria: Ernesto tenía dinero, pero no el suficiente para la vida que yo quería y gracias a mí, triplicó su capital y su patrimonio cada vez que cerraba negocios con clientes muy importantes, pero no creas que tenía éxito por su inteligencia. ¡Todo lo contrario! ¡Ernesto era un pobre burro!

Lisandro niega con la cabeza sin dar crédito a tales palabras.

Victoria: Era yo la que estaba detrás de cada negocio que él cerraba después de haberme acostado con sus clientes. Era yo la que lograba convencerlos para que invirtieran en la empresa de él. ¿Y tú crees que me gustaba hacerlo? (Enarca una ceja) ¡Lo repudiaba, pero era la única forma de escalar! Y él lo sabía. Me lo permitía…

Lisandro no puede evitar que se le salten las lágrimas, pero intenta no bajar la cabeza ante la mirada intimidante de su abuela.

Victoria: Él siempre fue tan imbécil y tan poco inteligente que hasta quiso desheredarte cuando se enteró de la porquería que nos confesaste. Quería echar por la borda años de sacrificios míos, ni siquiera de él, y eso no lo podía permitir.

Lisandro: ¿Qué hiciste con mi abuelo? ¿De verdad tuvo un accidente o fuiste tú también la que estuvo detrás?

Victoria: Eso pienso dejarlo a tu imaginación.

Lisandro: (negando con la cabeza) Definitivamente estás loca.

Victoria: Locos son los que prefieren vivir estancados en la basura y no hacen nada para cambiar su situación. Yo fui hábil para abrirme lugar en el mundo y eso es muy diferente.

Lisandro: ¿Y al final de qué te sirvieron tantos “dizque” sacrificios según tú si cuando te mueras no te vas a llevar nada contigo?

Victoria: Lo sé muy bien y ahí entras tú…

Victoria toma el rostro de su nieto entre sus manos.

Victoria: Lisandro, tú eres lo único que me queda para seguir con ese legado que yo empecé y que tanto esfuerzo me costó.

Lisandro se aparta las manos de la anciana del rostro con cierta brusquedad.

Lisandro: (decidido) ¡Pues yo no pienso seguir con ese legado! Prefiero vivir de forma modesta, trabajando aunque sea limpiando baños, antes que vivir enfermo de tanta ambición.

Victoria: No seas tan estúpido como tu padre que se fue en contra mía también cuando se casó con esa muerta de hambre de tu mamá. Tú tienes que ser diferente.

Lisandro: Conmigo tampoco va a ser y hasta aquí llegaste, abuela, porque aunque me duela en el alma, vas a tener que pasar lo que te queda de vida en la cárcel.

Victoria: ¡No me retes, Lisandro!

Lisandro: ¡No te tengo miedo! ¡Oficiales, pueden proceder!

Lisandro dice aquello último sin dejar de mirar a su abuela, quien parece tener fuego en los ojos ante la ira que siente. Los policías se acercan.

Lisandro: Nos vemos en prisión.

Lisandro se da la vuelta dispuesto a irse

Lisandro: Vámonos, Valentín.

Victoria continúa hablando.

Victoria: ¡Muy bien! ¡Hazlo! Déjame pudrirme en la cárcel. Nada más espero que no te arrepientas porque perfectamente, con una llamada, puedo terminar de mandar al otro mundo a Natasha o al mismo repostero.

Policía 1: Señora, es mejor que guarde silencio. Todo lo que diga pueda ser usado en su contra (Intenta ponerle las esposas)

Victoria: ¡No se atrevan a tocarme ni a ponerme eso!

Policía 2: Es mejor que coopere y nos acompañe.

Uno de los policías la toma del brazo sin ejercer mucha presión. Victoria intenta soltarse mientras es llevada a la patrulla.

Victoria: ¡Te vas a arrepentir de esto, Lisandro! ¡No estoy acabada! ¡Tú tienes que hacer mi voluntad, muchacho! ¡Eres mi nieto y no me puedes desobedecer! (Grita desgarrada).

Lisandro solo la ignora y se limpia las lágrimas mientras sigue caminando junto a Valentín.

Victoria: ¡Lisandro! ¡Lisandro! (Chillando)

Uno de los policías la mete en los asientos de atrás mientras sigue llamando el nombre de su nieto.

CONTINUARÁ…

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