Capítulo 26: Reconciliación a la vista
INT. / DELEGACIÓN, CELDA / DÍA
Dante ha ido a ver a Victoria. Los dos son separados por las barras de la celda en la que ella se encuentra encerrada.


Victoria: Qué bueno que viniste tan pronto como te llamé. Tienes que ayudarme a salir de aquí, muchacho (Desesperada). Marcus ya me dio la espalda. Me dijo que piensa abandonarme aquí a mi suerte el muy maldito.
Dante: Sinceramente no veo cómo la puedo ayudar, señora. ¿A poco qué hizo para estar ahí metida?
Victoria: Mi nieto descubrió que todo este tiempo le mentí. Antes de que él conociera a Marcus, estaba enamorado de un miserable repostero que interfería en mis planes de casarlo con una mujer de dinero que me salvara de la bancarrota, así que contraté una modelo fracasada para que se metiera entre los dos.
Dante: ¿Y bien? Supongo que funcionó porque Lisandro tiene una relación con Marcus si no me equivoco.
Victoria: Funcionó, pero estuve cerca de que todo se echara a perder. La muy mustia se hizo la santa y me amenazó con revelarlo todo, y yo para evitarlo, mandé a un marginal de esos de barrio para que le causara un accidente. Incluso hasta le ordené que quemara la pastelería del repostero.
Dante: (sorprendido) No sabía que tenía usted esos alcances.
Victoria: Era eso o permitir que todo lo que he trabajado por décadas se me fuera a la mismísima mierda.
Dante: ¿Y qué pasó con la modelo? ¿Murió?
Victoria: Me hubiera gustado, pero cayó en coma. Incluso contraté una enfermera para que la mantuviera dormida.
Dante: Como sea, prefiero evitarme problemas, doña Victoria. Estamos hablando de intento de homicidio y hasta allá no voy. Es más, de haberlo sabido, ni me hubiera reunido con usted.
Victoria: Tú tampoco me puedes dar la espalda. Eres la única persona que me puede sacar de todo este lío.
Dante: Es que no veo cómo la puedo ayudar. Yo no tengo dinero para comprar la justicia si es eso a lo que se refiere.
Victoria: Pero Marcus sí que lo tiene. Chantajéalo con el video que le grabaste y amenázalo con divulgarlo si no me saca de aquí.
Dante: ¿Y de qué serviría que usted salga libre? Su nieto igual ya sabe la verdad.
Victoria: Da igual que la sepa. Puedo amenazarlo con matar a la modelo o al mismísimo repostero que está en la cárcel. Total, ya tengo una enfermera que la está tratando de mantener dormida para que no se despierte.
Dante: Lo siento por usted, pero no lo voy a hacer. Una cosa es que me quiera desquitar de Marcus, pero otra distinta es que ayude a una persona que ha intentado matar. No soy un criminal, señora.
Victoria: Piénsalo bien. Cuando Lisandro se case con Marcus, vamos a dejarlo en la completa miseria, en la calle arrastrándose como un gusano. ¿No es eso lo que querías?
Dante: Pues no. Si acepté meterme en la relación entre su nieto y Marcus fue porque él jugó conmigo, me desechó y me humilló. Yo nada más quería darle en el ego cuando su nieto lo dejara por mí, pero no quiero ser cómplice de cosas tan viles como las que usted ha hecho. Hasta nunca.
Dante se va. Victoria, desesperada, se aferra a las barras de su celda.
Victoria: ¡Espera, muchacho! ¡Piensa mejor las cosas! ¡Te puede ir bien conmigo! ¡No me dejes aquí!
Dante la ignora con firmeza y termina de irse. Victoria respira agitada y pega un grito lleno de frustración al ver que, por lo que parece, su final llegó.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA
Lisandro y Natasha platican. Él se encuentra de pie al lado de la cama y la toma de las manso.


Lisandro: (sonriendo) No te imaginas la alegría tan grande que me da ver que despertaste, Natasha. Con esto, te juro que se me quita una parte del peso tan gacho que traigo encima. No tengo ni cómo pedirte perdón en nombre de mi abuela por lo que te hizo.
Natasha: La que debe pedirte perdón soy yo, Lisandro. Supongo que Antonio habló contigo y te contó lo que hice. Yo soy la que no tengo cara para pedirte que me perdones.
Lisandro: En realidad no fue Antonio. Él le contó a Valentín y luego Valentín me contó a mí.
Natasha: (confundida) ¿Por qué? ¿Antonio y tú terminaron otra vez?
Lisandro: La verdad es que pasaron varias cosas y Antonio terminó en la cárcel, así que ya no pudimos hablar.
Natasha: (impactada) ¿Cómo que en la cárcel?
Lisandro: (suspirando) Ay, Natasha, es que… La noche de tu accidente, cuando me dijiste que detuviera a Antonio porque podía cometer una locura, me fui lo más pronto que pude junto con Marcus a la casa de mi abuela.
Natasha: ¿Y qué pasó?
Lisandro: Justo cuando entré, vi que mi abuela se caía por las escaleras (Natasha se sorprende). Y yo pensé que había sido Antonio el que la había empujado.
Natasha se impresiona en gran manera al ponerse al tanto de tales acontecimientos.
Lisandro: Resultado de la caída, mi abuela resultó inválida y lo denunció por intento de asesinato, y yo… (Llorando) Yo le creí…
Lisandro recuerda una conversación en particular con Victoria en el hospital.
FLASHBACK
Victoria: Yo estuve informada de cada detalle y de todo lo que sucedía contigo, entonces decidí citar a aquella muchacha, la exmodelo, la tal Natasha.
Lisandro: (sorprendido) ¿Por qué? Natasha nunca me lo dijo.
Victoria: Porque yo se lo pedí. No quería que tú supieras que estaba interviniendo. Quería mantenerme en bajo perfil y por eso le pedí a ella que fuera a mi casa anoche para que persuadiera a ese miserable y se alejara de ti.
Lisandro: Pero abuela, Antonio no es malo. Él cambió muchísimo y me lo ha demostrado.
Victoria: (con sarcasmo) ¿Y te parece que haberme tirado por las escaleras fue una manera de demostrarte lo mucho que cambió?
Lisandro: Entonces, ¿sí fue él?
Victoria: Claro que fue él. Rato después de que Natasha salió, llegó él a reclamarme y se puso violento (Llorando). Tuve tanto miedo, me amenazó de muerte y me insultó y no conforme con eso, me empujó por las escaleras. Estaba enojado porque quería apartarlo de ti.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro deja de recordar. Tal parece que acaba de narrarle aquella conversación a Natasha, quien no termina de dar crédito a lo que escucha.
Lisandro: Y fue así que ella arregló todo el malentendido a conveniencia. Me tragué sus mentiras como un imbécil y me porté sumamente injusto con Antonio que era inocente.
Natasha: (impactada) No lo puedo creer…
Lisandro: El pobre hasta resultó herido hace unos días en la cárcel y también estuvo mal, así como tú, mientras yo tan campante pensé en irme del país con Dieguito. No creí que tú fueras a despertar y que Antonio fuera a salir libre, así que lo quise adoptar (Muy apenado).
Natasha: (solloza) Ay, Lisandro… No sé ni qué decirte. No me imaginé que las cosas se fueran a complicar así por mi culpa.
Lisandro: Creo que el que más culpa tiene en todo lo que pasó soy yo que me dejé engañar por la víbora de mi abuela. Tuvo el descaro de admitir en mi cara que solo me quería utilizar para salvar la empresa de la familia que está en bancarrota. Mi propia abuela, Natasha… Mi propia abuela…(Llora desconsolado) ¿Cómo me pudo hacer una cosa así? ¿Cómo se las pudo hacer a ustedes?
Natasha: No me imagino cómo te sientes, pero si algo es cierto es que tú solo fuiste una víctima. Yo fui la que desde un inicio debió advertirte lo que tramaba esa señora desde el primer momento en que me contactó para meterme entre tú y Antonio.
Lisandro: ¿Y por qué te tardaste tanto en decirnos la verdad? Si hubieras hablado antes, hace mucho que mi abuela habría tenido un alto y nada de esto habría pasado. ¿Por qué te callaste tanto tiempo?
Natasha: Tuve miedo. Pensé que si les decía la verdad, Antonio me iba a correr y me iba a dejar sola con el niño, y me aterraba la sola idea de tener un bebé y a mi papá en el asilo sin un centavo.
Lisandro no dice nada, pero denota una cierta decepción y mira hacia la ventana. Natasha empieza a llorar muy arrepentida.
Natasha: Yo sé que estuvo muy mal, pero si Valentín no te lo dijo, solo acepté trabajar para tu abuela por mi papá enfermo. Además, lo de que no tenía trabajo sí era cierto. Mi jefe me corrió de la agencia porque no me quise acostar con él y necesitaba el dinero de tu abuela para pagar el asilo de mi papá.
Lisandro continúa guardando silencio mientras derrama lágrimas discretas.
Natasha: Así que, si buscas un culpable, ese no eres tú. Yo soy la que debí actuar a tiempo y no sabes lo mucho que me arrepiento, Lisandro. Perdóname, te lo suplico.
Lisandro voltea a verla con cierta lástima y los ojos enrojecidos.
Natasha: Es más, si quieres, denúnciame con la policía por haber sido cómplice de ella. Nada más te pido que no te vayas a llevar a Dieguito lejos. Él es lo más importante de mi vida y Antonio es su papá. Ustedes dos o Marina y Valentín que son sus padrinos lo pueden cuidar mejor que yo que ni me merezco haber sido mamá.
Lisandro: Tú no hiciste nada ilegal, Natasha. No te niego que tú y Antonio sí me lastimaron mucho, pero hace mucho que los perdoné por eso. Además, no se me olvida que tú me diste estadía en tu depa cuando Marina me corrió por las intrigas de mi abuela y eso significó mucho para mí.
Lisandro se acerca a ella y vuelve a tomarla de las manos.
Lisandro: Tú eres buena y todos cometemos errores, pero nunca vuelvas a repetir eso de que no te mereces ser mamá porque claro que te lo mereces. Tú eres una excelente madre…
Natasha se conmueve al escucharlo.
Lisandro: Y Antonio también es un gran padre. Dieguito llegó como una bendición para cambiarles la vida y hubiera sido un tremendo egoísmo de mi parte quitarles a la personita que les trajo tanta felicidad. Yo también te tengo que pedir perdón por eso.
Lisandro y Natasha se unen en un fraternal abrazo de perdón durante varios segundos, descargando y dejando ir las mentiras y las pequeñas rencillas que en un pasado hubo entre ellos.
INT. / DEPARTAMENTO DE LOS GUZMÁN / NOCHE
Carlos y Fedora llegan a un departamento no tan lujoso, pero sí amplio y moderno. Él se adentra y arroja las llaves sobre el sofá mientras que ella pone su bolso en la mesa para luego dirigirse al minibar y servirse un trago.


Carlos: (serio) ¿Tan temprano vas a empezar a beber?
Fedora: ¿Y tú ya vas a empezar a controlar mis decisiones?
Fedora destapa una botella de tequila y toma una de las copas en las cuales se sirve.
Carlos: Estoy preocupado por ti. De un tiempo para acá no has dejado de beber y de jugar en los casinos. No le dije nada a Antonio para no preocuparlo también, pero esta situación se te está saliendo de las manos, Fedora.
Fedora: (fastidiada) ¿Sabes qué? Déjame en paz. Hablas de no preocupar a nuestro hijo con mi supuesto problema, pero a él tampoco le sentaría bien saber que hace unos meses me pediste el divorcio.
Carlos: Ya hablamos de esto. Nada más estoy pensando en lo que es sano para los dos. Hace mucho que tú y yo dejamos de ser un matrimonio.
Fedora: Es lo que piensas tú, no yo. Jamás hablaste conmigo sobre lo que sentías. No quisiste que buscáramos juntos una solución como cualquiera pareja, sino que de golpe me pediste que nos separáramos. Es que no sé ni en qué momento me dejaste de querer cuando yo ni siquiera te he dejado de amar, Carlos (Muy dolida).
Carlos: Yo jamás he dicho que te haya dejado de querer.
Fedora: ¿Entonces? ¿Por qué tirar por la borda un matrimonio de casi treinta años? No te fue difícil irte de nuestra casa en Nueva York hace un año y acá nada más estamos quedándonos bajo el mismo techo mientras se soluciona el problema de Antonio. Se nota que ni me soportas.
Fedora, muy frustrada, le da la espalda a su todavía marido y se bebe de un solo sorbo el tequila que se había servido.
Carlos: Te equivocas. Si me fui de la casa era para evitar más peleas entre los dos y que termináramos faltándonos al respeto. ¿Es lo que tú quieres? ¿Que nos terminemos odiando?
Fedora no dice nada y vuelve a servirse otra copa de tequila.
Carlos: Además, justo por eso que estás haciendo es que las cosas se enfriaron. Empezaste a beber como una alcohólica y a apostar cada vez más. Hasta estuviste a punto de serme infiel en nuestra propia casa de no ser porque llegué.
Fedora, solloza, encara al hombre.
Fedora: ¿Y qué querías? ¿Que me resignara a la idea de tener un marido que no me miraba, que no tocaba y que llegaba tarde en la noche cuando ya estaba dormida? No quieras echarme la culpa cuando fuiste tú el que enfrió nuestro matrimonio.
Fedora vuelve a beber de un solo sorbo su tequila y asienta la copa fuertemente sobre la mesa.
Carlos: (dolido) Puede ser que sí. Quizá sí fui yo el que te descuidó. Tampoco soy perfecto y cometí errores queriendo sobresalir en el trabajo dejándote a ti de lado, incluso a nuestro hijo, y por eso te pedí una separación, no un divorcio.
Fedora: Es la misma cosa. No me salgas con lo mismo que nos dijo Antonio en el hospital de que no era gay, pero se enamoró de otro hombre. Pura palabrería barata para no decir la verdad.
Carlos: Antonio es un hombre lo suficientemente adulto para tomar sus decisiones y esta vez no quiero coartar su libertad como tú y yo hicimos hace años cuando nos dijo que no quería ser abogado. Esta vez quiero hacer las cosas bien como mi hijo.
Fedora: ¿Y qué hay de mí que soy tu esposa? ¿Conmigo no quieres hacer las cosas bien?
Carlos: Me gustaría y justo para eso es que quería que nos diéramos un tiempo, para que cada uno se evaluara y pensáramos si de verdad podíamos seguir con este matrimonio, pero veo tu alcoholismo nos está empujando a que nos divorciamos definitivamente.
Carlos, muy tajante, se retira. Fedora no puede evitar derramar un par de lágrimas y continúa sirviéndose más alcohol de forma compulsiva.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Lisandro llega cabizbajo y abre la puerta con su copia de llaves. Marcus justo estaba terminando de cocinar y de poner la mesa, por lo que al ver que el chico ha llegado, se seca las manos en un trapo y sale del comedor.


Marcus: ¡Lisandro! ¡Al fin llegas!
Lisandro: (desanimado) Hola, Marcus.
Marcus: ¿Cómo te fue? ¿Para qué te llamó Marina?
Lisandro: Natasha despertó del coma.
Marcus: (no muy contento) ¿Ah, sí? ¿Y cómo está?
Lisandro: (asintiendo) Bien. Apenas se está recuperando, pero de seguro de aquí a unos días le dan de alta.
Marcus: (pensando) Espero que a la vieja no le haya dado por hablarle a la modelo de mí, porque sino podría abrir la boca.
Lisandro: ¿Qué te pasa? Te quedaste callado así de repente.
Marcus: No es nada. Me alegra que tu amiga se haya despertado y vaya a mejorar. ¿Sabes? No hemos tenido tiempo de hablar bien sobre lo que pasó la otra noche cuando… Tú sabes, cuando quise estar íntimamente contigo.
Lisandro: La verdad es que sí me sacó de onda que me quisieras forzar a que tuviéramos intimidad.
Marcus: Yo nunca te forzaría a nada, Lisandro. Te amo y sé que a veces me porto como un imbécil contigo, pero no te quiero perder.
Marcus lo toma del mentón con delicadeza y le sonríe.
Marcus: Eres lo más lindo que tengo en la vida, ¿sabes? Y no sabes lo mucho que te deseo y hasta cómo fantaseo con el momento de poder estar contigo. No me lo tomes a mal y por eso me descontrolé, pero te voy a seguir esperando lo que haga falta.
Lisandro: Gracias, Marcus. En ocasiones siento que eres tan lindo y tan bueno conmigo que no te merezco ni tantito.
Marcus esboza una sonrisa ante tal comentario y recuerda con cierta culpa la noche apasionada que vivió con Dante.
Marcus: ¿Por qué mejor no vamos a comer? Quise preparar una cena medio especial y como no desayuné, no te imaginas el hambre que tengo. Me podría hasta comer un caballo.
Lisandro: (riendo) Eso te iba a decir. Huele riquísimo y ya hasta se me estaba haciendo agua la boca.
Marcus: Ah, bueno. Entonces sentémonos antes de que se enfríe. Te hice el plato de pastas a la carbonata que tanto te gustó la vez pasada que comimos.
Lisandro: Ay, no manches. Me leíste el pensamiento. Hacía días que tenía ganas de probarlo otra vez.
Marcus: Eso es para que no digas que no te consiento.
Marcus lo toma de la mano y lo lleva al comedor sonriendo de oreja a oreja. Lisandro también intenta acomodarse a pesar de que no se encuentra muy convencido de aquella relación.
DÍAS DESPUÉS
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, SALA / NOCHE
Lisandro se encuentra visitando a Marina. Dieguito se encuentra sentado en el mueble y Lisandro le hace gracias.


Lisandro: (sonriéndole) Mírate no más lo lindo que te has puesto, Dieguito. Cada vez te ves más precioso, eh. ¿Y cómo no si tu mamita es una modelo y tu papá es guapísimo?
Dieguito lo mira con curiosidad y se porta risueño moviendo una manito al azar.
Lisandro: ¿Y esa manito qué quiere decir, ah? ¿Me estás saludando?
Marina viene en ese momento de la cocina sosteniendo una taza de café y la pone sobre la mesa del centro para luego tomar asiento frente al chico.
Lisandro: Ay, Marina. No sé cómo pude pensar en llevarme a Dieguito del país. Creo que ni él me hubiera perdonado cuando creciera y se enterara de que lo aparté de sus padres.
Marina: En parte te entiendo. Tú solo querías lo mejor para el bebé, pero apartarlo de sus padres no iba a ser la mejor solución. Lo importante es que lograste reaccionar a tiempo, aunque a mí me parece que todavía tienes un par de cosas pendientes.
Lisandro toma el café y da un sorbo.
Lisandro: (confundido) ¿A qué te refieres?
Marina: Ay, Lisandro, no te hagas. Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Tu abuela ya está en la cárcel, ya todos los malentendidos se aclararon, pero ¿qué me dices de Antonio?
Lisandro baja la mirada al escuchar tal pregunta.
Marina: Justo antes de que todo esto pasara, tú y él estaban a punto de iniciar una relación, pero tú de la nada decidiste hasta comprometerte con Marcus y no me digas que lo quieres porque eso no te lo crees ni tú mismo.
Lisandro: Marcus es un muy buen hombre, Marina. Siempre se ha portado bien conmigo y me ha apoyado.
Mientras Lisandro dice aquello, irónicamente, se enfoca una escena de Marcus teniendo intimidad con Dante en el departamento del primero.
Lisandro: (voz en off) Me cocina, me da flores, me prometió hasta pagarme la universidad para que terminara mis estudios… Es casi como un príncipe azul de lo lindo que es.
Marcus besa efusivamente a Dante y baja por su cuello. Dante, a sus espaldas, sonríe con malicia. La escena regresa al departamento de Marina.
Marina: ¿O sea que nada más estás por él por la presión de corresponderle sus atenciones?
Lisandro: (apenado) No quiero herirlo o partirle el corazón.
Marina: ¿Y qué hay de ti? ¿Vas a traicionar lo que sientes por amarrarte a una relación sin amor?
Lisandro solo bebe su café con aquellas preguntas haciéndole eco en la cabeza.
Marina: Lisandro, tú no amas a ese tipo. Quizá lo aprecies, pero tú y yo sabemos que al que amas es a Antonio y él también te ama a ti.
Lisandro: Dudo que Antonio me perdone después de que casi le quito a su hijo y me fui contra él por creerlo culpable del accidente de mi abuela. Además, no le caigo ni tantito de bien a su mamá.
Marina: Pues ni modo. Le guste a ella o no, ustedes dos se quieren. Ya tu abuela te separó mucho tiempo de Antonio y ella ya no se va a interponer. Ahorita eres tú el que se está impidiendo de amar. Hazme caso y date una oportunidad con él.
Lisandro: No sé, Marina. Me da miedo la reacción que pueda tener Marcus. No me perdonaría si le hago daño, además Antonio me podría rechazar y eso me terminaría de doler aún más.
Marina: Mira, hagamos algo. Llévate a Dieguito al hospital y se lo llevas a Antonio. Por lo que Valentín me dijo, le van a dar de alta hoy y así pueden hablar. ¿Qué dices?
Lisandro termina de beberse su café pensando si tomar el consejo de su amiga.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / DÍA
Marcus y Dante han terminado su encuentro íntimo. Este último se encuentra en boxer y usa una camisa de botones completamente abierta mientras enciende un cigarrillo. Marcus, por su parte, reposa extasiado sobre la cama.


Marcus: No sé ni qué estoy haciendo.
Dante: (burlándose) El amor. ¿O es que necesitas que te dé unas clases de anatomía?
Dante absorbe el cigarrillo y luego suelta el humo.
Marcus: Tú y yo no nos amamos, así que no estamos haciendo el amor. No te equivoques.
Dante: ¿Y qué hay de tu novio? ¿Con él si lo haces?
Marcus: (exasperado) Ya mejor deja de hacer preguntas, vístete y vete que Lisandro puede llegar en cualquier momento.
Dante: Te importa mucho por lo que veo.
Marcus: Me voy a casar con él y lo amo, así que es obvio que me importa. Tu pregunta sobra.
Dante: ¡Ay, Marcus! ¿A quién quieres engañar? Si lo amaras y tuvieras ojos para él, no estarías llamándome para que me acueste contigo casi todos los días mientras él no está. Algo falta en esa relación.
Marcus: No pienso discutir mi relación contigo ni mucho menos lo que siento y si vas a andar cuestionando lo que hago, me busco otro que me calme las ganas y ya. Total, siempre fuiste bien desechable.
Marcus le sonríe con burla y se levanta de la cama para buscar su ropa. Dante lo mira con cierto resentimiento.
Dante: (muy serio) ¿Eso crees?
Marcus: (poniéndose la ropa interior) Claro y si no mírate. Siempre que te llamo vienes corriendo como hace años. He ahí la diferencia entre tú y Lisandro.
Dante: Sí, supongo que él ha sido más difícil para ti y no te da lo que buscas. Por eso es que no lo has botado como un trapo viejo, tal y como hiciste conmigo que tanto te quise.
Marcus: ¿Terminaste? Me voy a dar una ducha, así que me gustaría que no estuvieras aquí para cuando salga, ¿va?
Marcus entra al baño. Dante solo le sonríe con amargura y, sin decir nada, aprovecha aquel momento para buscar algo en particular. Con cautela y discreción, encuentra unos pantalones y saca de allí el celular de Marcus.
Dante: Vamos a ver qué dice tu novio cuando le cuente un par de cositas tuyas y te deje tirado.
Dante mira hacia al baño cuidando no ser visto. De fondo se escucha el sonido de la regadera y el muchacho busca entre los contactos a Lisandro para enviarle un mensaje haciéndose pasar por Marcus.
Dante: Te voy a demostrar que tú también eres desechable y vas a saber lo que siente, miserable.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Antonio se encuentra empacando algo de ropa en un bolso pequeño. El joven ya se encuentra más repuesto y de mejor semblante. Carlos entra a la habitación.


Carlos: Ya está todo listo, hijo. El médico ya autorizó tu salida. ¿Tú cómo te sientes?
Antonio: Bien, supongo, aunque no te miento que me preocupa lo que se viene de ahora en adelante. Ya sabes que mi pastelería se quemó, mi casero de seguro ya me corrió y tengo un hijo que sostener.
Carlos: Puedes quedarte con tu mamá y conmigo en el depa que tenemos acá en la ciudad. En cuanto a tu pastelería, ahora no tengo el dinero para ayudarte a reconstruirla, pero si quieres, te puedo ayudar con un puesto en el bufete de abogados para el que trabajo, solo que tendrías que venir con nosotros a Nueva York.
Antonio: (pensativo) No sé si quiera irme, papá. Mi vida está aquí, aunque tal vez sí acepte tu ayuda quedándome en tu depa mientras consigo otro trabajo. Prefiero seguir luchando por mis cosas y no recibirlas regaladas, pero créeme que te lo agradezco.
Carlos le esboza una sonrisa y le pone la mano en el hombro.
Carlos: Me siento muy orgulloso del hombre en el que te convertiste.
Antonio: ¿De veras? ¿No te molesta el hecho de que, tú sabes, que me haya enamorado de otro chavo?
Carlos: Para nada. Sí me confundió como a tu mamá, pero ya estás grandecito para saber lo que sientes y lo que haces con tu vida. No te pienso cuestionar. Además, cuando defendías lo que sentías por ese muchacho, me recordaste a mí, ¿sabes?
Antonio: ¿Ah, sí? ¿Por qué?
Carlos: Porque yo también de joven era como tú. Defendía lo que sentía o lo que pensaba sin importar lo que me dijeran los demás. Me imagino que eso lo sacaste de mí. Yo sé que a tu mamá luego se le va a pasar. Dale tiempo.
Antonio: (poco convencido) Ya veremos.
De repente, Lisandro llega cargando a Dieguito y toca la puerta entreabierta.

Lisandro: Buenos días. Perdón que interrumpa.
Antonio y Carlos voltean. El primero no puede evitar que se le dibuje una leve sonrisa al ver a su hijo, pero también al chico.
Carlos: Lisandro, cuánto tiempo.
Lisandro: (tímido) ¿Cómo está, don Carlos?
Carlos: Bien se podría decir. He trabajado mucho en el bufete y me ascendieron hace unos meses. ¿Tú qué tal? ¿Te graduaste de tu carrera? Si mal no recuerdo estudiabas diseño gráfico, ¿no?
Lisandro: Sí, señor, pero desgraciadamente la tuve que interrumpir cuando mis abuelos me mandaron para acá como si me hubieran exiliado.
Carlos: Espero que luego podamos hablar largo y tendido. Como sabrás, voy a interponer una demanda a tu abuela por lo que le hizo a mi hijo y te imaginarás que pienso ser implacable. Espero que no tengas problema con eso.
Lisandro: Para nada. Yo más que nadie sé las cosas tan horribles que ella hizo y si necesita mi ayuda para testificar o algo, cuente con ello.
Carlos: Me da gusto escucharlo. ¿Y este niño? No me digas que…
Antonio: (sonriendo) Sí, papá. Es tu nieto.
Antonio se acerca. Lisandro le pasa al bebé para cargarlo, pero le sigue rehuyendo la mirada.
Antonio: Te presento a Dieguito.
Carlos: (sonriendo) Hola, Dieguito. Qué gusto conocerte.
Carlos le toma una de las manitos.
Carlos: Tenía muchas ganas de verte y mira nomás lo mucho que te pareces a tu papá.
Antonio: Claro. ¿A quién más crees que le iba a sacar lo cuero y lo guapetón?
Antonio flexiona uno de los bíceps a modo de broma. Carlos se ríe. Lisandro también lo hace con discreción.
Carlos: Veo que lo galán y lo creído no se te ha quitado, pero te recuerdo que lo guapo también me lo sacaste a mí, muchacho. Es de familia, así que no te creas tanto, con decirte que de no haber sido abogado, hubiera podido ser modelo o actor.
Antonio: Ay, sí, tú. Ya te agarró la nostalgia y la melancolía de abuelito pensando en la época de los dinosaurios.
Carlos: (riéndose) Óyeme, no te pases. Mejor los dejo a solas para que hablen y te espero en la recepción antes de que te dé un coscorrón por faltarme al respeto.
Antonio: Va.
Carlos: Hasta luego, Lisandro.
Lisandro: Hasta luego, don Carlos.
Carlos se retira de la habitación y cierra la puerta tras sí. Un silencio incómodo se forma en ese momento. Lisandro incluso se ve algo nervioso y frunce los labios.
Antonio: Óyeme, Dieguito, ¿por qué no le dices a Lisandro que lo quiero harto? Parece que se lleva mejor contigo que conmigo. Hazme el favor y te compro un helado. ¿Trato?
Antonio, muy jocoso, toma la mano del bebé y la aprieta con delicadeza para luego darle un beso en la cabecita.
Lisandro: Todavía no tiene los seis meses. Debes esperar tantito para que coma algo más.
Antonio: Órale, hasta que por fin hablaste y fue nomás para tratarme de idiota.
Lisandro: Claro que no. Tan solo te recuerdo que los bebés no deben consumir más que leche hasta los seis meses. Lo leí en un libro.
Antonio: Huy, pues perdón. ¿Qué culpa tengo de ser padre primerizo? ¿Oíste eso, Dieguito? Lisandro vino para decirme menso en la cara. Qué poca, ¿no? ¿Ves por qué te digo que le caigo mal? Échame una mano con él, ¿sí?
Lisandro sonríe por las bromas del hombre.
Lisandro: Bueno, yo… Quise traerte al niño en persona. Marina debía ir a su trabajo y su jefe no le dio permiso para cuidarlo hoy, así que le eché una mano. Ya me retiro.
Antonio: ¿Así nomás te vas?
Lisandro se queda en silencio aún con la cabeza baja. Antonio lo mira enamorado y con una sonrisa leve.
Antonio: ¿Te digo algo? Te extrañé mucho, Lisandro.
Lisandro no puede evitar estremecerse al oírlo.
Antonio: No sabes lo mucho que sufrí pensando que te había perdido para siempre mientras estuve encerrado en la cárcel y más me dolió que quisieras llevarte a mi bebé lejos de mí.
Lisandro comienza a sollozar y siente un amargo nudo en la garganta.
Antonio: Pero quiero pensar que solo querías lo mejor para mi hijo así hubieras estado equivocado. Después de todo, con Natasha en coma y yo en la cárcel, Dieguito iba a estar muy solo y tú lo querías proteger.
Lisandro: Igual no tenía derecho. Me porté como un egoísta. Debí creerte, debí escucharte y no haber sido tan ingenuo. Ay, Antonio, yo… (Hace una pausa) Yo no tengo ni cara en este momento para mirarte.
Antonio toma con delicadeza el mentón del chico y lo alza. Es así como los dos se miran durante varios segundos.
Lisandro: Perdóname… Fui un idiota. No sabes lo mucho que lamento todo y lo rabia que siento contra mí mismo por haber sido tan injusto contigo.
Antonio no deja de sonreírle y con una de las manos le limpia las lágrimas.
Antonio: No tengo nada que perdonarte porque te amo.
Lisandro se suelta al llanto al escucharlo decir esas palabras.
Antonio: Te amo como no amé a nadie antes, Lisandro.
Lisandro: ¿Y no me odias después de todo lo que mi abuela te hizo?
Antonio: Claro que no, hombre. Yo sé muy bien que ella te tenía engañado y te dijo esa sarta de mentiras para separarte de mí.
Lisandro: De igual manera, me porté muy injusto contigo cuando fui a la cárcel ese día junto con ella.
Antonio: Sí, pero hasta te entiendo. Yo nunca me porté bien contigo. Te humillé y te lastimé muchas veces por idiota, por no querer reconocer que en el fondo te quería. Fui bien inmaduro y lo reconozco. Yo también cometí errores, ¿o ya se te olvidaron todos los corajes que te hice pasar?
Lisandro: (asintiendo) Claro, me acuerdo muy bien, pero créeme que ni aún con todos esos corajes, quise irme contra ti por odio. Yo nunca podría odiarte, Antonio. Eso te lo juro con mi vida.
Antonio: Yo sé y era natural que le creyeras a la vieja esa por ser tu abuela porque ya venías con un mal concepto de mí.
Lisandro: No sé si me merezca que seas tan indulgente conmigo.
Antonio: Yo te conozco, Lisandro. Te pasas de bueno y de menso, y por eso sé que no serías capaz de hacerle daño a nadie. Tú no me lo has dicho, pero ya sé que hasta el niñito rico ese de Marcus también debió haberte envenenado en contra mía.
Lisandro recuerda un fragmento de una conversación que tuvo con Marcus en el hospital el día que Victoria cayó por las escaleras.
FLASHBACK


Lisandro: (pensativo) Gracias, Marcus. Tú siempre has hecho tanto por mí y yo, sin embargo, siempre he sido tan menso. Tú me lo advertiste y no lo quise ver…
Marcus: ¿Qué quieres decir?
Lisandro: El que mi abuela esté ahora en ese estado es culpa de Antonio. Él la empujó por las escaleras y ella no se pudo defender.
Marcus: Antonio quería matarla. Por eso te digo que no puede andar por ahí como si nada. Ese imbécil llegó muy lejos y tiene que pagar por lo que hizo.
Lisandro: Pero no puedo denunciarlo sin saber qué pasó entre ellos. Debe haber alguna razón para que Antonio hiciera algo así.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro deja de recordar.
Antonio: ¿Me lo vas a negar? Dime si no estoy en lo cierto.
De repente, el chico tiene otro recuerdo inédito de otra conversación que tomó lugar el mismo día del recuerdo anterior.
FLASHBACK
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / DÍA
Lisandro y Marcus llegan algo cansados. El primero es quien se ve más afectado.
Lisandro: Todavía no puedo creer que Natasha haya caído en coma. Me preocupa muchísimo Dieguito.
Marcus: Antonio no va a poder hacerse cargo solo de él y menos con lo que se le viene encima.
Lisandro: ¿A qué te refieres?
Marcus: Lisandro, el tipejo ese no puede andar tan tranquilo por la calle después de que intentó matar a tu abuela. Lo más normal es que termine en prisión. ¿Qué va a ser de ese pobre chamaquito sin sus padres?
Lisandro: Tienes razón. Lo que me deja un poco más tranquilo es que Marina y Valentín son sus padrinos. Ellos de seguro van a poder hacerse cargo mientras se soluciona todo.
Marcus: Yo no sería tan optimista. Por lo que me has contado, esos dos tienen planes de casarse y dudo mucho que vayan a querer hacerse cargo de un niño que no es su hijo.
Lisandro: No creo que ellos piensen de esa forma tan egoísta. Por algo aceptaron ser los padrinos del bebé.
Marcus: Esos son puros protocolos y tradiciones anticuadas, Lisandro. En la práctica, ningún padrino se va a hacer cargo de su ahijado luego de la muerte de los padres. Si no haces algo, ese niño va a terminar en un orfanato.
Lisandro: ¿Tú crees?
Marcus: Claro. Lo estuve pensando de camino acá y lo mejor es que seas tú el que se haga cargo. Yo te puedo ayudar para que te quede la custodia a ti. El más indicado para cuidar al niño vas a ser tú. Hazme caso.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro asiente con la cabeza.
Antonio: ¿Lo ves? El riquillo ese no es más que es un pendejo que también te ha estado manipulando, con decirte que me odia y vino hace días para provocarme diciéndome que me iba a quitar a mi hijo.
Lisandro: (sorprendido) ¿De verdad?
Antonio: Claro. Me lo restregó en la cara y se burló de mí. A saber si él y la bruja de tu abuela no se aliaron para separarnos mientras tú sigues pensando que es un príncipe azul.
Lisandro se queda pensativo al contemplar tal posibilidad.
Antonio: Así que ya quita esa cara. Yo no te puedo odiar porque te amo con todo el corazón y nada me haría más feliz que ahora que se te cayó la venda de los ojos, nos demos la oportunidad que esos dos nos han robado.
Lisandro derrama un par de lágrimas.
Lisandro: Quisiera, pero algo por dentro me frena. Es como si la culpa no me dejara o como si no pudiera sentir que me merezca ser feliz contigo. Lo veo como irreal, como una fantasía y me da miedo que otra cosa pase y nos termine separando. Me da reteharto miedo.
Antonio: Esta vez no va a ser así. Nada más tienes que dejar todos esos fantasmas del pasado y mirar al futuro conmigo porque yo ya hace rato que veía mi futuro a tu lado.
Lisandro: (limpiándose las lágrimas) Tú diciéndome esas cosas tan bonitas me parece de no creer.
Antonio: Te las digo porque me traes loquito por ti. ¿Por qué más?
Lisandro: Es que parece un sueño. No tienes idea las muchas veces que me lo imaginé, pero siempre me conformé con saber que eran puras fantasías de un niñito enamorado.
Antonio: La diferencia es que ya no eres tú solo el enamorado porque yo también estoy enamorado un resto de ti y si me escuchaste ese día platicando con mis padres, me faltaron los huevos para admitirlo antes.
Lisandro: ¿Y me podrías esperar? Siento que tengo que poner en orden mis ideas, la situación de mi abuela, mi relación con Marcus, son muchas cosas de golpe…
Antonio: Tómate el tiempo que quieras. Al fin y al cabo tú, ya me esperaste cuatro años y sería bien cínico de mi parte forzarte. Nada más no te olvides de este tarado que te ama tanto, eh.
Lisandro y Antonio se quedan viendo varios segundos como si sus miradas se atrajeran como imanes y quisieran decirse más cosas. No obstante, el primero, sin mediar palabra, se da la vuelta y sale de la habitación. Antonio se queda viéndolo.
Antonio: Dile adiós a Lisandro, Dieguito. Míralo, por allá se va.
Antonio le mueve con delicadeza la manito al niño para que se despida y luego de unos segundos habla para sí mismo.
Antonio: Espero que sí lo pienses y vuelvas.
Carlos, por su parte, afuera de la habitación sale de una columna. Tal parece que había estado escuchando la conversación y se ve algo serio. Entretanto, Lisandro se dirige a la salida del hospital cuando recibe un mensaje en su celular, el cual se apresura a leer y lo deja extrañado.
Lisandro: ¿Y esto?
INT. / GIMNASIO, BAÑOS / DÍA
Marcus recién termina de hacer ejercicio y suda aparatosamente. Entra al baño cargando una toalla en el hombro y se echa un poco de agua en la cara. Es cuando, a través del reflejo del espejo, cruza miradas con otro hombre joven que apenas se cubre con una toalla. Marcus lo mira con deseo y aquel desconocido tampoco le es indiferente. Parece que con la mirada lo convidara a entrar con él a la ducha. De repente, recibe un mensaje en su celular que lo interrumpe. El hombre quisiera ignorar la notificación, pero decide ojear por encima de qué se trata.

Marcus: (extrañado) ¿Un video?
Marcus decide abrir el mensaje enviado. Dante es el remitente, quien, en efecto, le ha enviado el comprometedor video donde ambos tienen un encuentro íntimo. Marcus desencaja el rostro por completo y enfurece.
Marcus: ¿Qué mierda hiciste, Dante?
De inmediato, intenta llamarlo, pero se frustra al ver que la llamada se va al buzón de voz.
Marcus: Contesta, maldita sea. Contesta.
INT. / BAR / DÍA
Más tarde, se ve a Lisandro entrando a un bar que apenas tiene clientes. Incluso la música no tiene tanto volumen. El chico busca entre las pocas personas que hay a alguien.


Lisandro: No entiendo. ¿Por qué Marcus me citó justo aquí?
De repente, escucha una voz desconocida que lo llama por el nombre desde atrás.
Dante: Tú debes ser Lisandro, ¿no?
Lisandro se da la vuelta y se extraña al ver a Dante, pues no le es para nada familiar.
Lisandro: Sí, soy yo. Discúlpame, ¿nos conocemos? (Intenta hacer memoria).
Dante: Tú a mí no y yo tampoco te conozco mucho, aunque sí sé quién eres. Sé que vienes buscando a Marcus, pero él no va a venir.
Lisandro: No entiendo. ¿También conoces a Marcus?
Dante: Bastante y lo suficiente para que tú también sepas la clase de tipejo con el que andas. ¿Por qué no te sientas? Tengo mucho qué contarte y algo que mostrarte. Ando en buen plan.
Lisandro mira al joven con suspicacia, pero también denota cierto interés y curiosidad.

Las horas pasan y ya ha caído la noche en la ciudad que se engalana con sus rascacielos, edificios y avenidas iluminadas por lámparas, así como también concurridas de autos y personas. Lisandro se baja del ascensor en el piso en el que vive y se dirige al departamento, pero antes de poner las llaves en la cerradura, se queda pensativo, respira profundo y entra. Marcus aguarda allí, sobre el sofá, con un par de botellas de alcohol regadas en el piso.


Marcus: (notablemente ebrio) Bienvenido, Lisandro.
Lisandro: Hola, Marcus.
Marcus: Te estaba esperando. Te quedaste todo el día por fuera.
Lisandro: Veo que estabas bebiendo otra vez.
Marcus: ¿Y cómo no quieres que beba después de que estuviste revolcando con el repostero ese todo el día mientras yo como un imbécil te llamé no sé cuántas veces?
Lisandro: ¿De qué estás hablando?
Marcus: Ah, ¿me lo vas a negar? ¿Por qué no admites que eso hiciste? Como ahora resultó que es inocente, ya no tienes impedimento para estar con él.
Lisandro: (muy serio) Marcus, creo que necesitamos hablar y si apagué mi celular fue para evitar hablar contigo, pero veo que en ese estado no me vas a escuchar. Mañana regreso.
Lisandro se dispone a retirarse. Marcus se levanta rápidamente del sofá y lo alcanza jalándolo del brazo.
Marcus: Tú de aquí no sales (Cierra la puerta). No te vas a seguir burlando de mí, Lisandro y tampoco voy a permitir que me veas la cara.
Lisandro: Marcus, tú no estás bien. Deja que hablemos luego cuando se te pase la borrachera.
Marcus: Dime algo. ¿Qué tiene ese repostero bruto y ordinario que no tenga yo? ¿Tanto te gusta cómo te coje?
Lisandro: (ofendido) Óyeme, no voy a permitir que me hables así.
Marcus lo toma con brusquedad del mentón.
Marcus: Tú no eres quién para decirme lo que debo o no debo hacer. No eres más que un niñito inmaduro y malcriado que ha jugado conmigo a su antojo, pero ya me harté. ¿Escuchaste? ¡Me harté! (Lo suelta de mala gana).
Lisandro: No sé qué tanto me reclamas mientras todos estos días estuviste acostándote con tu ex aquí cuando yo no estaba.
Marcus se sorprende al escucharlo.
Lisandro: Incluso estabas al tanto de todo lo que mi abuela hizo. Tú y ella estaban aliados para separarme de Antonio. No sé cómo me pudiste engañar a mí también de esa manera.
Marcus le da la espalda al sentirse recriminado.
Lisandro: Y como te imaginarás, fue tu mismo ex, Dante, el que me lo contó todo. No sé cómo consiguió mi número, pero no me extraña. De seguro lo sacó de tu celular sin que tú lo vieras y me mostró algo que hubiera preferido no ver.
Marcus empuña las manos y siente que le ira se apodera de él.
Lisandro: Mira, Marcus. Tú te puedes acostar con quién quieras. Total, esta relación de los dos es una completa farsa y no tiene ni pies ni cabeza. Tú y yo no tenemos ningún futuro juntos empezando porque yo solo te aprecio.
Marcus: Deja de repetírmelo.
Lisandro: Es que esa es la verdad y ya antes de ver ese video que vi, estaba pensando muy seriamente en nosotros dos. Yo no te amo. Entiéndelo y por lo visto tú tampoco me amas a mí y nada más estás encaprichado.
Marcus: (furioso) ¡Que te calles, maldita sea!
Marcus se voltea y fuera de sí, le da una bofetada con el dorso de la mano al chico. Lisandro respira agitado, con los ojos desorbitados ante tal comportamiento y se asusta.
Lisandro: Creo que mejor me voy de una vez.
Lisandro intenta abrir la puerta. Marcus lo detiene jalándolo de nuevo del brazo y empujándolo al piso.
Marcus: ¡Tú te vas cuándo yo lo diga! (Pone seguro a la puerta). No creas que voy a perder el tiempo contigo así como si nada.
Lisandro: Estás loco. ¿Qué te pasa?
Marcus: (riéndose) No me vas a humillar más. Antes de ti a mí nadie me rechazaba. Podía estar con el uno y con el otro a la hora que se me diera la gana, pero te conocí y eso cambió. Tú te diste el lujo de rechazarme.
Lisandro se arrastra en el piso y se pone de pie. Marcus lo acorrala poco a poco.
Marcus: ¿Y sabes una cosa? Tienes toda la razón. Yo no te amo y lo único con lo que he fantaseado todos estos meses es con ser el primero. Me lo merezco después de andar detrás de ti como un pinche pendejo.
Lisandro: Estás muy equivocado si crees que me puedes obligar.
Marcus: (en tono irónico) ¿Ah, no?
Marcus se saca una pistola de por dentro del pantalón y le apunta al chico. Lisandro siente un vacío y un frío que le recorre el cuerpo al verse ante tal amenaza.
Marcus: No me provoques, Lisandro. Nada me cuesta matarte si se me da la gana.
Lisandro: (asustado) Marcus, baja eso y hablemos. No tienes que llegar a esos extremos.
Marcus: Tú me obligaste y sacaste una parte de mí que hacía rato tenía enterrada. Yo nunca fui el orgullo de mis padres, ¿sabes? Y menos cuando estaba en la escuela. No era el estudiante brillante que ellos querían.
Marcus comienza a sollozar. Podemos ver aquellos momentos que él narra en secuencias de escenas rápidas.
Marcus: Me sentía diferente. Yo sabía que me gustaban los hombres y hasta sufrí de bullying. No tenía en quién refugiarme más que en la pornografía. Tanta soledad, tanto desprecio me llenó de odio, de rencor… ¡Estaba harto de esos malditos que se burlaban de mí!
Lisandro respira agitado escuchándolo.
Marcus: Y no tenía cómo defenderme hasta que vi una de estas bellezas escondida en el despacho de mi papá (Se refiere a la pistola mientras juega con ella en la mano). No lo dudé ni un segundo, la tomé y al día siguiente, después de clase, les disparé a un par de bastardos que no me dejaban tranquilo.
Lisandro se impacta al oírlo. Marcus llora al recordar su adolescencia.
Marcus: Los dejé heridos nada más, pero fue lo suficientemente grave para que me expulsaran y mis padres me mandaran a un internado en el extranjero. Fui ahí donde me propuse que nadie más me iba a pisotear. ¡Yo tenía que ser al que le rogaran, al que buscaran, al que le pidieran sexo! Y me funcionó.
Marcus llora mientras sonríe fuera de sí y muy trastornado.
Marcus: No te imaginas a cuantos imbéciles enamoré; a cuantos incluso los desvirgué… Dante fue uno de los que más se arrastró como una cucaracha por mí y tú llegaste para cambiarlo todo, Lisandro, pero eso se acabó.
Lisandro: Siento mucho todo lo que pasaste, pero tienes que darte cuenta que nada de lo que has hecho está bien. Necesitas ayuda, Marcus.
Marcus: No quiero tu lástima ni tus ridículos sermones. Lo único que quiero es que te quites la ropa y me des lo que tanto busqué, así que ya ándale y desvístete.
Lisandro: No lo voy a hacer.
Marcus: Deja de provocarme, Lisandro. No olvides que ya tengo experiencia con esta cosa.
Lisandro: Pues hazlo. Dispara a ver si eres capaz, pero no voy a cumplirte tus caprichos y a seguir alimentando tu ego. Conmigo no vas a hacer lo que hiciste con esos otros chavos.
Marcus: ¡Muy bien! Tú quisiste que hiciéramos esto por las malas.
Marcus agarra a Lisandro de la camisa mientras le apunta con la pistola en la cabeza. Lisandro siente que el miedo lo paraliza y Marcus comienza a arrastrarlo con él hacia la habitación, pero el chico niega e intenta quitarle la pistola.
Lisandro: (llorando) ¡Ya basta, Marcus, por favor!
Marcus: ¡No te muevas! (Grita preso de los nervios)
Lisandro: Para con esto. Te lo suplico.
La tensión se apodera de la escena mientras ambos forcejean con la pistola de arriba hacia abajo.
Lisandro: Yo sé que en el fondo no eres así. ¡Detente!
Marcus: ¡Que te dejes de mover, maldita sea!
De repente, se oye un ensordecedor disparo que los paraliza a ambos. Parece que ninguno entiende por un segundo lo que acaba de pasar y apenas pueden reaccionar. Lisandro suelta un gemido y se echa hacia atrás poniéndose la mano en una prominente herida en su abdomen. Es él quien ha recibido el disparo. Marcus observa impactado y deja caer la pistola que parece haciendo eco al tocar el piso.
CONTINUARÁ…


Victoria: Qué bueno que viniste tan pronto como te llamé. Tienes que ayudarme a salir de aquí, muchacho (Desesperada). Marcus ya me dio la espalda. Me dijo que piensa abandonarme aquí a mi suerte el muy maldito.
Dante: Sinceramente no veo cómo la puedo ayudar, señora. ¿A poco qué hizo para estar ahí metida?
Victoria: Mi nieto descubrió que todo este tiempo le mentí. Antes de que él conociera a Marcus, estaba enamorado de un miserable repostero que interfería en mis planes de casarlo con una mujer de dinero que me salvara de la bancarrota, así que contraté una modelo fracasada para que se metiera entre los dos.
Dante: ¿Y bien? Supongo que funcionó porque Lisandro tiene una relación con Marcus si no me equivoco.
Victoria: Funcionó, pero estuve cerca de que todo se echara a perder. La muy mustia se hizo la santa y me amenazó con revelarlo todo, y yo para evitarlo, mandé a un marginal de esos de barrio para que le causara un accidente. Incluso hasta le ordené que quemara la pastelería del repostero.
Dante: (sorprendido) No sabía que tenía usted esos alcances.
Victoria: Era eso o permitir que todo lo que he trabajado por décadas se me fuera a la mismísima mierda.
Dante: ¿Y qué pasó con la modelo? ¿Murió?
Victoria: Me hubiera gustado, pero cayó en coma. Incluso contraté una enfermera para que la mantuviera dormida.
Dante: Como sea, prefiero evitarme problemas, doña Victoria. Estamos hablando de intento de homicidio y hasta allá no voy. Es más, de haberlo sabido, ni me hubiera reunido con usted.
Victoria: Tú tampoco me puedes dar la espalda. Eres la única persona que me puede sacar de todo este lío.
Dante: Es que no veo cómo la puedo ayudar. Yo no tengo dinero para comprar la justicia si es eso a lo que se refiere.
Victoria: Pero Marcus sí que lo tiene. Chantajéalo con el video que le grabaste y amenázalo con divulgarlo si no me saca de aquí.
Dante: ¿Y de qué serviría que usted salga libre? Su nieto igual ya sabe la verdad.
Victoria: Da igual que la sepa. Puedo amenazarlo con matar a la modelo o al mismísimo repostero que está en la cárcel. Total, ya tengo una enfermera que la está tratando de mantener dormida para que no se despierte.
Dante: Lo siento por usted, pero no lo voy a hacer. Una cosa es que me quiera desquitar de Marcus, pero otra distinta es que ayude a una persona que ha intentado matar. No soy un criminal, señora.
Victoria: Piénsalo bien. Cuando Lisandro se case con Marcus, vamos a dejarlo en la completa miseria, en la calle arrastrándose como un gusano. ¿No es eso lo que querías?
Dante: Pues no. Si acepté meterme en la relación entre su nieto y Marcus fue porque él jugó conmigo, me desechó y me humilló. Yo nada más quería darle en el ego cuando su nieto lo dejara por mí, pero no quiero ser cómplice de cosas tan viles como las que usted ha hecho. Hasta nunca.
Dante se va. Victoria, desesperada, se aferra a las barras de su celda.
Victoria: ¡Espera, muchacho! ¡Piensa mejor las cosas! ¡Te puede ir bien conmigo! ¡No me dejes aquí!
Dante la ignora con firmeza y termina de irse. Victoria respira agitada y pega un grito lleno de frustración al ver que, por lo que parece, su final llegó.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE NATASHA / DÍA
Lisandro y Natasha platican. Él se encuentra de pie al lado de la cama y la toma de las manso.


Lisandro: (sonriendo) No te imaginas la alegría tan grande que me da ver que despertaste, Natasha. Con esto, te juro que se me quita una parte del peso tan gacho que traigo encima. No tengo ni cómo pedirte perdón en nombre de mi abuela por lo que te hizo.
Natasha: La que debe pedirte perdón soy yo, Lisandro. Supongo que Antonio habló contigo y te contó lo que hice. Yo soy la que no tengo cara para pedirte que me perdones.
Lisandro: En realidad no fue Antonio. Él le contó a Valentín y luego Valentín me contó a mí.
Natasha: (confundida) ¿Por qué? ¿Antonio y tú terminaron otra vez?
Lisandro: La verdad es que pasaron varias cosas y Antonio terminó en la cárcel, así que ya no pudimos hablar.
Natasha: (impactada) ¿Cómo que en la cárcel?
Lisandro: (suspirando) Ay, Natasha, es que… La noche de tu accidente, cuando me dijiste que detuviera a Antonio porque podía cometer una locura, me fui lo más pronto que pude junto con Marcus a la casa de mi abuela.
Natasha: ¿Y qué pasó?
Lisandro: Justo cuando entré, vi que mi abuela se caía por las escaleras (Natasha se sorprende). Y yo pensé que había sido Antonio el que la había empujado.
Natasha se impresiona en gran manera al ponerse al tanto de tales acontecimientos.
Lisandro: Resultado de la caída, mi abuela resultó inválida y lo denunció por intento de asesinato, y yo… (Llorando) Yo le creí…
Lisandro recuerda una conversación en particular con Victoria en el hospital.
FLASHBACK
Victoria: Yo estuve informada de cada detalle y de todo lo que sucedía contigo, entonces decidí citar a aquella muchacha, la exmodelo, la tal Natasha.
Lisandro: (sorprendido) ¿Por qué? Natasha nunca me lo dijo.
Victoria: Porque yo se lo pedí. No quería que tú supieras que estaba interviniendo. Quería mantenerme en bajo perfil y por eso le pedí a ella que fuera a mi casa anoche para que persuadiera a ese miserable y se alejara de ti.
Lisandro: Pero abuela, Antonio no es malo. Él cambió muchísimo y me lo ha demostrado.
Victoria: (con sarcasmo) ¿Y te parece que haberme tirado por las escaleras fue una manera de demostrarte lo mucho que cambió?
Lisandro: Entonces, ¿sí fue él?
Victoria: Claro que fue él. Rato después de que Natasha salió, llegó él a reclamarme y se puso violento (Llorando). Tuve tanto miedo, me amenazó de muerte y me insultó y no conforme con eso, me empujó por las escaleras. Estaba enojado porque quería apartarlo de ti.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro deja de recordar. Tal parece que acaba de narrarle aquella conversación a Natasha, quien no termina de dar crédito a lo que escucha.
Lisandro: Y fue así que ella arregló todo el malentendido a conveniencia. Me tragué sus mentiras como un imbécil y me porté sumamente injusto con Antonio que era inocente.
Natasha: (impactada) No lo puedo creer…
Lisandro: El pobre hasta resultó herido hace unos días en la cárcel y también estuvo mal, así como tú, mientras yo tan campante pensé en irme del país con Dieguito. No creí que tú fueras a despertar y que Antonio fuera a salir libre, así que lo quise adoptar (Muy apenado).
Natasha: (solloza) Ay, Lisandro… No sé ni qué decirte. No me imaginé que las cosas se fueran a complicar así por mi culpa.
Lisandro: Creo que el que más culpa tiene en todo lo que pasó soy yo que me dejé engañar por la víbora de mi abuela. Tuvo el descaro de admitir en mi cara que solo me quería utilizar para salvar la empresa de la familia que está en bancarrota. Mi propia abuela, Natasha… Mi propia abuela…(Llora desconsolado) ¿Cómo me pudo hacer una cosa así? ¿Cómo se las pudo hacer a ustedes?
Natasha: No me imagino cómo te sientes, pero si algo es cierto es que tú solo fuiste una víctima. Yo fui la que desde un inicio debió advertirte lo que tramaba esa señora desde el primer momento en que me contactó para meterme entre tú y Antonio.
Lisandro: ¿Y por qué te tardaste tanto en decirnos la verdad? Si hubieras hablado antes, hace mucho que mi abuela habría tenido un alto y nada de esto habría pasado. ¿Por qué te callaste tanto tiempo?
Natasha: Tuve miedo. Pensé que si les decía la verdad, Antonio me iba a correr y me iba a dejar sola con el niño, y me aterraba la sola idea de tener un bebé y a mi papá en el asilo sin un centavo.
Lisandro no dice nada, pero denota una cierta decepción y mira hacia la ventana. Natasha empieza a llorar muy arrepentida.
Natasha: Yo sé que estuvo muy mal, pero si Valentín no te lo dijo, solo acepté trabajar para tu abuela por mi papá enfermo. Además, lo de que no tenía trabajo sí era cierto. Mi jefe me corrió de la agencia porque no me quise acostar con él y necesitaba el dinero de tu abuela para pagar el asilo de mi papá.
Lisandro continúa guardando silencio mientras derrama lágrimas discretas.
Natasha: Así que, si buscas un culpable, ese no eres tú. Yo soy la que debí actuar a tiempo y no sabes lo mucho que me arrepiento, Lisandro. Perdóname, te lo suplico.
Lisandro voltea a verla con cierta lástima y los ojos enrojecidos.
Natasha: Es más, si quieres, denúnciame con la policía por haber sido cómplice de ella. Nada más te pido que no te vayas a llevar a Dieguito lejos. Él es lo más importante de mi vida y Antonio es su papá. Ustedes dos o Marina y Valentín que son sus padrinos lo pueden cuidar mejor que yo que ni me merezco haber sido mamá.
Lisandro: Tú no hiciste nada ilegal, Natasha. No te niego que tú y Antonio sí me lastimaron mucho, pero hace mucho que los perdoné por eso. Además, no se me olvida que tú me diste estadía en tu depa cuando Marina me corrió por las intrigas de mi abuela y eso significó mucho para mí.
Lisandro se acerca a ella y vuelve a tomarla de las manos.
Lisandro: Tú eres buena y todos cometemos errores, pero nunca vuelvas a repetir eso de que no te mereces ser mamá porque claro que te lo mereces. Tú eres una excelente madre…
Natasha se conmueve al escucharlo.
Lisandro: Y Antonio también es un gran padre. Dieguito llegó como una bendición para cambiarles la vida y hubiera sido un tremendo egoísmo de mi parte quitarles a la personita que les trajo tanta felicidad. Yo también te tengo que pedir perdón por eso.
Lisandro y Natasha se unen en un fraternal abrazo de perdón durante varios segundos, descargando y dejando ir las mentiras y las pequeñas rencillas que en un pasado hubo entre ellos.
INT. / DEPARTAMENTO DE LOS GUZMÁN / NOCHE
Carlos y Fedora llegan a un departamento no tan lujoso, pero sí amplio y moderno. Él se adentra y arroja las llaves sobre el sofá mientras que ella pone su bolso en la mesa para luego dirigirse al minibar y servirse un trago.


Carlos: (serio) ¿Tan temprano vas a empezar a beber?
Fedora: ¿Y tú ya vas a empezar a controlar mis decisiones?
Fedora destapa una botella de tequila y toma una de las copas en las cuales se sirve.
Carlos: Estoy preocupado por ti. De un tiempo para acá no has dejado de beber y de jugar en los casinos. No le dije nada a Antonio para no preocuparlo también, pero esta situación se te está saliendo de las manos, Fedora.
Fedora: (fastidiada) ¿Sabes qué? Déjame en paz. Hablas de no preocupar a nuestro hijo con mi supuesto problema, pero a él tampoco le sentaría bien saber que hace unos meses me pediste el divorcio.
Carlos: Ya hablamos de esto. Nada más estoy pensando en lo que es sano para los dos. Hace mucho que tú y yo dejamos de ser un matrimonio.
Fedora: Es lo que piensas tú, no yo. Jamás hablaste conmigo sobre lo que sentías. No quisiste que buscáramos juntos una solución como cualquiera pareja, sino que de golpe me pediste que nos separáramos. Es que no sé ni en qué momento me dejaste de querer cuando yo ni siquiera te he dejado de amar, Carlos (Muy dolida).
Carlos: Yo jamás he dicho que te haya dejado de querer.
Fedora: ¿Entonces? ¿Por qué tirar por la borda un matrimonio de casi treinta años? No te fue difícil irte de nuestra casa en Nueva York hace un año y acá nada más estamos quedándonos bajo el mismo techo mientras se soluciona el problema de Antonio. Se nota que ni me soportas.
Fedora, muy frustrada, le da la espalda a su todavía marido y se bebe de un solo sorbo el tequila que se había servido.
Carlos: Te equivocas. Si me fui de la casa era para evitar más peleas entre los dos y que termináramos faltándonos al respeto. ¿Es lo que tú quieres? ¿Que nos terminemos odiando?
Fedora no dice nada y vuelve a servirse otra copa de tequila.
Carlos: Además, justo por eso que estás haciendo es que las cosas se enfriaron. Empezaste a beber como una alcohólica y a apostar cada vez más. Hasta estuviste a punto de serme infiel en nuestra propia casa de no ser porque llegué.
Fedora, solloza, encara al hombre.
Fedora: ¿Y qué querías? ¿Que me resignara a la idea de tener un marido que no me miraba, que no tocaba y que llegaba tarde en la noche cuando ya estaba dormida? No quieras echarme la culpa cuando fuiste tú el que enfrió nuestro matrimonio.
Fedora vuelve a beber de un solo sorbo su tequila y asienta la copa fuertemente sobre la mesa.
Carlos: (dolido) Puede ser que sí. Quizá sí fui yo el que te descuidó. Tampoco soy perfecto y cometí errores queriendo sobresalir en el trabajo dejándote a ti de lado, incluso a nuestro hijo, y por eso te pedí una separación, no un divorcio.
Fedora: Es la misma cosa. No me salgas con lo mismo que nos dijo Antonio en el hospital de que no era gay, pero se enamoró de otro hombre. Pura palabrería barata para no decir la verdad.
Carlos: Antonio es un hombre lo suficientemente adulto para tomar sus decisiones y esta vez no quiero coartar su libertad como tú y yo hicimos hace años cuando nos dijo que no quería ser abogado. Esta vez quiero hacer las cosas bien como mi hijo.
Fedora: ¿Y qué hay de mí que soy tu esposa? ¿Conmigo no quieres hacer las cosas bien?
Carlos: Me gustaría y justo para eso es que quería que nos diéramos un tiempo, para que cada uno se evaluara y pensáramos si de verdad podíamos seguir con este matrimonio, pero veo tu alcoholismo nos está empujando a que nos divorciamos definitivamente.
Carlos, muy tajante, se retira. Fedora no puede evitar derramar un par de lágrimas y continúa sirviéndose más alcohol de forma compulsiva.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / NOCHE
Lisandro llega cabizbajo y abre la puerta con su copia de llaves. Marcus justo estaba terminando de cocinar y de poner la mesa, por lo que al ver que el chico ha llegado, se seca las manos en un trapo y sale del comedor.


Marcus: ¡Lisandro! ¡Al fin llegas!
Lisandro: (desanimado) Hola, Marcus.
Marcus: ¿Cómo te fue? ¿Para qué te llamó Marina?
Lisandro: Natasha despertó del coma.
Marcus: (no muy contento) ¿Ah, sí? ¿Y cómo está?
Lisandro: (asintiendo) Bien. Apenas se está recuperando, pero de seguro de aquí a unos días le dan de alta.
Marcus: (pensando) Espero que a la vieja no le haya dado por hablarle a la modelo de mí, porque sino podría abrir la boca.
Lisandro: ¿Qué te pasa? Te quedaste callado así de repente.
Marcus: No es nada. Me alegra que tu amiga se haya despertado y vaya a mejorar. ¿Sabes? No hemos tenido tiempo de hablar bien sobre lo que pasó la otra noche cuando… Tú sabes, cuando quise estar íntimamente contigo.
Lisandro: La verdad es que sí me sacó de onda que me quisieras forzar a que tuviéramos intimidad.
Marcus: Yo nunca te forzaría a nada, Lisandro. Te amo y sé que a veces me porto como un imbécil contigo, pero no te quiero perder.
Marcus lo toma del mentón con delicadeza y le sonríe.
Marcus: Eres lo más lindo que tengo en la vida, ¿sabes? Y no sabes lo mucho que te deseo y hasta cómo fantaseo con el momento de poder estar contigo. No me lo tomes a mal y por eso me descontrolé, pero te voy a seguir esperando lo que haga falta.
Lisandro: Gracias, Marcus. En ocasiones siento que eres tan lindo y tan bueno conmigo que no te merezco ni tantito.
Marcus esboza una sonrisa ante tal comentario y recuerda con cierta culpa la noche apasionada que vivió con Dante.
Marcus: ¿Por qué mejor no vamos a comer? Quise preparar una cena medio especial y como no desayuné, no te imaginas el hambre que tengo. Me podría hasta comer un caballo.
Lisandro: (riendo) Eso te iba a decir. Huele riquísimo y ya hasta se me estaba haciendo agua la boca.
Marcus: Ah, bueno. Entonces sentémonos antes de que se enfríe. Te hice el plato de pastas a la carbonata que tanto te gustó la vez pasada que comimos.
Lisandro: Ay, no manches. Me leíste el pensamiento. Hacía días que tenía ganas de probarlo otra vez.
Marcus: Eso es para que no digas que no te consiento.
Marcus lo toma de la mano y lo lleva al comedor sonriendo de oreja a oreja. Lisandro también intenta acomodarse a pesar de que no se encuentra muy convencido de aquella relación.
DÍAS DESPUÉS
INT. / DEPARTAMENTO DE MARINA, SALA / NOCHE
Lisandro se encuentra visitando a Marina. Dieguito se encuentra sentado en el mueble y Lisandro le hace gracias.


Lisandro: (sonriéndole) Mírate no más lo lindo que te has puesto, Dieguito. Cada vez te ves más precioso, eh. ¿Y cómo no si tu mamita es una modelo y tu papá es guapísimo?
Dieguito lo mira con curiosidad y se porta risueño moviendo una manito al azar.
Lisandro: ¿Y esa manito qué quiere decir, ah? ¿Me estás saludando?
Marina viene en ese momento de la cocina sosteniendo una taza de café y la pone sobre la mesa del centro para luego tomar asiento frente al chico.
Lisandro: Ay, Marina. No sé cómo pude pensar en llevarme a Dieguito del país. Creo que ni él me hubiera perdonado cuando creciera y se enterara de que lo aparté de sus padres.
Marina: En parte te entiendo. Tú solo querías lo mejor para el bebé, pero apartarlo de sus padres no iba a ser la mejor solución. Lo importante es que lograste reaccionar a tiempo, aunque a mí me parece que todavía tienes un par de cosas pendientes.
Lisandro toma el café y da un sorbo.
Lisandro: (confundido) ¿A qué te refieres?
Marina: Ay, Lisandro, no te hagas. Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Tu abuela ya está en la cárcel, ya todos los malentendidos se aclararon, pero ¿qué me dices de Antonio?
Lisandro baja la mirada al escuchar tal pregunta.
Marina: Justo antes de que todo esto pasara, tú y él estaban a punto de iniciar una relación, pero tú de la nada decidiste hasta comprometerte con Marcus y no me digas que lo quieres porque eso no te lo crees ni tú mismo.
Lisandro: Marcus es un muy buen hombre, Marina. Siempre se ha portado bien conmigo y me ha apoyado.
Mientras Lisandro dice aquello, irónicamente, se enfoca una escena de Marcus teniendo intimidad con Dante en el departamento del primero.
Lisandro: (voz en off) Me cocina, me da flores, me prometió hasta pagarme la universidad para que terminara mis estudios… Es casi como un príncipe azul de lo lindo que es.
Marcus besa efusivamente a Dante y baja por su cuello. Dante, a sus espaldas, sonríe con malicia. La escena regresa al departamento de Marina.
Marina: ¿O sea que nada más estás por él por la presión de corresponderle sus atenciones?
Lisandro: (apenado) No quiero herirlo o partirle el corazón.
Marina: ¿Y qué hay de ti? ¿Vas a traicionar lo que sientes por amarrarte a una relación sin amor?
Lisandro solo bebe su café con aquellas preguntas haciéndole eco en la cabeza.
Marina: Lisandro, tú no amas a ese tipo. Quizá lo aprecies, pero tú y yo sabemos que al que amas es a Antonio y él también te ama a ti.
Lisandro: Dudo que Antonio me perdone después de que casi le quito a su hijo y me fui contra él por creerlo culpable del accidente de mi abuela. Además, no le caigo ni tantito de bien a su mamá.
Marina: Pues ni modo. Le guste a ella o no, ustedes dos se quieren. Ya tu abuela te separó mucho tiempo de Antonio y ella ya no se va a interponer. Ahorita eres tú el que se está impidiendo de amar. Hazme caso y date una oportunidad con él.
Lisandro: No sé, Marina. Me da miedo la reacción que pueda tener Marcus. No me perdonaría si le hago daño, además Antonio me podría rechazar y eso me terminaría de doler aún más.
Marina: Mira, hagamos algo. Llévate a Dieguito al hospital y se lo llevas a Antonio. Por lo que Valentín me dijo, le van a dar de alta hoy y así pueden hablar. ¿Qué dices?
Lisandro termina de beberse su café pensando si tomar el consejo de su amiga.
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / DÍA
Marcus y Dante han terminado su encuentro íntimo. Este último se encuentra en boxer y usa una camisa de botones completamente abierta mientras enciende un cigarrillo. Marcus, por su parte, reposa extasiado sobre la cama.


Marcus: No sé ni qué estoy haciendo.
Dante: (burlándose) El amor. ¿O es que necesitas que te dé unas clases de anatomía?
Dante absorbe el cigarrillo y luego suelta el humo.
Marcus: Tú y yo no nos amamos, así que no estamos haciendo el amor. No te equivoques.
Dante: ¿Y qué hay de tu novio? ¿Con él si lo haces?
Marcus: (exasperado) Ya mejor deja de hacer preguntas, vístete y vete que Lisandro puede llegar en cualquier momento.
Dante: Te importa mucho por lo que veo.
Marcus: Me voy a casar con él y lo amo, así que es obvio que me importa. Tu pregunta sobra.
Dante: ¡Ay, Marcus! ¿A quién quieres engañar? Si lo amaras y tuvieras ojos para él, no estarías llamándome para que me acueste contigo casi todos los días mientras él no está. Algo falta en esa relación.
Marcus: No pienso discutir mi relación contigo ni mucho menos lo que siento y si vas a andar cuestionando lo que hago, me busco otro que me calme las ganas y ya. Total, siempre fuiste bien desechable.
Marcus le sonríe con burla y se levanta de la cama para buscar su ropa. Dante lo mira con cierto resentimiento.
Dante: (muy serio) ¿Eso crees?
Marcus: (poniéndose la ropa interior) Claro y si no mírate. Siempre que te llamo vienes corriendo como hace años. He ahí la diferencia entre tú y Lisandro.
Dante: Sí, supongo que él ha sido más difícil para ti y no te da lo que buscas. Por eso es que no lo has botado como un trapo viejo, tal y como hiciste conmigo que tanto te quise.
Marcus: ¿Terminaste? Me voy a dar una ducha, así que me gustaría que no estuvieras aquí para cuando salga, ¿va?
Marcus entra al baño. Dante solo le sonríe con amargura y, sin decir nada, aprovecha aquel momento para buscar algo en particular. Con cautela y discreción, encuentra unos pantalones y saca de allí el celular de Marcus.
Dante: Vamos a ver qué dice tu novio cuando le cuente un par de cositas tuyas y te deje tirado.
Dante mira hacia al baño cuidando no ser visto. De fondo se escucha el sonido de la regadera y el muchacho busca entre los contactos a Lisandro para enviarle un mensaje haciéndose pasar por Marcus.
Dante: Te voy a demostrar que tú también eres desechable y vas a saber lo que siente, miserable.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE ANTONIO / DÍA
Antonio se encuentra empacando algo de ropa en un bolso pequeño. El joven ya se encuentra más repuesto y de mejor semblante. Carlos entra a la habitación.


Carlos: Ya está todo listo, hijo. El médico ya autorizó tu salida. ¿Tú cómo te sientes?
Antonio: Bien, supongo, aunque no te miento que me preocupa lo que se viene de ahora en adelante. Ya sabes que mi pastelería se quemó, mi casero de seguro ya me corrió y tengo un hijo que sostener.
Carlos: Puedes quedarte con tu mamá y conmigo en el depa que tenemos acá en la ciudad. En cuanto a tu pastelería, ahora no tengo el dinero para ayudarte a reconstruirla, pero si quieres, te puedo ayudar con un puesto en el bufete de abogados para el que trabajo, solo que tendrías que venir con nosotros a Nueva York.
Antonio: (pensativo) No sé si quiera irme, papá. Mi vida está aquí, aunque tal vez sí acepte tu ayuda quedándome en tu depa mientras consigo otro trabajo. Prefiero seguir luchando por mis cosas y no recibirlas regaladas, pero créeme que te lo agradezco.
Carlos le esboza una sonrisa y le pone la mano en el hombro.
Carlos: Me siento muy orgulloso del hombre en el que te convertiste.
Antonio: ¿De veras? ¿No te molesta el hecho de que, tú sabes, que me haya enamorado de otro chavo?
Carlos: Para nada. Sí me confundió como a tu mamá, pero ya estás grandecito para saber lo que sientes y lo que haces con tu vida. No te pienso cuestionar. Además, cuando defendías lo que sentías por ese muchacho, me recordaste a mí, ¿sabes?
Antonio: ¿Ah, sí? ¿Por qué?
Carlos: Porque yo también de joven era como tú. Defendía lo que sentía o lo que pensaba sin importar lo que me dijeran los demás. Me imagino que eso lo sacaste de mí. Yo sé que a tu mamá luego se le va a pasar. Dale tiempo.
Antonio: (poco convencido) Ya veremos.
De repente, Lisandro llega cargando a Dieguito y toca la puerta entreabierta.

Lisandro: Buenos días. Perdón que interrumpa.
Antonio y Carlos voltean. El primero no puede evitar que se le dibuje una leve sonrisa al ver a su hijo, pero también al chico.
Carlos: Lisandro, cuánto tiempo.
Lisandro: (tímido) ¿Cómo está, don Carlos?
Carlos: Bien se podría decir. He trabajado mucho en el bufete y me ascendieron hace unos meses. ¿Tú qué tal? ¿Te graduaste de tu carrera? Si mal no recuerdo estudiabas diseño gráfico, ¿no?
Lisandro: Sí, señor, pero desgraciadamente la tuve que interrumpir cuando mis abuelos me mandaron para acá como si me hubieran exiliado.
Carlos: Espero que luego podamos hablar largo y tendido. Como sabrás, voy a interponer una demanda a tu abuela por lo que le hizo a mi hijo y te imaginarás que pienso ser implacable. Espero que no tengas problema con eso.
Lisandro: Para nada. Yo más que nadie sé las cosas tan horribles que ella hizo y si necesita mi ayuda para testificar o algo, cuente con ello.
Carlos: Me da gusto escucharlo. ¿Y este niño? No me digas que…
Antonio: (sonriendo) Sí, papá. Es tu nieto.
Antonio se acerca. Lisandro le pasa al bebé para cargarlo, pero le sigue rehuyendo la mirada.
Antonio: Te presento a Dieguito.
Carlos: (sonriendo) Hola, Dieguito. Qué gusto conocerte.
Carlos le toma una de las manitos.
Carlos: Tenía muchas ganas de verte y mira nomás lo mucho que te pareces a tu papá.
Antonio: Claro. ¿A quién más crees que le iba a sacar lo cuero y lo guapetón?
Antonio flexiona uno de los bíceps a modo de broma. Carlos se ríe. Lisandro también lo hace con discreción.
Carlos: Veo que lo galán y lo creído no se te ha quitado, pero te recuerdo que lo guapo también me lo sacaste a mí, muchacho. Es de familia, así que no te creas tanto, con decirte que de no haber sido abogado, hubiera podido ser modelo o actor.
Antonio: Ay, sí, tú. Ya te agarró la nostalgia y la melancolía de abuelito pensando en la época de los dinosaurios.
Carlos: (riéndose) Óyeme, no te pases. Mejor los dejo a solas para que hablen y te espero en la recepción antes de que te dé un coscorrón por faltarme al respeto.
Antonio: Va.
Carlos: Hasta luego, Lisandro.
Lisandro: Hasta luego, don Carlos.
Carlos se retira de la habitación y cierra la puerta tras sí. Un silencio incómodo se forma en ese momento. Lisandro incluso se ve algo nervioso y frunce los labios.
Antonio: Óyeme, Dieguito, ¿por qué no le dices a Lisandro que lo quiero harto? Parece que se lleva mejor contigo que conmigo. Hazme el favor y te compro un helado. ¿Trato?
Antonio, muy jocoso, toma la mano del bebé y la aprieta con delicadeza para luego darle un beso en la cabecita.
Lisandro: Todavía no tiene los seis meses. Debes esperar tantito para que coma algo más.
Antonio: Órale, hasta que por fin hablaste y fue nomás para tratarme de idiota.
Lisandro: Claro que no. Tan solo te recuerdo que los bebés no deben consumir más que leche hasta los seis meses. Lo leí en un libro.
Antonio: Huy, pues perdón. ¿Qué culpa tengo de ser padre primerizo? ¿Oíste eso, Dieguito? Lisandro vino para decirme menso en la cara. Qué poca, ¿no? ¿Ves por qué te digo que le caigo mal? Échame una mano con él, ¿sí?
Lisandro sonríe por las bromas del hombre.
Lisandro: Bueno, yo… Quise traerte al niño en persona. Marina debía ir a su trabajo y su jefe no le dio permiso para cuidarlo hoy, así que le eché una mano. Ya me retiro.
Antonio: ¿Así nomás te vas?
Lisandro se queda en silencio aún con la cabeza baja. Antonio lo mira enamorado y con una sonrisa leve.
Antonio: ¿Te digo algo? Te extrañé mucho, Lisandro.
Lisandro no puede evitar estremecerse al oírlo.
Antonio: No sabes lo mucho que sufrí pensando que te había perdido para siempre mientras estuve encerrado en la cárcel y más me dolió que quisieras llevarte a mi bebé lejos de mí.
Lisandro comienza a sollozar y siente un amargo nudo en la garganta.
Antonio: Pero quiero pensar que solo querías lo mejor para mi hijo así hubieras estado equivocado. Después de todo, con Natasha en coma y yo en la cárcel, Dieguito iba a estar muy solo y tú lo querías proteger.
Lisandro: Igual no tenía derecho. Me porté como un egoísta. Debí creerte, debí escucharte y no haber sido tan ingenuo. Ay, Antonio, yo… (Hace una pausa) Yo no tengo ni cara en este momento para mirarte.
Antonio toma con delicadeza el mentón del chico y lo alza. Es así como los dos se miran durante varios segundos.
Lisandro: Perdóname… Fui un idiota. No sabes lo mucho que lamento todo y lo rabia que siento contra mí mismo por haber sido tan injusto contigo.
Antonio no deja de sonreírle y con una de las manos le limpia las lágrimas.
Antonio: No tengo nada que perdonarte porque te amo.
Lisandro se suelta al llanto al escucharlo decir esas palabras.
Antonio: Te amo como no amé a nadie antes, Lisandro.
Lisandro: ¿Y no me odias después de todo lo que mi abuela te hizo?
Antonio: Claro que no, hombre. Yo sé muy bien que ella te tenía engañado y te dijo esa sarta de mentiras para separarte de mí.
Lisandro: De igual manera, me porté muy injusto contigo cuando fui a la cárcel ese día junto con ella.
Antonio: Sí, pero hasta te entiendo. Yo nunca me porté bien contigo. Te humillé y te lastimé muchas veces por idiota, por no querer reconocer que en el fondo te quería. Fui bien inmaduro y lo reconozco. Yo también cometí errores, ¿o ya se te olvidaron todos los corajes que te hice pasar?
Lisandro: (asintiendo) Claro, me acuerdo muy bien, pero créeme que ni aún con todos esos corajes, quise irme contra ti por odio. Yo nunca podría odiarte, Antonio. Eso te lo juro con mi vida.
Antonio: Yo sé y era natural que le creyeras a la vieja esa por ser tu abuela porque ya venías con un mal concepto de mí.
Lisandro: No sé si me merezca que seas tan indulgente conmigo.
Antonio: Yo te conozco, Lisandro. Te pasas de bueno y de menso, y por eso sé que no serías capaz de hacerle daño a nadie. Tú no me lo has dicho, pero ya sé que hasta el niñito rico ese de Marcus también debió haberte envenenado en contra mía.
Lisandro recuerda un fragmento de una conversación que tuvo con Marcus en el hospital el día que Victoria cayó por las escaleras.
FLASHBACK


Lisandro: (pensativo) Gracias, Marcus. Tú siempre has hecho tanto por mí y yo, sin embargo, siempre he sido tan menso. Tú me lo advertiste y no lo quise ver…
Marcus: ¿Qué quieres decir?
Lisandro: El que mi abuela esté ahora en ese estado es culpa de Antonio. Él la empujó por las escaleras y ella no se pudo defender.
Marcus: Antonio quería matarla. Por eso te digo que no puede andar por ahí como si nada. Ese imbécil llegó muy lejos y tiene que pagar por lo que hizo.
Lisandro: Pero no puedo denunciarlo sin saber qué pasó entre ellos. Debe haber alguna razón para que Antonio hiciera algo así.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro deja de recordar.
Antonio: ¿Me lo vas a negar? Dime si no estoy en lo cierto.
De repente, el chico tiene otro recuerdo inédito de otra conversación que tomó lugar el mismo día del recuerdo anterior.
FLASHBACK
INT. / DEPARTAMENTO DE MARCUS / DÍA
Lisandro y Marcus llegan algo cansados. El primero es quien se ve más afectado.
Lisandro: Todavía no puedo creer que Natasha haya caído en coma. Me preocupa muchísimo Dieguito.
Marcus: Antonio no va a poder hacerse cargo solo de él y menos con lo que se le viene encima.
Lisandro: ¿A qué te refieres?
Marcus: Lisandro, el tipejo ese no puede andar tan tranquilo por la calle después de que intentó matar a tu abuela. Lo más normal es que termine en prisión. ¿Qué va a ser de ese pobre chamaquito sin sus padres?
Lisandro: Tienes razón. Lo que me deja un poco más tranquilo es que Marina y Valentín son sus padrinos. Ellos de seguro van a poder hacerse cargo mientras se soluciona todo.
Marcus: Yo no sería tan optimista. Por lo que me has contado, esos dos tienen planes de casarse y dudo mucho que vayan a querer hacerse cargo de un niño que no es su hijo.
Lisandro: No creo que ellos piensen de esa forma tan egoísta. Por algo aceptaron ser los padrinos del bebé.
Marcus: Esos son puros protocolos y tradiciones anticuadas, Lisandro. En la práctica, ningún padrino se va a hacer cargo de su ahijado luego de la muerte de los padres. Si no haces algo, ese niño va a terminar en un orfanato.
Lisandro: ¿Tú crees?
Marcus: Claro. Lo estuve pensando de camino acá y lo mejor es que seas tú el que se haga cargo. Yo te puedo ayudar para que te quede la custodia a ti. El más indicado para cuidar al niño vas a ser tú. Hazme caso.
FIN DEL FLASHBACK
Lisandro asiente con la cabeza.
Antonio: ¿Lo ves? El riquillo ese no es más que es un pendejo que también te ha estado manipulando, con decirte que me odia y vino hace días para provocarme diciéndome que me iba a quitar a mi hijo.
Lisandro: (sorprendido) ¿De verdad?
Antonio: Claro. Me lo restregó en la cara y se burló de mí. A saber si él y la bruja de tu abuela no se aliaron para separarnos mientras tú sigues pensando que es un príncipe azul.
Lisandro se queda pensativo al contemplar tal posibilidad.
Antonio: Así que ya quita esa cara. Yo no te puedo odiar porque te amo con todo el corazón y nada me haría más feliz que ahora que se te cayó la venda de los ojos, nos demos la oportunidad que esos dos nos han robado.
Lisandro derrama un par de lágrimas.
Lisandro: Quisiera, pero algo por dentro me frena. Es como si la culpa no me dejara o como si no pudiera sentir que me merezca ser feliz contigo. Lo veo como irreal, como una fantasía y me da miedo que otra cosa pase y nos termine separando. Me da reteharto miedo.
Antonio: Esta vez no va a ser así. Nada más tienes que dejar todos esos fantasmas del pasado y mirar al futuro conmigo porque yo ya hace rato que veía mi futuro a tu lado.
Lisandro: (limpiándose las lágrimas) Tú diciéndome esas cosas tan bonitas me parece de no creer.
Antonio: Te las digo porque me traes loquito por ti. ¿Por qué más?
Lisandro: Es que parece un sueño. No tienes idea las muchas veces que me lo imaginé, pero siempre me conformé con saber que eran puras fantasías de un niñito enamorado.
Antonio: La diferencia es que ya no eres tú solo el enamorado porque yo también estoy enamorado un resto de ti y si me escuchaste ese día platicando con mis padres, me faltaron los huevos para admitirlo antes.
Lisandro: ¿Y me podrías esperar? Siento que tengo que poner en orden mis ideas, la situación de mi abuela, mi relación con Marcus, son muchas cosas de golpe…
Antonio: Tómate el tiempo que quieras. Al fin y al cabo tú, ya me esperaste cuatro años y sería bien cínico de mi parte forzarte. Nada más no te olvides de este tarado que te ama tanto, eh.
Lisandro y Antonio se quedan viendo varios segundos como si sus miradas se atrajeran como imanes y quisieran decirse más cosas. No obstante, el primero, sin mediar palabra, se da la vuelta y sale de la habitación. Antonio se queda viéndolo.
Antonio: Dile adiós a Lisandro, Dieguito. Míralo, por allá se va.
Antonio le mueve con delicadeza la manito al niño para que se despida y luego de unos segundos habla para sí mismo.
Antonio: Espero que sí lo pienses y vuelvas.
Carlos, por su parte, afuera de la habitación sale de una columna. Tal parece que había estado escuchando la conversación y se ve algo serio. Entretanto, Lisandro se dirige a la salida del hospital cuando recibe un mensaje en su celular, el cual se apresura a leer y lo deja extrañado.
Lisandro: ¿Y esto?
INT. / GIMNASIO, BAÑOS / DÍA
Marcus recién termina de hacer ejercicio y suda aparatosamente. Entra al baño cargando una toalla en el hombro y se echa un poco de agua en la cara. Es cuando, a través del reflejo del espejo, cruza miradas con otro hombre joven que apenas se cubre con una toalla. Marcus lo mira con deseo y aquel desconocido tampoco le es indiferente. Parece que con la mirada lo convidara a entrar con él a la ducha. De repente, recibe un mensaje en su celular que lo interrumpe. El hombre quisiera ignorar la notificación, pero decide ojear por encima de qué se trata.

Marcus: (extrañado) ¿Un video?
Marcus decide abrir el mensaje enviado. Dante es el remitente, quien, en efecto, le ha enviado el comprometedor video donde ambos tienen un encuentro íntimo. Marcus desencaja el rostro por completo y enfurece.
Marcus: ¿Qué mierda hiciste, Dante?
De inmediato, intenta llamarlo, pero se frustra al ver que la llamada se va al buzón de voz.
Marcus: Contesta, maldita sea. Contesta.
INT. / BAR / DÍA
Más tarde, se ve a Lisandro entrando a un bar que apenas tiene clientes. Incluso la música no tiene tanto volumen. El chico busca entre las pocas personas que hay a alguien.


Lisandro: No entiendo. ¿Por qué Marcus me citó justo aquí?
De repente, escucha una voz desconocida que lo llama por el nombre desde atrás.
Dante: Tú debes ser Lisandro, ¿no?
Lisandro se da la vuelta y se extraña al ver a Dante, pues no le es para nada familiar.
Lisandro: Sí, soy yo. Discúlpame, ¿nos conocemos? (Intenta hacer memoria).
Dante: Tú a mí no y yo tampoco te conozco mucho, aunque sí sé quién eres. Sé que vienes buscando a Marcus, pero él no va a venir.
Lisandro: No entiendo. ¿También conoces a Marcus?
Dante: Bastante y lo suficiente para que tú también sepas la clase de tipejo con el que andas. ¿Por qué no te sientas? Tengo mucho qué contarte y algo que mostrarte. Ando en buen plan.
Lisandro mira al joven con suspicacia, pero también denota cierto interés y curiosidad.

Las horas pasan y ya ha caído la noche en la ciudad que se engalana con sus rascacielos, edificios y avenidas iluminadas por lámparas, así como también concurridas de autos y personas. Lisandro se baja del ascensor en el piso en el que vive y se dirige al departamento, pero antes de poner las llaves en la cerradura, se queda pensativo, respira profundo y entra. Marcus aguarda allí, sobre el sofá, con un par de botellas de alcohol regadas en el piso.


Marcus: (notablemente ebrio) Bienvenido, Lisandro.
Lisandro: Hola, Marcus.
Marcus: Te estaba esperando. Te quedaste todo el día por fuera.
Lisandro: Veo que estabas bebiendo otra vez.
Marcus: ¿Y cómo no quieres que beba después de que estuviste revolcando con el repostero ese todo el día mientras yo como un imbécil te llamé no sé cuántas veces?
Lisandro: ¿De qué estás hablando?
Marcus: Ah, ¿me lo vas a negar? ¿Por qué no admites que eso hiciste? Como ahora resultó que es inocente, ya no tienes impedimento para estar con él.
Lisandro: (muy serio) Marcus, creo que necesitamos hablar y si apagué mi celular fue para evitar hablar contigo, pero veo que en ese estado no me vas a escuchar. Mañana regreso.
Lisandro se dispone a retirarse. Marcus se levanta rápidamente del sofá y lo alcanza jalándolo del brazo.
Marcus: Tú de aquí no sales (Cierra la puerta). No te vas a seguir burlando de mí, Lisandro y tampoco voy a permitir que me veas la cara.
Lisandro: Marcus, tú no estás bien. Deja que hablemos luego cuando se te pase la borrachera.
Marcus: Dime algo. ¿Qué tiene ese repostero bruto y ordinario que no tenga yo? ¿Tanto te gusta cómo te coje?
Lisandro: (ofendido) Óyeme, no voy a permitir que me hables así.
Marcus lo toma con brusquedad del mentón.
Marcus: Tú no eres quién para decirme lo que debo o no debo hacer. No eres más que un niñito inmaduro y malcriado que ha jugado conmigo a su antojo, pero ya me harté. ¿Escuchaste? ¡Me harté! (Lo suelta de mala gana).
Lisandro: No sé qué tanto me reclamas mientras todos estos días estuviste acostándote con tu ex aquí cuando yo no estaba.
Marcus se sorprende al escucharlo.
Lisandro: Incluso estabas al tanto de todo lo que mi abuela hizo. Tú y ella estaban aliados para separarme de Antonio. No sé cómo me pudiste engañar a mí también de esa manera.
Marcus le da la espalda al sentirse recriminado.
Lisandro: Y como te imaginarás, fue tu mismo ex, Dante, el que me lo contó todo. No sé cómo consiguió mi número, pero no me extraña. De seguro lo sacó de tu celular sin que tú lo vieras y me mostró algo que hubiera preferido no ver.
Marcus empuña las manos y siente que le ira se apodera de él.
Lisandro: Mira, Marcus. Tú te puedes acostar con quién quieras. Total, esta relación de los dos es una completa farsa y no tiene ni pies ni cabeza. Tú y yo no tenemos ningún futuro juntos empezando porque yo solo te aprecio.
Marcus: Deja de repetírmelo.
Lisandro: Es que esa es la verdad y ya antes de ver ese video que vi, estaba pensando muy seriamente en nosotros dos. Yo no te amo. Entiéndelo y por lo visto tú tampoco me amas a mí y nada más estás encaprichado.
Marcus: (furioso) ¡Que te calles, maldita sea!
Marcus se voltea y fuera de sí, le da una bofetada con el dorso de la mano al chico. Lisandro respira agitado, con los ojos desorbitados ante tal comportamiento y se asusta.
Lisandro: Creo que mejor me voy de una vez.
Lisandro intenta abrir la puerta. Marcus lo detiene jalándolo de nuevo del brazo y empujándolo al piso.
Marcus: ¡Tú te vas cuándo yo lo diga! (Pone seguro a la puerta). No creas que voy a perder el tiempo contigo así como si nada.
Lisandro: Estás loco. ¿Qué te pasa?
Marcus: (riéndose) No me vas a humillar más. Antes de ti a mí nadie me rechazaba. Podía estar con el uno y con el otro a la hora que se me diera la gana, pero te conocí y eso cambió. Tú te diste el lujo de rechazarme.
Lisandro se arrastra en el piso y se pone de pie. Marcus lo acorrala poco a poco.
Marcus: ¿Y sabes una cosa? Tienes toda la razón. Yo no te amo y lo único con lo que he fantaseado todos estos meses es con ser el primero. Me lo merezco después de andar detrás de ti como un pinche pendejo.
Lisandro: Estás muy equivocado si crees que me puedes obligar.
Marcus: (en tono irónico) ¿Ah, no?
Marcus se saca una pistola de por dentro del pantalón y le apunta al chico. Lisandro siente un vacío y un frío que le recorre el cuerpo al verse ante tal amenaza.
Marcus: No me provoques, Lisandro. Nada me cuesta matarte si se me da la gana.
Lisandro: (asustado) Marcus, baja eso y hablemos. No tienes que llegar a esos extremos.
Marcus: Tú me obligaste y sacaste una parte de mí que hacía rato tenía enterrada. Yo nunca fui el orgullo de mis padres, ¿sabes? Y menos cuando estaba en la escuela. No era el estudiante brillante que ellos querían.
Marcus comienza a sollozar. Podemos ver aquellos momentos que él narra en secuencias de escenas rápidas.
Marcus: Me sentía diferente. Yo sabía que me gustaban los hombres y hasta sufrí de bullying. No tenía en quién refugiarme más que en la pornografía. Tanta soledad, tanto desprecio me llenó de odio, de rencor… ¡Estaba harto de esos malditos que se burlaban de mí!
Lisandro respira agitado escuchándolo.
Marcus: Y no tenía cómo defenderme hasta que vi una de estas bellezas escondida en el despacho de mi papá (Se refiere a la pistola mientras juega con ella en la mano). No lo dudé ni un segundo, la tomé y al día siguiente, después de clase, les disparé a un par de bastardos que no me dejaban tranquilo.
Lisandro se impacta al oírlo. Marcus llora al recordar su adolescencia.
Marcus: Los dejé heridos nada más, pero fue lo suficientemente grave para que me expulsaran y mis padres me mandaran a un internado en el extranjero. Fui ahí donde me propuse que nadie más me iba a pisotear. ¡Yo tenía que ser al que le rogaran, al que buscaran, al que le pidieran sexo! Y me funcionó.
Marcus llora mientras sonríe fuera de sí y muy trastornado.
Marcus: No te imaginas a cuantos imbéciles enamoré; a cuantos incluso los desvirgué… Dante fue uno de los que más se arrastró como una cucaracha por mí y tú llegaste para cambiarlo todo, Lisandro, pero eso se acabó.
Lisandro: Siento mucho todo lo que pasaste, pero tienes que darte cuenta que nada de lo que has hecho está bien. Necesitas ayuda, Marcus.
Marcus: No quiero tu lástima ni tus ridículos sermones. Lo único que quiero es que te quites la ropa y me des lo que tanto busqué, así que ya ándale y desvístete.
Lisandro: No lo voy a hacer.
Marcus: Deja de provocarme, Lisandro. No olvides que ya tengo experiencia con esta cosa.
Lisandro: Pues hazlo. Dispara a ver si eres capaz, pero no voy a cumplirte tus caprichos y a seguir alimentando tu ego. Conmigo no vas a hacer lo que hiciste con esos otros chavos.
Marcus: ¡Muy bien! Tú quisiste que hiciéramos esto por las malas.
Marcus agarra a Lisandro de la camisa mientras le apunta con la pistola en la cabeza. Lisandro siente que el miedo lo paraliza y Marcus comienza a arrastrarlo con él hacia la habitación, pero el chico niega e intenta quitarle la pistola.
Lisandro: (llorando) ¡Ya basta, Marcus, por favor!
Marcus: ¡No te muevas! (Grita preso de los nervios)
Lisandro: Para con esto. Te lo suplico.
La tensión se apodera de la escena mientras ambos forcejean con la pistola de arriba hacia abajo.
Lisandro: Yo sé que en el fondo no eres así. ¡Detente!
Marcus: ¡Que te dejes de mover, maldita sea!
De repente, se oye un ensordecedor disparo que los paraliza a ambos. Parece que ninguno entiende por un segundo lo que acaba de pasar y apenas pueden reaccionar. Lisandro suelta un gemido y se echa hacia atrás poniéndose la mano en una prominente herida en su abdomen. Es él quien ha recibido el disparo. Marcus observa impactado y deja caer la pistola que parece haciendo eco al tocar el piso.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario