Capítulo 25: Planes al piso
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Antonio descansa recostado en su cama y tiene los ojos cerrados. Es de notar que una de sus manos permanece esposada a la baranda de la cama. De arriba hacia abajo, se ve que entra un hombre silenciosamente y se acerca. Es Marcus, quien le sonríe con malicia, aunque con cierta sofisticación.


Marcus: Hola, Antonio.
Antonio abre los ojos y se sorprende al ver al hombre allí, por lo que se echa hacia atrás y desencaja el rostro con notable molestia.
Antonio: ¿Tú qué estás haciendo aquí?
Marcus: Iba a ir a verte a la cárcel, pero me informaron lo que pasó y la bronca en la que te metiste en la que por poco te matan. ¡Qué pena que no se haya podido! Contigo muerto, hasta me hubieras quitado un peso de encima.
Antonio: (desafiante) ¡Pues no! ¡Ya ves que no! ¡Estoy vivito y coleando para impedirte que me quites a mi hijo junto con Lisandro! Porque ya me enteré que eso es lo que pretenden. Llevarse a mi hijo lejos, pero eso sí que no se los voy a permitir.
Marcus: (incrédulo) ¿Ah, sí? ¿Y cómo?
Marcus se inclina y le habla muy cerca a la cara sin desdibujar su descarada sonrisa
Marcus: Que yo sepa, te vas a pudrir en la cárcel mucho tiempo y de aquí a que salgas, ya tu hijo va a empezar a llamarme papá.
Antonio: (furioso) ¡No te atrevas infeliz!
Antonio, con una de las manos que tiene liberada, agarra a Marcus de la camisa.
Antonio: ¡Dieguito es mi hijo! ¿Escuchaste? ¡Primero me vas a tener que matar porque no voy a dejar que te lo lleves! (Muy alterado) ¡Ni tú ni la bruja abuela de Lisandro se van a salir con la suya!
Marcus: (gritando) ¡Auxilio, por favor!
Antonio: ¡Aunque tenga que fugarme, no te lo voy a permitir!
Marcus: ¡Auxilio! ¡El preso me está atacando!
Dos policías ingresan de inmediato y separan a Antonio de Marcus a la fuerza. Marcus se echa hacia atrás y se acomoda la camisa.
Antonio: ¡Desgraciado! ¡No eres más que un perro infeliz! ¡Un cobarde!
Los dos policías lo retienen de los brazos para tranquilizarlo. Antonio se retuerce.
Antonio: ¡Lisandro nunca te va a querer ni tantito! ¿Escuchaste? ¡Él me quiere a mí y solo está contigo por lástima! ¡Porque eso es justo lo que das, wey, lástima!
Marcus mira fulminante al hombre ante tales palabras y le sonríe con cierta amargura.
Marcus: Ya lo veremos. De seguro no te sale nada más inteligente qué decir porque tu cabeza solo sirve para hacer pasteles (Burlándose). Ahí te ves.
Marcus se retira de la habitación.
Antonio: ¡Imbécil! ¡Ven y pelea como un hombre! ¡Ándale que no tengo miedo!
Policía 1: ¡Ya está! ¡Quédate tranquilo!
Antonio deja de retorcerse y respira agitado haciendo una cierta mueca de dolor, pues la herida en su abdomen apenas está por sanar. Marcus, por su parte, va caminando por el pasillo y recibe una llamada en su celular, por lo que se apresura a contestar.
Marcus: ¿Bueno? (Pausa) Hola, mi amor, Justo me llamas en el momento oportuno. Fíjate que iba a la cárcel para hablar con Antonio como te prometí y me informaron que tuvo una bronca con uno de los presos. Resultó herido y está en el hospital, pero no te preocupes. Está bien al punto de que me atacó y creo que va a estar difícil que nos ceda la custodia del niño (Pausa). ¿Ya lo sabías? (Pausa)
Marcus deja de caminar y desencaja el rostro al escucharlo.
Marcus: Espérate, ve con más calma. ¿De qué me estás hablando?
INT. / DELEGACIÓN / DÍA
Lisandro se encuentra sentado cruzando las piernas en unas sillas de plástica de la sala de espera. Hay varias personas en la delegación y se oye cierto bullicio.

Lisandro: Mi abuela fue arrestada. Es una historia muy larga para contártela por teléfono. Mejor ven y acá te explico con calma (Pausa). Está bien, te espero.
El chico cuelga la llamada y aprieta el celular, sintiéndose aún perturbado después de todo lo acontecido.
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / DÍA
Entretanto, Valentín conversa con Marina, quien carga a Dieguito.


Marina: (sorprendida) No te puedo creer. Estuvo como de película. No me imagino cómo ha de estar Lisandro. No debió ser nada fácil para él denunciar a su propia abuela.
Valentín: Sí, amor. Estuvo cañón. Lo bueno de todo esto es que ya el patrón va a poder quedar libre de cargos, no solo por la intoxicación de los pasteles, sino por el dizque supuesto intento de asesinato a la vieja esa.
Marina: Y Natasha ya despertó del coma. Ella sí que podría testificar y acusar a esa señora de haberla mandado a matar. ¡Ay, es que de solo pensarlo me da escalofríos! ¿Cómo es que alguien tiene la sangre tan fría para dar la orden de acabar con la vida de alguien así? Esa señora es una mafiosa completa (Impresionada).
Valentín: ¿Y estás segura de que Natasha sí despertó?
Marina: Claro. Incluso quiso hablar, pero no pudo. Cuando me miró, me reconoció y también al bebé. Nada más estoy esperando a que me den noticias a ver cómo sigue.
Valentín: ¿Ese no es el médico?
En efecto, un doctor viene caminando hacia ellos.
Marina: Sí, es él.
Marina y Valentín se ponen de pie.
Marina: ¿Cómo sigue Natasha, doctor? ¿Ya logró hablar? ¿No tiene pérdida de memoria o algo así?
Doctor: (sonriendo) No, la paciente mostró buenos síntomas de lucidez y se encuentra en buenas condiciones.
Marina y Valentín ríen de alegría al escucharlo.
Marina: ¡Ay, gracias a Dios! ¡Es la mejor noticia que nos han podido dar! ¿Escuchaste eso Dieguito? Tú mamá ya despertó, mi amor.
Doctor: Hablando del niño, preguntó por él y por otras personas, entre ellas un tal “Lisandro”. Estaba algo alterada, pero logramos tranquilizarla con un calmante.
Marina: ¿Podemos pasar a verla?
Doctor: Una sola persona estaría bien por el momento. Fueron varias semanas en coma y necesita guardar muchísimo reposo.
Marina: Yo iré con el bebé. Tú espérame aquí, Valentín.
Valentín: Claro, no te apures. Yo voy a ir a ver al patrón. De seguro a él también le va a dar mucha alegría cuando sepa la noticia.
Marina: Está bien. Nos vemos ahora.
La pareja se da un pico sencillo en los labios y Marina se retira junto con Dieguito en los brazos acompañada por el doctor.
INT. / DELEGACIÓN / DÍA
Lisandro espera sentado en unas sillas de plástico. Marcus llega en ese momento notablemente preocupado.


Marcus: ¡Lisandro!
Lisandro: (levantándose) Marcus, por fin llegas.
Los dos se abrazan por un par de segundos.
Marcus: Vine lo más rápido que pude en cuanto me llamaste. ¿Cómo está tu abuela? ¿Qué pasó? ¿Por qué la trajeron aquí?
Lisandro: Es una historia medio larga, pero para resumir, mi abuela no estaba inválida y nos engañó estas últimas semanas.
Marcus se pone nervioso al escucharlo.
Marcus: No entiendo. ¿Por qué hizo eso?
Lisandro: Mi abuela no es la persona que yo creía que era, Marcus. Es una mujer vil, mala, hizo cosas horribles y yo que pensaba que a lo mejor era solo homofóbica, de carácter fuerte, pero es peor de lo que pensé.
Marcus: ¿Te dijo algo sobre mí?
Lisandro: (asintiendo) Sí, me dijo una cosa…
Marcus: Lisandro, sea lo que sea, creo que tiene una explicación…
Lisandro: No creo que nada de lo que ella hizo tenga explicación. Hasta me da pena contigo tener que decirte esto, pero mi abuela solo permitió lo nuestro por interés.
Marcus: (aliviado) ¿Eso fue lo que te dijo?
Lisandro: Sí. Ella misma me lo confesó en la cara. Poco le importa que yo sea gay o no. Lo único que quería era salvarse de la bancarrota de la empresa de la familia obligándome a casarme con alguien de buena posición, alguien como tú.
Marcus: Creo que es momento de ser sincero contigo, Lisandro.
Lisandro: ¿De qué estás hablando?
Marcus: Doña Victoria me contactó tiempo atrás para decirme exactamente lo mismo. Por alguna razón, supo que yo estaba interesado en ti y me dijo que solo permitiría que estuviéramos juntos a cambio de que salvara su empresa. Incluso me la traspasó.
Lisandro suelta una bocanada de aire y se cubre la boca parcialmente con la mano.
Lisandro: Cada vez me entero de más cosas.
Marcus: Yo no le vi problema. Total, íbamos a ser familia. Incluso la casa donde vivía es mía.
Lisandro: ¿Por qué no me contaste nada?
Marcus: Porque ella es una persona de carácter fuerte como bien dijiste. Me puso como condición no hablarte nada de esto y no quise contrariarla. Para mí lo más importante era estar contigo, aunque desconozco por qué terminó aquí. De eso no sé nada.
Lisandro: Mi abuela es la responsable del accidente de Natasha, del incendio de la pastelería y de la intoxicación de los pasteles.
Marcus se finge sorprendido.
Lisandro: Quería alejar a Antonio de mí a toda costa y ahora veo que lo que pretendía era que me comprometiera contigo. No sé ni cómo pude ser tan estúpido.
Marcus: ¿Estás seguro? Lo que me estás contando son acusaciones muy serias.
Lisandro: Yo oí una grabación en la que ella confesaba todo y esta mañana me lo reiteró en la cara. Fue hasta capaz de amenazarme con hacerle daño a Antonio y Natasha. Es que la desconozco. Está completamente loca (Muy perturbado).
Marcus: Quédate aquí. Voy a averiguar mejor su situación y ya regreso.
Lisandro: ¿Qué más quieres saber?
Marcus: Lisandro, tu abuela es una persona mayor, recuérdalo. La cárcel, a su edad, no me parece conveniente y quiero ver si hay alguna manera en que su condena sea en condiciones más flexibles que estar encerrada en una celda. ¿No te parece?
Lisandro: No sé. Ya no sé ni qué pensar. Es mi abuela como dices, pero hizo cosas retefeas.
Marcus: No estoy diciendo que retires la denuncia o algo por el estilo. Quiero ver cómo podemos hacer su condena menos pesada. A fin de cuentas, son parientes. Tú déjamelo a mí y espérame.Ya regreso.
Marcus se adentra a la delegación. Lisandro se queda allí en la sala de espera de pie y cruzado de brazos.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA
Marina entra a la habitación cargando al bebé. Una enfermera termina de tomarle la presión a Natasha. Esta última, con cierto semblante pálido dirige la mirada hacia ellos. Marina le sonríe y se acerca.


Marina: (emocionada) Hola, Natasha.
Natasha se conmueve en gran manera al verlos. La enfermera se retira.
Natasha: Marina…
Marina: No sabes la alegría tan grande que me da saber que ya despertaste. Te hemos extrañado mucho todos, especialmente Dieguito. Él sí que te ha echado de menos.
Natasha intenta balbucear algunas palabras, pero los labios le tiemblan. Marina le pasa al niño con delicadeza y ella lo carga.
Natasha: Mi amor, mi princesito. Yo también te extrañé mucho. Pensé que nunca te iba a volver a ver (Se le saltan las lágrimas). Perdóname por haberte dejado tanto tiempo solo, mi amor. Perdóname.
Natasha comienza a llorar. Marina se conmueve y también solloza un poco.
Natasha: Tuve tanto miedo de morirme y no poderte ver crecer, pero ya estoy aquí, Dieguito. ¿Sí me oyes? Aquí está tu mamá y no te voy a dejar más solo, mi vida. Te lo prometo.
Natasha le da un beso pequeño al bebé en su cabecita y lo presiona contra su pecho. Marina no deja de sonreírles.
Natasha: No tengo cómo agradecerte por haberlo cuidado por mí, Marina, de verdad. No tengo cómo pagarte, amiga.
Marina: Ay, Naty, por favor (Se limpia los ojos con discreción). No tienes nada qué agradecerme. Dieguito es mi ahijado y tú y yo somos comadres. ¿O a poco ya se te olvidó?
Natasha: ¿Cómo crees? No pude encontrar mejores padrinos que tú y Valentín. Claro que inicialmente quería a Lisandro, pero sé que él también hubiera sido un excelente padrino.
Marina: Ni lo digas. Estas semanas que estuviste en coma también estuvo superpendiente de Dieguito.
Natasha: Sobre él, me urge que hablemos. Tengo que contarle algo muy importante que no alcancé el día que caí en coma. Dime si Antonio habló con él.
Marina: No te preocupes. Lisandro ya lo sabe todo.
Natasha: ¿De verdad?
Marina: (asintiendo) Sí, aunque no se enteró en los mejores términos y pasaron muchas cosas que ya te cuento luego con más calma. Por ahora disfruta de tu hijo y descansa. Acabas de salir de coma después de casi un mes y eso no es cualquier cosa.
Natasha parece asentir esbozando una sonrisa y continúa cargando al niño.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Valentín está conversando con Antonio al lado de la cama. Hay un policía parado cerca a la puerta para vigilar al segundo más de cerca luego del altercado con Marcus.


Valentín: Me da reteharto gusto que la herida no haya pasado a mayores, patrón. Sí pensé lo peor por un momento.
Antonio: Menos mal no fue nada grave. Ahorita no me puede pasar nada para dejarles el camino libre a la vieja decrépita esa de Victoria y al niñito rico de Marcus. ¿Puedes creer que el muy hijo de su madre vino esta tarde a provocarme?
Valentín: (hablando en voz baja) Con razón ya hasta le pusieron guardia dentro de la habitación. ¿A poco qué le dijo?
Antonio: (fastidiado) Se burló de mí y me aseguró que piensa quitarme a Dieguito para llevárselo junto con Lisandro a Estados Unidos mientras yo me pudro en el bote. Se atrevió a decirme que mi hijo lo iba a terminar llamando “papá”. ¿Lo puedes creer? De no ser porque estoy esposado a esta maldita cama le hubiera partido la madre a ese malnacido.
Valentín: Ya, patrón. Quédese tranquilo. Usted salió de una cirugía y no le hace bien ponerse así.
Antonio: ¿Cómo quieres que me quede tranquilo sabiendo que me pueden quitar a mi bebé, Valentín? Y lo que más me duele es que Lisandro se preste a todo eso. De seguro su abuela y el estúpido ese fueron los que lo convencieron. A saber si no trabajan juntos.
Valentín: Es lo más probable, solo que no tenemos pruebas. Lo importante es que toda esta bronca pronto se va a terminar y puede quedarse tranquilo. Ya Lisandro sabe la verdad.
Antonio: (sorprendido) ¿De veras?
Valentín: Sí, patrón. Tal como planeamos usted y yo, logré que la vieja confesara todo mientras la grababa sin que lo supiera. Esta mañana le mostré la grabación a Lisandro y no lo tomó nada bien.
Antonio: No me imagino. Enterarse así que su abuela es una vieja perra no debió ser fácil. ¿Qué pasó luego?
Valentín: Fuimos a denunciarla y los policías nos acompañaron a detenerla a su casa. Terminó soltándole toda la sopa. Hasta lástima me dio de Lisandro. El pobre se veía bien afectado.
Antonio: ¿Y dónde está? ¿Por qué yo sigo aquí esposado si en esa grabación ella confesó que estuvo detrás de todo de lo que me inculpa?
De repente, una pareja madura entra a la habitación.


Carlos: Hoy mismo te van a quitar esas esposas, hijo. De mi cuenta corre.
Antonio se sorprende en gran manera al reconocer a aquella pareja.
Antonio: Papá, mamá…
Fedora: (conmovida) Antonio, mi amor. ¡Ay, no sabes cómo te he echado de menos, hijo!
Fedora no tarda en dirigirse a la cama y abrazarlo. Antonio le corresponde, aunque notablemente desconcertado por aquella inesperada visita.
INT. / DELEGACIÓN, CELDA / DÍA
Marcus ha pasado a ver a Victoria, quien al verlo se acerca a los barrotes con una fulminante mirada.


Victoria: ¡Por fin llegas! Necesito que me saques de inmediato de esta maldita pocilga si no quieres que abra mi boca y termine contándole a Lisandro un par de verdades tuyas.
Marcus: No me amenace, doña Victoria. Recuerde que no está en condiciones.
Victoria: (furiosa) ¡No me intentes tomar del pelo! Mueve las influencias que tengas que mover, chantajea a quien sea, pero sácame de aquí. No pienso pasar la noche en este sitio.
Marcus: Ni aunque la quiera ayudar, podría hacer algo por usted. Su situación es bien complicada y la grabación que la policía tiene la compromete hasta el cuello.
Victoria: Me importa un rábano esa grabación. No pienso rendirme tan fácil después de todo lo que hice para llegar hasta donde estoy, así que me sacas o le digo a mi nieto que todo este tiempo te encompichaste conmigo para separarlo del repostero.
Marcus: (sonriendo con malicia) Ahí encerrada, dudo que pueda. Tengo a Lisandro comiendo de la palma de mi mano, señora y perfectamente lo puedo envenenar para que se olvide de usted y la termine odiando más de lo que ya la odia.
Victoria: No serías capaz, infeliz (Tensando la mandíbula).
Marcus: Fíjese que sí. Soy capaz de eso y mucho más. ¿Qué pensó? ¿Que iba a ser más inteligente que yo? Usted no es más una vieja estorbosa que me sirvió para que Lisandro terminara de olvidarse de Antonio y funcionó porque ya Lisandro aceptó casarse conmigo.
Victoria no dice nada, pero su furia habla por sí sola.
Marcus: Véalo de este modo. Usted, sin saberlo, fue la que trabajó para mí sin que yo moviera un dedo provocando la intoxicación, el incendio de la pastelería y el accidente de la modelo aquella. Yo la utilicé y ya que tengo lo que quiero, no me sirve.
Victoria se aferra iracunda a los barrotes.
Victoria: Ya quisieras tú haberme utilizado, gata. ¡Eso es lo que eres! Sacaste las uñas, pero no me llegas a los talones ni poniéndote una falda (Habla con mucho desprecio).
Marcus: (riéndose) Sus insultos de vieja resentida no me afectan. El que ganó fui yo mientras usted se va a pudrir aquí hasta que se muera que será de aquí a unos años.
Victoria: Ya veremos si logras algo sin mí. Aunque me muera de la ira aceptándolo, Lisandro no siente nada por ti y no va a dudar en dejarte por el repostero en cuanto esté libre.
Marcus: Para cuando eso pase, yo ya voy a estar lejos con Lisandro y asunto arreglado. Le agradezco la preocupación, pero de ahora en adelante sigo yo solo. Fue un placer, doña Victoria.
Marcus le lanza una sonrisa burlona a la anciana y se va.
Victoria: (histérica) ¡Vuelve aquí, infeliz! ¡No he acabado contigo! ¡No voy a dejar que te salgas con la tuya y me robes, desgraciado!
Victoria grita desgarrada y respira agitada al punto de que siente un leve mareo, por lo que se toca la cabeza.
Victoria: Debo pensar con cabeza fría. No me puedo alterar así. Algo tengo que hacer.
Victoria, aún mareada y corta de aire, se sienta en la cama. Marcus, entretanto, se reúne de nuevo con Lisandro en la sala de espera. El chico, al verlo, se pone de pie.


Lisandro: ¿Qué pasó? ¿Qué averiguaste?
Marcus: La situación es complicada, Lisandro. Hablé con el delegado a cargo y no quisiera ser pesimista, pero dudo que le den algún beneficio a tu abuela por lo de su edad. Como mucho, podrían hacerle exámenes para determinar niveles de azúcar, presión y esas cosas para seguir un tratamiento en prisión, pero nada más.
Lisandro: (con un nudo en la garganta) Me lo imaginé. Me duele mucho que tenga que acabar de esa forma, pero ella lo buscó.
Marcus: Sé que es difícil, pero no te desanimes. Vamos a estar pendientes de ella para lo que necesite en la cárcel mientras tú y yo hacemos nuestra vida juntos en Estados Unidos. Pronto nos vamos a casar y no debemos dejar que esto nos retrase.
Lisandro: No sé, Marcus. Creo que tendremos que aplazar unas semanas más el viaje. No puedo simplemente irme después de lo que pasó.
Marcus: ¿A qué te refieres? No hay nada que te retenga a este país. Tu vida de ahora en adelante va a ser conmigo.
Lisandro: ¿Y Antonio?
Marcus desencaja el rostro al oírlo.
Lisandro: Él fue una víctima en todo esto. Perdió su pastelería por culpa de mi abuela y terminó en la cárcel acusado de haberla querido matar.
Marcus: ¿Y qué puedes hacer? La responsable fue ella, no fuiste tú.
Lisandro: Puede que no haya sido yo, pero todas las tragedias que se le vinieron encima fueron por mí. No tienes ni idea de cómo me duele por dentro y lo de culpable que me siento.
Marcus: (molesto) ¿De verdad es solo eso o es que aún se te pasa por la cabeza perdonar a ese tipo? Te recuerdo que ya tienes un compromiso conmigo, Lisandro. Nos vamos a casar.
Lisandro: Marcus, ahora no es momento ni tampoco es el lugar.
De repente, la conversación es interrumpida por una llamada al celular del chico y él mira en la pantalla de quién se trata.
Lisandro: Espérame y ya luego seguimos la plática, pero por favor, no te pongas pesado. Trata de entender.
Marcus no dice nada y se aleja de mala gana. Lisandro también se retira un poco y contesta la llamada.
Lisandro: ¿Bueno? ¿Marina?
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA
Marina es quien habla al otro lado de la línea. Natasha se encuentra recostada en la cama cargando a Dieguito.


Marina: Hola, Lisandro. ¿Cómo sigues?
INTERCUT LISANDRO/MARINA
Lisandro: Pues ya te imaginarás. Supongo que Valentín ya habló contigo y te lo contó todo.
Marina: Sí y me cuesta creer que tu abuela haya sido capaz de tanto, aunque creo que muy en el fondo debiste presentirlo desde el momento en que fue capaz de llamarme para envenenarme contra ti.
Lisandro: Pues sí. Solo que no la creí capaz de hacer algo peor que una simple llamada para que tú me corrieras. No sé ni cómo pude ser tan menso y enceguecerme tanto. Tengo la cabeza hecha un lío.
Marina: Trata de estar tranquilo. Lo importante es que ahora todo se aclaró, además yo sé que hay algo que te puede alegrar en medio de todo esto (Se sonríe con Natasha).
Lisandro: (extrañado) ¿De qué se trata?
Marina: Tú vente para el hospital y acá nos vemos. Estoy segura de que te va a dar muchísimo gusto.
Lisandro: Va, nos vemos allá entonces. No estoy muy lejos. Me tardo unos 15 minutos.
Lisandro cuelga la llamada.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Antonio está conversando con sus recién llegados padres. Carlos está de pie mientras que Fedora se encuentra sentada a un lado de la cama. Valentín está cerca de la puerta.




Antonio: De veras que no me esperaba verlos. Hacía rato ni nos llamábamos. Pensé que definitivamente ya se habían olvidado de mí.
Fedora: ¿Cómo nos íbamos a quedar tan campantes allá sabiendo por todo lo que estabas pasando, hijo? (Le acaricia el rostro). En cuanto supimos, agarramos el primer vuelo para acá.
Antonio: (confundido) ¿Cómo se enteraron?
Carlos: Fue gracias a tu amigo Valentín.
Antonio mira con cierto reproche a Valentín, quien baja algo apenado la cabeza.
Carlos: Él nos contactó y nos contó todo, desde el problema legal en el que te metiste con la intoxicación de los pasteles, el incendio de tu pastelería y hasta el intento de homicidio del que te culparon.
Valentín: Sí, patrón. No es que le tuviera miedo a la vieja decrépita de la Victoria, pero ya ve cómo acabaron usted y Natasha cuando la fueron enfrentar, y pues pensé que a lo mejor yo podía correr con la misma suerte por irla a poner en evidencia mientras la grababa, así que puse a sus papás en sobreaviso por si algo me pasaba.
Antonio: Pues no debiste, hombre. Dudo mucho que la anciana esa fuera tan poderosa y tan indestructible para haberte atacado a ti también. Ni que fuera Rambo o Terminator.
Valentín: Yo sé, pero lejos tampoco está. Nada más le falta un bastón de metralleta y usted sabe. Era mejor prevenir. No me lo tome a mal.
Fedora: ¿Por qué le haces reclamos a tu amigo? Él solo estaba preocupado y quiso echarte una mano. ¿Acaso no te da ni una pizca de gusto vernos?
Antonio: No es eso, mamá, pero tampoco nos hagamos los mensos. Ustedes y yo sabemos que la última vez que hablamos discutimos bien feo cuando les dije que quería dejar la universidad. Me corrieron y me dijeron que era un bueno para nada, un vago.
Carlos: Estábamos enojados, Antonio, pero ya te lo dijo tu mamá. Nunca te podríamos abandonar, muchacho. Tú también evitaste todo contacto con nosotros en estos casi cuatro años.
Antonio: Pensé que era lo mejor. No quería recibir nada de ustedes y me las valí por mí mismo este tiempo para demostrarles que era capaz.
Carlos: Y no lo dudamos. Valentín nos contó que empezaste desde muy abajo para abrir tu pastelería. Hasta en internet vimos que se estaba volviendo muy popular hasta antes del incendio y créeme que nos dio mucho orgullo.
Fedora: ¿Cómo fue que terminaste metido en todo esto, hijo? Valentín no nos dio muchos detalles. Nada más nos dijo que una mujer era la que estaba detrás y te estaba haciendo la vida un infierno. ¿Quién es? ¿Por qué la agarró contigo?
Antonio guarda silencio ante tal pregunta.
Valentín: Yo mejor salgo y los dejo a solas para que platiquen a gusto. Con permiso.
Carlos: Propio.
Valentín sale y cierra la puerta tras sí. Antonio sigue sin responder, notablemente incómodo.
Fedora: ¿Qué pasa, Antonio? ¿Por qué no dices nada?
Antonio inhala, retiene el aire durante un par de segundos y exhala como preparándose para decirles la verdad a sus padres.
Antonio: ¿Se acuerdan de Lisandro?
Carlos y Fedora se miran algo extrañados.
Carlos: Sí, creo que era tu amigo de la universidad, ¿no? Te la pasabas con él. Varias veces lo llevaste a la casa para comer y estudiar.
Fedora: Era el muchachito ese que no nos gustaba si mal no recuerdo, el que tenía un aire medio afeminado, medio gay.
Antonio: Pues sí. Es ese. Fue por él que dejé la universidad.
Fedora: ¿Cómo?
Antonio: Mamá, papá… (Hace una pausa) Lisandro me confesó en ese tiempo que yo le gustaba (Fedora y Carlos se sorprenden). Y casi me vuelvo loco porque no sabía cómo tomarlo. Me sentí decepcionado, confundido, culpable, no sé… Fueron muchas cosas que me pasaron por la cabeza porque lo apreciaba y mejor tomé la decisión de alejarme.
Fedora: No entiendo. ¿Por qué simplemente no lo ignoraste y ya? ¿Por qué tenías que dejarlo todo por semejante estupidez? No somos ricos, pero vivíamos bien y nada te faltaba.
Antonio: Porque muy en el fondo a mí también me gustaba él.
Fedora desencaja el rostro al oírlo. Carlos sólo escucha con atención parado al frente de la cama. Lisandro, por su parte, justo está escuchando detrás de la puerta ligeramente entreabierta.

Antonio: Todo ese cariño y aprecio que le tenía no era más que algo bonito que él me hacía sentir, solo que no sabía. Por eso es que cuando me confesó que yo le gustaba, entré en etapa de negación o de shock, llámenlo como quieran. El caso es que toda la rabia que sentí ni siquiera fue contra él, sino contra mí mismo.
Lisandro no puede creer lo que escucha y se cubre la boca con la mano, sintiéndose sumamente conmovido. Antonio habla por primera vez en una inusual firmeza y confianza.
Antonio: Me dio rabia no poder aceptar que yo también lo quería y preferí huir como un cobarde.
Fedora: ¿Nos estás diciendo que eres gay?
Antonio: No. Les estoy diciendo que me enamoré de otro chavo.
Fedora: (levantándose la cama) ¿Te quieres burlar de nosotros?
Carlos: Fedora, por favor, déjalo terminar.
Fedora: (exasperada) Es que lo que está diciendo no tiene sentido.
Antonio: Para mí lo tiene, mamá.
Fedora:. Tú siempre fuiste un galán. Desde que eras un niño ya ibas por la escuela enamorando niñitas y ni se diga cuando estabas en la prepa. ¿Cuántas veces no tuve que correr a tus noviecitas cuando se encerraban en tu cuarto dizque a estudiar?
Antonio solo baja la cabeza y guarda de nuevo silencio. Fedora luce algo molesta.
Fedora: ¡Dinos algo! No te quedes solo callado y ya. ¿Eres gay o no?
Carlos: Fedora, no cometamos el mismo error que cometimos hace años cuando no lo dejamos ni siquiera hablar o decir lo que sentía.
Fedora, exasperada, solo se da la vuelta mirando hacia la pared.
Antonio: Para responder a tu pregunta, mamá, no. No soy gay. Si Valentín no se los dijo, tengo un hijo.
Fedora se sorprende y vuelve a encarar a su hijo con cierta curiosidad.
Antonio: Y también me gustan las mujeres como siempre me gustaron desde que era un niño, pero una cosa muy distinta es lo que siento acá dentro en el corazón y eso va más allá de que me gusten las mujeres o los hombres. Simplemente me enamoré de una persona.
Lisandro solloza escuchando la plática.
Antonio: A lo mejor ustedes no lo vayan a entender y tampoco les pido que lo entiendan. Nada más estoy siendo sincero y ni aún con todas las cosas que me hizo la abuela de Lisandro, podría odiarlo o dejarlo de querer, porque lo que siento es real.
Carlos: ¿Fue esa señora la que te hizo todo esto?
Antonio: (asintiendo) Sí. Quería separarme de él y casi que lo logró.
Carlos: No te preocupes. Como abogado, voy a encargarme de que te retiren todos los cargos lo antes posible. Te lo prometo. También me voy a encargar de hundir a esa mujer así como te hizo hundir a ti. De mi cuenta corre.
De repente, Fedora alcanza a percibir una sombra proveniente de la puerta entreabierta, por lo que se dirige y la termina de abrir. Lisandro se asusta un poco y ella lo reconoce.
Fedora: Eres tú, ¿no? Claro. Te recuerdo bien.
Antonio se sorprende al ver a Lisandro. Los dos cruzan miradas, aunque Lisandro la evade.
Fedora: ¿A qué viniste? ¿A seguir importunando a Antonio y a meterle tus ideas sucias y progresistas en la cabeza?
Antonio: Mamá, déjalo…
Fedora: Es este muchachito el que te debe dejar en paz a ti. Mira a dónde viniste a parar por culpa de él. Casi te mueres en la cárcel culpado de algo que no hiciste por su abuela. ¿Te parece poco?
Carlos: Fedora, ya fue suficiente. No vinimos para esto.
Fedora: Exacto. Tú lo has dicho. Vinimos para velar por el bienestar de nuestro hijo y eso es justo lo que estoy haciendo.
Lisandro: (apenado) Discúlpeme, señora. No era mi intención importunar. Yo solo quería…
Fedora: (riéndose con incredulidad) Claro que es tu intención. Desde hace cuatro años has estado enredando a mi hijo confundiéndolo. Antonio es un hombre en todo el sentido de la palabra y tiene un hijo. ¿De verdad crees que se va a fijar en ti?
Antonio: (molesto) ¡Ya basta, mamá! ¡Déjalo en paz!
Antonio siente un leve dolor por la cirugía y se queja.
Carlos: ¿Qué tienes, Antonio? ¿Te sientes bien?
Fedora: Lo mejor será que te largues, Lisandro y espérate muy pronto una demanda de nuestra parte por todo lo que tú y tu abuela le hicieron a Antonio. ¡Vete y olvídate de él!
Fedora cierra la puerta fuertemente en toda la cara del chico. Lisandro siente unas fuertes ganas de llorar, pero decide retirarse. Antonio sigue quejándose y hace una mueca por el dolor que sintió. Fedora se acerca a él.
Fedora: (preocupada) ¿Estás bien, hijo?
Antonio: Ya mejor déjame. Te pasaste con la escena que le armaste a Lisandro.
Fedora: Solo te quiero proteger. No voy a permitir que ese tipo te siga haciendo daño. Mira nada más cómo te pusiste.
Antonio: Me puse así por tu culpa. La que vino a importunarme después de cuatro años fuiste tú. Me acabo de sincerar con ustedes. Les conté cómo me siento, ¿y así reaccionas?
Fedora se siente mal y molesta al verse recriminada.
Carlos: Lo mejor es que descanses, Antonio. Después de todo, acabaste de salir de una cirugía y ya luego tendremos tiempo para hablar mejor. Además, debo ir tramitando lo de tu exoneración.
Antonio: Gracias, papá.
Carlos le esboza una sonrisa a su hijo y le da un abrazo. Fedora, entretanto, se adelanta y sale de la habitación sin despedirse.
Carlos: Vamos a estar aquí afuera por si necesitas algo.
Carlos le da una leve palmada en el hombro a su hijo y se retira cerrando la puerta tras sí
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / DÍA
Marina y Valentín aguardan sentados. Ella carga como de costumbre al bebé.


Marina: Ay, qué bueno que fuiste lo suficientemente inteligente como para llamar a los padres de Antonio.
Valentín: ¿Es ofensa o halago?
Marina: (riéndose) Menso, ninguna de las dos. Nada más comentaba que fue buena idea. De seguro ellos se van a encargar de hundir aún más de lo que está a la vieja bruja esa.
Valentín: Eso espero. Hacía muchos años que no se veían.
Marina: Sí, algo de eso me comentó él cuando estuvimos juntos, como que se pelearon porque él dejó la universidad, pero no me dio muchos detalles. De igual tú ya sabes que mi relación con él empezó con el pie izquierdo.
Valentín: Y pues mejor, ¿no? Fue así que tuve una chance contigo.
Valentín le acaricia con suavidad el mentón mientras le sonríe.
Marina: Pues sí. Dicen por ahí que las cosas pasan por algo. Gracias a mi relación fallida con él y también lo que sentí por Lisandro es que ahorita estamos juntos tú y yo.
Valentín: Hablando de Lisandro, ahí viene ya.
Marina: (volteando a ver) Sí y con cara de velorio el pobre.
En efecto, Lisandro llega en ese momento caminando algo desanimado y pensativo.

Lisandro: Hola, chicos. Vine lo más rápido que pude. Marcus me dio un aventón. Qué pena la demora.
Marina: No te preocupes. Sabemos que no estás pasando ahorita por un buen momento con lo de tu abuela, pero ya sabes que cuentas con nosotros, ¿no?
Lisandro: (sentándose) Sí, yo sé y les agradezco. Sin Valentín a lo mejor no me hubiera dado cuenta nunca de todo el engaño tan vil de mi abuela y lo que más me atormenta es que fui demasiado injusto, demasiado imbécil y la culpa me está volviendo loco ahorita.
Valentín: No te des tan duro, Lisandro. Nada de lo que pasó fue tu culpa, sino de la momia esa que entre más envejece, más se le fermenta la maldad, con tu perdón otra vez, eh. No me agarres de a bolsazos de nuevo.
Lisandro: (esbozando una sonrisa) No, Valentín. Al que deberían agarrar a bolsazos, qué digo bolsazos, a cachetadas sería yo. Creo que de todo lo que más me duele son Natasha y Antonio.
Lisandro baja la mirada para ver al bebé con mucho pesar.
Lisandro: Se ensañó con los dos y esto también afectó a Dieguito que necesitaba tanto de sus papitos, y yo ya hasta de idiota estuve a punto de llevármelo lejos. No sé ni qué estaba pensando.
Lisandro gimotea y traga saliva. Marina y Valentín lo miran con pena.
Marina: Ya, Lisandro. Como te dijo Valentín, no te flageles tanto. Es más, si te pedí que vinieras fue para darte una buena noticia.
Lisandro: ¿De veras en medio todo esto hay buenas noticias?
Marina: (sonriendo) Sí que sí. Ya Dieguito no va a estar más sin sus papás y no lo digo solo por Antonio que va a salir libre cuando se aclaren las cosas.
Lisandro se queda pensativo al ver los rostros sonrientes de la pareja. El chico ata cabos y se limpia las lágrimas, sintiéndose algo confundido.
Lisandro: ¿Me estás diciendo que…? (Hace una pausa)
Marina: (asintiendo) Sí.
Marina parece confirmar con sus ojos y sonrisa lo que el chico piensa. Lisandro parpadea tratando de procesar la noticia.
Marina: Te está esperando. Me parece que tienen mucho de qué hablar.
Lisandro, con prontitud y algo exaltado, se levanta de la silla y comienza a caminar rápido por el pasillo que conecta con las habitaciones de los pacientes. Busca una en particular y entra sin ni siquiera tocar. Dentro, encuentra a Natasha recostada en su cama. Ella, aún con el semblante pálido, voltea a verlo con calma. Lisandro suelta un suspiro que parecía haber estado conteniendo.

Lisandro: (en un hilo de voz) Natasha…
Natasha le sonríe con calidez y conmovida por aquel reencuentro.
Natasha: Hola, Lisandro.
Lisandro se adentra a la habitación poco a poco, aún sin dar crédito.
Lisandro: ¡Dios mío! Estás… Estás despierta…
Lisandro no duda en dirigirse a la cama y ambos se abrazan durante varios segundos.
CONTINUARÁ…
Antonio descansa recostado en su cama y tiene los ojos cerrados. Es de notar que una de sus manos permanece esposada a la baranda de la cama. De arriba hacia abajo, se ve que entra un hombre silenciosamente y se acerca. Es Marcus, quien le sonríe con malicia, aunque con cierta sofisticación.


Marcus: Hola, Antonio.
Antonio abre los ojos y se sorprende al ver al hombre allí, por lo que se echa hacia atrás y desencaja el rostro con notable molestia.
Antonio: ¿Tú qué estás haciendo aquí?
Marcus: Iba a ir a verte a la cárcel, pero me informaron lo que pasó y la bronca en la que te metiste en la que por poco te matan. ¡Qué pena que no se haya podido! Contigo muerto, hasta me hubieras quitado un peso de encima.
Antonio: (desafiante) ¡Pues no! ¡Ya ves que no! ¡Estoy vivito y coleando para impedirte que me quites a mi hijo junto con Lisandro! Porque ya me enteré que eso es lo que pretenden. Llevarse a mi hijo lejos, pero eso sí que no se los voy a permitir.
Marcus: (incrédulo) ¿Ah, sí? ¿Y cómo?
Marcus se inclina y le habla muy cerca a la cara sin desdibujar su descarada sonrisa
Marcus: Que yo sepa, te vas a pudrir en la cárcel mucho tiempo y de aquí a que salgas, ya tu hijo va a empezar a llamarme papá.
Antonio: (furioso) ¡No te atrevas infeliz!
Antonio, con una de las manos que tiene liberada, agarra a Marcus de la camisa.
Antonio: ¡Dieguito es mi hijo! ¿Escuchaste? ¡Primero me vas a tener que matar porque no voy a dejar que te lo lleves! (Muy alterado) ¡Ni tú ni la bruja abuela de Lisandro se van a salir con la suya!
Marcus: (gritando) ¡Auxilio, por favor!
Antonio: ¡Aunque tenga que fugarme, no te lo voy a permitir!
Marcus: ¡Auxilio! ¡El preso me está atacando!
Dos policías ingresan de inmediato y separan a Antonio de Marcus a la fuerza. Marcus se echa hacia atrás y se acomoda la camisa.
Antonio: ¡Desgraciado! ¡No eres más que un perro infeliz! ¡Un cobarde!
Los dos policías lo retienen de los brazos para tranquilizarlo. Antonio se retuerce.
Antonio: ¡Lisandro nunca te va a querer ni tantito! ¿Escuchaste? ¡Él me quiere a mí y solo está contigo por lástima! ¡Porque eso es justo lo que das, wey, lástima!
Marcus mira fulminante al hombre ante tales palabras y le sonríe con cierta amargura.
Marcus: Ya lo veremos. De seguro no te sale nada más inteligente qué decir porque tu cabeza solo sirve para hacer pasteles (Burlándose). Ahí te ves.
Marcus se retira de la habitación.
Antonio: ¡Imbécil! ¡Ven y pelea como un hombre! ¡Ándale que no tengo miedo!
Policía 1: ¡Ya está! ¡Quédate tranquilo!
Antonio deja de retorcerse y respira agitado haciendo una cierta mueca de dolor, pues la herida en su abdomen apenas está por sanar. Marcus, por su parte, va caminando por el pasillo y recibe una llamada en su celular, por lo que se apresura a contestar.
Marcus: ¿Bueno? (Pausa) Hola, mi amor, Justo me llamas en el momento oportuno. Fíjate que iba a la cárcel para hablar con Antonio como te prometí y me informaron que tuvo una bronca con uno de los presos. Resultó herido y está en el hospital, pero no te preocupes. Está bien al punto de que me atacó y creo que va a estar difícil que nos ceda la custodia del niño (Pausa). ¿Ya lo sabías? (Pausa)
Marcus deja de caminar y desencaja el rostro al escucharlo.
Marcus: Espérate, ve con más calma. ¿De qué me estás hablando?
INT. / DELEGACIÓN / DÍA
Lisandro se encuentra sentado cruzando las piernas en unas sillas de plástica de la sala de espera. Hay varias personas en la delegación y se oye cierto bullicio.

Lisandro: Mi abuela fue arrestada. Es una historia muy larga para contártela por teléfono. Mejor ven y acá te explico con calma (Pausa). Está bien, te espero.
El chico cuelga la llamada y aprieta el celular, sintiéndose aún perturbado después de todo lo acontecido.
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / DÍA
Entretanto, Valentín conversa con Marina, quien carga a Dieguito.


Marina: (sorprendida) No te puedo creer. Estuvo como de película. No me imagino cómo ha de estar Lisandro. No debió ser nada fácil para él denunciar a su propia abuela.
Valentín: Sí, amor. Estuvo cañón. Lo bueno de todo esto es que ya el patrón va a poder quedar libre de cargos, no solo por la intoxicación de los pasteles, sino por el dizque supuesto intento de asesinato a la vieja esa.
Marina: Y Natasha ya despertó del coma. Ella sí que podría testificar y acusar a esa señora de haberla mandado a matar. ¡Ay, es que de solo pensarlo me da escalofríos! ¿Cómo es que alguien tiene la sangre tan fría para dar la orden de acabar con la vida de alguien así? Esa señora es una mafiosa completa (Impresionada).
Valentín: ¿Y estás segura de que Natasha sí despertó?
Marina: Claro. Incluso quiso hablar, pero no pudo. Cuando me miró, me reconoció y también al bebé. Nada más estoy esperando a que me den noticias a ver cómo sigue.
Valentín: ¿Ese no es el médico?
En efecto, un doctor viene caminando hacia ellos.
Marina: Sí, es él.
Marina y Valentín se ponen de pie.
Marina: ¿Cómo sigue Natasha, doctor? ¿Ya logró hablar? ¿No tiene pérdida de memoria o algo así?
Doctor: (sonriendo) No, la paciente mostró buenos síntomas de lucidez y se encuentra en buenas condiciones.
Marina y Valentín ríen de alegría al escucharlo.
Marina: ¡Ay, gracias a Dios! ¡Es la mejor noticia que nos han podido dar! ¿Escuchaste eso Dieguito? Tú mamá ya despertó, mi amor.
Doctor: Hablando del niño, preguntó por él y por otras personas, entre ellas un tal “Lisandro”. Estaba algo alterada, pero logramos tranquilizarla con un calmante.
Marina: ¿Podemos pasar a verla?
Doctor: Una sola persona estaría bien por el momento. Fueron varias semanas en coma y necesita guardar muchísimo reposo.
Marina: Yo iré con el bebé. Tú espérame aquí, Valentín.
Valentín: Claro, no te apures. Yo voy a ir a ver al patrón. De seguro a él también le va a dar mucha alegría cuando sepa la noticia.
Marina: Está bien. Nos vemos ahora.
La pareja se da un pico sencillo en los labios y Marina se retira junto con Dieguito en los brazos acompañada por el doctor.
INT. / DELEGACIÓN / DÍA
Lisandro espera sentado en unas sillas de plástico. Marcus llega en ese momento notablemente preocupado.


Marcus: ¡Lisandro!
Lisandro: (levantándose) Marcus, por fin llegas.
Los dos se abrazan por un par de segundos.
Marcus: Vine lo más rápido que pude en cuanto me llamaste. ¿Cómo está tu abuela? ¿Qué pasó? ¿Por qué la trajeron aquí?
Lisandro: Es una historia medio larga, pero para resumir, mi abuela no estaba inválida y nos engañó estas últimas semanas.
Marcus se pone nervioso al escucharlo.
Marcus: No entiendo. ¿Por qué hizo eso?
Lisandro: Mi abuela no es la persona que yo creía que era, Marcus. Es una mujer vil, mala, hizo cosas horribles y yo que pensaba que a lo mejor era solo homofóbica, de carácter fuerte, pero es peor de lo que pensé.
Marcus: ¿Te dijo algo sobre mí?
Lisandro: (asintiendo) Sí, me dijo una cosa…
Marcus: Lisandro, sea lo que sea, creo que tiene una explicación…
Lisandro: No creo que nada de lo que ella hizo tenga explicación. Hasta me da pena contigo tener que decirte esto, pero mi abuela solo permitió lo nuestro por interés.
Marcus: (aliviado) ¿Eso fue lo que te dijo?
Lisandro: Sí. Ella misma me lo confesó en la cara. Poco le importa que yo sea gay o no. Lo único que quería era salvarse de la bancarrota de la empresa de la familia obligándome a casarme con alguien de buena posición, alguien como tú.
Marcus: Creo que es momento de ser sincero contigo, Lisandro.
Lisandro: ¿De qué estás hablando?
Marcus: Doña Victoria me contactó tiempo atrás para decirme exactamente lo mismo. Por alguna razón, supo que yo estaba interesado en ti y me dijo que solo permitiría que estuviéramos juntos a cambio de que salvara su empresa. Incluso me la traspasó.
Lisandro suelta una bocanada de aire y se cubre la boca parcialmente con la mano.
Lisandro: Cada vez me entero de más cosas.
Marcus: Yo no le vi problema. Total, íbamos a ser familia. Incluso la casa donde vivía es mía.
Lisandro: ¿Por qué no me contaste nada?
Marcus: Porque ella es una persona de carácter fuerte como bien dijiste. Me puso como condición no hablarte nada de esto y no quise contrariarla. Para mí lo más importante era estar contigo, aunque desconozco por qué terminó aquí. De eso no sé nada.
Lisandro: Mi abuela es la responsable del accidente de Natasha, del incendio de la pastelería y de la intoxicación de los pasteles.
Marcus se finge sorprendido.
Lisandro: Quería alejar a Antonio de mí a toda costa y ahora veo que lo que pretendía era que me comprometiera contigo. No sé ni cómo pude ser tan estúpido.
Marcus: ¿Estás seguro? Lo que me estás contando son acusaciones muy serias.
Lisandro: Yo oí una grabación en la que ella confesaba todo y esta mañana me lo reiteró en la cara. Fue hasta capaz de amenazarme con hacerle daño a Antonio y Natasha. Es que la desconozco. Está completamente loca (Muy perturbado).
Marcus: Quédate aquí. Voy a averiguar mejor su situación y ya regreso.
Lisandro: ¿Qué más quieres saber?
Marcus: Lisandro, tu abuela es una persona mayor, recuérdalo. La cárcel, a su edad, no me parece conveniente y quiero ver si hay alguna manera en que su condena sea en condiciones más flexibles que estar encerrada en una celda. ¿No te parece?
Lisandro: No sé. Ya no sé ni qué pensar. Es mi abuela como dices, pero hizo cosas retefeas.
Marcus: No estoy diciendo que retires la denuncia o algo por el estilo. Quiero ver cómo podemos hacer su condena menos pesada. A fin de cuentas, son parientes. Tú déjamelo a mí y espérame.Ya regreso.
Marcus se adentra a la delegación. Lisandro se queda allí en la sala de espera de pie y cruzado de brazos.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA
Marina entra a la habitación cargando al bebé. Una enfermera termina de tomarle la presión a Natasha. Esta última, con cierto semblante pálido dirige la mirada hacia ellos. Marina le sonríe y se acerca.


Marina: (emocionada) Hola, Natasha.
Natasha se conmueve en gran manera al verlos. La enfermera se retira.
Natasha: Marina…
Marina: No sabes la alegría tan grande que me da saber que ya despertaste. Te hemos extrañado mucho todos, especialmente Dieguito. Él sí que te ha echado de menos.
Natasha intenta balbucear algunas palabras, pero los labios le tiemblan. Marina le pasa al niño con delicadeza y ella lo carga.
Natasha: Mi amor, mi princesito. Yo también te extrañé mucho. Pensé que nunca te iba a volver a ver (Se le saltan las lágrimas). Perdóname por haberte dejado tanto tiempo solo, mi amor. Perdóname.
Natasha comienza a llorar. Marina se conmueve y también solloza un poco.
Natasha: Tuve tanto miedo de morirme y no poderte ver crecer, pero ya estoy aquí, Dieguito. ¿Sí me oyes? Aquí está tu mamá y no te voy a dejar más solo, mi vida. Te lo prometo.
Natasha le da un beso pequeño al bebé en su cabecita y lo presiona contra su pecho. Marina no deja de sonreírles.
Natasha: No tengo cómo agradecerte por haberlo cuidado por mí, Marina, de verdad. No tengo cómo pagarte, amiga.
Marina: Ay, Naty, por favor (Se limpia los ojos con discreción). No tienes nada qué agradecerme. Dieguito es mi ahijado y tú y yo somos comadres. ¿O a poco ya se te olvidó?
Natasha: ¿Cómo crees? No pude encontrar mejores padrinos que tú y Valentín. Claro que inicialmente quería a Lisandro, pero sé que él también hubiera sido un excelente padrino.
Marina: Ni lo digas. Estas semanas que estuviste en coma también estuvo superpendiente de Dieguito.
Natasha: Sobre él, me urge que hablemos. Tengo que contarle algo muy importante que no alcancé el día que caí en coma. Dime si Antonio habló con él.
Marina: No te preocupes. Lisandro ya lo sabe todo.
Natasha: ¿De verdad?
Marina: (asintiendo) Sí, aunque no se enteró en los mejores términos y pasaron muchas cosas que ya te cuento luego con más calma. Por ahora disfruta de tu hijo y descansa. Acabas de salir de coma después de casi un mes y eso no es cualquier cosa.
Natasha parece asentir esbozando una sonrisa y continúa cargando al niño.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Valentín está conversando con Antonio al lado de la cama. Hay un policía parado cerca a la puerta para vigilar al segundo más de cerca luego del altercado con Marcus.


Valentín: Me da reteharto gusto que la herida no haya pasado a mayores, patrón. Sí pensé lo peor por un momento.
Antonio: Menos mal no fue nada grave. Ahorita no me puede pasar nada para dejarles el camino libre a la vieja decrépita esa de Victoria y al niñito rico de Marcus. ¿Puedes creer que el muy hijo de su madre vino esta tarde a provocarme?
Valentín: (hablando en voz baja) Con razón ya hasta le pusieron guardia dentro de la habitación. ¿A poco qué le dijo?
Antonio: (fastidiado) Se burló de mí y me aseguró que piensa quitarme a Dieguito para llevárselo junto con Lisandro a Estados Unidos mientras yo me pudro en el bote. Se atrevió a decirme que mi hijo lo iba a terminar llamando “papá”. ¿Lo puedes creer? De no ser porque estoy esposado a esta maldita cama le hubiera partido la madre a ese malnacido.
Valentín: Ya, patrón. Quédese tranquilo. Usted salió de una cirugía y no le hace bien ponerse así.
Antonio: ¿Cómo quieres que me quede tranquilo sabiendo que me pueden quitar a mi bebé, Valentín? Y lo que más me duele es que Lisandro se preste a todo eso. De seguro su abuela y el estúpido ese fueron los que lo convencieron. A saber si no trabajan juntos.
Valentín: Es lo más probable, solo que no tenemos pruebas. Lo importante es que toda esta bronca pronto se va a terminar y puede quedarse tranquilo. Ya Lisandro sabe la verdad.
Antonio: (sorprendido) ¿De veras?
Valentín: Sí, patrón. Tal como planeamos usted y yo, logré que la vieja confesara todo mientras la grababa sin que lo supiera. Esta mañana le mostré la grabación a Lisandro y no lo tomó nada bien.
Antonio: No me imagino. Enterarse así que su abuela es una vieja perra no debió ser fácil. ¿Qué pasó luego?
Valentín: Fuimos a denunciarla y los policías nos acompañaron a detenerla a su casa. Terminó soltándole toda la sopa. Hasta lástima me dio de Lisandro. El pobre se veía bien afectado.
Antonio: ¿Y dónde está? ¿Por qué yo sigo aquí esposado si en esa grabación ella confesó que estuvo detrás de todo de lo que me inculpa?
De repente, una pareja madura entra a la habitación.


Carlos: Hoy mismo te van a quitar esas esposas, hijo. De mi cuenta corre.
Antonio se sorprende en gran manera al reconocer a aquella pareja.
Antonio: Papá, mamá…
Fedora: (conmovida) Antonio, mi amor. ¡Ay, no sabes cómo te he echado de menos, hijo!
Fedora no tarda en dirigirse a la cama y abrazarlo. Antonio le corresponde, aunque notablemente desconcertado por aquella inesperada visita.
INT. / DELEGACIÓN, CELDA / DÍA
Marcus ha pasado a ver a Victoria, quien al verlo se acerca a los barrotes con una fulminante mirada.


Victoria: ¡Por fin llegas! Necesito que me saques de inmediato de esta maldita pocilga si no quieres que abra mi boca y termine contándole a Lisandro un par de verdades tuyas.
Marcus: No me amenace, doña Victoria. Recuerde que no está en condiciones.
Victoria: (furiosa) ¡No me intentes tomar del pelo! Mueve las influencias que tengas que mover, chantajea a quien sea, pero sácame de aquí. No pienso pasar la noche en este sitio.
Marcus: Ni aunque la quiera ayudar, podría hacer algo por usted. Su situación es bien complicada y la grabación que la policía tiene la compromete hasta el cuello.
Victoria: Me importa un rábano esa grabación. No pienso rendirme tan fácil después de todo lo que hice para llegar hasta donde estoy, así que me sacas o le digo a mi nieto que todo este tiempo te encompichaste conmigo para separarlo del repostero.
Marcus: (sonriendo con malicia) Ahí encerrada, dudo que pueda. Tengo a Lisandro comiendo de la palma de mi mano, señora y perfectamente lo puedo envenenar para que se olvide de usted y la termine odiando más de lo que ya la odia.
Victoria: No serías capaz, infeliz (Tensando la mandíbula).
Marcus: Fíjese que sí. Soy capaz de eso y mucho más. ¿Qué pensó? ¿Que iba a ser más inteligente que yo? Usted no es más una vieja estorbosa que me sirvió para que Lisandro terminara de olvidarse de Antonio y funcionó porque ya Lisandro aceptó casarse conmigo.
Victoria no dice nada, pero su furia habla por sí sola.
Marcus: Véalo de este modo. Usted, sin saberlo, fue la que trabajó para mí sin que yo moviera un dedo provocando la intoxicación, el incendio de la pastelería y el accidente de la modelo aquella. Yo la utilicé y ya que tengo lo que quiero, no me sirve.
Victoria se aferra iracunda a los barrotes.
Victoria: Ya quisieras tú haberme utilizado, gata. ¡Eso es lo que eres! Sacaste las uñas, pero no me llegas a los talones ni poniéndote una falda (Habla con mucho desprecio).
Marcus: (riéndose) Sus insultos de vieja resentida no me afectan. El que ganó fui yo mientras usted se va a pudrir aquí hasta que se muera que será de aquí a unos años.
Victoria: Ya veremos si logras algo sin mí. Aunque me muera de la ira aceptándolo, Lisandro no siente nada por ti y no va a dudar en dejarte por el repostero en cuanto esté libre.
Marcus: Para cuando eso pase, yo ya voy a estar lejos con Lisandro y asunto arreglado. Le agradezco la preocupación, pero de ahora en adelante sigo yo solo. Fue un placer, doña Victoria.
Marcus le lanza una sonrisa burlona a la anciana y se va.
Victoria: (histérica) ¡Vuelve aquí, infeliz! ¡No he acabado contigo! ¡No voy a dejar que te salgas con la tuya y me robes, desgraciado!
Victoria grita desgarrada y respira agitada al punto de que siente un leve mareo, por lo que se toca la cabeza.
Victoria: Debo pensar con cabeza fría. No me puedo alterar así. Algo tengo que hacer.
Victoria, aún mareada y corta de aire, se sienta en la cama. Marcus, entretanto, se reúne de nuevo con Lisandro en la sala de espera. El chico, al verlo, se pone de pie.


Lisandro: ¿Qué pasó? ¿Qué averiguaste?
Marcus: La situación es complicada, Lisandro. Hablé con el delegado a cargo y no quisiera ser pesimista, pero dudo que le den algún beneficio a tu abuela por lo de su edad. Como mucho, podrían hacerle exámenes para determinar niveles de azúcar, presión y esas cosas para seguir un tratamiento en prisión, pero nada más.
Lisandro: (con un nudo en la garganta) Me lo imaginé. Me duele mucho que tenga que acabar de esa forma, pero ella lo buscó.
Marcus: Sé que es difícil, pero no te desanimes. Vamos a estar pendientes de ella para lo que necesite en la cárcel mientras tú y yo hacemos nuestra vida juntos en Estados Unidos. Pronto nos vamos a casar y no debemos dejar que esto nos retrase.
Lisandro: No sé, Marcus. Creo que tendremos que aplazar unas semanas más el viaje. No puedo simplemente irme después de lo que pasó.
Marcus: ¿A qué te refieres? No hay nada que te retenga a este país. Tu vida de ahora en adelante va a ser conmigo.
Lisandro: ¿Y Antonio?
Marcus desencaja el rostro al oírlo.
Lisandro: Él fue una víctima en todo esto. Perdió su pastelería por culpa de mi abuela y terminó en la cárcel acusado de haberla querido matar.
Marcus: ¿Y qué puedes hacer? La responsable fue ella, no fuiste tú.
Lisandro: Puede que no haya sido yo, pero todas las tragedias que se le vinieron encima fueron por mí. No tienes ni idea de cómo me duele por dentro y lo de culpable que me siento.
Marcus: (molesto) ¿De verdad es solo eso o es que aún se te pasa por la cabeza perdonar a ese tipo? Te recuerdo que ya tienes un compromiso conmigo, Lisandro. Nos vamos a casar.
Lisandro: Marcus, ahora no es momento ni tampoco es el lugar.
De repente, la conversación es interrumpida por una llamada al celular del chico y él mira en la pantalla de quién se trata.
Lisandro: Espérame y ya luego seguimos la plática, pero por favor, no te pongas pesado. Trata de entender.
Marcus no dice nada y se aleja de mala gana. Lisandro también se retira un poco y contesta la llamada.
Lisandro: ¿Bueno? ¿Marina?
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA
Marina es quien habla al otro lado de la línea. Natasha se encuentra recostada en la cama cargando a Dieguito.


Marina: Hola, Lisandro. ¿Cómo sigues?
INTERCUT LISANDRO/MARINA
Lisandro: Pues ya te imaginarás. Supongo que Valentín ya habló contigo y te lo contó todo.
Marina: Sí y me cuesta creer que tu abuela haya sido capaz de tanto, aunque creo que muy en el fondo debiste presentirlo desde el momento en que fue capaz de llamarme para envenenarme contra ti.
Lisandro: Pues sí. Solo que no la creí capaz de hacer algo peor que una simple llamada para que tú me corrieras. No sé ni cómo pude ser tan menso y enceguecerme tanto. Tengo la cabeza hecha un lío.
Marina: Trata de estar tranquilo. Lo importante es que ahora todo se aclaró, además yo sé que hay algo que te puede alegrar en medio de todo esto (Se sonríe con Natasha).
Lisandro: (extrañado) ¿De qué se trata?
Marina: Tú vente para el hospital y acá nos vemos. Estoy segura de que te va a dar muchísimo gusto.
Lisandro: Va, nos vemos allá entonces. No estoy muy lejos. Me tardo unos 15 minutos.
Lisandro cuelga la llamada.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Antonio está conversando con sus recién llegados padres. Carlos está de pie mientras que Fedora se encuentra sentada a un lado de la cama. Valentín está cerca de la puerta.




Antonio: De veras que no me esperaba verlos. Hacía rato ni nos llamábamos. Pensé que definitivamente ya se habían olvidado de mí.
Fedora: ¿Cómo nos íbamos a quedar tan campantes allá sabiendo por todo lo que estabas pasando, hijo? (Le acaricia el rostro). En cuanto supimos, agarramos el primer vuelo para acá.
Antonio: (confundido) ¿Cómo se enteraron?
Carlos: Fue gracias a tu amigo Valentín.
Antonio mira con cierto reproche a Valentín, quien baja algo apenado la cabeza.
Carlos: Él nos contactó y nos contó todo, desde el problema legal en el que te metiste con la intoxicación de los pasteles, el incendio de tu pastelería y hasta el intento de homicidio del que te culparon.
Valentín: Sí, patrón. No es que le tuviera miedo a la vieja decrépita de la Victoria, pero ya ve cómo acabaron usted y Natasha cuando la fueron enfrentar, y pues pensé que a lo mejor yo podía correr con la misma suerte por irla a poner en evidencia mientras la grababa, así que puse a sus papás en sobreaviso por si algo me pasaba.
Antonio: Pues no debiste, hombre. Dudo mucho que la anciana esa fuera tan poderosa y tan indestructible para haberte atacado a ti también. Ni que fuera Rambo o Terminator.
Valentín: Yo sé, pero lejos tampoco está. Nada más le falta un bastón de metralleta y usted sabe. Era mejor prevenir. No me lo tome a mal.
Fedora: ¿Por qué le haces reclamos a tu amigo? Él solo estaba preocupado y quiso echarte una mano. ¿Acaso no te da ni una pizca de gusto vernos?
Antonio: No es eso, mamá, pero tampoco nos hagamos los mensos. Ustedes y yo sabemos que la última vez que hablamos discutimos bien feo cuando les dije que quería dejar la universidad. Me corrieron y me dijeron que era un bueno para nada, un vago.
Carlos: Estábamos enojados, Antonio, pero ya te lo dijo tu mamá. Nunca te podríamos abandonar, muchacho. Tú también evitaste todo contacto con nosotros en estos casi cuatro años.
Antonio: Pensé que era lo mejor. No quería recibir nada de ustedes y me las valí por mí mismo este tiempo para demostrarles que era capaz.
Carlos: Y no lo dudamos. Valentín nos contó que empezaste desde muy abajo para abrir tu pastelería. Hasta en internet vimos que se estaba volviendo muy popular hasta antes del incendio y créeme que nos dio mucho orgullo.
Fedora: ¿Cómo fue que terminaste metido en todo esto, hijo? Valentín no nos dio muchos detalles. Nada más nos dijo que una mujer era la que estaba detrás y te estaba haciendo la vida un infierno. ¿Quién es? ¿Por qué la agarró contigo?
Antonio guarda silencio ante tal pregunta.
Valentín: Yo mejor salgo y los dejo a solas para que platiquen a gusto. Con permiso.
Carlos: Propio.
Valentín sale y cierra la puerta tras sí. Antonio sigue sin responder, notablemente incómodo.
Fedora: ¿Qué pasa, Antonio? ¿Por qué no dices nada?
Antonio inhala, retiene el aire durante un par de segundos y exhala como preparándose para decirles la verdad a sus padres.
Antonio: ¿Se acuerdan de Lisandro?
Carlos y Fedora se miran algo extrañados.
Carlos: Sí, creo que era tu amigo de la universidad, ¿no? Te la pasabas con él. Varias veces lo llevaste a la casa para comer y estudiar.
Fedora: Era el muchachito ese que no nos gustaba si mal no recuerdo, el que tenía un aire medio afeminado, medio gay.
Antonio: Pues sí. Es ese. Fue por él que dejé la universidad.
Fedora: ¿Cómo?
Antonio: Mamá, papá… (Hace una pausa) Lisandro me confesó en ese tiempo que yo le gustaba (Fedora y Carlos se sorprenden). Y casi me vuelvo loco porque no sabía cómo tomarlo. Me sentí decepcionado, confundido, culpable, no sé… Fueron muchas cosas que me pasaron por la cabeza porque lo apreciaba y mejor tomé la decisión de alejarme.
Fedora: No entiendo. ¿Por qué simplemente no lo ignoraste y ya? ¿Por qué tenías que dejarlo todo por semejante estupidez? No somos ricos, pero vivíamos bien y nada te faltaba.
Antonio: Porque muy en el fondo a mí también me gustaba él.
Fedora desencaja el rostro al oírlo. Carlos sólo escucha con atención parado al frente de la cama. Lisandro, por su parte, justo está escuchando detrás de la puerta ligeramente entreabierta.

Antonio: Todo ese cariño y aprecio que le tenía no era más que algo bonito que él me hacía sentir, solo que no sabía. Por eso es que cuando me confesó que yo le gustaba, entré en etapa de negación o de shock, llámenlo como quieran. El caso es que toda la rabia que sentí ni siquiera fue contra él, sino contra mí mismo.
Lisandro no puede creer lo que escucha y se cubre la boca con la mano, sintiéndose sumamente conmovido. Antonio habla por primera vez en una inusual firmeza y confianza.
Antonio: Me dio rabia no poder aceptar que yo también lo quería y preferí huir como un cobarde.
Fedora: ¿Nos estás diciendo que eres gay?
Antonio: No. Les estoy diciendo que me enamoré de otro chavo.
Fedora: (levantándose la cama) ¿Te quieres burlar de nosotros?
Carlos: Fedora, por favor, déjalo terminar.
Fedora: (exasperada) Es que lo que está diciendo no tiene sentido.
Antonio: Para mí lo tiene, mamá.
Fedora:. Tú siempre fuiste un galán. Desde que eras un niño ya ibas por la escuela enamorando niñitas y ni se diga cuando estabas en la prepa. ¿Cuántas veces no tuve que correr a tus noviecitas cuando se encerraban en tu cuarto dizque a estudiar?
Antonio solo baja la cabeza y guarda de nuevo silencio. Fedora luce algo molesta.
Fedora: ¡Dinos algo! No te quedes solo callado y ya. ¿Eres gay o no?
Carlos: Fedora, no cometamos el mismo error que cometimos hace años cuando no lo dejamos ni siquiera hablar o decir lo que sentía.
Fedora, exasperada, solo se da la vuelta mirando hacia la pared.
Antonio: Para responder a tu pregunta, mamá, no. No soy gay. Si Valentín no se los dijo, tengo un hijo.
Fedora se sorprende y vuelve a encarar a su hijo con cierta curiosidad.
Antonio: Y también me gustan las mujeres como siempre me gustaron desde que era un niño, pero una cosa muy distinta es lo que siento acá dentro en el corazón y eso va más allá de que me gusten las mujeres o los hombres. Simplemente me enamoré de una persona.
Lisandro solloza escuchando la plática.
Antonio: A lo mejor ustedes no lo vayan a entender y tampoco les pido que lo entiendan. Nada más estoy siendo sincero y ni aún con todas las cosas que me hizo la abuela de Lisandro, podría odiarlo o dejarlo de querer, porque lo que siento es real.
Carlos: ¿Fue esa señora la que te hizo todo esto?
Antonio: (asintiendo) Sí. Quería separarme de él y casi que lo logró.
Carlos: No te preocupes. Como abogado, voy a encargarme de que te retiren todos los cargos lo antes posible. Te lo prometo. También me voy a encargar de hundir a esa mujer así como te hizo hundir a ti. De mi cuenta corre.
De repente, Fedora alcanza a percibir una sombra proveniente de la puerta entreabierta, por lo que se dirige y la termina de abrir. Lisandro se asusta un poco y ella lo reconoce.
Fedora: Eres tú, ¿no? Claro. Te recuerdo bien.
Antonio se sorprende al ver a Lisandro. Los dos cruzan miradas, aunque Lisandro la evade.
Fedora: ¿A qué viniste? ¿A seguir importunando a Antonio y a meterle tus ideas sucias y progresistas en la cabeza?
Antonio: Mamá, déjalo…
Fedora: Es este muchachito el que te debe dejar en paz a ti. Mira a dónde viniste a parar por culpa de él. Casi te mueres en la cárcel culpado de algo que no hiciste por su abuela. ¿Te parece poco?
Carlos: Fedora, ya fue suficiente. No vinimos para esto.
Fedora: Exacto. Tú lo has dicho. Vinimos para velar por el bienestar de nuestro hijo y eso es justo lo que estoy haciendo.
Lisandro: (apenado) Discúlpeme, señora. No era mi intención importunar. Yo solo quería…
Fedora: (riéndose con incredulidad) Claro que es tu intención. Desde hace cuatro años has estado enredando a mi hijo confundiéndolo. Antonio es un hombre en todo el sentido de la palabra y tiene un hijo. ¿De verdad crees que se va a fijar en ti?
Antonio: (molesto) ¡Ya basta, mamá! ¡Déjalo en paz!
Antonio siente un leve dolor por la cirugía y se queja.
Carlos: ¿Qué tienes, Antonio? ¿Te sientes bien?
Fedora: Lo mejor será que te largues, Lisandro y espérate muy pronto una demanda de nuestra parte por todo lo que tú y tu abuela le hicieron a Antonio. ¡Vete y olvídate de él!
Fedora cierra la puerta fuertemente en toda la cara del chico. Lisandro siente unas fuertes ganas de llorar, pero decide retirarse. Antonio sigue quejándose y hace una mueca por el dolor que sintió. Fedora se acerca a él.
Fedora: (preocupada) ¿Estás bien, hijo?
Antonio: Ya mejor déjame. Te pasaste con la escena que le armaste a Lisandro.
Fedora: Solo te quiero proteger. No voy a permitir que ese tipo te siga haciendo daño. Mira nada más cómo te pusiste.
Antonio: Me puse así por tu culpa. La que vino a importunarme después de cuatro años fuiste tú. Me acabo de sincerar con ustedes. Les conté cómo me siento, ¿y así reaccionas?
Fedora se siente mal y molesta al verse recriminada.
Carlos: Lo mejor es que descanses, Antonio. Después de todo, acabaste de salir de una cirugía y ya luego tendremos tiempo para hablar mejor. Además, debo ir tramitando lo de tu exoneración.
Antonio: Gracias, papá.
Carlos le esboza una sonrisa a su hijo y le da un abrazo. Fedora, entretanto, se adelanta y sale de la habitación sin despedirse.
Carlos: Vamos a estar aquí afuera por si necesitas algo.
Carlos le da una leve palmada en el hombro a su hijo y se retira cerrando la puerta tras sí
INT. / HOSPITAL, SALA DE ESPERA / DÍA
Marina y Valentín aguardan sentados. Ella carga como de costumbre al bebé.


Marina: Ay, qué bueno que fuiste lo suficientemente inteligente como para llamar a los padres de Antonio.
Valentín: ¿Es ofensa o halago?
Marina: (riéndose) Menso, ninguna de las dos. Nada más comentaba que fue buena idea. De seguro ellos se van a encargar de hundir aún más de lo que está a la vieja bruja esa.
Valentín: Eso espero. Hacía muchos años que no se veían.
Marina: Sí, algo de eso me comentó él cuando estuvimos juntos, como que se pelearon porque él dejó la universidad, pero no me dio muchos detalles. De igual tú ya sabes que mi relación con él empezó con el pie izquierdo.
Valentín: Y pues mejor, ¿no? Fue así que tuve una chance contigo.
Valentín le acaricia con suavidad el mentón mientras le sonríe.
Marina: Pues sí. Dicen por ahí que las cosas pasan por algo. Gracias a mi relación fallida con él y también lo que sentí por Lisandro es que ahorita estamos juntos tú y yo.
Valentín: Hablando de Lisandro, ahí viene ya.
Marina: (volteando a ver) Sí y con cara de velorio el pobre.
En efecto, Lisandro llega en ese momento caminando algo desanimado y pensativo.

Lisandro: Hola, chicos. Vine lo más rápido que pude. Marcus me dio un aventón. Qué pena la demora.
Marina: No te preocupes. Sabemos que no estás pasando ahorita por un buen momento con lo de tu abuela, pero ya sabes que cuentas con nosotros, ¿no?
Lisandro: (sentándose) Sí, yo sé y les agradezco. Sin Valentín a lo mejor no me hubiera dado cuenta nunca de todo el engaño tan vil de mi abuela y lo que más me atormenta es que fui demasiado injusto, demasiado imbécil y la culpa me está volviendo loco ahorita.
Valentín: No te des tan duro, Lisandro. Nada de lo que pasó fue tu culpa, sino de la momia esa que entre más envejece, más se le fermenta la maldad, con tu perdón otra vez, eh. No me agarres de a bolsazos de nuevo.
Lisandro: (esbozando una sonrisa) No, Valentín. Al que deberían agarrar a bolsazos, qué digo bolsazos, a cachetadas sería yo. Creo que de todo lo que más me duele son Natasha y Antonio.
Lisandro baja la mirada para ver al bebé con mucho pesar.
Lisandro: Se ensañó con los dos y esto también afectó a Dieguito que necesitaba tanto de sus papitos, y yo ya hasta de idiota estuve a punto de llevármelo lejos. No sé ni qué estaba pensando.
Lisandro gimotea y traga saliva. Marina y Valentín lo miran con pena.
Marina: Ya, Lisandro. Como te dijo Valentín, no te flageles tanto. Es más, si te pedí que vinieras fue para darte una buena noticia.
Lisandro: ¿De veras en medio todo esto hay buenas noticias?
Marina: (sonriendo) Sí que sí. Ya Dieguito no va a estar más sin sus papás y no lo digo solo por Antonio que va a salir libre cuando se aclaren las cosas.
Lisandro se queda pensativo al ver los rostros sonrientes de la pareja. El chico ata cabos y se limpia las lágrimas, sintiéndose algo confundido.
Lisandro: ¿Me estás diciendo que…? (Hace una pausa)
Marina: (asintiendo) Sí.
Marina parece confirmar con sus ojos y sonrisa lo que el chico piensa. Lisandro parpadea tratando de procesar la noticia.
Marina: Te está esperando. Me parece que tienen mucho de qué hablar.
Lisandro, con prontitud y algo exaltado, se levanta de la silla y comienza a caminar rápido por el pasillo que conecta con las habitaciones de los pacientes. Busca una en particular y entra sin ni siquiera tocar. Dentro, encuentra a Natasha recostada en su cama. Ella, aún con el semblante pálido, voltea a verlo con calma. Lisandro suelta un suspiro que parecía haber estado conteniendo.

Lisandro: (en un hilo de voz) Natasha…
Natasha le sonríe con calidez y conmovida por aquel reencuentro.
Natasha: Hola, Lisandro.
Lisandro se adentra a la habitación poco a poco, aún sin dar crédito.
Lisandro: ¡Dios mío! Estás… Estás despierta…
Lisandro no duda en dirigirse a la cama y ambos se abrazan durante varios segundos.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario